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martes, 11 de agosto de 2026

Dragones y Mazmorras: Honor entre ladrones

Como cualquier friki de los 80-90, la cantidad de horas que un servidor ha dedicado a Dragones y Mazmorras (y sucedáneos) es incontable. Así que, indudablemente, siempre he tenido ilusión por una adaptación de un Universo en el que me he sumergido tardes y tardes. Si bien tuvimos una serie de dibujos bastante decentilla (a la que guardo un cariño inmenso, pero no intentéis verla hoy en día), la película que tuvimos en el 2000 era una cosa TAN mala que cuando se anunció un nuevo intento, un servidor tenía mucho miedo a qué podía salir.

Y bueno, tenemos una nueva película de D&D. Conocemos a un  nuevo grupo de aventureros, dirigidos por un bardo con más cara que espalda y una bárbara con un pronto un poco bestia. Como no puede ser de otra manera, se metén en más follones de los que se pueden permitir, el destino del Reino está en sus manos, etc. Etc.

Y me he llevado una sorpresa más que agradable. Todo funciona estupendamente. La historia podría funcionar como una campaña de D&D, está bien introducida, sin dejarse un tópico o un tropo de cualquier Dungeon Master. Los actores están simpáticos, bien escogidos para sus papeles y se nota que se lo han pasado en grande rodando. Además, tiene los cameos justoa para hacer el guiño sin que la escena se resienta y el malvado está a la altura de la tontería que estamos viendo. Así da gusto estarse una tardecita veraniega viendo una película.

Mira que había muchas cosas a las que tenía miedo. Chris Pine como protagonista no me auguraba nada bueno, pero su bardo cachondo funciona estupendamente, con el morro que pide el personaje y una sonrisa de cemento armado que abre puerta tras puerta. Michelle Rodriguez es también una inesperada bárbara que, sin embargo, destila la mala leche que el personaje requiere. El resto de la banda son quizás más funcionales, pero ninguno me desagrada en absoluto. De los secundarios, no puedo sino destacar a Hugh Grant – que se nota que lo ha gozado a muerte – cuyo comerciante capaz de vender a su madre por un beneficio se hacer querer cosa mala, y a Bradley Cooper como inesperado halfling fetichista que te arranca un puñado de carcajadas.

No destacará por sus efectos especiales, que no pasan de funcionales, pero en ningún momento se hacen molestos ni parecen de baratillo. Uno estaba muy asustado cuando salió el trailer, ya que salía una escena que no había presagiar nada bueno: el vídeo de Chris Pine al que se le derrite la cara tenía una pinta de lo más horrible, cosa que se convierte en un chistaco buenísimo al subvertir expectativas y ser testigos de una pifia y un hechizo que sale mal. Por el resto, tenemos dragones, rayos, bolas de fuego y portales con mucha chorrada y poca queja.

Lo que me parece más cachondo es que cada escena de la película puede relacionarse con la traslación a película de lo que sería una campaña cualquiera de D&D. Casi cada diálogo o reacción de la película permite deducir qué ha hecho el máster, cuál es la treta que ha usado el jugador para salir del paso, incluso puedes oír los dados caer y ver las consecuencias de las tiradas. A mí que no me nieguen que el Paladín es un NPC que usa el máster para encauzar a la banda, que la aparición de persona-pájaro es una improvisación del bardo o todo lo que tiene que ver con el dragón de lava. Sketches que funcionan a la perfección para el iniciado y no dejan fuera de juego al profano por todos lados. Incluso el cameo de la banda de la serie de dibujos hace gracia

En fin, una película que desborda simpatía por todos lados, de las que gusta ver para relajarse el cerebro. Lástima que se pegara una ostia morrocotuda en los cines, lo que nos impidió disfrutar de una segunda parte que me hubiera hecho mucha ilusión.

Una comedia de fantasía como hacía tiempo que no veía. Actores pasándoselo en grande con un guión muy juguetón en una película de lo más divertida. Ideal para que el friki pase una tarde entretenido mientras el profano disfruta igualmente de un buen rato.

 

Nota: 7

Nota filmaffinity: 6.5 

miércoles, 1 de abril de 2020

Alita, ángel de combate


Recuerdo cuando tenía diez añetes bisoños y devoraba todo manga que aparecía a mi alcance. Uno de los que más me fascinaba era el violentísimo “Alita, Ángel de combate”, que mis padres ignoraban porque “si es de dibujos, seguro que es para niños”. No es que quedara (muy) traumatizado de la experiencia, pero sí recuerdo las toneladas de buenos ratos que me proporcionó.  Éste fue siempre uno de los que siempre deseé y temí que se pasara a acción real, fascinado por lo que sería capaz de realizar el músculo financiero de Hollywood con todos los efectos especiales necesarios, pero al mismo tiempo totalmente asustando ante el engendro que eran capaces de hacer como había demostrado sobradamente la experiencia.
 
El proyecto de Alita es uno de estos que lleva gestándose toda la vida. Cameron compró los derechos poco después de hacer Terminator 2 y desde entonces se lleva barumoreando que empieza con ello que si ahora sí, que me da palo, que luego me pongo… Yo ya había dado por imposible cualquier posibilidad de verla en la pantalla grande, pero parece que al final Robert Rodríguez convenció a Cameron de que tenía la capacidad de llevarlo a cabo. Y aquí la tenemos.

La película nos sitúa en un mundo futuro en el que todo se ha ido un poquito a la mierda. Una élite vive en una plataforma a unos kilómetros sobre la superficie, con todas las comodidades imaginables, mientras el común de los mortales sobrevive como puede en la vieja Tierra. Hay los ecos de una guerra pasada que cambió todo, pero nadie tiene muy claro qué ocurrió. En uno de los muchos vertederos  aparece una ciborg de ojos grandes que, de alguna manera, parece tener escrito un destino glorioso una vez es reparada. Se trata de Alita, un ángel de combate, una soldado perfecta concebida con una tecnología que ya parece perdida…

Desde un primer momento se puede ver que la parte visual es abrumadora. La técnica de captación de movimiento está cada día más afinada y ya debemos acostumbrarnos a que sea una técnica de rutina más del cine, eso está clarísimo. Además, toda la imaginería está bellamente trasladada: la brutalidad tecnológica en que se vive, la distinción de estilos entre arriba y abajo, la facilidad para pasar de momentos super-cuquis a desmembramientos y cabezas volando con una facilidad pasmosa. Ese es uno de los detalles de calidad de Cameron, el diseño de producción de escenarios, tanto de la imaginería como de los personajes, es sencillamente brutal, de los que apetece ponerse en la pantalla más grande posible para apreciar todo lo que se ha llegado a meter (bien) en pantalla. Además, Alita está perfectamente integrada dentro de la película, sin dar la impresión de ser una piel puesta encima de una actriz, más allá del deliberado efecto de sus ojos, no produce esa inquietud de notar que el personaje en realidad no está allí cuando interacciona con algo.



El poderío visual es también uno de los puntos a favor de Robet Rodriguez como director. Dotado de una proverbial imaginación, es realmente bueno a la hora de trasladar las viñetas a la gran pantalla con la mayor literalidad posible. Su presencia también se nota en las escenas de acción, todo un prodigio de acrobacias de primera, de las que molan sin llegar a cansar, con los fuegos de artificio perfectos para disfrutar del espectáculo sin saturar. Una auténtica flipada.

Sin embargo, su presencia se nota también en el poco aprovechamiento de un guión que tampoco se molesta mucho en desarrollar a los personajes, amén de una trama romántica completamente gratuita que no importa a nadie, que parece estar porque debe de haber una y si no, pues pasa algo. Además, se ha mantenido el argumento general con una literalidad sorprendente, sin esmerarse a trasladarlo a los gustos actuales. Mi sensación es que se ha cogido el guión que se desarrolló en los años 90 y se ha presentado tal cual. Esto se nota en el cyberpunk que impregna todas las imágenes, con la cruda rudeza propia de su época, sin la estilización que se demandaría hoy día, de igual manera ocurre con el ubicuo motor(roller)ball tan de moda en todas las distopías de 1985-1995, que parece haber desaparecido en cualquier propuesta de hoy día.  Pero bueno, no negaremos que sigue siendo divertido.


 En cuanto al reparto, Rosa Salazar hace todo lo que puede con sus toneladas de pegatinas para dar vida a Alita, quizás consciente de está ante una de las oportunidades de su vida. Del resto, destacan Christopher Waltz, Jennifer Connelly y Mahershala Ali, un puñado de trabajadores muy solventes que hacen lo que pueden con lo poco que el guión les ofrece. No obstante, se toman muy en serio el proyecto, lo que añade empaque a la cinta.

El estreno de la película tuvo su cierta dosis de polémica (como siempre) porque se apostó decididamente por mantener el tono general del manga sin importarles una calificación +18, incluso a pesar de que los pases previos tenían quejas por su excesiva violencia (con el consabido enfado de las mentes bienpensantes). Se estuvo hablando de hacer un posible estreno de una versión +13, con el consabido enfado de los fans. Por mi parte, considero que hubiera quedado raro ver una Alita sin las cafradas salvajes típicas del manga, con cabezas volando y tripas colgando aquí y allá. Soy consciente de que alguno puede quedar espantado (ay si mis padres hubieran sabido qué leía, jeje), pero es una de las gracias adicionales del producto original y, claro…



Al final queda una película irregular, llena de sus cositas y sus bastardadas pasadas de página. Lo mejor del film estriba en su trabajadísimo apartado visual y sus incesantes escenas de acción, dispuestas a un ritmo constante que no deja lugar para pensar. Además se pasa tres pueblos de bruta y salvaje, con una crudeza gratuida y desnortada, pero se le va tanto la castaña que se convierte en condenadamente disfrutable. Peca de tener un argumento muy anodino y unos personajes poco desarrollados, pero un servidor se lo ha pasado en grande con esta versión supervitaminada del manga que me flipó de adolescente.

Nota: 6
Nota filmaffinity: 6.4

sábado, 10 de octubre de 2015

La isla Mínima



Ya desde el opening  se hace patente el tono: imágenes aéreas que cortan la respiración, tan bellas que parecen irreales, de los meandros del río Guadalquivir. Lazos laberínticos de agua en el corazón de una naturaleza muerta y desolada que podría hacernos pensar que nos hayamos en alguno de los pantanos de Luisiana. La comparación de es al azar. La Isla Mínima se inscribe en efecto como una versión española de los mejores thrillers yanquis –la comparación con True detective es obvia-, de los que nos lanzan hacia áreas remotas, asiladas e inquietantes, donde la búsqueda del culpable es un simple pretexto para describirnos los usos y costumbres, habitualmente poco recomendables, de las comunidades que (sobre)viven allí. Y la Andalucía rural de los 80 cumple punto por punto la cartilla: Al polvo árido de la naturaleza y de las duras condiciones de vida se le enfrentan los rostos curtidos y ajados de sus habitantes, que prefieren callar en un silencio hostil antes que revelar sus secretos a unos policías venidos de la ciudad a desvelar aquello que debe permanecer oculto. 


Se trata por tanto, de una investigación difícil, la que se plantea a los dos detectives provenientes de Madrid, durante las fiestas locales, para encontrar a dos adolescentes desaparecidas. Pedro, un joven idealista a punto de ser padre y Juan, un viejo zorro maltratado por la bebida al que le cuesta olvidar las viejas costumbres del régimen, se hunden poco a poco en las marismas andaluzas, desenterrando cadáveres y secretos, hasta el punto de poner en duda sus propias creencias y convertir en cada vez más permeable la frontera entre lo legal y lo ilícito….

La isla mínima  no debe avergonzarse en absoluto de su influencia americana, a los que el film debe los códigos del thriller y su elegante puesta en escena, debe estar orgulloso de su presencia. En efecto, Alberto Rodríguez escoge situar la acción en una época muy particular de la historia reciente de España, unos años ochenta en los que la democracia está aún en pañales. Y en este pueblo andaluz, además del extraño comportamiento de los dos policías, destacan los fantasmas del franquismo, que se debaten frente a los deseos de emancipación que trae consigo la democracia. Así, las dos adolescentes desaparecidas, que la comunidad juzga como libertinas, podrían simplemente tener ganas de libertad y estar en cualquier lugar. Así, su callado padre parece aceptar su desaparición como un castigo por el comportamiento de las chicas, mientras que su madre, a instancias de su marido, esconde detalles de la investigación. Así, los dos policías tienen también un pasado y secretos que aflorarán quieran o no…

Alberto Rodríguez toma la investigación como base para trazar, imperturbable, un camino invisible siguiente los indicios que descubren, las (falsas) pistas que siguen, los interrogatorios que realizan… Pero siempre de cruce en cruce, escudriñando las hierbas altas y las zanjas desoladas, sondeando los pantanos y sus habitantes para tomar altura de nuevo para desvelarnos la misteriosa belleza de estos paisajes inmensos antes de sumergirnos de nuevo en su calma asfixiante. A través de un thriller diabólicamente eficaz, dota a esta isla apenas atisbada de una atmósfera malsana, la puebla de personajes fantasmagóricos y la encanta con los espectros del pasado….


Nota: 8
Nota filmaffinity: 7.2

Es extraño –cada vez menos- encontrar una muestra de género de tanta calidad en nuestro país. A pesar de ser sobradamente la mejor de su temporada, de alguna manera inexplicable, no fue seleccionada para representar a España en los Oscars el año pasado. No sé si hubiera ganado, pues tanto Ida como Relatos Salvajes son rivales temibles, pero sí que habría estado en muchas quinielas. Posteriormente, la Academia corrigió un poco su error al permitirle arrasar en los Goya, donde se llevó casi todo. 

miércoles, 18 de julio de 2012

Atlas de geografía humana


De nuevo una adaptación de una novela de Almudena Grandes, la vida de mujeres corrientes, con vidas de lo mas normales, a las que se le cruza, el amor, el desamor, los problemas familiares, todas ellas con el vínculo común de ser compañeras de trabajo y amigas.

Atlas de geografía humana es el título de un Atlas en fascículos que se está preparando desde una editorial anónima. El equipo que prepara el Atlas está compuesto por cuatro mujeres, cuatro amigas que proceden de diversos estratos sociales y tienen distintas aspiraciones en la vida. Sin embargo, todas comparten un hecho común, a pesar de su optimismo y su alegría, ninguna de ellas es feliz y, mientras intentan llevar el Atlas a buen puerto, harán balance de sus vidas, buscando aquello que les falta para llegar a la felicidad, que bien pudiera estar esperando a su lado…

ACTORES: más bien habría que decir actrices, ya que la acción corre casi en exclusiva a cargo de cuatro mujeres. Si bien sus actuaciones no pasarán a la historia del cine, realizan sus papeles con anodina corrección, destacando por la sinceridad y verosimilitud que transmiten, como si fueran personas que te pudieras encontrar cualquier día.

DIRECTOR: Otra vez, a cargo de una mujer. No hay mucho que destacar, ya que no difiere mucho del tratamiento que uno esperaría en una serie de televisión. Le falta algo de conexión en algunos momentos, con saltos de tiempo inesperados y, aunque se muestra cercana y realista, le falta cierta capacidad para emocionar a quién no se sienta plenamente identificado con la situación de los personajes. Por otro lado, la directora consigue explicar el tema sin caer en tópicos ni en golpes de efecto gratuitos. Todo es lógico y discurre por su senda sin ninguna estridencia ni excentricidad.

GUIÓN: Basado en el libro de Almudena Grandes de mismo título, se hace un retrato bastante acertado de la vida de un grupo de mujeres insatisfechas con su vida: la tendencia a ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, la tontería de un amor tardío, que supone una ruptura de la soledad o de la rutina que ha impuesto la vida, los agobios por aguantar a los hijos frente a la desdicha por no tenerlos, la peligrosa línea que separa el consejo de amiga del comentario resentido y el sentido del riesgo al aceptar abrir tu corazón a un extraño al que apenas empiezas a conocer. La historia sigue punto por punto -quizás demasiado fielmente- la novela. Por ello, la trama está muy bien desarrollada, aunque puede pecar de lenta.

Es un trabajo sencillo, sin pretensiones y muy discreto. Correcto, pero que no deja el más mínimo poso excepto si te es fácil identificarte con los personajes.

Sólo destacaría la última frase de la película, un pequeño canto a la esperanza: “A veces las cosas cambian, parece imposible, parece increíble, pero a veces pasa”.

Nota: 3
Nota filmaffinity: 5.0

lunes, 28 de marzo de 2011

Sin City

No es una adaptación al comic. Es un cómic en movimiento.

En Sin City nada es sagado. Todo es corruptible, pervertido, obsceno y mortal. Apenas queda un resquicio para la esperanza, pero ahí está. La película comprende tres piezas entrelazadas. Tres pequeñas tragedias donde carismáticos antihéroes intentan sobrevivir a las nauseabundas injusticias de la miserable ciudad que es Sin City. En “El más duro adiós” el duro y roto Marv intenta vengar la muerte de la única mujer que le ha tratado bien en toda su vida. En “La gran masacre”, un paria vuelve a la ciudad, provocando una guerra entre las prostitutas y la mafia de la ciudad. En “Aquel bastardo amarillo”, Hartigan, el único policía honrado de Sin City, intenta detener al hijo del senador, un bastardo violador y asesino, con funestas consecuencias para su carrera.

ACTORES: las actuaciones son poco menos que perfectas. En un reparto de lo más variopinto, con muchísimas estrellas que brillan por sí solas, destaca sobre todo un Mickey Rourke bordando un personaje roto y sobrecogedor. Bruce Willis soberbio, así como Clive Owen (haciendo de Clive Owen) e, incluso, Elijah Wood con su carita de ángel encarnando a un asesino que encaja perfectamente con ese espíritu oscuro que impregna cada minuto del metraje.

DIRECCIÓN: Robert Rodríguez es un director irregular. Tan pronto te puede hacer animaladas tan magníficas como “El Mariachi”, “Four Rooms” o “Abierto hasta el amanecer” y pastiches tan horrorosos como “Spy Kids” o “Shark boy y Lava Girl”. Aquí estamos en un caso de los primeros. Probablemente lo mejor que ha hecho en toda su vida. La adaptación es simplemente inmejorable. El aspecto estético está tremendamente cuidado. El rodar en blanco y negro, con ese HD de croma, añadiendo los colores justos para enfatizar las emociones (pasión, lujuria, repulsión, inocencia…) le consigue dar el aire perfecto de un cómic malsano en la cloaca de Sin City. Escenas cuidadísimas, un abuso del croma muy trabajado, el saber hacer de Rodríguez asesorado por Tarantino (que se nota), unido a un guión sublime hacen de este trabajo una película inolvidable, simplemente magnífica. El efecto de que las propias viñetas se han puesto en movimiento es sublime.

GUIÓN: Algunas adaptaciones cogen el cómic y lo destrozan para adaptar el lenguaje de la novela al cine, aquí el propio cómic hace las veces de libreto. Sin City es de las mejores novelas gráficas que ha habido. Visceral, espectacular, impactante… No deja a nadie indiferente. Con un ritmo pausado y descorazonador, las escenas se van deslizando lentamente por nuestras retinas, ofreciendo un espectáculo que no deja indiferente a nadie.

Todo en Sin City es de un buen hacer inmejorable. Desde los actores hasta los aspectos técnicos, pasando por un guión sublime que te transporta desde las viñetas del cómic original hasta la gran pantalla sin darte cuenta del cambio de formato. 
El cuidado de todas las escenas, de esos claroscuros exagerados, de esos perfiles imposibles en los personajes, ayudan sobremanera al espectador a meterse dentro de la película y sentir lo que sienten los personajes: la oscuridad y la luz, la caída al abismo sin retorno, la gloria y la miseria del alma.

Sobrecoge ver al policía semiacabado que se esfuerza por seguir cumpliendo la ley, aun a pesar de su edad; emociona ver cómo un héroe fracasado es capaz de verter ríos de sangre por vengar la muerte de su única amada; sorprende ver al tránsfuga social ayudando a un grupo de prostitutas habitantes de una ciudad oscura dentro de una ciudad aún más oscura... Ni todas las más halagadoras palabras servirían para describir cada episodio, cada historia tan magníficamente entrelazada aunque parezca que no tengan nada que ver.

Cada fotograma de Sin City es una pequeña obra de arte, una maravilla estética. Podrían parecer exagerados en ciertos momentos, pero de ahí sale el toque extremo que hace de Sin City una de las adaptaciones más fieles que jamás se hayan hecho de un cómic. Y si no son suficientes las imágenes contrapicadas y los blancos y negros contrastados, los diálogos en "off" sacan al espectador de cualquier duda, creyendo que en verdad está leyendo los bocadillos de un cómic.

Es un pecado no verla. Pero ojo, abstenerse almas sensibles, pues la sordidez es la norma. Avisados quedáis si osais entrar en Sin City.

Nota: 9
Nota Filmaffinity: 7.6

Tres frases que se te quedan grabadas en el cerebro (y en el corazón):

“The Valkyrie at my side is shouting and laughing with the pure, hateful, bloodthirsty joy of the slaughter... and so am I” – Dwaight
“Goldie. She says her name is Goldie”Marv  
“An old man dies. A young woman lives. A fair trade.”Hartigan

miércoles, 9 de febrero de 2011

Machete


Lo que más lleva destacando desde el comienzo del proyecto es el espectacular reparto, increíble además teniendo en cuenta la naturaleza del film (algo parecido a THE EXPENDABLES, pero en versión RR-cutre). Danny Trejo es Machete, un ex-federal mejicano que es engañado y traicionado por el equipo de un senador de Texas y buscará venganza para él y para los sin papeles que sufren los abusos del senador (un hilarante Robert de Niro). Para ello contará con la ayuda de Luz (Michelle Rodriguez), de la agente de inmigración Sartana (Jessica Alba) y de su hermano, el Padre (Cheech Marin). En el bando contrario los villanos son todavía más memorables, con Tom Savini, Steven Seagal, Don Johnson, Jeff Fahey y su hija, Lindsay Lohan.

No estamos hablando de un film independiente, filosófico e impactante. Estamos hablando de sangre a chorros saliendo de decapitaciones triples o tripas usadas como lianas, de madres liandose con sus hijas en pelotas con un mejicano asesino bigotudo, de Seagal repitiendo una y otra vez "puñeta", de un cura blasfemando y volando cabezas en su iglesia, de una versión femenina y sexy del Ché, de huevos friéndose debajo de una cama, de moviles ocultos en lugares "íntimos"... estamos hablando de MACHETE.
Por tanto, ¿qué estamos viendo? Un engendro absurdo, sin sentido de la coherencia o de la lógica, con unas dosis de idas de olla tan grandes que parece que estemos viendo algo parecido a Epic Movie con un montón de sangre por medio.
La película es mala con ganas. Actuaciones horribles, personajes totalmente pasados de vuelta y un guión que va de despropósito en despropósito. No obstante, ¿acaso Robert Rodríguez busca hacer una película buena? Ni por asomo. Se trata simplemente de poner una burrada tras otra hasta cansarse, a cada cual mas bizarra y gore.
Eso sí, la película es condenadamente divertida. Mala hasta rabiar, pero ideal para apagar el cerebro un rato y echar unas risas. Un despropósito sin sentido muy espectacular.
No hace falta disir nada mas.

Nota: 3
Nota Filmaffinity: 6.3