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martes, 11 de agosto de 2026

Dragones y Mazmorras: Honor entre ladrones

Como cualquier friki de los 80-90, la cantidad de horas que un servidor ha dedicado a Dragones y Mazmorras (y sucedáneos) es incontable. Así que, indudablemente, siempre he tenido ilusión por una adaptación de un Universo en el que me he sumergido tardes y tardes. Si bien tuvimos una serie de dibujos bastante decentilla (a la que guardo un cariño inmenso, pero no intentéis verla hoy en día), la película que tuvimos en el 2000 era una cosa TAN mala que cuando se anunció un nuevo intento, un servidor tenía mucho miedo a qué podía salir.

Y bueno, tenemos una nueva película de D&D. Conocemos a un  nuevo grupo de aventureros, dirigidos por un bardo con más cara que espalda y una bárbara con un pronto un poco bestia. Como no puede ser de otra manera, se metén en más follones de los que se pueden permitir, el destino del Reino está en sus manos, etc. Etc.

Y me he llevado una sorpresa más que agradable. Todo funciona estupendamente. La historia podría funcionar como una campaña de D&D, está bien introducida, sin dejarse un tópico o un tropo de cualquier Dungeon Master. Los actores están simpáticos, bien escogidos para sus papeles y se nota que se lo han pasado en grande rodando. Además, tiene los cameos justoa para hacer el guiño sin que la escena se resienta y el malvado está a la altura de la tontería que estamos viendo. Así da gusto estarse una tardecita veraniega viendo una película.

Mira que había muchas cosas a las que tenía miedo. Chris Pine como protagonista no me auguraba nada bueno, pero su bardo cachondo funciona estupendamente, con el morro que pide el personaje y una sonrisa de cemento armado que abre puerta tras puerta. Michelle Rodriguez es también una inesperada bárbara que, sin embargo, destila la mala leche que el personaje requiere. El resto de la banda son quizás más funcionales, pero ninguno me desagrada en absoluto. De los secundarios, no puedo sino destacar a Hugh Grant – que se nota que lo ha gozado a muerte – cuyo comerciante capaz de vender a su madre por un beneficio se hacer querer cosa mala, y a Bradley Cooper como inesperado halfling fetichista que te arranca un puñado de carcajadas.

No destacará por sus efectos especiales, que no pasan de funcionales, pero en ningún momento se hacen molestos ni parecen de baratillo. Uno estaba muy asustado cuando salió el trailer, ya que salía una escena que no había presagiar nada bueno: el vídeo de Chris Pine al que se le derrite la cara tenía una pinta de lo más horrible, cosa que se convierte en un chistaco buenísimo al subvertir expectativas y ser testigos de una pifia y un hechizo que sale mal. Por el resto, tenemos dragones, rayos, bolas de fuego y portales con mucha chorrada y poca queja.

Lo que me parece más cachondo es que cada escena de la película puede relacionarse con la traslación a película de lo que sería una campaña cualquiera de D&D. Casi cada diálogo o reacción de la película permite deducir qué ha hecho el máster, cuál es la treta que ha usado el jugador para salir del paso, incluso puedes oír los dados caer y ver las consecuencias de las tiradas. A mí que no me nieguen que el Paladín es un NPC que usa el máster para encauzar a la banda, que la aparición de persona-pájaro es una improvisación del bardo o todo lo que tiene que ver con el dragón de lava. Sketches que funcionan a la perfección para el iniciado y no dejan fuera de juego al profano por todos lados. Incluso el cameo de la banda de la serie de dibujos hace gracia

En fin, una película que desborda simpatía por todos lados, de las que gusta ver para relajarse el cerebro. Lástima que se pegara una ostia morrocotuda en los cines, lo que nos impidió disfrutar de una segunda parte que me hubiera hecho mucha ilusión.

Una comedia de fantasía como hacía tiempo que no veía. Actores pasándoselo en grande con un guión muy juguetón en una película de lo más divertida. Ideal para que el friki pase una tarde entretenido mientras el profano disfruta igualmente de un buen rato.

 

Nota: 7

Nota filmaffinity: 6.5 

sábado, 8 de agosto de 2026

Lo que queda del día

Lo que queda del día propone la biografía del mayordomo perfecto. ¿puede este concepto ser interesante? Pues a lo grande. James Ivory es un director del que uno espera un trabajo cuidado, de orfebrería, en la que todos los apartados técnicos están repletos de clase y saber hacer.

Desde un primer momento, seguimos la historia del Sr. Stevens, un mayordomo que “viene con la casa” de un palacio inglés de principios del siglo XX. Ahora ya anciano, rememora lo que fue su vida y sus diversos amos a los que sirvió con total devoción. No sólo veremos la vida “entre bambalinas” del servicio de la época, sino que también seremos testigos de reuniones secretas entre diplomáticos donde las lealtades y las traiciones campan a sus anchas.

En todo momento veremos al Sr. Stevens como el mayordomo perfecto. Vive entregado con devoción a su deber: es perfeccionista, leal, discreto… Como buen mayordomo, no puede permitirse tener sentimientos o pensamientos por sí mismo más allá de aquellos relacionados con su trabajo. Indudablemente, hay cosas que no se pueden prever y, cuando el amor entra por la puerta, la razón salta por la ventana, ¿o no? La aparición de una ama de llaves tan devota como él por su deber hará saltar chispas en dos cuerpos que parecían haber olvidado qué es la pasión y el amor. Pero, al mismo tiempo, ninguno de ellos quiere faltar a su trabajo, lo que provocará un tira y afloja entre deber y deseo imposibles de reconciliar.

De las ilusiones reprimidas, las decisiones no tomadas y la contención ante cualquier sentimiento es difícil que se puedan plasmar en la pantalla. Por suerte, el Sr. Stevens está encarnado por un Anthony Hopkins en estado de gracia que es capaz de mostrar la guerra fría que se vive en su mente sin arrugar ni siquiera una ceja. Frente a él, en un papel casi gemelo, Emma Thopmson aguanta perfectamente el tipo, mostrando una pasión soterrada que lucha por salir pero que apenas puede transmitirse a base de indirectas, miradas y palabras no dichas. Me repito, casi con cualquier otro par de actores, esto sería un pastiche intragable, pero con ellos dos al mando, se transforma en un ejercicio de virtuosismo impresionante.

Lo que queda del día reflexiona sobre el sacrificio en pos de un ideal, de aquello que dejamos de lado por hacer lo que “debemos”. Retrata las ilusiones reprimidas, las esperanzas sobre aquello que, quizás, algún día se verá. O no. Sobre intervenir para hacer del mundo un lugar mejor o callar y cumplir con nuestro deber y SPOILER en esa conversación final, la desazón ante la nostalgia de lo que pudiera haber sido, del sufrimiento de las cosas no dichas y de los tés tomados en silencio, sin lamentaciones externas, pero con infinito dolor en el alma FIN DEL SPOILER. Si es que nos complicamos mucho la vida a veces.

Asimismo, este espectáculo se complementa con un trabajo repleto de elegancia por parte de James Ivory, mezclando los flashbacks con maestría para enfatizar los porqués y las argumentaciones mostradas con naturalidad, sin parecer maniquea en ningún momento. La trama avanza de mano de sus conclusiones sin que ni una ni otra se muestre impostada, con una extraña cadencia que te atrapa, conminándote a seguir para conocer qué ocurre entre ambos, o entre el mayordomo y su señor y sus rivales políticos, que también tiene su miga. El trabajo para recrear la época es también monumental, tanto en el vesturario como en cualquier habitación de los diversos palacios que vemos en pantalla. Se muestra con total elegancia, en una puesta en escena de refinamiento exquisito y miríadas de detalles prestos a deslumbrar al ojo atento. En mucho recuerda a otra película de época (aunque ésta en realidad no lo sea), de mimbres y objetivos similares, La edad de la inocencia.

No es fácil narrar los silencios en los que se transmiten mil cosas no dichas, menos con tanta belleza ni tanto ritmo para atrapar en lo que podría parecer una historia aburrida. Cada palabra dicha y cada palabra callada tiene una importancia que reverbera en el resto del minutaje, mostrando que los personajes saben que QUÉ se está hablando aunque callen más de lo que les gustaría.

La calidad desborda por todos lados en una película que se llevó nominaciones a todo: Película, dirección, actor, actriz, guión, banda sonora, diseño de producción y vestuario. No dudo  que cualquier año les habría caído una lluvia de Oscars, pero vinieron a coincidir en el año de La Lista de Schindler y hay mitos con los que no se puede competir.

Un impresionante ejercicio capaz de dejarte sin aliento por mil motivos diferentes. Todo es bellísimo y portentoso en cualquier aspecto que pudieras pensar. Si tienes dos horas y ganas de hacer un nudo con tus tripas, ponte a disfrutar con estos monstruos de la actuación que son Hopkins y Thompson.

 

Nota: 9

Nota filmaffinity: 7.5 

miércoles, 3 de junio de 2026

John Wick 4

Con John Wick 4 se cerraba (aparentemente) la franquicia más brutal del cine de acción moderno. Las tortas con estilo cerraban con una última orgía de muerte y destrucción a cargo del resucitado Keanu Reeves y el personalísimo director (y guionista) Chad Stahelski.

En un más difícil todavía (una vez más), John Wick sólo quiere vivir tranquilo, pero no le dejan descansar, por lo que deberá enfrentarse otra vez a una plétora de asesinos que le persiguen por medio mundo. Mientras tanto, seguirá buscando la manera de que la organización para la que trabajo le deje en paz de una vez por todas.

Argumentalmente, las películas de John Wick nunca han tenido mucha miga. Si acaso la primera tenía la excusa de una venganza. Pero a partir de la segunda, eso ya quedó atrás. El sicario retirado tiene que matar a mucha gente para pasar de fase y se va a dedicar a matar a mucha gente con estilo. Y es que lo consigue, las tortas molan tanto de una manera tan continuada que te la trae al pairo porqué toca matarse. Además, la barba le da a Keanu un toque de madurito interesante que lo hace más interesante (jé) todavía.

Aquí lo que importa son las guantás y John Wick 4 plantea un non-stop de batallas planificadas con virtuosismo e imaginación. Cada escena busca ser icónica a su manera, modificando la estética para ser distintiva, dejando un puñado de momentos para comentar a la salida del cine: La discoteca de Japón (con Donnie Yen por ahí), cruzar el Arco de Triunfo de París, toda la escena de la escopeta incendiaria, Monmartre o duelo final. 

Una importancia esencial del proyecto radica en el director Chad Stahelski que sabe cómo manejar estupendas coreografías de tortas, insulfando clase y estética, con una puesta en escena presta a dejarte sin aliento, con lo que crea un sello de identidad característico desde el minuto uno. Aunque las toñas son de primera, en esta cuarta entrega sí se nota que el metraje está tremendamente dilatado, la búsqueda de “El más difícil todavía” engorda el conjunto, provocando que casi llegue a las tres horas que se pueden hacer largas. Perfectamente podrían haber sido dos películas separadas (Pre-Paris y todo-Paris) que habrían entrado finísimas. Pero bueno, la película mola tanto que no nos enfadaremos mucho.

El desenlace marca un punto y aparte a la saga, indicando que se producirá un cambio de aires que el avance de las películas ha ido pidiendo. Seguro que a la que nos despistemos, empezaremos a tener precuelas para estirar el chicle (ya tenemos Ballerina por ahí), pero por ahora, el viaje ha molado un montón, que es lo que cuenta.

Chad Stahelski nos da una vez más tortas, tiros y asesinatos como (casi) nadie más sabe hacer. Peca de un metraje algo abultado y un argumento no especialmente inspirados, con lo que se puede hacer algo indigesta. Eso sí, la cuenta de muertes estilosas sube hasta el infinito y más allá. Larga vida a John Wick.

 

Nota: 6

Nota filmaffinity: 6.7


 

  

domingo, 24 de mayo de 2026

Sin novedad en el frente

Sin novedad en el frente es una de mis películas bélicas favoritas, retratando como nadie la futilidad de la muerte de los jóvenes en guerras que sólo favorecen a los ricos por motivos espurios. Como muchas veces, cuando tienes un original (aunque tenga casi un siglo) TAN bueno, muchos – yo entre ellos – considerarán innecesaria la preparación de un remake.

Sin embargo, esta vez estamos en uno de esos pocos casos que, aunque innecesario, se trata de un remake que vale la pena. Básicamente, coge la misma premisa, pero la utiliza para hacer una película diferente. Claramente tiene un respeto enorme por la original, a la que utiliza como referente en tono e intenciones. Además, si encima te sale una película tan buena como ésta, pues menos quejas todavía.

El punto de partida es el mismo. Estamos en 1914 y estalla la IGM. Enforvorecidos por el patriotistmo y lo que creen que será una victoria aplastante y rápida, un grupo de amigos se alista en el ejército de su país (Alemania). El golpe de realidad que sufrirán se hará patente desde un primer momento. Ya en la instrucción se encontrarán privaciones y abusos. Luego en el frente, condiciones miserables e infrahumanas: metralla, barro, olor a muerte, ratas y rancho. Ah, y luego está el enemigo y sus cañones, y sus metralletas, y sus…

Lo que más destaca en esta película es un espléndido uso de la fotografía para retratar la vida en las trincheras. Si bien la IGM no es tan fotogénica como la IIGM, esto no priva al director XX de realizar un esfuerzo ímprobo en uniformes, suciedad, edificios… También vemos desde un primer momento el precio de cada milla ganada. Esto no son batallas, son picadoras de carne. Lo que para unos ingenuos jóvenes es revivir las historias que sus padres les contaban se transforma en una pesadilla de consecuencias imprevisibles.

Hay un gusto enorme con los primeros planos, en la transformación de miradas llenas de vida en ojos sin alma, que han visto demasiada devastación. Para ello goza de un buen puñado de actores esforzados en sus papeles, destacando Felix Kammerer como protagonista y Daniel Brühl como general inmisericorde que trata a sus soldados como muñecos con los que hacer tiradas de dados.

De la misma manera que se hacía en la Sin novedad en el frente original o en preciosidades como Senderos de gloria, se hace mucho hincapié en el sinsentido de la guerra. Somos testigos de cómo los generales toman decisiones por orgullo, estupidez y ganas de medirse las pollas (o peor, cuando son los políticos los que las toman), siendo luego los pobres soldados (y los civiles) los que sufren las consecuencias. Allí es cuando esta película no pierde ni un momento para arrearte puñetazos en el estómago. El optimismo del protagonista se torna poco a poco desolación cuando va perdiendo a sus amigos, evolucionando en su cinismo, miedo y, con el tiempo, desesperanza por un futuro que se pasa de aciago. La mirada del combatiente se hace patente en los últimos minutos, mostrando una vez más el sinsentido de la guerra.

Me permito insistir una vez más en el fastuoso apartado técnico de la película. Todo el esfuerzo realizado para recrear las trincheras con suciedad y todo lujo de detalles, la fotografía capaz de reflejar la destrucción inmisericorde, el cuidado con el vestuario, tanto en la recreación de los uniformes como el reflejo del avance de los años conforme se van desgastando los trajes… Además, las andanzas suceden a un ritmo inesperadamente vivo, consiguiendo que las más de dos horas pasen realmente rápido mientras tu estómago se va encogiendo cada vez más. En fin, impresionante.

Me parece curioso como, a pesar de haber llegado a un punto final similar, se escoge una última escena completamente diferente para el desenlace. SPOILER en la película de 1930 nos muestra que hay algo bonito en la vida después de todo, que hay la posibilidad de ser feliz tras la guerra (bueno, no). En 2022 nos muestra el alivio de una guerra que ya termina y la felicidad al poder volver a casa (bueno, no). Por otro lado en el libro original, se hace un extraño elipsis en el que vemos cómo el protagonista pasa otro día “Sin novedad en el frente” (bueno, no). FIN DEL SPOILER

Los Oscars se acordaron de esta Sin novedad en el frente, siendo nominada a Mejor Película, Película internacional (oficialmente es alemana) y gran parte de los apartados técnicos: Guión, Maquillaje, Sonido, Efectos visuales, fotografía, Banda Sonora y Diseño de producción. Ganó los tres últimos y Película internacional, en un año en que Todo a la vez en todas partes se quedó con todo lo gordo.

Quizás no tiene el toque atemporal trascendente que sí tiene la obra de 1930, pero esta revisión de Sin novedad en el frente es una película con enjundia por derecho propio.  A partir de la misma premisa, propone una experiencia completamente diferente con la que acongojarte y llegar a la misma conclusión: Las guerras son una mierda, y los que las plantean nunca las sufren.

 

Nota: 9

Nota filmaffinity: 7.2 

domingo, 17 de mayo de 2026

The damned United

Después de haber disfrutado como un gorrino con el libro sobre la vida de Brian Clough, está claro que en algún momento me tenía que poner con su película. Después de todo, es uno de los ejemplos típicos que se suele poner en los que la película es mejor que el libro.

Pongámonos en contexto, Brian Clough es uno de los entrenadores más famosos de los 70-80 en Inglaterra. Saltó a la fama por ascender y ganar la premier con el Derby County, un equipo más que modesto, volviéndose mítico al repetir la hazaña con el Nottingham Forest, con dos Copas de Europa consecutivas de propina (por si fuera poco). Esto le valió para fichar por el Leeds United, el equipo más gordo del momento. Sin embargo, tras dos meses de entrevistas envenenadas, malos resultados y escándalos continuos, fue destituido. Curiosamente, NADIE en aquel momento quiso hablar sobre qué había ocurrido en el vestuario, con lo que se generaron conspiraciones, historias, etc. Que fueron resueltas con la publicación del libro antes mencionado, que funcionaba a modo de biografía muy sui generis del entrenador (que atravesado lo era un rato largo).

Ahora en la película, la primera en la frente. En vez de tener una biografía completa de Clough, The damned United se centra principalmente en los dos meses de pesadilla que pasa entrenando al Leeds United y en su obcecada rivalidad con Don Revie, su anterior entrenador.

Sí es verdad que tenemos pinceladas del pasado, de anécdotas y agravios pendientes, pero se utiliza exclusivamente para realizar un espléndido retrato psicológico de Brian Clough (y por extensión) de la figura del entrenador de fútbol. Se aprovecha para reflexionar sobre cuestiones como la ambición, la gestión de grupos y, sobretodo, los problemas para gestionar el gigantesco ego de un entrenador que, después de sus éxitos, se creía tocado por la varita de la omnipotencia. En ese sentido, me hace especial gracia su enfrentamiento – dentro y fuera del campo – con Don Revie, otro con un ego del tamaño de un campanario y un concepto del fútbol completamente opuesto al suyo.

Todo el peso cae en las espaldas de sus actores principales. El guión permite mucho espacio para el lucimiento a sus protagonistas y todo el elenco lo aprovecha con ganas. Michael Sheen (Brian Clough), Timoty Spall (Peter Taylor, segundo del anterior), Colm Meaney (Don Revie) y Stephen Graham (Billy Bremner, capitán del Leeds). Cada personaje tiene una manera de concebir el fútbol y la vida que choca con la de los demás, con lo que las chispas están aseguradas, especialmente cuando todos ellos se toman en serio su papel y lo dan todo por la victoria.

Además, la película tiene un ritmo brutal, transita a toda velocidad entre presente y flash backs montándote en una montaña rusa en la que es difícil dormirse, el metraje pasa volando y uno sólo quiere más y más. Casi en el argumento se destripa toda la historia, per en este caso no le quita ningún tipo de emoción. La película se transforma en el ominoso espectáculo de ver descarrilar un tren con todo lujo de detalles. El director Tom Hooper vuelve a sorprenderme con un estupendo trabajo repleto de oficio y buen saber hacer. Pocos directores británicos puedes encontrar con tanta proporción de trabajos más que satisfactorios. Ya hay tres películas de este director que me encantan. Ésta, El discurso del Rey y Los Miserables. Casi nada al aparato (lástima de la película de Cats, pero es que todo el resto de lo de este hombre es muy bueno).

Y es que además, la puesta en escena es magnífica. Baja la cámara a pie de campo y nos retrata del fútbol del momento, repleto de barro, sufrimiento, esfuerzos titánicos y rencores. Dónde las pasiones y las patadas están por todo lo alto, sorprendiendo el contraste con este puñado de vividores esforzados y los súper atletas de la actualidad. Además de un espléndido trabajo de fotografía (la gris Inglaterra, el diferente ambiente de cada estadio, etc.) se ha realizado un gran trabajo bibliográfico para buscar documentos antiguos, recortes de periódico y otros reportajes con los que se nos ilustra el paso del tiempo y el devenir de los equipos. No son inventados, sino que son los titulares del momento.

Esta película es muy diferente a lo que esperaríamos en el género deportivo. Se aleja de las gestas, de los grandes triunfos y la gloria. Ni siquiera podría contar como la biografía de una celebridad. Se centra en un período muy concreto, un suceso exacto, un fracaso inexplicable y se dedica a poner luz sobre los hechos exactos (narrados en el libro del mismo nombre), mostrando el choque de personalidades que se produce en el polvorín que era ese club y la inevitabilidad de que la cosa acabara como acabó.

De un libro que me había encantado no esperaba que la película fuera tan buena. Una impresionante demostración de que se puede hacer un thriller sobre dar patadas a un balón, constituyendo una de las mejores películas de contexto deportivo que se han hecho. Buena historia, buenos actores y mucha tensión. Un consejo, nunca conozcas a tus ídolos.

 


Nota: 9

Nota filmaffinity: 6.9 

jueves, 7 de mayo de 2026

El hombre del corazón de hierro

Esta película se vio un día tonto en Movistar que no hay nada que poner y se mete esto delante y bueno, pues ya que estamos, lo vemos enterito.

El hombre del corazón de hierro no es otro que Reinhard Heydrich, jefe de las SS durante la IIGM. A lo largo de la película seremos testigos de su auge desde un simple soldado hasta las más altas esferas y su posterior asesinato a manos de rebeldes checos.

Hasta cierto punto, podríamos decir que tenemos dos películas de 1h mal pegadas.

Por un lado, empezaremos siguiendo una biografía tradicional en que nos muestra cómo Heydrich entra, muy motivado, en las SS, dónde va dando muestras de lealtad, obediencia ciega y fe absoluta en las palabras del Führer, además de talento a la hora de inspirar temor, pisar cabezas y desplegar crueldad con sus enemigos.

Pasada esa hora de metraje, la película cambia de tercio y saltamos a una conspiración en que los servicios secretos británicos están preparando un atentado contra Heydrich, que llevarían a cabo dos novatos que suplen su falta de experiencia con muchas ganas de pasar a la historia. Así, veremos toda la planificación, ejecución y consecuencias de este atentado, siempre desde el punto de vista de los dos jóvenes que, en su inconsciencia, no se dan cuenta del follón en el que se están metiendo.

Lo que más se debe destacar es que se trata de una película realizada con buenos medios. Se nota un esfuerzo en una puesta en escena verosímil, quizás no desde el foco más habitual, pero buscando transmitir realismo. Cuando se puede, se utilizan escenarios reales, o si no, se goza de buenos decorados y un vestuario acorde con lo que se espera. A destacar la gran cantidad de coches de la época empleados, casi todos sacados de museos de la Guerra.

No obstante, los actores no destacan especialmente por su inspiración. Es obvio pensar que para interpretar a Heydrich has de ir con un palo en el culo, pero Jason Clarke se pasa en el esfuerzo, dando lugar a un personaje granítico que parece más impasible que implacable. Rosamund Pike hace un papel más lucido como la esposa del militar, al que está pinchando en todo momento para que siga ascendiendo en el escalafón y que nunca tiene suficiente. Por otra parte, Jack O’Conell y Jack Reynor, los integrantes de la Resistencia, apenas pasan de funcionales.

Por otro lado, se me hace extraña la decisión del director Cédric Jimenez de plasmar la película como si se tratara de un documental ficcionado al que mete mucha acción. Esto provoca unos cambios de ritmo y tono demasiado bruscos, sin especial coherencia. Con ello, se pierde mucha de la trascendencia que sí consigue tener en una puesta en escena donde toda la parte de recreación de la época y ambientación es más que notable.

La mayor pega que se le puede poner – y más en una película de este estilo – es que se hace bastante aburrida. Espacialmente en su inicio, puedo comprender el intento de que conozcamos al hombre detrás del horror, pero lo que consigue es producir indiferencia. Sí, veo un malvado estándar no especialmente carismático al que le van bien las cosas sin especial énfasis en nada. No parece tener ningún rasgo ni ninguna característica que le permitan triunfar más allá de saber qué cabezas pisar y qué escrúpulos ignorar. Ni siquiera la gestación de la Solución Final parece otra cosa más que una decisión empresarial en una cadena de montaje. Se hace un visionado tedioso, ya que no sucede gran cosa. Esto mejora en su segunda parte, ya que, al menos, está pasando algo. Todo lo que involucra al atentado despierta más interés, especialmente en el desenlace, en el que los dos asesinos buscan desesperadamente escapar de las autoridades nazis. Si bien se trata de un final bastante convencional, está realizado con solvencia, mejorando el regusto final de la película.

El hombre del corazón de hierro sufre de un exceso de metraje, especialmente en su parte inicial. Padece de estar compuesta de dos episodios pegados con poca relación entre sí, con lo que es muy irregular. Una buena puesta en escena no arregla el tedio que provoca, aunque un final logrado contribuye a medio salvar el conjunto.

 

Nota: 4

Nota filmaffinity: 6.1 

jueves, 19 de marzo de 2026

Argentina, 1985

Hoy nos detenemos en Argentina, 1985. La última película Argentina nominada al Oscar a la mejor película extranjera, premio que perdió ante la muy notable Sin novedad en el frente.

Argentina, 1985 nos sitúa en un momento importantísimo en la historia de Argentina: por primera vez, los miembros de una dictadura iban a ser juzgados por los crímenes cometidos, en un proceso público. Asistiremos a todo el proceso, desde el momento en que el Presidente decide liarse la manta a la cabeza y empezar este follón, el fiscal que debe buscar la mejor manera de proceder con lo que se le pide, la investigación criminal en sí y todo el juicio. Como se guardó constancia documental de (casi) todo lo que ocurre, se procede con una reconstrucción minuciosa de lo que aconteció.

Lo primero que debo decir es simple: que envidia. Al menos pudieron juzgar a sus dictadores y meterlos en la cárcel unos años, en vez de permitir que murieran de viejos en sus palacios.

 Dentro de la obra, nos situamos en unos años muy turbulentos en los que la sociedad argentina se divide entre los que defienden la actuación de los militares, los que quieren colgarlos con los pies en alto y los que lo único que quieren es que les dejen en paz con su vida sin meterse con nadie. Asistimos a una investigación minuciosa – una oportunidad entre un millón – repleta de amenazas de muerte, presiones políticas, miedo exacerbado y cierta sensación de que nadie sabe qué ocurrirá a continuación, lo que provoca que la tensión por el futuro del proceso vaya creciendo a medida que avanzan los minutos.

En el centro de todo el meollo: Ricardo Darín. Qué bueno que es este hombre. Cada vez que creo que el Bombita no me va a sorprender, se saca de la chistera un nuevo registro y me deja boquiabierto. Ahora ya como un hombre maduro, sobrepasado por las circunstancias y obligado a realizar una tarea imposible, pero al mismo tiempo con la resolución que da la seguridad de tener la razón y el miedo que trasluce al saber que sólo tiene una oportunidad para hacer justicia. Su papel es magnífico, ayudado por un guión muy bien urdido en el que se repasa todo el proceso. También se debe destacar el papel de Peter Lanzani, como el joven ayudante que empieza como un arribista y a medida que avanzan los minutos se va concienciando de el follón en que se ha metido y la necesidad de hacer lo correcto, pues en ello le va no su carrera sino su vida. Finalmente, me ha gustado mucho el pequeño pero resonante papel de Alejandra Flechner, como esposa sufriente que no puede hacer otra cosa que apoyar a su marido y rezar para que todo salga bien, de un modo y otro.

Puede que algunos giros y reacciones puedan parecer inverosímiles, especialmente durante el juicio y todos los follones que se montan a su alrededor, pero la película tiene la suerte de que hay registros documentales de casi todo el proceso, por lo que que, cosas que parecen increíbles, sucedieron así, pues consta en las grabaciones de su momento. Los giros y revelaciones están bien distribuidos para conseguir un gran manejo de la tensión. Con ello, y unos diálogos llenos de cargas de profundidad se las basta para montar dos horas que te agarran el pescuezo y no te dejan respirar hasta que escuchas el último “nunca más”.

Argentina 1985 te pega al asiento cosa mala. Conocer la resolución del juicio (a la que conozcas un poco de historia) no ayuda para evitar que te acongojes y pienses sobre cómo van a salir adelante sin que les baleen o les desaparezcan. Este thriller judicial – me encantan, no lo negaré – funciona como un tiro, y más sabiendo que se aleja MUY poco del registro histórico. Argentinos siendo argentinos de la mejor (y peor) manera.


Nota: 9

Nota filmaffinity: 7.1 

domingo, 15 de marzo de 2026

Conoces a Joe Black

Esta vez no tocó ver una película de antena3 de domingo tarde en casa de mi suegra. La escogida fue otra cosa muy diferente.

Pues hete aquí que la Muerte se aburre y quiere conocer a los humanos a los que lleva al Más Allá. Así que escoge al potentado Anthony Hopkins, al que le quedan apenas unos días, para que le enseñe lo que significa ser humano. Cómo necesita un cuerpo, escoge el de Brad Pitt, porque ya puestos a escoger, te pillas el más guapo que hay disponible. Las cosas se complican cuando resulta que la Muerte se enamora de Claire Forlani, la hija del potentado cicerone.

Este mastodonte me ha descolocado de veras. No estoy seguro si intenta ser una comedia romántica muy retorcida, un thriller económico sobrenatural, una reflexión sobre el angst de los tiempos y el carpe díem o un vehículo para que tres buenos actores muestren su calidad. Quizás nada y todo es esto a la vez. La premisa de partida tiene su gracia y los tres protagonistas tienen carisma de sobra para echarse cualquier película a los hombros. Sin embargo, la película parece querer ir en cinco direcciones a la vez y se acaba hiriendo a sí misma.

Un análisis del guión nos arroja un galimatías que no se aclara ni en tono ni en intenciones. A grandes ratos se vuelve una película confusa, extraña, variando continuamente en tono, trama y objetivos de los personajes. A ello se le suma un sentido del ritmo más que cuestionable y un puñado de diálogos que no parecen ir a ninguna parte. Si Conoces a Joe Black fuera, no sé, 1h más corta, recortando tramas incoherentes y diálogos insulsos, probablemente daría lugar a un mejor resultado. Después de todo, los personajes no tienen por qué hablar reflexionando a cada palabra, intercalando silencios que añaden gravitas a cada frase, aunque sólo sea para decir que “me voy a hacer un café”. Que al final son 3h de mostrenco, oiga.

Por otro lado… ¡Qué guapo está Brad Pitt! La película consiste en retratarle desde el mejor lado, enseñar sus músculos y mostrar lo divertido, guapo y genial que es. ¡Cómo no va a enamorar a quién sea! Nunca le he visto tan maravillosamente encantador. Frente a él, Anthony Hopkins tiene carisma para parar un tren y llena la pantalla aunque se dedique a leer un contrato de arrendamiento. Finalmente, Claire Forlane despide dulzura y naturalidad en un papel más difícil que los de sus partenaires y lo solventa con acierto. Si la película puede verse sin sufrir cortes de digestión o tirar la televisión por la ventana es porque estos tres profesionales hacen bien su trabajo y mantienen el tinglado a base de carisma.

De hecho, la película es un remake de La muerte de vacaciones (1934). El planteamiento es similar, pero aquella aboga decididamente por ser una comedia romántica de la época. Se puede disfrutar por motivos de arqueología cinematográfica, pero se nota que tiene casi un siglo. En un sentido similar, el de la muerte explorando qué significa ser humano, mezclándose en la sociedad y empatizando en exceso con su gente, me viene a la cabeza El Segador, de Terry Pratchett, que hace un ejercicio similar, pero le queda mucho mejor.

Aquí hay el proyecto de lo que podría ser una película decente. Se observan mimbres de buenas ideas aquí y allá. Sin embargo, el desarrollo se sabotea a sí mismo continuamente y queda un pastiche eterno que ni siquiera tres actores carismáticos con ganas son capaces de hacer digerible.

 

Nota: 2

Nota filmaffinity: 6.3 

sábado, 21 de febrero de 2026

El monstruo marino

Repasando las nominadas a animación de su año, aquí una que se me había pasado. Tal como sale los Mitchell contra las máquinas o K-pop cazadoras de demonios, en 2022 Netflix intentó ganar el premio gordo con El monstruo marino.

Como si de un Como entrenar a tu dragón se tratara, un grupo de marinos vive por y para la caza de monstruos, pero es derrotado por el monstruo legendario. Las circunstancias harán que el prometedor sucesor del capitán y una niña conozcan a un cachorro de monstruo marino, comprendiendo en el proceso que los monstruos no son malos y sólo hay que saber convivir con ellos. Esto me suena a visto, ¿no?

A pesar de las similitudes, El monstruo marino se sostiene como una estupenda película de aventuras para toda la familia con el corazón muy bien puesto en su sitio.

Dirigida por Chris Williams (Bolt, Big Hero 6), cambia a los vikingos por los Piratas del Caribe y los deriva para hacer una imaginería propia y reconocible, desde la que se podría haber sacado (muy) fácilmente una saga de películas y algún remake de acción real y todo. El argumento está trillado, pero el diseño de escenarios (la isla tropical, el palacio, los barcos… ) y de monstruos es novedoso, bien trabajado, con una página de originalidad que le sienta estupendamente a su visionado. La animación destaca por su fluidez, lo que ayuda a coreografiar las escenas de acción, que se aprecian trabajadas, esforzándose por evitar ser repetitivas. Maneja bien el sentido de la maravilla para que los pequeños puedan disfrutar de una aventura a lo grande y es suficientemente bonita para que un adulto aprecie un trabajo bien hecho.

El obvio problema es que es un sucedáneo de los Cazadores de Dragones, con lo que vemos venir todos los quiebros de guión y el desarrollo de todos los personajes. Esto no impide que se desarrolle correctamente, con todo situado en el punto adecuado para que funciona con efectividad. Un puñado de diálogos ingeniosos y un clímax bien encontrado complementan una película que quizás no aporte nada nuevo, pero de la que apenas se puede decir algo malo.

Es una propuesta de aventuras para todos los públicos que ofrece lo que se le requiere. Todo muy bien puesto en su sitio, con acrobacias, personajes carismáticos y un poco de corazoncito. Su trama peca de ser demasiado similar a otras películas del mismo pelaje, pero el mimo en el diseño y la animación compensan un poco este problema.

 

Nota: 6

Nota filmaffinity: 6.6


miércoles, 28 de enero de 2026

Top Gun: Maverick

Top Gun es un referente icónico de los 80, catapultando a la fama imperecedera a un jovencísimo Tom Cruise, que hacía aquí uno de sus primeros papeles como protagonista absoluto. Dentro del marasmo de retornos a los grandes éxitos ochenteros que hemos tenido últimamente (John Rambo, Cazafantasmas, etc.), éste me pareció uno más de ellos, con lo que me aproximé a Top Gun: Maverick con una pereza extrema.

Cuando se estrenó, no salía de mi asombro ante el exitazo de taquilla (más de 1.000M€!!). No sólo es que un chillón de gente fuera a verla, ¡es que salían muy contentos y la recomendaban! La verdad, no lo entendía. Más allá de la nostalgia, no entendía como la secuela tardía de una película icónica pero no especialmente buena de hace cuarenta años podía hacer estos números. Igualmente, pasé un poco de ella en los cines y bueno, algún día había que ponerse.

El argumento es simple: Tom Cruise vive semi-retirado de los aviones de combate, pero la necesidad obliga a que salga de su exilio para forjar a una nueva generación de pilotos de élite para una misión (casi) suicida con la que evitar el fin del mundo y tal y tal.

Algo que no me esperaba. La película es bien consciente de sus limitaciones argumentales – o quizás lo abraza con ganas – y no se dedica a otra cosa que a MOLAR. Y le sale a la perfección. Toma la americanada como un género propio y la lleva al extremo con un sentido del espectáculo magnífico. Coge lo justo de la anterior entrega para que los fans de la misma se queden tranquilos (el homenaje a Val Kilmer, la escena del bar y poco más) y se constituye como una película propia con su propia mitología. En ese sentido, recuerda mucho a Creed, que es consciente de la existencia de Rocky, pero no va “exactamente” de ello, como sí ocurría por ejemplo con Cazafantasmas. Además, se saltan un montón de cosas argumentales de manera bastante consciente: No sabemos qué país están bombardeando, no vemos al enemigo, lo del hijo de… se pasa de calzador, etc. Estos deslices en la trama podrían ser catastróficos y quizás los primeros diez minutos no son del todo tranquilizadores, pero qué demonios, es empezar a volar y la adrenalina se empieza a desbordar. Top gun Maverick despega a las estrellas, sin bajar hasta el final. Un blockbuster como hace tiempo que no teníamos.

Las coreografías aéreas son muy viscerales, consiguiendo que te metas dentro de la película desde el primer despegue. Quizás por la cabezonería de Tom Cruise de que todas las escenas se rodaran en el aire (sin ordenador ni cámaras simuladas) o por el estupendo sentido del espectáculo del director Joseph Kosinski, pero las escenas tienen una fisicidad inusual en estos días. Las acrobacias son imaginativas y vibrantes, sucediéndose además con un ritmo muy bien medido, con las pausas perfectas para coger impulso. Con ello, pegan al espectador al asiento con un espléndido manejo de la tensión de lo más satisfactorio. Maneja espléndidamente el más difícil todavía para dar una media hora final de auténtico infarto.

Que sí, que no sabemos porqué hay que pegar tiros (ni nos importa). Top Gun Maverick es tan gloriosamente delirante que uno no puede sino sentirse atrapado en esta montaña rusa. Cuando consigues molar de esta manera, se te perdonan muchas cosas (y, por lo que parece, ha repetido fórmula en F1: nulidad argumental, pero un espectáculo tan grande que da igual).  Asimismo, el trabajo actoral ni está ni se le espera. El protagonismo recae en un Tom Cruise que se dedica a hacer de Tom Cruise y un puñado de secundarios que bastante hacen con saberse los diálogos.

Los interprétes de verdad están en otro lado: Los AVIONES. Por favor, ponte la película en el aparato de sonido más impresionante que tengas a tu alcance. Podrás gozar con el sonido de los motores, notando cómo se mueven de un lado a otro, desde dónde se acercan y adónde se alejan. La visceralidad de las imágenes se complementa con este sonido estruendoso y envolvente, dando la sensación de que estás realmente dentro del avión, sufriendo y gozando con los pilotos. El espectáculo por bandera, con una grandiosidad al alcance de muy pocos.

Antes de verla, me quedé alucinando por su lluvia de nominaciones. Desde mejor película a guión adaptado, montaje, canción, efectos visuales y sonido. Ganando el último de ellos. Es una muestra de una parte técnica espléndidamente realizada. Tiene sus cosas con las que podemos torcer el morro, pero lo que tiene de bueno, es MUY bueno. Podríamos decir que ya no me sorprende tanto su reputación.

Top Gun Maverick es la mejor americanada que he visto en un puñado de años. Técnicamente brillante a pesar de “sus cosas”, con un sentido del espectáculo y un abrazo por la acción apabullante que te aplasta al asiento hasta el final. En sí, una fantástica película con la que apagar el cerebro y disfrutar, superando en mucho a su predecesora en todos los aspectos que le interesan. Nunca hubiera esperado disfrutar tanto con esta película.

 

Nota: 8

Nota filmaffinity: 7.0