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domingo, 15 de marzo de 2026

Conoces a Joe Black

Esta vez no tocó ver una película de antena3 de domingo tarde en casa de mi suegra. La escogida fue otra cosa muy diferente.

Pues hete aquí que la Muerte se aburre y quiere conocer a los humanos a los que lleva al Más Allá. Así que escoge al potentado Anthony Hopkins, al que le quedan apenas unos días, para que le enseñe lo que significa ser humano. Cómo necesita un cuerpo, escoge el de Brad Pitt, porque ya puestos a escoger, te pillas el más guapo que hay disponible. Las cosas se complican cuando resulta que la Muerte se enamora de Claire Forlani, la hija del potentado cicerone.

Este mastodonte me ha descolocado de veras. No estoy seguro si intenta ser una comedia romántica muy retorcida, un thriller económico sobrenatural, una reflexión sobre el angst de los tiempos y el carpe díem o un vehículo para que tres buenos actores muestren su calidad. Quizás nada y todo es esto a la vez. La premisa de partida tiene su gracia y los tres protagonistas tienen carisma de sobra para echarse cualquier película a los hombros. Sin embargo, la película parece querer ir en cinco direcciones a la vez y se acaba hiriendo a sí misma.

Un análisis del guión nos arroja un galimatías que no se aclara ni en tono ni en intenciones. A grandes ratos se vuelve una película confusa, extraña, variando continuamente en tono, trama y objetivos de los personajes. A ello se le suma un sentido del ritmo más que cuestionable y un puñado de diálogos que no parecen ir a ninguna parte. Si Conoces a Joe Black fuera, no sé, 1h más corta, recortando tramas incoherentes y diálogos insulsos, probablemente daría lugar a un mejor resultado. Después de todo, los personajes no tienen por qué hablar reflexionando a cada palabra, intercalando silencios que añaden gravitas a cada frase, aunque sólo sea para decir que “me voy a hacer un café”. Que al final son 3h de mostrenco, oiga.

Por otro lado… ¡Qué guapo está Brad Pitt! La película consiste en retratarle desde el mejor lado, enseñar sus músculos y mostrar lo divertido, guapo y genial que es. ¡Cómo no va a enamorar a quién sea! Nunca le he visto tan maravillosamente encantador. Frente a él, Anthony Hopkins tiene carisma para parar un tren y llena la pantalla aunque se dedique a leer un contrato de arrendamiento. Finalmente, Claire Forlane despide dulzura y naturalidad en un papel más difícil que los de sus partenaires y lo solventa con acierto. Si la película puede verse sin sufrir cortes de digestión o tirar la televisión por la ventana es porque estos tres profesionales hacen bien su trabajo y mantienen el tinglado a base de carisma.

De hecho, la película es un remake de La muerte de vacaciones (1934). El planteamiento es similar, pero aquella aboga decididamente por ser una comedia romántica de la época. Se puede disfrutar por motivos de arqueología cinematográfica, pero se nota que tiene casi un siglo. En un sentido similar, el de la muerte explorando qué significa ser humano, mezclándose en la sociedad y empatizando en exceso con su gente, me viene a la cabeza El Segador, de Terry Pratchett, que hace un ejercicio similar, pero le queda mucho mejor.

Aquí hay el proyecto de lo que podría ser una película decente. Se observan mimbres de buenas ideas aquí y allá. Sin embargo, el desarrollo se sabotea a sí mismo continuamente y queda un pastiche eterno que ni siquiera tres actores carismáticos con ganas son capaces de hacer digerible.

 

Nota: 2

Nota filmaffinity: 6.3 

viernes, 24 de octubre de 2025

Plan 9 del espacio exterior

En este sándwich de manjar entre dos cutreces de las gordas, nos toca la otra parte del pan. A la cutredad más conocida de Hollywood en el siglo XX. Plan 9 del Espacio Exterior es la película canónicamente considerada como mejor ejemplo de lo que NO debe hacerse al rodar.

Edward D. Wood Jr. es comúnmente considerado por Hollywood como el peor de sus directores de la historia. Sus obras están plagadas de incompetencia, decisiones cuestionables y poco gusto. Sin embargo, esto no implica que Wood tenía algo que no todos tienen: pasión por el cine. Creía en lo que hacía, lo daba todo por sus películas a pesar de su absoluta falta de talento. Este ¿carisma? es lo que ha convertido sus películas en accidentes inolvidables, verdaderas comedias involuntarias que han quedado en el imaginario colectivo de los cinéfagos más talluditos.

Plan 9 del espacio exterior es la más famosa de sus películas, la que rodó con más presupuesto – ejem – y la que supuso su canonización definitiva como incompetente mayúsculo. Para añadir más sal a la herida, contó con la aparición póstuma de un Bela Lugosi que se murió antes de acabar el rodaje, siendo sustituido de manera vergonzosa por otro actor al que se le tapa la cara. También cuenta con la participación de Vampiria, una estrella en horas MUY bajas, que tiene un papel muy extraño por su negativa a hablar en una película del director.

El argumento mezcla una invasión alienígena con zombies y vampiros en una suerte de trama delirante con poco sentido y menos gusto. Esto, obviamente, no contribuye a esconder que los errores brotan por doquier. Se hace imposible listar todos los tipos de errores que comete, siendo más fácil decir que comete todos y ya. Actuaciones que dan pena, efectos especiales de cinexin, montaje repleto de encabalgamientos y objetos que cambian de sitio, maquillaje vergonzoso… en fin, todo.

Sin embargo, se percibe amor entre tanta incompetencia. La película es horrible, pero Wood le pone todas las ganas del mundo y, de alguna manera, se nota. Como si de un tren descarrilando se tratara, se hace difícil no querer seguir viendo la película para ver cuál es la nueva estupidez que te van a arrojar a la cara. Es tan carismáticamente espantosa que se hace querer, muy a su modo.


Con los años y la reputación de su director, Plan 9 del Espacio Exterior se ha convertido en un icono. Hay tantas cosas mal aquí que se vuelve fascinante, canonizando así las características del cinebasura.

 

Nota: N/A

Nota filmaffinity: 4.4 

lunes, 13 de octubre de 2025

Frío como el acero

Una de estas cosas de Movistar que ves sin ganas una tarde en que no te puedes mover (mucho) del sofá.

La portada ya indica dónde estamos: Toca una de tíos duros de finales de los ochenta. Aquí, esta mole rocosa e inexpresiva es un policía poco dado a mantener las formas que debe infiltrarse en una banda de moteros sospechosos de tráfico de drogas. Cómo es el más duro de los duros, se hará pronto con la confianza del líder, enterándose de que están preparando un atentado contra el Gobernador del estado (o algo así).

Una más dentro de la recua de imitadores de las películas de Stallone, Chuck Norris y Charles Bronson. Aquí tenemos a Brian Bosworth, ex NFL al que convencieron de que podía tener éxito como actor de acción (no).

A la dirección tenemos a Craig R. Baxley, originalmente coordinador de tiroteos en películas de acción que luego se pasó a dirigir sus propias películas para hacer todas las tonterías que le apetecieran. Como lo que sabe es dirigir explosiones, peleas y balaseras, es lo que se dedica a poner a lo largo de la película. Eso de meter una historia con sentido, dirigir a los actores o que la trama tenga algo de coherencia, bueno, menudeces…

Sin embargo, dentro de tontería, esta macarrada es bien consciente de que no te la puedes tomar en serio. Por ello, aboga por entretener a base de frases lapidarias sin control y venirse tan arriba que te acaban arrancando una (ligera) sonrisilla de incredulidad. Reconozco que no vi venir el crescendo de “estamos moviendo unas bolsitas” a “vamos a matar al Presidente” que se gastan aquí. Pero bueno, tiene el acierto de que los tiroteos se suceden a buen ritmo para rellenar sus exiguos 88 minutos (letras incluidas). ¿qué el desenlace es un disparate sin sentido? ¿qué los personajes van como pollo sin cabeza? Bueeeeno, pon más tiros y p’adelante.

Una película de pim, pam, pum. Dura tan poco que no da tiempo a aburrirse y tiene tal cantidad de tonterías autoconscientes que consiguen que el resultado no sea tan malo como otras bazofias del género.

 

Nota: 4

Nota filmaffinity. 4.9

 


viernes, 16 de mayo de 2025

Daredevil

Ahora que estos días hemos tenido por aquí la serie de Marvel, pongámonos a recordar la película que tanta fama (ejem) cosechó en su momento.

Así, tenemos a Daredevil, el abogado ciego de día, que de noche se dedica a ponerse la máscara y castigar a aquellos que escapan de la justicia gracias a su oído superdesarrollado y sus habilidades marciales. Esto causará las iras del jefe de la mafia local (Kingpin), que contratará a dos letales asesinos para acabar con él. O algo así.

Cuando yo vi la película en el cine (si, fui de los locos que acudieron a verla), apenas conocía al personaje de haber salido algunas veces de secundario en historias Spiderman, así que no sabía nada de él. Lo que me encontré fue un engendro de película que no tenía sentido, con un “bueno” que no dejaba de acosar mujeres, unos personajes que parecían cada uno sacado de una película diferente y una mezcla de imaginerías que no se entendían. No entraré en lo peregrina de la historia, que abarcaba más de lo que debería en un batiburrillo muy raro.

Ahora, al volverla a ver, conocer mucho más al personaje y tener un bagaje mayor de películas a mis espaldas, pues me he encontrado con una película chunga pero… no TAN chunga. Si bien la tenía por una blasfemia al personaje, en este repaso veo que hay cariño y ganas de que las cosas salgan bien. Han cogido elementos muy reconocibles de las tres grandes etapas del personaje y los han metido en danza con total literalidad. Que luego el tono de esas sagas no pegue entre ellas y el director no se haya molestado en adecuar una cosa a la otra es diferente. Los elementos originales están ahí, hay un chorrón de detalles para el friki, se plantan las semillas para tres secuelas… pero se conjugan con unos problemas de ritmo muy grandes, errores groseros de tono y una trama que no sabe muy bien si ser de Frank Miller o Mark Waid y se queda a mitad de todo. Es decir, percibo muchas ganas de que este proyecto salga bien. Otra cosa es que salga, que el director da para lo que da. La cantidad de despropósitos tras las cámaras es bastante grande, pero se trata de la obra más reconocida de su director – aunque parezca mentira, es así – que luego se arrejuntó a Nicholas Cage y nos dio sus Motorista Fantasma. Con un CV como éste, el resultado no es tan sorprendente.

A pesar de los ríos de tinta que han corrido en su contra, Ben Affleck no carga con las culpas del desastre. De él sabemos que es un frikazo que se ha leído todos los cómics del derecho y del revés y estoy seguro de que es la persona a la que más le duele que la película saliera como salió. Le pone ganas, le pone esfuerzo y hace lo que puede por dar vida a un Matt Murdock ligón (y pesado) y torturado (muy de su época) que podría haber salido de casi cualquiera de los grandes cómics. Sin embargo, tiene el problema de que el resto de actores no saben (o no quieren molestarse en saber) dónde están. Colin Farrell (Bullseye) hace aquí uno de los papeles que le granjearon fama de ser uno de los peores actores del momento, lo mismo ocurre con Jennifer Garner, cuya Elektra no está bien escrita ni ella hace un buen trabajo. Sólo hay que ver su presentación que sobrepasa la vergüenza ajena imitando a una Matrix estrenada no hacía tanto. Por lo menos Michael Clarke Duncan hace un Kingpin bien hecho, brutal y aterrador, como debe ser. El aspecto exterior es un poco chocante, pero es verle moverse por la pantalla y ya da el pego.

Por otro lado, debemos destacar también el trabajo de Evanescence, ejemplo perfecto de bandas sonoras que se lo creen mucho más que la película. La de gente que se quedará alucinada al comprobar que algunos de los hits más conocidos de esta banda se estrenaron para esta película. Cancionazas que están muy por encima del metraje.

Daredevil es una película que se hace aburrida. No se decide si quiere ser comedia, drama o thriller, tiene problemas de ritmo y unos diálogos un poco vergonzantes. Por otro lado, se nota que los creadores querían hacer las cosas bien. No tenían ni idea de cómo, pero lo intentan con multitud de guiños y detalles presentados en pantalla de manera similar a la que tuvimos después MCU. Fallando en casi todos los aspectos, sorprende que llegara a tener una secuela de todavía peor calidad. Mis dieces a la banda sonora, por otra parte.

 

Nota: 3

Nota filmaffinity: 4.3


sábado, 10 de agosto de 2024

Jurassic World: Dominion

Por aquí ya me habréis visto relatar como Jurassic Park es una de las películas que más han influido en mi vida. Sin ella, yo no me habría dedicado a lo que me he dedicado ni habría tomado las decisiones que he tomado en el pasado. Así que bueno, cada vez que hay un producto nuevo relacionado con estos dinosaurios, uno ya se emociona. No os podéis imaginar el subidón que supuso el retorno de Jurassic World, e incluso con su extraña segunda parte.

¿Qué ofrece de nuevo Dominion? La anterior entrega nos vendía a los dinosaurios escapando a la naturaleza, obligando a los ecosistemas a adaptarse. Yo imaginaba que esta película nos mostraría los problemas de soltar a los bichos por ahí, con raptors asolando los pequeños pueblos, el ganado vacuno sustituido por iguanodones más eficientes… Pues no, más allá de que el público conoce que existen los Dinos, no parece haber ningún efecto ni la película va de eso. Simplemente, lo que tenemos es una excusa peregrina para que los personajes antiguos y nuevos acaben en unas instalaciones de una compañía malvada que quiere destruir el mundo (esta vez, con unas langostas mutantes que acaban selectivamente – o no – con los cultivos).

Así, empiezan los correcalles, un poco de terror light, pocas cosas coherentes, alguna que otra carnicería y guiños que se escapan por ahí. Debo reconocer que ver a todos los actores que han encarnado a personajes que han significado tanto para mí (Laura Dern, Sam Neill, Jeff Glodlumb) me ha hecho sentir un poco de calorcito en el corazón. Se les tiene cariño y me hace ilu que salgan. Eso no quita que todos ellos – y los de Jurassic World – vayan con el automático puesto, dedicándose a hacer el pavo en pantalla y poco más, pero bueno, es que el guión tampoco les ofrece gran cosa.

Ahí está el mayor problema que tiene la película. Más allá de ser una excusa para juntar a todas las generaciones, el film no tiene nada que contar. Falla al aportar un tono a la película, moviéndose sin mucho criterio entre la comedia bufa y el thriller científico, lo que provoca reacciones extrañas de personajes, incoherencias con lo visto tres minutos antes… Por momentos parece más que estamos viendo una parodia dinosauril y no una continuación de la saga jurásica. El argumento no tiene ningún sentido lógico, incluso para los estándares de la saga, y no tiene más función que provocar que los personajes vayan de un lado al otro con cierta prisa. En mi opinión, tenían ideas para hacer tres o cuatro set-pieces y luego buscaron (sin esforzarse mucho) una manera de hilarlos para poder decir que se trataba de una película y no de una demostración técnica. Que si langostas, que si hay un cachorro de raptor, que si la niña es humana o no, que si el libre albedrío… Han de pasar tantas cosas convenientemente para que la película avance entre un chocho de cosas sin sentido tan grande que echa bastante para atrás.

Y lo que más fastidia es que, individualmente, cada una de las escenas está bien hecha: La persecución en moto, las aventuras en el bosque, el rescate de Blue…. Colin Trevorrow no tendrá ni idea de escribir un guión o mantener el ritmo, pero maneja bien dónde pone la cámara y en qué gasta sus dineros. El CGI se complementa con los efectos físicos para tener unos dinosaurios de primera, con el músculo que da tener quién tiene detrás. Además, la película está filmada con criterio, hay desarrollo de la imaginería bien cuidado y una fotografía notable. Lástima que parezca olvidarse de todos y cada uno de los demás aspectos de la película.



Me fastidia especialmente porque es una saga a la que le tengo cariño y se han dejado muchos cuartos en crear un producto que abusa de la nostalgia. En estos tiempos de secuelas, precuelas y aversicuelas hemos tenido muchos ejemplos de nostalgia bien entendida, por lo que me parece sangrante una dejadez de este calibre. Así, queda una oportunidad desaprovechada a múltiples niveles que hubiera dado muchos más frutos a la que se hubiera cuidado más el conjunto.

Jurassic World: Dominion no sabe si ser un homenaje o una parodia, con errores por todos lados y un equilibrio bastante inexistente. Se aprecia mucho mimo por el apartado técnico, con un puñado de escenas individualmente brillantes, lastrada por un guión más que cuestionable que estropea cualquier posibilidad de salvar la propuesta. Reconozco habérmelo pasado muy bien con ella, incluso con sus enormes defectos, pero también soy consciente de que le tengo tanto cariño a la saga que devoraría casi cualquier cosa que me pasaran por delante.

 

Nota: 2

Nota filmaffinity: 4.8 

domingo, 28 de julio de 2024

Zoolander 2

Esta película formó parte del último especial de Cinéfagos Muertos que intentamos grabar, que nunca llegó a realizarse, acabando así con el proyecto. El tema eran “películas malas que molan”, de las que algunas se acabarán pasando por aquí, que uno se vio todas las propuestas, aunque luego no se hiciera nada con ellas.

Cualquiera que fuera adolescente sobre los 2000 recordará con ¿cariño? las alocadas aventuras de Derek Zoolander y sus amigos. Aunque al principio se la tildó de basura hortera, a la que rascabas un poco, la película realizaba una crítica mordaz al artisteo sin por ello dejar de ser una oda al absurdo gratuito. Con Ben Stiller, Owen Wilson y Will Ferrell en estado de gracia, gozaba de tal cantidad de tonterías y era capaz de sorprender de una manera tal que acababa provocando las risas, aunque fuera por mera saturación de chorradas.

Dentro de la fiebre nostálgica de recuperar los éxitos del pasado, viene esta segunda parte tardía que, justamente, plantea lo mismo: Zoolander debe volver de su retiro para salvar al mundo de la moda, en una suerte de retorno tardío que nadie había pedido (¡chiste meta!) en el que deben enfrentarse a un mundo que ha cambiado y una nueva conspiración para dominar el mundo.

Hay que reconocer que la película intenta hacer lo mismo que su predecesora: arrojarte encima tal cantidad de chorradas para acertar por saturación, presentar un festival de cameos y abrazar la absurdez sin ningún tipo de vergüenza. Sin embargo, Zoolander 2 se encuentra en que su humor no funciona. En absoluto. He reconocido muchas veces el chiste y me he quedado con la sensación de “¿Esto tiene que hacerme gracia?” Sí, poner el modo Torrente para buscar los cameos entretiene y el argumento mantiene la profundidad esperada, pero sin la argamasa de chascarrillos que provoquen risas, el edificio se cae por sí solo. Por momentos parece más una parodia de Zoolander que una secuela, siendo sólo destacable por su capacidad de hacerte enarcar una ceja ante las chorradas que te tira encima.

Por lo menos, el festival de cameos se mantiene. Cada cara es reconocible y, aunque algunos guiños ya están desfasados, se agradece que todos den la impresión de estar pasándoselo en grande con las tonterías que les toca hacer: Justin Bieber, Katy Perry, Neil DeGrasse Tyson y mil famosetes más. Mis felicitaciones van hacia Benedict Cumberbatch, que demuestra ser el mejor actor de toda la película a pesar de tener un papel absurdo de treinta segundos. De los protagonistas, nuestra Pe se añade al elenco de la primera parte, pero como ninguno de los papeles tiene el más mínimo sentido, no hay mucho que puedan hacer para mejorar el percal.

“Película mala que mola”. Vamos a ver. Reconozco que lo intenta con ganas. Coge la fórmula que tuvo éxito hace veinte años y la vuelve a aplicar. El resultado es significativamente peor, sobrepasando ampliamente mis niveles de tolerancia a la vergüenza ajena en muchos minutos. La gran mayoría de chistes no tienen gracia y se me ha hecho muy cuesta arriba, aunque le reconozco su capacidad para dejarte boquiabierto con algunas ocurrencias.

No, no llega a molar. Es mala y punto.

 

Nota: 1

Nota filmaffinity: 4.1 

jueves, 16 de noviembre de 2023

El plan infinito (Isabel Allende)

Libro 65 de la Cesta’13. Vamos avanzando que no es poco. Otro más de Isabel Allende, que es quién tiene más libros aquí dentro.

Título: El plan infinito

Autor: Isabel Allende

“Épica e intimista novela que desgrana la agitada vida de Gregory Reeves, (gringo criado en un gueto hispano de Los Ángeles), su paso por Berkeley, en los años de la revolución hippi, por Vietnam, por la pérdida de esperanzas y el nacimiento de la nueva generación materialista. Un libro apasionante e intenso que recupera toda la habilidad narradora de Isabel Allende.”

Una vez más en la autora, tenemos la consabida historia más grande que la vida tan característica de su estilo. Aquí, por una vez, cambiamos de ambiente, mostrando las desventuras de un estadounidense pobre, en vez de un hijo de inmigrantes o ambientarlo en cualquier país de Sudamérica. Por el resto, seguimos la consabida estructura que le hemos visto en tantas novelas: una infancia con sus cosas, salir al mundo y llevarse tortas por todos lados, una adultez en la que se cumplen (o no) los sueños iniciales y una senectud más tranquila que hace las veces de redención. Esta vez hay menos realismo mágico que en otras obras, pero el esquema general no cambia.

Siempre es agradable pisar terreno conocido, con lo que las páginas pasan agradablemente. Sin embargo, encuentro que a veces pasan cosas y otras se te cuenta que pasan cosas. Los capítulos sufren cambios de tono algo extraños casi de una página otra. Obviamente, esto genera cierta confusión y, sobretodo, da lugar a mucha irregularidad en el resultado final, con partes que se pueden disfrutar como los mejores libros de Allende y otras bastante más deficientes. Por poner un ejemplo, todo lo que ocurre en Vietnam o el esfuerzo del protagonista por fundar un bufete de abogados está más que bien contados. Pero llegamos a Berkeley o a las aventuras con Benedict y de golpe coge un tono de recuerdos no muy bien hilvanados que se hace muy cuesta arriba, como si te estuviera haciendo un resumen que no llegó a escribir a fondo. Por momentos me parece un libro a medio escribir, como si no hubiera podido cumplir con los plazos de publicación y empaquetara el libro a las bravas.

Esto no nos impida tener unos personajes bien construidos, con sus matices, sus traumitas y sus sueños.

El protagonista absoluto es Gregory Reeves, un hombre blanco y pobre, lo que le convierte en (casi) un proscrito que vive en el barrio latino de Los Angeles. El destino – como no puede ser de otra manera – le dará la oportunidad de progresar y dejar atrás a la gente con la que se ha criado, con los consiguientes problemas de desarraigo. Allende no duda en mostrarte los defectos de un sistema educativo fallido, el devastador impacto que tiene la Guerra de Vietnam en la sociedad de los 60-70, o cómo la irresponsabilidad de los 80 da lugar a pelotazos y bancarrotas inesperadas. Aunque comparte la infancia dura característica de la autora, aquí George tiene más claroscuros de lo habitual, con unos dejes autodestructivos importantes que influyen sus decisiones y marcan el devenir de su infelicidad a lo largo de los años. Inseguro y desconfiado, se muestra incapaz de expresar aprecio más allá del interés económico, lo que le causa sufrimiento. No es hasta el final (como no puede ser de otra manera) que nuestro héroe finalmente aprende que sólo a través de años de dolorosa terapia es capaz de aceptarse tal y como es, afrontando sus conflictos internos para progresar como persona.

Entre los secundarios, con tanto viene y va, no hay ninguno que tenga un especial protagonismo. Ni sus padres, ni sus hijos ni sus parejas son precisamente estables a lo largo de las páginas. De todos ellos, la que comparte más páginas es la irreverente Carmen Morales. De buenas a primeras, la mejor amiga de la infancia del protagonista, crece como una mujer llena de vida, con ganas de aprovechar todo lo que se le ofrece y más, con un punto hippie bastante desmadrado que alegra casi cada página en la que aparece. Hace muchas veces de sostén de George, levantándolo cuando este se derrumba y animándolo a seguir adelante. Me alegra que la relación entre ambos sea principalmente de amistad inquebrantable, antes que romántica. Quizás todas sus locuras le acaban saliendo mejor de lo que tocaría, pero se hace querer, teniendo los mejores momentos del libro.

La escritura de Allende sigue siendo tan encantadora como siempre y, a grandes rasgos, da lo que hemos apreciado todos estos años. Te transporta donde quiere, desde ese Los Angeles post-IIGM, al San Francisco sesentero o a los campos de batalla de Vietnam. Por otro lado, cambia continuamente entre un narrador en primera persona y uno en tercera no muy fiable (¿Quizás la tercera esposa de George?), mezclando tiempos y tonos sin asomo de coherencia o aviso. Esta irregularidad provoca cierta incomodidad al leer, especialmente cuando la narración es en tercera persona y se te avanzan cosas que ocurrirán en el futuro, se referencian cosas que ya hemos visto como nuevas, dando pequeños saltitos adelante y atrás continuamente. Pareciera que estuviera contándote las cosas tal como las recuerda y comete errores que intenta corregir luego. Es algo que hemos visto en otros libros, pero en este caso, a la estructura le falta pulido y acabo por no comprarle la cabriola.

¿Recomendaría este libro? La verdad, se me hace difícil más allá del completismo. La propia Allende tiene un buen puñado de historias más interesantes mejor contadas, siendo El plan infinito una de sus obras más flojas. A fin de cuentas, un libro bastante decepcionante, cuya irregularidad hace todavía más patente lo que podría haber sido pero no es. Sus fragmentos más inspirados aumentan las esperanzas de una buena lectura, pero es bastante plomiza en sus dos terceras partes.

 

Nota: 2

Nota goodreads: 3.75/5 

jueves, 28 de septiembre de 2023

El último boy scout

Un día de estos tontos y se me pone a tiro una de mis películas favoritas de cuando era un zagal, que hacía más de veinte años que no veía. Mis recuerdos eran los de ver un sucedáneo de la Jungla de Cristal todavía más ido de olla, con un Bruce Willis que no podía ser más chulo.

Ya no estamos en los 80, es 1991, pero eso no impide que tengamos una película de acción tal como se hacían "antes". Aqui, un grupo de mafiosos ha creado un plan maestro para legalizar el juego en el Estado de California, garantizando que todas las casas de apuestas serán de su propiedad. Pero, ¡ay!, han tocado las narices al detective equivocado, y si encima secuestras a su hija, peor me lo pone usted.

Este es el punto de partida de una película que tiene como protagonista a Bruce Willis, dirigida por Tony Scott, con un guión de Shane Black. Encima tiene a Damon Wayans como el secundario cómico de rigor. En principio, no puede estar mal la cosa, ¿no? Por si fuera poco, la película apuesta por ser un clon de combate de La Jungla de Cristal, por lo que a la mínima que el conjunto esté ensamblado, por lo menos será entretenida. Pues bueno, qué mal sienta la nostalgia a veces. A medida que pasaban los minutos me preguntaba si estaba viendo una parodia cómica, un borrador de Superdetective en Hollywood 3 o un quiero y no puedo de manual de las películas de John McTiernan.

Una de las principales razones de que la película no funcione es el flojo desempeño de la mayoría de su elenco actoral. Puedo entender que Bruce Willis venga ya pasado de vueltas con John McClane y tenga el automático puesto, buscando frase lapidaria tras frase lapidaria, aunque su "esfuerzo" le acerque más a Axel Foley que a Dutch (oju). Sin embargo, Wayans y Berry (y la mayoría de secundarios) parecen estar en otra película y no contribuyen a que el esperpéntico guión tenga la más mínima entereza. La única persona que parece tener interés en que la película funcione es la jovencísima Danielle Harris, cuyo personaje tiene más vida que el resto del elenco junto.

Lo que podría haber sido un estupendo trabajo de oficio (hay mimbres para ello), se transforma, quizás por influencia de Scott, en una propuesta digestiva en la que nadie pone un gran interés. Sí, las escenas de acción son individualmente sólidas, pero no hay nada que las una que tenga algo de interés. Ni se busca verosimilitud ni se acerca a la autoparodia. Por no tener, no tiene ni escenas de humor involuntario que funcionen. En su esfuerzo por soltar chascarrillo tras chascarrillo, consigue que algunos hagan diana, qué menos. Además, el desarrollo es extraño, mezclando una puesta en escena ochentera con un tratamiento más propio de los noventa, generando un conjunto irregular. Pareciera como si el guionista quisiera molar por su lado, mientras que el director quisiese hacer una de buddy-movie a la antigua usanza. Todo ello, con el pasotismo de los actores, claro. Por lo menos avanza a buen ritmo, con lo que no es aburrida, a pesar de sus fallos.

Como nota curiosa, durante un tiempo, se trató del guión con más insultos por minuto de la industria Holywoodiense.

A veces uno debe conformarse con sus recuerdos y no intentar volver a las películas que le hicieron gracia de chaval. No llega a niveles bochornosos de otras propuestas recordadas, pero sí que se me ha caído en gran parte. Más allá de sus momentos bocachancla, no era tan buena como recordaba ni yo soy el mismo imberbe impresionable de otra época (ahora ya tengo muchos kilómetros recorridos en propuestas similares mejor rematadas). No sé cuál será la siguiente vez que intente acercarme a mis películas de otra época, pero he salido escaldado ya demasiadas veces.

El último boy scout es un clon de combate de Jungla de Cristal que apuesta por ser más gamberra y más chula que un ocho. Su espíritu trasgresor ha quedado muy superado, por lo que se queda en una pseudocomedieta de acción en la que casi nadie parece estar haciendo su trabajo, cuyo director ha filmado algo que tiene poco que ver con lo que buscaba el guionista. Por lo menos la acción funciona y el ritmo es vivo, por lo que la película pasa rápido sin hacerse (muy) pesada.

 

Nota: 3

Nota filmaffinity: 6.2 

domingo, 10 de septiembre de 2023

El dueño del secreto (Antonio Muñoz Molina)

Seguimos avanzando en la Cesta’13. Llegamos al Nº62, en este caso, una cosita delgada que promete emociones fuertes, a juzgar por su resumen de contraportada.

Título: El dueño del secreto

Autor: Antonio Muñoz Molina

“Es la primera novela corta de Muñoz Molina y se enmarca dentro de su segunda etapa literaria. En esta novela el autor cuenta la historia de un joven de provincias llegado a Madrid para estudiar Periodismo, que se ve involucrado en una conspiración que pretende acabar con el franquismo en pocas semanas. El autor nos refiere, diecinueve años después, en un emocionado relato, los sucesos acaecidos en esta importante etapa de la historia de España, los primeros meses del 74, en que se vivían, sin saberlo, los últimos meses del franquismo y el advenimiento de la democracia.”

El dueño del secreto es un libro MUY cortito. Apenas 140 paginitas que auguran que se acabará antes de darme cuenta que lo he empezado. Hacía mucho que no tenía entre manos una cosita tan pequeñita, que pudiera caer en una tarde. Y si encima tenemos en el argumento una posible conspiración para acabar con la vida de Franco, pues ya tiene algo más de interés para mí.


Sin embargo, no es que se haya leído con especial disfrute. Mi sensación es que tenemos un personaje que se ha equivocado de novela, con un tono que no acaba de saber si quiere ser una comedia, una historia de espías o novela negra. El protagonista parece salido de una novela de Eduardo Mendoza, el cual, como un loco sin nombre cualquiera, reacciona impasible ante cualquier burrada que ocurre ante sus ojos sin importarle lo disparatado que ésta pueda ser. Ese ambiente de comedia bufa no cuadra con las aventuras (pretendidamente) trascendentes que se ven a su alrededor, con personajes que se juegan la vida, que luchan contra la historia y se toman muy en serio lo que hacen. Este contraste destaca especialmente en las escenas que suceden en la  universidad, dónde se coge una ambientación cercana a la novela negra más clásica que capta muy bien el ambiente tardofranquista. Así, tenemos a un payaso suelto en una novela de Bogart, sin que el autor sepa equilibrar mucho (ni poco) dos elementos que casan tan poco como estos.

Este contraste se junta con la reducida caracterización de los personajes que pueblan la novela. Si bien en 140 paginitas no hay espacio para entretenerse, el único que es algo más que un nombre que hace cosas es el protagonista. Pero no se hace tampoco un esfuerzo por dotarle de carácter. Dice que va a estudiar pero sólo se lamenta de lo poco que estudia, se mete a comunista para mojar el churro, está de rebote en la manifestación, se encuentra “el secreto” en los morros y no deja de presumir su participación en una conspiración clandestina cada vez que se encuentra con alguien que no conoce. Como dicen algunos, no hace gracia ni cuando se mea encima.



Me fastidia este pasotismo a la hora de caracterizar a sus personajes en comparación con el esfuerzo para dar vida a la sociedad de los últimos días del franquismo. Me hace especial gracia como se palpa que la bota aplastante está empezando a ser incapaz de contener todo lo que se cuece en la ciudad. Se notan ganas de vivir por fin en libertad pero el miedo a acabar en la cárcel a la que digas lo que no toca sigue en el ambiente. Con Madrid viviendo aromas de cambio en medio del terror, la posibilidad de una conspiración para acabar con la vida de Franco antes de hora es un tema que tiene su punto. Obviamente, la historia es la que es y sabemos como va a acabar, pero eso no impide que esta parte resulte bien entretenida.

Lo que tiene poca gracia es todo el follón sobre los misterios que guarda el protagonista (que te está contando desde la distancia, ya cerca de la vejez). Da vueltas y revueltas sobre el tema y su importancia para que SPOILER el primero sea una conspiración que el prota se encuentra, que contribuye a que fracase y que le viene grande desde el segundo uno, y el otro es un desnudo (que también se encuentra) que quizás a él le hizo mucha gracia, pero que al resto del mundo no le dice nada FIN DEL SPOILER.

De este autor he leído también Plenilunio (que nunca reseñé), un thriller de mayor madurez con más empaque y gracia. No me había fijado que eran del mismo autor hasta que he revisado mi base de datos de libros leídos. Es que quizás hace veinte años que la leí, normal que no recordara.


El dueño del secreto tiene un problema muy gordo con una mezcla de tonos que no le sienta nada bien. Se le añade un protagonista-espectador y una trama bastante escuálida. Por otro lado, el retrato del Madrid del momento está muy bien hecho y se lee fácilmente, por lo que te lo ventilas en una tarde y media bastante entretenidas a la que no te pongas a analizar mucho lo que lees. Después de todo, la posibilidad de matar a Franco siempre hace gracia.

 

Nota: 3

Nota filmaffinity: 3.28/5 

miércoles, 24 de mayo de 2023

Caffeine

Hoy toca una de estas películas tontas que aparecen por Movistar y que, por alguna razón, me quedé a ver. A buenas horas.

Caffeine nos sitúa a la hora punta de un bar/restaurante cualquiera de una ciudad de los Estados Unidos. Allí, cada mesa tiene sus historias y sus problemas, que se desatarán con “jocosos” resultados, mientras que los empleados del lugar intentan mantener el negocio a flote.

Así, tenemos una película episódica, con pequeños gags//tramas de 10-15 minutos a cargo de diversos clientes a los que les pasa de todo, funcionando los empleados como hilo conductor del conjunto. Estos, por su parte, también tienen sus líos, que se plantean y resuelven al inicio y al final de la película.

Se suele decir que las películas episódicas no funcionan del todo bien debido a la irregularidad de sus fragmentos. No es este el caso, pues todos los capítulos mantienen una calidad consistente. Una calidad bastante baja, todo sea dicho. Más allá de algún chistecito o dos que aciertan (siendo amables), el guión deja mucho que desear, fallando en ritmo, diálogo y planteamiento.



Casi todas las tramas son debido a líos de faldas. Que si aparece el ex de él, que si éste es el giggolo al que me cepillé el otro día, que me gusta vestirme con ropa interior de señora, etc. Peca de cierta reiteración, pero no es algo necesariamente malo. El problema viene cuando intenta ir de gamberrete y transgresor, pero lo hace desde un punto de partida tan mojigato que los chistes quedan completamente fuera de lugar. Un buen puñado de veces me sorprendía pensando “ah, este es el chiste. ¿Y por esto tanto escándalo?”, lo cual no es precisamente un gran logro de la película. La trama no funciona y es repetitiva, los chistes no entran y encima tiene pretenciosidad. Mala combinación.

La puesta en escena es modesta, similar a la que tendría un capítulo cualquiera de una serie de principios de los dos mil, lo que ya da una idea del reducido presupuesto que se maneja. Tampoco ayuda – en modo alguno – un elenco actoral con poca química y menos gracia. Si bien hay que reconocer que se esfuerzan a su modo, el guión no les da nada con lo que jugar, lo que lastra el resultado final.


Quizás lo más destacable es su reducida longitud. En noventa minutitos ventila todo lo que debe contar, sin alargar ni buscar ningún tipo de girito inesperado con el que alargar el tema. Ya que la película es mala, por lo menos que sea corta.

En fin, Caffeine es una propuesta sobre la que no hay mucho que comentar. Le falta calidad en casi todos sus apartados, intenta ser graciosita y gamberra sin serlo y encima tiene ínfulas de ser mejor de lo que puede aspirar. Firma candidata a lo peor del año.

 

Nota: 1

Nota filmaffinity: 4.7