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domingo, 15 de marzo de 2026

Conoces a Joe Black

Esta vez no tocó ver una película de antena3 de domingo tarde en casa de mi suegra. La escogida fue otra cosa muy diferente.

Pues hete aquí que la Muerte se aburre y quiere conocer a los humanos a los que lleva al Más Allá. Así que escoge al potentado Anthony Hopkins, al que le quedan apenas unos días, para que le enseñe lo que significa ser humano. Cómo necesita un cuerpo, escoge el de Brad Pitt, porque ya puestos a escoger, te pillas el más guapo que hay disponible. Las cosas se complican cuando resulta que la Muerte se enamora de Claire Forlani, la hija del potentado cicerone.

Este mastodonte me ha descolocado de veras. No estoy seguro si intenta ser una comedia romántica muy retorcida, un thriller económico sobrenatural, una reflexión sobre el angst de los tiempos y el carpe díem o un vehículo para que tres buenos actores muestren su calidad. Quizás nada y todo es esto a la vez. La premisa de partida tiene su gracia y los tres protagonistas tienen carisma de sobra para echarse cualquier película a los hombros. Sin embargo, la película parece querer ir en cinco direcciones a la vez y se acaba hiriendo a sí misma.

Un análisis del guión nos arroja un galimatías que no se aclara ni en tono ni en intenciones. A grandes ratos se vuelve una película confusa, extraña, variando continuamente en tono, trama y objetivos de los personajes. A ello se le suma un sentido del ritmo más que cuestionable y un puñado de diálogos que no parecen ir a ninguna parte. Si Conoces a Joe Black fuera, no sé, 1h más corta, recortando tramas incoherentes y diálogos insulsos, probablemente daría lugar a un mejor resultado. Después de todo, los personajes no tienen por qué hablar reflexionando a cada palabra, intercalando silencios que añaden gravitas a cada frase, aunque sólo sea para decir que “me voy a hacer un café”. Que al final son 3h de mostrenco, oiga.

Por otro lado… ¡Qué guapo está Brad Pitt! La película consiste en retratarle desde el mejor lado, enseñar sus músculos y mostrar lo divertido, guapo y genial que es. ¡Cómo no va a enamorar a quién sea! Nunca le he visto tan maravillosamente encantador. Frente a él, Anthony Hopkins tiene carisma para parar un tren y llena la pantalla aunque se dedique a leer un contrato de arrendamiento. Finalmente, Claire Forlane despide dulzura y naturalidad en un papel más difícil que los de sus partenaires y lo solventa con acierto. Si la película puede verse sin sufrir cortes de digestión o tirar la televisión por la ventana es porque estos tres profesionales hacen bien su trabajo y mantienen el tinglado a base de carisma.

De hecho, la película es un remake de La muerte de vacaciones (1934). El planteamiento es similar, pero aquella aboga decididamente por ser una comedia romántica de la época. Se puede disfrutar por motivos de arqueología cinematográfica, pero se nota que tiene casi un siglo. En un sentido similar, el de la muerte explorando qué significa ser humano, mezclándose en la sociedad y empatizando en exceso con su gente, me viene a la cabeza El Segador, de Terry Pratchett, que hace un ejercicio similar, pero le queda mucho mejor.

Aquí hay el proyecto de lo que podría ser una película decente. Se observan mimbres de buenas ideas aquí y allá. Sin embargo, el desarrollo se sabotea a sí mismo continuamente y queda un pastiche eterno que ni siquiera tres actores carismáticos con ganas son capaces de hacer digerible.

 

Nota: 2

Nota filmaffinity: 6.3 

domingo, 8 de febrero de 2026

La luz de Machu Picchu

Y por fin, después de tanto tiempo, cerramos la trilogía de los Incas.

Título: La luz de Machu Picchu

Autor: Antoine B. Daniel

Título original: The light of Machu Picchu

Traducción: Manuel Serrat Crespo

“En los primeros días de mayo de 1536, Gabriel, el joven conquistador español, entra en Cuzco. Sabe, por Anamaya, que la rebelión de los incas es inminente, lo que hace que su amor sea definitivamente imposible. Cuando llega a la ciudad, sometida a las crueldades de los hermanos Pizarro, su principal deseo es matar a Gonzalo Pizarro, ya que intentó violar a Anamaya. Pero, vencido, es desarmado y encarcelado inmediatamente. Al tercer día de su confinamiento le despiertan unos gritos. Cientos de miles de indios están reunidos en las cimas de las colinas que dominan Cuzco. Forman una especie de cerco humano que rodea la ciudad: los incas estaban decididos a recuperar su lugar sagrado. Y esta vez van armados, mientras que los españoles se creen aún en tierra conquistada. El enfrentamiento es apocalíptico, con Anamaya en un bando y Gabriel en el otro.”

La acción se sitúa un puñado de años después del anterior libro. El dominio de los Conquistadores sobre el país es total, el Imperio Inca está en sus últimos estertores y preparan su lucha final. Por el resto, los protagonistas han pasado un puñado de años separados, reuniéndose ahora en un desesperado intento por evitar una matanza.

El libro está dividido en tres partes.

Primero tenemos un buen espacio dedicado a la batalla de Cuzco. Los Incas lanzan una ofensiva desesperada con la intención de matar antes que conquistar o liberarse. La sensación de que ya está todo perdido es patente, transmitiendo una mezcla de tristeza y rabia ante lo que fue, lo que será y lo que ya nunca podrá ser. Hay páginas que se hacen duras, no tanto por la crudeza de lo que se narra (que también) sino por la desazón que provoca tanta destrucción y odio inmisericorde entre ambos bandos.

Luego, los protagonistas se reúnen en Machu Picchu, con lo que tenemos una bellísima descripción de la ciudad de las montañas y una mezcla entre recapitulación de la historia de amor de los protagonistas y el futuro de la misma en tiempos tan aciagos. Por motivos obvios, es la parte más fácil de leer, más amable para el alma y en la única en la que los personajes se permiten tener esperanzas por un futuro mejor.

Finalmente, tenemos el colapso definitivo de la sociedad. Desaparece la civilización y sólo queda la barbarie. Aquí se describen las mayores matanzas, los hechos más terribles y la constatación inevitable de un desenlace que ya veíamos venir desde dos libros atrás. Por otro lado, nuestros protagonistas se debaten entre sus dioses, sus lealtades y su amor. Se meten en tal cantidad de berenjenales que por momentos se hace difícil concebir cómo podrán salir de ésta o llegar tener un final feliz (que no diré si tienen o no).

Todo ello a lo largo de 350 páginas escritas con limpieza, en un estilo fácil, sin redundancias ni complicaciones con el que es fácil leer páginas y páginas sin esfuerzo. De una manera similar a lo que ocurría con su antecesor, el autor se esfuerza en respetar los grandes hechos de la historia, por ello, la trama se desenvuelve en función de los hechos reales, por lo que a veces se generan momentos anticlimáticos, con giros y desenlaces que en condiciones normales “no irían allí”. Obviamente, la problemática de conocer qué pasará lo puede volver menos interesante, pero su estilo ligero no convierte la lectura en pesada.

Los personajes principales son Gabriel y Anamaya, aquí ya convertidos en el paradigma de la tragedia romántica. Son dos dechados de virtudes, quizás los únicos que buscan la concordia y el entendimiento en todo el imperio, buscando continuamente la posibilidad (aunque remota) de calmar los ánimos. En anteriores libros tenían más desarrollo, ahora simplemente son los buenos. Como se cuenta la historia a través de ellos, el autor se ve obligado a buscar excusas para hacerlos pasear por medio país, cosa que a veces no se acaba de comprar.

El más destacado de los personajes incas es Manco, antaño general o líder de su pueblo, se ha hundido en la amargura ante la impotencia de saber que no puede defender a su gente. A medida que pasan las páginas vas viendo como se ve obligado a tragar sapos cada vez más grandes ante los abusos de los españoles. Evidentemente, esta bomba a punto de explotar la va a liar y va a ser muy gorda.

De entre los españoles, el protagonismo recae en Gonzalo Pizarro, hermano del Conquistador. Mientras Alonso avanza en la alta política y busca su lugar en la Historia, se va alejando de las tareas de gobernar un imperio. Así, la correa con la que controla los desmanes de su hermano se afloja todavía más, haciendo que Gonzalo de rienda suelta a su crueldad y su sed de sangre. Como ocurría con Gabriel y Anamaya, el autor se deja de sutilezas y deja claro que Gonzalo es malo, malísimo, el malo maloso de los malos malosos.

Y en medio de todos ellos, como el único que intenta, en vano, añadir algo de cordura, está Fray Bartolomé de las Casas. Desde un primer momento ha querido entender a los Incas, comprender su cultura y buscar la manera de enriquecer la sociedad a través de lo bueno de unos y otros. Por ello, es considerado traidor por ambos bandos, lo que hace fracasar sus intentos de apelar al Rey de España para que ponga algo de orden en este tremendo desatino. Es con quién se nota más la tragedia, pues se hace patente que no es TAN difícil llevarse bien, pero los odios están tan enconados y las ganas de los Conquistadores de aplastar cualquier amago de resistencia son tan grandes…

 Una cosa que me resulta curiosa es el esfuerzo que se realiza para mostrar – en ambos bandos – la dualidad extraña que se produce entre política y religión. Son dos poderes que empujan cada uno por su lado, con intereses diferentes y objetivos no precisamente coincidentes. Ahí me sorprende la reverencia y la influencia de Machu Picchu, pues no era consciente de su papel como Vaticano Inca. También me hace especial gracia que el texto acepta ambas religiones como “verdaderas”, mostrando como una y otra interaccionan en una lucha divina en la que prevalece el Dios cristiano ante un panteón que cada vez se aleja más de su pueblo.

El desenlace del libro hace una cabriola bastante extraña a la hora de mover a los personajes para que todos confluyan en una última confrontación final (que como es la final, es ultraviolenta, jé). Esta acrobacia innecesaria tiene toda la pinta de acabar con un tortazo contra el suelo, pero contra todo pronóstico, consigue salir del brete y dar un final ¿digno? a todo el pifostio.

En un pequeño aviso para los estómagos más sensibles, el libro no se corta a la hora de narrar hechos muy bestias. No se recrea en ellos, pero si te tiene que decir que se despeña a un puñado de niños por la ventana, se pone. Avisados estáis.

La luz de Machu Picchu se siente como un final en el que los hechos parecen inevitables y sus personajes no pueden más que ser testigos impotentes de lo que ha de ocurrir. Si bien es algo deprimente por momentos (la de cosas tristes o desasosegantes que se narran…), se lee agradablemente y sin complicaciones. Ah, y un interludio de 50 páginas de amoríos en pleno apocalipsis.

 

Nota: 5

Nota goodreads: 3.69/5 

lunes, 20 de octubre de 2025

Así se pierde la guerra del tiempo (Amar El-Mohtar, Max Gladstone)

Pongámonos un poco más líricos. Estamos con un libro leído como parte de un burrín (gracias Ghaz!)


Título: Así se pierde la guerra del tiempo

Autor: Amal El-Mohtar, Max Gladstone

Título original: This is how you lose the time war

Traducción: Christian Rodríguez

“Entre las cenizas de un mundo moribundo, Roja encuentra una carta con la inscripción: <<Quemar antes de leer. Firmado: Azul>>.

Roja y Azul, dos agentes de facciones rivales en una guerra que se extiende más allá de los confines del espacio y el tiempo, inician una correspondencia prohibida. A medida que se mueven por los hilos del tiempo dando forma al pasado para adecuarlo a los intereses de su facción, lo que empezó como un desafío, un intercambio de pullas en el campo de batalla, se va transformando en un peligroso juego que tanto Roja como Azul están decididas a ganar. Porque ahí fuera se está librando una guerra, y alguien tiene que ganar. En eso consisten las guerras, ¿no?”

Tal como ocurría en la Guerra del Tiempo de Fritz Lieber (cuyo punto de partida es una obvia inspiración), no tenemos una novela típica con un argumento y una guerra en la que el devenir del universo está en juego. Esta no es la onda. No hay (apenas) páginas que nos expliquen cuáles son los bandos, porqué se están atizando ni qué está en juego. La descripción del mundo es mínima y el trasfondo no le interesa a los autores. NO es ese tipo de libro. 

¿Y qué SÍ es el libro? Es… bueno, difícil de procesar. Se acerca más a la poesía que a la novela y, quizás en otra línea temporal o en otro tiempo de mi vida, me hubiera tocado las narices. En este caso, me ha encantado. Así se pierde la guerra del tiempo es intensa, pero en el buen sentido. Es un libro de belleza sostenida, lleno de lirismo, pero también funciona como un mosaico de una novela, contado a base de mandobles, de estocadas brutales, hiriendo a base de vertiginosas acrobracias de prosa. A pesar de su reducida longitud, no lo describiría como lectura ligera de ninguna manera. Más bien se trata de una obra que te obliga a poner atención y te invita a participar. Si estás aquí – parece decir – tienes que estar preparado para estar aquí.

Estructurada a base de epístolas, conoceremos a las dos paladines de su bando a través del contendido de las notitas que se van mandando. Los tonos de odio iniciales se transforman a poco en el respeto que se tiene a los enemigos enconados pero, una vez se conocen, surge la empatía, el aprecio y con el tiempo, se van perdiendo las ganas de luchar (o, quizás, cambian los motivos por los que seguir alzando las armas).

No abraza la ciencia-ficción para explicarnos los viajes en el tiempo, ni se esfuerza mucho en describir los detalles del mundo. Gladstone y El-Mohtar se ciñen a dejar fluir lo justo para que podamos comprender cómo funciona cada personaje:

Roja proviene de un futuro tecnológico, una suerte de creación de un Adeptus Mechanichus en busca de su Omnissiah. Es rápida de pensamiento, pragmática a niveles extremos, siempre con una practicidad y una letalidad más allá de toda medida. Eso se aprecia tanto en sus actos como en el estilo de sus cartas, de un laconismo extremo. Por su parte, Azul viene de un mundo que parece un paraíso natural, en el que todo está vivo – incluidas las herramientas – y todo, como la vida misma, fluye en sintonía con su alrededor. Y como la vida misma, es letal y descarnada cuando la situación lo requiere, pero tanto sus actos como su prosa es florida, orgánica, como si de una danza se tratara, con ese barroquismo propio de aquello que está vivo y germina (casi) sin control.


Esta mezcla caótica de elementos rodea al lector desde el primer momento: El alzamiento y la caída de múltiples Atlántidas, la imponente cantidad de líneas temporales involucradas y – sobretodo – la desesperanzada imposibilidad de obtener una victoria por parte de ninguno de los dos bandos. Esto convierte a esta inesperada historia de amor en una tragedia más allá de la vida. Aunque habrá sido una pesadilla en su traducción, me veo muy obligado a felicitar a la persona responsable de tamaño trabajo, respetando en gran medida el desbordante lirismo de la obra original (me he molestado a buscar y jo-é). Así se pierde la guerra del tiempo es un torrente de hallazgos narrativos, cuya prosa alardea mientras se habla de deseo, permanencia, miedo, supervivencia y libertad. El resultado es una obra que se lee como una danza intrincada, un tira y afloja dialéctica tan exigente como fluido a medida que se sucede la correspondencia de las protagonistas.

La Guerra, hasta cierto punto, no tiene apenas importancia. Es un escenario de fondo en el que se muestra la tragedia de la incomprensión. Primero entre ellas y, luego, cuando el amor se ha cimentado, la del resto de sus respectivas sociedades, que no podrán comprender esta relación. ¿Qué futuro tiene un amor así? ¿Por qué desear cuando sólo va a causar dolor y tiene consecuencias para ti y la otra persona? Así, se explica o se comprende la rebelión que las dos guerreras realizan contra lo que se espera de ellas, conscientes de no poder luchar contra el flujo del tiempo, que sólo les queda la tragedia. Pero no dejéis que esta condenación os engañe, este libro no es – para nada – un libro triste. La historia de Roja y Azul enamorándose a través del tiempo me ha tenido más tiempo sonriendo que llorando. Me ha encantado conocer a estos personajes y me gustaría mucho saber más de ellas.

Dioses, ¡qué pedazo de viaje! Así se pierde la guerra del tiempo requiere esfuerzo del lector, pero el premio es de los bonitos. Más que una novela, tenemos un baile, una danza demencial a través del tiempo. Los protagonistas viven al límite, sus diálogos esconden más de loque parece, conteniendo desafíos inesperados para unos y otros. Quizás lo mejor es dejarse fluir, no intentar abarcar todo, sino sumergirse una y otra vez en un estruendoso viaje que repleto de quiebros y requiebros.


Nota: 9

Nota goodreads: 3.95/5

domingo, 25 de mayo de 2025

Encuentro en París

Nos apetecía una película clásica y repasamos qué tenía Movistar en ese momento. A Hepburn le tenemos mucho cariño, así que, p’adentro.

Estamos en los años 60, París, y Hepburn en modo estrella máxima, así que tenemos una historia romántica donde el amor es inevitable. William Holden interpreta a un guionista vividor al que le ha pillado el toro y tiene que improvisar el guión de una película en un fin de semana. Para ello se recluye en un hotel de Paris para dormir poco y trabajar mucho. Las circunstancias le obligan a contratar a una secretaria, que no es otra que Audrey Hepburn. Evidentemente, saltarán chispas y, probablemente, lo que menos interés ambos tienen es dedicarse a escribir.

Con la grandísima estrella de Hepburn en su momento álgido, a algún productor se le ocurrió reunir al elenco principal de Sabrina en una nueva película siguiendo un esquema similar. Así, tenemos una nueva comedia romántica muy típica de la época. Se fuerza una situación en que dos solteros empedernidos deban convivir y pasa lo que tiene que pasar. A grandes rasgos, podemos predecir desde un inicio qué va a ocurrir y cuando, sin gran espacio para la sorpresa. 

Mi mayor problema radica en la poca química entre la pareja protagonista, se me ocurren pocos personajes que peguen menos entre ellos. Pero bueno, por lo menos Holden y Hepburn desbordan carisma y con eso les vale para sacar adelante el proyecto. Ella es la heroína más adorable que existe, mientras que el morro gigantesco que le echa él es inesperadamente creíble. Son los mitos que son por algo, a ver. Esto en cualquier otro par de protagonistas habría dado lugar a una propuesta más indigesta. Por otro lado, hay que destacar el bonitísimo vestuario a cargo de Givenchy, que permite que Hepburn esté todavía más preciosa. Cómo se nota.

En un intento de no ser la típica comedia romántica, Encuentro en Paris realiza un jueguecito de película dentro de la película: los protagonistas están escribiendo un guión para Hollywood. Por ello, cada vez que Holden (es que no vale la pena decir el nombre del personaje) le pasa una página a Hepburn, se da un salto visual y tenemos a ambos como protagonistas de la propia película que están escribiendo. Esto permite un montón de jueguecitos de cámara para ver la “acción desde afuera”, momentos en que se detiene la acción para que ambos comenten cuál es la jugada correcta que debería ocurrir en la película y una puesta en escena deliberadamente artificiosa de lo más curiosa. Además, les permite hacer bromitas sobre las propias películas, con un puñado de puyas internas a actores, guionistas y a muchas disputas que ocurren entre bambalinas durante el rodaje de una película. Así, se permiten cameos de un puñado de estrellas “que pasaban por ahí”, como Marlene DIetrich, Mel Ferrer y Tony Curtis (el chistaco a su costa casi me tira del sofá).

El mayor problema que tiene Encuentro en París es que no es tan graciosa ni tan ingeniosa como cree ser. Sí, el espectador aprecia dónde está el chiste y cuál es la diversión inherente, pero luego no hace tanta gracia. Además, el desarrollo no está bien equilibrado, gastando muchos minutos en poner las piezas en su sitio y luego flojea durante minutos, como emburullándose en su  propio chiste, terminando por cortar por lo sano y hacer un chimpún tras un happy ending que nadie vio venir. También sufre de tener una historia romántica que está porque en estas películas debe haber una, que bueno, nadie se la cree, aunque se la tengamos que comprar porque los actores son muy buenos y tal.

Por otro lado, qué bonita Paris y cómo alimenta el mito de ciudad romántica.

En su momento se estampó de lo lindo, constituyendo el mayor fracaso de Audrey Hepburn de (casi) toda su carrera. Hoy en día, si uno quiere ponerse con esta película, debe aceptar que está rodada en 1964, por lo que los tópicos amorosos son los propios de la época. Es decir, las expectativas en las relaciones hombre-mujer no son las actuales, los cigarrillos se utilizan con motivos seductores continuamente, los personajes se tiran achispados el 90% del tiempo… las cosas han cambiado un poquito ^^

A pesar de que se trata de un género cinematográfico que casi ha desaparecido, durante años fue la base de cualquier película de estudio: una comedia romántica con dos estrellas de Hollywood que ponen su cara bonita delante de un guión predecible y lleno de edulcorante. Para ver agradablemente sin exigible demasiado. Puede gustar a la que estés dentro del género. Por mi parte, mi mayor queja es que la relación de un poco de grimilla, pero poco más. ¡Qué guapa era la Hepburn!

 

Nota: 6

Nota filmaffinity: 6.0


sábado, 14 de diciembre de 2024

Eva Fénix - Amor, sexo y otras drogas (Soraya Sabaté Arenas)

Siempre me gusta apoyar los proyectos de la gente que uno tiene alrededor, y cuando una amiga escribe un libro, qué menos que hacerte con él y darle un tiento.

Título: Eva Fénix – Amor, sexo y otras drogas

Autor: Soraya Sabaté Arenas

“Eva; treintañera, heterosexual cisgénero y soltera, lleva tiempo estancada. Trabaja como una esclava cara al público. Se siente una fracasada. Ha llegado a un punto de no retorno. Su cabeza ha hecho clic. Está cansada de vivir su vida rutinaria. Está harta de seguir las normas. Eva está hasta el coño.

Pablo; treintañero, heterosexual cisgénero y soltero, vive como quiere. Ha construido su vida desde cero emprendiendo su propio negocio. Folla como, cuando, donde y con quien quiere. Apasionado del mundo swinger y de la libertad en todos los sentidos.

Tienes ante ti una novela erótica atípica; llena de sexo real, amistad y amor que te atrapará. Encontrarás distintos personajes con diferentes maneras de existir, de sentir y de relacionarse; reivindicativos de su propia sexualidad y con un mensaje que dar.”

Lo que tenemos entre manos es un chick lit muy subido de tono que sabe entretener con ganas. El argumento no tiene nada que no hayamos visto en un chillón de propuestas similares, pero se ambienta en Barcelona – lo cual tiene su gracia – y su protagonista se mete en tal cantidad de follones que no llega a aburrir. Además, esquiva hábilmente las repeticiones, sorprendiendo por la sordidez a la que llegan sus vicisitudes sin por ello caer en groserías tontas ni obscenidades gratuitas.

Pudiendo ir hacia bastantes veredas, se lanza como una novela más grande que la vida a contarte las “desgracias” de Eva Fénix, una mujer que busca su lugar en el mundo, pero no puede evitar darle demasiadas vueltas a las cosas, enfadándose consigo mismo y con la sociedad más veces de la que le conviene. Con una cierta tendencia hacia la autodestrucción – no puedo evitar en Bojack Horseman cada vez que pienso en ella – esta mujer con mecha muy corta, boca muy amplia, gran sentido para la moda y bastante habilidad para meterse en líos, lo único que quiere es salir adelante con cierta dignidad. Bueno, y disfrutar de un buen polvo, que no es tan fácil. Me hace especial gracia que no quiere tranquilidad o una vida apacible, no. A Eva Fénix le va la marcha y no puede evitar liarla cada vez que la vida se vuelve rutinaria.

A su alrededor orbitan una serie de personajes que complementan su día a día. Están sus mejores amigas. Por un lado está Mapi, que ha vivido siempre de flor en flor disfrutando lo que los hombres le dan. Por el otro está Lola, que vive más tranquila con una relación estable que se está volviendo aburridísima por momentos. Son personajes muy simpáticos, que le añaden mucha viveza, sirviendo en muchos casos como espejo en el que se mira Eva para ver lo bien (o mal) que está. Tienen quizás el problema de que hablan demasiado parecido, pero por contexto es fácil saber quién es quién.

El personaje que complementa el conjunto es Pablo. Mejor amigo, compañero de cama ocasional y ricachón a tiempo completo. Además, es un amor de persona y está tremendísimo. ¡Cómo no querer a un personaje que es casi la idealización de cualquier persona! Comparte punto de vista con Eva, lo que nos sirve para ver cómo se ve ella “desde fuera” y, como encarna en casi todo momento la voz del sentido común, nunca se equivoca y es la perfección con patas, sirve a modo de comodín para arreglar cualquier desaguisado. Se nota que la autora le ha metido mimo para que funcione como personaje.

Curiosamente, la trama no parece seguir una ruta, no va de un inicio a un final. Más bien se sitúa a mitad de la vida de los protagonistas y se dedica a contar su día a día hasta que se acaban las páginas. Esto puede descolocar, porque llega un momento en que queda poco libro y no parece llegarse a una conclusión, con lo que la sensación final es extraña. Preguntando a la autora (ventajas de la autoedición, puedes ir directamente a preguntar), me comentó que era un efecto deseado, porque tenemos un inicio de una trilogía entre manos y éste es sólo el planteamiento.

Lo que sí tiene mucho este libro es sexo. Hasta cierto punto, se podría decir que es un Diario de Bridget Jones muy subido de tono. Me gusta que no sea repetitivo, ofreciendo una variedad de situaciones, diálogos y contestaciones amplia e ingeniosa. Lo comparas por ejemplo con las Sombras de Grey en la que cada polvo parece una fotocopia de la anterior y, bueno, no hay color. Soraya escribe mucho mejor y seguro que lo goza más que E. L. James.

Eva Fénix es un libro autoeditado, vendido en mano a partir de encargos directos, sin más medios que sus propios cuartos y mucha voluntad. Es obvio desde un primer momento que se ha puesto mucho cariño, pero también se le nota que adolece de músculo financiero. Desde las primeras páginas podremos ver qué faltan procesos de corrección y pulidos de estilo (que una única persona no da para tanto), así mismo, se nota que no hay editor detrás de la obra para ajustar aspectos de la trama o de los personajes. ¿Esto hace que sea un mal libro? En absoluto, pero sí provoca que se haga patente que la obra hubiera quedado mucho mejor si hubieran pasado más manos en el proceso (es lo que hay). Igualmente, Soraya es muy guapa y se le tiene mucho cariño, así que no voy a hacer otra cosa que darle ánimos para que siga con sus sueños.

Teniendo en cuenta las circunstancias que rodean a su edición, pues el libro nostanadamal :). Sabe ser subido de tono cuando quiere, se guarda un par de chistes bien encontrados y tiene a unos personajes de los que dan ganas de conocer. Obviamente, la presencia de una editorial que apoyara el proyecto le habría ayudado, pero sin una cuenta de 100k seguidores, difícil hacerse oír. ^^ 

Así que si os encontráis con este libro en algún lado, no dudéis en echarle unos eurillos, que pasaréis un buen rato.

viernes, 10 de mayo de 2024

¡Olvídate de mi!

Después de una de amoríos de lo más sencillita, ahora una de amores de lo más liadilla. ¿Y quién dijo que JIm Carrey no puede ser un buen actor cuando quiere?

¿Y si pudieras olvidar los recuerdos de una relación fallida? Joel se queda anonadado al enterarse de que su ex novia Clementine ha decidido borrar de su memoria los años que paso con él. Indignado, decide ir a casa del creador del método para abrirle la cabeza, pero preferirá pasar por el mismo proceso. Sin embargo, su cerebro no parece estar de acuerdo con su decisión.

Toda la película es una reflexión sobre las el amor, los buenos y los malos recuerdos. El tiempo como modificador de la memoria y la necesidad de pasar página (o no) para encontrar la felicidad. ¿Cuándo es necesario luchar por un amor? ¿Cuándo debemos ignorar los malos ratos para disfrutar de los buenos? ¿Qué esperanzas le quedan a un naufragio frente a segundas (y terceras) oportunidades?


¡Olvidate de mí! (grandiosa traducción para Eternal Sunshine of the Spotless Mind) empieza mostrándonos el final de la relación. Es obvio que estos dos personajes no están hechos para estar juntos, pero es aquí donde SPOILER el guionista, el genial Charlie Kauffman te cuenta la historia al revés, usando como excusa que los recuerdos se borran de reciente a antiguo. Así, comprendemos porqué Joel y Clementine rompieron y, sobre todo, porqué Joel y Clementine llegaron a estar juntos. Mis felicitaciones para el director Michael Gondry, que te somete a una montaña rusa de emociones donde tus prioridades cambian a cada quiebro y tan pronto los quieres matar como abrazar. Especialmente doloroso es el momento en que Joel llega a ESE recuerdo que no quiere perder y, por mucho que grita, no puede evitar que borren y hagan una página en blanco de su relación ¿qué empieza de nuevo? FIN DEL SPOILER

El principal motivo de que este engendro triunfe reside, en gran parte, en la inesperada buena química que surge entre los dos protagonistas. No hubiera pensado que Carrey pudiera hacer tan bien de una persona “normal” (vale, un empanado entrañable un poco idiota, pero relativamente cotidiano), y menos complementarse con una Kate Winslet más adorable (y odiable) que nunca. Especialmente meritorio es su torrente de matices con el que captamos las sutilezas de cada momento de la relación, que nos ayuda a comprender cuándo y dónde estamos. A fin de cuentas, se las arreglan para incluir infinitos detalles grandes y pequeños, conmovedores y triviales, oscuros y luminosos, de las relaciones cotidianas entre gente corriente, que seguro habremos vivido y con los que nos podremos identificar. Winslet consiguió una nominación al Oscar por este trabajo, que perdió ante Hillary Swank, en Million Dollar Baby).

Y joé, qué puzzle. Este guión es complicado, tanto por ideas como por estructura. Desconcierta al espectador y le obliga a estar atento para desentrañar todas sus claves y comprender qué y porqué ocurre todo. No en vano, es el inclasificable Charlie Kauffman quién firma el libreto, autor de obras tan personales como Anomalisa o Adaptation. Encontramos una historia compleja, que reflexiona sobre las relaciones humanas, trufada de buenos diálogos, frases memorables, un poco de patetismo y, quieras que no, un canto al amor, a esa chispa que nos hace aguantar y tirar para adelante, aunque no se vea el final del túnel.

Todo ello a un ritmo endiablado que juega hábilmente con el montaje, destilando gran imaginación en la puesta en escena. Nunca te dice cuándo está, pero son los pequeños detalles que hay en el fondo los que te permiten ubicar: el peinado de Clementine, el estado del coche, las heridas… Hay que estar atento y ordenar así este festival de momentos que ha creado Gondry.


Y en el fondo, entre tanta complicación, si pudiéramos ordenarla, lo que tendríamos sería una comedia romántica casi canónica. Su aproximación mediante la ciencia-ficción le permite dar el punto extra de subvertir las expectativas y obligarte a pensar sobre cómo reaccionarías en una situación u otra. Sorprende su cinismo al diseccionar qué nos hace estar juntos, pero luego está llena de ganas de vivir, de disfrutar y de disfrutar de un día más en este mundo con una fuerza de la que pocas películas disponen.

Joder, vamos, que me ha gustado un montón, ¿no? Eso sí, la posibilidad de que la película te dé un puñetazo en el estómago no se descarta, que a veces acierta demasiado.

 

Nota: 10

Nota filmaffinity: 7.6

“Los altibajos, las discusiones, él recoge tus puñeteros pelos de la ducha, los juegos de sofá, la lucha por el mando a distancia, los besos, las acusaciones, las bromas, las cenas sin cruzarse la palabra, las peleas de coña, los viajes sorpresa, las conversaciones bajo las sábanas, los paseos del sábado por la mañana, las promesas cumplidas, las promesas rotas, cosquillas, la mirada cargada de sueño al despertar, las borracheras, las confesiones a medianoche, los planes que se hacían por el mero placer de hacer planes, las manos frías, la primera noche, abrazarle mientras duerme, colgarle el teléfono y luego llamar para pedir perdón, decirle adiós en el aeropuerto, regalarse cosas bonitas e inútiles, hacerse fotos chorras, ver una película juntos y no enterarse de nada, reírse de tonterías, meterse mano en lugares públicos, tirarse bolas de nieve...pensar que ojalá se detenga el tiempo porque todo lo que vendrá después no puede ser tan bueno.

Que nunca se haga el eterno amanecer de una mente sin mácula. Yo también lucharía hasta el último aliento por no perder ninguno de mis recuerdos contigo.” 

martes, 7 de mayo de 2024

Memorias de un zombie adolescente

Una tarde tonta en que tenía exceso de plancha y pocas ganas de ver algo exigente, le di a Movistar+ a ver qué tenían por ahí y encontré esta peliculilla. Motivado que es uno a veces para escoger.

Este título no presagia nada bueno, eso por descontado. Memorias de un zombie adolescente nos sitúa unos años después del apocalipsis zombie de turno. La sociedad vive encerrada en sus refugios más o menos seguros y parece haber llegado a un status quo mínimamente aceptable. Sí, la cosa se fue a la pucha, pero se esquivó la bala y ahora la gente hace lo que puede en un mundo peligroso (pero no mucho) por la presencia de los no muertos. Por estas cosas que pasan, una chica que quiere demostrar a su padre lo muy autosuficiente que es se pierde en las tierras infectadas, su padre esel jefe del refugio, cómo no. Habría pasado a engrosar las filas de los no-muertos si no fuera por la casualidad de que el zombie que la ha atrapado está enamorado de ella porqué, bueno, porqué lo está. Este será el inicio de un amor imposible entre Montescos y Capuletos que cambiará sus vidas para siempre (jé).

Pues, así como suena, tenemos una comedia romántica zombie. Si tenemos vampiros brillantitos, hombres lobo sexys y maltratadores con sombras de Gris, pues los zombies también se apuntan a la orgía. Es una vuelta de tuerca que nadie vio venir y, más allá de unos primeros diez minutos que parecen llevarnos al terror más genérico, toda la película transcurre dentro de las películas de amor adolescente con un escenario más insólito de lo normal.



Apela al “amor que todo lo puede” con una desvergüenza tan grande que el resultado es una tontería fresca, muy fácil de ver y de olvidar. No se mete en fregados extraños, ofreciendo lo de siempre en un envoltorio inusual. Tiene la suerte de que los actores se lo toman inesperadamente en serio, sosteniendo así la película. No puedo sino felicitar los bemoles del director por tener las agallas de presentar una película repleta de humor y optimismo en un ambiente post-apocaliptico que, además, funciona a su modo. Su reducida longitud (apenas hora y media) contribuye a que la película entre fina y no llegue a cansar en ningún momento.

Podría haberse ido a la gamberrada, a la sátira o tirar de humor negro, pero no. La película es un Crepúsculo y no lo esconde en ningún momento. Es anodina, tan fácil de ver como de olvidar y no ofrece apenas sorpresas al espectador. No va a proporcionar emociones fuertes ni va a cambiar tu vida, ni tampoco lo busca. Es predecible como sólo pueden ser este tipo de películas, sin tampoco ofender por su desarrollo.


Memorias de un zombie adolescente es una comedia inofensiva. La edulcorada portada no presagia nada bueno, pero su toquecito original hace más agradable el trago. Previsible sin estridencias, presta a ser confortable para un espectador poco exigente. Tiene un poquito de todo y no te comerá mucho los sesos.

 

Nota: 5

Nota filmaffinity: 5.2 

domingo, 5 de noviembre de 2023

El oro de Cuzco (Antoine B. Daniel)

Hace apenas unos meses que reseñé el primer libro de los Incas y ya tenemos su segunda parte por aquí. Ya es raro que me ocurra esto con las sagas. ¿Tardaremos mucho en ver su tercera parte?

Título: El Oro de Cuzco

Autor: Antoine B. Daniel

Título original: L’or de Cuzco

Traducción: Manuel Serrat Crespo

“La supervivencia de los hijos del Sol está cada vez más amenazada. Pero no son las armas de los conquistadores lo que está marcando el fin del Imperio inca, sino el oro. ¿Conseguirá Anamaya salvar su relación con Gabriel, el joven conquistador, en medio de esta profunda espiral de odio y violencia?”

Nos situamos unos años tras el desenlace del anterior libro. Los Conquistadores Españoles que culminaron la toma del poder con la caída de Atahualpa, ahora dominan con cierta placidez gran parte del territorio inca, que se dedican a saquear de manera no demasiado ordenada. La posibilidad de una rebelión armada de los Incas rompe el precario status quo en que se vivía, provocando que los Conquistadores vayan escalando progresivamente la violencia con la que se imponen, arrebatando poco a poco cada elemento de autonomía que los Incas puedan preservar.



Cualquiera que conozca un poco la historia, sabrá que estos hechos culminan con la caída de Cuzco (quizás de un modo no tan esperado), poniendo de manifiesto el dominio absoluto de los Conquistadores, que ahora ya se sentirán legitimados para llevar a cabo cualquier abuso que les venga en gana.

A modo de testigos de estos hechos, tendremos a los personajes que ya conocimos en el primer tomo.

Quien tiene más páginas de protagonismo es la joven Anamaya, ahora convertida en la sacerdotisa // princesa del pueblo, tiene un doble papel de preservar la cultura ancestral de los Incas mientras hace las veces de consejera del nuevo Emperador. Es consciente de que ambos bandos se ven cada vez más abocados a la violencia, poseídos por la sed de oro y la devoción para su Dios Verdadero. Con ahínco busca una paz que evite las muertes y el sufrimiento, pero sus peticiones se ven siempre ignoradas en este mundo que se aboca a la destrucción.

Su contrapartida amorosa, Gabriel, representa a aquel Conquistador que mantiene algo de dignidad, trata a los incas con respeto, intentando salvar lo poco que queda. Desde un primer momento vemos como se conmueve por la gente, por sus tierras y su cultura. A su manera no siempre coherente, busca la concordia entre el Emperador y los Españoles, como si fuera posible encontrar una manera en que ambas culturas se complementen y favorezcan entre ellas. Evidentemente, la mayoría de sus compatriotas no son tan nobles y su sed de riquezas y poder se impone al sentido común.



La historia de amor queda en segundo plano, ya que ambos personajes se utilizan para que vayan de aquí para allá y sean testigos de los grandes hechos que tienen lugar. Así, a lo largo de los años tienen pequeños escarceos amorosos que se cierran con la promesa de verse más en un futuro que ninguno ve claro.

Y es que teniendo a los Hermanos Pizarro como enemigos, poca ventura es posible. Francisco, Gonzalo y Juan. Uno indiferente ante los abusos, satisfecho por el deber cumplido. Los otros dos, malnacidos que disfrutan dejándose llevar por sus ansias de oro y poder, esclavizando a los Incas, saqueando su imperio y eliminando sus dioses y prácticas paganas. Sabedores de que Cuzco esconde los últimos tesoros de oro de los Incas, harán todo lo posible por apoderarse de la ciudad y saquear cualquier cosa de valor que quedara en ella.

Somos testigos de auténticas atrocidades, siempre para desesperación de un Fray Bartolomé de las Casas que no reconocí como personaje histórico (muy mal por mi parte) hasta que utilizan su nombre completo. Hasta entonces, es un fraile más amplio de miras que, como si de un Gandalf se tratara, intenta evitar las matanzas, congraciándose con ambos bandos en la medida de lo posible. Es quizás el único personaje capaz de razonar, pensando en lo que hace y no moviéndose a base de impulsos o de instinto, lo que le hace ganar enteros cada vez que aparece por ahí.

El oro de Cuzco se queda a medio camino entre la novela de aventuras y la romántica, deudora siempre de los elementos históricos que insiste en respetar. Repite en un tono muy ligero que permite leer sin esfuerzo, disimulando un poquito las bastardadas que llegan a ocurrir para que no afecten a corazones (o estómagos) sensibles. Su inexistente trama lastra en gran medida el conjunto, pues no tiene un argumento como tal, sino hechos que van ocurriendo, de acuerdo con la realidad histórica. Así, los personajes se mueven según necesidades de guión, haciéndose los tontos para que las cosas cuadren cuando conviene. No obstante, hay que reconocer que se repeta la historicidad de los hechos, llegando a situaciones inverosímiles pero que, curiosamente, están acreditadas.

Aunque el desarrollo de los personajes es un poco ya tal, sí sabe captar el toque melancólico que siempre imprega a las caídas. Sabemos que va a acabar sucediendo, la destrucción de un mundo para construir uno nuevo a partir de las ruinas del anterior, pero eso no impide nos duela ver todo lo que se pierde y nunca se recuperará.


Si te gustó la primera parte, ésta está mejor equilibrada y tiene menos acrobacias extrañas. Se decide más por las aventuras, ganando en cohesión y efectividad. Quizás no sea la gran cosa, pero se lee con agrado.

 

 

Nota: 6

Nota goodreads: 3.68/5