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viernes, 27 de diciembre de 2024

Tres mil años esperándote

La solitaria, excéntria y un poco enamorada de sí misma Alithea Binnie (Tilda Swinton), narratóloga británica en búsqueda de “la verdad común de todas las historias de la humanidad” llega a Estambul para unas conferencias. Rápidamente llega a la conclusión de que la ciudad no está a la altura de su reputación. Pronto es asaltada por una suerte de extrañas visiones, pero es justo en la habitación que antaño ocupó Agatha Christie (qué casualidad) que se le ocurre limpiar frotando un frasco comprado a un anticuario la mañana anterior, donde la maravilla comienza. El tapón del frasco salta, revelando a un monumental Djinn (Idriss Elba). Como nos podríamos imaginar, propone a Alithea de concederle tres preciados deseos. Ella se muestra cautelosa, pues conoce bien que todas estas historias de deseos terminan mal y no tienen otra finalidad que la de advertir. Nuestro Djinn no podría haber encontrado un peor amo, pero no se desanima, después de todo, sólo lleva 3000 años esperando. Desde las dependencias de la Reina de Saba a los grandes salones de los palacios de Bizancio, pasando por el fondo del mar Rojo, con la idea de convencerla para pedir sus deseos, emprende el relato de sus “tres encarcelaciones”. Así, dentro de la intimidad de la habitación de un hotel, a medida que las historias del genio se encadenan y entrelezan, empieza una historia completamente diferente…

Todos conocemos a George Miller. La mirada loca de Mel Gibson (o de Charilze Theron), el cuero, la sangre y el asfalto que se mueve a toda velocidad. Estás son las imágenes que se nos evocan cuando pensamos en él. Pero no conviene reducir la obra del director australiano “simplemente” a Mad Max. Se ha mostrado como un virtuoso a la hora de mostrar la realidad más desencarnada y visceral, pero también como uno de los grandes prestidigitadores de nuestra época. Por supuesto, conocemos las Brujas de Eastwick, no nos olvidamos de las entregas de Happy Feet ni de la notabilísima Babe 2, un cerdito en la ciudad. De alguna manera, invocando los cuentos de las 1001 noches, Miller va todavía más allá con Tres mil años esperándote, ya que lo que le interesa es justo la función operativa de los cuentos. Y mientras Scherezade cuenta historias para salvar vidas, el Djinn las cuenta para salvar la suya, o que la revelación contenida en cada ficción tiene el poder de influir en la realidad.

¿Es posible hoy día que te financien una revisión de las 1001 noches de manera casi literal? Bueno, cuando eres George Miller y prácticamente te financias tú la película, pues tienes libertad absoluta para hacer lo que te de la gana, para lo bueno y para lo malo. En sus películas ya hemos visto que tiene una imaginación desmedida y no se corta a la hora de mostrarlas en pantalla. Quizás no tenemos el salvajismo de Mad Max, pero sí nos enchufa buenas muestras de la decadencia de los grandes palacios de los reyes de antaño. Tres mil años esperándote es una locura visual en la que (casi) cualquier cosa es posible, revestida de colores de inusitada belleza, una música acorde y un denodado esfuerzo por conseguir un vestuario deslumbrante que uno no se cansa de ver en un torrente de escenas originales.

Tilda Swinton es justo la persona idónea para encarnar al epítome de la razón, la persona que se las sabe todas, que no necesita nada, a la que el genio nunca podrá engañar (¿seguro?). Por su parte, Idris Elba clava al melifluo genio que parece no desear otra cosa que conceder sus tres deseos y pasar a otro lado (¿seguro?), pero que cuando empieza a contar su historia, consigue que te quedes pasmado con los cuentos que te está vendiendo. Ambos personajes esconden mucho más de lo que inicialmente parece, lo que se aprecia en los matices de las actuaciones, muchas veces a través de miradas y muecas que esconden lo contrario de lo que parecen decir sus palabras.

Al final, tenemos un precioso cuento sobre el amor, los vínculos humanos y la necesidad de compañía, que surge desde lugares desde los que uno no esperaría. Me hace especial gracia que los protagonistas son unos mentirosos, pero a los que más mienten es justo a sí mismos, siendo el momento en que lo reconocen cuando pueden empezar a ser felices. Sin embargo, Miller no tiene un especial interés en que este relato onírico sea fácil de digerir para el espectador. Cuenta lo que quiere contar (y lo hace bien), pero su estructura episódica provoca terribles problemas de ritmo que obligan al espectador a esforzarse por seguir el hilo de los acontecimientos. Además, su apuesta por el realismo mágico no pone precisamente las cosas fáciles.

Un poco en consecuencia de lo anterior y de su nula publicidad, la película se estampó a lo grande en los cines, provocando un retraso en la producción de Furiosa, que estuvo a un tris de no llegar a realizarse. Los problemas que sufrieron los cines en los primeros años post-pandemia no ayudaron, claro, que la película es de 2022 y eso es importante.

Se trata de una preciosidad de película la mar de rebonica. A base de cuentos (de ritmo algo irregular), explica una historia encantadora sobre los deseos y la soledad. Sorprende (o quizás no tanto) que venga del mismo autor que Mad Max. Si entras en su magia, tendrás el cuento de hadas más bonito del año.

 

Nota: 8

Nota filmaffinity: 6.1 

viernes, 22 de noviembre de 2024

El francotirador

Tirador de élite de los Navy SEAL (¡lo mejor de lo mejor de lo mejor, con honores!), Chris Kyle es enviado a Irak con un único objetivo: Proteger a sus compañeros. Sus disparos de precisión quirúrgica han salvado numerosas vidas estadounidenses, por lo que los relatos de sus hazañas se multiplican, provocando que gane el apodo de “La leyenda”. Kyle ha participado con las cuatro batallas decisivas de la campaña, las más terribles de toda la guerra. Pero llega un día en que debe volver a su país. Lo que debería ser una alegría se transforma en una pesadilla al darse cuenta de que no puede volver a una vida normal.

Así se retrata una tragedia nacional. ¿Qué implica el apodo de “La leyenda” con el que Kyle se siente tan incómodo? En Estados Unidos, la ficción constituye a menudo el precio de la realidad histórica y, a veces incluso, la condición misma para la reconstrucción de una comunidad. Una leyenda ciertamente problemática pero necesaria, una forma para que el pueblo reconstruya una mitología que Washington ha distorsionado. Así mismo, ¿cómo se fabrica una maquina de matar perfecta? ¿Cuál es el precio a pagar por ello? Eastwood no nos trae a la palestra a un soldado torturado por la guerra. No es Platoon ni Nacido el 4 de julio ni La Chaqueta metálica, no. La carrera bélica de Kyle es apoteósica, un éxito absoluto. Incluso se puede decir que se lo ha pasado en grande en batalla (tampoco nos pasemos, pero bueno, ya me entendéis). ¿Eso impide su reintroducción en la sociedad? No hay más que echar un vistazo a su declaración de principios, sus prioridades y su sentido del deber: consciente de que cualquier muerte extranjera es bienvenida si con ello salva vidas estadounidenses. Una vez en casa, se siente inútil, incapaz de comprender que puede relajarse, que ya puede descansar después de todos los servicios prestados. Pero si has fabricado al asesino perfecto, el desequilibrado padre de familia sólo ansia volver al campo de batalla para matar malos y salvar el mundo, el resto no tiene importancia.

Pudiendo realizar un panegírico pro-americano, Eastwood decide mostrar la vida del francotirador perfecto con una asepsia que espanta. Los hechos que se muestran son horribles, con muertes de niños, abusos, explosiones… sin atisbo de condena o ensalzamiento. Juega hábilmente con nuestra empatía al obligarnos a identificarnos con un asesino inmisericorde que, al mismo tiempo, es incapaz de comportarse con un hijo al que adora pero que no sabe querer. Ahí reside la grandeza (y el mayor problema) del film: el retrato de un monstruo puede hacernos rechazar el conjunto del relato. Asimismo, al no condenar explícitamente sus actos, puede parecer que los justifica o engrandece, lo que para algunos se les puede hacer incómodo. Y viceversa, los más patrióticos no verán con buenos ojos un retrato tan aséptico, sin glorificar la figura de un “héroe nacional” clave para conseguir la victoria en un terreno hostil.

A sus muchísimos años, sorprende como a Eastwood no se le ha olvidado rodar en absoluto. Cada una de las terribles batallas está hábilmente coreografiada, filmada con precisión y un ritmo que nos pega a la butaca. La puesta en escena destaca por su solidez, metiéndonos en vereda desde un primer momento, destacando por el realismo de sus escenarios y, sobretodo, por un espectacular tratamiento del sonido que debió ser una gozada de apreciar en los cines. Si tenéis un buen sensurround en casa, ponedlo a fondo y disfrutar, que se lo vale.

Todo ello contribuye para conformar la evolución psicológica y vital del protagonista, hábilmente encarnado por un irreconocible Bradley Cooper que se adivina bajo toneladas de músculos. Quizás el resto de secundarios no está a la altura (el mayor debe de la película, con Siena Miller a la cabeza), pero Cooper se echa la película a los hombros y nos ofrece una interpretación de ese SEAL tejano simplón y bien intencionado que sólo quiere cuidar de los suyos, pero que a medida que pasan los minutos va convirtiéndose en un ser cada vez más peligroso e impredecible. Cooper en ningún momento sobreactúa, y sólo con sus gestos y movimientos es capaz de hacernos transmitir las sensaciones que su personaje es incapaz de exteriorizar.

Todo en la película destaca por su calidad técnica, destacándose por su lluvia de nominaciones a los Oscar (mejor película, Actor Principal, Guión Adaptado, Montaje, Sonido y Efectos Sonoros), llevándose únicamente el Oscar a Efectos Sonoros en un año increíblemente repartido.

El francotirador es un aséptico retrato del mejor en lo que hace, aunque lo que hace es muy desagradable y no vamos a estar de acuerdo con casi nada de lo que hace. Se trata de una película áspera, desagradable, difícil de casar en un género, que no tiene por objetivo divertir, ni mucho menos. Bradley Cooper borda a un personaje “imposible” a partir de un guión milimétricamente trazado. Eso no implica, claro, que la película se pueda disfrutar mucho más allá de poder gozar de un trabajo técnico de primera.

 

 

Nota: 7

Nota filmaffinity: 6.4 

lunes, 22 de marzo de 2021

Lluvia de albóndigas

Yo soy bastante aficionado al cine de animación –especialmente por ordenador- y es extraño que me pierda alguna de las propuestas que llegan a la gran pantalla, incluso cuando se trata de historias infantiles. No hay más que ver la cantidad de reseñas al género que he hecho para comprobar que me trago bastantes más de las que serían recomendables. Sin embargo, cuando vi el cartel de esta película, me leí su argumento… me pareció una propuesta tan estúpida que decidí pasar de ir al cine. Finalmente, un buen puñado de años después, aquí la tenemos.


Lluvia de albóndigas nos presenta a Flint, un inventor chiflado ya casi desde la cuna que ha vivido con el sueño de cambiar el mundo con sus aparatos. No ceja en su empeño a pesar de ser considerado el tonto del pueblo de la pequeña isla en la que vive. Un día, crea por fin algo que funciona, una máquina capaz de convertir las nubes en comida, permitiendo así acabar con el hambre del mundo. Como el chaval es así de desastroso, la presentación del invento acabará mal, con la máquina surcando los cielos buscando crear la tormenta de albóndigas definitiva.

Viendo el tráiler y el argumento, uno puede esperar la típica película de luchar por tus sueños, con un desarrollo amable, esos amorcitos que salen bien tras un par de vicisitudes que sólo interesará a los más pequeños.

Sin embargo, lo que me he encontrado es una loquísima parodia del cine de catástrofes que no deja títere con cabeza (Armageddon, Twister…) que se permite, incluso, generar personajes coherentes y una galería de secundarios de lo más tronchante. El desarrollo argumental es el que es y el tono se pasa de estúpido a veces, pero aún sin ser gran cosa, la película es perfectamente consciente de ser una tontería, buscando hacerte disfrutar a lo grande sin complejos. Se agradece encontrar propuestas sinceras, con tres ideas bien hilvanadas y realizadas, sobretodo, con mucho cariño.

Sus exiguos 85 minutos se hacen adecuados para no cansar, especialmente cuando te das cuenta de lo poco que tiene que contar. Así, se las arregla para que todo transcurra a buen ritmo y, a la que te des cuenta, se ha acabado. No se abona a esa moda de que las películas deban durar dos horas añadiendo escenas de relleno sólo para acumular minutos. Entre risas y chorradas, la película entra muy fina. El público sigue siendo infantil, no abandonando en ningún momento un tono blanco, predecible y agradable, sin complicarse más de lo necesario y proporcionando un final complaciente (y coherente).

Lo que más llama la atención es la desbordante imaginación de su puesta en escena, con hallazgos verdaderamente ingeniosos. Cada tormenta de comida o la absurda recua de inventos de Flint esconden grandes ejercicios de diseño, llenos de detalles absurdos y mezclas inesperadas muy bien encontradas. Más que la historia, acabas intrigado por ver cuál es la siguiente locura que te van a arrojar a los morros, todo ello mientras te descojonas por el último chiste que ha dado en la diana.

Sentido, no tendrá mucho, pero la puesta en escena es fresca y sorprendente, avanza a un ritmo endiablado y despliega un alarde de originalidad que quita el hambre. A pesar de sus defectos, divierte con ganas, que es lo que interesa.

 

Nota: 6

Nota filmaffinity:  6.1 

jueves, 4 de febrero de 2021

Mad Max: Más allá de la Cúpula del Trueno

Después de ver cómo el mundo se descomponía en Mad Max, contemplar la devastación de El guerrero de la carretera, llegamos a la ¿reconstrucción? de la sociedad en Más allá de la cúpula del trueno, finalizando las aventuras del Max Rockatansky encarnado por Mel Gibson.

El tiempo ha pasado y ya no quedan carreteras ni rastro de la civilización que conocimos. Pero Max sigue aquí, contemplando como la Humanidad se abre paso y los nuevos atisbos de civilización empiezan a formarse. Negociudad es la única polis próspera en muchos kilómetros a la redonda, a ella llega Max, llamando rápidamente la atención de la cacique local, que lo reclutará para una misión de moral muy cuestionable. Tras esta aventura conocerá a Los Niños Perdidos, a los que tendrá que ayudar para evitar su muerte en el cruel desierto, forjando así la esperanza de un nuevo renacer humano.

Como ocurre en esta saga, cada película es de su padre y de su madre, sin tampoco molestarse en mantener cierta coherencia entre entregas. Aquí George Miller apuesta decididamente por las aventuras “familiares” rebajando sensiblemente la violencia explícita, sin las burricidades que habíamos visto anteriormente. Se mantiene un tono tremebundo, pero menos impactante para los zagales de 14-15 años. Este cambio de tono no impide a Más allá de la Cúpula del Trueno ser una estupenda película de aventuras en las que no paran de suceder cosas interesantes –con el bache del Oasis de los Niños perdidos, que desconcierta un poco- a un ritmo bien medido y una trama original que no sabes por dónde te va a llevar. Aunque rebajada en su crudeza, las coreografías de acción mantienen la calidad característica de la saga, al alcance de muy pocos. Escenas como la pelea de la Cúpula contra el Maestro Golpeador (si es que el tino para los nombres es magistral) o la persecución final en el tren son referentes que se han imitado cienes de veces, para mayor honra del director australiano. Pocos pueden presumir como él de haber rodado lo que le ha dado la gana (con el consiguiente pánico de los productores).

¿Qué ha ocurrido con el equipo entre la segunda y la tercera parte? Después del exitazo de El guerrero de la carretera, Mel Gibson se ha convertido en una estrella del cine de acción, y Miller, en un director reputado al que se le puede dar más presupuesto. Es algo que se nota en toda la puesta en escena, realizada con más medios que anteriormente (tampoco mucho, no nos pasemos). Este aumento del bolsillo se nota, supongo, en la voluntad de hacer una película más amigable para todos los públicos, rebajando la calificación +18 a +13 (sin que por ello la película sea de peor calidad). Tuvo que influir también el estatus de estrella de Hollywood que tenía Gibson (alejado todavía de los escándalos que provocaron su exilio), que seguro le impedían rodar cosas tan tremebundas como en las dos primeras entregas.

No obstante, se nota que Gibson ha hecho suyo al personaje, convertido en carisma desbordante que se carga la película a sus espaldas con una naturalidad pasmosa. Frente a él, el resto de actores no destaca especialmente, salvo una sorprendente Tina Turner, a la que encontramos como inesperada antagonista. Quizás consciente de que actuar no es lo suyo (no discutiré su calidad de cantante), se nota que lo da todo y se esfuerza por mantener el tipo ante el arrollador señoro que tiene enfrente.

Los diálogos, no precisamente abundantes, tienen un punto agresivo que ayuda a entrar en faena, pudiéndose diferenciar el estatus de la persona sólo por su manera de hablar. Es posible que resulten un poco incómodos para algún espectador debido a la –deliberada- pobre gramática y a la cantidad de palabras inventadas que encontramos. Esto se debe a la voluntad de mostrar el colapso de la civilización y la falta de educación, dejando clara la deseperación de los personajes por sobrevivir. Se hace especialmente palpable en los niños, ignorantes de una sociedad que no han conocido pero que, de alguna manera, añoran.

Si El guerrero de la carretera sienta las bases de cómo debe ser el concepto de apocalipsis nuclear, que muchas veces llamamos “a lo Mad Max”, Más allá de la cúpula del Trueno explora el misticismo alrededor del fin de la civilización y se clava como referente. Conceptos como la Cúpula del Trueno (dos entran, uno sale) o el propio diseño de Negociudad son parte intrínseca de nuestra cultura popular, imitados cientos de veces y homenajeados otras tantas. Este es otro de los grandes aciertos de la película, desde un momento se sabe diferente y se regodea de ello con total acierto. Tal como es marca de la casa, la cantidad de hallazgos ingeniosos que apreciar es enormérrima.  Especialmente en su inicio, puedes dedicarte a repasar una y otra vez cada escena, sorprendiéndote ante cada detalle estrambótico que aparece en pantalla, detalle que alguna mente pensante ha urdido y ha decidido incluir en el metraje.

Uno de los peros recursivos que tiene la saga Mad Max es la pobreza de sus argumentos. Normalmente no son más que meras excusas para tener set-pieces de la acción más espectacular y poco más. Aquí encontramos con uno de los argumentos más elaborados, dividiendo la película en dos partes muy claras: la misión de Tía Ama y la aventura de Los Niños Perdidos. Esta partición es tan clara que podríamos estar hablando de dos películas diferentes de 1h que simplemente comparten el protagonismo de Mad Max, sin tener nada que ver una con otra. Esto descoloca a mucha gente, especialmente por la extraña transición, no del todo bien rematada que desemboca en un buen bache de ritmo hasta que la película recupera tono.

Esto no impide que Mad Max 3 sea una estupenda película de aventuras, rodada con los referentes de otra época pero no por ello menos apreciable. La llegada a la ciudad, La Cúpula del Trueno, la travesía del desierto y la persecución en el desierto son auténticos momentazos que denotan el buen criterio que hay delante y detrás de las cámaras, derrochando estilo y carisma. Quizás no es para todos los gustos, pero es ideal para pasar dos horas estupendamente entretenidas en un mundo apocalíptico.

Y por cierto, cuánto me gusta el póster, de las últimas joyas de un estilo artesanal que ya se ha perdido.

 

Nota: 8

Nota filmaffinity: 5.7 

domingo, 24 de mayo de 2020

Mad Max 2: El guerrero de la carretera


Como tenía ganas de emociones fuertes, me dio por recuperar a Max Rockatansky y ponerme con la segunda parte, después de todo lo que disfruté con la primera.

La película nos sitúa en un “futuro próximo” en que la vida en la Tierra se ha ido un poco a tomar viento. La civilización en decadencia de la primera parte ha desparecido, perdiéndose cualquier nostalgia o lamentación por los tiempo pasados, ahora el desierto australiano se ha convertido en un lugar salvaje dónde sólo importa seguir vivo e impera la velocidad, el desenfreno y la violencia. La gasolina se ha convertido en un bien preciado por el que matar y morir, para sobrevivir debes andar con pocas dudas, tener pocos escrúpulos y saber apañártelas con las pocas oportunidades que el día te presenta. Max, el antiguo policía, es ahora uno de estos seres solitarios que viven como los cowboys de otra época, ganándose la vida de asentamiento en asentamiento, metiéndose en follones de poco lustre y de peor fin. Aquí se ve implicado en el asedio de unos forajidos a un asentamiento que intenta vivir en paz, con un tráiler cargado de petróleo como responsable del lío.

A pesar de que la película no se había estrenado en ningún cine fuera de Australia, el triunfo de los videoclubs había convertido la película de Mad Max en objeto de culto, convirtiendo al realizador en una estrella. Hollywood realizó sus cantos de sirena para atraerle a su campo, pero Miller no recibió ninguna oferta con la libertad que él exigía para sus proyectos. Pasados unos años, todos se olvidaron de él, considerándole una flor de un día, una película loquísima que, por alguna razón, había funcionado. Finalmente, el director decidió jugarse todo el dinero que tenía (y el que pudo timar a todos los conocidos y bancos que pudo) y ponerlo en una película nueva para liarla todavía más a lo bestia.



De todas las películas que componen la saga, El guerrero de la carretera es la película con el guión más escueto de todo, consistiendo en una mera excusa para que Mel Gibson suelte unas frases lapidarias y tengamos dos estruendosas escenas de acción y persecución de treinta minutos cada una. Al final, tenemos treinta minutos de argumento intercalados entre la media hora del ataque de los bandidos al asentamiento y los treinta minutos de persecución al tráiler con el botín.

¿Convierte esta simplicidad a la película en aburrida? Ni por asomo. Una vez se lanza la fiesta, la acción está tan bien rodada que te pega el culete al asiento, sin que puedas dejar de mirar a la pantalla. Las escenas son cutres se nota que los medios son pedestres, pero se ven feroces, rodadas con un brío demencial, desbordando una trepidante fuerza desbocada difícil de ver en casi ninguna película del género. Las coreografías se ven originales, las acrobacias se suceden a buen ritmo, dejando claro que tras las cámaras hay una mente en la que abundan el talento y la imaginación.



Los escuetos medios se ven claros en los estrafalarios métodos de transporte que se usan, casi siempre coches descacharrados reconvertidos, claramente hechos a retales, buen testimonio de que los buenos tiempos han pasado. Mención especial al vestuario, un auténtico chiste que nunca deja de sorprender. Especialmente la estética Punk de los salvajes del páramo, una pasada enfermiza a la par que cautivadora, que te obliga a mirarlos a conciencia ver cuál es la bastardada siguiente que te van a tirar a los morros. Hay que reconocer que poner una ropa tan extrema en 1981 requería toneladas de valor o inconsciencia.

Por su parte, la atronadora música sabe ser inquietante, estimulando el bullicio destructor que se muestra en pantalla, igualmente con la fotografía, que realza acertadamente el desolado ambiente desértico post-nuclear. Ambas comparten un acabado más que cumplidor que contrasta con la pobreza de medios en que se mueven, lo cual es siempre destacable.

Aunque ahora lo tenemos encasillado como un héroe de acción, Mel Gibson no era (casi) nadie antes de Mad Max II. Su papel de Max Rockatansky en la primera parte le ha valido para ser conocido dentro de Australia, pero fuera sigue siendo un desconocido. Consciente de que ésta puede ser una película que lo lance al estrellato, lo da todo para hacer de Max un personaje mítico. Se cree el papel, se la juega en las escenas de acción y en hacer de cada frase un momentazo. Mad Max no sería lo mismo sin él. Tuvo que esperar al estreno de Mad Max 3: Más allá de la cúpula del Trueno para dar el salto a Hollywood, pero fue con El guerrero de la carretera con la película que pasó a ser conocido en todo el mundo.



Comenté lo mucho que me sorprendió en Mad Max 1 que todavía hubiera trazas de civilización. Era decadente, pero la sociedad funcionaba. Es aquí y no en la primera parte donde se establece el canon del mundo post-apocalipsis nuclear. Con una tremenda influencia dentro del subgénero, establece cómo debe ser la civilización y marca todos los detalles que debemos ver en pantalla. Me sorprende una diferencia tan bestia entre las dos películas, pues no parecen el mismo universo (vale, no es que haya un gran esfuerzo de coherencia en toda la saga). Apenas parece haber pasado un par de años entre ellas y nadie parece recordar qué había antes. Además, de alguna manera Max ha evolucionado a Mad, con su legendaria reputación sin que, realmente, haya tenido tiempo de desquiciarse tanto. Pero bueno, mola tanto que se perdona cualquier cosa en este sentido. Miller no busca un trasfondo profundo sino una película visceral y emocionante, para ello no se corta en presentarte escenas muy brutas sin por ello regodearse en ello. El niño asesino del boomerang es una muestra perfecta de ello, asumiendo con una normalidad insultante que el chico se cepille a un puñado de malotes. Pocos se habrían atrevido a mostrarlo en pantalla, y menos sin mostrártelo como algo trascendente o rompedor, sino como una escena más que pasa por ahí.

Una de las anécdotas más curiosas de Mad Max 2: El guerrero de la carretera es que en gran parte del mundo se intentó ocultar que era una segunda parte. El motivo es que la primera no llegó a estrenarse en muchos países y se pensó que traer una secuela a las bravas iba a tirar a la gente para detrás. Así pues, en EEUU y gran parte de Europa se quitó el título de Mad Max y se dejó simplemente como El guerrero de la carretera. Gran parte del público se enteró de que era una segunda parte en la propia sala de cine, lo que provocó una segunda juventud de su predecesora, que la gente corrió a alquilar en los videoclubs. Ambas estuvieron años durante las más buscadas, ahora ya renombradas como parte de una bilogía, hasta que años después llegara una nueva secuela.



A pesar de su reducido prespuesto, goza de más dineros que su predecesora, por lo que puede chocar su apariencia más destartalada. Sin embargo, demuestra mayor complejidad, un empaque sorprendente y, sobretodo, un espectáculo disfrutable. El guión es mínimo y la historia casi inexistente, pero tal como ocurrió en la reciente Fury Road, posee la capacidad para ponerte a tope y que acabes la película con ganas de comerte al mundo. El guerrero de la carretera tiene 40 años y está hecha con dos duros, pero sigue por encima de la mayoría de películas de acción pura que vemos hoy en día.

Nota: 8
Nota filmaffinity: 6.6

viernes, 15 de abril de 2016

Deadpool



Con “Deadpool” me ha vuelto a pasar. Ya no sé cuántas películas de Marvel digo que “esta no voy a verla, que el personaje no me interesa”. Y mira, otra vez que acabo yendo al cine. Y vaya suerte con la decisión. El descojone es de bandera.



A pesar de pillar con el pie cambiado al común de los mortales, cualquier fan de los cómics sabrá que Deadpool no es un héroe al uso. Es un personaje extraño que recibe filias y fobias por igual, pero que nunca ha sido de los que dejan indiferente a nadie. Malvado de Spiderman en su concepción, pronto consiguió identidad propia y se independizó con su historia aparte, convirtiéndose en la parodia seria/gamberra de los cómics de superhéroes desde dentro de la propia industria. Los que le conozcan de las viñetas sabrán que Deadpool es un personaje muy pasado de página, llevando al extremo la socarronería de Spiderman, con el humor negro de Batman y la mala leche de Punisher.

Dentro de todo el panteón de personajes disponibles, es al que veía más difícil de adaptar. Demasiado bruto para hacer una película PG-13 como siempre buscan las productoras y demasiado carismático como para aceptar una rebaja de mala leche.  Con el paso de los meses, se anunció, para mi sorpresa, que no se iban a cortar por evitar una calificación R. Está decisión tuvo como consecuencias obvias un presupuesto que no llegaba ni a la mitad de las películas menores de Marvel. Compañía que tampoco tenía muy claro qué hacer con la película con continuos vaivenes en la producción y un porrón de cambios de guión y dirección no invitaban a nada bueno. Además, la historia de los orígenes que parecía plantearse no era algo que me atrajera demasiado. Todo ello me llevo a tomar la decisión de dejarla ir y gastar mi tiempo en otras cosas. 


Sin embargo… Vaya con el efecto de una buena –fenomenalísima- campaña de publicidad. El desenfadado sentido del humor que se gastaba, las ganas que tenía de reírse de sí misma y sus toneladas de frescura consiguieron que uno de los personajes minoritarios y más odiados de la factoría Marvel se convierta en un acontecimiento de tres pares de narices. Parecía imposible, pero, de alguna manera, el héroe del caca-culo-pedo-pis por excelencia… ¡Molaba! Es que me convenció para ir a verla sin llegar a importarme cuál fuera el argumento. 

Deadpool se vendía como una película de puro entretenimiento y chistes salvajes que nunca verías en el resto del Universo Marvel. Y finalmente, la película es justo eso. Deadpool es una parodia descacharrante de estas películas “vengadoras”, pero al mismo tiempo sigue siendo una película Marvel con todo lo que ello conlleva. Sí. Marvel se ridiculiza a sí misma y a su manera de hacer películas con una propuesta llena de gamberrismo y autoparodia. Nadie como uno mismo para ponerse a caldo. El argumento se reduce a la máxima expresión mientras la cantidad de chistes se dispara. El bombardeo al que se nos somete es abrumador. Los chistes se amontonan con poco orden, mezclándose guarradas con guiños metaculturales, roturas de la cuarta pared, contestaciones ingeniosas, absurdeces varias y chorradas autorreferenciales. Hay tantos que algunos se te harán vomitivos, sí,  pero el arsenal se despliega con tanta gracia que seguro que habrá un buen puñado que funcione y te saque una buena sonrisa. 


Como buena película introductora, se nos cuentan los “heroicos” orígenes del personaje y se complementa con una suerte de trama completada con escenas de acción, un par de los X-Men más secundarios (incluyendo un par de puyas sobre la falta de presupuesto para fichar las grandes estrellas de la academia Xavier) y un malo de lo más cutrillo. Los creadores saben que con su presupuesto no pueden compararse con sus hermanas mayores y se regodean en ello. Su cutrez es una cualidad de la que se presume como una gracia más de la que disfrutar (a pesar gozar de más medios que el 90% de las películas de acción, ojo). Detalles secundarios como la aparición de Warhead (un amor), su gusto por la zafiedad y la incorrección política y su estupenda (eso sí) banda sonora, la convierten en una propuesta que aboga, con toda la intención y el talento, por el entretenimiento puro.

El problema viene cuando el público incauto se acerca creyendo ver una nueva de Vengadores (que no lo es ni por asomo) o el montón de padres que llevan a los niños creyendo que tendrán aventurillas facilitas. ¡Ay de aquellos que no saben qué película van a ver antes de entrar al cine! ^^ La película de Deadpool es gore, grosera y desagradable. Y a buen seguro muchos estómagos la encontrarán gratuitamente excesiva. Ahora bien, ¿no es acaso Deadpool un personaje obsceno y de mal gusto?

Quizás lo que más me sorprende es su inmenso éxito a pesar de su categorización para +18. ¿Será un punto de partida para que las majors se den cuenta de que a veces es mejor ser fieles a uno mismo en vez de rebajar el tono para obtener el famoso +13? No lo creo, especialmente viendo la falsa infantilización de algunos súper-héroes que tanto Marvel como DC realizan. Coñe, que me he encontrado La broma asesina en una juguetería infantil… 


A lo que íbamos y acabamos con esto, Deadpool es una chorrada gigantesca que es perfectamente consciente de serlo y que se esfuerza por meter la mayor cantidad de chistes en el menor espacio posible sin dejar de ser “Marvel”.  Las risas que me he pegado no me las quita nadie, pero claro, si no casas con ese humor… la película no vale nada.

Nota: 6
Nota filmaffinity: 7.1

jueves, 16 de julio de 2015

Mad Max: Fury Road


Mad max es una locura. Y punto. No hay más que decir.
¡Ah! Que se supone que debo explicar algo más sobre ella… Bueno… Yo no era de los que daba un duro por esta película. Por mucho que un ya septuagenario Miller estuviera en el ajo, esto olía a refrito estilo Desafío Total o Robocop que atufaba, y más teniendo en cuenta que lo último decente que había hecho Miller era la “brutal” Babe, el cerdito Valiente.

Evidentemente, nada me podía preparar para un ejercicio sólido de acción como hacía tiempo que no se veía. No es que sea sólo acción palomitera, sino que desprende un aroma añejo que se aprecia y se agradece, haciéndose diferente a todas las películas de confusa acción que invaden la pantalla últimamente.
Estaremos de acuerndo en que el guión es prácticamente inexistente. De hecho la película sólo lo utiliza para tener la excusa de generar tres persecuciones diferentes, dando así un mínimo de sentido al guirigay que estás viendo. Lo más curioso es que tampoco se echa de menos algo más de seso, ya que el resto de apartados funciona a la perfección en torno a una base muy simple y efectiva:
-          Mad Max bebe del punk bastardo de El guerrero de la Carretera y del irrealidad salvaje de Más allá de laCúpula del Trueno para generar una imaginería impactante y realista. Un mundo brutal y salvaje, extremo en su imposibilidad, pero al mismo tiempo palpable y vivo. Está descrito con una intensidad tal que pide a gritos más información, más trasfondo sobre unos y otros.
-          Tenemos una acción muy diferente a los cánones habituales. Brutalmente salvaje, pero al mismo tiempo terriblemente física, con muy poco ordenador. De un realismo visceralmente contundente.
-          Unos personajes que, aun siendo claramente funcionales, tienen una personalidad que los aleja de los típicos: Heroínas fuertes, malvados rematadamente zumbados, un protagonista que sabe dejar cancha a los secundarios…
-          Toneladas de gasolina y adrenalina bien aprovechada. Miller ya demostró hace cuarenta años que es capaz de generar espectáculos muy variados con pocos cambios, a los que da carisma a raudales y unas ganas de fliparse de las  que marcan época.
-          Una banda sonora atronadoramente poderosa y efectiva. Ojito para los Oscars en este apartado. Merece la pena buscar la BSO y darle una escucha pausada.
-          Charlize Theron. Se merienda la película de dos bocados. La exigencia del papel no es mucha, pero le da un alma y una fuerza que nadie esperaría.
-          Un maravillosamente imaginativo vestuario y un maquillaje simplemente genial (y desagradable).

Obviamente, de una zumbada de este calibre lo que no puedes esperar es un ejercicio de inteligencia, o de algo que busque la más mínima profundidad o trascendencia. Miller consigue que sea innecesario para el espectáculo. Debería estar, pero no lo echamos mucho en falta.

Hay bastantes decisiones tomadas por Miller que la separan del resto. El ritmo es endiablado, pero al mismo tiempo se generan muchos menos bailes de planos que en la Bay-Action (BadBoys, Transformers, Jupiter Ascending…). No se pierde la referencia de que ocurre en ningún momento.  Al contrario, en vez de buscar que la flipada a base de confusión, se hace a través de una acción muy sólida a la par que zumbadísima, no te pierdes nada de lo que “está pasando” y al mismo tiempo alucinas a lo grande. Además, se permite romper bastantes tabús muy arraigados en el género. No sólo mete a mujeres peleando en películas de acción (raro), sino que las aleja de la lucha a base de agilidad (aún más raro). Aquí encontramos a mujeres atizándose a ostia parda, dándolo todo en peleas como dios manda, incluso metiendo una pelea dura hombre-mujer (los ejemplos se cuentan con los dedos de una mano).  Y cómo se reparten unos y otros… Las bastardadas van por todo lo alto. Jué, ¡hasta tira una embarazada de un coche a toda máquina en pleno 2015! A ver quién te supera cabroncete…

Desde un primer momento, la fotografía ya nos insinúa que estamos en un mundo devastado. Australia ha quedado arrasada y desolada, está llena de gente deforme, todos mutilados o tatuados, locos drogados que sirven fanáticamente a sus amos para llegar a un Valhalla donde se ha deificado al Motor de combustión, abusando de un steam punk bastardo y detalles que recuerdan incluso a Dune. Aunque no se te explica nada  (apenas) del Universo en que sucede, se transmite la sensación de que éste es vasto y profundo. En él, cada personaje parece tener historias detrás para llenar mil películas, ahí está –entre otras cosas- la fascinación que produce la película. Es un bendito loco con una guitarra-lanzallamas (¡), pero esconde una invitación para que te sumerjas en una era fascinante y peligrosa.
Al prescindir del ordenador para crear este mundo, se transmite una sensación de solidez, de realidad. Un enormérrimo trabajo de fotografía convierte las polvorientas arenas de Namibia y Australia en el escenario de un vendaval de persecuciones inexplicablemente creíble. El maquillaje y el vestuario están trabajados hasta límites inhumanos para conseguir que cada personaje y cada vehículo que aparece se convierta en único y carismático.
Carisma. Ahí es donde lo ha conseguido. Ya lo hizo hace cuarenta años y ahora lo ha vuelto a hacer. Mad Max contiene una empatía y unas ganas de fliparse echando espumarajos por la boca cosa mala. Mejor no moverse en coche justo después de verla porque acabarás liberando tu lado más salvaje. Ya quisiera llegar a su edad y ser capaz de rodar (o de hacer lo que sea) con tanta energía y tanto brío como ha hecho este hombre. Es una locura desquiciada.
Con todo el lío te dejas llevar y te olvidas de situarla respecto a las Mad Max originales. ¿Es un remake? ¿Un reboot? ¿una secuela? Siendo puntillosos, habría que ubicar la película entre los episodios 2 y 3, en una especie de aventura intermedia desde que Max se convierte en el Guerrero de la Carretera, pero antes de la metamorfosis que sufre en la Cúpula del Trueno. No obstante, hemos de reconocer que el universo acepta todo lo que le echen si lo hacen bien. Incluso ya se esta preparando una nueva entrega (Thewastelands) teóricamente situada antes de Furia en la Carretera, siendo, supuestamente, un remake (ahora sí) de Mad Max 2, pero adaptado a los nuevos tiempos.

A fin de cuentas, ¿estamos ante la mejor película de acción pura de los últimos ocho años? Ya sé que hablo de palabras mayores y si me pongo a repasar, no sé si lo será, pero la candidatura la presenta con creces.

Si te pones a ver Mad Max, te van a dar un espectáculo como pocos hoy en día, que aprovecha todos los medios actuales para llevar al límite la mejor acción ochentera. Tiene el sentido justo (poco) para que puedas fliparte a gusto y disfrutar con ruedas quemadas, disparos a mansalva y toñas para todos los gustos envueltos en un mundo fascinante y carismático. Es obligatorio verla con la mayor pantalla y con el mejor sonido posible. Si la ves en casita, vas a acabar lamentando no haberla disfrutado en el cine.

Nota: 8
Nota filmaffinity: 7.4