domingo, 28 de junio de 2026

Juego de Tronos

¿Desde hace cuánto que no se pasaba una serie por aquí? Bueno ya que nos ponemos, vamos con el fenómeno más gordo de los últimos quince años. A estas alturas se han dicho tantas cosas que no es que vaya a molestarme mucho en profundizar ni añadir nada que no sepáis, simplemente comentaré haré un viaje general con lo mucho que me gustó y un puñado de las cosas que me llamaron la atención a lo largo de estos años.

El argumento no os pillará de sorpresa. En las Tierras de Poniente, el dirigente de una de las regiones de los Siete Reinos es convocado por el Rey para que investigue una conspiración en su contra, trasladándose con toda su familia. Rápidamente las cosas se irán de madre, empezando un Juego de Tronos (jé) en que todo está en el aire y nunca se sabe cómo acabarán las cosas.

Así, empezamos una historia de fantasía épica repleta de conspiraciones, traiciones, batallas y todos los momentos molables que uno pudiera imaginar. Tanto en los libros en los que se basa como las temporadas, las primeras cuatro entregas son magníficas tanto en desarrollo argumental como en gestión de personajes. Sin embargo, se guarda un par de giritos inusuales (en aquel momento) que elevaban la expectación generada hasta el infinito y más allá, provocando que tuviera un éxito desmesurado en todos los sentidos.

Primero, no había buenos y malos. Sí, había personajes más éticamente correctos y otros bastante deleznables, pero no se realiza un enfoque de buenos y malos. Como si de un spokon se tratara, aquí tenemos diversos equipos (las casas nobles que luchan por el poder) en las que todas (y ninguna) tiene parte de razón y muchas ganas de triunfar. Así, era fácil tomar partido por una de ellas y disfrutar de la competición con ellas, como si del fútbol se tratara. Durante años, los diálogos de “Yo, de los Lannister” ”Bah, los Stark son unos aburridos”, etc. Fueron más que habituales, dando pie a mucho rato de diversión y debate con el resto de gente que estuviera viendo la serie. Cada  casa tenía su grupo de fans y eso era algo que no habíamos visto nunca.

Y luego estaba la puesta en escena: Nunca habíamos visto nada igual. Un despliegue de medios  del que sólo disfrutaban las películas con presupuestos más desmesurados. Cientos de extras, armaduras labradas por doquier, escenarios de primera línea repartidos por todo el mundo y efectos especiales a la última. Todo se gastaba a lo grande y con criterio. Cada capítulo se convertía en una experiencia barroca y deslumbrante con la que gozar en todos los sentidos.

Además, las primeras cuatro temporadas contaban con ellos estupendos libros de George R. R. Martin que, con sus cositas, se fueron adaptando a una temporada por libro. Contaban con diálogos llenos de sustancia, personajes tridimensionales a los que amar y odiar por partes iguales y, sobretodo, un sentido de la trama en la que todo bullía a fuego lento estallando en una serie de momentazos que se convertían al instante en hitos de la cultura popular. Cada temporada tenía lo suyo: las cosas que se hacen por amor, el primer Drakaris, la ejecución, la boda roja (y la violeta), la defensa del Aguasnegras y – mi favorito – el juicio por combate.

El problema llega cuando se agotan los libros y Martin todavía no había sacado el quinto (que fue Danza de Dragones), con lo que los guionistas tomaron la decisión de improvisar. Se supone que de acuerdo con Martin, pero pronto se supo que cada historia tomaría rumbos bien distintos. Esto tuvo como consecuencia que Juego de Tronos pasó a comportarse como una serie más convencional, fantasbulosa y barroca, pero que transcurría por cauces menos rompedores. La calidad se resintió, pero como se continuaban con las tramas ya desarrolladas previamente, sirvió para que aumentaran los golpes de efecto, como la destrucción del Septo o la Batalla de los Bastardos. Lo que sí se notó es que la serie ganaba velocidad: los personajes se teletransportaban de un lado al otro del Reino cuando antes tardaban capítulos en llegar (lo que se traducía en tiempo “real” dentro de la serie), provocando un efecto extraño. Esta bajada hacia la convencionalidad se notó especialmente en sus dos últimas temporadas, ya con tramas propias que habían derivado en un Dungeons’n’Dragons supervitaminado que poco tenía que ver con el espectáculo que empezó. Por lo menos contiene la mascare de Desembarco del Rey y muchos padres traumatizados por los nombres que han puesto a sus hijas.



Sabiendo que se iban a dejar un pastizal enorme en la puesta en escena, se escogió a un montón de actores desconocidos para la mayoría de personajes. Con la obvia excepción de los protagonistas que nos acompañarían a lo largo de las siete temporadas (como Sean Bean o Lena Headley), prácticamente nadie conocía a Peter Dinklage, Kit Harrington o Maisie Williams. La mayoría de ellos han aprovechado su fama durante los años siguientes, pero ninguno ha sido capaz de hacer un papel que haya perdurado (casi) en lo más mínimo, habiendo vuelto al anonimato salvo en las convenciones de fans. Este acompañamiento a lo largo de los diez años que ha durado la serie nos ha permitido ver cómo han ido creciendo y madurando, algo especialmente impactante en el caso de los que empezaron siendo niños y acabaron siendo veinteañeros como Maisie Williams o Isaac Hempstead-Wright.

La fiebre de Juego de Tronos llegó a niveles sorprendentes. Desde entonces no se ha vuelto a repetir una serie en la que “todo” el mundo estuviera atentísimo al capítulo de la semana que no te podías perder de ninguna de las maneras. Es que ni siquiera lo podías comentar en la cantina del trabajo sin que te cayeran protestas desde la mesa de al lado porque alguno no se había levantado a las 5 de la mañana para ver el capítulo antes de entrar a trabajar. En un primer momento, deslumbrados por el poderío de la serie y, posteriormente, para ver cómo terminaba este cacao, cada año y medio teníamos dos meses en los que el mundo se paraba y toda la atención se fijaba en las Tierras de Poniente.

 ¡Ay, el final! Sin llegar a los enfados por el desenlace de Lost, toda la última temporada supuso una bajona de tal calibre que se convirtió en meme por derecho propio. En ocho capítulos se puso el turbo-boost sin mirar atrás, cerrando tramas desarrolladas durante años en minutos como si no hubiera un mañana. Un chimpún y a otra cosa a temas en los que estaba en juego el destino del Universo, con agravios y rencores irreconciliables que se tornaban rencillas a la mar. Por lo menos nos dio la destrucción de Desembarco del Rey y el genocida más inesperado (jé) de aquellos cuya comprensión lectora brilla por su ausencia. Siendo una chufla apresurada con poco gravitas y no mucha coherencia, a mí no me parece tan catastrófico como se suele considerar, vista la tendencia que había cogido la serie en los últimos años. Cierra con pocos cabos sueltos y, si te haces un poco el tonto con algunos temas, sostiene con un mínimo de dignidad el pifostio en el que se habían metido los “imaginativos” guionistas, cerrando así el Juego de Tronos con algo parecido a un ganador. Cuentan por ahí que los Showrunners estaban más pendientes de una futura serie de Star Wars (que se acabó por cancelar) que iban a hacer a continuación que en realizar la última temporada de la serie y que fueron Kit Harrington y Emilia Clarke los que tuvieron que tomar las riendas del proyecto y hacer lo que pudieron para sacar adelante la temporada. Y bueno, salió lo que salió. No creo que sea verdad, pero me gusta la idea.

En fin, esto no impide que Juego de Tronos haya sido la serie de su época. No sólo eclipsaba cualquier otra producción sino que sigue siendo la referencia para cuando un proyecto quiere venirse arriba y estamparse a lo grande. Un viaje estupendo con el que gozar horas y horas, con golpes de efecto inolvidables, personajazos por doquier y miles de teorías con las que disfrutamos debatir. El final fue un poco meh, pero el viaje vale la pena de sobras.

 

Nota: 10 (A pesar de todo, uno lo ha gozado como lo ha gozado).

Nota filmaffinity: 8.5

 

  

miércoles, 3 de junio de 2026

John Wick 4

Con John Wick 4 se cerraba (aparentemente) la franquicia más brutal del cine de acción moderno. Las tortas con estilo cerraban con una última orgía de muerte y destrucción a cargo del resucitado Keanu Reeves y el personalísimo director (y guionista) Chad Stahelski.

En un más difícil todavía (una vez más), John Wick sólo quiere vivir tranquilo, pero no le dejan descansar, por lo que deberá enfrentarse otra vez a una plétora de asesinos que le persiguen por medio mundo. Mientras tanto, seguirá buscando la manera de que la organización para la que trabajo le deje en paz de una vez por todas.

Argumentalmente, las películas de John Wick nunca han tenido mucha miga. Si acaso la primera tenía la excusa de una venganza. Pero a partir de la segunda, eso ya quedó atrás. El sicario retirado tiene que matar a mucha gente para pasar de fase y se va a dedicar a matar a mucha gente con estilo. Y es que lo consigue, las tortas molan tanto de una manera tan continuada que te la trae al pairo porqué toca matarse. Además, la barba le da a Keanu un toque de madurito interesante que lo hace más interesante (jé) todavía.

Aquí lo que importa son las guantás y John Wick 4 plantea un non-stop de batallas planificadas con virtuosismo e imaginación. Cada escena busca ser icónica a su manera, modificando la estética para ser distintiva, dejando un puñado de momentos para comentar a la salida del cine: La discoteca de Japón (con Donnie Yen por ahí), cruzar el Arco de Triunfo de París, toda la escena de la escopeta incendiaria, Monmartre o duelo final. 

Una importancia esencial del proyecto radica en el director Chad Stahelski que sabe cómo manejar estupendas coreografías de tortas, insulfando clase y estética, con una puesta en escena presta a dejarte sin aliento, con lo que crea un sello de identidad característico desde el minuto uno. Aunque las toñas son de primera, en esta cuarta entrega sí se nota que el metraje está tremendamente dilatado, la búsqueda de “El más difícil todavía” engorda el conjunto, provocando que casi llegue a las tres horas que se pueden hacer largas. Perfectamente podrían haber sido dos películas separadas (Pre-Paris y todo-Paris) que habrían entrado finísimas. Pero bueno, la película mola tanto que no nos enfadaremos mucho.

El desenlace marca un punto y aparte a la saga, indicando que se producirá un cambio de aires que el avance de las películas ha ido pidiendo. Seguro que a la que nos despistemos, empezaremos a tener precuelas para estirar el chicle (ya tenemos Ballerina por ahí), pero por ahora, el viaje ha molado un montón, que es lo que cuenta.

Chad Stahelski nos da una vez más tortas, tiros y asesinatos como (casi) nadie más sabe hacer. Peca de un metraje algo abultado y un argumento no especialmente inspirados, con lo que se puede hacer algo indigesta. Eso sí, la cuenta de muertes estilosas sube hasta el infinito y más allá. Larga vida a John Wick.

 

Nota: 6

Nota filmaffinity: 6.7


 

  

domingo, 24 de mayo de 2026

Sin novedad en el frente

Sin novedad en el frente es una de mis películas bélicas favoritas, retratando como nadie la futilidad de la muerte de los jóvenes en guerras que sólo favorecen a los ricos por motivos espurios. Como muchas veces, cuando tienes un original (aunque tenga casi un siglo) TAN bueno, muchos – yo entre ellos – considerarán innecesaria la preparación de un remake.

Sin embargo, esta vez estamos en uno de esos pocos casos que, aunque innecesario, se trata de un remake que vale la pena. Básicamente, coge la misma premisa, pero la utiliza para hacer una película diferente. Claramente tiene un respeto enorme por la original, a la que utiliza como referente en tono e intenciones. Además, si encima te sale una película tan buena como ésta, pues menos quejas todavía.

El punto de partida es el mismo. Estamos en 1914 y estalla la IGM. Enforvorecidos por el patriotistmo y lo que creen que será una victoria aplastante y rápida, un grupo de amigos se alista en el ejército de su país (Alemania). El golpe de realidad que sufrirán se hará patente desde un primer momento. Ya en la instrucción se encontrarán privaciones y abusos. Luego en el frente, condiciones miserables e infrahumanas: metralla, barro, olor a muerte, ratas y rancho. Ah, y luego está el enemigo y sus cañones, y sus metralletas, y sus…

Lo que más destaca en esta película es un espléndido uso de la fotografía para retratar la vida en las trincheras. Si bien la IGM no es tan fotogénica como la IIGM, esto no priva al director XX de realizar un esfuerzo ímprobo en uniformes, suciedad, edificios… También vemos desde un primer momento el precio de cada milla ganada. Esto no son batallas, son picadoras de carne. Lo que para unos ingenuos jóvenes es revivir las historias que sus padres les contaban se transforma en una pesadilla de consecuencias imprevisibles.

Hay un gusto enorme con los primeros planos, en la transformación de miradas llenas de vida en ojos sin alma, que han visto demasiada devastación. Para ello goza de un buen puñado de actores esforzados en sus papeles, destacando Felix Kammerer como protagonista y Daniel Brühl como general inmisericorde que trata a sus soldados como muñecos con los que hacer tiradas de dados.

De la misma manera que se hacía en la Sin novedad en el frente original o en preciosidades como Senderos de gloria, se hace mucho hincapié en el sinsentido de la guerra. Somos testigos de cómo los generales toman decisiones por orgullo, estupidez y ganas de medirse las pollas (o peor, cuando son los políticos los que las toman), siendo luego los pobres soldados (y los civiles) los que sufren las consecuencias. Allí es cuando esta película no pierde ni un momento para arrearte puñetazos en el estómago. El optimismo del protagonista se torna poco a poco desolación cuando va perdiendo a sus amigos, evolucionando en su cinismo, miedo y, con el tiempo, desesperanza por un futuro que se pasa de aciago. La mirada del combatiente se hace patente en los últimos minutos, mostrando una vez más el sinsentido de la guerra.

Me permito insistir una vez más en el fastuoso apartado técnico de la película. Todo el esfuerzo realizado para recrear las trincheras con suciedad y todo lujo de detalles, la fotografía capaz de reflejar la destrucción inmisericorde, el cuidado con el vestuario, tanto en la recreación de los uniformes como el reflejo del avance de los años conforme se van desgastando los trajes… Además, las andanzas suceden a un ritmo inesperadamente vivo, consiguiendo que las más de dos horas pasen realmente rápido mientras tu estómago se va encogiendo cada vez más. En fin, impresionante.

Me parece curioso como, a pesar de haber llegado a un punto final similar, se escoge una última escena completamente diferente para el desenlace. SPOILER en la película de 1930 nos muestra que hay algo bonito en la vida después de todo, que hay la posibilidad de ser feliz tras la guerra (bueno, no). En 2022 nos muestra el alivio de una guerra que ya termina y la felicidad al poder volver a casa (bueno, no). Por otro lado en el libro original, se hace un extraño elipsis en el que vemos cómo el protagonista pasa otro día “Sin novedad en el frente” (bueno, no). FIN DEL SPOILER

Los Oscars se acordaron de esta Sin novedad en el frente, siendo nominada a Mejor Película, Película internacional (oficialmente es alemana) y gran parte de los apartados técnicos: Guión, Maquillaje, Sonido, Efectos visuales, fotografía, Banda Sonora y Diseño de producción. Ganó los tres últimos y Película internacional, en un año en que Todo a la vez en todas partes se quedó con todo lo gordo.

Quizás no tiene el toque atemporal trascendente que sí tiene la obra de 1930, pero esta revisión de Sin novedad en el frente es una película con enjundia por derecho propio.  A partir de la misma premisa, propone una experiencia completamente diferente con la que acongojarte y llegar a la misma conclusión: Las guerras son una mierda, y los que las plantean nunca las sufren.

 

Nota: 9

Nota filmaffinity: 7.2 

viernes, 22 de mayo de 2026

Patrulla-X: Días del futuro pasado (Chris Claremont, John Byrne)

¡Y más comics! Si es que no ha pasado nada desde la última vez. A veces me pongo y me sorprendo a mí mismo.

En Días del futuro pasado las cosas han tomado un giro funesto en el futuro para la Patrulla-X. Apenas quedan un puñado de mutantes vivos y tiene pinta de que no tardarán mucho en perder la partida. Décadas en el pasado, el grupo de mutantes malosos (curiosamente llamada la Hermandad de los Mutantes Malosos, jé) asesinó a un candidato político que vomitava sentimientos anti-mutantes y alzaba diatribas sobre lo peligrosos que podrían ser los mutantes. Después de su muerte, a los humanos les entraba el cangueli y activaban a los Centinelas. Y ya sabemos cómo acaba esto. Por suerte, de un modo desesperado se consigue trasladar la conciencia de Kitty al pasado con la idea de que salve al político anti-mutantes y así cambie el futuro.

Estar leyendo este cómic al día y encontrarse con esta historia tuvo que ser un shock de lo más impresionante. De un día para otro tenemos un futuro apocalíptico y un desconcierto enorme sobre qué demonios está ocurriendo.  Sí, ya habíamos tenido la saga de Phoenix y un buen puñado de pifostios de lo más granado, pero nunca se había liado tan parda de un día para otro. Hoy en día ya estamos más curtidos y no nos sorprenden tanto estos volantazos, ventajas que tienen los pioneros. Y otra vez, Claremont saca algo nuevo (o no tan trillado en aquel momento), ¿se pueden contar historias de ciencia-ficción seria con súpers de por medio? Ahora no lo dudaríamos, pero no era algo que se estilara hace cincuenta años.

Leyéndolo hoy día, me ha sorprendido lo corto que es. Son apenas dos numeritos que te ventilas en menos de una hora. Sin embargo, pasan tantas cosas y pasan tan a lo bestia que cuando lo leí de pequeñito (debería tener 12-13 años), me pareció mucho más largo. En aquel momento me pegó el culo al asiento cosa mala, convirtiéndose de manera instantánea en uno de mis cómics favoritos (ni que sea por el cariño que le tengo). Impresiona comprobar como se las arregla para liarla tan parda y arreglarlo en tan poco espacio. Por otro lado, se nota que tengo el estómago tan curtido y no me ha parecido TAN trascendente como lo recordaba, pero sigue siendo una estupenda historia de viajes en el tiempo a disfrutar como un enano.

Además, tiene la suerte de tener una adaptación cinematográfica con bastante enjundia. Si bien cambian un chillón de cosas, la premisa de partida se mantiene, constituyendo una de las mejores películas que se han hecho de la franquicia mutante.

Claremont dirigió a la franquicia mutante durante años y años, sentando las bases de casi todos los personajes. Cuando le daba, se dedicaba a jugar con el género como hace aquí. Aunque quizás tengan un poco de mucho texto, son dos números con un montón de acción, mucha trascendencia y un buen juego de viajes temporales. Además, a los pinceles está un John Byrne en sus mejores años. Se nota que el estilo es viejuno para los estándares actuales, pero transmite toda la tensión que necesita el argumento, ilustra la acción como nadie y está continuamente asentando el estándar de cómo debe ser un cómic. Así, ambos aspectos se complementan a la perfección, molando un puñado en todos los sentidos.

Aunque sólo sea por su importancia dentro del género y su reducida longitud, deberíais leerlo. Tenéis aquí un acercamiento a la ciencia-ficción seria desde el cómic de súpers y una historia que quita el hipo. Todo ello en apenas 90 paginitas de primera. Uno de estos cómics que generan un antes y un después en la franquicia.

 

Nota: 9

Nota goodreads: 4.15/5 

domingo, 17 de mayo de 2026

The damned United

Después de haber disfrutado como un gorrino con el libro sobre la vida de Brian Clough, está claro que en algún momento me tenía que poner con su película. Después de todo, es uno de los ejemplos típicos que se suele poner en los que la película es mejor que el libro.

Pongámonos en contexto, Brian Clough es uno de los entrenadores más famosos de los 70-80 en Inglaterra. Saltó a la fama por ascender y ganar la premier con el Derby County, un equipo más que modesto, volviéndose mítico al repetir la hazaña con el Nottingham Forest, con dos Copas de Europa consecutivas de propina (por si fuera poco). Esto le valió para fichar por el Leeds United, el equipo más gordo del momento. Sin embargo, tras dos meses de entrevistas envenenadas, malos resultados y escándalos continuos, fue destituido. Curiosamente, NADIE en aquel momento quiso hablar sobre qué había ocurrido en el vestuario, con lo que se generaron conspiraciones, historias, etc. Que fueron resueltas con la publicación del libro antes mencionado, que funcionaba a modo de biografía muy sui generis del entrenador (que atravesado lo era un rato largo).

Ahora en la película, la primera en la frente. En vez de tener una biografía completa de Clough, The damned United se centra principalmente en los dos meses de pesadilla que pasa entrenando al Leeds United y en su obcecada rivalidad con Don Revie, su anterior entrenador.

Sí es verdad que tenemos pinceladas del pasado, de anécdotas y agravios pendientes, pero se utiliza exclusivamente para realizar un espléndido retrato psicológico de Brian Clough (y por extensión) de la figura del entrenador de fútbol. Se aprovecha para reflexionar sobre cuestiones como la ambición, la gestión de grupos y, sobretodo, los problemas para gestionar el gigantesco ego de un entrenador que, después de sus éxitos, se creía tocado por la varita de la omnipotencia. En ese sentido, me hace especial gracia su enfrentamiento – dentro y fuera del campo – con Don Revie, otro con un ego del tamaño de un campanario y un concepto del fútbol completamente opuesto al suyo.

Todo el peso cae en las espaldas de sus actores principales. El guión permite mucho espacio para el lucimiento a sus protagonistas y todo el elenco lo aprovecha con ganas. Michael Sheen (Brian Clough), Timoty Spall (Peter Taylor, segundo del anterior), Colm Meaney (Don Revie) y Stephen Graham (Billy Bremner, capitán del Leeds). Cada personaje tiene una manera de concebir el fútbol y la vida que choca con la de los demás, con lo que las chispas están aseguradas, especialmente cuando todos ellos se toman en serio su papel y lo dan todo por la victoria.

Además, la película tiene un ritmo brutal, transita a toda velocidad entre presente y flash backs montándote en una montaña rusa en la que es difícil dormirse, el metraje pasa volando y uno sólo quiere más y más. Casi en el argumento se destripa toda la historia, per en este caso no le quita ningún tipo de emoción. La película se transforma en el ominoso espectáculo de ver descarrilar un tren con todo lujo de detalles. El director Tom Hooper vuelve a sorprenderme con un estupendo trabajo repleto de oficio y buen saber hacer. Pocos directores británicos puedes encontrar con tanta proporción de trabajos más que satisfactorios. Ya hay tres películas de este director que me encantan. Ésta, El discurso del Rey y Los Miserables. Casi nada al aparato (lástima de la película de Cats, pero es que todo el resto de lo de este hombre es muy bueno).

Y es que además, la puesta en escena es magnífica. Baja la cámara a pie de campo y nos retrata del fútbol del momento, repleto de barro, sufrimiento, esfuerzos titánicos y rencores. Dónde las pasiones y las patadas están por todo lo alto, sorprendiendo el contraste con este puñado de vividores esforzados y los súper atletas de la actualidad. Además de un espléndido trabajo de fotografía (la gris Inglaterra, el diferente ambiente de cada estadio, etc.) se ha realizado un gran trabajo bibliográfico para buscar documentos antiguos, recortes de periódico y otros reportajes con los que se nos ilustra el paso del tiempo y el devenir de los equipos. No son inventados, sino que son los titulares del momento.

Esta película es muy diferente a lo que esperaríamos en el género deportivo. Se aleja de las gestas, de los grandes triunfos y la gloria. Ni siquiera podría contar como la biografía de una celebridad. Se centra en un período muy concreto, un suceso exacto, un fracaso inexplicable y se dedica a poner luz sobre los hechos exactos (narrados en el libro del mismo nombre), mostrando el choque de personalidades que se produce en el polvorín que era ese club y la inevitabilidad de que la cosa acabara como acabó.

De un libro que me había encantado no esperaba que la película fuera tan buena. Una impresionante demostración de que se puede hacer un thriller sobre dar patadas a un balón, constituyendo una de las mejores películas de contexto deportivo que se han hecho. Buena historia, buenos actores y mucha tensión. Un consejo, nunca conozcas a tus ídolos.

 


Nota: 9

Nota filmaffinity: 6.9 

lunes, 11 de mayo de 2026

Carta del más allá (Torcuato Luca de Tena)

La Cesta’13 me trae un libro muy baqueteado, parece que ha visto muchas lecturas y ha viajado mucho. A su manera se hace entrañable. En este caso, se trata del libro Nº 75 de la Cesta’13

Título: Carta del más allá

Autor: Torcuato Luca de Tena

“<<Introduje la llave en la cerradura de la portezuela. La posición de la luz permitía que la ventanilla hiciera las veces de un pálido espejo y, mientras cerraba el coche, me vi reflejado en ella... Fue la última vez que me contemplé vivo. Inesperadamente el cristal de la portezuela estalló ante mis ojos hecho añicos y oí un disparo... Así comienza su relato Sebastián Casares, en el momento preciso en que termina su vida terrenal. Una idea obsesiona su espíritu: ¿Quién le ha disparado? Y en ese paso hacia el más allá, su vida entera se presenta ante él “de golpe completa y estática...>> Sebastián escribirá desde su purgatorio, que será regresar a la tierra en espíritu y vagar entre los hombres hasta saber quién ha sido su asesino. Verá entonces muy claro el mal que hizo en su vida, el bien que dejó de hacer, lo que le provocará inmenso sufrimiento. Estará junto a las personas que amó, a sus amigos, a sus colaboradores, y verá de cerca el dolor sin poder remediarlo.”

Ante todo, debo decir que este libro me ha sorprendido. No me esperaba un libro de novela negra desde el más allá en que un fantasma deba investigar – con medios fantasmiles – su propio asesinato. Esta inusual investigación se centra no tanto en saber quién le ha disparado sino en escudriñar sobre los motivos del mismo. ¿Cómo puede ser que él, que siempre ha sido un marido ejemplar, un padre amantísimo y un empleado modelo, tenga enemigos que le odien tanto como para dispararle? Su muerte le servirá para repasar cómo ha sido su vida, visitándola desde el exterior, lo que le permitirá comprender que sus actos no eran tan inocuos y, también, le permitirá ser testigo del dolor – y alivio – que deja su marcha, aprendiendo mucho sobre sus errores y aciertos.

Este juego de fantasmas le sirve a Luca de Tena para retratar la sociedad del momento (1978). España se abre al mundo y se lanza a la modernidad, pero atrapada en su estrechez de miras, las consecuencias de años de inmovilidad y las contradicciones propias de cualquier estructura humana. Su periplo le llevará a “conocer” a personajes de todo pelaje, pero principalmente centrado en gente normal, a los que la vida debería sonreír, pero que, por unas cosas u otras, sufren y lamentan los problemas del día a día. Es especialmente importante el énfasis que pone en la indiferencia hacia el dolor ajeno y lo poco que hacemos ya no por ayudar al prójimo sino simplemente en ser amables (que no educados).

 La trama sorprende por lo enrevesada que es, con giros y regiros causados por los problemas del fantasma para adaptarse a su nueva situación, las diferencias que hay entre lo que ve y lo que nos cuenta, lo que sabe y lo que desconoce y, también, por los prejuicios que éste arrastra y nos transmite. Siempre es agradable que jueguen con un narrador poco fiable con el que tenemos que estrujarnos (bien) el cerebro para entender los entresijos de lo que está ocurriendo, con información parcial de la jugada. Aparte, se permite de vez en cuando jugar con la metafísica y reflexionar sobre el Más Allá desde la ventaja y la perspectiva de ya estar muerto. Ahí el autor aprovecha y nos mete multitud de referencias a obras clásicas como quién no quiere la cosa, algo que hará las delicias de los lectores más curtidos sin que por ello la narración se resienta, ya que se hayan bien introducidas.

Se hace difícil hablar sobre personajes. Primero porque hay un montón en apenas 200 páginas, por lo que no se les dedica apenas espacio. Segundo porque el punto de vista es el de un fantasma ya fenecido que, la verdad, no se fija demasiado en estos detalles. Todos los nombres que aparecen son funcionales, sirven para reflejar un aspecto de la sociedad o para aportar un dato relevante para el propio caso.

Lo que sí tenemos es una resolución satisfactoria del caso. Hay un culpable, hay unos motivos y, sobre todo, una reflexión curiosa sobre la vida y las consecuencias de nuestros actos. Al final, nuestro fantasma puede trascender (no creo que os chafe nada en ese sentido), agradeciendo al lector su paciencia mientras encontraba una redención, que quizás no merece, pero desde luego necesitaba. Yo, al menos, me he quedado muy a gustete con este inusual viaje.

Carta del más allá es un libro que se lee en nada, destila frescura pese a sus años y supone un acercamiento curioso a la novela negra. Funciona estupendamente dentro de su género, sabiéndose inusual y jugando muy bien con las restricciones que se autoimpone. Lo dicho, no siempre uno puede ver como un fantasma investiga su propio asesinato.

 

Nota: 8

Nota goodreads: 4.01 

jueves, 7 de mayo de 2026

El hombre del corazón de hierro

Esta película se vio un día tonto en Movistar que no hay nada que poner y se mete esto delante y bueno, pues ya que estamos, lo vemos enterito.

El hombre del corazón de hierro no es otro que Reinhard Heydrich, jefe de las SS durante la IIGM. A lo largo de la película seremos testigos de su auge desde un simple soldado hasta las más altas esferas y su posterior asesinato a manos de rebeldes checos.

Hasta cierto punto, podríamos decir que tenemos dos películas de 1h mal pegadas.

Por un lado, empezaremos siguiendo una biografía tradicional en que nos muestra cómo Heydrich entra, muy motivado, en las SS, dónde va dando muestras de lealtad, obediencia ciega y fe absoluta en las palabras del Führer, además de talento a la hora de inspirar temor, pisar cabezas y desplegar crueldad con sus enemigos.

Pasada esa hora de metraje, la película cambia de tercio y saltamos a una conspiración en que los servicios secretos británicos están preparando un atentado contra Heydrich, que llevarían a cabo dos novatos que suplen su falta de experiencia con muchas ganas de pasar a la historia. Así, veremos toda la planificación, ejecución y consecuencias de este atentado, siempre desde el punto de vista de los dos jóvenes que, en su inconsciencia, no se dan cuenta del follón en el que se están metiendo.

Lo que más se debe destacar es que se trata de una película realizada con buenos medios. Se nota un esfuerzo en una puesta en escena verosímil, quizás no desde el foco más habitual, pero buscando transmitir realismo. Cuando se puede, se utilizan escenarios reales, o si no, se goza de buenos decorados y un vestuario acorde con lo que se espera. A destacar la gran cantidad de coches de la época empleados, casi todos sacados de museos de la Guerra.

No obstante, los actores no destacan especialmente por su inspiración. Es obvio pensar que para interpretar a Heydrich has de ir con un palo en el culo, pero Jason Clarke se pasa en el esfuerzo, dando lugar a un personaje granítico que parece más impasible que implacable. Rosamund Pike hace un papel más lucido como la esposa del militar, al que está pinchando en todo momento para que siga ascendiendo en el escalafón y que nunca tiene suficiente. Por otra parte, Jack O’Conell y Jack Reynor, los integrantes de la Resistencia, apenas pasan de funcionales.

Por otro lado, se me hace extraña la decisión del director Cédric Jimenez de plasmar la película como si se tratara de un documental ficcionado al que mete mucha acción. Esto provoca unos cambios de ritmo y tono demasiado bruscos, sin especial coherencia. Con ello, se pierde mucha de la trascendencia que sí consigue tener en una puesta en escena donde toda la parte de recreación de la época y ambientación es más que notable.

La mayor pega que se le puede poner – y más en una película de este estilo – es que se hace bastante aburrida. Espacialmente en su inicio, puedo comprender el intento de que conozcamos al hombre detrás del horror, pero lo que consigue es producir indiferencia. Sí, veo un malvado estándar no especialmente carismático al que le van bien las cosas sin especial énfasis en nada. No parece tener ningún rasgo ni ninguna característica que le permitan triunfar más allá de saber qué cabezas pisar y qué escrúpulos ignorar. Ni siquiera la gestación de la Solución Final parece otra cosa más que una decisión empresarial en una cadena de montaje. Se hace un visionado tedioso, ya que no sucede gran cosa. Esto mejora en su segunda parte, ya que, al menos, está pasando algo. Todo lo que involucra al atentado despierta más interés, especialmente en el desenlace, en el que los dos asesinos buscan desesperadamente escapar de las autoridades nazis. Si bien se trata de un final bastante convencional, está realizado con solvencia, mejorando el regusto final de la película.

El hombre del corazón de hierro sufre de un exceso de metraje, especialmente en su parte inicial. Padece de estar compuesta de dos episodios pegados con poca relación entre sí, con lo que es muy irregular. Una buena puesta en escena no arregla el tedio que provoca, aunque un final logrado contribuye a medio salvar el conjunto.

 

Nota: 4

Nota filmaffinity: 6.1