domingo, 8 de febrero de 2026

La luz de Machu Picchu

Y por fin, después de tanto tiempo, cerramos la trilogía de los Incas.

Título: La luz de Machu Picchu

Autor: Antoine B. Daniel

Título original: The light of Machu Picchu

Traducción: Manuel Serrat Crespo

“En los primeros días de mayo de 1536, Gabriel, el joven conquistador español, entra en Cuzco. Sabe, por Anamaya, que la rebelión de los incas es inminente, lo que hace que su amor sea definitivamente imposible. Cuando llega a la ciudad, sometida a las crueldades de los hermanos Pizarro, su principal deseo es matar a Gonzalo Pizarro, ya que intentó violar a Anamaya. Pero, vencido, es desarmado y encarcelado inmediatamente. Al tercer día de su confinamiento le despiertan unos gritos. Cientos de miles de indios están reunidos en las cimas de las colinas que dominan Cuzco. Forman una especie de cerco humano que rodea la ciudad: los incas estaban decididos a recuperar su lugar sagrado. Y esta vez van armados, mientras que los españoles se creen aún en tierra conquistada. El enfrentamiento es apocalíptico, con Anamaya en un bando y Gabriel en el otro.”

La acción se sitúa un puñado de años después del anterior libro. El dominio de los Conquistadores sobre el país es total, el Imperio Inca está en sus últimos estertores y preparan su lucha final. Por el resto, los protagonistas han pasado un puñado de años separados, reuniéndose ahora en un desesperado intento por evitar una matanza.

El libro está dividido en tres partes.

Primero tenemos un buen espacio dedicado a la batalla de Cuzco. Los Incas lanzan una ofensiva desesperada con la intención de matar antes que conquistar o liberarse. La sensación de que ya está todo perdido es patente, transmitiendo una mezcla de tristeza y rabia ante lo que fue, lo que será y lo que ya nunca podrá ser. Hay páginas que se hacen duras, no tanto por la crudeza de lo que se narra (que también) sino por la desazón que provoca tanta destrucción y odio inmisericorde entre ambos bandos.

Luego, los protagonistas se reúnen en Machu Picchu, con lo que tenemos una bellísima descripción de la ciudad de las montañas y una mezcla entre recapitulación de la historia de amor de los protagonistas y el futuro de la misma en tiempos tan aciagos. Por motivos obvios, es la parte más fácil de leer, más amable para el alma y en la única en la que los personajes se permiten tener esperanzas por un futuro mejor.

Finalmente, tenemos el colapso definitivo de la sociedad. Desaparece la civilización y sólo queda la barbarie. Aquí se describen las mayores matanzas, los hechos más terribles y la constatación inevitable de un desenlace que ya veíamos venir desde dos libros atrás. Por otro lado, nuestros protagonistas se debaten entre sus dioses, sus lealtades y su amor. Se meten en tal cantidad de berenjenales que por momentos se hace difícil concebir cómo podrán salir de ésta o llegar tener un final feliz (que no diré si tienen o no).

Todo ello a lo largo de 350 páginas escritas con limpieza, en un estilo fácil, sin redundancias ni complicaciones con el que es fácil leer páginas y páginas sin esfuerzo. De una manera similar a lo que ocurría con su antecesor, el autor se esfuerza en respetar los grandes hechos de la historia, por ello, la trama se desenvuelve en función de los hechos reales, por lo que a veces se generan momentos anticlimáticos, con giros y desenlaces que en condiciones normales “no irían allí”. Obviamente, la problemática de conocer qué pasará lo puede volver menos interesante, pero su estilo ligero no convierte la lectura en pesada.

Los personajes principales son Gabriel y Anamaya, aquí ya convertidos en el paradigma de la tragedia romántica. Son dos dechados de virtudes, quizás los únicos que buscan la concordia y el entendimiento en todo el imperio, buscando continuamente la posibilidad (aunque remota) de calmar los ánimos. En anteriores libros tenían más desarrollo, ahora simplemente son los buenos. Como se cuenta la historia a través de ellos, el autor se ve obligado a buscar excusas para hacerlos pasear por medio país, cosa que a veces no se acaba de comprar.

El más destacado de los personajes incas es Manco, antaño general o líder de su pueblo, se ha hundido en la amargura ante la impotencia de saber que no puede defender a su gente. A medida que pasan las páginas vas viendo como se ve obligado a tragar sapos cada vez más grandes ante los abusos de los españoles. Evidentemente, esta bomba a punto de explotar la va a liar y va a ser muy gorda.

De entre los españoles, el protagonismo recae en Gonzalo Pizarro, hermano del Conquistador. Mientras Alonso avanza en la alta política y busca su lugar en la Historia, se va alejando de las tareas de gobernar un imperio. Así, la correa con la que controla los desmanes de su hermano se afloja todavía más, haciendo que Gonzalo de rienda suelta a su crueldad y su sed de sangre. Como ocurría con Gabriel y Anamaya, el autor se deja de sutilezas y deja claro que Gonzalo es malo, malísimo, el malo maloso de los malos malosos.

Y en medio de todos ellos, como el único que intenta, en vano, añadir algo de cordura, está Fray Bartolomé de las Casas. Desde un primer momento ha querido entender a los Incas, comprender su cultura y buscar la manera de enriquecer la sociedad a través de lo bueno de unos y otros. Por ello, es considerado traidor por ambos bandos, lo que hace fracasar sus intentos de apelar al Rey de España para que ponga algo de orden en este tremendo desatino. Es con quién se nota más la tragedia, pues se hace patente que no es TAN difícil llevarse bien, pero los odios están tan enconados y las ganas de los Conquistadores de aplastar cualquier amago de resistencia son tan grandes…

 Una cosa que me resulta curiosa es el esfuerzo que se realiza para mostrar – en ambos bandos – la dualidad extraña que se produce entre política y religión. Son dos poderes que empujan cada uno por su lado, con intereses diferentes y objetivos no precisamente coincidentes. Ahí me sorprende la reverencia y la influencia de Machu Picchu, pues no era consciente de su papel como Vaticano Inca. También me hace especial gracia que el texto acepta ambas religiones como “verdaderas”, mostrando como una y otra interaccionan en una lucha divina en la que prevalece el Dios cristiano ante un panteón que cada vez se aleja más de su pueblo.

El desenlace del libro hace una cabriola bastante extraña a la hora de mover a los personajes para que todos confluyan en una última confrontación final (que como es la final, es ultraviolenta, jé). Esta acrobacia innecesaria tiene toda la pinta de acabar con un tortazo contra el suelo, pero contra todo pronóstico, consigue salir del brete y dar un final ¿digno? a todo el pifostio.

En un pequeño aviso para los estómagos más sensibles, el libro no se corta a la hora de narrar hechos muy bestias. No se recrea en ellos, pero si te tiene que decir que se despeña a un puñado de niños por la ventana, se pone. Avisados estáis.

La luz de Machu Picchu se siente como un final en el que los hechos parecen inevitables y sus personajes no pueden más que ser testigos impotentes de lo que ha de ocurrir. Si bien es algo deprimente por momentos (la de cosas tristes o desasosegantes que se narran…), se lee agradablemente y sin complicaciones. Ah, y un interludio de 50 páginas de amoríos en pleno apocalipsis.

 

Nota: 5

Nota goodreads: 3.69/5 

sábado, 7 de febrero de 2026

Thanos Vence

Mira, los cómics no han tardado TANTO en volver a pasarse (y espero que esto siga así un poco).

El título de este cómic es el planteamiento de la historia. Nos sitúa a un Thanos que, en su segunda venida a la Tierra… venció. Eliminados los Vengadores, se convirtió en el ser más poderoso del Universo y nadie pudo pararle hasta la victoria total. Pero ojo, no se centra en explicarnos cómo ocurrió, no. Nos presenta a un Thanos viejo, que ha vivido demasiado y está ya a la vuelta de todo, esperando a que su amor, la Muerte, le venga a buscar de una manera definitiva. Sin embargo, la aparición de un guerrero ya olvidado, una última esperanza para la luz en la galaxia le recuerda que no quiere morir, todavía. Muy a su pesar, tendrá que pedir la ayuda de un invitado inesperado. Así, Thanos vence, ha vencido, vencerá. Las tres en el mismo momento en uno muy distinto. Todo a la vez, debiendo ocurrir en otro tiempo.

Esta miniserie de 6 capítulos es un cómic de VAMOS A FLIPARNOS. Donny Cates pergueña un guión gamberro y divertido que se presta a molar por todos lados y dejarse llevar con el rock&roll que despliega. Tenemos escenas de acción de primera, chispazos de humor muy bien encontrado y revelaciones bastante cachondas que seguro que nos sacarán una buena carcajada.

Al mismo tiempo, se las arregla para tratar la idiosincrasia de Thanos y reflexionar sobre el paso del tiempo, la depresión y los peligros de cumplir tus sueños. Este Thanos viejo está aburrido, vacío. ¿Qué hacer cuando no hay ningún desafío ya? ¿Cómo disfrutar de la matanza cuando se ha vuelto una rutina? ¿Qué emoción hay en la lucha contra las hormigas? Tiene a Hulk de mascota para vigilar el cercado, a Motorista Fantasma Cósmico de criado (estupendo girito cuando se revela su identidad) y ya nada le satisface. Ante la aparición del último enemigo, Thanos se nota ajado, la vejez le ha vuelto cobarde, por lo que tendrá que afrontar todos sus fantasmas antes del combate definitivo. La necesidad le obligará a tomar la peor de las decisiones y podrá comprobar hasta qué punto ya no es quién fue. Y luego el final obvio, con su amor (quién si no).

Un libro así pide unos dibujos con los que fliparse, y eso es lo que proporciona XX. Las proporciones de la epicidad son muy locas, con poco espacio para el sentido común, aprovechando muy bien cada viñeta, cada página, para añadir la pátina de complejidad que pide este universo. Aquí hay que molar y aquí se mola.

Hay cómics para pensar, cómics para descubrir el mundo y cómics para divertirse sin complejos. Thanos vence es un homenaje a la figura del titan violeta, con nula profundidad pero divertida. Puro Rock&Roll para desengrasar.

 

Nota: 7

Nota goodreads:  4.25/5 

miércoles, 28 de enero de 2026

Top Gun: Maverick

Top Gun es un referente icónico de los 80, catapultando a la fama imperecedera a un jovencísimo Tom Cruise, que hacía aquí uno de sus primeros papeles como protagonista absoluto. Dentro del marasmo de retornos a los grandes éxitos ochenteros que hemos tenido últimamente (John Rambo, Cazafantasmas, etc.), éste me pareció uno más de ellos, con lo que me aproximé a Top Gun: Maverick con una pereza extrema.

Cuando se estrenó, no salía de mi asombro ante el exitazo de taquilla (más de 1.000M€!!). No sólo es que un chillón de gente fuera a verla, ¡es que salían muy contentos y la recomendaban! La verdad, no lo entendía. Más allá de la nostalgia, no entendía como la secuela tardía de una película icónica pero no especialmente buena de hace cuarenta años podía hacer estos números. Igualmente, pasé un poco de ella en los cines y bueno, algún día había que ponerse.

El argumento es simple: Tom Cruise vive semi-retirado de los aviones de combate, pero la necesidad obliga a que salga de su exilio para forjar a una nueva generación de pilotos de élite para una misión (casi) suicida con la que evitar el fin del mundo y tal y tal.

Algo que no me esperaba. La película es bien consciente de sus limitaciones argumentales – o quizás lo abraza con ganas – y no se dedica a otra cosa que a MOLAR. Y le sale a la perfección. Toma la americanada como un género propio y la lleva al extremo con un sentido del espectáculo magnífico. Coge lo justo de la anterior entrega para que los fans de la misma se queden tranquilos (el homenaje a Val Kilmer, la escena del bar y poco más) y se constituye como una película propia con su propia mitología. En ese sentido, recuerda mucho a Creed, que es consciente de la existencia de Rocky, pero no va “exactamente” de ello, como sí ocurría por ejemplo con Cazafantasmas. Además, se saltan un montón de cosas argumentales de manera bastante consciente: No sabemos qué país están bombardeando, no vemos al enemigo, lo del hijo de… se pasa de calzador, etc. Estos deslices en la trama podrían ser catastróficos y quizás los primeros diez minutos no son del todo tranquilizadores, pero qué demonios, es empezar a volar y la adrenalina se empieza a desbordar. Top gun Maverick despega a las estrellas, sin bajar hasta el final. Un blockbuster como hace tiempo que no teníamos.

Las coreografías aéreas son muy viscerales, consiguiendo que te metas dentro de la película desde el primer despegue. Quizás por la cabezonería de Tom Cruise de que todas las escenas se rodaran en el aire (sin ordenador ni cámaras simuladas) o por el estupendo sentido del espectáculo del director Joseph Kosinski, pero las escenas tienen una fisicidad inusual en estos días. Las acrobacias son imaginativas y vibrantes, sucediéndose además con un ritmo muy bien medido, con las pausas perfectas para coger impulso. Con ello, pegan al espectador al asiento con un espléndido manejo de la tensión de lo más satisfactorio. Maneja espléndidamente el más difícil todavía para dar una media hora final de auténtico infarto.

Que sí, que no sabemos porqué hay que pegar tiros (ni nos importa). Top Gun Maverick es tan gloriosamente delirante que uno no puede sino sentirse atrapado en esta montaña rusa. Cuando consigues molar de esta manera, se te perdonan muchas cosas (y, por lo que parece, ha repetido fórmula en F1: nulidad argumental, pero un espectáculo tan grande que da igual).  Asimismo, el trabajo actoral ni está ni se le espera. El protagonismo recae en un Tom Cruise que se dedica a hacer de Tom Cruise y un puñado de secundarios que bastante hacen con saberse los diálogos.

Los interprétes de verdad están en otro lado: Los AVIONES. Por favor, ponte la película en el aparato de sonido más impresionante que tengas a tu alcance. Podrás gozar con el sonido de los motores, notando cómo se mueven de un lado a otro, desde dónde se acercan y adónde se alejan. La visceralidad de las imágenes se complementa con este sonido estruendoso y envolvente, dando la sensación de que estás realmente dentro del avión, sufriendo y gozando con los pilotos. El espectáculo por bandera, con una grandiosidad al alcance de muy pocos.

Antes de verla, me quedé alucinando por su lluvia de nominaciones. Desde mejor película a guión adaptado, montaje, canción, efectos visuales y sonido. Ganando el último de ellos. Es una muestra de una parte técnica espléndidamente realizada. Tiene sus cosas con las que podemos torcer el morro, pero lo que tiene de bueno, es MUY bueno. Podríamos decir que ya no me sorprende tanto su reputación.

Top Gun Maverick es la mejor americanada que he visto en un puñado de años. Técnicamente brillante a pesar de “sus cosas”, con un sentido del espectáculo y un abrazo por la acción apabullante que te aplasta al asiento hasta el final. En sí, una fantástica película con la que apagar el cerebro y disfrutar, superando en mucho a su predecesora en todos los aspectos que le interesan. Nunca hubiera esperado disfrutar tanto con esta película.

 

Nota: 8

Nota filmaffinity: 7.0 

miércoles, 14 de enero de 2026

Recomendaciones (o no) de Mt 2025: Series

Acabamos el viaje con el repaso a las  mejores series que he TERMINADO este año. Que a saber de qué año son, pero bueno, lo que importa es que yo haya visto su último capítulo y les dé carpetazo antes de pasar a otra cosa. 

Este 2025 ha sido especialmente prolífico, con un total de 664 episodios O.o de 53 series diferentes. Vaya viajecito, creo que nunca había visto tanto en una sola temporada. Hay tanto material que tengo que romper mi habitual rutina de destacar tres propuestas, sino que voy a hacer una cosa algo diferente..

Mi año empezó terminando Arcane. La mejor adaptación a serie de un videojuego (el LOL) que he visto es un prodigio desde el punto de vista artístico, con una banda sonora de bandera, un montón de personajes carismáticos y una trama impactante. Deja atrás tus prejuicios y déjate llevar por esta historia de venganza, hermanas muy mal de lo suyo y remordimientos que se viene arriba como nadie.


Por medio, tengo dramas que encogen el estómago como La Mesías, comedias alocadas como Lo que hacemos en las sombras o excentricidades biográficas en torno a la lucha libre japonesa femenina (sí, eso) como La Reina de las Villanas.


Finalmente, me acerqué a uno de los popes de los animes, de las series que todo el mundo recomienda incluso a los profanos. Full Metal Alchemist es una excelente historia de espías, conspiraciones y acción. Las desventuras de un par de hermanos que trabajan como agentes especiales para un gobierno corrupto van revelando capas y capas de luchas por el poder en el que el futuro de la humanidad está en juego. No sólo tiene a uno de los protagonistas menos insufribles de los shonen, sino que su elenco de secundarios tiene profundidad, agenda propia y tramas secundarias perfectamente imbricadas dentro de la historia principal. No, que es buenísima.


Centrándonos en cositas más disfrutables, tenemos la excelente revisión de la responsabilidad de los súper héroes que se realiza en la improbable y feísta Mob Psycho 100  y, de una manera mucho más mamarracha todavía en la fresquísima Agatha, ¿quién si no? una de las mejores series Marvel que te puedes encontrar.

Finalmente, nos centramos en las estupendas historias de aventuras, que abarcan varias temporadas con personajes llenos de carisma, tramas épicas por todos lados y héroes improbables que se hacen querer. Deliciosos acompañantes a lo largo de un montón de viajes, me veo obligado a poner dos ejemplos magníficos de diversión sin complejos rematados por un final estupendástico. Star Wars Rebels tenía el difícil reto de sustituir a The clone Wars y se saldó con cuatro temporadas de pura aventura y sentido de la maravilla. Por su parte Patoaventuras se atreve a coger lo más sagrado de Disney, darle la vuelta como un calcetín y convertir al Tío Gilito en un inesperado antihéroe al que adorar. Los mejores herederos de Indiana Jones se juntan en tres temporadas repletas de sorpresas, homenajes al canon clásico de los 80-90 (la de personajes que los veteranos de la casa reconocerán aquí) y nuevos villanos que harán las delicias de los que buscan simplemente divertirse.


Y aunque sea un poco asín, quiero destacar a los tres personajes a los que más cariño he cogido este año. Dev (Master of None) es un delicioso perdedor al que quiero dar un abrazo e invitar a tomar unas cervezas.

“Mugre” Matsumoto es una bomba de relojería, una extraña mezcla de timidez, rabia y colorinchis. La Reina de las Villanas es una de las mejores cosas a las que nunca te acercarías.

Y finalmente, de Full-Metal Alchemist podría quedarme con un buen puñado de gente. King Bradley se ha convertido en uno de mis antagonistas favoritos desde ya. Roy Mustang es un roba escenas como pocos, pero mi cariño se va con ese improbable salvador que es GREED. Desde su innegable maldad, es enternecedor comprobar cómo está cada vez más y más en el bando de los buenos sin que él se dé cuenta en ningún momento (ni siquiera al final ^^). Adoro a este desastre con patas.

Con esto sólo me queda deciros que…

FELICES LECTURAS EN 2026!

 Ah, y me olvidaba, ya puestos, destacaré el videojuego que más he disfrutado este año. Bioshock Infinite ha sido todo un viajecito, incluyendo su estupendo DLC, Panteón Marino. Un gustazo visitar Columbia y Rapture. 




lunes, 12 de enero de 2026

Recomendaciones (o no) de Mt 2025: Libros


Hoy nos vamos a centrar en los libros, esas cosas que tantas horas de placer y placer nos han dado. Otro año con una veintena de títulos desde los que escoger aquellas obras que hubiera lamentado perderme y aquella que bien podría haberme saltado.

Eso sí, antes de que me volváis a recordar que me  he olvidado de una cosita….

¡FELIZ AÑO NUEVO!

Ahora, ya podemos centrarnos en

LO MEJOR

Empezamos por un clásico que ya se pasó por aquí ¡en 2012!, pero si se relee, pues puede volver a aparecer, especialmente en un año con poca competencia. Neuromante es uno de los iniciadores del steam-punk, retrata lo peor del ser humano mientras muestra el mundo bajo el dominio del sistema como un lugar oscuro y siniestro, dónde las redes de cómputo dominan cada aspecto de la vida. Gigantes corporaciones multinacionales reemplazan a los gobiernos como centros del poder político, económico y militar. La batalla entre un personaje marginado contra un sistema totalitario sirve de armazón para una historia que impacta y, seguro, no deja indiferente.

Este libro lo leí debido a una recomendación de BookCrossing (gracias Cocodras), que (casi) me obligó a que me lo leyera. El club de los mentirosos  cuenta la historia de siempre, pero lo hace de una manera muy especial. Es una lectura desasosegante, con un drama intenso disfrazado de novela de maduración. A lo largo de 500 páginas sufriremos, nos indignaremos, querremos y odiaremos a todos los personajes que, simplemente, tienen una vida inusual pero que es la suya y qué aun así deben tirar para adelante. Acometer este libro es una experiencia interesante, quizás no apta para todos los paladares, pero su amargo sabor esconde satisfacciones.


Finalmente, volvemos  a la ciencia-ficción con Así se pierde la guerra del tiempo, una de las cositas más diferentes dentro de los viajes en el tiempo y los amores imposibles. Requiere esfuerzo del lector, pero el premio es de los bonitos. Más que una novela, tenemos un baile, una danza demencial a través del tiempo. Los protagonistas viven al límite, sus diálogos esconden más de lo que parece, conteniendo desafíos inesperados para unos y otros. Quizás lo mejor es dejarse fluir, no intentar abarcar todo, sino sumergirse una y otra vez en un estruendoso viaje que repleto de quiebros y requiebros. Y triunfa el AMOR. 


LO PEOR

En cuanto a lo  peor del año, me sabe mal – no es la primera vez que ocurre – destacar un libro cuyo único pecado es ser una cosita pequeñita sin nada especialmente interesante. Simplemente, es el menos bueno. Niño de aire es un poti-poti de géneros un poco raro, que no se decide por qué quiere ser, dando sensación de falta de empaque. No obstante, no exige nada y se lee sin ningún esfuerzo.


sábado, 10 de enero de 2026

Recomendaciones (o no) de Mt 2025: Películas

¡Buenos días a todos!

Un año más estamos aquí reunidos para que conozcáis cuáles son las recomendaciones que se realizan desde aquí para este 2025. Como siempre, lo importante es que yo las haya leído/reseñado ese año, lo de que sean de 1956 ni me importa, así que preparaos para pocas novedades.

Si es que encima este año apenas he tenido tiempo de rellenar este sitio, por lo que con 45 entradas se hace muy fácil escoger, ¡tiempos aquellos en que llegaba a 120! Pero vamos a lo que vamos, siempre hay cositas bonitas y cositas feas y a esto nos ponemos.

Empezamos como siempre, por las películas.

LO MEJOR

Empezamos por uno de los Oscar de animación más cantados en bastante tiempo. A pesar de que tengo mis problemas con Guillermo del Toro, cuando hace las cosas bien, las hace bien. Su Pinocho es una versión distintiva y algo enfermiza de una historia que conocemos bien. Adereza por todos lados con mimo y además brinda una obra de arte en cada encuadre. Magnífica.


Y seguimos en la animación con la que fue su mayor rival ese año. Quizás con menos despliegue artístico pero mucho más divertida. Nunca hubiera esperado que la tardía secuela de El gato con botas – El último deseo estuviera en esta sección, pero es que se lo gana con creces. Empezando por un inicio de película de bandera y continuando por una estupenda historia de aventuras con mucho más poso del esperable, aquí todo funciona como un reloj: personajes carismáticos y tridimensionales, una trama madura y trascendente sin perder un épica de diversión, acción a lo grande, chistes bien metidos y una animación de bandera. 100 minutitos divertidísimos.



Dadas las pocas películas de este año, estuve pensando en dejar el tercer hueco en blanco, porque no había ninguna que sobresaliera de una manera clara entre el resto para optar a ello. Sin embargo, decidí rebuscar entre todas las películas notables y escoger la que más me ha hecho disfrutar este año. El honor recae en la comedia Scoop, de un Woody Allen muy juguetón. Se basa en alargar una tontería durante 90 minutos y ver hasta donde lleva, pero lo hace con acierto, buenos chistes y un ritmillo la mar de molón. Creo haberlo dicho más de una vez (especialmente con Allen), pero ya les gustaría al 99% de los directores de Hollywood hacer películas menores como ésta. Entra finísima. No te marcará pero te da 90 minutos para rellenar una tarde como nadie.

LO PEOR

Aquí también he estado a punto de no añadir nada, pues no ha sido un año en que hayan destacado las bazofias. Me veo obligado entonces a destacar una película que es, simplemente, mala. Desde un primer momento, Frío como el acero te indica que tenemos una obra de de pim, pam, pum. Evidentemente, trama inexistente, actores nefastos y frases lapidarias que no acaban de funcionar. Dura tan poco que no da tiempo a aburrirse y tiene tal cantidad de tonterías autoconscientes que consiguen que el resultado no sea tan malo como otras bazofias del género.

 

lunes, 8 de diciembre de 2025

La ballena

¡Cómo le gusta a Hollywood las historias de redención y vuelta a los infiernos! Brendan Fraser fue un sex-symbol a los veinte, desapareció del mapa y ahora a los cincuenta es bienvenido de nuevo en la industria en una película que lo recuperó del anonimato y le permitió recoger un Oscar (parece que nadie se acuerda de los abusos sexuales recibidos, las depresiones ocasionadas, etc.).

Como suele ser habitual en las películas de Darren Aronofsky, tenemos a un sufridor protagonista en una situación límite (Cisne Negro, Requiem por un sueño), del que contemplamos la degradación que la ha llevado la vida y cómo se arroja (o no) por el sumidero de la locura. Aquí tenemos a Charlie, un profesor de creación literaria (a distancia) homosexual y obeso mórbido. Parece haber tirado la toalla en su vida, lanzado hacia un viaje de autodestricción sin retorno. Como en Leaving Las Vegas, no tiene planes más allá de esta cena. Le anclan a este mundo sus alumnos (que no le han visto nunca), su única amiga y cuidadora Liz y el repartidor de comida a domicilio, que le aportan un mínimo de propósito para seguir vivo un día más.

Este dramonazo sería bastante insoportable sino fuera por el morrocotudo trabajo de Brendan Fraser. En uno de los Oscars más cantados de los últimos años, se las arregla para transmitir su sensibilidad, sus miedos, haciéndote partícipe del infierno que ha sido su vida y las pocas esperanzas que tiene para su futuro. Fascina al espectador y transforma la pornografía emocional en un espectáculo digno de verse. No podemos olvidar de ninguna manera el trabajo de Hong Chau, la única amiga que le queda a Fraser, que soporta vejaciones y humillaciones sólo por el aprecio que le tiene a su compañero. Conmueve su impotencia la hora de no poder evitar que Fraser se hunda cada vez más y más en la mierda. Detacaría también el papel de Sadie Sink como hija del protagonista, que no sabe gestionar el amor/repulsión que siente por su padre. Aranovsky sabe qué quiere y sabe dirigir a su elenco, no es algo nuevo en ese sentido.

 

Lo que también tiene el director es gusto por mostrar la degradación y el sufrimiento. Se le ha acusado numerosas veces (y con razón) de acercarse más a la pornografía emocional o al terror más que al drama. Tira de efectismos para retorcer tus emociones, como la extraña relación con el pizzero, los problemas para ir al lavabo o la manera de castigarse devorando la comida. Fraser es quién marca la diferencia y cautiva a pesar de las manipulaciones de la película. Compro su sufrimiento, la culpa que desprende el personaje, su autoodio y la incapacidad del mismo que creerse merecedor de un mínimo de afecto. Para él la redención hace mucho que quedó atrás y sólo queda dar un carpetazo con un mínimo (o no) de dignidad. Asimismo, esto no impide que veamos la bondad del personaje, cuyo brillo de los ojos que se le aparece cada vez que se habla de Moby Dick o su hija parece apreciarle por unos segundos es enternecedor.

También hay que destacar el trabajo de maquillaje que se realiza con Fraser. No estaba TAN gordo en la realidad, pero se le añaden quilos de lorzas para aumentar la desolación. Eso no impide que Fraser se mueva con naturalidad (ejem) o gesticule todo lo necesario para su actuación.

Y luego está el final SPOILER Parece claro que muere. Pero ¿Cuándo? ¿Le da tiempo a oír el ensayo de Ellie? ¿Ya está muerto y esto es sólo una despedida tierna de su alma? Aronovsky juega a ser críptico con ello, pero yo voto con que es a la conclusión que se deja ir. O al menos eso me gusta creer. FIN DEL SPOILER

¿Quieres ver a un actor hacer las cosas BIEN? ¿Eres capaz de soportar 2h con las desventuras de un hombre que se autodestruye porque es incapaz de no hacerlo? La ballena impresiona, deja una sensación desoladora y contiene tantos efectismos que es fácil salir volando de la película. Por otro lado, Fraser hace un trabajo tan bueno que compensa casi cualquier sufrimiento. Otra cosa es que esto no sea lo que quieres ver, pero bueno.


 Nota: N/A

Nota filmaffinity: 7.1