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lunes, 11 de mayo de 2020

La vegetariana (Han Kang)


Y seguimos con libros, que parece que estoy en racha. Hoy viene una obra leída como parte de la CLO, siempre presta a descubrirme historias interesantes (Gracias petitejolie).

Título: La vegetariana
Autor: Han Kang
Título original: 채식주의자

"La vegetariana" relata la historia de una mujer corriente, Yeonghye, que por la simple decisión de no volver a comer carne convierte una vida normal en una perturbadora pesadilla. Narrada a tres voces, "La vegetariana" cuenta el desprendimiento progresivo de la condición humana de una mujer que ha decidido dejar de ser aquello que le obligan a ser. El lector, como un pariente más, asiste atónito a ese acto subversivo que fracturará la vida familiar de la protagonista y transformará todas sus relaciones cotidianas en un vórtice de violencia, vergüenza y deseo.”

Una vez acabadas sus páginas, no puedo sino expresar mi sorpresa con el libro. Se trata de una propuesta original, diferente a casi cualquier cosa que hayáis leído en los últimos años.

Partiendo de una situación aparentemente cotidiana, llega a lugares que no hubiera esperado visitar. La cotidianeidad de un hogar cualquiera de Corea del Sur se quiebra cuando el ama de casa, callada y diligente, declara que ya no va a hacer nada que no desee hacer y, como primera medida, va a negarse a comer cualquier tipo de carne, desobedeciendo así a su marido, a su padre y al resto de su familia. Lo que podría ser un gesto vacuo, se aplica a toda su vida. No va a realizar ninguna tarea para ese marido al que no quiere, con el que se casó porque “tocaba”. No va a ir a trabajar a esa oficina en ese cargo que no soporta. No va a plegarse a ninguna de las normas que la sociedad impone para ser “una señorita de bien”. Ante la incomprensión de los que le rodean y su negación a ceder su posición en lo más mínimo, las reacciones se tornan viscerales en un descenso a los infiernos tan bestial como imposible de predecir.

Las 240 páginas del libro están divididas en tres partes que te cuentan la misma historia –después de las primeras cinco, en la que se produce la decisión vegetariana-, pero cada una de ellas desde el punto de vista de un personaje diferente.

El primer tercio de La Vegetariana es el más aprovechable. Es oscuro y raro. Tiene su punto malsano, desconcierta y te obliga a continuar leyendo para comprender el misterio y enterarte de qué demonios está pasando. Está narrando desde el punto de vista del marido de la protagonista. Es un hombre más o menos estándar que tiene su trabajo de oficinista explotado, ha vivido durante años con una mujer atenta y considerada que le atiende cada vez que él vuelve cansado del trabajo, presta a ofrecerle una cerveza y unos mimitos. Cuando ella toma la decisión de no comer carne, él cree que es un capricho momentáneo, reaccionando con cierta condescendencia, pero pronto la decisión se amplía a cualquier aspecto de su vida, con lo que él, desconcertado, se encuentra conviviendo con una mujer a la que no conoce, pero que, de alguna manera sigue amando. La situación se va volviendo cada vez más rocambolesca, especialmente cuando se hace obvio que el divorcio es inevitable, llegando a límites bastante insospechados.

La segunda parte nos vuelve al día siguiente de la decisión, mostrándonos los mismos hechos desde el punto de vista del cuñado de la protagonista. Éste es un artista erótico que vive, básicamente, del cuento. Durante años ha estado muy colado con la protagonista y ve en su rebeldía el momento ideal para llevarla a la cama. Nada más comenzar recibimos un buen impacto y nos haremos conscientes de que el tono ha cambiado. La perversión cambia de estilo, volviéndose sórdida y escabrosa por otros motivos. Seremos testigos de los mismos hechos, pero desde el punto de vista de un salidorro que no quiere otra cosa que zumbarse a la protagonista. No intenta comprenderla ni le importan sus excentricidades, siempre y cuando a ella le apetezca abrirse de piernas.

Finalmente, el tercer acto nos muestra el punto de vista de la hermana de la protagonista. Es una mujer más convencional, que bastante tiene con soportar a su marido, pero que adora a una hermana a la que siempre ha idolatrado. Se le hace imposible comprender los cambios que ocurren, pero se esfuerza por apoyarla, mientras contempla cómo la rebeldía contra el sistema se va tornando en locura malsana. La sensación enfermiza que impregnaban los anteriores capítulos se torna aquí realmente incómoda, con una sucesión de escenas desgradables sobre el hecho de qué es ser un humano, jugando con la visión Hobbes // Rousseau del tema, en medio de un clima perturbador.

Curiosamente, la perspectiva de la protagonista se nos niega en todo momento, quizás como una manera de acentuar su aislamiento dentro de una sociedad que no sabe o no quiere comprenderla. Los tres puntos de vista son plenamente distintivos, uno está confundido, otro no tiene corazón y otra está llena de compasión, siendo ésta la única que quiere apoyar a un alma libre que quiere vivir según sus reglas. A través de estos tres personajes es como debemos trabajar nuestras neuronas para comprender la cadena de decisiones que han llevado a la protagonista a esta situación.

Lo que más me ha gustado del libro es la estupenda construcción de los personajes. Fácilmente los llegamos a conocer, con todas sus peculiaridades y excentricidades. Puede que sean demasiado extremos para llegar a compartir su forma de ser, pero es fácil seguir sus líneas de pensamientos. Se sienten vívidos y trabajados. Este desglose de personalidades se complementa con una lectura fácil, incluso cuando transita por terrenos oníricos. En dos tardes tontas, puedes acabar con este libro, terminando también con una buena empanada mental y un nudo raro en el estómago. Especialmente, la segunda parte puede hacerse áspera por la aridez (y abundancia) de encuentros sexuales desprovistos de cualquier tipo de erotismo, la tercera, por su parte, se hace molesta por el exceso de ensoñaciones lovecraftianas y sus devaneos filosóficos. En conjunto, el libro es un buen compendio de situaciones perturbadoras que algunos tomarán de mejor manera que otros.

Al revisar algunos portales de reseñas, me he sorprendido al encontrar gente entiende el libro como un alegato contra el consumo de alimentos animales. Muchos han llegado a esta obra por su título y parecen haber encontrado en él fuerzas para confirmar su decisión de ser vegetarianos. Sin embargo, me parece que ésta no es precisamente la intención de la escritora. Yo la veo como una alegoría de qué supone ser mujer en Corea del Sur, con una vida destinada a cuidar de su marido (al que no tiene por qué amar) y, sobretodo, debe obedecer u obedecer, encontrando el rechazo más absoluto a cualquier tipo de desacato, como se ve en el propio libro, donde la protagonista es obligada a entrar en vereda a la fuerza, desacreditando sus excentricidades porque igualmente funciona como mujer o al final, recibiendo un tratamiento de loca a la que tampoco hay que hacer caso.

En cualquier caso, aprecio del libro su capacidad para provocar. Se sabe diferente, impacta desde un inicio y contiene buenas ideas de fondo. Sin embargo, pasadas sesenta páginas, parece descarrillar en un intento que no le acaba de quedar del todo, transitando por caminos no demasiado agradables. No dudo que puede haber público para este libro, pero yo no estoy en él.

Nota: 2
Nota goodreads: 3.58/5

PD: He buscado entrevistas de la autora sobre el libro y, en efecto, ella misma dice que no nos dejemos engañar por el título, pues el vegetarianismo (muy rechazado en Corea del Sur) es simplemente una excusa para hablar sobre el machismo imperante en un país que todavía arrastra muchos dejes totalitarios.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Tengo algo que deciros

No todas tienen que ser películas sesudas y de gran trascendencia. De vez en cuando apetece ponerse con propuestas más ligeras que permitan relajarse un poco y, simplemente, pasar un ratito agradable.

Tomasso va de visita al pueblo a ver a su familia y a hacer algo muy importante: salir del armario. Sin embargo, en la noche más importante su hermano mayor se adelanta y es él el que declara su homosexualidad. Ante los altercados provocados en la familia por la noticia, Tomasso decide esperar unos días a que se calmen las cosas antes de salir a su vez del armario, claro que las cosas no tomarán realmente el rumbo que esperaba.

Con un disfraz de comedia romántica al uso se esconde un curioso retrato de la retrógrada sociedad burguesa rural italiana. Es una cinta marcadamente costumbrista que trata las dificultades que puede entrañar salir del armario en una sociedad donde el qué dirán es absurdamente importante y no importa ser alcohólico, infiel, envidioso o criticón, pero ser homosexual te convierte en un degenerado de la peor especie.  

Los problemas para ser uno mismo, la presión para cumplir “el deber familiar” y el qué dirán se entremezclan con una inusual normalización de la homosexualidad, incidiendo principalmente en ridiculizar y mostrar lo estúpidos que son los comportamientos homofóbicos.  El excéntrico y variado crisol de personaje la aleja de las comedias románticas habituales, mostrando su marcado carácter italiano.

A pesar de unos cuantos gags que se acercan demasiado a la vergüenza ajena, encontramos una película con un agradable desarrollo, un par de chistes bien encontrados y una buena defensa de que obtener la confianza para aceptarse a uno mismo y expulsar las verdades ante los seres queridos es mejor que vivir en escondido y engañando a tu conciencia (aunque se nos recuerda con una obviedad a veces excesiva). Todo ello mediante un pequeño recorrido a través de los mejores paisajes del sur de Italia (preciosamente retratados) siguiendo a una familia agradable y cargante a partes iguales.

Es una película irregular, tanto en su carga dramática como en sus momentos cómicos, que nos transporta a lo largo de aquellas comedias italianas corales. Su estructura narrativa típicamente italiana va más allá de la típica película “gay”, mezclando la calma campestre, el bucolismo de los pequeños pueblos rurales con las tensiones de la “familia” y la honestidad del hombre homosexual consigo mismo.

Nota: 3
Nota filmaffinity: 6.3

sábado, 15 de noviembre de 2014

Fruta Prohibida (Jeanette Winterson)

En el CLO de este bimestre ha tocado leer esta corta obra de la que no conocía absolutamente nada. Siempre cojo estas sugerencias con cierta intranquilidad, pero en eso se basa la CLO, hacerte leer cosas que normalmente no leerías. ¿Qué me iba a ofrecer este libro?

Título: Fruta prohibida
Autora: Jeanette Winterson
Título original: Oranges are not the only fruit (hay un juego de palabras intraducible sobre ello en el libro)

“Ésta es la historia de Jeanette, adoptada y criada por su madre como si fuera una elegida por Dios. Celosa y apasionada de su deber, parece destinada a convertirse en misionera, pero se enamora de una de sus conversas. A los dieciséis, Jeanette decide abandonar la iglesia, su hogar y su familia para vivir su amor. Innovadora, punzante y tierna, “Fruta prohibida” se adentra con acierto en los extraños caminos del fanatismo religioso y los excesos humanos.”

Y no podemos negar que el libro descoloca lo suyo. Nos hallamos ante una novela iniciática, al más puro estilo Matar a un ruiseñor pero esta vez la pequeña se cría en un ambiente fanáticamente religioso.

Y mientras Scout crecía arropada en un hogar con un padre amantísimo que le explicaba todos los extraños enigmas que esconde nuestro mundo, Jeanette se cría con una madre histérica que hace cuadrar la realidad con aquello que sus creencias le imponen, encontrando demonios y enemigos de la luz en cualquier rincón. Como cualquier hija, al principio a Jeanette le basta esto, pero cuando empieza  a ir a la escuela y comprueba que la realidad no cuadra mucho con lo que le explica su madre la pobre empieza a confundirse. Está desorientada, no sabe si hay algo raro en su madre (a la que, como todo hijo, adora y tiene en un pedestal), en su mundo (lleno de demonios) o en ella (que no es capaz de ver el mundo tal como debe ser). Esto la llena de intranquilidad e inseguridad, pues no sabe qué es lo correcto y qué no.

Cuando Jeanette llega a la adolescencia ya es consciente de que su madre está algo loca, pero perdona sus excentricidades por su amor a Dios y a las personas. Se ha convertido en una ferviente cristiana que no desea otra cosa que promover la palabra de Dios. Cuando descubre el amor con otra feligresa de su misma edad, su madre aprueba su actitud. Es mucho mejor que se divierta con una amiga fervorosa en vez de pervertirse con los “jovencitos descocados”. El problema viene cuando se descubre que ambas jóvenes son más que amigas, claro. Para la congregación tal relación es a todas luces pecaminosa pero la pobre Jeanette no entiende nada. En todo momento ha sido un amor puro, tierno y sincero que la llena de felicidad y alegría. Se le hace obvio que la felicidad que la embriaga es un regalo de Dios y es imposible que tenga origen en el  pecado. Se intenta explica, se rebela... pero su congregación llega a la conclusión de que está endemoniada, la exorcizan y la expulsan de la comunidad.
Y si la pobre Jeanette ya estaba hecha un lío y no entendía qué funcionaba mal en ella, ahora entiende menos porque la echan de la que ha sido su vida.Tendrá que reconstruirse y buscar la felicidad ella sola, sin referencias ni ayudas.

No es un libro que trate el problema del lesbianismo como tal, sino que se centra en el crecimiento personal de una chica criada en una familia totalmente disfuncional que arrastra unos problemas de autoestima y confusión bestiales (detecto muchas ganas de expulsar demonios interiores). La vida de Jeanette se queda sin referencias de qué es correcto y qué no: su madre la expulsa de casa, no tiene experiencia alguna de la vida fuera de la comunidad, lo único que había sido real en su vida resulta ser el peor de los pecados y no quiere (ni puede) eliminar esos sentimientos. El resultado es que se pregunta y se atormenta continuamente sobre qué hay mal construido en ella. Aunque la situación puede ser algo exagerada, estoy seguro que mucha gente se encontrará identificada con el hecho de que, para poder sobrellevar la vida, lo primero es conseguir aceptarse uno mismo como es y a partir de allí intentar crecer.

Lo más curioso es que no se trata de un libro triste. Al contrario, destila vida y amor. Winterson escribe el libro tal como se lo contaría a un amigo íntimo, con lo que es muy fresco y ameno de leer. Se queda en el extraño punto que existe entre la sátira y la fábula, nutriéndose con acierto de lo mejor de ambos géneros. Sabe entretenerse en pequeños relatos para expresar de otra manera cómo se siente la protagonista y así entendamos mejor lo perdida que está. No interrumpen la acción y sirven de inestimable apoyo para sus ideas.

Es un libro cortito que se lee muy rápido y con momentos muy logrados, como cuando tú sabes que la protagonista está enamorada hasta las trancas pero la pobre es tan inocente que no se da cuenta. Sabe que es más feliz que nadie en el mundo, pero no es capaz de relacionar esa felicidad con el amor ni con las “relaciones ilícitas”. También hay que destacar el paralelismo que se establece entre la Jeanette  -religiosa- que es discriminada en la escuela  con la Jeanette -lesbiana- que es expulsada de la Iglesia. El ajuste es sorprendentemente elegante, quedando patente que Jeanette acaba siendo rechazada, aislada y repudiada por partida doble en su vida por dos aspectos muy diferentes de la sociedad (pobre Jeanette).

Es un tipo de novela muy diferente del que suelo leer, pero no por ello ha sido ingrato. Al contrario, me he sorprendido disfrutando en un género distinto, con una historia fresca y una protagonista con la que es muy fácil empatizar. Muchos se sentirán muy identificados con la protagonista y, quien sabe, puedan exorcizar sus traumas pasados con el libro. Es cortita, extraña y adorablemente  adictiva.

Nota: 7
Nota anobii: 4/5

domingo, 9 de noviembre de 2014

También la lluvia

Ya que hace poco que se anunció que Vivir es fácil con los ojos cerrados iba a ser la representante para competir por los Oscar de este año, se me ocurrió revisar esta película de hace unas temporadas que por diversas cosas se quedó sin ver en su momento.


Un grupo de rodaje se dirige a un lugar perdido de Bolivia para hacer una película sobre la llegada de Colón a América. Hay ciertos desacuerdos sobre la manera de tratar la figura histórica, pero parece que la película progresa. Pero las compañías hidroeléctricas del lugar quieren privatizar todos los servicios del agua local, lo que provocará graves disturbios en la zona. La intervención del ejército complicará las cosas y pondrá la región al borde de la guerra, ante la cual los miembros del rodaje no podrán mantenerse al margen.
Y es que el agua (en “la guerra del agua”, Bolivia, 1999) es el oro del que se aprovecharon los españoles. Ahora es una multinacional estadounidense la que firma con el Gobierno la privatización de todos los acuíferos del territorio (también la lluvia), con la excusa de que era así como un país debería progresar más económicamente.

El cine de Icíar Bollaín siempre destaca por su corrección formal, y aquí rueda un guión de Ken Loach, por lo que ya podemos tener una idea de por dónde van los tiros. Tomando la idea del “cine dentro del cine” como punto de partida se hace un paralelismo (nada sutil) entre la actitud racista y saqueadora de los Conquistadores con la de las compañías yanquis que buscan saquear los recursos naturales del continente, tratando a los “indios modernos” como una molestia con la que lidiar.
Ya desde un principio tenemos unos personajes muy bien trazados y bien dirigidos, un estupendo Tosar (cómo no), Gael más que correcto, un Karra Elejalde muy cínico y logrado… Bollaín sabe dirigir actores y en eso la película no falla en absoluto. Inicialmente se centran en sacar adelante la película e ignorar los disturbios locales; sólo  aprovecharse de las bajas aspiraciones de los trabajadores bolivianos y así hacer la película y salir rápido del lugar, aunque afloran las opiniones sobre la necesidad de implicarse y dar luz a las injusticias locales.
Una vez los disturbios avanzan, el grupo de rodaje se debate entre buscar la manera de ayudar a los indígenas (que están recibiendo de lo lindo) y salir por patas los más rápidamente posible.

No se puede negar que la película está muy bien hecha. Está rodado con un marcado tono documental como si estuvieran haciendo el “Como se hizo” del film de Colón, pero ese making-off  se mezcla con escenas del propio film, de rodaje, de los entresijos del film y otras que ocurren en el exterior. Este “documental” se va convirtiendo poco a poco en una crónica de los sucesos de la guerra del agua en la que se están presentes los diferentes planos de “realidad”.  Contiene escenas muy trabajadas y poderosas (la cola del casting inicial, el traslado de la cruz en helicóptero, la charla en la iglesia ficticia, el volcado de la camioneta de policía o la incursión por la ciudad en plena batalla) con un marcado tono de denuncia, junto a una dirección de actores impecable en la que se enlaza el pasado y el presente, discursos entrelazados y ácidas críticas a muchos estamentos (el artista con ideales que a la que hay problemas solo piensa el salvar su pellejo, el abuso de un país “low-cost”, la mezcla entre los intereses económicos y los intereses sociales, la reacción de la gente ante la desgracia ajena…), aspectos todos que fácilmente tocan la fibra del espectador y no le dejan indiferente. Se nota que Bollaín tiene un presupuesto mucho más holgado del que disfruta habitualmente y lo aprovecha para realizar una película complicada con una corrección formal impecable.

El guión contiene una gran cantidad de meta-mensajes entrelazados en diferentes niveles que busca reflejar la injusticia a la que se enfrenta un tercer mundo expoliado por un primer mundo post-colonial. Al mismo tiempo juega a entrelazar  las anécdotas del rodaje con las escenas reales rodadas con lo que ocurre en el exterior del rodaje. Por si esta osadía fuera poca cosa, lo mezcla con la evolución de los personajes ante un conflicto, la incapacidad de permanecer indiferente ante la desgracia ajena y los límites que pone cada uno ante la implicación solidaria.

Es mucha cosa para meter dentro de un mismo saco y aunque está muy bien equilibrada, hay ratos que no sabe uno hacia donde quiere se quiere tirar. Da la impresión de que quiere tocar todos los palos al mismo tiempo, sin decidirse con ninguno y lo que consigue es un poti-poti muy bien hecho pero en el que es difícil elegir con qué quedarse. Hay escenas que tiran hacia un lado, otras hacia otro… la manta no da para cubrir todo el cuerpo, pero Bollaín lo intenta sin descanso. Me recuerda mucho a Hotel Rwanda, otra película de crítica social que todo el mundo dirá que está bien hecha (que lo está) pero que luego no son películas que consigan traspasar la pantalla y hacer de ella un ente diferente. Está bien, es buena, todo encaja a la perfección pero dudo mucho que se pueda convertir en la película favorita de  absolutamente nadie.

Cine político de factura impecable pero que vale más por el tema que toca (y lo necesario del mismo) que por la capacidad de trascender. Pero tiene razón. ¡Claro que tiene razón!

Nota: 7
Nota filmaffinity: 7.2

domingo, 2 de noviembre de 2014

Un juego de inteligencia

Dentro del DPM de este mes nos vamos  a Alemania. De Weingartner sólo conocía la sugerente Los EduKadore. Así que a botepronto, nos vamos a divertir con cañonazos nada sutiles sobre los defectos de la sociedad occidental. Esta vez la película se centra en uno de los medios de ocio más habituales de la sociedad occidental: la telebasura y la lucha por las audiencias.


Weingartner sabe que lo mejor es empezar con fuerza y exagera de la manera más bruta e innecesaria presentándonos la vida del rey de la telebasura. Reiner es el mejor creador de realities del país, que triunfa creando programas a cada cual más zafio y vomitivo. Su vida es un compendio de excesos y vicios que se ve truncado al ser atropellado por la víctima de uno de sus programas que quería desquitarse.  Reiner se lo toma como una oportunidad de encauzar el resto de sus días y decide embarcarse en una odisea para desenmascarar a las televisiones y demostrar como trucan las audiencias para que triunfe la telebasura.

Y mientras que Los Edukadores me gustó, ésta es de los engendros peor rodados que he visto en un buen trecho. Entiendo que es necesario demostrar la vileza de la telebasura, pero la demonización gratuita y grosera que se realiza es de traca. La presentación de personajes es digna de las peores películas de serie C mientras que el trabajo actoral se asemeja a la capacidad interpretativa de los actores del cine porno. Una vez ha pasado la primera ronda de pedradas el autor se centra en lo que debería ser la historia, pero lo hace mediante personajes incoherentes, sinsentidos repartidos por ahí, frases pretendidamente profundas sin fundamento y absurdeces continuas. Tal cantidad de despropósitos choca con el tono documental con el que se presenta la historia haciendo difícil que nos podamos tomar en serio la cinta (no me voy a entretener a enumerar las muchas incoherencias y errores de continuidad que hay, son demasiados).

Y ahora que ya hemos puesto las cualidades cinematográficas de la película a la altura del betún, hay que reconocerle que la crítica que realiza sobre la telebasura está muy bien tirada. Hay dos cuestiones causa/efecto que plantea:

-     A la gente le gusta la telebasura => sube la audiencia => Las TVs programan más telebasura => Desaparecen los programas no basuriles (la gente tendría la culpa de que haya telebasura)

-          Las TVs solo ponen telebasura => No hay opción de ver otro tipo de programas => La audiencia de la telebasura  sube => Aún hay más programas de este tipo (Si se le diera la opción de ver programas de calidad, la gente los vería).

El debate está torpemente planteado en la película pero da mucho juego y permite discutir sobre muchos aspectos de nuestra sociedad que seguro no hubiéramos cuestionado. Un pequeño punto a favor que hemos de concederle. En casa, después de despotricar por sus muchos errores, tuvimos una larga y curiosa discusión sobre el tema, llegando más o menos a la conclusión de que El público habitual no ve la televisión para culturizarse o satisfacer sus inquietudes intelectuales. Ve la televisión para entretenerse y/o olvidar sus problemas durante un par de horas. De ahí a que cualquier chorrada que le permita aparcar el cerebro funcione bien, especialmente si tiene un componente morboso que siempre pone mucho.

Además, la película ha quedado bastante desactualizada con la aparición de Internet y la televisión a la carta. Aquel espectador que mira la televisión con cierto espíritu crítico sobre qué ver simplemente ha dejado de seguirla. Se ha cansado de contemplar pasivamente lo que se le ofrece en parrilla y se molesta a buscar las series/programas/documentales/películas que desea ver directamente. Ya sea en los servidores que tienen los canales, las productoras, videoclubs, DVDs comprados y otros medios encuentra algo de su gusto para utilizar la pantalla que hay en la "sala de estar" (el auge de las series es un efecto claro de esto).

La idea planteada es muy buena, pero está muy mal trasladada a la pantalla (pero mucho mucho). Hay que reconocerle que provoca y da pie a reflexiones interesantes pero luego falla en todo: lagunas en el guión, personajes incoherentes, malas actuaciones, escenas mal hechas…

Nota: 2
Nota filmaffinity: 6.0

domingo, 13 de abril de 2014

Primavera, verano, otoño, invierno... y otra vez primavera


La CVO de este mes nos trajo una de las propuestas más personalísimas y poéticas de Kim Ki-duk. Impregnada de paz y serenidad es, ante todo, una película diferente y emotiva.
 

En un idílico paraje de las montañas de Jusan hay un lago onírico y recóndito. Un templo se mece sobre sus aguas. Un monje y su pupilo habitan en él, imbuidos de atemporalidad y solemnidad. De la ciudad llegan una madre y su hija enferma, que deberá quedarse en el templo para recobrar la salud. Esta aparición romperá la tradicional paz y espiritualidad que habita el templo, forzando a todos sus habitantes a adaptarse y evolucionar.

La película está dividida en cinco capítulos muy claros. Cada uno de ellos pertenecientes a una estación del año, una clara alegoría de los diferentes momentos en la vida de una persona.

ACTORES: Kim Ki-duk ha escogido a actores muy diferentes para representar al mismo personaje a lo largo de las diferentes etapas de su vida. ¿un intento de alegoría de que todos nosotros somos parte de la historia de la vida? Todos los actores hacen bien su papel, aunque no sea una película que exija excesivamente a sus actores.

DIRECTOR: Si conocemos la filmografía de Kim Ki-duk, podremos observar que sus películas están repletas de cruenta acción y montajes frenéticos. ¿Cómo explicar entonces una película realizada a base de tomas largas y lentas, con especial fijación por la serenidad de un paisaje que nos invita a sentarnos en el preciosista lago y contemplar el devenir de los personajes? Los diálogos se reducen a la mínima expresión y la comunicación se produce a base de gestos y miradas.
La fuerza visual que desprende la película se llena con imágenes simbolistas que explican las enseñanzas budistas, ya desde las propias puertas del templo (que no delimitan nada, y lo delimitan todo) hasta las mismas piedras, cargas en el alma impuestas por la vida y nuestros actos. Este maravilloso poema conduce a la meditación y a la paz interior, pero ahonda también en los contenidos morales (la culpa, el arrepentimiento, la expiación, la violencia, el dolor, la recuperación del sosiego espiritual).
Esta película de bellísima factura quiere invitar al espectador a un viaje contemplativo sobre la vida…. Que aburrirá solemnemente a quién no quiera participar en el viaje. Su lentitud y espiritualidad es caldo de cultivo para bostezos y somnolencias de aquel que no esté predispuesto para el misticismo.
Lo que más me ha gustado ha sido el terrible “invierno” (sobrecogedor) y la tierna “otra vez primavera”, que nos recuerda que la vida no deja de ser un ciclo sin fin. Si no os habéis dormido antes, seguro que lo apreciaréis.

GUIÓN: La película parece ser una invitación a la introspección, a la búsqueda de paz con uno mismo, desde el punto de vista del budismo. La ausencia de diálogos y la abrumadora abundancia de simbolismos no impiden a esta película trazar las vicisitudes de una vida en cuatro estaciones que sigue, aun cuando nosotros no estemos en ella. Su total falta de ritmo y de trama conjunta convierte a la película en un hipnótico ejercicio narrativo que basa su mensaje en la iconografía. Cada personaje que aparece se convierte en símbolo de un momento o una enseñanza a comprender y apreciar por parte del autor. Incluso los policías estarían representando la culpabilidad del protagonista por haber abandonado su "yo" interior, arriesgándose a ver el mundo exterior por seguir los instintos carnales.
Aunque el final pueda parecer catastrófico no es más que la vuelta al principio, el joven aprende, por la fuerza, pero aprende y ahora es el turno de enseñar.

Una película de factura impecable, con unos paisajes envidiables y una espiritualidad inusual. Nos introducimos en un paraíso oculto de meditación y muestra magníficamente la aparición de las obsesiones y como la falta de paz espiritual conduce al daño y al dolor. Es capaz de invitarte tanto a la meditación como a las mejores siestas. Vedla sólo si sabéis qué vais a ver y estáis seguros de que queréis verlo. 

 Nota: 7
Nota filmaffinity: 7.6

domingo, 14 de julio de 2013

Los viajes de Tuf (George R. R. Martin)

Poquitos ya me quedan de este escritor tan particular que es Martin. Sus primeros libros son bastante malos pero poco a poco va creciendo como escritor, convirtiéndose en lo que es hoy. Hoy toca uno de los libros que apareció justo antes de Juego de Tronos, dónde ya le empezaba a tener cogido el truco a esto y desembarca en la ciencia-ficción con resultados bastante satisfactorios.

Título: Los viajes de Tuf
Autor: George R.R. Martin
Autor: Tuf Voyaging


“Haviland Tuf es un ser curioso: un mercader independiente de gran tamaño, calvo y con la piel blanca como el hueso. Es vegetariano, bebe montones de cerveza, come demasiado y le encantan los gatos. Además, es honesto. Tuf logra poseer una enorme nave espacial, El Arca, la única superviviente del antiguo Cuerpo de Ingeniería de la Vieja Tierra. El Arca es un artilugio desaparecido hace más de mil años, pero que revive gracias a Tuf y a sus gatos. A lo largo de los siete relatos que forman este libro, Tuf consigue la nave, la repara y resuelve un sinfín de problemas espaciales con la ayuda de la ingeniería ecológica, una profesión que él recupera y a la que añade la impronta de su personalidad, astucia e ironía.”

Este libro es un perfecto ejemplo de lo que en ciencia-ficción suele llamarse fix-up. Está compuesto por pequeños relatos publicados entre 1980 y 1986, sin otro hilo común que Tuf y su Arca. Después de recibir abundantes premios y buenas críticas, una editorial se interesó por su publicación. Esto hizo que Martin escribiera un relato adicional para dar trasfondo (La estrella de la plaga, más una novela corta que un relato) y el resto de relatos se reescribieron levemente para que formaran un Todo coherente.

Todos los relatos giran en torno a Tuf y su trabajo como “consultor ecológico” que va de planeta en planeta y es contratado para “arreglar los problemas” de la ecología local. Me han recordado mucho a la serie de Star Trek, dónde en cada capítulo desembarcan en un planeta y tienen un caso que resolver. Sin embargo, Tuf es un personaje bastante particular y su manera de “arreglar el problema” no tiene por qué coincidir con la que desearía su cliente. Después de todo, Tuf presume de su honestidad y siempre va a la causa raíz de los problemas, que suele ser, cómo no, la especie humana. Es curioso cómo se puede observar una evolución en su modo de actuar. All principio trabaja codo con codo con su cliente, el cual no siempre destaca por sus buenas intenciones. No obstante, dentro de sus posibilidades, intenta buscar una solución que lo satisfaga. Sin embargo, después de algunos desengaños, pasa a decidir y aplicar sin consultar ni tener consentimiento, por lo que los contratantes acaban bastante trasquilados. Realmente, Tuf se queda muy a gusto, y a veces se pasa “un poco” al reventar la sociedad que lo contrata.   
Como es habitual en Martin, el personaje de Tuf está muy bien construido, caracterizado con unas maneras muy afectadas y una superioridad autoimpuesta que recuerdan a un Lord inglés con muy mala leche. Tiene su gracia, no lo vamos a negar.

A lo largo de estos relatos, Martin reflexiona sobre el desarrollo sostenible, el uso de los animales como “diversión”, la influencia de la religión al impedir el desarrollo humano, la ética necesaria en el desarrollo tecnológico, la inteligencia no lingüística… Toca bastantes teclas con buen tino y se entiende porqué estos relatos han sido muy premiados. No obstante,  son relatos que no se crearon para ser leídos juntos en un libro,  en todos ellos tienes una estructura que se repite con el fin de contextualizar al Arca y al personaje que, sí, en un único  relato se necesita, pero todos juntos se hace repetitivo.

Son todos relatos cortos, por lo que Martin no se enrolla y va muy al grano. Son muy intensos y se leen rápidamente. El único discordante es el primero, que es más una novela corta y no tiene ningún trasfondo ético. Es una historia de aventuras previsible, pero muy entretenida que explica el origen de Tuf y contextualiza al resto de relatos. De ellos, destacaría el relato Guardianes, el mejor y más diferente de todos los protagonizados por Tuf (y de los pocos en que el cliente queda “satisfecho”).

A lo largo del libro aflora un sentido del humor cabroncete bastante divertido. Los mundos construidos por Martin rezuman una sorprendente verosimilitud y el planteamiento de la historia sabe ser muy diferente a lo habitual. Todo ello convierte a esta obra en un libro muy aprovechable por todo lector. Su repetitividad y su concepción original en relatos inconexos le hace perder algo de frescura y trascendencia, pero eso no impide que se pueda disfrutar con ganas. 

Nota: 8
Nota anobii: 4/5

viernes, 17 de agosto de 2012

Soy un gato (Natsume Soseki)


Título: Soy un gato
Autor: Natsume Soseki
Título Original: Wagahai wa neko de aru

«Soy un gato, aunque todavía no tengo nombre.» Así comienza la primera y más hilarante novela de Natsume Sōseki, una auténtica obra maestra de la literatura japonesa, que narra las aventuras de un desdeñoso felino que cohabita, de modo accidental, con un grupo de grotescos personajes, miembros todos ellos de la bienpensante clase media tokiota: el dispéptico profesor Kushami y su familia, teóricos dueños de la casa donde vive el gato; el mejor amigo del profesor, el charlatán e irritante Meitei; o el joven estudioso Kangetsu, que día sí, día no, intenta arreglárselas para conquistar a la hija de los vecinos.

El punto de partida es ciertamente curioso y tiene capacidad para llamar la atención. El libro está narrado como si fuera un diario en el que el gato sin nombre explora su mundo y explica lo que va descubriendo sobre la vida de su amo. De esta manera, por medio de un punto de vista muy inusual, vamos poco a poco descubriendo un “mundo” nuevo en el que se nos describe como era la clase media japonesa en la era Meiji (1905).

Como representante del japonés típico, el elegido es el profesor Kushami, un intelectual presumido, botarate y estúpido. Experto en cultura griega clásica y en literatura inglesa, considera inútil cualquier otro campo de conocimiento y los desdeña vivamente. Asimismo, desconfía de todas las modas o costumbres importadas de occidente que no hubieran aparecido ya en la Grecia clásica. Gracias al trabajo del entrometido gato narrador conoceremos sus costumbres y rutinas diarias, su esfuerzo en el trabajo, su poca gracia en el uso del dinero, sus costumbres higiénicas…
Además, al gozar de una relativa popularidad en el barrio, es frecuentemente visitado por una corte de personajes, todos los cuales son ampliamente diferentes entre sí, añadiendo variedad al retato que Soseki dibuja de la sociedad japonesa.

Con asombro y desde su evidentemente superior punto de vista felino, el gato nos retransmite los diálogos que transcurren durante las visitas que va recibiendo Kushami y la relación de éste con sus vecinos más cercanos.

Meitei es el principal visitante, un carota incorregible, cuentista y escéptico ante todas las cosas. Dispuesto en todo momento a rematar una discusión con una conclusión para empezar otra rebatiéndola en el momento siguiente. Dotado de habilidad para la dialéctica disfruta mostrando su superioridad moral y intelectual ante todos los que tiene alrededor. Tiene momentos muy divertidos y otros en los que te dan ganas de molerle a palos. Un ejemplar de cínico incurable muy bien logrado.

Kagetsu es un joven ingenuo que está estudiando para ser doctor en física. Una ciencia novedosa y no muy apreciada en la sociedad japonesa. Dedica todos sus esfuerzos al estudio y está bastante aislado de la realidad social de su momento, dedicado al máximo a cumplir lo que se considera “lo correcto”. Lo original de un científico en el barrio atrae la atención del cacique local, ya que su hija parece mirar con buenos ojos al joven Kagetsu que, incompetente en tales temas, no tiene otra ocurrencia que pedir consejo al inepto Kushami.

Los Kaneda son los caciques locales. Amos de la mayoría de tiendas del barrio, no valoran otra cosa que el dinero. Rechazan cualquier aspiración que no tenga que ver con hacerse rico y, por tanto, son contrarios a toda idea intelectual o estética -a menos que sirva para ganar dinero-. Abiertos a las ideas de occidente, especialmente aquellas para explotar a sus trabajadores o aumentar la producción, descubren que su hija siente atracción por Kagetsu. Como ha demostrado ser alguien inteligente, consideran que puede ser una atracción de feria amaestrable para subir en estatus en la sociedad, por lo que no verán con malos ojos el enlace y harán la vida imposible a nuestro maestro, que parece querer torpedear el matrimonio.

Toito es un joven exestudiante de Kushami que sueña con ser literato y vive centrado en la creación literaria y valora la belleza estética por encima de todo. Sus excesos en temas relacionados con la literatura le han convertido en un excéntrico que vive al margen de la realidad.
Su personalidad contrasta con la de otro exalumno, Suzuki, que vive por y para el dinero. Su actitud es la del constante peloteo para congraciar a sus superiores. Sus principios son totalmente mutables siempre y cuando le sirvan para prosperar económicamente.

Las escenas descritas carecen muchas veces de acción. Apenas ocurre otra cosa que una sucesión de diálogos en que el gato nos describe, o casi dibuja, un retrato de una sociedad que ha visto caer al Shogunato que ha gobernado durante quinientos años y se debate entre abrirse al nuevo mundo que supone occidente o aislarse y respetar las tradiciones “como debe hacerse”. Aunque al gato, estas consideraciones se le antojan indiferente, el punto de vista del autor se sitúa en una critica abierta a ese inmovilismo japonés, pero al mismo tiempo rechaza las teorías económicas importadas de occidente que consideran al dinero como un único Dios. Estos debates se ven muy bien reflejados en los diálogos de los personajes, aderezados por las inestimables aportaciones felinas, obviamente superiores a las humanas.

En modo alguno se trata de un libro para leer del tirón. Es necesario degustarlo lentamente, disfrutando de cada pasaje, aprendiendo cosas sobre la sociedad japonesa, meditando sobre los variados puntos de vista y, por qué no, riéndote de la pateticidad del profesor. Su mejor lectura es a modo de acompañamiento de otro libro, para los "descansos", ya que requiere ser leído con mucha calma y frecuentes pausas para digerir lo explicado.

La gatuna manera de escribir, a modo de diario autobiográfico, la casi total ausencia de acción, la inexistencia de la trama y la especificidad del público objetivo puede alejar a muchos de su lectura. Sin embargo, de vez en cuando, disfruto degustando una delicatessen como ésta. No obstante, una reducción de su longitud total o una división más clara de los temas -que a veces cambian a una velocidad inesperada- podrían hacer del libro aún más disfrutable.

Nota: 7