Hoy nos detenemos en Argentina, 1985. La última película Argentina nominada al Oscar a la mejor película extranjera, premio que perdió ante la muy notable Sin novedad en el frente.
Argentina, 1985 nos sitúa en un momento importantísimo en la historia de Argentina: por primera vez, los miembros de una dictadura iban a ser juzgados por los crímenes cometidos, en un proceso público. Asistiremos a todo el proceso, desde el momento en que el Presidente decide liarse la manta a la cabeza y empezar este follón, el fiscal que debe buscar la mejor manera de proceder con lo que se le pide, la investigación criminal en sí y todo el juicio. Como se guardó constancia documental de (casi) todo lo que ocurre, se procede con una reconstrucción minuciosa de lo que aconteció.
Lo primero que debo
decir es simple: que envidia. Al menos pudieron juzgar a sus dictadores y
meterlos en la cárcel unos años, en vez de permitir que murieran de viejos en
sus palacios.
Dentro de la obra,
nos situamos en unos años muy turbulentos en los que la sociedad argentina se
divide entre los que defienden la actuación de los militares, los que quieren
colgarlos con los pies en alto y los que lo único que quieren es que les dejen
en paz con su vida sin meterse con nadie. Asistimos a una investigación
minuciosa – una oportunidad entre un millón – repleta de amenazas de muerte,
presiones políticas, miedo exacerbado y cierta sensación de que nadie sabe qué
ocurrirá a continuación, lo que provoca que la tensión por el futuro del
proceso vaya creciendo a medida que avanzan los minutos.
En el centro de todo el meollo: Ricardo Darín. Qué bueno que es este hombre. Cada vez que creo que el Bombita no me va a sorprender, se saca de la chistera un nuevo registro y me deja boquiabierto. Ahora ya como un hombre maduro, sobrepasado por las circunstancias y obligado a realizar una tarea imposible, pero al mismo tiempo con la resolución que da la seguridad de tener la razón y el miedo que trasluce al saber que sólo tiene una oportunidad para hacer justicia. Su papel es magnífico, ayudado por un guión muy bien urdido en el que se repasa todo el proceso. También se debe destacar el papel de Peter Lanzani, como el joven ayudante que empieza como un arribista y a medida que avanzan los minutos se va concienciando de el follón en que se ha metido y la necesidad de hacer lo correcto, pues en ello le va no su carrera sino su vida. Finalmente, me ha gustado mucho el pequeño pero resonante papel de Alejandra Flechner, como esposa sufriente que no puede hacer otra cosa que apoyar a su marido y rezar para que todo salga bien, de un modo y otro.
Puede que algunos giros y reacciones puedan parecer inverosímiles, especialmente durante el juicio y todos los follones que se montan a su alrededor, pero la película tiene la suerte de que hay registros documentales de casi todo el proceso, por lo que que, cosas que parecen increíbles, sucedieron así, pues consta en las grabaciones de su momento. Los giros y revelaciones están bien distribuidos para conseguir un gran manejo de la tensión. Con ello, y unos diálogos llenos de cargas de profundidad se las basta para montar dos horas que te agarran el pescuezo y no te dejan respirar hasta que escuchas el último “nunca más”.
Argentina 1985 te pega al asiento cosa mala. Conocer la resolución del juicio (a la que conozcas un poco de historia) no ayuda para evitar que te acongojes y pienses sobre cómo van a salir adelante sin que les baleen o les desaparezcan. Este thriller judicial – me encantan, no lo negaré – funciona como un tiro, y más sabiendo que se aleja MUY poco del registro histórico. Argentinos siendo argentinos de la mejor (y peor) manera.
Nota: 9
Nota filmaffinity: 7.1