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sábado, 8 de agosto de 2026

Lo que queda del día

Lo que queda del día propone la biografía del mayordomo perfecto. ¿puede este concepto ser interesante? Pues a lo grande. James Ivory es un director del que uno espera un trabajo cuidado, de orfebrería, en la que todos los apartados técnicos están repletos de clase y saber hacer.

Desde un primer momento, seguimos la historia del Sr. Stevens, un mayordomo que “viene con la casa” de un palacio inglés de principios del siglo XX. Ahora ya anciano, rememora lo que fue su vida y sus diversos amos a los que sirvió con total devoción. No sólo veremos la vida “entre bambalinas” del servicio de la época, sino que también seremos testigos de reuniones secretas entre diplomáticos donde las lealtades y las traiciones campan a sus anchas.

En todo momento veremos al Sr. Stevens como el mayordomo perfecto. Vive entregado con devoción a su deber: es perfeccionista, leal, discreto… Como buen mayordomo, no puede permitirse tener sentimientos o pensamientos por sí mismo más allá de aquellos relacionados con su trabajo. Indudablemente, hay cosas que no se pueden prever y, cuando el amor entra por la puerta, la razón salta por la ventana, ¿o no? La aparición de una ama de llaves tan devota como él por su deber hará saltar chispas en dos cuerpos que parecían haber olvidado qué es la pasión y el amor. Pero, al mismo tiempo, ninguno de ellos quiere faltar a su trabajo, lo que provocará un tira y afloja entre deber y deseo imposibles de reconciliar.

De las ilusiones reprimidas, las decisiones no tomadas y la contención ante cualquier sentimiento es difícil que se puedan plasmar en la pantalla. Por suerte, el Sr. Stevens está encarnado por un Anthony Hopkins en estado de gracia que es capaz de mostrar la guerra fría que se vive en su mente sin arrugar ni siquiera una ceja. Frente a él, en un papel casi gemelo, Emma Thopmson aguanta perfectamente el tipo, mostrando una pasión soterrada que lucha por salir pero que apenas puede transmitirse a base de indirectas, miradas y palabras no dichas. Me repito, casi con cualquier otro par de actores, esto sería un pastiche intragable, pero con ellos dos al mando, se transforma en un ejercicio de virtuosismo impresionante.

Lo que queda del día reflexiona sobre el sacrificio en pos de un ideal, de aquello que dejamos de lado por hacer lo que “debemos”. Retrata las ilusiones reprimidas, las esperanzas sobre aquello que, quizás, algún día se verá. O no. Sobre intervenir para hacer del mundo un lugar mejor o callar y cumplir con nuestro deber y SPOILER en esa conversación final, la desazón ante la nostalgia de lo que pudiera haber sido, del sufrimiento de las cosas no dichas y de los tés tomados en silencio, sin lamentaciones externas, pero con infinito dolor en el alma FIN DEL SPOILER. Si es que nos complicamos mucho la vida a veces.

Asimismo, este espectáculo se complementa con un trabajo repleto de elegancia por parte de James Ivory, mezclando los flashbacks con maestría para enfatizar los porqués y las argumentaciones mostradas con naturalidad, sin parecer maniquea en ningún momento. La trama avanza de mano de sus conclusiones sin que ni una ni otra se muestre impostada, con una extraña cadencia que te atrapa, conminándote a seguir para conocer qué ocurre entre ambos, o entre el mayordomo y su señor y sus rivales políticos, que también tiene su miga. El trabajo para recrear la época es también monumental, tanto en el vesturario como en cualquier habitación de los diversos palacios que vemos en pantalla. Se muestra con total elegancia, en una puesta en escena de refinamiento exquisito y miríadas de detalles prestos a deslumbrar al ojo atento. En mucho recuerda a otra película de época (aunque ésta en realidad no lo sea), de mimbres y objetivos similares, La edad de la inocencia.

No es fácil narrar los silencios en los que se transmiten mil cosas no dichas, menos con tanta belleza ni tanto ritmo para atrapar en lo que podría parecer una historia aburrida. Cada palabra dicha y cada palabra callada tiene una importancia que reverbera en el resto del minutaje, mostrando que los personajes saben que QUÉ se está hablando aunque callen más de lo que les gustaría.

La calidad desborda por todos lados en una película que se llevó nominaciones a todo: Película, dirección, actor, actriz, guión, banda sonora, diseño de producción y vestuario. No dudo  que cualquier año les habría caído una lluvia de Oscars, pero vinieron a coincidir en el año de La Lista de Schindler y hay mitos con los que no se puede competir.

Un impresionante ejercicio capaz de dejarte sin aliento por mil motivos diferentes. Todo es bellísimo y portentoso en cualquier aspecto que pudieras pensar. Si tienes dos horas y ganas de hacer un nudo con tus tripas, ponte a disfrutar con estos monstruos de la actuación que son Hopkins y Thompson.

 

Nota: 9

Nota filmaffinity: 7.5 

domingo, 17 de mayo de 2026

The damned United

Después de haber disfrutado como un gorrino con el libro sobre la vida de Brian Clough, está claro que en algún momento me tenía que poner con su película. Después de todo, es uno de los ejemplos típicos que se suele poner en los que la película es mejor que el libro.

Pongámonos en contexto, Brian Clough es uno de los entrenadores más famosos de los 70-80 en Inglaterra. Saltó a la fama por ascender y ganar la premier con el Derby County, un equipo más que modesto, volviéndose mítico al repetir la hazaña con el Nottingham Forest, con dos Copas de Europa consecutivas de propina (por si fuera poco). Esto le valió para fichar por el Leeds United, el equipo más gordo del momento. Sin embargo, tras dos meses de entrevistas envenenadas, malos resultados y escándalos continuos, fue destituido. Curiosamente, NADIE en aquel momento quiso hablar sobre qué había ocurrido en el vestuario, con lo que se generaron conspiraciones, historias, etc. Que fueron resueltas con la publicación del libro antes mencionado, que funcionaba a modo de biografía muy sui generis del entrenador (que atravesado lo era un rato largo).

Ahora en la película, la primera en la frente. En vez de tener una biografía completa de Clough, The damned United se centra principalmente en los dos meses de pesadilla que pasa entrenando al Leeds United y en su obcecada rivalidad con Don Revie, su anterior entrenador.

Sí es verdad que tenemos pinceladas del pasado, de anécdotas y agravios pendientes, pero se utiliza exclusivamente para realizar un espléndido retrato psicológico de Brian Clough (y por extensión) de la figura del entrenador de fútbol. Se aprovecha para reflexionar sobre cuestiones como la ambición, la gestión de grupos y, sobretodo, los problemas para gestionar el gigantesco ego de un entrenador que, después de sus éxitos, se creía tocado por la varita de la omnipotencia. En ese sentido, me hace especial gracia su enfrentamiento – dentro y fuera del campo – con Don Revie, otro con un ego del tamaño de un campanario y un concepto del fútbol completamente opuesto al suyo.

Todo el peso cae en las espaldas de sus actores principales. El guión permite mucho espacio para el lucimiento a sus protagonistas y todo el elenco lo aprovecha con ganas. Michael Sheen (Brian Clough), Timoty Spall (Peter Taylor, segundo del anterior), Colm Meaney (Don Revie) y Stephen Graham (Billy Bremner, capitán del Leeds). Cada personaje tiene una manera de concebir el fútbol y la vida que choca con la de los demás, con lo que las chispas están aseguradas, especialmente cuando todos ellos se toman en serio su papel y lo dan todo por la victoria.

Además, la película tiene un ritmo brutal, transita a toda velocidad entre presente y flash backs montándote en una montaña rusa en la que es difícil dormirse, el metraje pasa volando y uno sólo quiere más y más. Casi en el argumento se destripa toda la historia, per en este caso no le quita ningún tipo de emoción. La película se transforma en el ominoso espectáculo de ver descarrilar un tren con todo lujo de detalles. El director Tom Hooper vuelve a sorprenderme con un estupendo trabajo repleto de oficio y buen saber hacer. Pocos directores británicos puedes encontrar con tanta proporción de trabajos más que satisfactorios. Ya hay tres películas de este director que me encantan. Ésta, El discurso del Rey y Los Miserables. Casi nada al aparato (lástima de la película de Cats, pero es que todo el resto de lo de este hombre es muy bueno).

Y es que además, la puesta en escena es magnífica. Baja la cámara a pie de campo y nos retrata del fútbol del momento, repleto de barro, sufrimiento, esfuerzos titánicos y rencores. Dónde las pasiones y las patadas están por todo lo alto, sorprendiendo el contraste con este puñado de vividores esforzados y los súper atletas de la actualidad. Además de un espléndido trabajo de fotografía (la gris Inglaterra, el diferente ambiente de cada estadio, etc.) se ha realizado un gran trabajo bibliográfico para buscar documentos antiguos, recortes de periódico y otros reportajes con los que se nos ilustra el paso del tiempo y el devenir de los equipos. No son inventados, sino que son los titulares del momento.

Esta película es muy diferente a lo que esperaríamos en el género deportivo. Se aleja de las gestas, de los grandes triunfos y la gloria. Ni siquiera podría contar como la biografía de una celebridad. Se centra en un período muy concreto, un suceso exacto, un fracaso inexplicable y se dedica a poner luz sobre los hechos exactos (narrados en el libro del mismo nombre), mostrando el choque de personalidades que se produce en el polvorín que era ese club y la inevitabilidad de que la cosa acabara como acabó.

De un libro que me había encantado no esperaba que la película fuera tan buena. Una impresionante demostración de que se puede hacer un thriller sobre dar patadas a un balón, constituyendo una de las mejores películas de contexto deportivo que se han hecho. Buena historia, buenos actores y mucha tensión. Un consejo, nunca conozcas a tus ídolos.

 


Nota: 9

Nota filmaffinity: 6.9 

lunes, 8 de diciembre de 2025

La ballena

¡Cómo le gusta a Hollywood las historias de redención y vuelta a los infiernos! Brendan Fraser fue un sex-symbol a los veinte, desapareció del mapa y ahora a los cincuenta es bienvenido de nuevo en la industria en una película que lo recuperó del anonimato y le permitió recoger un Oscar (parece que nadie se acuerda de los abusos sexuales recibidos, las depresiones ocasionadas, etc.).

Como suele ser habitual en las películas de Darren Aronofsky, tenemos a un sufridor protagonista en una situación límite (Cisne Negro, Requiem por un sueño), del que contemplamos la degradación que la ha llevado la vida y cómo se arroja (o no) por el sumidero de la locura. Aquí tenemos a Charlie, un profesor de creación literaria (a distancia) homosexual y obeso mórbido. Parece haber tirado la toalla en su vida, lanzado hacia un viaje de autodestricción sin retorno. Como en Leaving Las Vegas, no tiene planes más allá de esta cena. Le anclan a este mundo sus alumnos (que no le han visto nunca), su única amiga y cuidadora Liz y el repartidor de comida a domicilio, que le aportan un mínimo de propósito para seguir vivo un día más.

Este dramonazo sería bastante insoportable sino fuera por el morrocotudo trabajo de Brendan Fraser. En uno de los Oscars más cantados de los últimos años, se las arregla para transmitir su sensibilidad, sus miedos, haciéndote partícipe del infierno que ha sido su vida y las pocas esperanzas que tiene para su futuro. Fascina al espectador y transforma la pornografía emocional en un espectáculo digno de verse. No podemos olvidar de ninguna manera el trabajo de Hong Chau, la única amiga que le queda a Fraser, que soporta vejaciones y humillaciones sólo por el aprecio que le tiene a su compañero. Conmueve su impotencia la hora de no poder evitar que Fraser se hunda cada vez más y más en la mierda. Detacaría también el papel de Sadie Sink como hija del protagonista, que no sabe gestionar el amor/repulsión que siente por su padre. Aranovsky sabe qué quiere y sabe dirigir a su elenco, no es algo nuevo en ese sentido.

 

Lo que también tiene el director es gusto por mostrar la degradación y el sufrimiento. Se le ha acusado numerosas veces (y con razón) de acercarse más a la pornografía emocional o al terror más que al drama. Tira de efectismos para retorcer tus emociones, como la extraña relación con el pizzero, los problemas para ir al lavabo o la manera de castigarse devorando la comida. Fraser es quién marca la diferencia y cautiva a pesar de las manipulaciones de la película. Compro su sufrimiento, la culpa que desprende el personaje, su autoodio y la incapacidad del mismo que creerse merecedor de un mínimo de afecto. Para él la redención hace mucho que quedó atrás y sólo queda dar un carpetazo con un mínimo (o no) de dignidad. Asimismo, esto no impide que veamos la bondad del personaje, cuyo brillo de los ojos que se le aparece cada vez que se habla de Moby Dick o su hija parece apreciarle por unos segundos es enternecedor.

También hay que destacar el trabajo de maquillaje que se realiza con Fraser. No estaba TAN gordo en la realidad, pero se le añaden quilos de lorzas para aumentar la desolación. Eso no impide que Fraser se mueva con naturalidad (ejem) o gesticule todo lo necesario para su actuación.

Y luego está el final SPOILER Parece claro que muere. Pero ¿Cuándo? ¿Le da tiempo a oír el ensayo de Ellie? ¿Ya está muerto y esto es sólo una despedida tierna de su alma? Aronovsky juega a ser críptico con ello, pero yo voto con que es a la conclusión que se deja ir. O al menos eso me gusta creer. FIN DEL SPOILER

¿Quieres ver a un actor hacer las cosas BIEN? ¿Eres capaz de soportar 2h con las desventuras de un hombre que se autodestruye porque es incapaz de no hacerlo? La ballena impresiona, deja una sensación desoladora y contiene tantos efectismos que es fácil salir volando de la película. Por otro lado, Fraser hace un trabajo tan bueno que compensa casi cualquier sufrimiento. Otra cosa es que esto no sea lo que quieres ver, pero bueno.


 Nota: N/A

Nota filmaffinity: 7.1 

lunes, 11 de agosto de 2025

Pinocho de Guillermo del Toro

A pesar del parón de verano, continuamos por aquí. Después de una película que es pura cotidianeidad, hoy nos detenemos en una de las obras más bonitas que la animación ha dado en los últimos años.

No creo que haga falta presentar mucho una historia tan conocida como la de Pinocho: la marioneta de madera que cobra vida y sueña con ser un niño de verdad. Entremedias, pasará mil aventuras y se meterá en chorropotocientos follones.

Del Toro no inventa nada (o casi) en cuanto a su adaptación. La mueve un poco temporalmente y la sitúa en la Italia pre-fascista, por lo que las vicisitudes de Pinocho y sus amigos se entremezclaran con las del propio país, con aparición de Mussolini incluida. Lo que sí hace es contar cada entuerto con un virtuosismo tal que consigue maravillarnos con escenas que hemos visto mil veces.



Siguiendo una narración exageradamente episódica, cogemos rápido odio y cariño a los personajes que ya conocemos. Aquí el diseño de cada escena coge un tinte más oscuro (incluso) del esperado, pues la dura bota del fascismo se hace patente. El pueblo sufre los abusos de los poderosos, el miedo corre por las calles y la gente sin escrúpulos hace su agosto con los ingenuos como Pinocho. Después de todo, el detonante de toda la historia es un bombardeo sobre el pueblo de Gepetto.

Cada detalle que aparece en pantalla merece una felicitación por su trabajo de orfebrería en una animación que mezcla ordenador y stop-motion. El gusto en el detalle se aprecia en su meticulosidad a la hora de complementar la trama que se está desplegando, dando una pátina de tangibilidad a un cuento imposible. Nunca habíamos visto a Pinocho y sus amigos moverse en un lienzo tan bello y desasosegante como en este cuento tétrico que Del Toro ha creado.

Y es que este Pinocho tiene muy mala idea. Del Toro nos mete temas oscuros en vena, los adereza con un humor incómodo y la ingenuidad de un niño inconsciente de la trascendencia de las decisiones que toma. Se aborda el hecho de morir, la necesidad de guardar duelo y la posibilidad de redención (o falta de ella). Todo ello a un ritmo vivo, que no deja descansar y en un torrente de belleza que distrae de las brutalidades que se muestran en pantalla (o justo fuera de ella).

Se complementa con una partitura bellísima a cargo de Alexandre Desplat, que capta el tono melancólico del metraje. Saben emocionar como deben, profundizando en los sentimientos de los personajes, acompañando sin por ello decirte cómo debes sentir.

Pinocho fue uno de los Oscar de animación más cantados y obvios en bastante tiempo. Proponía una versión muy distintiva de una historia que conocemos, la contaba con mimo y además brindaba una obra de arte en cada encuadre. Simplemente magnífica.

La lástima es que El gato con botas – El último deseo coincidiera justo ese año. Nuestro peludo amigo habría ganado casi cualquier otro año.

 

Nota: 9

Nota filmaffinity: 7.0 

sábado, 5 de julio de 2025

Seis días corrientes

Esta película la vi una de tantas veces que estaba en Movistar+ aburrido buceando y buceando sobre lo que ver.

Seis días corrientes relata una semana en la vida de Valero, Moha y Pep, trabajadores de una pequeña empresa de fontanería y electricidad de las afueras de Barcelona. Formada por seis capítulos que narran los follones en los que se meten en la reparación del día. Cada capítulo corresponde a un día de su semana laboral y se construye alrededor de la relación que se establece entre los protagonistas y los clientes que han solicitado sus servicios. Cada cliente tiene sus particularidades y sus necesidades, lo que pondrá a los fontaneros en situaciones bastante curiosas que nos sacarán unas buenas risas.

Se trata de una película pequeñísima, rodada cámara en mano, a medio camino entre un documental excéntrico y la comedia naturalista. Neus Ballús plantea con gracia escenas corrientes pero inusuales que ahondan en el realismo, haciendo que sea fácil identificarse tanto con los fontaneros como con los que les han contratado. Así, tenemos una reparación en una casa de lujo, un estudio de fotografía, un edificio de viviendas agrietadas…

El guión, también a cargo de la misma directora, está repleto de diálogos que reflejan cotidianeidad, cuyos personajes es fácil encontrar en nuestro día a día, respirando ternura y originalidad, sin olvidar un buen sentido del humor. Si repasamos la carrera de la directora, estos son elementos que encontramos a menudo, siempre con historias cercanas de gente corriente a la que le pasan cosas quizás no tan corrientes pero no por ello imposibles. Sabe aprovechar una y otra vez a unos actores amateurs para transmitir proximidad y cotidianeidad. Sin aspavientos ni alardes, sus guiones no buscan trascender ni transmitir las grandes verdades de la vida, simplemente, describir con gracia la vida de esos fontaneros que tienes que soportar un rato en casa mientras te arreglan lo que sea y luego se marchan.

Obviamente, se trata de una película hecha con dos duros y se le nota que va muy cortita de medios. Apostaría que muchas escenas están rodadas directamente en casa de miembros del equipo, pero cada elemento se aprovecha con imaginación para evitar dar la sensación de cutrez. Al final, todo resulta muy natural y realista.

Seis días corrientes triunfó en el mercado de los festivales de películas de bajo presupuesto (Valladolid, Lorcano, Gaudí, etc). Es una muestra del buen hacer de una directora que se mueve hábilmente en estos ambientes y ya ha cosechado una buena carrera con proyectos de este estilo.

Es una película muy menor, pero muy agradable, centrada en las vicisitudes de gente normal a la que le pasan cosas (más o menos) normales. Este entrañable (y muy modesto) slice of life se ve con una sonrisita confortable y además te deja una sensación calentita en el alma.

 

Nota: 7

Nota filmaffinity: 6.6 

sábado, 21 de junio de 2025

Lazarillo de Tormes (Anónimo)

Mira tú que libros que aparecen en la Cesta’13 (Nº73).

Título: Lazarillo de Tormes

Autor: Lázaro de Tormes (Anónimo)

“Lázaro es un muchacho desarrapado a quien la miseria obliga a emplearse como sirviente. Las inocentes y a veces justificadas burlas con las que Lázaro se defiende de sus amos son castigadas con una crueldad brutal. Así, garrotazo a garrotazo, la simpleza y credulidad del Lázaro de las primeras páginas ceden paso a la sagacidad y a la astucia propias del más clásico y típico de los pícaros.”

El Lazarillo es uno de los libros de cabecera que todos los chavales tienen que leer en el instituto. Como no puede ser de otra manera, me tocó leerlo con gran placer, recordándolo con gran cariño. Después de todo, fue de los pocos libros que disfruté de su año.

Veinte años después y con unos cuantos años más a la espalda, ¿habrá cambiado mi opinión sobre ella?

Este libro es la primera novela “picaresca” de la literatura castellana. Algo ya de por si un hecho de gran importancia literaria, sino que también es un buen libro por mérito propio. Escrito en 1553 (casi nada), es el pistoletazo de salida a un género que caracterizó el siguiente siglo. Este tipo de libros seguían un esquema común: tenemos a un chico pequeño, muchas veces el bastardo de una prostituta, que hace lo que puede en la vida que le ha tocado vivir, llena de privaciones, de un amo cruel a otro, con mil vicisitudes de todo pelaje. Afronta con ingenuo optimismo los reveses de seres ambiciosos, pretenciosos y detestables. Siempre pasa mucha hambre, pero como sabe ser ingenioso, acaba por salir adelante.

La historia – contada en este caso por un Lázaro ya adulto – no intenta ser divertida, ya que sólo retrata la hipocresía de la sociedad, pero se las arregla para contener un buen puñado de chistes  que harán reír a más de uno. La atmósfera es realista y deprimente, poblada de un puñado de personajes memorables (mi cariño para ese ciego cabrón y al escudero que prefiere pasar hambre a revelar que es pobre y pasa apuros). El tono es deliciosamente irónico, muy propio de la picaresca castellana.

Lázaro empieza con un amo ciego que le maltrata, salta de ahí a un clérigo que sólo le da cebollas mientras guarda el pan bajo llave, un escudero más pobre que las ratas, un fraile corrupto… pero poco a poco su vida va mejorando, aprende a leer, prospera y consigue un trabajo honrado y una mujer que le es fiel (jé). Siempre mejorando, pero siempre mostrando una sociedad llena de trapicheos, hambre y gente que hace lo que sea para salir adelante.

Leyendolo hoy en día, sorprende lo fácil que entra. A pesar de las burradas que propone, no se pierde en ningún momento un tono de comedia muy bien encontrado. Después de todo, si no es por los chistes, costaría soportar según qué barbaridades. Aunque hay versiones más actualizadas, lo leí en castellano antiguo. Entendible a la que pones un poco de atención. Además, apenas dura 80 paginitas, por lo que te lo puedes ventilar en una tarde.

El lazarillo es un libro que te saca la sonrisilla cómplice, con algún chistaco bien metido, pero se lee con agrado. Con casi 500 años a sus espaldas, las aventuras de este desharrapado siguen siendo divertidas.

 

Nota: 8

Nota goodreads: 3.5/5 

viernes, 23 de mayo de 2025

El instante más oscuro

En mi habitual tendencia a equivocarme de película, cuando le di al play estaba convencido de que iba a ver la película de la muerte de Osama Bin Laden (La noche más oscura). No os podéis imaginar mi sorpresa al ver que estamos en la IIGM y aquí a los talibanes no se les espera.

El instante más oscuro está situada en las semanas que transcurren desde que el frente franco-británico es destrozado por las fuerzas alemanas hasta la consolidación de la batalla de Inglaterra. Se centra en la figura de Winston Churchill, repasando sus actos durante los primeros meses de la IIGM y su papel vital para que Gran Bretaña no se rindiera a los nazis. Se inicia con la dimisión de Chamberlain como primer ministro del Reino Unido y la tarea de Churchill de negociar una paz (una rendición) ante Hitler y Mussolini. Sabemos cómo ocurre la historia y veremos como éste decide desafiar a su gabinete y tomar una postura contrara a la negociación, preparando a su país para una resistencia a ultranza en una guerra se prevé larga.

El instante más oscuro es un vehículo para el lucimiento de Gary Oldman, que da vida a Winston Churchill en un ejercicio de transformación en el que se convierte en un doble del personaje histórico. Su enormérrima actuación es capaz de mostrar todas las contradicciones y defectos de un personaje vital para la historia de su país, copiando dejes, maneras de comportarse y discursos a veces indistinguibles del personaje original. Es el alfa y omega de la película y, si lo que quieres es ver a un buen actor haciendo un buen trabajo, aquí te vas a quedar a gusto.

Además, se agradece que este ejercicio venga acompañado de un envoltorio muy bonito. Se realiza un gran esfuerzo para recrear la Londres que vive bajo los bombardeos, tanto en una fotografía impecablemente sucia con la que mostrar los daños sufridos sin por ello dejar de ser espectacular. Lo mismo ocurre con el vestuario – lo que refuerza la teatralidad de la película – y los escenarios en sí, consiguiendo una recreación histórica fina y creíble. También debe destacarse el brutal trabajo de maquillaje y el chillón de prostéticos que debe ponerse Oldman para transformarse, siendo al mismo tiempo capaz de interpretar y realizar todos los gestos que sean necesarios.

Técnicamente, El instante más oscuro es un portento de discreta orfebrería. El problema que tiene es que más allá de ello la película es un peñazo de los grandes. Sí, hace gracia adentrarnos en los despachos y ver qué ocurre entra bambalinas, enterándonos de los diálogos dentro del gobierno y quién llamaba impresentable o petardo a quién mientras los británicos se planteaban capitular. Sin embargo, esa recreación concienzuda es la que le resta interés a la que sepas un poco de historia: ahora viene este discurso, ahora toca esta decisión, etc. El retrato del momento está realizado con una asepsia tal que le cuesta provocar sorpresa o emoción, más cerca de un documental novelado que de una película como tal. A ello contribuye un ritmo no especialmente brillante, unos diálogos – excepto de los de Churchill, que se nota quién debe quedar bien – no especialmente brillantes y cierta inexistencia de los giros de guión. A mí me tienden a gustar las películas de gente hablando en pasillos, pero esta vez se me ha hecho bastante bola.

Parece que llega un momento en todo actor que se da cuenta de que quiere ganar y empieza a hacer películas-lucimiento para que se lo den. Gente como Will Smith, Leonardo DiCaprio, Bojack Horseman… empiezan a producir películas sobre las que tienen control para que destaque especialmente su trabajo y así llevarse la estatuilla y quedar a gusto con su ego. En este caso, le ha tocado el turno a Gary Oldman, que ha sacado adelante el proyecto casi de su bolsillo. Para ello ha reunido a la flor y nata de los estudios británicos en una propuesta técnicamente impecable (mis felicitaciones a Joe Wright y al resto del equipo tras las cámaras, que hacen un trabajo enorme al recrear el Londres de 1939 tan bien como lo hacen). Fue nominada en los Oscar a Película, fotografía, diseño de producción y vestuario, ganando también – como no podía ser menos – el de actor principal y el de maquillaje.

¿Quieres disfrutar de una actuación de bandera aunque luego la película sea un poco meh?  Este “documental” sobre las intrigas políticas inglesas durante el inicio de la IIGM es justo eso. Oldman impresionante, la película aburrida. Cada uno con sus preferencias.

 

Nota: 5

Nota filmaffinity: 6.7


domingo, 11 de mayo de 2025

Casa de muñecas (Henrik Ibsen)

Había oído hablar mucho de la Casa de muñecas de Ibsen como una de las obras fundacionales del feminismo, tanto nombrada como homenajeada en un montón de obras, pero nunca había leído la obra original. Como me ha llegado dentro de la Cesta’13, pues vamos a darle un tiento, que el libro es delgadito.

Título: Casa de muñecas

Autor: Henrik Ibsen

Título original: Et dukkehjem

Traducción: Isidro Maltrana

“Cualquier persona con unas dosis mínimas de sensibilidad literaria y, al mismo tiempo, preocupada por los problemas de la mujer -o mejor aún, por los problemas del ser humano en el mundo imperfecto y repleto de carencias, injusticias y desigualdades que nos ha tocado vivir- no podrá sustraerse al poderoso influjo, al sombro y a un hondo sentimiento de admiración por esta obra, Casa de muñecas, que vio la luz en las postrimerías del pasado siglo (1880). Y por todo lo que esta genial pieza dramática ha significado y significa, por esa galería de arquetipos humanos, de una fuerza y vigor inusuales, encabezada por el principal de ellos, el de Nora, la protagonista, ya arquetipo universal de la literatura dramática de todos los tiempos.”

Bueno, un resumen de contraportada que no dice nada. Será cuestión de poner de nuestra parte. La acción gira en torno a Nora Helma, una mujer de clase relativamente alta de Oslo. Aparentemente, su vida no podía ser mejor: tiene un marido que la adora, un puñado de criados que le cuidan la casa, unos hijos amantísimos no especialmente revoltosos, dineros para sus compras… Pero Nora NO es feliz. ¿Por qué? Porque vive en una casa de muñecas: es una casa bellísima perfectamente equipada, pero es controlada y no tienen ningún poder de decisión; es una casa destinada a que otro (su marido) disfrute y se entretenga con Nora. ¿El dinero? Todo el que quiera, pero siempre pidiéndoselo a su marido. ¿Diversiones? Sin problema, pero siempre con el permiso de su marido. ¿Las vacaciones? Donde él quiera, obviamente. Que sí, que él es buena gente (por suerte) y la quiere mucho, pero el rol que él (y la sociedad) quiere es el que es, algo con lo que Nora no se siente muy a gusto.

Esta metáfora de la visión de Nora de su vida como una casa de muñecas y sus intentos de rebeldía son una muestra de la situación de la mujer en la época (finales del XIX). Ahora es su marido quién dirige su vida, antes fue su padre. Nora no sabe quién (o qué) es, ya que siempre ha sido condicionada por la sociedad para comportarse tal como debe ser una esposa amorosa, es decir, obedecer con discreción los deseos de su marido. El resultado es una mujer que es aparentemente débil y controlable. Sin embargo, las circunstancias provocan que Nora deba guardar un secreto bien gordo, lo que desafiará las normas establecidas y generará un buen montón de problemas.

Escrita en 1879 se trata de una de las primeras obras abiertamente feministas que llegó al gran público. Constituye un hito dentro del desarrollo de heroínas femeninas realmente independientes, rechazando los condicionantes que la sociedad obligaba a aceptar incondicionalmente. En este caso, muestra el destino de las mujeres casadas, en un momento de la historia de Noruega donde no tenían oportunidades razonables para autorrealizarse en un mundo que tenía un papel muy marcado para ellas.

Me resulta especialmente ilustrativo como Nora es incapaz de hacer comprender a su marido de que su percepción de la realidad y lo que desea hacer con su vida es incompatible con la concepción que tiene de ella de una muñeca, que sólo actúa por placer y capricho. A pesar del paso del tiempo, el tratamiento destaca por su verosimilitud, mostrándose realista, sin idealizaciones ni maniqueísmos, especialmente a medida que la “rebelión” de Nora va adquiriendo intensidad.

Hoy en día, hay algunos aspectos que están superados (por suerte) y otros que no (hay que seguir trabajando en ello), pues me he sorprendido al comprobar que muchas de las actitudes de los personajes no son tan lejanas a aquellas que podemos ver hoy día. Un lector que acometa este libro de hace ya 150 años podrá ventilarselo en dos tardecitas mientras se indigna con unos y otros.

Plantea (bien) una situación muy reconocible por todos y deja caer las opciones del momento a la problemática. Entiendo la ruptura que supuso con lo establecido  y, sobretodo, la influencia que pudo tener con las obras que se crearon en los siguientes años, reconociendo guiños y analogías de un montón de libros.

Me gustaría poder ver esta historia en una buena obra de teatro, que es como se ha concebido.

 

Nota: 7

Nota goodreads: 3.75/5 

viernes, 14 de marzo de 2025

El club de los mentirosos (Mary Karr)

Leí este libro porque en un Encuentro Becero Cocodras me lo puso en los morros y (casi) me obligó a ponerme con él, que estaba segurísima que me iba a encantar, que no podía dejarlo pasar y tal. Así que bueno, al lío con él.

Título: El club de los mentirosos

Autor: Mary Karr

Título original: The Liars’ Club

Traducción: Regina López Muñoz

“La tragicómica niñez de Mary en una localidad petrolera del este de Texas nos presenta a unos personajes tan singulares como divertidos: un padre bebedor, una hermana que con doce años le planta cara a un sheriff, una madre con un sinfín de matrimonios a sus espaldas —y cuyos secretos amenazan con destruirlos a todos—. Precisamente, será la madre, ese personaje maravilloso, quien se convertirá a lo largo del libro en la clave de esta gran historia, de esta novela autobiográfica e inolvidable.

Cuando se publicó por primera vez en Estados Unidos, El club de los mentirosos fue un éxito arrollador y elevó el arte de la narrativa memorialística a un nivel completamente nuevo. Fue recibido con entusiasmo por los lectores y la crítica, fascinados por este relato de una infancia de los años sesenta fuera de lo común, tremendamente conmovedor pero desprovisto de sentimentalismos.”

A lo tonto, ya llevo unos cuantos libros que quieren contar esta historia. Desde finales de los 60 hasta bien entrados los 80, tenemos un bildungsroman sobre una chica que pasa de niña a adulta con todas las vicisitudes que ello conlleva. Quizás no cuente nada nuevo, pero lo cuenta muy bien, con toneladas de retranca y mala leche que permite hacer más digeribles los (bastantes) momentos duros y escabrosos.

¿Un consejo rápido? Leed este libro en un estado de paz mental, porque desprende una fuerza disruptiva capaz de llegar muy hondo a la que te pille desprevenido. Doy gracias que mi vida ha sido bastante más tranquila que ésta.

Así, a modo de una autobiografía (no demasiado) autoficcionada, Mary Karr nos cuenta su infancia y adolescencia, mostrándonos los efectos de la contracultura, el atraso de los estados sureños y los efectos de una madre terremoto que no deja indiferente a nadie. Con una familia tan desestructurada, Mary hace lo que puede por mantenerse a flote, sobrellevar los abusos de unos y otros e intentar obtener un poco de felicidad con lo que la vida le ofrece.

Así, a lo largo de sus páginas encontraremos un excelente retrato de personajes entre los que destaca la propia protagonista. La autora se mete en la propia narración al escribir el libro desde una perspectiva adulta, lo que provoca que en muchos casos se mezcle el punto de vista de la Mary niña con el de la Mary adulta y los recuerdos que tiene una sobre lo que sintió la otra en la época y cómo era vivir cómo vivía. A veces parece que ambas “Marys” dialogan entre ellas y comentan la jugada, obligándote a leer entre líneas para entender qué está sucediendo realmente. No obstante, a medida que vas conociendo más detalles sobre cómo fue la infancia, vas comprendiendo porqué la Mary adulta es como es. Así, se compone un personaje dual, por un lado, atrevida, dispuesta a comerse la vida, pero amando incondicionalmente a su familia y, al mismo tiempo, cargándose de agravios que se piensa cobrar un día u otro.

Laisa es su hermana mayor, el mayor sostén de Mary y, en muchos momentos, la persona más responsable de la familia. Obligada a crecer antes de hora, le echa un morro increíble las situaciones, lo que la va endureciendo y provocando su renuncia a los sentimentalismos, convirtiéndola, poco a poco, en una mujer fría y calculadora. Queda claro que adora a su familia, pero bien lejos, por favor.

Posteriormente, tienes a su Padre, un hombre derrotado por la vida que hace lo que puede (que tampoco es mucho). A lo largo de las páginas vamos viendo como de una persona alegre que hace lo que puede por mejorar la vida de sus vecinos y amigos va cayendo poco a poco en el alcohol y la amargura, convirtiéndose en una persona quizás entrañable, pero a la que no puedes confiar nada que implique responsabilidad.

Pero es la Madre la que se lleva la palma. Se trata de un torrente de personalidad, con arranques volcánicos seguidos de arrepentimientos, coqueterías y berrinches. Bellísima de joven, decidió que tras parir dos niñas se dedicaría a disfrutar de todo lo que la vida le daba. Su tendencia a la molicie y su poca constancia provoca que deba iniciar su vida unas cuantas veces, siempre a base de traslados a lo largo de todos los EEUU, siguiendo un ciclo claro de “ahora vamos a hacer las cosas bien / gano algo de dinero / a vivir la vida / vaya, la he liado / vámonos”, en los que arrastra a sus hijas en empresas cada vez más desesperadas. Sin embargo, no hay aquí verdadera maldad, sino una tendencia autodestructiva que uno no puede mirar sino con pena, siendo testigo del nuevo follón en el que se está metiendo esta vez.

A lo largo de las páginas vamos viendo las vicisitudes de la familia, siempre desde el punto de vista de una niña que adora a sus padres, aunque tengan unas manías que no acaba de comprender. Aportaciones de la “Mary adulta” aderezan el contenido, añadiendo la puntilla, dejando claro de dónde han salido la multitud de horas de psicólogo y los traumitas que arrastran las dos hijas. En mucho, recuerda al libro Fugitiva y Reina que reseñé hace un tiempo, sólo que aquí tenemos a una familia pobre de la Texas rural en vez de unos pijos parisinos con demasiado tiempo libre.

El libro no esconde un tono de realismo, de verosimilitud al contar las cosas incluso en los hechos más duros, que provoca escalofríos bien desagradables. Leer El club de los mentirosos es una experiencia áspera, en pocos momentos divertida, pero lo más curioso es que Mary Karr SABE escribir, escogiendo admirablemente la composición de cada frase, de cada párrafo. Los construye con belleza y no es difícil de creer que es una poeta (que lo es), pero no es una poeta que parezca interesada, al menos en principio, en contar una historia bonita. 

La sordidez campa a sus anchas y se nos describen verdaderos horrores no aptos para corazones sensibles pero, curiosamente, la novela se las arregla para tener cierto poso de optimismo. Siguiendo palabras de la propia Mary adulta (que debemos entender como un trasunto de la autora), el ser humano no se rompe, sólo se comba. Así, hay personas que han vivido a través de infiernos pero acaban siendo más normales de lo que esperaríamos. Al final, no somos tan especiales. Mary dedica mucho espacio a remarcar el poder terapéutico de sincerarse, de contar aquello qué te ocurre y te duele, en vez de formar parte del club de los mentirosos que mienten (y se mienten) con la excusa de proteger a los que aman (o a nosotros mismos). La amabilidad, la bondad y la sinceridad son la clave para buscar una vida más agradable.

El club de los mentirosos es una lectura desasosegante, con un drama intenso disfrazado de novela de maduración. A lo largo de 500 páginas sufriremos, nos indignaremos, querremos y odiaremos a todos los personajes que, simplemente, tienen una vida inusual pero que es la suya y qué aun así deben tirar para adelante. Acometer este libro es una experiencia interesante, quizás no apta para todos los paladares, pero su amargo sabor esconde satisfacciones.

Gracias Cocodras por la recomendación. Está claro que no es un libro que deje a nadie indiferente.

 

Nota: 8

Nota goodreads: 3.93