miércoles, 12 de agosto de 2020

Space Jam

 Recordando una de las películas que más cariño le tengo de mis años mozos. Space Jam. Un descojone de ver en el cine que juntaba en uno de los crossovers más salvajes jamás planteados a Bugs Bunny y sus amigos con la estrella del baloncesto Michael Jordan. Increíblemente, funcionaba.

El argumento es pura marca de la casa. Por estas cosas que pasan, los Looney Tunes se ven obligados a jugar un demencial partido de baloncesto contra unos aliens, por lo que contratan al mejor jugador de todos los tiempos para que les ayude, con disparatados resultados.

El resultado es una película llena de vida y color, muy acelerada y repleta de personajes y gags más allá de sus posibilidades. Permite a la estrella deportiva hacer de sí mismo sin problemas sin por ello restar protagonismo a Bugs Bunny y el resto de personajes de la franquicia (el Pato Lucas, Silvestre, Piolín, Coyote…) con una leve irreverencia que se disfruta con ganas.

No negaremos que la película es una enorme tontería, pero es tremendamente divertida. Al final no es más que un capítulo de Looney Tunes muy alargado, con invitado y baloncesto de fondo. Sin embrago, no deja de sorprender que tres cosas tan aparentemente alejadas – Bugs Bunny, MJ y críticas a las políticas de Disney con sus personajes- casen tan bien. De alguna manera funcionó y estoy seguro de que la poca idea que se tiene del porqué es lo que ha prevenido que encontremos nuevos intentos de lo mismo.

El altísimo ritmo al que suceden los eventos es uno de sus mayores valores. Apenas te deja respirar para procesar qué ocurre, con un incesante bombardeo de gags que funcionan estupendamente. Así no nos duele en exceso el puñado de giros que se producen para mayor gloria de Michael Jordan o el product placement de sus zapatillas, tan obsceno y pasado de vueltas que no puede sino provocar vergüenza ajena (y estallidos de risas).

Quizás lo más sorprendente es que Jordan aparece relajado, amigable y carismático, como el hombre que siempre ha mostrado ser en todas sus apariciones públicas en contexto deportivo, algo inusual cuando tenemos a profanos de la actuación. De acuerdo, no tiene que hacer nada más que proyectarse con honestidad y lanzar canastas tras canastas (no falla un tiro en toda la película, por si nadie se había dado cuenta), pero parece tener una habilidad innata para el humor, con un carisma que fluye con naturalidad, sin ponerse en evidencia ni ridiculizarse en ningún momento. Para el vulgo, rodar no es tarea fácil, y menos si se realiza casi exclusivamente ante una pantalla verde, pero MJ parece haberlo hecho toda la vida. Incluso sabe reírse de sí mismo con su falta de habilidad para el béisbol.

Esta naturalidad contrasta con las otras estrellas invitadas (Barkley o Ewing, por ejemplo), mucho más acartonados, especialmente cuando tienen que hacer algo que no sea tirar a canasta. Por su parte, los dos actores “de verdad” de la película, Bill Murray y Willey Knight se desempeñan con acierto en los momentos en que les toca interpretar y tener algo parecido a emociones, fallando algo más en la parte deportiva.

Aunque estaremos de acuerdo en que el argumento de la película no da para apenas nada, se trata de un film que apenas sobrepasa los ochenta minutos (con créditos). Esta reducida longitud hace que entre los gags y la poca trama, la película entre como nada sin dar la sensación de que haya escenas en las que no hay nada que contar ni momentos superfluos. Sin dejar la sensación de vacío que dejan propuestas actuales que parece que estén obligadas a llegar a las dos horas aunque no tengan nada que contar. En este caso, a la que te despistas o empiezas a pensar sobre lo que ves, ya se ha acabado.

Space Jam supone también el debut de la partenaire femenina de Bugs Bunny, Lola Bunny, que ha sido parte del elenco desde entonces. Presentado inicialmente como un personaje feminista, dado que tenía un carácter definido, era independiente y sabía tomar sus propias decisiones. Sin embargo, también fue criticado por su hipersexualización gratuita, por lo que le acompañó una polémica similar a la que ha tenido siempre Lara Croft. Defendida y denostada por diferentes sectores dentro del movimiento.

A finales de los noventa, coincidiendo con la salida de la película, se produjo también la primera gran popularización de Internet. Como cualquier otro producto de su época, tuvo su propia página web con curiosidades, juegos y chorraditas que todos (o no) disfrutamos. Lo más curioso es que esa web sigue activa y sin retocar (récord Guiness), visitable para cualquiera que quiera conocer qué se cocía en Internet hace veintinco años.

Este engendro es una mamarrachada divertida, chorra y sin sentido. Un crossover loquísimo que funciona con naturalidad gracias (o no) a las excéntricas reglas de los Looney Tunes. Es, evidentemente, una memez gigantesca sólo apta para aquel que quiera ver justo eso. Y la verdad es que lo es muy bien.

 

Nota: 5

Nota filmaffinity: 5.2

PD: Escena (chistosa) tras créditos. Toda una pionera.

viernes, 7 de agosto de 2020

Mimic

Hace ya un porrón de años, cuando estaba en el instituto, se estrenó esta película. Yo nunca fui a verla, pero recuerdo el clima de miedo que generó, aterrando a medio instituto. Recuerdo los susurros que generaba entre mis compañeros. Supongo que por ello nunca me atreví a decirles a mis padres que fuéramos al cine a por ella.

Mimic nos sitúa en una Nueva York donde una nueva especie de cucaracha mutante ha tomado los subsuelos de la ciudad, invisible a los ojos de la gente. Pronto las muertes empiezan a sucederse y se desvela el plan de los bichos: sustituir a la humanidad en la superficie.

Este film constituye el desembargo de Guillermo del Toro en Hollywood tras el estupendo debut de Cronos. Ilusionado por la oportunidad que se le presentaba, aceptó sin miramientos las condiciones de producción, dándose de bruces con la realidad cuando empezaron las injerencias y las peleas. De un día para otro se encontraba con cambios de presupuesto, escenas cambiadas, actores despedidos (a mitad de rodaje) y otras imposiciones que venían desde arriba. El propio director mexicano ha comentado numerosas veces que ésta es la menos suya de sus películas, aprendiendo la lección para el futuro, no dudando en abandonar proyectos (el Hobbit) si desde arriba no le dejaban hacer lo que él deseaba y le imponían demasiados factores “en pos del marketing”.

En este caso, el resultado es una película muy irregular. Mimic es un remedo de Alien ambientado en el metro de Nueva York, que por momentos pasa como una correcta película fantástica con toques del terror. En ella se mezclan escenas de intrigante malignidad y conseguida atmósfera con resoluciones patilleras, diálogos estúpidos y relaciones forzadas que  le quitan toda credibilidad y tensión al conjunto.

Lo que más se debe destacar es el estupendo trabajo de diseño e imaginería. Decir a estas alturas de la historia que Del toro tiene un gran talento para el apartado visual no debería coger por sorpresa a nadie. La creación de los bichos, su manera de comportarse o la mala leche de algunas escenas deja claro desde el segundo cero quién está tras las cámaras. Además, se permite crear escenas tan perturbadoras como el asesinato de niños por cucarachas gigantes ¡Y lo enseña con detalle!

El principal problema se halla en un anodino guión plagado de malos diálogos, en el que los personajes no pasan del estereotipo. Su desarrollo parece más el pastiche de un puñado de películas de terror con Alien como eje central, lo que provoca un exceso de situaciones que ocurren por que sí, cuyas escenas aparecen por obligación sin que haya una idea clara de cómo se ha llegado a ella. La gratuita resolución de las mismas sólo sirve para llegar al siguiente set-piece reconocible sin demasiadas razones, perdiendo rápidamente el interés de cualquier espectador no especialmente devoto. Caso aparte es el enamoramiento express del final de la historia, que pasa incluso de gratuito. Hay que poner besos que si no las damas no van a ver películas de terror, ya lo sabemos.

Los actores, quizás conscientes de las peleas que hay entre bambalinas, parecen ir con el automático puesto. Tanto Jeremy Northran como Josh Brolin realizan su tarea con corrección, sin llegar a hacer un mal desempeño de lo poco que el guión les ofrece, pero no encontramos nada destacable ni por encima del “decente” en su actuación. Mira Sorvino, quizás consciente de que se trata de una de sus últimas oportunidades en Hollywood tras rechazar acostarse con Weinsestein, se esfuerza más, pero el guión da para lo que da.

En el apartado de adiciones innecesarias, toda la trama secundaria del niño autista es de una gratuidad insensata, probablemente imposición del estudio, que quería meter un pastiche del Resplandor dentro del nido de la Reina de los Aliens. Está metido con calzador, un más dificil todavía que no funciona y encima, sin Ripley para salvar la papeleta. Fastidia encontrar aspectos tan mal realizados cuando hay otras partes mejor implementadas.

¿Inquieta? Sí. Tiene el ambiente malsano que uno espera de una película de este tipo, pero es lo único destacable del conjunto. Efectiva quizás, pero previsible. Normal que asustara a unos jovencitos impresionables como éramos en el colegio. Desde el punto de vista de un espectador más curtido, se deja ver sin ofender mucho, pero no tiene nada que no hayas visto (mejor) un buen puñado de veces. Probablemente la peor película de Del Toro, de la que él no está tampoco excesivamente orgulloso.

Nota: 2

Nota filmaffinity: 5.2


miércoles, 5 de agosto de 2020

Tokyo Godfathers

Todos conocemos la historia del Estudio Ghibli como referente de la animación japonesa. Sin embargo, pocos conocen a otros creadores de buenas películas del género en el período 1990-2000. El “mayor” de todos estos autores “menores” es Satoshi Kon, un especialísimo creador con un universo narrativo muy personal, lleno de obsesiones en el que nada es lo que parece, creador de thrillers estupendos (Perfect Blue), delirios apabullantes (Paprika), surrealistas clases de historia (Millenium Actress) o deliciosas películas de Frank Capra como la que nos ocupa hoy. Desaparecido con apenas cuarenta años, nos dejó un puñado de joyas y el enigma de qué otras maravillas se escondían en lo más oscuro de su mente.


¿Y qué nos ofrece Tokyo Godfathers? Pues una de las más deliciosas historias de Navidad / Caprianas de lo que llevamos de siglo: Pocas horas antes de Nochebuena, tres pordioseros de distinto origen encuentran a un recién nacido abandonado bajo una cruel nevada. Al principio desean quedárselo, pero luego la cordura impera y emprenden toda una aventura para encontrar a los padres de la criatura. Como es la noche del año en que los milagros se hacen realidad, casi cualquier cosa es posible…

Sorprende no encontrar aquí rastro de sus enrevesados y perturbadores cuentos. Este estupendo cuento navideño contiene una florida galería de personajes que deciden hacer lo correcto por la sencilla razón de que es lo correcto, ¡incluso unos pérfidos mafiosos deciden comportarse con decencia! (jeje). Esto no implica que se trate de una película menos apreciable que el resto de su obra, siendo mucho más de lo que parece en los primeros minutos.


Principalmente por el estupendo tratamiento de los personajes principales, todos ellos poliédricos, con su historia que contar, sus matices y su arco desarrollado con mimo. Son fáciles de conocer y de querer, pues rápidamente encontramos en ellos aspectos que a buen seguro relacionaremos con nuestras vidas. Gin es un alcohólico que perdió a su familia y acabó en la calle por su adicción al juego. Intenta ser la voz de la cordura dentro del grupo mientras le corroe la culpa por haber echado su vida a la basura. Hana es una trans, antigua drag-queen que se crio en la calle. Aunque vivió tiempos mejores, su obsesión por ser madre acabó por llevar al traste todos los arreglos que tenía para vivir. Finalmente, Miyuki es una adolescente que escapó de casa hace unos meses. Sabe que podría volver, pero la vergüenza ante lo que pasó le impide hacer otra cosa que subsistir y tirar adelante. Esta aventura para salvar al bebé pondrá a todos camino de la redención (o no) navideña, con una progresión lógica de todos ellos a medida que se descubren sus secretos y afrontan los traumas que creían irresolubles.

La historia es tópica, quizás manida, pero se haya resuelta con la maestría de los grandes, con diálogos bien hilvanados y un desarrollo que hace las trampas adecuadas para dejarnos una cálida sensación en nuestro interior. La personalidad de cada uno de los personajes se ve reflejada tanto en sus palabras como en sus acciones, sacando a la luz sus contradicciones y fallos con realismo. Asimismo, retrata también con habilidad la vida de los invisibles mendigos que tenemos a nuestro alrededor, las dificultades que se encuentran aquellos que están fuera del sistema y no quieren (o no saben) volver. Como suele ocurrir en otras producciones similares, el uso de la animación permite presentar la miseria con una crudeza que difícilmente aceptaríamos en una película de acción real. 

Goza de una estupenda animación que se nota artesanal, que destila talento y buen hacer. Retrata los bajos fondos de Tokyo con todo lujo de detalles, sin esconder la miseria, pero consiguiendo escenas de gran belleza. Además, cualquier conocedor de la ciudad te podrá confirmar que todos los escenarios son “reales” siendo fácil encontrar las fotos correspondientes a cada localización, que muestran el estupendo mimo con que se han usado los pinceles.

Puede que sea un simple cuento de Navidad. No es, ni busca ser otra cosa, pero es un precioso cuento de Navidad de lo más rebonico. Emociona, consigue que te impliques por sus entrañables personajes y te deja una agradable sensación en el alma. El happy ending de rigor no debe hacernos olvidad la visión pesimista y sin piedad de las mega-urbes niponas, en las que los que están fuera del sistema están condenados a vivir al día, sin poder hacer planes más allá de la siguiente cena.


¿Es un drama lleno de risas? ¿Es una comedia triste? Es una historia deliciosa sobre un tema visto mil veces, pero presentada con mimo, a cargo de unos personajes a los que se coge cariño desde un primer momento y que además deja espacio de sobras para el debate social tras el visionado. ¿Qué más se puede pedir sobre la Navidad?

Nota: 8

Nota filmaffinity: 7.3


lunes, 20 de julio de 2020

El domingo de las madres (Graham Swift)


Este libro se leyó como uno de los últimos ejemplares de la CLO (gracias Doli), una buena manera de acercarme a géneros y propuestas no habituales.

Título: El domingo de las madres
Autor: Graham Swift
Título original: Mothering Sunday
Traducción: Jesús Zulaika

“Inglaterra, 30 de marzo de 1924. El Domingo de las Madres. Una jornada en la que las criadas vuelven a sus casas para visitar a sus familias. Pero Jane Fairchild, de veintidós años y que trabaja para los Niven, es huérfana, y pasa ese día de un modo muy distinto. Se cita con su amante, Paul Sheringham, el único hijo vivo de los vecinos de los Niven, que han perdido a los otros en la guerra. Jane y Paul llevan años de relación clandestina, pero ha llegado el momento de dejarlo, porque él va a casarse con una chica de su clase social dentro de dos semanas. La pareja hará el amor por última vez, pero después de despedirse sucederá algo inesperado que cambiará para siempre la vida de ella... En los años que le quedan por delante, Jane acrecentará su interés por la lectura –a través de los libros de Conrad–, trabajará en una librería de Oxford y con el tiempo se convertirá en una novelista de éxito, en una forjadora de ficciones. Pero nunca olvidará lo sucedido aquel 30 de marzo de 1924.”

Como suele ocurrir en la CLO se trata de un libro que guarda bastantes sorpresas a lo largo del trayecto que supone su lectura. Y eso que son apenas 160 páginas.

En un primer momento, parece que estamos ante un sucedáneo de los libros de Jane Austen, en que todo parece que va a girar en torno a los amoríos de Jane Fairchild. Sin embargo, la temática del libro va cambiando sutilmente desde su inicio costumbrista. Encontramos por medio una oda de amor a los libros llena de devoción, un mini-tratado de la actitud frente al sexo de la época, una biografía de una vida y, de fondo, un reverso tenebroso sobre qué ocurrió exactamente durante el Domingo de las Madres. Todo ello mezclado con un extraño lirismo muy agradable. En ese sentido, me recuerda a las biografías que escribía Virginia Woolf, siempre presta a llevarte por lugares inesperados.



El único personaje desarrollado es la propia Jane Fairchild, a lo largo del cual se articula toda la novela. Como una flor que se abre ante la luz del sol, el futuro de Jane se muestra lentamente ante ella. En un primer momento está desnuda (y follada) en casa de su amante, que se ha despedido para siempre sin molestarse en decir adiós, desde allí, reflexiona sobre lo que ha sido su vida y cuáles son los pasos que se deben dar para salir adelante. Al mismo tiempo, se nos transmite que lo que estamos leyendo es un recuerdo de una Jane ya anciana que rememora esa mañana que cambió tanto a su vida. Tenemos, pues, una mezcla entre una Jane madura, llena de energía y la seguridad en sí misma fruto de la experiencia y el éxito, junto con los actos de una Jane insegura con su lugar en el mundo, deseosa de progresar pero desconocedora de lo que le espera al día siguiente.

La narración sigue así un esquema circular en que Jane da vueltas sobre los temas que le inquietan, avanzando un paso más en cada rotación. Me sentí gratamente sorprendido cuando constaté la manera en la que Swift había capturado tantas emociones y subtextos en tan pocas palabras, especialmente si estás atento ante los leves cambios que se producen cada vez que se repite alguno de los hechos. La narración es lenta, languideciendo sin prisas, repleta de descripciones detalladas, como si quisiera grabar cada instante en tu memoria para recordarlo todos los años de tu vida. Las páginas no avanzan fácilmente, pues te ves obligado a prestar mucha atención a todos los detalles, especialmente cuando te das cuenta de la atmósfera onírica que sobrevuela el recorrido que Jane hace desnuda por la casa, explorando cada rincón, absorbiendo todos los recuerdos y buscando la mejor manera de acabar un día tan importante.

Swift despliega aquí cierta gracia a la hora de mostrar y escamotear detalles relevantes para la comprensión de los hechos, que se vuelven deliberadamente ambiguos ante cada repaso. Ya la propia Jane te recuerda que su testimonio es poco fiable, dejando deliberadamente cosas en el aire, anunciando que a veces hay que adornar los hechos para hacerlos más interesantes y ahorrarse explicaciones no deseadas. Ya sólo la extraña calma con la que la propia Jane se despide de la casa y el corolario final de la propia obra da pie a mil interpretaciones tan deliciosas como perturbadoras sobre qué ocurrió realmente. SPOILER Yo creo que Jane sabía que Paul la iba a dejar tirada, por lo que saboteó el coche para que éste se estrellara. Si tienes otra interpretación, estaré encantado de discutirlo ;) FIN DEL SPOILER.

Lo reconozco, cada vez disfruto más con los narradores poco fiables que te obligan a comerte la cabeza para saber qué hay de verdad en cada palabra. Además, lo hace con un lirismo notable, en la se nota mucho esfuerzo en plasmar la diferencia de comportamiento, de trato y de maneras de hablar de los diversos personajes en función de su estrato social (mis felicitaciones por las labores de traducción, también).

Otro detalle que disfruto se encuentra en que El domingo de las madres contiene una preciosa oda de amor por los libros y el acto creador, mostrando la maravilla de la creación de una historia, especialmente cuando entran las emociones, con una naturaleza delicada que convierte la lectura en una experiencia tan bella como incómoda.

Es muy fácil dejarse llevar por su narrativa elíptica, por su lirismo y por sus inesperados quiebros, pero esto no implica que se trata de un libro para todos los paladares. En sí, es un buen ejemplo de cómo una escritura de calidad puede elevar una historia mínima y un planteamiento lleno de tópicos (en el fondo, todo lo hemos visto mil veces) convirtiéndolo en un placer si es el tipo de historia que aprecias.

Lo que parece una tontada romántica se transforma en un nostálgico ejercicio de estilo en que se nos recuerdan las decisiones que marcan las vidas anodinas (o no tan anodinas) de la gente. Un libro especial, aunque no para todos; pues pueden no comprar su juego (o no gustar de él) y resultará poco interesante para muchos, especialmente cuando la forma importa MUCHO más que el fondo, pero si te pilla con la disposición adecuada, puede emocionar profundamente.
Aunque yo no lo supiera, era justo lo que necesitaba leer, así que se ha disfrutado.


Nota: 8
Nota goodreads: 3.74/5

martes, 23 de junio de 2020

Spiderman


Hace nada que vi la de Spiderman: Lejos de casa y mi memoria se puso a juguetear con lo que habían sido las películas de Raimi, ésas que demostraron que dentro de los Súpers se podían hacer cosas entretenidas sin tener los esperpentos de Batman. Sin embargo, me encontraba que no había revisitado ninguna de sus películas desde casi la salida de Iron Man (y de eso hace mucho tiempo). Me había picado el gusanillo, curioso por saber si resistirían el paso del tiempo y la comparación con lo que ha llego a haber dentro del género. Así pues, nos enfundamos las mallas y volvemos con Tobey Maguire y el Peter Parker pringado.

A ver, a estas alturas, el argumento está más que trillado, especialmente si contamos con el Spiderman más canónico en su película de presentación: chaval algo marginado, cerebrito en ciencias, pica la araña radioactiva, primeros pinitos, un gran poder conlleva una gran responsabilidad y un Duende Verde muy malo y muy loco como antagonista.

Acostumbrado al Spiderman de Holland y otras reencarnaciones todavía más chorras (Mike Morales, estoy hablando de ti), se hace raro un Spiderman tan cotidiano. Mantiene sus cosas de tebeos (¿quién no tiene un amigo multimillonario y una novia actriz de Broadway?) pero se aprecian los problemas del día a día de un universitario-proletario de EEUU, en los que las relaciones entre personajes son más maduras. Especialmente con una Tía May vieja (mucho más acorde con lo que hemos visto tradicionalmente), que echa de menos a Tío Ben y pasa sus apurillos económicos. El tono de Peter Parker es el de la serie Ultimate, un pringadete con sus cosas, pero sin ser tan seriote y traumado como había llegado el personaje antes de la Saga de los Clones ni tan mamarracho como hemos tenido en otras versiones posteriores.



También la película se mueve en un género diferente. No estamos ante una comedieta de acción (como sí son Homecoming y Lejos de Casa), pues este Spiderman es menos slapstick. Sí, suelta sus chascarrillos, tiene sus cosas y, qué demonios, te ríes, pero no es el leit-motiv de la película. Esta propuesta se acerca más al canon de película de presentación de súpers previo al MCU: Más acción, toques de trascendencia, guiños al cómic y un poquito de tragedia griega. Hasta cierto punto se vuelve verosímil, jugando a las fábulas ante el poder y la responsabilidad y el amor platónico al que debemos renunciar.

En muchos casos está sentando cátedra dentro del género, pues para muchos es la primera gran película de súper-héroes. Sólo hay que ver la cantidad de veces que se ha imitado la presentación de los poderes especiales de Peter Parker y la generación del personaje. El esquema de la mordedura lo hemos visto repetido en (obviamente) las otras versiones de Spidey (Multiverse y Garfield), en los Cuatro Fantásticos (todas) o Green Lantern, por poner unos ejemplos rápidos. Asimismo, el desarrollo de la trama, la generación del malvado, la inefable fatalidad que acompaña al héroe… Son aspectos tratados en los cómics que se aprecian por primera vez en esta película.



Esta representación se produce por la inesperada libertad con la que Sam Raimi contó al hacer la película. Ya había demostrado ser un director que manejaba bien el ritmo y la puesta en escena grandilocuente, pero además se nota que conoce el material con el que trabaja. Caracteriza con habilidad a los personajes, encarnaciones casi literales de las páginas del cómic con el que crecimos (los que lo hicimos) en los ochenta y noventa, además de aprovechar para homenajear un puñado de escenas icónicas sin que por ello la historia se resienta en lo más mínimo. Aunque el malo es malo porque quiere serlo, en general los personajes tienen significado por sí mismos, hay una historia que contar, ésta se desarrolla con acierto y los diálogos refuerzan el avance de los acontecimientos.

Otro de los aciertos de la película está en el estupendo casting. Tobey Maguire encarna a la perfección ese Peter Parker tímido y atontado al que se le descubre un mundo nuevo sin por ello dejar de ser un pringaíllo. James Franco y Kristen Dunst son unos estupendos Harry Osborn y MJ, que gozan de una inesperada profundidad para ser unos secundarios dentro del guión. Kevin Bacon clava el histrionismo del Duende Verde, pero a fin de cuentas, tiene que trabajar con lo que le toca. Y bueno, luego está J Jameson. Simmons hace un JJ PERFECTO. El putoamo vamos. Por cierto, en aquel momento corrieron ríos de tinta porque Tobey Maguire no tenía los ojos del mismo color que el Peter Parker canónico. Lo que ha variado la aceptación de los cambios en el casting de este tipo de adaptaciones ^^.

La película tiene la suerte de contar con una banda sonora espectacular y reconocible (el mayor mal del MCU, probablemente) que, como en otros aspectos, ha servido de ejemplo durante años de lo que debe ser una banda sonora dentro del género. En ese aspecto, un gran trabajo de Danny Elfmann, contribuyendo a aumentar la espectacularidad y la épica de cada escena en que tienen influencia.

Uno de los aspectos que más miedo me daba a la hora de revisionar esta película era el de los efectos especiales, en los que imaginaba que el paso del tiempo habría tenido un efecto nefasto. Sin embargo, no cantan apenas, dando el toque cartoon exacto para que los compremos sin que se le vean (mucho) las costuras al ordenador. Uno de los principales motivos es la fisicidad de muchas escenas, con peleas y acrobacias que se pueden seguir, sin mil cambios de pantalla por segundo ni un exceso de personajes virtuales. La pinta del Duende Verde tiene un poco de Adam West, pero el tratamiento del personaje ya lo pide, con lo que no se hace inquietante. Se nota que la película tiene veinte años (¡), especialmente si lo comparamos con Lejos de casa que reseñé el otro día, pero me he quedado sorprendido por lo bien que aguantan los efectos especiales.

Un pequeño aparte que debo destacar es lo identificado que me sentí en aquella época con la historia de amor entre Peter y MJ. Suspiraba entonces yo (un pringaíllo más) por una dama de la que no me creía merecedor, a la que me declaré poco después de ver la película, culminando en aquel beso boca abajo que ya forma parte de la historia del cine. Fueron un par de años muy felices por cierto (espero que te vaya todo muy bien, aunque no vayas a leer esto :p).

Este Spiderman no sabe al tono del MCU. Realmente, ni se acerca (ni falta que hace), pero sigue sabiendo a lo que debe saber: a Peter Parker, a aventuras y esperanza. Es una gran traslación del cómic de los diez años anteriores, sosteniéndose estupendamente como película de súpers. He decidido repasar el resto de la trilogía (a ver si tengo un ritmo más alto que con las de Harry Potter) para recordar el subidón de la segunda y el bajón de la tercera, que también tuvieron su qué.

Una de las anécdotas que más se recuerdan de la película es que su escena culminante tenía que pasar en las Torres Gemelas. Se había rodado y muchas de las imágenes de los teasers previos contaban con su presencia, incluso el primer tráiler jugaba con ello. Los incidentes del 11S obligaron (obviamente) a regrabar todo el desenlace y cambiar gran parte de la imaginería a toda velocidad. A día de hoy me gustaría poder ver el material descartado, pero no creo que sea posible (nunca ha aparecido dentro de los contenidos adicionales de ningún producto, ni lo hará, probablemente). Igualmente, el clímax final en el puente de Brooklyn es de lo más rebonico.

Por cierto, que jovencito que estaba por aquí Stan Lee (snif, snif).

A día de hoy, un espectador actual se sorprenderá con la diferencia que hay con lo que estamos acostumbrados del MCU, pero esto no impide su disfrute en absoluto. Mas seriote y trascendente, el Spiderman de Raimi es una sólida película de presentación de súper-héroes, sentando las bases de los tópicos que deben desarrollar este tipo de películas. Maguire fue un estupendo Peter Parker y la mayor pega es que todos recordamos la tercera película (eso hace mucho daño). Los efectos especiales aguantan el tipo y se complementan con la acción para dar buen espectáculo.

Nota: 7
Nota filmaffinity: 6.4

Como muestra de la calidad técnica de la película, se llevó sendas nominaciones a los Oscars a Mejor Sonido y Efectos Especiales. (perdió contra Chicago y La comunidad del anillo, respectivamente).

domingo, 21 de junio de 2020

El asedio de Deliverance (Gav Thorpe)


Del chillón de libros de la Herejía de Horus quedan un buen puñado por acabarse. Entre el libro XVIII y no sé ya si los leo en orden o no. Sólo sé que entran con muchas ganas.

Título: El asedio de Deliverance
Autor: Gav Thorpe
Título original: Deliverance Lost (La pérdida de Deliverance)
Traducción: Juan Pascual Martínez

“Corax y los pocos guerreros supervivientes de la Guardia del Cuervo escapan de la matanza de Isstvan V mientras la Herejía de Horus divide al Imperio. Los castigados Marines Espaciales se recuperan de sus heridas y se esfuerzan por volver al combate cuanto antes. Corax regresa destrozado a Terra en busca de la ayuda de su padre, el Emperador de la Humanidad. Éste le revela un antiguo secreto, y así Corax comienza la reconstrucción de la Guardia del Cuervo y planea la venganza contra sus traicioneros hermanos primarcas. Pero la misteriosa Legión Alfa ha conseguido infiltrarse entre los supervivientes y pretende destruir la Guardia del Cuervo antes de que pueda recuperarse y amenazar los planes de Horus.”

A ver, esta vez nos vamos a centrar en la Guardia del Cuervo. Una legión especializada en incursiones destinadas a acabar con los líderes enemigos mientras someten a sus soldados al terror de lo que se esconde entre las sombras. Después de la masacre de Isstvan V, la Legión ha sufrido unas bajas inimaginables, lo que pone en cuestión su futuro. Corax, su primarca, se debate entre sí rendirse ante Horus, lanzar lo poco que queda de sus hombres hacia las Legiones Traidoras para matar todos los que pasen por delante o simplemente dejar que pasen los días lamiéndose las heridas. Consigue ponerse en contacto con el Emperador de la Humanidad, lo que le ofrece una nueva oportunidad.



Ha ganado acceso a los laboratorios genéticos del Proyecto Primarca, lo que le dota la capacidad de crear Marines Espaciales en apenas unas semanas (en vez de los años habituales). Por ello, puede reconstruir la Legión en un tiempo récord y volver a golpear a los enemigos del Emperador.

El planteamiento es ciertamente sugerente. Un poder capaz de crear nuevas Legiones casi de la nada, la capacidad de tener ejércitos casi infinitos, aderezado con los remordimientos de no haber podido hacer lo que se debía hacer en su momento. Sin embargo, la novela padece de un mal inesperado: Es ABURRIDA. Se le ha dado a la Guardia del Cuervo de un poder para cambiar el rumbo de la guerra, pero en todo momento tenemos la sensación de que les va a salir todo mal, sin espacio para la emoción. Desde un primer momento está por ahí la Legión Alfa haciendo sus puñeterías, pero es que casi que no habría hecho falta, ya se bastaban los Cuervos para cagarla sin ayuda.

El libro está dividido en tres partes bien diferencias.

La primera (y casi que mejor) es la que narra los hechos que suceden a la derrota de Istvaan, en la que la Guardia del Cuervo debe digerir algo tan improbable como la traición de sus hermanos, mientras se lamen las heridas y planean cuál es su futuro. Ahí entra lo único interesante del libro, planteándose si hubiera sido mejor aceptar la oferta de Horus o no, con ciertos remordimientos ante las decisiones que traen desgracias, mientras se analizan los siguientes pasos a dar. 


En la segunda parte se nos cuenta el Regalo del Emperador, haciéndonos partícipes de las opciones que ofrece y la decisión de Corax de tener un ejército en condiciones cuanto antes. Ésta es la parte más aburrida, con descripciones muy genéricas de lugares y sucesos, sólo aderezadas por los intentos de sabotaje a cargo de la Legión Alfa.

Finalmente, tenemos una tercera parte en que la Guardia del Cuervo vuelve a estar operativa, lanzando un ataque precipitado y casi suicida contra Deliverance, protegida por los Hijos del Emperador. Estos últimos se ven primero abrumados por el efecto sorpresa, pero luego los Marines leales sufrirán las consecuencias de hacer las cosas con prisas. El lector avezado comprobará rápidamente que es un ataque condenado al fracaso que atraviesa todos los detalles comunes de este tipo de batallas. A pesar de los grandes nombres que se mueven, completamente anodina e indistinguible de las muchas batallas que ya hemos leído.

Los personajes en su mayoría son bastante olvidables fuera de los Primarcas, los únicos con algo de personalidad. El único bien desarrollado es el Primarca Corax. Éste se nos presenta como un ser de gran inteligencia, pero moralmente inestable hasta que se le enseña la ética necesaria para hacer de este mundo un lugar mejor. El asesino intensito está siempre depre, pero transita de ser un animal sediento de venganza a sopesar cuidadosamente sus acciones. En ese sentido, es un contraste con Konrad Curze, de los Amos de la Noche, criado en unas circunstancias semejantes, pero que nunca se vio en la necesidad de reflexionar sobre la idioneidad de sus impulsos. Corax teme y odia al Cazador Nocturno, reconociendo que podría haber tenido un destino similar si las circunstancias hubieran sido algo diferentes: un terrorista sanguinario en vez de un líder revolucionario.

El otro personaje con desarrollo es Omegon, al que ya conocíamos del intenso libro de Dan Abnett Legión. Allí se nos mostraba a un ser brillante, lleno de soluciones y mucha inventiva para desarrollar líneas de pensamiento inesperadas. Realmente se hacía interesante. Sin embargo, aquí se rebaja simplemente a ser el espía perfecto, siempre sobrado y un paso por delante incluso de sí mismo. A mi parecer una oportunidad perdida de explorar lo que es capaz de sí la Legión Alfa.

Me resulta curioso comprobar que se trata de un libro de Gav Thorpe, el gestor oficial del trasfondo dentro de la franquicia. No solo se trata del mayor conocedor de todo lo que ocurre, sino que sus libros estaban plagados de revelaciones inesperadas, toneladas de emoción y ritmo, junto con unas escenas de acción que te impedían dejar de leer. Algo que aquí no ocurre. El libro no cuenta nada especialmente interesante ni tiene un ritmo demasiado vivo. Tampoco se hace desagradable, ojo. Simplemente… insulso.

Grita a los cuatro vientos lo molón que es sin que realmente llegue a molar. Además, cualquiera versado en el trasfondo sabrá que su misión está condenada al fracaso, con lo que se ve en cada línea la futilidad de los esfuerzos realizados. Se puede discutir que este conocimiento de los grandes hechos es algo de lo que sufren casi todos los libros de la franquicia, sin embargo, ésta es la primera vez que ha supuesto un problema. Más aprovechable como una manera de conocer el trasfondo de la Guardia del Cuervo que como una experiencia emocionante, constituye uno de los libros más mediocres de la franquicia.

Sin llegar a ser un libro flojo como El descenso de los ángeles o Los muertos exiliados, se empieza a notar que llevamos un buen puñado de libros de la Herejía y hay que rellenar el cupo aunque no haya muchas cosas que contar. Suerte que la franquicia nos sigue brindando otros ejemplares de primera, porque si las propuestas como ésta van a empezar a abundar, va a costar acabar con la colección.

Nota: 2
Nota goodreads: 3.84/5

jueves, 18 de junio de 2020

Planet 51


Ésta la vi hace un porrón de años durante un viaje de tren, consiguiendo que no tuviera muchas ganas de echarme una siesta. Estaba convencido de que la tenía reseñada, pero ha resultado que no (esto me está pasando más a menudo de lo que me gustaría). Apareció mientras buscaba una película amena para ver mientras se plancha, por lo que decidí echarle un repasito.

Planet 51 nos sitúa en lo que nosotros llamaríamos un planeta alienígena, pero sospechosamente parecido a la sociedad yanqui de los años 50. A pesar de estar poblado por hombrecillos verdes, pocas diferencias encontramos con una época que vivía en constante terror ante la amenaza de un enemigo exterior (comunista o del espacio) que atente contra el status quo del momento. Un buen día, llega un terrícola con su nave espacial para ser recogido por un adolescente lleno de imaginación y ganas de descubrir el Universo. Como sabe que las autoridades acabarán con el astronauta, deberá protegerlo y ayudarlo para que pueda regresar a casa.

Y no, no estamos en una versión de animación de ET, pero poco le falta. Planet 51 se sitúa a medio camino entre la mítica película y Shrek, de una manera similar a como le ocurría a Monstruos contra alienígenas, jugando con todos los tópicos de las películas de extraterrestres en un marco de película destinada a los más pequeños. A pesar del aspecto tan decididamente similar a las propuestas de la época (2005) de EEUU, se trata de una propuesta española, salida de los estudios Illion, herederos de los creadores del mítico Commandos. Ya sólo por el hecho de tratarse de una propuesta patria de animación que no de vergüenza ajena, tenemos mucho ganado.

Tiene la gracia de presentar el clásico esquema de invasión alienígena invertido, es decir que los aliens son la sociedad que vive tranquila y nosotros los que venimos a molestar. El guión, firmado por Joe Stillman (guionista de Shrek) da lugar a alguna que otra situación ingeniosa, en la que se pervierten los referentes con cierta gracia.

Sin embargo, el desarrollo de la trama sigue punto por punto el manual, convirtiéndose en poco más que un refrito de las películas estadounidenses adolescentes con unos toquecillos aquí y allá. Se exhiben todos los tópicos esperables: sus chicos simpáticos que saben más que el ejército, la futurible novia liberada pero sin personalidad que sólo sirve para que el prota meta la pata continuamente, el expertísimo que no tiene ni idea, etc. Una vez situadas las piezas en el tablero, el desarrollo es perfectamente predecible, sin nada que sorprenda, con el desenlace infantiloide y convencional que todos esperaríamos. Incluye además uno de los tropos rancios que más me irritan, el de consejos (sin sentido) para intentar ligar, que además se hace fatal.

En efecto, los diálogos no están especialmente inspirados y el tono está destinado para los más pequeños, lo que no impide que la película transcurra sin novedades por los carriles marcados. A ello ayuda su reducida longitud (ni 90min), su vivo ritmo y el enérgico bombardeo de chistes (de no excesiva calidad) al que se te somete. Sin llegar a ser gran cosa, deja la sensación de no ser tan mala como podría haber sido.

Por otro lado, hay que destacar que la animación es inesperadamente buena, lo mejor de toda la cinta. No llega al nivel de excelencia de los grandes estudios, pero sí se sitúa en la zona media de las propuestas de su época. Despliega una imaginería curiosa y trabajada, sus personajes se mueven con fluidez, con gestos reconocibles alejados del valle inquietante, los escenarios presentan numerosos detalles y las físicas están bien conseguidas. Por poner un ejemplo, en este sentido sobrepasa a la superior (en el resto de aspectos) Tadeo Jones.


Otro de los aspectos destacables es el chillón de referencias que esconde para cualquier aficionado a la ciencia-ficción de extraterrestres. Cualquier friki puede pasar completamente del argumento, diseccionando divertido todos los guiños a ET, Wall-E, Alien, Regreso al futuro y todo el cine de terror / fantasía alienígena de los años 60.

Planet 51 no tiene tampoco mucho más. Funcionará para los más pequeños (un límite sobre los 8-10 años), con una propuesta que permite salir de los estándares Disney (aunque tampoco se aleje mucho). Cualquier padre podrá soportarla sin demasiado esfuerzo pues, aunque nada es especialmente bueno y tenemos todo visto dentro del género, no hay ningún error de bulto ni nada que chirríe.

Dentro de nuestras películas de animación de esa época, me quedo con las dos películas de Tadeo Jones, pero tampoco es que me vaya a quejar mucho con Planet 51. Arrejunta todos los tópicos posibles, pero funciona. Más o menos.

Nota: 4
Nota filmaffinity: 5.8