Mostrando entradas con la etiqueta Bélico. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Bélico. Mostrar todas las entradas

domingo, 24 de mayo de 2026

Sin novedad en el frente

Sin novedad en el frente es una de mis películas bélicas favoritas, retratando como nadie la futilidad de la muerte de los jóvenes en guerras que sólo favorecen a los ricos por motivos espurios. Como muchas veces, cuando tienes un original (aunque tenga casi un siglo) TAN bueno, muchos – yo entre ellos – considerarán innecesaria la preparación de un remake.

Sin embargo, esta vez estamos en uno de esos pocos casos que, aunque innecesario, se trata de un remake que vale la pena. Básicamente, coge la misma premisa, pero la utiliza para hacer una película diferente. Claramente tiene un respeto enorme por la original, a la que utiliza como referente en tono e intenciones. Además, si encima te sale una película tan buena como ésta, pues menos quejas todavía.

El punto de partida es el mismo. Estamos en 1914 y estalla la IGM. Enforvorecidos por el patriotistmo y lo que creen que será una victoria aplastante y rápida, un grupo de amigos se alista en el ejército de su país (Alemania). El golpe de realidad que sufrirán se hará patente desde un primer momento. Ya en la instrucción se encontrarán privaciones y abusos. Luego en el frente, condiciones miserables e infrahumanas: metralla, barro, olor a muerte, ratas y rancho. Ah, y luego está el enemigo y sus cañones, y sus metralletas, y sus…

Lo que más destaca en esta película es un espléndido uso de la fotografía para retratar la vida en las trincheras. Si bien la IGM no es tan fotogénica como la IIGM, esto no priva al director XX de realizar un esfuerzo ímprobo en uniformes, suciedad, edificios… También vemos desde un primer momento el precio de cada milla ganada. Esto no son batallas, son picadoras de carne. Lo que para unos ingenuos jóvenes es revivir las historias que sus padres les contaban se transforma en una pesadilla de consecuencias imprevisibles.

Hay un gusto enorme con los primeros planos, en la transformación de miradas llenas de vida en ojos sin alma, que han visto demasiada devastación. Para ello goza de un buen puñado de actores esforzados en sus papeles, destacando Felix Kammerer como protagonista y Daniel Brühl como general inmisericorde que trata a sus soldados como muñecos con los que hacer tiradas de dados.

De la misma manera que se hacía en la Sin novedad en el frente original o en preciosidades como Senderos de gloria, se hace mucho hincapié en el sinsentido de la guerra. Somos testigos de cómo los generales toman decisiones por orgullo, estupidez y ganas de medirse las pollas (o peor, cuando son los políticos los que las toman), siendo luego los pobres soldados (y los civiles) los que sufren las consecuencias. Allí es cuando esta película no pierde ni un momento para arrearte puñetazos en el estómago. El optimismo del protagonista se torna poco a poco desolación cuando va perdiendo a sus amigos, evolucionando en su cinismo, miedo y, con el tiempo, desesperanza por un futuro que se pasa de aciago. La mirada del combatiente se hace patente en los últimos minutos, mostrando una vez más el sinsentido de la guerra.

Me permito insistir una vez más en el fastuoso apartado técnico de la película. Todo el esfuerzo realizado para recrear las trincheras con suciedad y todo lujo de detalles, la fotografía capaz de reflejar la destrucción inmisericorde, el cuidado con el vestuario, tanto en la recreación de los uniformes como el reflejo del avance de los años conforme se van desgastando los trajes… Además, las andanzas suceden a un ritmo inesperadamente vivo, consiguiendo que las más de dos horas pasen realmente rápido mientras tu estómago se va encogiendo cada vez más. En fin, impresionante.

Me parece curioso como, a pesar de haber llegado a un punto final similar, se escoge una última escena completamente diferente para el desenlace. SPOILER en la película de 1930 nos muestra que hay algo bonito en la vida después de todo, que hay la posibilidad de ser feliz tras la guerra (bueno, no). En 2022 nos muestra el alivio de una guerra que ya termina y la felicidad al poder volver a casa (bueno, no). Por otro lado en el libro original, se hace un extraño elipsis en el que vemos cómo el protagonista pasa otro día “Sin novedad en el frente” (bueno, no). FIN DEL SPOILER

Los Oscars se acordaron de esta Sin novedad en el frente, siendo nominada a Mejor Película, Película internacional (oficialmente es alemana) y gran parte de los apartados técnicos: Guión, Maquillaje, Sonido, Efectos visuales, fotografía, Banda Sonora y Diseño de producción. Ganó los tres últimos y Película internacional, en un año en que Todo a la vez en todas partes se quedó con todo lo gordo.

Quizás no tiene el toque atemporal trascendente que sí tiene la obra de 1930, pero esta revisión de Sin novedad en el frente es una película con enjundia por derecho propio.  A partir de la misma premisa, propone una experiencia completamente diferente con la que acongojarte y llegar a la misma conclusión: Las guerras son una mierda, y los que las plantean nunca las sufren.

 

Nota: 9

Nota filmaffinity: 7.2 

jueves, 7 de mayo de 2026

El hombre del corazón de hierro

Esta película se vio un día tonto en Movistar que no hay nada que poner y se mete esto delante y bueno, pues ya que estamos, lo vemos enterito.

El hombre del corazón de hierro no es otro que Reinhard Heydrich, jefe de las SS durante la IIGM. A lo largo de la película seremos testigos de su auge desde un simple soldado hasta las más altas esferas y su posterior asesinato a manos de rebeldes checos.

Hasta cierto punto, podríamos decir que tenemos dos películas de 1h mal pegadas.

Por un lado, empezaremos siguiendo una biografía tradicional en que nos muestra cómo Heydrich entra, muy motivado, en las SS, dónde va dando muestras de lealtad, obediencia ciega y fe absoluta en las palabras del Führer, además de talento a la hora de inspirar temor, pisar cabezas y desplegar crueldad con sus enemigos.

Pasada esa hora de metraje, la película cambia de tercio y saltamos a una conspiración en que los servicios secretos británicos están preparando un atentado contra Heydrich, que llevarían a cabo dos novatos que suplen su falta de experiencia con muchas ganas de pasar a la historia. Así, veremos toda la planificación, ejecución y consecuencias de este atentado, siempre desde el punto de vista de los dos jóvenes que, en su inconsciencia, no se dan cuenta del follón en el que se están metiendo.

Lo que más se debe destacar es que se trata de una película realizada con buenos medios. Se nota un esfuerzo en una puesta en escena verosímil, quizás no desde el foco más habitual, pero buscando transmitir realismo. Cuando se puede, se utilizan escenarios reales, o si no, se goza de buenos decorados y un vestuario acorde con lo que se espera. A destacar la gran cantidad de coches de la época empleados, casi todos sacados de museos de la Guerra.

No obstante, los actores no destacan especialmente por su inspiración. Es obvio pensar que para interpretar a Heydrich has de ir con un palo en el culo, pero Jason Clarke se pasa en el esfuerzo, dando lugar a un personaje granítico que parece más impasible que implacable. Rosamund Pike hace un papel más lucido como la esposa del militar, al que está pinchando en todo momento para que siga ascendiendo en el escalafón y que nunca tiene suficiente. Por otra parte, Jack O’Conell y Jack Reynor, los integrantes de la Resistencia, apenas pasan de funcionales.

Por otro lado, se me hace extraña la decisión del director Cédric Jimenez de plasmar la película como si se tratara de un documental ficcionado al que mete mucha acción. Esto provoca unos cambios de ritmo y tono demasiado bruscos, sin especial coherencia. Con ello, se pierde mucha de la trascendencia que sí consigue tener en una puesta en escena donde toda la parte de recreación de la época y ambientación es más que notable.

La mayor pega que se le puede poner – y más en una película de este estilo – es que se hace bastante aburrida. Espacialmente en su inicio, puedo comprender el intento de que conozcamos al hombre detrás del horror, pero lo que consigue es producir indiferencia. Sí, veo un malvado estándar no especialmente carismático al que le van bien las cosas sin especial énfasis en nada. No parece tener ningún rasgo ni ninguna característica que le permitan triunfar más allá de saber qué cabezas pisar y qué escrúpulos ignorar. Ni siquiera la gestación de la Solución Final parece otra cosa más que una decisión empresarial en una cadena de montaje. Se hace un visionado tedioso, ya que no sucede gran cosa. Esto mejora en su segunda parte, ya que, al menos, está pasando algo. Todo lo que involucra al atentado despierta más interés, especialmente en el desenlace, en el que los dos asesinos buscan desesperadamente escapar de las autoridades nazis. Si bien se trata de un final bastante convencional, está realizado con solvencia, mejorando el regusto final de la película.

El hombre del corazón de hierro sufre de un exceso de metraje, especialmente en su parte inicial. Padece de estar compuesta de dos episodios pegados con poca relación entre sí, con lo que es muy irregular. Una buena puesta en escena no arregla el tedio que provoca, aunque un final logrado contribuye a medio salvar el conjunto.

 

Nota: 4

Nota filmaffinity: 6.1 

viernes, 22 de noviembre de 2024

El francotirador

Tirador de élite de los Navy SEAL (¡lo mejor de lo mejor de lo mejor, con honores!), Chris Kyle es enviado a Irak con un único objetivo: Proteger a sus compañeros. Sus disparos de precisión quirúrgica han salvado numerosas vidas estadounidenses, por lo que los relatos de sus hazañas se multiplican, provocando que gane el apodo de “La leyenda”. Kyle ha participado con las cuatro batallas decisivas de la campaña, las más terribles de toda la guerra. Pero llega un día en que debe volver a su país. Lo que debería ser una alegría se transforma en una pesadilla al darse cuenta de que no puede volver a una vida normal.

Así se retrata una tragedia nacional. ¿Qué implica el apodo de “La leyenda” con el que Kyle se siente tan incómodo? En Estados Unidos, la ficción constituye a menudo el precio de la realidad histórica y, a veces incluso, la condición misma para la reconstrucción de una comunidad. Una leyenda ciertamente problemática pero necesaria, una forma para que el pueblo reconstruya una mitología que Washington ha distorsionado. Así mismo, ¿cómo se fabrica una maquina de matar perfecta? ¿Cuál es el precio a pagar por ello? Eastwood no nos trae a la palestra a un soldado torturado por la guerra. No es Platoon ni Nacido el 4 de julio ni La Chaqueta metálica, no. La carrera bélica de Kyle es apoteósica, un éxito absoluto. Incluso se puede decir que se lo ha pasado en grande en batalla (tampoco nos pasemos, pero bueno, ya me entendéis). ¿Eso impide su reintroducción en la sociedad? No hay más que echar un vistazo a su declaración de principios, sus prioridades y su sentido del deber: consciente de que cualquier muerte extranjera es bienvenida si con ello salva vidas estadounidenses. Una vez en casa, se siente inútil, incapaz de comprender que puede relajarse, que ya puede descansar después de todos los servicios prestados. Pero si has fabricado al asesino perfecto, el desequilibrado padre de familia sólo ansia volver al campo de batalla para matar malos y salvar el mundo, el resto no tiene importancia.

Pudiendo realizar un panegírico pro-americano, Eastwood decide mostrar la vida del francotirador perfecto con una asepsia que espanta. Los hechos que se muestran son horribles, con muertes de niños, abusos, explosiones… sin atisbo de condena o ensalzamiento. Juega hábilmente con nuestra empatía al obligarnos a identificarnos con un asesino inmisericorde que, al mismo tiempo, es incapaz de comportarse con un hijo al que adora pero que no sabe querer. Ahí reside la grandeza (y el mayor problema) del film: el retrato de un monstruo puede hacernos rechazar el conjunto del relato. Asimismo, al no condenar explícitamente sus actos, puede parecer que los justifica o engrandece, lo que para algunos se les puede hacer incómodo. Y viceversa, los más patrióticos no verán con buenos ojos un retrato tan aséptico, sin glorificar la figura de un “héroe nacional” clave para conseguir la victoria en un terreno hostil.

A sus muchísimos años, sorprende como a Eastwood no se le ha olvidado rodar en absoluto. Cada una de las terribles batallas está hábilmente coreografiada, filmada con precisión y un ritmo que nos pega a la butaca. La puesta en escena destaca por su solidez, metiéndonos en vereda desde un primer momento, destacando por el realismo de sus escenarios y, sobretodo, por un espectacular tratamiento del sonido que debió ser una gozada de apreciar en los cines. Si tenéis un buen sensurround en casa, ponedlo a fondo y disfrutar, que se lo vale.

Todo ello contribuye para conformar la evolución psicológica y vital del protagonista, hábilmente encarnado por un irreconocible Bradley Cooper que se adivina bajo toneladas de músculos. Quizás el resto de secundarios no está a la altura (el mayor debe de la película, con Siena Miller a la cabeza), pero Cooper se echa la película a los hombros y nos ofrece una interpretación de ese SEAL tejano simplón y bien intencionado que sólo quiere cuidar de los suyos, pero que a medida que pasan los minutos va convirtiéndose en un ser cada vez más peligroso e impredecible. Cooper en ningún momento sobreactúa, y sólo con sus gestos y movimientos es capaz de hacernos transmitir las sensaciones que su personaje es incapaz de exteriorizar.

Todo en la película destaca por su calidad técnica, destacándose por su lluvia de nominaciones a los Oscar (mejor película, Actor Principal, Guión Adaptado, Montaje, Sonido y Efectos Sonoros), llevándose únicamente el Oscar a Efectos Sonoros en un año increíblemente repartido.

El francotirador es un aséptico retrato del mejor en lo que hace, aunque lo que hace es muy desagradable y no vamos a estar de acuerdo con casi nada de lo que hace. Se trata de una película áspera, desagradable, difícil de casar en un género, que no tiene por objetivo divertir, ni mucho menos. Bradley Cooper borda a un personaje “imposible” a partir de un guión milimétricamente trazado. Eso no implica, claro, que la película se pueda disfrutar mucho más allá de poder gozar de un trabajo técnico de primera.

 

 

Nota: 7

Nota filmaffinity: 6.4 

jueves, 11 de mayo de 2023

Anarca (Dan Abnett)

Finalmente sí, el último. Sí. Sí. El último de los libros de los Fantasmas de Gaunt. 15 libros en veinte años para acabar la mejor saga de libros de la Black Library y una de las pocas que cualquier profano podrá disfrutar si es capaz de apreciar una buena novela de acción con personajes llenos de carisma.


Título: Anarca

Autor: Dan Abnett

Título original: Anarch

“En el mudo forja de Urdesh, los ingentes ejércitos de la Cruzada Imperial se enzarzan en una encarnizada batalla final contra el comandante del Archienemigo, conocido como el Anarca, y sus soldados de élite, los salvajes Hijos de Sek. La victoria de cualquiera de los dos bandos afectara a mucho más que el futuro de Urdesh…., pues determinará el destino de la Cruzada de los Mundos de Sabbat. Ibram Gaunt, que ha sido nombrado la mano derecha del Señor de la Guerra Macaroth, se encuentra en pleno corazón de la contienda. Su regimiento, los Primeros de Tanith, conocidos como los Fantasmas, poseen la llave del éxito definitivo. No obstante, mientras las fuerzas del Imperio y el Caos se preparan para el descomunal enfrentamiento final, Gaunt descubre que la mayor amenaza de todas podría proceder de entre sus propias filas.”.

Si has estado acompañando a los Fantasmas durante mucho tiempo, este libro te va a doler. Es absolutamente, fantásticamente, convincente. Reconozco que me ha costado mucho acabar este libro. No tanto por la cantidad de bajas que se producen, sino porque es el último. Termino el libro sabiendo que es el último y que no debería haber más material nuevo de los Fantasmas de Gaunt. Ha sido un camino de muchos años, de disfrutar y sufrir (mucho) con un montón de personajes que me han acompañado en un montón de aventuras, y saber que, después de tanto tiempo, les voy a decir adiós me acongoja el corazón, pues se les tiene mucho cariño. Que seguro que el año que viene emprendo una cruzada de relectura, sí, pero ya no serán cosas nuevas.

En esta novela, Abnett reduce al mínimo las tramas políticas y las sutilezas. Escoge incluso alejarse de la novela bélica y se acerca peligrosamente al horror lovecraftiano en el universo del 40k. Decide poneros los gónadas por corbata en un libro desasosegante, dejando claro que aquí cualquiera puede morir (y además, va a ser una muerte horrible). Indudablemente, esto no impide que sigamos teniendo acción de primera y todo el ritmo peliculero que Abnett sabe dar a sus historias. Entendámonos, a estas alturas, ya no te va a pillar de sorpresa. En El Anarca tenemos algunos de los momentos más tensos y acongojantes de la franquicia, con horrores cósmicos que provocan bajas sin gloria, giros que destruyen corazones, oscuridades aterradoras y un amargo adiós para muchos.

Para ello, decide estructurar la novela en tres tramas diferenciadas, que se van intercalando según los capítulos.

Por un lado, tenemos a la sargento Tona Criid y al Mayor Rawne, que deben defender un bunker de un asalto del Caos. Pronto conoceremos el trofeo que buscan: un traidor custodiado por los Fantasmas con información vital para dar un golpe definitivo a la cruzada. En una posición desesperada, vemos como este puñado de Fantasmas tendrá que resistir ante todo lo que los Hijos de Sek les tiran encima (y les tiran MUCHAS cosas feas), echando mano de cualquier recurso a su alcance e incluso alguno fuera de él. Realmente, las cosas están tan feas y la posición tan desesperada, que duele imaginar el resultado final de lo que va a ocurrir con ellos.

Luego tenemos al Comisario Gaunt, que ahora se ve obligado a dirigir a sus Fantasmas desde la distancia, a salvo en una lujosa mansión. Sin embargo, el Caos no descansa, realizando un ataque definitivo de un modo completamente inesperado (e imaginativo). Gaunt y su alto mando se verán encerrados en una mansión infernal donde sus propias almas están en juego, como si hubieran sido lanzados al interior de un Resident Evil superdopado. Las apuestas suben, la sangre brota por todos lados y nadie (pero nadie) está a salvo. Probablemente, el mejor terror que ha tenido el 40k en toda su historia.

Finalmente, y en un tono más ligero que contrasta con las otras dos tramas, tenemos al Explorador Mkoll que, obviamente, no estaba muerto (estaba tomando cañas). A pesar del cliffhanger del libro anterior, rápidamente nos enteraremos de que se ha infiltrado en la guarida del enemigo, decidirá montarse una Jungla de Cristal por su cuenta y se prepara para salir con vida y hacer todo el daño posible, todo ello con cierta ayuda inesperada, que nos recuerda a tiempos mejores para los Fantasmas.

Dentro de todo este meollo, lo más importante es que se las arregla para cerrar TODO lo que tenía pendiente sin que el ritmo de la novela decaiga en lo más mínimo. En un esfuerzo concienzudo, se acuerda de todo lo pendiente de cada personaje y le da un final “satisfactorio”, relacionándolo con la trama general que se está cociendo. Lo más destacable es la trama del propio Gaunt, que transita lugares asombrosos. ¿Realmente se las ha arreglado para relacionar elementos de los primeros tres libros con el desenlace, diez libros después? ¿Lo tenía todo pensado o lo ha ido improvisando? El remate es para quitarse el sombrero, especialmente porque hay como dos páginas desde que relacionas QUÉ va a ocurrir hasta que empieza la masacre, con lo que cuesta mucho seguir leyendo sabiendo lo que se viene.

¿Habrá más Fantasmas? En principio, no debería. Está todo suficientemente cerrado como para poder dejarlo aquí. Que Abnett no es tonto y deja la patita puesta por si toca seguir, pero está claro que, después de cerrar todo así de bien, volver a abrir historias no tendría la misma gracia.

Cerramos así, con uno de sus mejores libros, la serie que me ha marcado más dentro del Universo del 40k en los últimos veinte años.



El Anarca es una despedida gloriosa de una saga que he disfrutado como un marrano en su cochiquera. En este libro – y en los quince anteriores – he tenido acción a lo grande, personajazos que se hacen querer (y odiar) como nadie, momentazos por todos lados y un desenlace final que te quita el hipo. Estoy triste porque ha terminado, pero estoy encantado con el camino realizado.

Mi adoración a Dan Abnett, Amo del Milenio Siniestro.

 

Nota: 8

Nota goodreads: 4.61/5 

sábado, 6 de mayo de 2023

El señor de la guerra (Dan Abnett)

Y, después d emás de veinte años, ¡han salido los últimos libros de los Fantasmas de Gaunt! Dos ejemplares que me acabo de agenciar y caerán en no mucho tiempo. Por ahora, he aquí el penúltimo.

Título: El Señor de la Guerra

Autor: Dan Abnett

Título original: The Warmaster

Traducción: Juan Pascual Martínez Fernández

“Tras el éxito de su desesperada misión en Salvation’s Reach, el coronel comisario Gaunt y el Primero de Tanith se dirigen al mundo forja de Urdesh, de una importancia estratégica vital y que se halla asediado por los brutales ejércitos del anarca Sek. Sin embargo, puede que esté en juego algo más que el propio planeta. Las fuerzas imperiales han intentado dividir y vencer al enemigo, pero con el propio Señor de la Guerra Macaroth en persona al mando de la campaña de Urdesh, es posible que el ataque del Archienemigo tenga un propósito diferente: decapitar la estructura de mando imperial de un solo tajo.

¿Acaso el señor de la Guerra se ha convertido por descuido en un objetivo? ¿Y podrán los Fantasmas de Gaunt defenderlo frente a la fuerza de asesinos y máquinas de guerra del Caos allí concentrada?

Esta saga se termina y el libro lo sabe. Desde un primer momento se respira aroma a despedida, desde el planteamiento de la misión principal hasta cada diálogo de los personajes, todo se siente más definitivo que nunca, con un extra de trascendencia que hace que valores más cada disparo errado. Después de todo, llevamos 14 libros a nuestras espaldas con los Fantasmas de Gaunt, les tenemos cariño y hacía más de 5 años que no teníamos novedades de sus andanzas. Aquí tenemos una bilogía que se publicó (y debería leerse) junto con su continuación (El Anarca), cortándose en dos entregas sin ningún tipo de cuidado (eso siempre es feo).

El inicio es especialmente descorazonador, indicando un timeskip realmente largo del que nos tienen que poner al día. ¿Qué ha ocurrido? A raíz los hechos de Salvation’s Reach, los Fantasmas descubrieron algo que cambió el rumbo a la cruzada y esta se siente cerca del fin. Los malos, con el anarka Sek a la cabeza, han urdido un plan desesperado para acabar con el Señor de la Guera Macaroth y, como siempre, los Fantasmas son la única esperanza para que la luz del Emperador triunfe.

Así, Abnett se entretiene durante más de treinta páginas en informarnos qué ha sido de todos los personajes que conocemos. Lo más destacable es que el Coronel-Comisario Gaunt se ha convertido en una LEYENDA viva. Sus hazañas se cuentan con mil y cada vez que aparece ante gente que no le conoce, debe soportar una deferencia similar a la que reciben los santos (para irritación del propio Gaunt, claro).

La caracterización de personajes que Abnett realiza es muy meritoria, permitiendo distinguir fácilmente los más de treinta personajes que se manejan en esta trama tan coral. Mantienen sus buenas dosis de carismo y se los quiere mucho. Sin embargo, aquí ya da por supuesto que los conoces y se molesta muy poco en presentártelos.

El (los) libro(s) mantiene(n) dos tramas separadas. Por un lado, hay toda una conspiración de intrigas palaciegas en torno al ascenso de Gaunt al poder. Éste intenta adaptarse a la nueva situación, mientras intenta sobrevivir al “favor” de Macaroth y contribuir al buen fin de la Cruzada. Por otro lado, el resto de Fantasmas llevan muy mal el ser un “ejército mimado” y se ven abocados a una guerra que les supera por completo, luchando desesperadamente para sobrevivir, vendiendo caro cada palmo de terreno. Sin embargo, como el libro está partido en dos, todas las tramas se detienen in media res, dejándote con muchas ganas de más, especialmente porque algunas de ellas lo hacen especialmente a contrapié, probando algún que otro anticlímax un poco feo.

Pero en todo momento sabemos que hay algo oscuro que acecha por ahí… El libro hace un gran trabajo al desarrollar estas dos nuevas tramas mientras enhebra todos (TODOS) los hilos secundarios que había ido dejando en los libros anteriores, haciéndote sentir que la guerra (y la saga) ha llegado a su punto culminante. Me congratula que Abnett supere la tentación de llevar esta saga hacia el infinito y la acerque hacia un final que ya podemos ver cercano.

Así, cada muerte, especialmente tan cerca de la orilla, duele especialmente. Hemos acompañado a estos personajes durante muchas páginas y cada vez que alguno está en peligro, se le acongoja el corazón a uno. A Abnett no le duelen prendas en cargarse a gente “sagrada” y sabe como retorcerte los higadillos.

Dentro del chillón de cosas que ocurren en el libro, me hace especial gracia la curiosa pelea entre la Inquisición y la Armada, con una serie de juegos de espías y contraespías de lo más divertido, estando (por una vez) los primeros en una situación en la que si se ponen chungos, igual la cosa no pinta a su favor.

Una vez más, Abnett demuestra que es capaz de escribir un nudo gordiano de argumentos. Esta entrega junta acción a lo bestia, tramas vibrantes, muertes que hacen daño e intrigas políticas con el saborcillo especial que tiene WH40k. Sí habéis llegado hasta aquí en la franquicia, no veo porqué no ibáis a seguir. Todo lo bueno de los Fantasmas está aquí, aunque se note que es una historia truncada por aquello que ha de venir.

Muchas cosas deben resolverse y, si algo está claro, es que en este libro, nadie está a salvo.


Nota: 7

Nota goodreads: 4.39/5 

sábado, 11 de febrero de 2023

Guerreros de Ultramar (Graham McNeill)

Seguimos con Guerreros, aunque ahora sean de otro tipo. Con ésta, cierro toda la saga de Uriel Ventris, teniendo todos sus libros reseñados en este sitio. Algún día me pondré (o no) a hacer una reseña de toda la saga completa, pero no será hoy, que los Tiránidos invaden Tarsis Ultra y eso siempre llama la atención.

Título: Guerreros de Ultramar

Autor: Graham McNeill

Título original: Warriors of Ultramar

Traducción: Juan Pascual Martínez

“En la fría oscruridad del espacio, los voraces alienígenas Tiránidos viajan de mundo en mundo, consumiendo todo en un intento fútil de saciar su hambre de materia biológica. Justo en su camino se halla el planeta industrial de Tarsis Ultra, dónde el Capitán Uriel Ventris y los Ultramarines de la Cuarta Compañía les plantan cara en compañía de sus hermanos de batalla del Capítulo de los Mortificadores. A medida que la guerra arrecia y la situación empeora, Uriel deberá aceptar las tradiciones bárbaras de sus aliados y actuar contra las tácticas arcanas escritas en el sagrado Codex Astartes si quiere tener alguna posibilidad de destruir la amenaza alienígena.”

Lo que vemos desde un primer momento es un cambio de tono bastante importante. Cualquier atisbo de trama o desarrollo político (como sí habíamos visto en El Portador de la Noche) ha desaparecido. Aquí tenemos una invasión tiránida que no deja lugar a nada más que muchas toñas. Grandes y gigantescas. Obviamente se pierde la gracia del libro anterior, pero si algo sabe hacer bien el autor es escalar la belicosidad a tope, con lo que el libro se disfruta de otra manera.

El argumento tiene cero complicaciones. Los buenos defienden el mundo frente a los malos. Además, los Tiránidos son un villano muy fácil de escribir porque no piensan como nosotros y no tienen emociones, por lo que no hace falta dedicar tiempo a entender por qué hacen lo que hacen. Lo único que debes saber es que son el Gran Devorador y consumirán todo a su paso.

Esta simplicidad también se nota en el carácter de los personajes. Parece que McNeill “se olvida” de darles la personalidad que tenían en el libro anterior y se limita a tirar de tópicos como si no hubiera un mañana. Uriel Ventris pasa a ser “el prota”, con pocos detalles característicos más allá de ser el prota. El Sargento Pasanius se convierte en “el tío del lanzallamas” que, como buen secundario, siempre está allí. Peor parado queda el Sargento Learchus que se convierte en el gruñón que lleva la contraria al prota, sin más papel que ese.

Por lo menos, sí que entramos cierta diferencia entre los Ultramarines y los Mortificadores. Este capítulo de marines intercambiables se muestra como el reverso tenebroso de los Ultras para dar ejemplo de lo que ocurre si te alejas del Codex. No hace falta abandonar el Imperio para transformarse en un ejército de lo más inquietante. Su adoración por la muerte y aceptación de cualquier daño colateral como baja asumible los convierten en seres todavía más inhumanos de lo que tiende a ser cualquier Marine, provocando ciertos escalofríos cada vez que explican alguna de sus peculiaridades.

Me hace especial gracia encontrarme por aquí a un personaje famoso dentro del trasfondo, como es el Inquisidor Kryptmann. Sin andarse con suberfugios ni otras totnerías, se comporta tal como esperaríamos de un inquisidor cabrón. Su objetivo es todo lo que importa, y el resto, cositas veredes. Si tiene que cargarse un par de planetas para detener a la Flota Enjambre, pues se hace y punto.

Entre batalla y batalla, encontramos pequeños interludios en que se desarrolla una mini-trama secundario, siguiendo las vicisitudes de una pandilla callejera en los estratos más bajos de la ciudad colmena. Evidentemente, no lo pasan muy bien durante la invasión tiránida, teniendo sus aventurillas aquí y allá. No es que tenga una especial importancia dentro del libro (o ninguna), pero un poco sirve de recordatorio a lo mal que lo pasa el pueblo llano cuando las pistolas toman protagonistmo.

Lo que sí tiene el libro es un ritmo estupendo. No para. Consciente de tener una historia prácticamente nula, McNeill sabe lanzarte explosiones a la cara sin parar. Es decir, tienes acción continua de lo más emocionante. Así, el libro no aburre en ningún sentido. Las toñas son tan enormes y tan diversas que mola a su modo. Por otro lado, se echa en falta ese punto de trama que permite leer páginas y páginas sin parar. A mí no me importa disfrutar de escena de batalla tras escena de batalla, pero mucha gente encontrará dificultad en avanzar capítulos del libro sin una historia interesante, que la tercera ronda de cañones disparando y misiles explotando puede perder un poco la gracia.

Viniendo de un libro la mar de redondo como El Portador de la Noche, este libro es una pequeña bajona. Abandona cualquier pretensión argumental para ofrecer acción a lo bestia, pero le falta llegar al nivel de épica que otras propuestas similares consiguen, como El legado del Capítulo. Por lo menos no llega ser tan insulso como Cielo muerto, sol negro, de la misma saga y mucho más difícil de tragar.

Guerreros de Ultramar es una propuesta de acción descocada que busca tener las batallas más pantagruélicas de su franquicia. Su flojita trama lo destina a ser para cafeteros y completistas del género. No obstante, sigue siendo divertida y zumbada, que a veces es lo que se pide.

 

Nota: 5

Nota goodreads: 3.83/5 

jueves, 1 de diciembre de 2022

El portador de la Noche (Graham McNeil)

Me di cuenta de que tengo la mayoría de libros de la saga de Uriel Ventris menos los dos primeros, que sí que tengo en la estantería. ¿Quizás es hora de completar todos, no? NO, no voy a volver a leer los 6 libros, sólo los que no tengo reseñados.

Título: El portador de la noche

Autor: Graham McNeil

Título original: Nightbringer

Traducción: Juan Pascual Martínez

“Uriel Ventris, recién ascendido a capitán de los ultramarines, recibe la orden de intervenir en la investigación efectuada en el planeta Pavonis, un mundo imperial azotado por disturbios internos y por piratas éldar renegados. Sin embargo, nada es lo que parece, y hay planes que ocultan otros planes. Uriel y sus aliados se verán obligados a comenzar una mortífera carrera contrarreloj para acabar con su siniestro y escurridizo enemigo… o deberán destruir por completo el planeta por el bien de la humanidad.”

 Primer libro de Uriel Ventris y uno de los primeros de Graham McNeil en la franquicia. Aquí se muestra como un escritor con cara y ojos al conseguir escenas divertidas, con humor negro bien metido, cuando son cualidades que no se aplicarían a los Ultramarines.


Y es que los Ultramarines son los más marines y más marines de los Marines Espaciales. Descritos habitualmente como los más cuadriculados y devotos del reglamento por el reglamento, se hacía difícil pensar en tener un protagonista carismático no especialmente acartonado. Pero con Uriel Ventris lo consigue, creando para la franquicia lo que yo llamo el síndrome del Marine Protagonista.

Hace gracia comprobar como Pasanius o Learchus (los dos “amigos” de Ventris dentro del Capítulo son cuadriculados, siempre pensando en lo que debe pensar un Marine y no concibe algo como saltarse las normas. En fin, más tiesos que un palo y no precisamente muy dotados para protagonizar una historia. Sin embargo, Ventris es diferente. Por alguna razón de trasfondo (siempre se explica), este Marine es algo inadaptado, rarito, pensando en alternativas para hacer las cosas… Lo cual no le ha impedido progresar en la organización, porque bueno lo es un rato largo, claro. Pero son justo esas cualidades “inusuales” las que le convierten en un personaje bastante más humano y, por tanto, más adecuado para protagonizar una historia que debamos leer. Cuando pasa una vez, mola, pero cuando compruebas que ocurre en prácticamente todas las novelas de Marines Espaciales, se les acaba viendo un poco el plumero.

En El portador de la noche tenemos un argumento a tres bandas la mar de liado que exige bastante al lector, algo bastante poco habitual en esta colección. Esta búsqueda de complejidad no impide tener acción de primera, con todo lo que debe de tener una novela de este tipo. A McNeil se le dan bien los fuegos artificiales y se queda bien a gusto.

Pero sí, en este primera entrega vemos como Uriel Ventris y su mejor amigo Pasanius (y su inseparable lanzallamas) luchan contra cultistas del caos, mientras sobreviven a intrigas políticas y a un asesino en serie suelto por ahí. Ah, y está también el Portador de la Noche (uno de los malos malosos de los Necrones) que la lía por donde pasa. Mucha chicha bien tratada que mola un puñado. El único problema con este libro es que si no conoces el trasfondo del Universo del Wh40k te vas a perder un poquito mucho. Después de todo, las servoarmaduras, bólters, espadas sierra y éldars no son palabras de uso común para alguien poco avezado al mundillo.

Por otro lado, esta novela se acuerda muy bien de representar cómo se comporta un Marine para con los humanos normales. Desde su pedestal, no pudiendo evitar considerar inferiores a esos seres que son conscientes que deben proteger, pero al mismo tiempo lamentándose por tener esos pensamientos que sabe que no son correctos. Esto lo usa con mucha habilidad a medida que toda la trama política se desarrolla y no sabemos quién es de fiar y quién es un traidor al Imperio. Me encanta cuando estas cosas se hacen bien.

Y es que tampoco se olvida de hacer tridimensionales a los secundarios humanos. La Gobernadora Sholai debe afrontar un papel que le viene grande, pero que aun así hace lo que puede por hacer lo correcto para su pueblo, sin por ello dejar de pensar en la importancia de su persona, claro. Admirada y asustada con la presencia de los Marines, en ningún momento se pierde la impresión que da de “A mí no me criaron para estos berenjenales”, sin que por ello pierda un ápice de competencia, como nos ocurriría a todos (ejem) en un brete similar.

También se debe resaltar al apocado Alto Cargo del Administrarium (Jé) Barzano. De perfil muy bajo, concienzudo con los números y perdido en sus tecnicismos, por momentos recuerda a cómo sería un tecnosacerdote. Con pocas habilidades sociales, parece ser el único que se lleva bien con los Marines y, además, se las arregla para estar siempre en todos los fregados. Indudablemente, tiene su secretito, cosa que en su momento me pilló completamente de sorpresa. Ahora, en esta relectura, me ha parecido MUY obvia en las páginas anteriores a su revelación. Cosas de haber leído mucho más, claro.

 Como buena tarjeta de presentación en la franquicia, McNeil pone de todo, y bueno. Además de una trama bastante elaborada que se realiza a tres bandas, nos mete la acción grandilocuente típica de la franquicia, multitud de personajes distintivos, y variando en su crudeza en función de quién y dónde estén las tortas. No se deja un posible escenario: batallas campales, luchas urbanas, asedios desesperados, peleas de naves espaciales, escaramuzas confusas… Que la hora de fliparse, pocos de la franquicia lo hacen con tanta consistencia como Graham McNeil.

Una novela muy consistente, de la que se entiende porqué salió una saga completa de seis libros con ella. Si bien puede ser agreste para un profano, contiene todo lo que uno desearía encontrar en una novela de la franquicia: Buenos personajes, conspiraciones políticas y batallas de primer nivel. Así da gusto leer estas cosas.

 

Nota: 8

Nota goodreads: 3.74/5 

jueves, 1 de septiembre de 2022

El sargento de Hierro

A raíz del programa correspondiente de La Órbita den Endor, me dieron ganas de ponerme esta película. Si es que Eastwood es mucho Eastwood y (casi) siempre es buen momento de entretenerme con sus películas.

Clint Eastwood se llama esta vez Sargento de Artillería Highway, en su característico papel de gruñón amargado. Veterano de la guerra de Vietnam y cerca del retiro, es obligado a entrenar y liderar un puñado de reclutas, convirtiéndolos en soldados de verdad.

Asistiremos a todo el proceso de entrenamiento, viendo cómo cambian los roles de unos y otros dentro del pelotón, con especial hincapié en las relaciones de grupo y los lazos entre compañeros. El tratamiento psicológico de ello es notable, no en vano tras las cámaras hay alguien que sabe bien lo que hace. Quizás no enseña más lo que la clásica película de misión: primero entrenan y luego lo hacen de verdad, pero es que la película pertenece a Eastwood, y su machoalfismo se va tan a las nubes que se convierte en un icono. Tallado como una estatua de la isla de Pascua, despliega aquí un arsenal inmenso de palabrotas y respuestas salvajes. Lo sorprendente es la aparente facilidad con la que se suceden los latigazos verbales, auténticamente salvajes. Su dureza y abrumadora seguridad en el mando contrasta con sus torpes intentos de comprender a las mujeres y recuperar el amor de la que fue su esposa.

En cuanto a los secundarios, tenemos a Marscha Mason (la resignada exesposa), Mario Van Peebles (el parlanchín del escuadrón y el más improbable héroe) y a Eileen Heckart (el paciente barman), cuyas actuaciones resultan también impecables, destacando una vez más el buen hacer de Eastwood a la hora de dirigir actores.

La dirección falla un poco más en la misión final, que se supone que sirve de catarsis para el grupo. Además de no entenderse muy bien qué está ocurriendo – quienes son los malos, qué quieren, para qué va el ejército, qué pintan los universitarios tocando las narices – la acción no es precisamente destacable, desluciendo el regusto final que da una primera hora magnífica.

Simplemente, cuanto más Clint Eastwood, más mola la película. En este caso, el personaje va tan a saco y se pasa tanto que el resultado es tan impactante como desternillante. Si en la anterior reseña me quejaba del doblaje, aquí la labor de Constantino Romero lo convierte en inolvidable.

"Soy el sargento de artillería Highway. He bebido más cerveza, he meado más sangre, he echado más polvos y he chafado más huevos que todos vosotros juntos, capullos."

"Yo como alambre de espinas y meo napalm, y puedo traspasar el culo de una pulga de un tiro a 200 metros."

El Sargento de Hierro es un personaje fascinante, con una retahíla enorme de frases malsonantes, de imaginativo lenguaje, una actitud que sobrepasa en mucho la arrogancia y un puñado de defectos que no hacen otra cosa que añadirle molabilidad. No queremos parecernos a él, ni tener a alguien así cerca, pero la construcción del personaje es magnífica. Además, dentro de todo su racismo, su machismo, sus… vemos que hay alguien de buen corazón, que hace lo que considera correcto de acuerdo con su caduco punto de vista.

La película esconde también un estupendo retrato del funcionamiento de las dinámicas de grupos, siendo testigos de cómo van cambiando las relaciones entre personajes mientras la panda de vagos indisciplinados se va transformando en un grupo cohesionado que apunta a un objetivo común: La humillación del graciosete, la pelea contra el duro, la disciplina y la justicia, la camaradería y la flexibilidad se muestran con acierto, ideal para servir de ejemplo de cómo varían estos aspectos en función de la cohesión interna.

El film se llama originalmente Heartbreak Ridge. Hace referencia a una batalla muy bruta dentro de la guerra de Corea que a nosotros no nos es muy familiar. Dentro de la trama, esta batalla tiene una gran importancia a la hora de construir la idiosincrasia del Sargento Highway, dándonos muchas pistas de porqué está tan amargado. Como en España no tenemos el bagaje contextual para entenderlo, los traductores decidieron focalizar en la importancia capital de Clint Eastwood y recalcar todavía más su papel con un El sargento de hierro que mola un puñado. En este sentido, una decisión de localización acertada.

Lo peor de toda la película se halla con pocas dudas en su media hora final. Ni se acaba de entender el porqué de la batalla final, más allá de que debe haberla, ni tampoco está especialmente bien filmada. Eastwood ha filmado posteriormente mejores escenas de batalla (Cartas desde Iwo Jima, por ejemplo) pero claro, aquí debe haber catarsis, redención, etc. Pilladísimo con pinzas, lo que desluce mucho el regusto final que deja la película.

Es fácil caer en una glorificación del autoritarismo del personaje principal, pero un Clint Eastwood en estado de gracia (delante y detrás de las cámaras) permite que adoremos a un personaje repleto de defectos. No esconde el respeto que tiene para con el soldado que va al frente, ni la displicencia para con el oficial que toma las decisiones desde su confortable despacho. Pocas veces he disfrutado tanto de un lenguaje tan soez en una película que difícilmente podría estar mejor si hubiera sido creada por otras manos. Lástima de un final bastante flojo que desluce algo que podría haber sido todavía más redondo.

 

Nota: 8

Nota filmaffinity: 7.2