Lo que queda del día propone la biografía del mayordomo perfecto. ¿puede este concepto ser interesante? Pues a lo grande. James Ivory es un director del que uno espera un trabajo cuidado, de orfebrería, en la que todos los apartados técnicos están repletos de clase y saber hacer.
Desde un primer momento, seguimos la historia del Sr. Stevens, un mayordomo
que “viene con la casa” de un palacio inglés de principios del siglo XX. Ahora
ya anciano, rememora lo que fue su vida y sus diversos amos a los que sirvió
con total devoción. No sólo veremos la vida “entre bambalinas” del servicio de
la época, sino que también seremos testigos de reuniones secretas entre
diplomáticos donde las lealtades y las traiciones campan a sus anchas.
En todo momento veremos al Sr. Stevens como el mayordomo perfecto. Vive entregado con devoción a su deber: es perfeccionista, leal, discreto… Como buen mayordomo, no puede permitirse tener sentimientos o pensamientos por sí mismo más allá de aquellos relacionados con su trabajo. Indudablemente, hay cosas que no se pueden prever y, cuando el amor entra por la puerta, la razón salta por la ventana, ¿o no? La aparición de una ama de llaves tan devota como él por su deber hará saltar chispas en dos cuerpos que parecían haber olvidado qué es la pasión y el amor. Pero, al mismo tiempo, ninguno de ellos quiere faltar a su trabajo, lo que provocará un tira y afloja entre deber y deseo imposibles de reconciliar.
De las ilusiones reprimidas, las decisiones no tomadas y la contención ante cualquier sentimiento es difícil que se puedan plasmar en la pantalla. Por suerte, el Sr. Stevens está encarnado por un Anthony Hopkins en estado de gracia que es capaz de mostrar la guerra fría que se vive en su mente sin arrugar ni siquiera una ceja. Frente a él, en un papel casi gemelo, Emma Thopmson aguanta perfectamente el tipo, mostrando una pasión soterrada que lucha por salir pero que apenas puede transmitirse a base de indirectas, miradas y palabras no dichas. Me repito, casi con cualquier otro par de actores, esto sería un pastiche intragable, pero con ellos dos al mando, se transforma en un ejercicio de virtuosismo impresionante.
Lo que queda del día reflexiona sobre el sacrificio en pos de un ideal, de aquello que dejamos de lado por hacer lo que “debemos”. Retrata las ilusiones reprimidas, las esperanzas sobre aquello que, quizás, algún día se verá. O no. Sobre intervenir para hacer del mundo un lugar mejor o callar y cumplir con nuestro deber y SPOILER en esa conversación final, la desazón ante la nostalgia de lo que pudiera haber sido, del sufrimiento de las cosas no dichas y de los tés tomados en silencio, sin lamentaciones externas, pero con infinito dolor en el alma FIN DEL SPOILER. Si es que nos complicamos mucho la vida a veces.
Asimismo, este espectáculo se complementa con un trabajo repleto de elegancia por parte de James Ivory, mezclando los flashbacks con maestría para enfatizar los porqués y las argumentaciones mostradas con naturalidad, sin parecer maniquea en ningún momento. La trama avanza de mano de sus conclusiones sin que ni una ni otra se muestre impostada, con una extraña cadencia que te atrapa, conminándote a seguir para conocer qué ocurre entre ambos, o entre el mayordomo y su señor y sus rivales políticos, que también tiene su miga. El trabajo para recrear la época es también monumental, tanto en el vesturario como en cualquier habitación de los diversos palacios que vemos en pantalla. Se muestra con total elegancia, en una puesta en escena de refinamiento exquisito y miríadas de detalles prestos a deslumbrar al ojo atento. En mucho recuerda a otra película de época (aunque ésta en realidad no lo sea), de mimbres y objetivos similares, La edad de la inocencia.
No es fácil narrar los silencios en los que se transmiten mil cosas no dichas, menos con tanta belleza ni tanto ritmo para atrapar en lo que podría parecer una historia aburrida. Cada palabra dicha y cada palabra callada tiene una importancia que reverbera en el resto del minutaje, mostrando que los personajes saben que QUÉ se está hablando aunque callen más de lo que les gustaría.
La calidad desborda por todos lados en una película que se llevó nominaciones a todo: Película, dirección, actor, actriz, guión, banda sonora, diseño de producción y vestuario. No dudo que cualquier año les habría caído una lluvia de Oscars, pero vinieron a coincidir en el año de La Lista de Schindler y hay mitos con los que no se puede competir.
Un impresionante ejercicio capaz de dejarte sin aliento por mil motivos
diferentes. Todo es bellísimo y portentoso en cualquier aspecto que pudieras
pensar. Si tienes dos horas y ganas de hacer un nudo con tus tripas, ponte a
disfrutar con estos monstruos de la actuación que son Hopkins y Thompson.
Nota: 9
Nota filmaffinity: 7.5