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viernes, 16 de mayo de 2025

Daredevil

Ahora que estos días hemos tenido por aquí la serie de Marvel, pongámonos a recordar la película que tanta fama (ejem) cosechó en su momento.

Así, tenemos a Daredevil, el abogado ciego de día, que de noche se dedica a ponerse la máscara y castigar a aquellos que escapan de la justicia gracias a su oído superdesarrollado y sus habilidades marciales. Esto causará las iras del jefe de la mafia local (Kingpin), que contratará a dos letales asesinos para acabar con él. O algo así.

Cuando yo vi la película en el cine (si, fui de los locos que acudieron a verla), apenas conocía al personaje de haber salido algunas veces de secundario en historias Spiderman, así que no sabía nada de él. Lo que me encontré fue un engendro de película que no tenía sentido, con un “bueno” que no dejaba de acosar mujeres, unos personajes que parecían cada uno sacado de una película diferente y una mezcla de imaginerías que no se entendían. No entraré en lo peregrina de la historia, que abarcaba más de lo que debería en un batiburrillo muy raro.

Ahora, al volverla a ver, conocer mucho más al personaje y tener un bagaje mayor de películas a mis espaldas, pues me he encontrado con una película chunga pero… no TAN chunga. Si bien la tenía por una blasfemia al personaje, en este repaso veo que hay cariño y ganas de que las cosas salgan bien. Han cogido elementos muy reconocibles de las tres grandes etapas del personaje y los han metido en danza con total literalidad. Que luego el tono de esas sagas no pegue entre ellas y el director no se haya molestado en adecuar una cosa a la otra es diferente. Los elementos originales están ahí, hay un chorrón de detalles para el friki, se plantan las semillas para tres secuelas… pero se conjugan con unos problemas de ritmo muy grandes, errores groseros de tono y una trama que no sabe muy bien si ser de Frank Miller o Mark Waid y se queda a mitad de todo. Es decir, percibo muchas ganas de que este proyecto salga bien. Otra cosa es que salga, que el director da para lo que da. La cantidad de despropósitos tras las cámaras es bastante grande, pero se trata de la obra más reconocida de su director – aunque parezca mentira, es así – que luego se arrejuntó a Nicholas Cage y nos dio sus Motorista Fantasma. Con un CV como éste, el resultado no es tan sorprendente.

A pesar de los ríos de tinta que han corrido en su contra, Ben Affleck no carga con las culpas del desastre. De él sabemos que es un frikazo que se ha leído todos los cómics del derecho y del revés y estoy seguro de que es la persona a la que más le duele que la película saliera como salió. Le pone ganas, le pone esfuerzo y hace lo que puede por dar vida a un Matt Murdock ligón (y pesado) y torturado (muy de su época) que podría haber salido de casi cualquiera de los grandes cómics. Sin embargo, tiene el problema de que el resto de actores no saben (o no quieren molestarse en saber) dónde están. Colin Farrell (Bullseye) hace aquí uno de los papeles que le granjearon fama de ser uno de los peores actores del momento, lo mismo ocurre con Jennifer Garner, cuya Elektra no está bien escrita ni ella hace un buen trabajo. Sólo hay que ver su presentación que sobrepasa la vergüenza ajena imitando a una Matrix estrenada no hacía tanto. Por lo menos Michael Clarke Duncan hace un Kingpin bien hecho, brutal y aterrador, como debe ser. El aspecto exterior es un poco chocante, pero es verle moverse por la pantalla y ya da el pego.

Por otro lado, debemos destacar también el trabajo de Evanescence, ejemplo perfecto de bandas sonoras que se lo creen mucho más que la película. La de gente que se quedará alucinada al comprobar que algunos de los hits más conocidos de esta banda se estrenaron para esta película. Cancionazas que están muy por encima del metraje.

Daredevil es una película que se hace aburrida. No se decide si quiere ser comedia, drama o thriller, tiene problemas de ritmo y unos diálogos un poco vergonzantes. Por otro lado, se nota que los creadores querían hacer las cosas bien. No tenían ni idea de cómo, pero lo intentan con multitud de guiños y detalles presentados en pantalla de manera similar a la que tuvimos después MCU. Fallando en casi todos los aspectos, sorprende que llegara a tener una secuela de todavía peor calidad. Mis dieces a la banda sonora, por otra parte.

 

Nota: 3

Nota filmaffinity: 4.3


miércoles, 26 de agosto de 2020

Armageddon

Hace tiempo que vengo diciendo, y me atrevo a defenderlo ante quién sea, que Michael Bay es un muy buen director al que no le da la gana hacer películas mejores porque con los engendros que caga ya le vale para ganar toneladas de dinero. Todo el que quisiera comprobarlo, le bastaría con revisar sus primeras películas, realizadas antes del petardazo de Transformers, en las que todavía quería hacerse un nombre en el mundillo.

Es obvio que Transformers creó escuela (para mal), pero su película cuyo estilo ha sido más veces imitado, que más influencia ha tenido, es ésta de la que hablo hoy: Armageddon.


Cuando un gigantesco asteroide amenaza con destruir la Tierra, la NASA no encuentra otra solución que meter a un grupo de perforadores de élite en un par de transbordadores espaciales y enviarlos al asteroide para hacer un agujero en el que meter una mega-bomba nuclear que mande todo a tomar viento.

En vez de formar astronautas para perforar, formamos perforadores para ir al espacio, sí. Una chorrada bien grande que Ben Affleck le comentó al director al poco de empezar a rodar. A Bay le hizo tanta gracia la frase que la incorporó posteriormente a la película. Esto ya nos da una idea de la gratuidad argumental con la que nos basamos. Las estupideces de guión se suceden, con un chillón de cosas que pasan “porque sí” y escenas que se suceden con poca vergüenza y menos sentido. Sin embargo, la película es bien consciente de ello, no abandonando en ningún momento un tono irreverente bien encontrado. Bay le aporta una epicidad tan gigantescamente gratuita, con escenas de acción individualmente muy bien paridas que consigue que disfrutes. Además, goza del poderoso músculo de un presupuesto disparatado y, sobretodo, de la colaboración interesada de la NASA, con lo que disponen de todo para montar un buen espectáculo de los que hacen época. Así pues, puede que cada estupidez de guión te haga poner los ojos en blanco, pero los fuegos artificiales, la cámara lentísima y toda la parafernalia de los blockbusters veraniegos llevados a la máxima expresión acaban molando. MUCHO. No estoy seguro si es de una manera consciente o no, pero se lleva el esperpento épico tan al límite, pero tan al límite, que se sale por el otro lado y lo que debería dar vergüenza ajena acaba molando un puñado.

Aquí Bay se dedica a hacer bien lo que sabe hacer bien (Aparte de ganar dinero). Tenemos una acción desbocada, que busca el más difícil todavía continuamente, pero cada coreografía de explosiones, acrobacias y choques se nota trabajada, para que, de algún modo, te la tomes en serio. La cámara no tiene el baile de San Vito, se mueve con energía, pero sin que pierdas la noción de lo que ocurre. Se nota que quiere rodar BIEN las explosiones y la destrucción. Además, tiene el ingenio suficiente para que el chillón de chascarrillos y memeces que va soltando acierten casi siempre, lo que asegura la diversión. Este savoir-fair con la cámara es lo que me lleva a concluir que Bay es un gran director de acción, pero que no le da la gana molestarse a hacer buenas películas (y es bien consciente de ello). Le basta con tres acrobacias, un puñado de explosiones gratuitas y ya revienta cualquier taquilla. ¿Para qué molestarse más?

¿Qué tiene de MUY bueno Armageddon? Todas las cosas buenas de Michael Bay potenciadas al máximo: Acción de primera, muertes ingeniosas, explosiones, chorradas, banderas estadounidenses, ritmo vivo y efectos especiales de primera. Nunca dejan de pasar cosas “interesantes”, introduce bien los momentos emotivos dentro de la épica más trasnochada y se marca un uso perfecto de la cámara lenta como no se vería hasta 300. ^^ Cada fotograma lleva impreso un ticket de “todo vale” tan descomunal que Lo dicho, todo lo necesario para conformar un entretenimiento veraniego tan disfrutable como palomitero. 

¿Qué tiene de malo Armageddon? Todas las cosas malas de Michael Bay potenciadas al máximo: el guión es un despropósito, la historia no tiene sentido, las leyes de la física son enteramente relativas y las casualidades abundan por todos lados. Como siempre, el ejército y los EEUU son los más mejores del mundo mundial y se te pierden un par de neuronas cada vez que la pones.

Otro detalle que denota cierto mimo (ejem) en su realización es la distintiva personalidad del gran número de personajes de la cinta. La cantidad de caras conocidas inesperadamente simpáticas es considerable, todos ellos con un carácter desarrollado, un par de escenas de lucimiento y carisma de sobras para que incluso te acabe doliendo quienes mueren. Bruce Willis, Ben Affleck, Steve Buscemi… Si hasta Owen Wilson cae bien en la película. Se nota que disfrutaron a lo bestia durante el rodaje, como si este grupete de niños grandes hubiera tenido unas vacaciones pagadas en un parque de atracciones. Por lo que dicen, la única que no disfrutó especialmente de las fiestas fue Liv Tyler, que despachó todas sus escenas en tres días y se marchó para casa (sin que por ello haya que ponerle un pero a su actuación).

Los espectaculares efectos especiales gozan del enorme presupuesto con el que se ha realizado la cinta. Quizás por el momento de su realización o por la sorprendente cantidad de efectos físicos que encontramos, han envejecido especialmente bien, dando incluso la sensación de estar puestos al servicio de la (ejem) historia y no por puro onanismo cinematográfico. Si alguien tiene curiosidad, tiempo y dinero, en Eurodisney (Paris) hay una atracción muy divulgativa e interesante dedicada a Armageddon en la que te cuentan cómo se han realizado muchos de los efectos, a pesar de los años que han pasado desde el estreno de la película.

Ah, y la banda sonora. Aerosmith ante su último gran éxito (también tenéis atracción en Eurodisney) y un surtido de canciones de acompañamiento repletas de epicidad para reforzar los fuegos artificiales de la pantalla. Un complemento perfecto que contribuye a disimular la gratuidad argumental y a que el espectador afin se lo pase todavía más grande.

En fin, que Bay sabe lo que hace y pone en escena justo lo que le da la gana. Lástima que sea un maldito vago, que si no… Como refuerzo de esta idea, no hay más que echar un ojo a Dolor y Dinero, en la que realiza una autoparodia MUY consciente de toda esta imaginería que él mismo se ha dedicado a divulgar. 


Ya os habrá quedado claro que Armageddon no es una gran película. Bueno, sí. Sí lo es. Un placer culpable con toneladas de defectos, pero a la que puedo volver una y otra vez y me sigue gustando y emocionando. Me podría recordar a una quedada de machotes que han dejado a las parejas lejos, en la que se dedican a beber cerveza, presumir de testosterona y a hacer el tonto con el buen rollo por bandera. Tonto y zafio, quizás, pero que sienta estupendamente de vez en cuando.

Una película mala espectacularmente bien hecha que me encanta y no me canso de ver.

Nota: 9

Nota filmaffinity: 5.7

jueves, 14 de septiembre de 2017

Manchester frente al mar

Más que frente al mar es desde el mar dónde hay que descubrir la pequeña villa costera de Manchester frente al mar, Massachusetts (EEUU), fácilmente situable en un mapa, al lado de la cosmopolita Boston. Desde el mar todo parece calmado y sereno: los barcos de pesca van y vienen, las casitas que jalonan la primera línea costera parecen dejar pasar los días con apacible sosiego, incluso las naves del puerto, de ladrillo rojo, son capaces de integrarse con elegancia en el paisaje. Desde el mar, Manchester frente al mar es una villa dónde puede dar gusto vivir, donde se nace y se muere sin el regusto de nunca haberla abandonado, sin tener la envidia o al antojo de viajar, dado que la vida es simple y agradable. Desde el mar, la vista de ensueño describe curvas y colores en perfecta armonía con los hombres… pero desde el mar, los hombres no los distingue uno apenas, siluetas frágiles en movimiento cuyos rostros no son visibles, cuyas grietas no se pueden vislumbrar, cuyas sonrisas y lágrimas no pueden verse.
  
Lee Chandler es uno de los que dejó Manchester frente al mar, el pueblo de su infancia, allá donde debería haber podido envejecer feliz. Ha dejado atrás a sus amigos, su familia, su hermano, su sobrinos..para instalarse en una metrópolis de la que comprendemos rápidamente que le aporta las dos cosas que no parece dejar de desear: anonimato y algo con qué ganarse la vida, aunque sea de chapuzas en una urbanización. Mientras que repara lavabos, vacía basuras, quita nieves, lija o repinta, Lee ocupa el tiempo para pensar en las razones que le llevaron a partir de Manchester. Podemos imaginar rápidamente, por su mirada perdida dentro del vacío de una profunda soledad, que Lee ha vivido un drama terrible. Un drama de los que uno no puede salir vivo. Podríamos decir que Lee es alguien que ya ha muerto, que simplemente está esperando la última parada, para el que ver salir el sol no significa más que otro día de penitencia.

Pero como la vida luego hace lo que le da la gana, Lee debe volver a Manchester, reencontrarse con lo que queda de su familia, reencontrar los chapoteos del agua en la quilla del barco de pesca de su hermano, reencontrar el aroma del mar y el sabor amargo de la felicidad desaparecida. Y también conocer a un joven que él dejó siendo niño: Patrick, su sobrino.

Manchester by the sea es una tragedia griega transmutada en un poema de Dylan, es un retrato de la gente trabajadora que vive al ritmo de las estaciones, de los nacimientos y los entierros, es también el retrato de una familia fragmentada por los dramas, y también de una comunidad humana simple y bienintencionada. Pero sobretodo es el conmovedor retrato de Lee, un más que admirable Casey Affleck (y su contrapartida, una extraordinaria Michelle Williams), un hombre que no tiene más remedio que seguir viviendo.

El film se construye a base de flashbacks que trazan con filigrana y delicadeza los capítulos más sombríos y luminosos de la vida de Lee, se trata de un film que recuerda a esas travesías por el litoral: bajo la serenidad y la aparente calma puede surgir, en cualquier momento, la tempestad que se lo lleva todo, tanto el techo de los hogares como la efímera felicidad del corazón de los hombres. El infierno en vida, debe ser, qué duda cabe, a la muerte de tus tres hijos pequeños por causa tuya, por fallo propio, por un error descomunal a la vez que pírrico, por un azar negro, tan monstruoso y abominable que es insoportable. Por no hablar de cosas menores, de alcoholismo, corazones rotos y otros sinsabores. Es decir, se pasa, se le va la mano. Tal aplastamiento y dolor se torna incompatible con determinadas vulgaridades o trivialidades. El dolor al descubrir lo que ocurrirá antes incluso de verlo. El remordimiento, el castigo, la pena y el duelo, ¿cómo asumir lo inasumible?

En sus dilatados 136 minutos (¿realmente eran necesarios tantos?) se logra un relato honesto, verosímil y certero. Apenas hay resquicio para el entretenimiento en Manchester frente al mar, aquí no hay santos ni heroínas, hay un uso (y abuso) impresionante del Adagio de Albinoni, un desglose de todas las posibilidades del dolor y una historia triste y desesperanzada. Resulta también, un film de visión obligada para los sibaritas del arte de la interpretación.

Quizás por la cordial familiaridad de la situación, pero acabé la película desolado, con el corazón encogido y la necesidad vital de salir a la calle y recibir un abrazo de la primera persona que me encontrara.  Hacía tiempo que un film no me dejaba tan desmontado. Por un lado, recomendaría a todo el mundo que la viera, por otro, recomendaría a todos que se alejaran de ella. Oye, que puede que no te guste sufrir gratuitamente en el cine. Que también puede ser. Aunque sea con algo tan bello como Manchester frente al mar.

Nota: 9
Nota filmaffinity: 7.2

Publicado previamente en Cinéfagos AQUI

jueves, 2 de junio de 2016

Batman v. Superman: El amanecer de la justicia



Tengo sentimientos encontrados con DC. Sus personajes son los que más me gustan, pero están realizando unas campañas y unas propuestas tan deficientes para la evolución de su universo cinematográfico que cada vez tengo menos ganas de ver sus películas. Sólo cuando Batman Vs Superman se convirtió en el punchingball andante del momento le empecé a coger un poco de interés. Después de todo, la experiencia me ha dicho que, normalmente, los punchingballs no suelen ser cosas “tan malas”.



Lo que más confundió a muchos al inicio es que se creía que este film iba a unir el Batman de Nolan con el Superman de Snyder, pero no. Es una continuación de El hombre de acero en el que se presenta al Batman de ese universo y se aprovecha para introducir una ensalada de personajes para ir enfocando “La liga de la Justicia” que, viendo el éxito que está teniendo DC, no sé si llegaremos a ver.

El amanecer de la justicia presenta el mundo tras la llegada del Kryptoniano invulnerable. Batman es el justiciero de la “ciudad vecina”, en una encarnación mucho más vengativa e implacable, más cercana a Punisher que a cualquiera de las versiones que estamos acostumbrados. Y para Batman, nadie más que él puede saltarse las leyes de los hombres, especialmente un ser todopoderoso e invulnerable. Lex Luthor, por su parte, es un magnate excéntrico que no se sabe muy bien porqué, quiere malmeter a lso dos héroes (como si este par de machos alfa necesitaran muchos motivos para atizarse). Y también está Wonderwoman, que simplemente pasaba por ahí.

No, Snyder no quiere prestar mucha atención a la trama argumental, que parece no considerar más que una excusa con la que enfrentar a Superman y Batman y así generar un puñado de escenas de acción marca de la casa (tal como hizo en 300 o en El hombre de acero). Con este panorama, se entiende rápido que la trama argumental no es lo más importante de la película. Los diálogos y las acciones que conducen al gran enfrentamiento son entre desordenados y bochornosos, pero una vez soportada una hora larga de caos con poco sentido, empiezan las toñas como deben ser y ahí tenemos toneladas de fanservice, un apartado visual impresionante y las escenas “superépicas de la muerte” a las que Snyder nos tiene acostumbrado. Para que negarlo, la pelea final contra Doomsday tiene a los tres dándolo todo de la manera más espectacular, que es lo que los fans queríamos. Sin embargo, la traca de fuegos artificiales no compensa los noventa minutos de tedio que hemos tenido que soportar previamente. El frenesí final pide a gritos un guión y una dirección previa con más enjundia con la que dar sentido al despliegue de explosiones y guantazos.


El mayor problema que tiene la película es el pábulo de trascendencia que se intenta dar a una propuesta que no es más que un mero entretenimiento. Es una de las diferencias de concepto entre el universo Vengadores y el de DC. Mientras que Marvel no piensa más que en hacer pasar un buen rato al espectador (y tiende a conseguirlo), DC juega a “esto es lo más importante que has visto nunca y va a cambiarte la vida”. Es algo fácilmente comprobable en la diferencia que hay entre la pegadiza BSO de Civilwar y el grandilocuente (y espectacular con ganas) trabajo de Hans Zimmer aportando epopeya a cada instante de la cinta.Planteamientos diferentes para una saga que ha dado resultados MUY diferentes.

Una cosa que hay que reconocerle es el acierto en gran parte del casting. Henry Cavill y Amy Adams son unos más que dignos Superman y Wonderwoman (respectivamente). Se les ve esforzados e implicados con el proyecto. Por su parte, Ben Affleck compensa su vergonzoso Daredevil dando un Batman impresionante, a medio camino entre El regreso del Caballero Oscuro y el de Arkham Asylum. Con sus antecedentes, tenía mucho miedito de lo que nos iba a ofrecer y me he alegrado al comprobar que si la película falla, no es precisamente por ello. Jesse Eisenberg, por su parte, ha recibido un montón de críticas por su Luthor tan jokerizado. Ahí entiendo que no es culpa suya, el guión y el director le piden ser un Joker raro y es lo que él hace. Personaje fallido y desagradable, pero por culpa del guión, no del actor.


El amanecer de la Justicia acaba dando una sensación de quiero y no puedo. Por un lado, se nota que hay mucho dinero gastado y tanto los efectos especiales como las escenas de acción son lo brutalérrimas que se le exige. Por el otro, las ínfulas de épica y las prisas por dirigirnos hacia la Liga de la Justicia impiden disfrutar de los fuegos artificiales –sin sentido debido a un guión que embute  un puñado de argumentos sin detenerse a comprobar la coherencia-. Acaba siendo mucho menos de lo que quiere ser y se nota. Probablemente se disfrutaría más si se tomara menos en serio a sí misma, pero sus ansias de ser “la mejor película de superhéroes que has visto” le hace demasiado daño. 

Acaba siendo una peli flojilla. Y eso cuando intentas competir ante la redondísima Civil War es un problema bien gordo. Ahora bien, ¿es la basura que dicen casi todos? Oye, pues no. Es simplemente regulera. Palidece ante las mejores de la Marvel (y ante las no tan buenas), pero no es el horror que nos ha deparado las múltiples propuestas de “Los 4 fantásticos” o “Green Lantern”.

Tras el éxito de los vengadores, era obvio que DC acelerara su “Liga de la justicia”, pero está naufragando tanto en los preámbulos que no sé qué va a salir de allí. Las salas las ha llenado pero…

Nota: 3
Nota filmaffinity: 6.0

viernes, 12 de febrero de 2016

Perdida



Creo que nadie a estas alturas se va a sorprender con Fincher. Ya le conocemos. Sabemos que es un tramposo, un fullero, un director que elige muy bien qué te enseña y qué te esconde y sabes que se va a dedicar a jugar contigo para que te quedes con cara de tonto al final. Te pones a ver Perdida y sabes que seguro hay trampa, que debes estar atento a cada pestañeo para ver dónde te la va a colar y dónde estará el detallito que te dirá cuál es el truco que se guardaba en la manga. En este caso, todos aquellos ávidos de trampitas no deben sino sino prepararse para alucinar.

Empezamos un nuevo día en la atribulada vida de Ben Affleck. Las cosas podían ir mejor pero va tirando. Sin embargo, al volver a casa, su rutina se ve completamente alterada: su mujer ha desaparecido. Él, un inocente y amante esposo llama a la policía y empieza la búsqueda de su mujer. Pero claro, esto es Fincher y pronto veremos que las cosas no son lo que parecen.

Ahí está la gracia. Le conocemos y sabemos que nos la va a intentar colar, así que estamos atentos para ver el truco. Pero él sabe que nosotros sabemos que nos la va a intentar colar y nos hace caer en nuestras propias ansias de evitar ser engañados. Y cuando, en un momento de inspiración pensamos: “ahí ya vuelve a las suyas”, ya nos ha enchufado otra. Así nos hace pasar de la desconfianza al asombro, luego a la rabia, a la compasión, a la sorpresa, a la indignación, a la alucinación y un final que nos deja el culo bien roto. Y lo mejor de todo es que lo hace a partir de un guión que mezcla el thriller más seco con el melodrama de domingo tarde más tópico y que, a fin de cuentas, no acaba conteniendo ningún tipo de trampa real. Todo el efecto se produce a partir de nuestra desconfianza para con este director, nuestros prejuicios y la extraña atmósfera que envuelve a  unos sucesos aparentemente cotidianos. Con ello, Fincher consigue que nos peguemos a la pantalla y no nos movamos durante las (excesivas) dos horas y media que dura la película.

Fincher sabe muy bien qué enseñarte y qué esconderte, pero el tinglado no se sostiene sin el gran trabajo de los dos actores principales, el alelado Ben Affleck y la estupenda e inquietante Rosamund Pike. Él es, aparentemente, un tío normal. Un poco tontaina, con pocas ambiciones más allá de vivir tranquilo, unas cuantas manías, cierta desconfianza para con los demás… Lo normal. Quizás por ello es tan fácil identificarnos con su situación. Su trabajo es más que destacable. Sin embargo,  es la estupendísima Rosamund Pike –la mejor interpretación de su carrera- quien  lleva el cotarro en una actuación de mil caras, donde tan pronto es un enigma como una femme fatale, una dama desvalida, una arpía despiadada o una esposa tierna y amante. Consigue sumergirnos hacia lo peor del ser humano sin alejarse de ser aquella vecina amable a quién saludamos todos los días. Un retrato completo de las taras, miedos y terrores de nuestra sociedad urbanita.

Sin llegar a enseñar nada sobrenatural o especialmente inquietante, todo el metraje desborda frialdad y una falta de sentimientos brutal, lo que produce una sensación de desasosiego que no te abandona en ningún momento. A medida que avanzan los minutos, no puedes sino sorprenderte al contemplar cómo cada nueva escena te cambia la concepción de todos los personajes. La empatía pasa verdaderos apuros para comprender como un personaje que te caía tan bien hace cinco minutos es capaz de actos tan desalmados para a continuación, ser merecedor de nuestra compasión. La narración es deliberadamente confusa, jugando a esconderte datos y poner tu cerebro a mil para intentar comprender que ocurre. Los pocos momentos de respiro de su metraje te dejan pensando como un culebrón de domingo tarde de antena 3 te  está dejando sin respiración (Tiene mejores actores, un mejor director, un chute de esteroides monetarios…. Pero la historia es la misma que siempre hemos usado para la siesta).

Lo más gracioso de todo el percal es que Fincher no te engaña con un guión tramposo (bueno, si, pero…), sino a partir de nuestra propia desconfianza. Nuestros prejuicios nos lanzan a estar sobreexcitados e hiperreaccionar con cada acción aparentemente inocua, que nosotros sospechamos artera y tramposa. Las migajas que se dejan caer ante nosotros no sirven sino para ser engañados una y otra vez. Es una de las diversiones de la película, ver como metemos la pata continuamente mientras alucinamos con la mala leche que tiene el film en un constante ir y venir de sospechas, flashes, apariencias, comentarios tendenciosos y manipulaciones varias mientras se nos cuenta una muy emburullada historia de ¿amor? entre una pareja de nuestro día a día. La gran cantidad de engaños y perversiones, unido a su aroma de culebrón barato puede echar a muchos de la película, pero el resto no separarán el culo del asiento en ningún momento.

Tanto juego con los prejuicios y saltarse las normas esperadas ha provocado reacciones muy curiosas. Tan pronto era tachada de misógina como se ponía de ejemplo de película feminista. Que si lo único que quiere la película es dejar mal a los hombres, que si deja patente que todas las mujeres son unas arpías sacacuartos… No creo que Fincher quiera explicar nada de esto. Lo que sí veo son toneladas de cinismo, y mucha desesperanza y pesimismo ante la vida de un matrimonio. SPOILER Y es que el comportamiento de ambos al final es justamente el de un matrimonio típico. La pasión y el amor han desaparecido y ahora sólo queda la fuerza de la costumbre y, quizás, cierto cariño o interés del que hay que sacar ánimos para colaborar y sacar adelante un hogar. La pura realidad. La gracia es que se te plantea con una deshumanización y una falta de empatía tan patente que no provoca sino desapego y desilusión. En mi opinión, para Fincher, en esta película nadie es inocente ni culpable. Simplemente somos todos unos hijos de puta. Estamos jodidos, cuanta perversión. ^^  FIN DEL SPOILER

Sí que veo por parte de Fincher ánimos de meter el dedo en el ojo a otros aspectos de la sociedad. Primero, una diatriba clara y contundente contra el papel de los medios de comunicación, tan dispuestos a dejarse llevar por el morbo y la lapidación gratuita que ni se les pasa por la cabeza buscar la verdad de la historia. No les importa lo más mínimo. Quieren noticias y carnaza, que es lo que vende. La segunda crítica es hacia las masas enfurecidas. Aquella gente tan dispuesta a ofenderse por cuestiones que no les atañen, tan prestas a tragarse aquellas noticias que les reafirman en sus creencias, que no piensan –aunque quizás crean que sí-, que sólo reaccionan visceralmente, condenando a la hoguera a los demás, firmes en sus convicciones de estar haciendo lo correcto aunque no tengan ni idea de sobre que protestan o a quien critican (ni les importa, pues lo que parecen necesitar es a alguien a quién lapidar).

Con Perdida puedes acabar con la sensación de que te han tomado el pelo (y mucho). Es fácil salir indignado de la película. A nadie le gusta que le tomen el pelo –y menos si vas con la disposición a que no te lo tomen, jeje-. Te puedes enfadar con unas situaciones, con otras… toca tantos palos que seguro alguna de ellas te escuece en exceso y te hace saltar. Me parece que es una película que está justamente concebida para ello. Es un film tremendamente efectivo, con una atmósfera absorbente, un guión que rezuma mala idea y unos personajes muy bien construidos. Afean el resultado su excesiva duración y su desbordante acumulación de giros y sucesos insólitos que te pueden expulsar de la película con demasiada facilidad. Además, en ningún momento puede quitarse el aura de culebrón barato, por mucho que Fincher quiera darle sofisticación. No obstante, es un thriller de los que te pegan literalmente a la pantalla 150 minutos -que no es poco-. Que luego acabes con un cabreo considerable son otras cuestiones…

Habiendo llegado a este punto de la crítica, ¿Cómo sabes que todo lo escrito anteriormente realmente mi opinión? ¿Y si en realidad no me ha gustado la película pero es lo que quiero creer de ella o lo que quiero que creas que creo de ella? ¡Ay! (suspiro), este es el juego de Perdida.

Nota: 8
Nota filmaffinity: 7.3