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domingo, 29 de septiembre de 2024

Detective Conan - La novia de Halloween

Detective Conan es una saga que cumple con su cita anual en los cines. Después de La Bala Escarlata, que nos había hecho gracia dentro de sus limitaciones, decidimos cumplir con nuestra parte y acudir a La Novia de Halloween que se estrenó al año siguiente. Es la película 25º de la saga, ríete tú de James Bond.

Aparentemente, no hay nada extraño en la boda de un par de inspectores de policía amigos de Conan Edogawa. Nadie podía esperar que durante los ensayos se produjera un altercado en el que el novio quedara malherido. Como nuestro detective infantil favorito no puede quedarse quieto, empieza a meter las narices donde no le llaman, implicándose en un asunto de liberación de rehenes, terroristas muy malotes y una conspiración para provocar un incidente muy gordo en Shibuya durante la celebración de Halloween.

Quizás el planteamiento es tan peregrino como siempre, pero esta película está BIEN. No esperaba yo salir tan contento de la película. No se trata de un producto alimenticio, sino que, por una vez, tiene algo que contar, componiendo un producto la mar de entretenido. Lo que, en un principio es una historia infantil de detectives (quién ha saboteado la boda) se transforma de pronto en una trama de terroristas y contraespionaje en que los protas se ven implicados de una manera “lógica”. La novia de Halloween se mueve bien dentro del género de espías sin venirse tan arriba como es típico en la serie. Se mantiene con los pies en el suelo, maneja bien la tensión y es capaz de intrigarte (¡SI!) sobre cómo se las arreglará Conan para salir del desaguisado en el que se ha tirado de cabeza.

En todo momento mantiene un buen sentido a la hora de desarrollar la trama, con sus giritos más o menos funcionales en el momento adecuado, casi pudiéndose verse sin problemas por un profano de la saga sin enarcar mucho las cejas. Aquí tenemos detectives que hacen cosas de detectives (nada de francotiradores que aciertan a monedas a kilómetros de distancia de un tren en movimiento y atravesando tres paredes). Además, por una vez no se olvida que los protagonistas son niños que se encuentran con algo que, efectivamente, les viene grande y no les queda otra que hacer lo que pueden. Que si te vienen con ametralladoras, ¡no queda otra que salir por patas y llamar a la policía! Se agradece que hayan buscado hacer una película diferente (adentrándose en las historias de espías) y que les salga bien la cosa.

Otra cosa a destacar es que en la película el presupuesto es más holgado que el de la serie, así que siempre se aprovecha para tener una animación más cuidada y unos diseños más complejos. Se nota que los movimientos fluyen mejor, con unos fondos localizados en un barrio concreto de Tokyo plasmado con mimo. No estamos en un lugar anónimo de una ciudad cualquiera, pues en muchos casos, es posible saber en qué calle de Shibuya están en cada momento, siguiendo incluso sus movimientos en un mapa. Son detalles que se agradecen y contribuyen a redondear el conjunto.

A pesar de que la trama de espías tiene algo de mala leche, no dejamos de estar ante una película infantil, por lo que el final peca de suavecito y falto de mordiente. Es el apartado más flojo del proyecto, pues se nota que el argumento se fuerza para que todo acabe bien. Estos arreglos contrastan con todo el mimo que se ha puesto en el guión durante los anteriores noventa minutos, pero bueno, si lo comparamos con los engendros lisérgicos que hemos visto en casi cualquiera de las veinte películas anteriores de Detective Conan, ni tan mal.

Se me hace raro hablar de una película de Detective Conan que no es un producto para fans, sino que está BIEN. Sus antagonistas tienen motivaciones y sentidos. El argumento tiene cierto sentido, sabe crecerse con la tensión, provee de buenas escenas de acción y mantiene la intriga con acierto. No va a cambiarte la vida, pero sabe dar dos horas de buena mandanga. Toda una sorpresa.

 

Nota: 7

Nota filmaffinity: 6.7 

martes, 13 de agosto de 2024

El ocho (Katherine Neville)

Y llegamos al número más bonito de la Cesta’13, el libro 69. El honor le toca al tochamen vendidísimo que leyó toda una generación (y fue olvidado a continuación).

Título: El ocho

Autor: Katherine Neville

Título original: The Eight

Traducción: Susana Constante

“Catherine Velis, experta en ordenadores, se ve involucrada en la peligrosa búsqueda de un legendario ajedrez que perteneció a Carlomagno. En sus piezas se halla una fórmula vinculada a la alquimia, la masonería y las fuerzas cósmicas y, al parecer, quienes intentan recuperarlas sufren amenaza de muerte.

Arrastrado por la fascinante prosa de la autora de El círculo mágico, el lector se sumergirá en la historia europea, de 1790 a 1970, y conocerá a los singulares propietarios de los trebejos, los crímenes que cometieron y la relación que sostuvieron con grandes figuras de su tiempo como Napoleón, Robespierre, Casanova, Voltaire, Newton o Catalina la Grande.”

El ocho es una novela especialmente importante porque es uno de los (casi) inauguradores de su género. Es uno de los primeros ejemplos que mezclan el thriller histórico con conspiraciones, espías y mitología mágica, junto con puzles y correcalles por medio mundo. Publicado en 1988, es una influencia clarísima para la miríada de imitadores que surgieron tras su éxito morrocotudo (Dan Brown, por ejemplo). Comparado con todo lo que ha venido después, El ocho puede parecer algo simple, pues el género se ha expandido por lugares a los que Neville nunca pudo imaginar, pero siempre hay que reconocer a los pioneros.

Tal como dice el resumen, el libro está dividido en dos partes muy claras, que se van intercambiando (algo que no era habitual en aquel momento). Así, tenemos dos tramas principales, una en 1790 y otra en 1970, que se alternan pero al mismo tiempo tocando mismos temas en diversas épocas. Al mismo tiempo, Neville conecta con historias de otras épocasque se entremezclan con personajes históricos, revisiones muy curiosas del devenir de la humanidad y cierta necesidad de saber más que te impide dejar de leer. Es al mismo tiempo una novela de espías y novela histórica, siendo ambas de lo más viciante (la verosimilitud histórica salta por la ventana en la página 3, pero eso no me importa porque la trama mola demasiado). Capítulos cortos que mezclan las revelaciones con las conspiraciones dentro de conspiraciones, es un libro que sabe qué y cómo contarte las cosas para que no quieras dejar de leer. Has de hacerte un poco el tonto con las casualidades (o es justo eso lo que más mola), notándose mucho que no se ha documentado apenas, pero luego monta bien el juego y los personajes tienen el carisma justo para molar sin ser cargantes.

Este libro ya lo había leído hace muchos años, pues apareció por casa cuando yo debía tener 12-13 años. En aquel momento, lo devoré en apenas 2-3 días, disfrutando de cada palabra y de cada vericueto de sus vicisitudes y sus imposibles giros de guión. Dediqué ese verano en hacer un mapa de la trayectoria de cada pieza, buscando completar el puzzle de por dónde habían pasado (y de cómo su presencia había definido la historia tal y como la conocemos). Así que bueno, cuando recogí este libro para esta reseña, uno ya venía bien motivado de partida. Me parece curioso que en este repaso he disfrutado más de la trama de 1970 cuando de peque me flipó la de 1790.

Lo que sí se hace raro es leer una novela “moderna” que ya tiene cincuenta años. El ocho jugaba a ir a la última y mostrar todos los avances tecnológicos del momento, reflejando cómo iban a revolucionar nuestra vida. Detalles en muchos casos que ya se han establecido o directamente están obsoletos, lo que crea un curioso anacronismo que me ha hecho bastante gracia cuando lo leía. También sirve para constatar cómo ha cambiado el mundo y las maneras de la sociedad. Por ejemplo, esta novela se escribió mucho antes de las Torres Gemelas, así que el moverse de país en país es mucho más fácil, de la misma manera que la seguridad en edificios gubernamentales es “un poquito” más liviana. Ah, y disponer de un teléfono móvil aquí y allá habrían provocado diferencias enormes en el caso de una localización más moderna.

Neville presentaba aquí una aproximación rupturista a la novela histórica, con multitud de ideas y hallazgos interesantes. Su prosa, en cambio, es casi dolorosa en muchos momentos. Neville se zambulle en el reino de los clichés baratos al menos una vez por capítulo, a veces cada página. Los cliffhangers son tan ingenuos que se hacen entrañables (ya sabes, la frase de “nunca pensé, cuando me levanté por la mañana, ¡que este día iba a cambiar mi vida para siempre!”). La capacidad que tiene para mezclar párrafos de novela rosa barata con situaciones que podrían salir en novelas de LeCarré es pasmosa. Eso no impide que la novela sea más que audaz en el (ab)uso de personajes históricos, conversaciones completamente imposibles y giros de guión tan pasados de página que son pura gloria. ¿Es “querido lector, poco sabía que en dos horas iba a estar luchando por mi vida, escapando de un asesino del KGB” un intento de chiste, o se lo toma en serio?

El mayor deje que tiene el libro estriba en sus personajes. Más allá de que unos son malos y buenos, ninguno de ellos está especialmente diferenciado. Todos son astutos, inteligentes, guapos, tienen habilidades inusuales que se destacan justo en el momento en que son útiles… Básicamente son perfectos e indistinguibles. Deberían ser bastante cargantes, pero como les pasan cosas que molan, pues se le perdona un poco.

Y ahí está una de sus virtudes: El ocho sabe molar. Se “inventa” lo que luego llamaríamos “el juego de la caja” (que JJ Abrams llevó al extremo) y sienta las bases de lo que será este género en los siguientes treinta años: ¿El genio misterioso y solitario que, de alguna manera, está en el centro del misterio y sabe todo, aquel en el que nadie, incluso sus amigos, pueden confiar, que tiene una agenda oculta que, justamente, tiene que ver con la heroína? ¡De ninguna manera! Después de que se interesa personalmente por ella, descubrimos que es alto, guapo, diabólicamente carismático, seductor y, espera, ¿podemos confiar en él? ¡No lo vi venir! Incluimos también al borracho de la alta sociedad, la burguesa despistada (o no tanto), el peculiar pero entrañable genio de las matemáticas // ordenadores, el malvado y amenazador espía extranjero, el muy occidental, ilustrado y colaborativo compañero, la revelación que el Otro es en realidad más íntegro que Nosotros… Bueno, por nombrar unos pocos. A todos estos giros, hay que añadir a Carlomagno, la OPEP, ajedrez, la Revolución Francesa, la caída de los zares…

Fumadas continuas sin la pretenciosidad de Dan Brown. Simplemente con ganas de divertir y flipar al lector. Si te haces un poco el tonto con las coincidencias y compras su abrazo por la fantasía, tienes un vibrante thriller que sabe sorprender y permite girar páginas como nada. Sufre de haber sido imitado (y superado) demasiadas veces. Un respeto a los pioneros.

 

Nota: 8

Nota goodreads: 3.93/5 

miércoles, 1 de mayo de 2024

Animales fantásticos - Los secretos de Dumbledore

Parece mentira que la saga de animalitos del mundo de Harry Potter llegara a su tercera entrega. A partir de un librito de “biología” sin trama, se inventaron una cosita muy simpática y luego vino una entrega bastante mejorable (en la que se habían dejado buenos cuartos). Pero como la taquilla respetaba, a alguien le cuadraba la contabilidad y vino otra entrega.

Ésta tenía el problema adicional de todos los follones judiciales (siendo amables) en los que andaba metido Johnny Depp, lo cual asustaba un poco a unos productores que querían meterse en los menos líos posibles. Al final, la decisión fue la de cambiar al actor que da vida al personaje (en este caso, el “agraciado” fue Mads Mikkelsen) y tirar pa’lante como si nada. Evidentemente, esta decisión también trajo cola, especialmente cuando decidieron que no iban a dar ningún tipo de explicación “mágica” al cambio de cara. Pero bueno, como hemos visto con James Bond, si el actor lo hace bien, estos cambios no molestan.

¿Y dónde estamos ahora? Pues bueno, ahora resulta que Grindelwald no puede tomar el poder a las bravas, ya que su plan con Nagini y Flash para destruir el mundo no le salió del todo bien. Han pasado unos años y estamos en 1930 y pocos, así que el malo maloso ha decidido convertirse en presidente del mundo mágico por votación popular, ganando unas elecciones en las que va a hacer todas las trampas posibles. Nuestros amigos de los animales, ahora agentes secretos 007, deberán, como buen James Bond, detener al malo megalomaníaco de turno. Ah, sí. Y Dumbledore tiene secretos, aunque esos no le importan a nadie.

Lo que más me sorprende de esta película (y bueno, de la saga) es la poca continuidad tonal que hay entre una entrega y otra. La primera es una cosa de aventurillas ligera y llena de corazón. La segunda es una historia noir muy convencional (y malilla), y ahora han dado otro volantazo y se pasan a una historia de espías para toda la familia. Cuanto menos es curioso tanto vaivén. Creo que sólo Cars llega a estos cambios tan salvajes.

Esta entrega mejora en mucho a su predecesora, pues cuenta con el guión más cerrado de las tres entregas. Aquí sabían qué querían contar y cómo querían hacerlo. Quizás debido a que sabían que tendrían pollo con el actor antagonista, quisieron asegurarse de que, al menos, no iban a tener follones con la trama, pero bueno, se agradece. No tiene el mimo y el sentido de la maravilla tan bien encontrado que tiene la primera, pero se siente dentro del mundo mágico y es consistente como película (cosa que con Grindelwald no pasaba), lo cual ya me parece un buen resultado de un producto digestivo como éste. Como he comentado antes, ésta es una película de espías con toques mágicos, con sus agentes, contraagentes, giros de guión, paseos por lugares exóticos de medio mundo… sólo que con varitas, maldiciones y los trucos de manos (jé) que se pueden dar cuando tienes a magos por medio. Sabe ser graciosa cuando toca y se pone seria cuando debe, sin por ello ofrecer más que un entretenimiento sin complicaciones.

La trama se ve venir desde el minuto tres, previsible en todos sus giros, pero tanto la acción como las revelaciones se mueven a buen ritmo, por lo que no llega a hacerse aburrida. Complicaciones las justas, eso sí. Los buenos son buenos, los malos malos, y los traidores se ven a la legua.

Lo mejor que tiene la película es justo Mads Mikkelsen. Es el actor que se toma más en serio el proyecto y aporta una frescura que un Depp con el automático puesto no conseguía dar. Sí me creo que este tío sea el malo maloso mágico más peligroso del siglo XX. Mucho mejor que Ralph Fiennes o Johnny Depp, no hay color.

Y, si en Grindelwald lo que mejor funcionaba era la parte técnica, aquí no iba a ser menos. Warner se ha dejado sus buenos 200M€ (bueno, algo menos) en tener unos efectos especiales bien hechos, con una buena integración entre los seres digitales y las personas, escenarios (reales e inventados) trabajados, y un buen diseño de la imaginería que cuadran en cómo se viviría el período de entreguerras en el mundo mágico (y cómo va a empezar de un momento a otro la IIGM). Hay ideas y ganas de hacer las cosas bien en este apartado.

Desde el punto de vista de la música, se aprovecha (quizás demasiado) la espléndida partitura de Williams para las entregas anteriores. Aún con sus variaciones, percibimos las sutilezas que nos indican que estamos en el mundo mágico, en continuo de derivaciones del tema original muy bien encontrados.

Por otro lado, no puedo evitar la sensación de que los protanistas (Newt Scamander, etc.) están ahí porque son los de la primera película y quedaría mal que no aparecieran. Se han transformado en secundarios de “
su propia historia”, quedando implicados en la trama general de pura casualidad, prácticamente porque pasaban por ahí y alguien tiene que ser el bueno. Hasta Tintín aparece por razones menos peregrinas en las tramas ajenas. El guión tampoco les ofrece nada a lo que agarrarse, así que el desempeño de la mayoría de ellos no destaca por su calidad. Todo esto no deja de reforzar la sensación de falta de coherencia en la saga en general, con cada película yendo muy a su bola y las conexiones justas para poder decir que “van juntas” y ya.

Me hace una especial gracia lo poco disimulado que está la analogía con el nazismo y su auge. Sin dejar de ser una película para niños pequeños, no esconde que se estaba gestando un tiempo terrible para la humanidad en su conjunto. Incluso se plantea la cuestión sobre qué nivel de tolerancia se debe manejar con los intolerantes y sobre si los fascistas deben poder presentarse a las elecciones. Que luego se va a otras cosas y no se mete en fregados, pero la chinita la deja caer.

Viendo cómo funcionó en taquilla, es de esperar que en algún momento aparezca una nueva entrega, aunque con los líos en que anda metida la JK, a saber sí se centran lo suficiente como para firmar los permisos. En fin.

Los secretos de Dumbledore tiene muy poco de secretos y sí de aventuras para toda la familia. Este sucedáneo de James Bond para todos los públicos es agradable de ver, entretiene y no ofende a ningún fan exigente. Lo cual no es poco, viendo el resto de las películas derivadas de las obras de Rowling.

 

Nota: 6

Nota filmaffinity: 5.4 

sábado, 3 de septiembre de 2022

El círculo Octogonus (Richard Harris)

Libro leído como parte de la Cesta’13 (número 58). Por mi parte, ni me hubiera acercado.

Título: El Círculo Octogonus

Autor: Peter Harris

“Roma, invierno de 1939, el papa Pío XI, que ha lanzado débiles ataques contra el régimen de Hitler, se está muriendo. El Vaticano se agita ante la elección de su sucesor y en el mundo, que ya puede seguir las incidencias del cónclave a través de la radio, hay gran expectación por conocer el nombre del nuevo pontífice.

El Sicherheitsdienst – el servicio secreto nazi- ha puesto en marcha una operación con un siniestro y secreto propósito. Para conseguir su objetivo, los agentes de Hitler dispondrán de más de una tonelada de lingotes de oro.

La Santa Alianza –nombre tras el que se esconden los servicios secretos vaticanos- se moviliza y, ante la emergencia, recurre a una fraternidad secreta, el Circulo Octogonus, cuya fundación se atribuye a una enigmática mujer, Olimpia Maidalchini, y que siempre ha aparecido en los momentos de dificultad para la Iglesia. El Vaticano niega su existencia, pero en los pasillos de los palacios pontificios se rumorea acerca del Círculo Octogonus, siempre en voz baja.

Niccola Storzi, jesuita que ejerce la docencia en el Teutonicum de Roma, no dará crédito al contenido de un pergamino atado con una cinta roja, que identifica los mensajes de Octogonus y que, muy a su pesar, lo llevará a descubrir inquietantes secretos, que jamás hubiese deseado conocer.”

Y no me hubiera acercado porque hace un puñado de años, en plena fiebre Dan Brown, me leí El Enigma Vivaldi, una suerte de imitación del estilo que fracasaba en la mayoría de cosas que intentaba. A pesar de que por alguna razón está decentemente considerado en algunos círculos, me parecía un libro flojo, que intentaba ser peliculero y se acercaba peligrosamente a la vergüenza ajena. Creía que lo tenía reseñado, pero parece que se me pasó.

Tras leer El Círculo Octogonus, debo decir que éste es todavía peor. En vez de ser un Dan Brown wannabe, aquí se pone a imitar (mal) el estilo de espías de Ken Follet, como un David Ferrer cualquiera.

Partimos de que el desarrollo de personajes es nulo en una obra de 500 páginas. Hay unos buenos y unos malos, los curas son buenos y los nazis malos (parece fácil). Pero luego cualquier acción es intercambiable entre uno y otro. Que sí, los nazis matan gente y los otros no, pero casi que ahí queda toda distinción entre personajes. Obviamente, no me voy a poner a decir nada sobre ellos, porque tampoco hay nada que decir.

El libro se haya divido en dos partes muy diferenciadas en trama. Cada una de ellas trata dos vicisitudes que le ocurren a nuestro heroico sacerdote que se metido en un follón que le sobrepasa. Lástima que luego no se preocupe mucho de cerrar las tramas o de darle un sentido al desenlace más allá de que se acaban las páginas dedicadas a ello. No cuento sobre la teleportación de personajes en función del guión, los errores históricos de situar a un personaje  real en una fecha u otra, además de cambiar ciudades o líneas ferroviarias de lugar. Errores todos ellos “perdonables” sin duda en una obra que se vende como verídica y documentada.

Muchos de estos defectos son mínimamente solventables si el argumento general fuera interesante o tuviera un mínimo de ritmo. Pero es que no llega ni a eso. La historia es predecible, se ha contado mil veces y no ofrece nada nuevo ni emocionante en ningún momento. Además, se pierde en un par de requiebros completamente innecesarios que hubieran supuesto 100 páginas menos sin que notáramos la diferencia.

Quizás lo más destacable es el punto de vista tan profundamente católico del autor. Se hace raro que se refleje de una manera TAN clara, pues parece que según que maldades o acciones son directamente inconcebibles, quedando totalmente fuera del prisma de opciones porque, al ser católicos, es algo que no se hace, directamente. Se nota mucho cuando cualquier personaje plantea sus opciones, o comenta sobre las reacciones a lo que ocurre. Esa manera de escandalizarse por parte de personajes supuestamente curtidos es inusual.

 En fin, Peter Harris es un autor al que pensaba evitar por la ínfima calidad de su libro más famoso, pero como éste estaba en la cesta, había que ir a por él. En resumen, que, si puedo evitarlo, no vuelvo a perder más mi tiempo con este autor. No sé si lo ganará, pero un firme candidato a peor libro leído este año.

 

Nota: 1

Nota goodreads: 3.12/5 

lunes, 20 de septiembre de 2021

El tango de la Guardia Vieja

Pérez-Reverte tiende a ser un autor que leo con gusto, y si además me viene uno de sus libros en la Cesta’13 (#50), pues no le haremos un feo.

Título: El tango de la Guardia Vieja

Autor: Arturo Pérez-Reverte

“«Una pareja de jóvenes apuestos, acuciados por pasiones urgentes como la vida, se mira a los ojos al bailar un tango aún no escrito, en el salón silencioso y desierto de un transatlántico que navega en la noche. Trazando sin saberlo, al moverse abrazados, la rúbrica de un mundo irreal cuyas luces fatigadas empiezan a apagarse para siempre.»
Un extraño desafío entre dos músicos, que lleva a uno de ellos a Buenos Aires en 1928; un asunto de espionaje en la Riviera francesa durante la Guerra Civil española; una inquietante partida de ajedrez en el Sorrento de los años sesenta...

El tango de la Guardia Vieja narra con pulso admirable una turbia y apasionada historia de amor, traiciones e intrigas, que se prolonga durante cuatro décadas a través de un siglo convulso y fascinante, entre la luz crepuscular de una época que se extingue.”

Como siempre, uno nunca sabe qué esperar al abrir un libro de este autor. Toca todos los palos y tiende a hacerlo con talento. ¿Será de gánsteres? ¿Mucha historia? ¿Aventuras épicas? Aquí tenemos una historia de amor a la antigua usanza, con personajes que denotan cierto regusto añejo, de cómo se contaban las cosas en la era dorada de Hollywood, con el glamuroso lujo de los potentados del momento, ávidos de saborear el exotismo de los locales sórdidos y peligrosos. Incluso se percibe cierto regocijo en esta manera anacrónica de relatar y sentir, pues el propio narrador –el protagonista, que recuerda como fueron las cosas cuando era joven- comenta abundantes referencias a los relatos de Bogart de los años 40-50. Películas como El sueño eterno o Tener o no tener, se perciben como obvias influencias, tanto en el carácter de los personajes, la trascendencia de las pasiones o en las detalladas descripciones de los ambientes lujosos y las fiestas llenas de elegancia.


Como buen Bogart de época, tenemos al canalla Max Costa. Un dandy de los años 30, lleno de elegancia y savoir faire, seductor incansable y bailarín lleno de recursos, pero también gigoló, tomador y ladrón de guante blanco cuando la ocasión lo requiere. Es arrogante y orgulloso, capaz de escabullirse de cualquier situación a base de morro y palique. La influencia del cine negro y los vodeviles de la época es innegable, tanto en su carácter como en sus actos.

La indudable belleza causa de todas las vicisitudes de la trama es Mecha Izunza. Se aleja del tropo (tampoco mucho) de la mujer fatal, presentándote a una mujer que se sabe florero en sus funciones, pero al mismo tiempo maneja una agenda propia, ambiciosa en sus aspiraciones e implacable con sus decisiones, pero al mismo tiempo enamorada y llena de pasión. Como debe ser en estos casos, es una bailarina de primera, con una belleza exótica por la que los hombres se derriten, lo que le permite hacer lo que sea necesario para vivir mejor.


Para completar el inevitable trío amoroso, tenemos al pervertido
Armando de Troyes, un compositor de éxito de cartera abundante y un ego del tamaño de un portaaviones. Armado con la seguridad que otorga ser una celebridad, con el poderoso Don Dinero de su lado, hace y deshace a su antojo, con un par de secretos oscuros y detallitos enigmáticos que lo hacen más interesante. Se posiciona desde el segundo uno como el malvado de la historia, pero se hace curioso contemplar cómo, a medida que pasan las páginas, vas comprendiendo que, muy a su modo, es buena gente.

Los tres conforman un triángulo amoroso en el que todos se utilizan a todos. Se guardan aprecio, es patente que les importa el futuro de los demás, pero al mismo tiempo, no pueden evitar ser quienes son, comportándose egoístamente por su propio beneficio, sintiendo el dolor que causan, pero no pudiendo evitar las consecuencias de sus actos. No hay “buenos” en este libro, ni en el sentido de la moral ni en la virtud. Son personajes rotos, que lamentan sus errores, sin saber comportarse de otra manera que pisoteando a los que tienen la desgracia de pasar a su alrededor, con la consecuente tragedia que sucede a su paso. Quizás lo más sorprendente, son personajes tan humanamente falibles, que incluso se acaban haciendo simpáticos.

Como suele ocurrir en las novelas de Reverte, se documenta profusamente sobre los temas que ha de tratar, convirtiendo a veces el libro en un ensayo novelado sobre el tema, antes que una historia en sí. En este caso está muy bien equilibrado, justificando dentro de la trama todos los detalles que se nos aportan, sin que dé la impresión de que Pérez-Reverte esté fardando de lo mucho que se ha documentado.

Por un lado, tenemos mucho espacio dedicado a la historia del tango, desde sus orígenes a los porqués de la pasión que despierta y los sentimientos con los que se vive. Cada charla sobre el tema está introducida con talento. No se detiene la trama para “hacer una clase magistral al lector”, sino que su explicación viene dada de manera orgánica, con fragmentos bien hilvanados, que parecen estar para que los personajes aprendan todas las sutilezas del baile. Se adapta el tono y los conocimientos a los que tendría alguien de la época, dando a cada diálogo una verosimilitud inusual en estos casos.

Lo mismo ocurre cuando se describe el tenso ambiente de los torneos de ajedrez de Sorrento. Pérez-Reverte realiza un trabajo de orfebrería retratando cada detalle, tanto en las salas donde se juega como en las habitaciones donde (no) se descansa. Como alguien que se ha hallado en circunstancias similares, no puedo sino felicitar lo bien que se ha captado la atmósfera, con todos los posibles personajes que podrías encontrar representados con mimo y acierto. Se palpa la tensión en cada jugada, las reacciones de los espectadores son las reales y todo el teatro entre bambalinas recuerda mucho al que tendría cualquier jugador entre rondas.

Su compleja arquitectura narrativa está llena de detalles y pinceladas de cada época, con un tono marcadamente distintivo en cada momento temporal. Por ello, se hace difícil leer este libro rápidamente. Las páginas no fluyen, sino que requiere cierto esfuerzo mental por ver el progreso a lo largo de la historia. No se llega a hacer pesado, pero -permítanme la licencia- es como bailar un tango, tienes que empujar el texto, sintiendo su tensión a medida que se desliza lentamente de una página a otra….

Tenemos tres partes bien diferenciadas:

Primero empezamos a principios de los años treinta, en un crucero de lujo que luego conducirá a las peligrosas calles de Buenos Aires. Conocemos aquí a todos los personajes, que disfrutan del riesgo de los amores prohibidos, jugándose quizás más de lo que sería conveniente en cada baile. El tango, la decadencia y las traiciones personales dominan esta parte, con especial incisión en los pervertidos antros de la capital argentina, donde todo está permitido si uno está dispuesto a poner en juego su vida.

La segunda parte nos sitúa en Niza, a finales de la Guerra Civil española. Nuestro protagonista se ve implicado en una trama de espías donde está en juego el destino de la guerra. Como no puede ser de otra manera, Mecha está también implicada en el percal, lo que le añade un nuevo punto de tensión a una pequeña historia muy intensa llena de intrigas, traiciones y, sobretodo, la sensación de que el mundo que conocemos (que nuestros personajes han conocido) llega a su fin.

Finalmente, nos hallaremos en los años 60, bien entrada la guerra fría, enfrascados en un torneo de ajedrez en el que, por azares de la vida se vuelven a reunir nuestros enamorados personajes. Además de toda la intriga por el devenir del torneo, en el que el honor de los dos mundos del momento se pone en juego, nuestros personajes dudan entre darse una nueva oportunidad que quizás sea la definitiva, reflexionando sobre el sacrificio personal, la nostalgia por lo que fue y lo que pudo ser, mientras los pecados del pasado atrapan a cada uno de los personajes.

A lo largo de todas las páginas se desarrollan múltiples líneas argumentales, que se entrelazan con fuerza, con el tiempo influyendo en las decisiones que se toman, lo que comporta un desarrollo complejo, pero enhebrado con talento. El propio autor da la imagen perfecta de ello, pues uno de sus personajes llega a comparar la relación que se produce como una partida de ajedrez a distancia, en la que ambos jugadores están continuamente adivinando el siguiente movimiento de su contrincante y adelantándose a su reacción, con las consecuencias no tan obvias de sus actos.

Tanto cambio de ambiente provoca que sea difícil de incluir en un género. Está claro que es una novela histórica, pero tenemos presencia muy clara de romance, erotismo y thriller. Eso sí, siempre escrito con mimo, acción bien pensada y algunos aciertos realmente inventivos (el tango sin música es asombroso). Claro que al picotear en tantos géneros el conjunto no es del todo perfecto, necesitando el esfuerzo del lector para juntar todas las piezas. No se trata de un libro que leer distraídamente, sino que obliga a que pongas tu atención (tampoco nos pasemos, ojo) en lo que estás leyendo.

Uno de los detalles que más me gusta es el tema de fondo –ya recurrente en el autor- de “la guardia vieja”, esos personajes orgullosamente anacrónicos, que mantienen el honor de unos tiempos que ya se fueron. Tercos como mulas, mantienen su “decencia” que quizás es incomprensible, mezclando cierta ternura con algo de caspa, como últimos representantes de cuando las cosas eran “de verdad”. Otro tema recurrente en el libro es las continuas reflexiones que los personajes van dejando caer sobre cómo nuestras decisiones influyen en nuestra vida, en nuestro carácter y las cosas que son, especialmente cuando los tiempos cambian y lo que fue, ya no es y no se sabe si será.

Como no puede ser de otra manera, el desenlace SPOILER juega con el afán del protagonista de ser el héroe de leyenda, ese ser trágico, incomprendido, que se impide a sí mismo encontrar una recompensa por sus denodados esfuerzos. Mecha le llega a decir que se permita ser feliz, aunque sea por unos pocos años, pero, ¡ay! Max se toma las circunstancias como una señal de que lo debe es sacrificarse teatralmente por su dama, como han hecho siempre los Bogart de todo el mundo. FIN SPOILER.

El tango de la guardia viaje es un libro que uno puede leer sin que le importe un pito ninguno de los personajes, apreciándolo como lo que es: un argumento complejo, majestuosamente trasladado a negro sobre blanco. Su mezcla de géneros puede ser algo desconcertante, pero contiene matices a apreciar y un aroma añejo que me ha resultado encantador (aunque otros pueden encontrar desagradable). La novela destila elegancia, repleta del estilo de Hollywood clásico y unos personajes de otra época. Pérez-Reverte les dota de una profundidad inesperada, les mueve por unas páginas llenas de descripciones vívidas y buen gusto al forjar cada frase. Contiene todos los tropos (buenos y malos) del autor, convirtiéndose en una propuesta MUY representativa de su estilo. Si éste es de tu agrado, probablemente disfrutarás. Si no lo es, mejor no te acerques.

 

 

Nota: 8

Nota goodreads: 3.84 

sábado, 3 de agosto de 2019

El manifiesto negro (Frederick Forsyth)


Más espías para el cuerpo, con otro de los autores clásicos del género. Otro libro de la Cesta’13 del que no apunto el número (si es que soy de lo que no hay ^^)

Título: El manifiesto negro
Autor: Frederick Forsyth
Título original: Icon
Traducción: Luis Murillo Fort

“Rusia, 1999. La otrora gran superpotencia zozobra en un mar de hiperinflación, caos económico y criminalidad. Las elecciones se aproximan y una sola voz carismática resuena en todo el país. Igor Komárov, líder derechista, promete reformar la moneda, acabar con el crimen, eliminar la corrupción y devolver la gloria a Rusia. Pero los dirigentes occidentales se ven conmocionados cuando llega a sus manos un documento secreto del que se desprende que Komárov no es el salvador de la nación, sino un nuevo Hitler. Oficialmente, occidente no puede hacer nada, pero un grupo de prohombres angloamericanos decide no quedarse impasibles viendo como la historia se repite.”

Este libro se escribió a principios de los noventa situando la historia en un futuro cercano, concretamente en 1999. El telón de acero había caído en fechas recientes, por lo que el planteamiento de la novela se sitúa a modo de “¿qué pasaría sí…?”. Cuando revisamos este futuro desde nuestra órbita actual, veinte años después de la fecha límite, vemos que no se acercó en demasía, pero tiene su gracia como ejercicio de retrospectiva, a la hora de entender cómo se veía el mundo en 1993. La verdad es que el planteamiento de la obra es muy inverosímil, lo que te obliga a tragarte muchos sapos para dar por válido el escenario inicial, superando ampliamente obras similares como El cuarto protocolo (el más fantasma que había leído de Forsyth, que curiosamente comparte algún personaje envejecido en el tiempo. Por otro lado, una vez has puesto los ojos en blanco unas cuantas veces y empieza el baile, la ejecución es ciertamente impecable. Forsyth tendrá sus sesgos (descomunales), pero lo que es escribir, crear tensión y momentos molones, lo domina con soltura.


Forsyth es un autor al que conozco desde hace tiempo, no en vano crecí con varias de sus obras como mis entretenimientos más absorbentes de mi adolescencia: Chacal, la alternativa del diablo o El cuarto protocolo eran mostrencos que tardaba meses en leer, pero en los que me sumergía con avidez y sin cansarme. Aunque sus obras recientes han cambiado un poco su esquema de trabajo, (casi) siempre se dividen en dos partes muy diferenciadas. Una primera muy basada en política de grandes nombres, en la que se te explican todos los prolegómenos que llevan a la necesidad de una operación y las implicaciones que tendría su fracaso. Suele ser lenta y sesuda, para que el escenario quede claro y diáfano, haciéndose lenta para el estómago de muchos. Posteriormente, la segunda se dedica a la ejecución de estos planes, dirigida hacia la protección del mundo libre y la destrucción de los enemigos de la civilización y tal. Ésta segunda parte contrasta con la anterior, porque se basa casi en la acción pura, poniendo en marcha todos los planes trazados, afrontando todos los imprevistos que salen, contando habitualmente con un clímax la mar de molón. Para que os hagáis una idea, puede que tardes un mes en pasar la planificación, pero tres días en la ejecución, siendo ambas partes de la misma longitud. No obstante, a mí me encantan ambas en su diferencia.

Además de sus derivas ideológicas, el peor aspecto de escritor estadounidense reside en sus personajes. Son abundantes y diferenciados, pero son puro estereotipo. En ningún momento están mal diseñados, las incoherencias no existen y cada uno de ellos está en su sitio, pero responden a cuestiones meramente funcionales: aquí necesito un héroe perfecto (el espía Jason Monk), protegido por un burócrata de moral impecable (el aristócrata Nigel Irvine), para luchar contra un malo maloso megalomaníaco (el presidente Igor Komarov) y su secuaz que le hace el trabajo sucio (exjefe de la KGB Nikolai Grishnin). Y ahí está toda la caractericación. La demonización de los malos es TAN bestia y los buenos son TAN buenos que, a veces, puede hacerse algo irritante. Básicamente, para Forsyth Occidente es el bien y el Este el mal; los rusos son todos unos corruptos, los británicos y los estadounidenses luchan por límpidos ideales (menos los agentes dobles rusos, claro) y así todo el rato. Además, como cada vez que hay un personaje nuevo, se nos hace un resumen de 5-6 páginas de su vida, podemos comprobar como el patrón se repite con claridad meridiana.


Y es que la ideología de Forsyth es uno de los aspectos del autor que más puede indigestar al lector desprevenido. Firme defensor del establisment estadounidense, plantea sin sonrojarse que personajes George Bush (padre) y Margaret Tatcher se alcen como adalides de la humanidad, en los que EEUU y el RU son los mayores garantes del pueblo libre y el bienestar mundial, aceptando su derecho a tirar abajo gobiernos de otros países por intereses “patrióticos” de extremada pureza, sin atisbo de intereses personales. Estoy seguro de que en otros libros se lo he comprado sin problemas, ya sea porque me pillaba demasiado lejos en el tiempo, o porque proponía temas demasiado fuera de la realidad, pero tragarme este sapo me ha costado lo suyo. Por otro lado, me encanta la clara diferencia del “gobierno en la sombra” que plantea Forsyth con ejercicios similares de otros autores como Tom Clancy. Forsyth hace que FUNCIONE, con una desbordante profusión de detalles y una atmósfera de “detrás del escenario” muy bien conseguida. 

En inglés, el libro se llama Icon (Icono), pues su propuesta para concluir el libro se basa en la propia creación de un Icono que una a todos los rusos (un pueblo diverso en cultura, folklore y tradiciones) en pos de un objetivo común, para evitar fragmetnaciones internas que darían lugar a inevitables genocidios. Un poco a lo bruto, pero se basa en crear el concepto del Reino Unido que mantiene a Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte juntas, igual con Bélgica con Flandes y Valonia, o tal como funcionó (a su modo) con en la Yugoslavia de Tito con todos los nuevos países de los Balcanes. La solución que nuestros súper-espías encuentran es una fumada de las gordas, pero reconozco que me ha hecho especial gracia, con una reflexión inesperada sobre la función de las banderas y el patriotismo en la que nunca me había parado a pensar.



Se trata, pues, de un libro con todas lo bueno y lo malo de este autor. Un lector desprevenido tendrá dificultades para superar sus primeras 250 plenamente descriptivas o las derivas políticas del autor. Para muchos, un precio a pagar demasiado grande a cambio de las excitantes 200 páginas finales, siempre repletas de pura adrenalina. Por lo que a mí respecta, tiendo a disfrutar con ganas de sus libros, tanto con sus James Bond como con sus eternas descripciones de política ficción. Tanto al hacer conspiraciones como novelas de espías, este hombre siempre me satisface. En este caso, el planteamiento es TAN inverosímil que me ha costado entrar en el libro, pero una vez dentro, no negaré haber disfrutado como un enano. Si ya lo conocéis y os agrada su estilo, El manifiesto negro es un entretenimiento bien válido. Un profano puede tirar el libro por la ventana bien rápido, pero bueno, este hombre es como es.

Nota: 7
Nota goodreads: 3.92/5