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domingo, 15 de marzo de 2026

Conoces a Joe Black

Esta vez no tocó ver una película de antena3 de domingo tarde en casa de mi suegra. La escogida fue otra cosa muy diferente.

Pues hete aquí que la Muerte se aburre y quiere conocer a los humanos a los que lleva al Más Allá. Así que escoge al potentado Anthony Hopkins, al que le quedan apenas unos días, para que le enseñe lo que significa ser humano. Cómo necesita un cuerpo, escoge el de Brad Pitt, porque ya puestos a escoger, te pillas el más guapo que hay disponible. Las cosas se complican cuando resulta que la Muerte se enamora de Claire Forlani, la hija del potentado cicerone.

Este mastodonte me ha descolocado de veras. No estoy seguro si intenta ser una comedia romántica muy retorcida, un thriller económico sobrenatural, una reflexión sobre el angst de los tiempos y el carpe díem o un vehículo para que tres buenos actores muestren su calidad. Quizás nada y todo es esto a la vez. La premisa de partida tiene su gracia y los tres protagonistas tienen carisma de sobra para echarse cualquier película a los hombros. Sin embargo, la película parece querer ir en cinco direcciones a la vez y se acaba hiriendo a sí misma.

Un análisis del guión nos arroja un galimatías que no se aclara ni en tono ni en intenciones. A grandes ratos se vuelve una película confusa, extraña, variando continuamente en tono, trama y objetivos de los personajes. A ello se le suma un sentido del ritmo más que cuestionable y un puñado de diálogos que no parecen ir a ninguna parte. Si Conoces a Joe Black fuera, no sé, 1h más corta, recortando tramas incoherentes y diálogos insulsos, probablemente daría lugar a un mejor resultado. Después de todo, los personajes no tienen por qué hablar reflexionando a cada palabra, intercalando silencios que añaden gravitas a cada frase, aunque sólo sea para decir que “me voy a hacer un café”. Que al final son 3h de mostrenco, oiga.

Por otro lado… ¡Qué guapo está Brad Pitt! La película consiste en retratarle desde el mejor lado, enseñar sus músculos y mostrar lo divertido, guapo y genial que es. ¡Cómo no va a enamorar a quién sea! Nunca le he visto tan maravillosamente encantador. Frente a él, Anthony Hopkins tiene carisma para parar un tren y llena la pantalla aunque se dedique a leer un contrato de arrendamiento. Finalmente, Claire Forlane despide dulzura y naturalidad en un papel más difícil que los de sus partenaires y lo solventa con acierto. Si la película puede verse sin sufrir cortes de digestión o tirar la televisión por la ventana es porque estos tres profesionales hacen bien su trabajo y mantienen el tinglado a base de carisma.

De hecho, la película es un remake de La muerte de vacaciones (1934). El planteamiento es similar, pero aquella aboga decididamente por ser una comedia romántica de la época. Se puede disfrutar por motivos de arqueología cinematográfica, pero se nota que tiene casi un siglo. En un sentido similar, el de la muerte explorando qué significa ser humano, mezclándose en la sociedad y empatizando en exceso con su gente, me viene a la cabeza El Segador, de Terry Pratchett, que hace un ejercicio similar, pero le queda mucho mejor.

Aquí hay el proyecto de lo que podría ser una película decente. Se observan mimbres de buenas ideas aquí y allá. Sin embargo, el desarrollo se sabotea a sí mismo continuamente y queda un pastiche eterno que ni siquiera tres actores carismáticos con ganas son capaces de hacer digerible.

 

Nota: 2

Nota filmaffinity: 6.3 

domingo, 25 de octubre de 2015

Superdetective en Hollywood



Los ochenta tuvieron cosas muy buenas y es bueno dejarse llevar de vez en cuando por la nostalgia. No obstante, también hubo otros atentados al buen gusto que no es conveniente recordar. Las hombreras, las baterías electrícas, Eddie Murphy…

Sí. Eddie Murphy nunca me hizo la más mínima gracia. Ni en ésta ni en casi ninguna de sus películas, pero oye, si el guión es bueno, se hacía incluso soportable.
En Superdetective en Hollywood encarnaba a un detective muy particular de Detroit, rebelde, incapaz de aceptar ninguna orden y con una jeta de cuidado. Como en toda película que se precie, es apartado de un caso que quiere investigar y, cómo no, se saltará todas las normas, trasladándose a Los Ángeles para resolverlo.

Eddie Murphy había pegado su primer pelotazo con “límite 48 horas” y lo había confirmado en “Entre pillos anda el juego”. Ya podía presumir del estatus de estrella para exigir una película dedicada a su lucimiento total y absoluto, con un guión y unos gags están hechos para molar y presumir. Echándole jeta y palabrería, es quién se encarga de mantener a flote una película a la que le falta consistencia y un par de hervores para tener sustancia. Le aporta toneladas de carisma, eso no se puede negar. El problema para mí viene cuando la estrella es alguien que te cae gordo, que no va a conseguir que la película me guste. 

El humor se combina con escenas de acción e investigación, en una mezcla que se convertirá en muy característica en la carrera de Eddie Murphy. Tiros y chistes, un poquito de aquí y de allá, chistes de morro, unos cuantos gags absurdos y otros que contienen algo de crítica social. Por momentos parece que quiere acercarse a Agárralo como Puedas pero sin atreverse a tener su mala leche, destilando un mejunje desigual, algunos golpes son realmente desternillantes (lo que se puede hacer con unos plátanos, jué) y otros son realmente estúpidos (la borrachera inicial da vergüenza ajena).  

La dirección propone una puesta en escena marcadamente ochentera, con muchos detalles estéticos que ahora resultan entrañablemente horteras. Tanto la acción como el ritmo son muy deudores de su época, algo lentos y faltos de brío para nuestros gustos actuales, pero más que funcionales al estrenarse.

La historia se despacha con una trama facilona y unos personajes insulsos, no olvidemos que lo que importan aquí son los chistes y el careto de Murphy. No hay realmente intención de crear una intriga, sólo generar la excusa para poner unos tiros y unas risas. La acción es correcta y la investigación se resuelve de forma patillera, pero oye, la banda sonora es una auténtica pasada y el conjunto de la película entra como nada. Te despistas y te la has ventilado. Especialmente con la traca final, con unos últimos 15 minutos inesperadamente inspirados que te dejan un sabor de boca tremendo.

Visto desde la actualidad, su falta de calidad no explica muy bien como triunfó tan a lo bestia, con un éxito tan grande que dio pie a dos secuelas aún más irregulares y a un sinfín de películas clónicas. Aceptamos tenía una banda sonora estupenda, pero luego no hay nada más que una estrella emergente y risas fáciles en una historia floja con ganas. Sin embargo, su ligereza y sus nulas pretensiones la convirtieron en una película fresca y fácil, tal como la primera Taxi de la que hablé recientemente. A veces no hace falta más que eso: caer simpático, un poco de carisma y proporcionar la oportunidad de apagar el cerebro durante dos horitas entretenidillas. 

En conjunto, es una mala película, con chistes irregulares y una estética desfasada, pero está cargada de carisma y generó estilo a su manera. Como entretenimiento… cumple, bueno, si no te entran ganas de atizar a Murphy cada treinta segundos, claro.

Nota: 3
Nota filmaffinity: 6.1

"¿Me llevan detenido? ¡Pero si me han tirado de la ventana! Y si me hubieran tirado de un coche en marcha, ¿de qué me hubieran acusado?¿de no cruzar por el paso de cebra?"
TREMENDO