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viernes, 11 de agosto de 2023

Buried (Enterrado)

Sigo con el maratón de Rodrigo Cortés. Hoy toca la más famosa de sus películas, por la que casi todos le conocen y le hizo saltar a la fama.

Un mechero encendiéndose nos muestra a un hombre encerrado en una caja de madera. Pronto nos enteraremos de que se trata de un contratista de EEUU que ha sido secuestrado durante la guerra de Irak para cobrar un rescate. El límite al mismo lo pone el oxígeno que contiene el ataúd donde está enterrado. Empieza así una carrera desesperada por la supervivencia con un teléfono móvil como única conexión con el exterior y un aire que se agotará de un momento a otro.

Tal como indica el título, con Buried estaremos 90 minutos encerrados en un ataúd. Sin salir en ningún momento de la caja (tamaño desafío), tendremos un thriller vibrante como el mejor. Te hace ser uno más en ese “encierro” y te sorprende continuamente con cada nueva vicisitud que le acontece al protagonista.


A pesar de una propuesta tan reducida, un guión (a cargo de un brillante Chris Sparling) brillante e imaginativo se las arregla para tenerte hora y media bien pegado al asiento. Las situaciones que se plantean son inesperadamente diversas, las condiciones del encierro varían cada dos por tres y sorprende en muchos aspectos. La película empieza con mucha fuerza, y durante los 30 primero minutos te ves metido en el papel de un hombre que juega contrarreloj para salvar su vida. Luego, ya tienes tiempo de indignarte ante la pasividad de unos y el pitorreo de otros ante una situación desesperada, para al final angustiarte con lo que parece un final inevitable.

Para que todo el percal sea mínimamente digerible, se hace necesario un gran trabajo de planificación y una puesta en escena mucho más compleja de lo que pudiera parecer. La intención es, en todo momento, buscar una manera distinta de enseñar la situación. Además como Cortés siempre tiene que gustarse a sí mismo con algún que otro plano imposible que te obliga a pensar cómo se ha rodado (buscadlo, que la sacada de chorra tiene su gracia). Esta variedad contribuye a aumentar el ritmo de una trama que tiene más giros de los esperables. Además, para aquellos con un buen equipo de sonido, podrán apreciar todo el juego de sonidos que llegan de fondo, los ecos de la caja, las llamadas de teléfono y los ansiosos mensajes que se intuyen antes que oírse.

Lo más curioso es conocer cómo has liado a un actor conocido en Hollywood para hacer de protagonista en una obra independiente de capital español. Vale que todavía no había hecho Deadpool, pero Ryan Reynolds tampoco era un cualquiera y tenías que convencerle bien. Con todo el interés puesto en el proyecto, lo da todo para hacer un personaje creíble y achuchable, sin escamotear ningún esfuerzo para sacar la película adelante. Cualquiera que vea el “cómo se hizo” (segunda vez que lo recomiendo) comprobará lo implicado del actor y cómo se tiró más de dos meses rodando en una caja con una cámara a menos de un palmo de su cara.

Y bueno, el final. ¿Qué ocurre? Si le preguntas a Cortés, te dará una respuesta diferente según le apetezca (ya le he oído tres diferentes). Si me preguntas a mí, yo creo que SPOILER Al final le rescatan. Hecho una mierda y habiendo tragado una buena cantidad de arena, pero sí llegan a tiempo. Si bien en el teléfono le dicen que han encontrado la caja de otro desparecido, es el nombre que él había escrito en la tabla que acaban de retirar y en ningún momento dicen que han encontrado un cadáver. Así que deduzco que le han encontrado, pero al leer el nombre, creen que están ante otro "enterrado". Un pequeño consuelo, o no.  FIN DEL SPOILER

Buried dura apenas 90 minutos, pero es hora y media que te va a mantener con el culo pegado al asiento como pocos saben hacer. Una puesta en escena inesperadamente compleja, un guión bien hilvanado y un Ryan Reynolds muy implicado complementan el buen hacer de Cortés con el thriller. El argumento te propone la claustrofobia de un tío encerrado en un ataúd mientras lucha por su vida y es lo que te da.  Muy recomendable.

 

Nota: 8

Nota filmaffinity: 6.8 

jueves, 9 de marzo de 2023

Free Guy

Desde hace un buen tiempo se suele decir que Ryan Reynolds se ha aficionado a hacer un papel muy clónico que consiste en hacer, básicamente de Ryan Reynolds, es decir: un tío simpático, parlanchín, algo torpón y con mucha suerte. Y sin embargo, parece funcionar. Tal como Robin Williams o Jim Carrey tuvieron su época, parece que éste es el momento de Reynolds.

Free Guy nos sitúa en un videojuego online. Pero no lo hace desde la manera habitual, sino que lo hace a partir de cómo vive uno de sus NPCs, es decir, los personajes no jugador creados por la máquina. Ignorante de estar dentro de un servidor informático, Ryan Reynolds (si es que no se le puede llamar de otra manera, joé) vive feliz, aunque suspira de amor por una jugadora a la que espía a distancia dentro de sus posibilidades. Como no puede ser de otra manera, una serie de sucesos harán que la pueda conocer y adquiera la libertad necesaria para conquistarla, salvando el mundo en el proceso (o algo así).

Se trata de una propuesta que realmente no inventa nada, funcionando como una versión de hacendado de Ready Player One. Las relaciones entre ambas películas son más que obvias, especialmente cuando nos damos cuenta de que comparten guionistas. En este caso se abusa menos de licencias comerciales para captar con gran acierto la vida en un videojuego online de principios de 2020 y toda la comunidad que hay alrededor (reacciones en Youtube, streamings en Twitch, opiniones de Twitter, influencers, etc). Entre el gracejo de su prota y el chillón de chistes referenciales, cualquiera que esté metido dentro del mundillo se lo va a pasar en grande. Por mi parte, me lo ha pasado grande en esta locura de acción que suelta un chorreo enorme de chistes frikis embutidos un poco muy al bulto. No obstante, no estoy tan seguro de que funcione tan bien si no eres un iniciado, o dentro de diez años, cuando muchos detalles hayan pasado de moda. 


Supongo que es uno de los problemas de no tener a Steven Spielberg tras las cámaras. Quién dirige es Shwan Levy, un director con un historial enorme de comedietas a sus espaldas, siendo quizás Noche en el museo la mejor de ellas. También ha tenido la suerte de dirigir algún capítulo de Stranger Things, de donde ha sacado a la mayoría del personal técnico con el que hacer la película.

En cuanto a los actores, todo gira en torno a Ryan Reynolds que, evidentemente, se lo pasa en grande (y se nota). Otro que se goza a sí mismo y más es el malvado antagonista de la obra, un Taika Waititi al que nadie parece ser capaz de detener en su locura. Si antes hablaba sobre Jim Carrey y sus excesos, aquí tenemos a un sucesor que no deja indiferente a nadie. En cuanto al resto de secundarios, cumplen un papel más funcional, destacando Jodie Comer y Joe Keery que saben dar el extra en los momentos en que el guión les exige una interpretación más trabajada.

Al simular estar dentro de un videojuego, el tratamiento de la fotografía es un poco extraño y, por momentos, desconcertante, pero esto se aprovecha luego muy bien para crear unos efectos especiales la mar de resultones, jugando de maneras loquísimas con las físicas y desarrollando un estilo visual muy particular. Puede que cueste entrar en su imaginería, pero la película luce bien y de manera distintiva.


Pero luego tiene dos problemas. El primero es que no inventa nada nuevo. Desde el obvio referente de Spielberg (del que no renuncia en ningún momento) a mil chistes y guiñitos, deja mucha sensación de ya visto. También se le nota que, a medida que se desarrolla la trama, la película va dejando de ser una comedia gamberra para transformarse en una comedia romántica, volviéndose bastante predecible en su desenlace.

Algo que sí hace es empezar una franquicia nueva, partir de cero con una imaginería y desarrollarla, lo que, en estos tiempos de precuelas, secuelas y aversicuelas es algo de agradecer. Además, sabe mantener un tonito simpaticón que permite que veas toda la película con una sonrisa tontorrona en los labios.

Otra cosa a destacar es que, hacia el final de la película, se permite no sólo hacer referencia a un par de franquicias de las gordotas, sino utilizar toda su imaginería con ganas: utilería, símbolos, música… Creo que es la primera vez que veo una exploitation de este estilo en una película gorda, sin buscar el homenaje, sólo porque puede hacerlo. Se nota que, a fin d ecuentas, es una única casa madre quién tiene los derechos de “todo”.


Free Guy es un compendio de aventuritas chorras con toques frikis. Goza de tener a Reynolds con cara de buena gente haciendo sus chascarrillos, Waititi descacharrante y un buen puñado de chistes que aciertan. Padece de tener una profundidad argumetnal y un gusto por la coherencia cercano a cero, pero funciona para conseguir risas durante un buen rato. Se le podía haber pedido un poco más de mala idea, excediéndose en azúcar y forzando “un poco” el happy ending, pero bueno, eso no impide disfrutar con una ñoñería buenrollera.

 

 

Nota: 6

Nota filmaffinity: 6.2

 

domingo, 23 de junio de 2019

Deadpool 2


Poco después de echar unas risas con los Mistery Men, vuelvo a las zaranganadas con el petimetre bocazas de Wayne Wade, Deadpool. Cualquiera que diga que esperaba el exitazo de la película de Ryan Reynolds estaría mintiendo. Nadie hubiera previsto que una propuesta tan refrescante pudiera salir de una orgía de mal gusto de este calibre. Parece que a todos nos sentó bien librarnos de las horas y horas de cinemática trascendente en la que el destino del mundo está en juego y centrarnos en las malhabladas y grotescas andanzas de un improbable héroe.

Después del taquillazo tan bestia que hizo la película dirigida por Tim Miller, era de esperar que no se tardara mucho en lanzar su secuela.

Ahora que ya tenemos centrado el origen del personaje, en Deadpool 2 se ahonda en la fatalidad heroica del mismo, jugando con la imposibilidad que un asesino de masas como éste pueda ser considerado “el bueno” y su incompetencia a la hora de hacer las cosas “bien” sin hacer daño a los demás. Trastornado por la pérdida de su pareja en los primeros minutos de la película, Deadpool busca la redención protegiendo a un niño mutante bastante peligroso del acoso de un asesino cibernético venido del futuro que quiere acabar con él para cambiar el destino de la humanidad (Terminator, ¿dónde?).

El mayor problema que se le puede achacar a la película es que cuesta tomarse en serio a un personaje virtualmente inmortal al que sólo le falta insistir suficiente para acabar derrotando a cualquier enemigo. Dónde había un simple medio para colgar un montón de chorradas, David Leicht busca que este Deadpool camine sobre una fina línea al tratar de aportar un poco de credibilidad emocional a un personaje no hace más que chotearse de todo.

Por suerte, el humor no ha cambiado en absoluto. Los 111 minutos de la película están repletos de caca-culo-pedo-pis, desmembramientos choteos a Hugh Jackman y demás bastardadas (créditos incluidos). Si puedes ver con agrado tal cantidad de burradas, pues te lo vas a pasar en grande. En ese sentido, me encantan todos los chistes en torno al X-Force, jugando a hacer la parodia de la parodia que, a decir verdad, es casi así en el cómic original. Un descojone, especialmente con Brad Pitt y el personaje sin poderes, cuyos gags casi me hacen caer del asiento.


Quién lleva toda la batuta es un Ryan Reynolds que está muy a gusto con su personaje. Sabe qué hacer de él y cómo llevarlo a cabo, por lo que el descojone ya tiene mucho ganado. El personaje de Zazie Beetz, Dómino es también muy cachondo. Su poder de “ser extremadamente afortunada” que incluso Deadpool tiene dificultades a considerar como útil demuestra ser una habilidad para encontrar caminos improbablemente perfectos a través de un caos desatado que la convierte en alguien indistinguible de cualquier cruzado encapuchado cinematográfico. Además, es un efecto muy bien medido para que sueltes la carcajada absurda sin saturar. Josh Brolin, por su parte, deja claro que no es Thanos y también se guarda un puñado de chistes autoreferenciales muy curiosos. Quizás es el mejor actor de los tres y eso se nota al ser considerablemente más serio y T-100 en todas sus apariciones, pero bueno, tiene su gracia a su modo. Lástima que el resto de secundarios sea un poco… Negasonic o Coloso están completamente desdibujados y el papel de Yukio o de Rusty no hay por dónde cogerlos.

El encargado de poner un poco de orden en este desparrame no es otro que David Leicht, también conocido por ser uno de los creadores de la (ahora) saga de John Wick. Una elección lógica para dirigir esta propuesta, una vez nos paramos a pensar sobre las similitudes de ambos personajes y las analogías del espectáculo a mostrar. Los que busquen el gozoso divertimento de las películas de Keanu Reeves no quedarán defraudados aquí. Un presupuesto más holgado y una excusa para que le vaya todavía más la castaña convierten la película en pura fiesta. La acción es de lo más desmadrada y absurda que uno pueda imaginar, pero mola un montón, puro espectáculo que no cae (ejem ejem) en el cartoonismo del que sí adolecen propuestas como Wanted. Además, intercala con acierto los chascarrillos y las memeces de Deadpool dentro de este teatro del caos, por lo que la diversión está asegurada.


Dentro del universo Marvel, Deadpool encarna al personaje ideal para la comicidad sin sentido. Un aspecto que han reflejado perfectamente en las dos películas que han pasado a la gran pantalla. Si bien en esta propuesta se abusa un poco de las memeces y los chistes sobrepasan cualquier trascendencia de la trama, éstos siguen funcionando a la perfección, por lo que no nos vamos a quejar lo más mínimo. Sin embargo, tal como ocurría con los Guardianes de la Galaxia, veo mucho peligro en abusar de ello y vivir completamente de la sátira, pues es necesaria una trama o una imaginería que permita ir más allá de los chascarrillos si se quiere evitar cansar al espectador en entregas posteriores.

Al final la película es lo que es, un vehículo para la diversión que consiguió hacerme reir durante casi todo el tiempo que duró la película. Fui al cine con ganas de disfrutar de un espectáculo gamberro y soltar carcajadas con ganas, factores en los que le película cumple a la perfección. Si no le pedís lo que no puede dar,

Nota: 6
Nota filmaffinity: 6.8

miércoles, 31 de agosto de 2016

Los locos del Cannonball



Los locos del Cannonball es una de estas señoras horteradas que salieron de los ochenta que el poder de la nostalgia ha convertido en míticas. El argumento imita la conocida carrera ilegal de la Gumball, a la que le añaden bastante más tontería, presentado a un puñado de lunáticos dispuestos a usar las artes más sucias y chucas que uno pueda imaginar para ganar esta delirante carrera de coches. 

El tiempo horriblemente mal lo que ya era flojo de por sí. Los locos del Cannonball se hace imposible de contemplar sin padecer altas dosis de vergüenza ajena. Los gags han quedado desfasados, no tienen ninguna gracia y sobrepasan cualquier raya ofensiva que uno pudiera trazar. Y lo que es peor, sin pretender hacerlo. El humor ha cambiado y unos chistes (racistas, sexistas, groseros…) que podían tener su sentido hace cuarenta años, ahora no tienen la más mínima gracia (tampoco es que tuvieran mucha entonces). Hay quien la considera como carismática pero es tan mala que ni siquiera llega a ser de esas películas malas que en realidad son buenas. Lo peor es que ahora es una película más que capaz de ofender sin ser pensada como tal en su concepción.

Una de las cosas que hace gracia es contemplar la gran cantidad de pesos pesados dedicados a papeles totalmente auto-paródicos. Reynolds, Martin, Fawcett, Fonda y muchos más demostrando que no tienen ninguna vergüenza y que no tienen inconveniente en hacer el ridículo de la peor manera. Si bien aceptamos que el papel de Roger Moore está muy clavado como un trasunto autoconsciente de James Bond, no entiendo que pinta el personaje de Jackie Chan (que en aquella época ni era famoso), totalmente prescindible y más que estúpido.

Ni siquiera puedes decir que sus noventa minutos pasan rápido porque la película no tiene demasiado ritmo. Estos coches locos aburren sobremanera con una película que sin sentido ni gracia. Quizás lo más salvable es el compendio de cochazos que van apareciendo por la pantalla. Es algo que siempre se agradece, pero la película no da para nada más.

Los locos de Cannonball es de las cosas más vergonzosas que he visto en mucho tiempo. Hace treinta años era simplemente casposa. Ahora es realmente horrible. Miedo me da acercarme a su secuela…

Nota: 1
Nota filmaffinity: 5.3

viernes, 15 de abril de 2016

Deadpool



Con “Deadpool” me ha vuelto a pasar. Ya no sé cuántas películas de Marvel digo que “esta no voy a verla, que el personaje no me interesa”. Y mira, otra vez que acabo yendo al cine. Y vaya suerte con la decisión. El descojone es de bandera.



A pesar de pillar con el pie cambiado al común de los mortales, cualquier fan de los cómics sabrá que Deadpool no es un héroe al uso. Es un personaje extraño que recibe filias y fobias por igual, pero que nunca ha sido de los que dejan indiferente a nadie. Malvado de Spiderman en su concepción, pronto consiguió identidad propia y se independizó con su historia aparte, convirtiéndose en la parodia seria/gamberra de los cómics de superhéroes desde dentro de la propia industria. Los que le conozcan de las viñetas sabrán que Deadpool es un personaje muy pasado de página, llevando al extremo la socarronería de Spiderman, con el humor negro de Batman y la mala leche de Punisher.

Dentro de todo el panteón de personajes disponibles, es al que veía más difícil de adaptar. Demasiado bruto para hacer una película PG-13 como siempre buscan las productoras y demasiado carismático como para aceptar una rebaja de mala leche.  Con el paso de los meses, se anunció, para mi sorpresa, que no se iban a cortar por evitar una calificación R. Está decisión tuvo como consecuencias obvias un presupuesto que no llegaba ni a la mitad de las películas menores de Marvel. Compañía que tampoco tenía muy claro qué hacer con la película con continuos vaivenes en la producción y un porrón de cambios de guión y dirección no invitaban a nada bueno. Además, la historia de los orígenes que parecía plantearse no era algo que me atrajera demasiado. Todo ello me llevo a tomar la decisión de dejarla ir y gastar mi tiempo en otras cosas. 


Sin embargo… Vaya con el efecto de una buena –fenomenalísima- campaña de publicidad. El desenfadado sentido del humor que se gastaba, las ganas que tenía de reírse de sí misma y sus toneladas de frescura consiguieron que uno de los personajes minoritarios y más odiados de la factoría Marvel se convierta en un acontecimiento de tres pares de narices. Parecía imposible, pero, de alguna manera, el héroe del caca-culo-pedo-pis por excelencia… ¡Molaba! Es que me convenció para ir a verla sin llegar a importarme cuál fuera el argumento. 

Deadpool se vendía como una película de puro entretenimiento y chistes salvajes que nunca verías en el resto del Universo Marvel. Y finalmente, la película es justo eso. Deadpool es una parodia descacharrante de estas películas “vengadoras”, pero al mismo tiempo sigue siendo una película Marvel con todo lo que ello conlleva. Sí. Marvel se ridiculiza a sí misma y a su manera de hacer películas con una propuesta llena de gamberrismo y autoparodia. Nadie como uno mismo para ponerse a caldo. El argumento se reduce a la máxima expresión mientras la cantidad de chistes se dispara. El bombardeo al que se nos somete es abrumador. Los chistes se amontonan con poco orden, mezclándose guarradas con guiños metaculturales, roturas de la cuarta pared, contestaciones ingeniosas, absurdeces varias y chorradas autorreferenciales. Hay tantos que algunos se te harán vomitivos, sí,  pero el arsenal se despliega con tanta gracia que seguro que habrá un buen puñado que funcione y te saque una buena sonrisa. 


Como buena película introductora, se nos cuentan los “heroicos” orígenes del personaje y se complementa con una suerte de trama completada con escenas de acción, un par de los X-Men más secundarios (incluyendo un par de puyas sobre la falta de presupuesto para fichar las grandes estrellas de la academia Xavier) y un malo de lo más cutrillo. Los creadores saben que con su presupuesto no pueden compararse con sus hermanas mayores y se regodean en ello. Su cutrez es una cualidad de la que se presume como una gracia más de la que disfrutar (a pesar gozar de más medios que el 90% de las películas de acción, ojo). Detalles secundarios como la aparición de Warhead (un amor), su gusto por la zafiedad y la incorrección política y su estupenda (eso sí) banda sonora, la convierten en una propuesta que aboga, con toda la intención y el talento, por el entretenimiento puro.

El problema viene cuando el público incauto se acerca creyendo ver una nueva de Vengadores (que no lo es ni por asomo) o el montón de padres que llevan a los niños creyendo que tendrán aventurillas facilitas. ¡Ay de aquellos que no saben qué película van a ver antes de entrar al cine! ^^ La película de Deadpool es gore, grosera y desagradable. Y a buen seguro muchos estómagos la encontrarán gratuitamente excesiva. Ahora bien, ¿no es acaso Deadpool un personaje obsceno y de mal gusto?

Quizás lo que más me sorprende es su inmenso éxito a pesar de su categorización para +18. ¿Será un punto de partida para que las majors se den cuenta de que a veces es mejor ser fieles a uno mismo en vez de rebajar el tono para obtener el famoso +13? No lo creo, especialmente viendo la falsa infantilización de algunos súper-héroes que tanto Marvel como DC realizan. Coñe, que me he encontrado La broma asesina en una juguetería infantil… 


A lo que íbamos y acabamos con esto, Deadpool es una chorrada gigantesca que es perfectamente consciente de serlo y que se esfuerza por meter la mayor cantidad de chistes en el menor espacio posible sin dejar de ser “Marvel”.  Las risas que me he pegado no me las quita nadie, pero claro, si no casas con ese humor… la película no vale nada.

Nota: 6
Nota filmaffinity: 7.1