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domingo, 28 de junio de 2026

Juego de Tronos

¿Desde hace cuánto que no se pasaba una serie por aquí? Bueno ya que nos ponemos, vamos con el fenómeno más gordo de los últimos quince años. A estas alturas se han dicho tantas cosas que no es que vaya a molestarme mucho en profundizar ni añadir nada que no sepáis, simplemente comentaré haré un viaje general con lo mucho que me gustó y un puñado de las cosas que me llamaron la atención a lo largo de estos años.

El argumento no os pillará de sorpresa. En las Tierras de Poniente, el dirigente de una de las regiones de los Siete Reinos es convocado por el Rey para que investigue una conspiración en su contra, trasladándose con toda su familia. Rápidamente las cosas se irán de madre, empezando un Juego de Tronos (jé) en que todo está en el aire y nunca se sabe cómo acabarán las cosas.

Así, empezamos una historia de fantasía épica repleta de conspiraciones, traiciones, batallas y todos los momentos molables que uno pudiera imaginar. Tanto en los libros en los que se basa como las temporadas, las primeras cuatro entregas son magníficas tanto en desarrollo argumental como en gestión de personajes. Sin embargo, se guarda un par de giritos inusuales (en aquel momento) que elevaban la expectación generada hasta el infinito y más allá, provocando que tuviera un éxito desmesurado en todos los sentidos.

Primero, no había buenos y malos. Sí, había personajes más éticamente correctos y otros bastante deleznables, pero no se realiza un enfoque de buenos y malos. Como si de un spokon se tratara, aquí tenemos diversos equipos (las casas nobles que luchan por el poder) en las que todas (y ninguna) tiene parte de razón y muchas ganas de triunfar. Así, era fácil tomar partido por una de ellas y disfrutar de la competición con ellas, como si del fútbol se tratara. Durante años, los diálogos de “Yo, de los Lannister” ”Bah, los Stark son unos aburridos”, etc. Fueron más que habituales, dando pie a mucho rato de diversión y debate con el resto de gente que estuviera viendo la serie. Cada  casa tenía su grupo de fans y eso era algo que no habíamos visto nunca.

Y luego estaba la puesta en escena: Nunca habíamos visto nada igual. Un despliegue de medios  del que sólo disfrutaban las películas con presupuestos más desmesurados. Cientos de extras, armaduras labradas por doquier, escenarios de primera línea repartidos por todo el mundo y efectos especiales a la última. Todo se gastaba a lo grande y con criterio. Cada capítulo se convertía en una experiencia barroca y deslumbrante con la que gozar en todos los sentidos.

Además, las primeras cuatro temporadas contaban con ellos estupendos libros de George R. R. Martin que, con sus cositas, se fueron adaptando a una temporada por libro. Contaban con diálogos llenos de sustancia, personajes tridimensionales a los que amar y odiar por partes iguales y, sobretodo, un sentido de la trama en la que todo bullía a fuego lento estallando en una serie de momentazos que se convertían al instante en hitos de la cultura popular. Cada temporada tenía lo suyo: las cosas que se hacen por amor, el primer Drakaris, la ejecución, la boda roja (y la violeta), la defensa del Aguasnegras y – mi favorito – el juicio por combate.

El problema llega cuando se agotan los libros y Martin todavía no había sacado el quinto (que fue Danza de Dragones), con lo que los guionistas tomaron la decisión de improvisar. Se supone que de acuerdo con Martin, pero pronto se supo que cada historia tomaría rumbos bien distintos. Esto tuvo como consecuencia que Juego de Tronos pasó a comportarse como una serie más convencional, fantasbulosa y barroca, pero que transcurría por cauces menos rompedores. La calidad se resintió, pero como se continuaban con las tramas ya desarrolladas previamente, sirvió para que aumentaran los golpes de efecto, como la destrucción del Septo o la Batalla de los Bastardos. Lo que sí se notó es que la serie ganaba velocidad: los personajes se teletransportaban de un lado al otro del Reino cuando antes tardaban capítulos en llegar (lo que se traducía en tiempo “real” dentro de la serie), provocando un efecto extraño. Esta bajada hacia la convencionalidad se notó especialmente en sus dos últimas temporadas, ya con tramas propias que habían derivado en un Dungeons’n’Dragons supervitaminado que poco tenía que ver con el espectáculo que empezó. Por lo menos contiene la mascare de Desembarco del Rey y muchos padres traumatizados por los nombres que han puesto a sus hijas.



Sabiendo que se iban a dejar un pastizal enorme en la puesta en escena, se escogió a un montón de actores desconocidos para la mayoría de personajes. Con la obvia excepción de los protagonistas que nos acompañarían a lo largo de las siete temporadas (como Sean Bean o Lena Headley), prácticamente nadie conocía a Peter Dinklage, Kit Harrington o Maisie Williams. La mayoría de ellos han aprovechado su fama durante los años siguientes, pero ninguno ha sido capaz de hacer un papel que haya perdurado (casi) en lo más mínimo, habiendo vuelto al anonimato salvo en las convenciones de fans. Este acompañamiento a lo largo de los diez años que ha durado la serie nos ha permitido ver cómo han ido creciendo y madurando, algo especialmente impactante en el caso de los que empezaron siendo niños y acabaron siendo veinteañeros como Maisie Williams o Isaac Hempstead-Wright.

La fiebre de Juego de Tronos llegó a niveles sorprendentes. Desde entonces no se ha vuelto a repetir una serie en la que “todo” el mundo estuviera atentísimo al capítulo de la semana que no te podías perder de ninguna de las maneras. Es que ni siquiera lo podías comentar en la cantina del trabajo sin que te cayeran protestas desde la mesa de al lado porque alguno no se había levantado a las 5 de la mañana para ver el capítulo antes de entrar a trabajar. En un primer momento, deslumbrados por el poderío de la serie y, posteriormente, para ver cómo terminaba este cacao, cada año y medio teníamos dos meses en los que el mundo se paraba y toda la atención se fijaba en las Tierras de Poniente.

 ¡Ay, el final! Sin llegar a los enfados por el desenlace de Lost, toda la última temporada supuso una bajona de tal calibre que se convirtió en meme por derecho propio. En ocho capítulos se puso el turbo-boost sin mirar atrás, cerrando tramas desarrolladas durante años en minutos como si no hubiera un mañana. Un chimpún y a otra cosa a temas en los que estaba en juego el destino del Universo, con agravios y rencores irreconciliables que se tornaban rencillas a la mar. Por lo menos nos dio la destrucción de Desembarco del Rey y el genocida más inesperado (jé) de aquellos cuya comprensión lectora brilla por su ausencia. Siendo una chufla apresurada con poco gravitas y no mucha coherencia, a mí no me parece tan catastrófico como se suele considerar, vista la tendencia que había cogido la serie en los últimos años. Cierra con pocos cabos sueltos y, si te haces un poco el tonto con algunos temas, sostiene con un mínimo de dignidad el pifostio en el que se habían metido los “imaginativos” guionistas, cerrando así el Juego de Tronos con algo parecido a un ganador. Cuentan por ahí que los Showrunners estaban más pendientes de una futura serie de Star Wars (que se acabó por cancelar) que iban a hacer a continuación que en realizar la última temporada de la serie y que fueron Kit Harrington y Emilia Clarke los que tuvieron que tomar las riendas del proyecto y hacer lo que pudieron para sacar adelante la temporada. Y bueno, salió lo que salió. No creo que sea verdad, pero me gusta la idea.

En fin, esto no impide que Juego de Tronos haya sido la serie de su época. No sólo eclipsaba cualquier otra producción sino que sigue siendo la referencia para cuando un proyecto quiere venirse arriba y estamparse a lo grande. Un viaje estupendo con el que gozar horas y horas, con golpes de efecto inolvidables, personajazos por doquier y miles de teorías con las que disfrutamos debatir. El final fue un poco meh, pero el viaje vale la pena de sobras.

 

Nota: 10 (A pesar de todo, uno lo ha gozado como lo ha gozado).

Nota filmaffinity: 8.5

 

  

viernes, 31 de mayo de 2024

Doctor Extraño en el Multiverso de la Locura

Como podéis leer AQUÍ, Dr. Extraño fue una película que pilló a muchos a contrapie y, esperando una mala película, se encontraron un entretenimiento bastante bien parido. Después de estar de secundario aquí y allá (al más puro estilo Marvel), le tocó el turno de tener su segunda película de protagonista.

Nos situamos un poco después del Lapso y de los incidentes de La bruja escarlata y Visión. El Dr. Extraño sigue con sus crisis existenciales, y un día conoce a América Chaves, una chica que dice venir de otro Universo. Por su parte, Wanda Maximoff, que no lleva muy bien la desaparición de la Visión, encuentra en América una manera de recuperar a sus hijos perdidos, aunque probablemente sea a costa de la vida de la recién llegada. Como no puede ser de otra manera, ambos magos se enfrentarán para imponer su opinión sobre qué hacer, con destructivas consecuencias con la gente que hay alrededor.

Lo que llama la atención casi desde un primer momento es que esta vez hay un autor tras las cámaras. Sam Raimi tiene una carrera bien larga en la que ha dejado claro que es un director con imaginación, que sabe gestionar superproducciones exitosas y que no le gusta que desde arriba le toquen las narices. Obvio es, entonces, encontrar aquí una de las propuestas más personales y diferentes de la franquicia. Como buen veterano del terror y del gore más imaginativo, Dr. Extraño y el Multiverso de la locura se acerca por momentos a una película de terror de súpers, con bichos viscosos, muertes brutotas (y que se ven en pantalla) y gamberradas poco habituales. Aprovecha el músculo de los estudios para crear un mundo bastante tenebroso, distintivo desde el primer momento, que se acerca por momentos a una calificación +18 (la entrada de Wanda en el templo, los Illuminati o el momento zombie, escenas que no habríamos esperado ver 5-6 años antes en la franquicia).

El principal problema de la película es que se hace necesario haber hecho los deberes para entender lo que ocurre. Es algo cada vez más característico del MCU y que echa para atrás cada vez a más gente. Si no estás al día de lo que se cuece en el resto de películas, te pierdes la mitad de un planteamiento que no se molestan en explicar. Especialmente sangrante es el caso de Wanda, pues si no has visto La bruja escarlata y Visión para entender de qué va la vaina, y no hay tanta gente que se haya detenido en la serie de Disney+.

Pero bueno, si conoces lo que ocurre o eres capaz de asumir que hay cosas que te has perdido, te espera una película tremendamente disfrutable. La trama avanza a buen ritmo, sabe ser variada en sus escenas y se guarda un puñado de momentazos que son puro gustazo para la diversión Pulp más gratuita. Toda la pelea con los Iluminatti, la boda inicial, el duelo de música o el momento zombie son escenas que sólo se le ocurrirían a Raimi y, aunque sea simplemente por eso, ya vale la pena disfrutar de la película. Cuando el cómic se pone bien en movimiento, sólo nos queda disfrutar ^^.

Otra cuestión es la presentación y el uso de la propia América Chaves. No sólo es que no la hayan vuelto a sacar a pasear desde entonces (y ya van un buen puñado de proyectos en que podría haber salido), es que se supone que ésta es la película en la que debe lucirse y… ¿no hace apenas nada? Se la podría haber sustituido por un cetro bonito y no habríamos visto muchas diferencias. La actriz Xochitl Gómez hace lo que puede con lo que le dan, pero es que es tan poco…Cosa diferente es el resto de personajes, Benedict Cubmerbatch o Elizabeth Olsen (por ejemplo) tienen mucha más chicha con la que jugar, y se nota.  

Los efectos especiales adolecen del mismo problema de los últimos años dentro de la franquicia: Su irregularidad. Hay escenas que molan y denotan buen hacer mientras que en otras les entraron las prisas y tuvieron que cerrar a toda velocidad, con obvios resultados. A veces en escenas consecutivas y todo. Los problemas de Marvel y sus tiempos, pero bueno… Lo que sí tiene esta película – gracias a su director – es personalidad. A los cinco minutos puedes ver que hay alguien con criterio tras los mandos y se perciben que decisiones fueron tomadas (mejor o peor, pero no surgidas de un comité de economistas). Visualmente, la película luce mejor incluso que su antecesora, que ya fue de las más impresionantes de su ciclo.


Una de las quejas que más pone de acuerdo al público es el poco “multiverso” que tiene este “multiverso de la locura”. Más allá de un momento lisérgico muy cortito, apenas se visita un par de lados, centrándose principalmente en el Universo de los Illuminatti, que además tienen un final un poco cutrillo (total, tocaba que la Bruja Escarlata molara por todos lados).  Se puede tocar ese tema mucho mejor, como hemos visto en un buen puñado de ejemplos posteriores.

Y, finalmente, sorprende el poco calado de la película en el MCU, a pesar del bombazo en taquilla.  Presentas a América, a Cléa y un montón de cosas más y, ¿lo dejas todo en barbecho? A ver, el MCU estaba en un período expansivo en que sólo querían meter todos los personajes posibles y luego “ya veríamos que pasa” que ha provocado que el universo se tire un año en barbecho. Pero bueno, cosas de la franquicia. Ya recuperará el timón (o no).

Así, esta segunda entrega centrada en las vicisitudes del mago más poderoso del MCU vuelve a ser una fantasía visual, que se lanza a la aventura con toda la fuerza del cómic y se permite un buen torrente de momentos molones. Equilibra bien los chistacos con las escenas más siniestrillas y provee del gozoso entretenimiento que deseamos en una película de este calibre. Abría la puerta a un camino que, por lo que sea, se decidió no cursar.

 

Nota: 7

Nota filmaffinity: 6.4 

viernes, 14 de octubre de 2022

Trueno (Neal Shusterman)

Y se acabó la trilogía. Sabiendo que los dos anteriores habían gustado y se disponía del desenlace, pues démosle al vicio, démosle.

Titulo: Trueno

Autor: Neal Shusterman

Título original: The Toll (el peaje)

Traducción: Pilar Ramírez Tello

“Todo cambió hace tres años: fue entonces cuando Anastasia y Lucifer desaparecieron; cuando el segador Goddard llegó al poder; cuando el Nimbo retiró la palabra a toda la humanidad, menos a Grayson Tolliver. En este impactante desenlace de El arco de la Guadaña, la trilogía que Neal Shusterman comenzó con Siega, se pondrán a prueba las lealtades y reaparecerán viejos amigos. Pero el rugir del trueno siempre es el preludio de la tormenta, y puede que el ruido del cambio ya haya empezado a resonar entre los portadores de la muerte.”

Lo primero a destacar es el sentimiento de despedida habitual cuando finalizo una trilogía o una saga de libros similar. Puede que algún día me acerque de nuevo a estos personajes, pero lo más probable es que no vaya a repetir, por lo que se echará de menos a este puñado de seres que me ha acompañado durante tantas horas.

¿Y el final está a la altura de lo que venía prometiendo anteriormente? Pues vaya sí lo está. Empezando de lo peor a lo mejor, esta tercera entrega agrava el problema que venía arrastrando de presentar un elemento inusual o novedoso del universo justo en el momento que es requerido para las necesidades del guión. La solución se genera al momento, sin importar que pudiera haber sido relevante en un momento previo, ni nadie lo haya mencionado anteriormente. Es fácil notar, entonces, que la coherencia del universo disminuye, abandonando cualquier  pretensión de ciencia-ficción. Ahora lo que impera es la aventura y la diversión, pues se abraza la fantasía (futurista, si te hace ilusión, pero fantasía) sin hacer el más mínimo intento en buscar la verosimilitud.

Asimismo, el desarrollo de los personajes brilla por su ausencia. Allá donde se quedaron en la última actualización, allí están. Los buenos son todos muy buenos, y los malos muy malos, sin otra motivación que ser el malo. No es el mejor aspecto del libro, no.

Otro detalle que puede descolocar es el fragmentado inicio. En partes de la trama han pasado unos tres años, en otras apenas uno, y así con todo. No hay nada que te indique explícitamente cuando estás, por lo que se vuelve confuso. Una vez pillas el juego, pues tiene su punto (eres testigo de las consecuencias de algunas acciones que pasarán páginas después), pero mucho lector poco atento se puede despistar.

Pero bueno, no todo es malo en este libro. He comentado antes que me ha gustado y es que está escrito con ingenio.

Primero de todo, hay que destacar al NIMBO. A lo largo de las páginas (ya desde el libro anterior), la IA va sufriendo una transformación y se va volviendo un personaje “activo” a desarrollar. Realmente, es el único que tiene arco de evolución y se hace interesante. Contempla al ser humano desde su inhumanidad y busca lo mejor para aquellos que cuida, a pesar de sus decepciones y la (casi) paranoia en la que se mueve. Tiene un plan trazado, que se desarrolla según lo previsto, aunque la verdad es que ni él mismo sabe cuál es. Si en el anterior libro era un hallazgo refrescante, aquí roba la mitad del libro con todo el derecho.

Puede que los personajes no estén especialmente bien trazados, pero la trama sí que lo está. Cuando tiene que meter caña, la mete, cuando tiene que dejar reposar el suflé, sabe hacerlo, manteniendo en todo momento la intriga sobre el plan del NIMBO, las intenciones de Goddard y los secretos de la Guadaña. Y claro, cuando llegamos al final, es un WOW muy bien metido. Le da una vuelta de tuerca a todo lo que crees que tenías implícito de la sociedad de los Segadores. A posteriori, cobra el sentido, en un ejercicio espléndidamente bien hilado, que sorprende sin por ello ser tramposo. El sabor de boca que deja es muy bueno. Eso sí, quizás no hacía falta emparejar a todo el mundo como si no hubiera un mañana en las últimas 10 páginas ^^.

Ah, y los interludios. En este caso descolocan un poco, pues en esta entrega pertenecen a una especie de textos sagrados de una religión surgida en torno al Trueno (a modo de Antiguo Testamento, o similar) en algunos casos. En otros, contiene los comentarios de un “estudioso” de miles de años en el futuro, que intenta desentrañar los hechos descritos, dándole una interpretación de acuerdo con lo (poco) que sabe de cómo era la sociedad de la Guadaña. Me encanta como se crea una cosmogonía en que rememoran con una interpretación mitológica los hechos “reales” que estamos leyendo justo en ese momento.


Al perder el tono de ciencia-ficción que mantenía anteriormente, uno pudiera pensar que la crítica social y los debates políticos quedan atrás. La verdad es que no es así. Si acaso se pierde sutileza y se recalcan con más énfasis, pero los comentarios sobre los errores de la sociedad humana se dejan caer (casi) continuamente. Pero bueno, esto no impide que la historia fluya agradablemente, estando ambos aspectos perfectamente equilibrados, ninguno de ellos se come al otro.

Ahí reside lo mejor de todo. El libro pasa con una facilidad pasmosa. Sabe mantener la intriga para que devores las páginas como nada. Decir que la “saga de la Guadaña” es viciante y sorprendente no se acercaría a la realidad. Con Trueno, Neal Shusterman ha hecho un trabajo mucho más meritorio que simplemente acabar la historia. El libro tres, como toda la saga, ha sido una experiencia gozosa y original.

Con sus errorcillos, y cierta impresión de que se podría haber hecho más, pero es tan divertida y pasa con tanta facilidad que tampoco importa mucho. Trueno concluye una saga de lo más entretenida, que se bebe en un santiamén pese a su longitud. Muy recomendable si estás en un atasco lector.

 

Nota: 8

Nota goodreads: 4.24/5 

viernes, 8 de julio de 2022

Cristal Oscuro

Jim Henson es uno de las leyendas dentro del marionetismo, creando gran cantidad de mundos fantásticos para los más pequeños allá por los 80. A raíz del especial de Todopoderosos que le dedicaron a su figura, le eché un ojo a esta película, el único de sus trabajos a los que no había echado el ojo.

Este mundo fantástico llamado Thra está gobernado por los crueles Skekses, seres parecidos a buitres que mantienen aterrorizada a la población. Una profecía proclama que los Gelfings podrán reparar el Cristal Oscuro, acabando con el reinado del miedo de los Skekses, por lo que estos últimos ordenan acabar con los pacíficos Gelfings. Será tarea de Jen, el último superviviente de su especie, cumplir la profecía y acabar con el mal para siempre.

Cuentan que Henson perdió mucho dinero con esta película y no es para menos. Se nota un derroche de imaginación apabullante, contando una historia perfectamente reconocible sin necesidad de tener ningún humano en pantalla. A base de marionetas, se da vida a un Universo entero, creíble y palpable. Puede que la historia no sea nada del otro mundo, pero sirve como excusa para alardear de efectos especiales, decorados tenebrosos y personajes estrambóticos. El esfuerzo por su puesta en escena se come al argumento, pero el resultado es impresionante: el sucio banquete palaciego de los Skekses, en el que estos seres repugnantes tienen una hilarante pitanza de Podlings todavía vivos mientras conspiran unos contra otros, la secuencia onírica de Jen  o la visita a la madriguera de la bruja (y la pelea posterior) brillan en la memoria, justificando de sobras la atención y el esfuerzo del espectador.

La influencia de Tolkien en la trama que se nos cuenta es bien obvia, mostrando una lucha entre el bien y el mal muy del estilo del fantástico autor, con un improbable héroe débil y pequeño y el añejo sabor de las historias clásicas. Henson le da un toque más oscuro, poblando su mundo de criaturas tétricas y malvadas, sin esconder la masacre que los Gelfin sufren en la película, pero el punto de partida es claro y notable. 


Tanto esfuerzo no oculta una serie de problemas. El principal de ellos es el típico de los cuentos de terror para niños. Acaban siendo demasiado terroríficos para que se los puedas poner a los retoños de la casa, pero demasiado infantiles para quién tenga el estómago más curtido. Así pues, se hace difícil encontrar un público objetivo afín a la película. Además, el argumento avanza a un ritmo extrañamente lento, llegando a provocar que una película que apenas llega a los 90 minutos se haga larga. Además, no acaba de pasar nada especialmente interesante en ningún momento de la película. Sí, los buenos hacen sus cosas, los malos las suyas, pero no encontramos rastro de la locura desnortada que caracteriza a las obras de Henson. Aquí parece querer hacer una obra épica más centrada y se pasa tres pueblos de seria, lo cual no suele ser la mejor idea para un público infantil.

El primer desembarco de Henson en el largometraje comete un error muy grave: No es divertida. El barroco despliegue visual deslumbra en primera instancia y se le pueden poner muy pocos peros (o ninguno), demostrando un talento inusual en la puesta en escena. Sin embargo, no compensa una historia algo manida y un ritmo bastante inexistente. Henson toma buena nota de esto y, en otras obras posteriores como Dentro del Laberinto, corrige sus defectos y nos brinda obras mucho más disfrutables. 


Igualmente, una película para ver, aunque sea para poder disfrutar del talento de un marionetista único, gozando de libertad absoluta y un presupuesto holgado para hacer la película que le da la gana.

 

Nota: 5

Nota filmaffinity: 7.0

 

viernes, 13 de mayo de 2022

Paprika

Y ahora, para acabar por fin con la ronda de películas de Satoshi Kon (tenéis que verlas todas, y punto): Paprika. Esta especia es un éxito completo, con resultados soberbios en todos los apartados: Argumento, personajes, diseño, colorido, animación… Provoca el entusiasmo y la euforia de todos aquellos que gusten de dejarse llevar por este universo de escala fantástica, desafiando las reglas de la lógica y flirteando con la locura. ¡Desde el momento en que el color aparece… “It’s showtime!”.

A pesar de las reticencias de muchos a quitarse prejuicios, es obligatorio recordar: Una película de animación no quiere decir para niños. En sus ocurrencias, la complejidad de su intriga, el vértigo de su clímax, Paprika se dirige evidentemente a un público adulto. El tema a tratar no es precisamente una novedad: la frontera cada vez más tenue entre la realidad y la imaginación. Pero es en propuestas como ésta en las que la acción real encuentra sus límites – salvo quizás en casa de los más grandes – mientras que la animación se encuentra a sus anchas: Inventiva visual a cada momento, desfile de colores y locuras frente a nuestros ojos asombrados, que nos hacen pasar por un abanico de sensaciones en un abrir y cerrar de ojos. A la vez divertida, sorprendente, trágica, inquietante, Paprika brilla con mil luces, explora mil pistas, manteniendo el rumbo, mientras nos emocionamos con el destino de los personajes. Como un espectáculo total, la película de Satoshi Kon reside en la flor y nata de los animes.

Nos situamos en un futuro no especialmente lejano. El Dr. Tokita ha inventado una máquina, el DC Mini, que permite introducirnos en los sueños de las personas para sondear sus pensamientos y su inconsciente. Esta invención, evidentemente peligrosa, tiene por noble objetivo el tratar a los pacientes con problemas psicológicos. Tan pronto como se obtienen los primeros prototipos funcionales, es robado. Pronto, los científicos empiezan a volverse locos, confirmando que el DC Mini ha caído en malas manos, lo que peude tener consecuencias devastadoras para el mundo. La Dra. Atsuko Chiba, colega de Tokita, decide descubrir quién se esconde detrás de los robos, aventurándose dentro del mundo de los sueños, encarnando a su alter ego imaginario, la atrevida Paprika…

Si hay Satoshi Kon, hay calidad. La animación desborda imaginación, sorprendiendo a cada momento que pasamos en el mundo de los sueños. Nos vemos atrapados por un vórtice fascinante que ataca a nuestro subconsciente con señales, sonidos y palabras inescrutables (jé), en un torrente de creatividad, el absurdo onírico erige sus leyes, dando paso a la más perturbadora de las lógicas en un caos salvaje fuente de belleza. Tal como vimos años después en Origen (que se inspira // copia en gran medida de aquí), la realidad se rompe por completo para asombrarnos con el poder de los sueños. La fantasía que se nos muestra desborda nuestra capacidad de comprensión, abrumando nuestros sentidos ante la cantidad de cosas que suceden a la vez en la pantalla. Se hace necesaria ver la película más de una vez para poder apreciar todos los detalles. Escenas como el DESFILE son un desafío para el espectador (y una tortura para los pobres animadores), dignas del más sincero aplauso, un prodigio del diseño de personajes, fondos y acciones. Un portento de animación de vivos colores, notables contrastes y sorpresas escondidas en los rincones más inesperados.



Otra vez, tenemos una duración muy ajustada, que te lleva a mil por hora por un argumento que obliga a nuestro cerebro a echar humo si queremos entender (vana ilusión) todo lo que ocurre. En unos vertiginosos 90 minutos que desaparecen ante nuestros ojos, llegamos a un desenlace que culmina con brillantez una trama a la que no le falta ni le sobra ni medio segundo, dejándonos agotados en el asiento mientras intentamos procesar el viaje del que hemos sido testigos (no se puede explicar, ¡es pura fantasía!).

Mención aparte para dos escenas (de tantas): la no-violación que sufre la protagonista es MUY perturbadora. No quiero conocer (mucho) la mente de la que ha salido. Y bueno, el epílogo en las salas del cine, en el que se cita a sí mismo, en un recordatorio del amor por el cine que profesaba Kon, además del amargo reconocimiento que supone ver ahí la película en la que había empezado a trabajar y de la que era consciente que no llegaría a ver el final…

En fin, que tenemos otro prodigio de la imaginación – ya rutina con Satoshi Kon – que fascina allá por dónde va. Con una duración perfectamente afinada, supone 90 minutos de maravilla en la que la frontera entre realidad y sueño se funde de la manera más bella. Paprika es una fantástica película que pide ser vista una y otra vez para apreciar todo el mimo y toda la belleza de la que se ha impregnado cada fotograma. Eso, que la veáis.

 

Nota: 10

Nota filmaffinity: 7.3