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miércoles, 9 de agosto de 2023

Luces Rojas

Continuamos en el resumen de las diferentes películas de Rodrigo Cortés para el especial de Cinéfagos. Así, seguirán pasándose por aquí algunas de sus películas y no siempre en orden cronológico. Le llega el turno a Luces Rojas.

Aquí le seguimos la pista a un equipo de expertos en lo paranormal que se dedica a desenmascarar a todos aquellos farsantes que viven de la credulidad de la gente. A pesar de que no hacen sino mostrar todas las trampas y argucias que los artistas del engaño ponen ante sus ojos, se nota que desearían, por una vez, estar equivocados y encontrar alguien con poderes de verdad. Un día, ese sueño se puede hacer realidad, pues un antiguo mago vuelve del retiro y es capaz de superar cualquier reto que los científicos le proponen.

La mayor sorpresa de esta película viene de su propio póster promocional. Uno no espera encontrarse con un director español casi novato dirigiendo a estrellas de primer nivel como Sigourney Weaver o Robert deNiro. ¡Si es que ellos solos te sacan adelante (casi) cualquier historia! El origen del proyecto viene a raíz del éxito de Buried en el circuito de películas independientes de EEUU. De repente, el nombre de Rodrigo Cortés pasó a ser conocido como autor de películas de intriga y alguien pensó que podría tener cierto provecho rodar una película de género en España.

Así, rodearon al director con un elenco de buenos actores. Además de los mencionados, tenemos a Cillian Murphy en un papel muy logrado y una Elizabeth Olsen que pasaba por allí. Me hace gracia encontrar también a Leonardo Sbaraglia, protagonista de Concursante, supongo que su presencia es un favor a devolver y tiene un papel de apenas cinco minutos, pero lo defiende con solidez, que siempre se agradece.

Siguiendo la estela que había caracterizado a Cortés, tenemos entre manos un thriller que busca pegarte al asiento. Aquí lo que entramos es en un juego de mentiras con fachada cientifista lleno de trampitas de guión (información que se te escamotea, montaje confuso, etc.) en el que se hace difícil saber qué va a ocurrir a continuación o cuál es el siguiente engaño que ha preparado el guionista. La película funciona con empaque durante su inicio, pero se emburulla a medida que avanza el metraje y se confunde sobre qué película quiere ser, dudando si parecerse a El sexto sentido, El truco final o a Abre los ojos. El viaje podrá valer la pena, pero el resultado final deja lugar a cierta sensación de estafa que no todo el mundo comprará, con un guionista que, quizás, ha querido pasarse de listo mordiendo más de lo que puede abarcar.

Ocurre lo mismo con la trama romántica que sobrevuela el metraje. Totalmente innecesaria, sin más motivo que ocupar minutos de película, existiendo probablemente porque el manual dicta que “tiene que haber un romance”. Podrías haber sacado a Olsen de la película y no habría cambiado nada.

Por suerte, tenemos a un Cortés que sabe bien qué quiere hacer con la cámara, distrayendo al espectador de las incoherencias de un guión no del todo redondo al mostrarse juguetón con la puesta en escena. Tal como ocurría en Concursante, hay muchos enfoques inusuales, escenas que recuerdan a grandes obras maestras y otras herramientas molonas que contribuyen a dar ritmo a una película de “gente hablando” que tampoco tiene nada muy interesante que decir. La imaginería y los escenarios se aprovechan con acierto, además de tener una atmósfera llena de intriga que funciona estupendamente. Quizás a veces se pasa de obvio (la manera en que muestra la ceguera de DeNiro) y otras veces de confuso (todo el desenlace).

La película no tuvo un éxito excesivo (más bien bastante poco) y Cortés tardó en volver a trabajar en una propuesta de este estilo, pero eso no nos impidió disfrutar del Todopoderoso con el pelo más bonito por estos lares.

Como anécdota curiosa, se debe destacar que gran parte de la película se rodó en Barcelona. La Universidad en la que Weaver ejerce es, en realidad, la Facultad de Económicas de la UB y justo la clase en la que ella imparte cátedra es en la que yo hice la Selectividad hace ya muchísimos años. Ni que decir tiene que estos detallitos me sacaron completamente de la película, pues obviamente, había pasillos movidos de sitio en su paseo y YO LO SABÍA.

Respecto al final SPOILER el giro al estilo Shyamalan tiene el problema de siempre. O lo compras o uno se siente timado. Suelo ser de los que disfruta de estos quiebros inesperados como en este caso, en el que el personaje de Cillian Murphy sea el que tiene poderes y nadie se ha dado cuenta hasta entonces. Sin embargo, esta vez no ha sido así y me ha sentado bastante mal. FIN DEL SPOILER

Luces rojas es una película de encargo que hace un poti-poti de varios thrillers de éxito no del todo bien equilibrados. El buen hacer de los protagonistas y una correcta puesta en escena sacan adelante un guión que se pasa de tramposo, cuyo polémico final enfadará a más de uno. Deja la sensación de que has visto esta película más veces, pero mejor hecha.

 

Nota: 5

Nota filmaffinity: 6.1 

jueves, 8 de diciembre de 2022

Un lugar tranquilo 2

Pues hete aquí que ésta no es una película de zombis. Simplemente la vi entremezclada con el empacho de no muertos que se viene. Que sigue siendo terror, pero aquí hay aliens y no comedores de cerebros.

Hace ya algunos años, un director canadiense sorprendió con una película de terror que daba un poco de vuelta al concepto de cómo asustar, quitando la musiquita inquietante a cambio de otorgar una importancia descomunal al propio sonido ambiente. Conseguía acojonar sin necesidad de jumpscares, pegándote el culito al asiento a base de silencios. Con una propuesta modesta, se las arregló para generar una película muy bien parida que triunfó a lo bestia, por lo que era obvio que vendría alguna secuela.

Así, tenemos más desventuras de estos aliens ciegos que detectan a sus víctimas a través del ruido. Lo más curioso de todo es que la segunda película - ésta – empieza justo después de acabar la anterior. Ni “han pasado unos meses” ni tal. Al día siguiente, tenemos más follón. Y no se molesta en recapitular. Tira pa’lante y ya te apañarás.

Sí que te hace un “cómo empezó todo”, mostrando los primeros días de la invasión alienígena que ha acabado con la sociedad humana, que es algo que algunos echaban de menos conocer. Son 10 minutos que ya sabes cómo van a acabar, pero no por ello dejan de funcionar. Luego, volvemos a tener las desventuras de la familia – con las bajas provenientes de la anterior película – que lucha por sobrevivir en un entorno hostil. Si acaso aquí hace un (muy) pequeño cambio de registro, pasando de una monster movie al género post-apocalíptico, pero en sí, es una repetición de fórmula mucho más a lo grande.

Y otra vez, lo mejor son los juegos de sonido y, también, la particularidad de tener a un personaje sordo (mis felicitaciones a la niña actriz), especialmente cuando nos hacen “oir” lo mismo que ella. Esto aumenta mucho más la tensión, ya que no somos conscientes de cuándo se está haciendo ruido, con todo lo que ello implica. Emily Blunt y Cillian Murphy encarnan a los dos adultos protagonistas con acierto. Si bien es inusual en este género, se nota que son dos buenos actores y el guión dota de un perfil característico a sus personajes, por lo que hay de dónde sacar.

Como extra dentro de la trama, se hace hincapié en el duelo ante la pérdida de los seres queridos y cómo unos y otros afrontan los hechos. Es poco habitual que el guión quiera contar más cosas que una historia de terror al uso y se agradece, además de tratarse con acierto. El ritmo al que van sucediendo los giros de guión está bien conseguido y funciona a su modo, sin que ningún personaje tenga que hacer estupideces para que la trama avance. A la que te paras a pensar tiene sus inconsistencias (bien grandotas), pero el armazón mantiene el tipo durante el visionado.

No inventa ya nada, siendo una película de terror quizás más predecible y convencional que su predecesora, pero se mantiene funcional, generando la tensión y los sustos que se le pide a un proyecto de este estilo. Especialmente destacable es el juego a dos bandas de montaje paralelo con el que nos torturan un par de veces, incomodando al más pintado (aunque haga sus trampitas en el proceso). Por momentos parece que se va a ir al tropo de “El monstruo es el hombre”, pero a la hora de la verdad ni lo llega a plantear, por suerte. Dentro de una propuesta menor como se plantea esta película, funciona dentro de lo que plantea.



Un lugar tranquilo 2 no es más que el “más de lo mismo, pero a lo grande” típico de las secuelas, pero cumple con lo que se espera de ella. Aprovecha el silencio como un abracadabra con el que incomodar al espectador, además de buscar formas inesperadas con las que inquietar. Se agradece que, en su mayoría, todos los personajes tengan un comportamiento sensato (con más o menos mala suerte). Si gustó la primera, aquí también acertarás. Y si no has visto la primera, quizás vale la pena echarle un ojo.

 

Nota: 6

Nota filmaffinity: 6.4

miércoles, 30 de marzo de 2022

Superdetective en Hollywood III

Eddie Muprhy nunca ha sido santo de mi devoción, pero cuando era pequeño, ésta era una de sus pocas películas que me hacían cierta gracia. Viendo el repaso que le estaba pegando a su franquicia, como ya reseñé aquí y aquí, no tenía especial prisa por acabar la trilogía, pero mira, hete aquí que tenemos por fin la tercera entrega (parece que habrá una cuarta próximamente, o no).

Pues bueno, siete años de la última vez, Axel Foley se ve implicado en una serie de asesinatos que le llevan de nuevo a Beverly Hills, por lo que nuestro insoportable querido detective debe volver a Los Ángeles para una nueva investigación. Nada más llegar, será consciente del tiempo que ha transcurrido, reencontrándose con viejos amigos, viejos enemigos y una conspiración criminal que parece ocultarse en DisneyWorld Wonder World.

Superdetective en Hollywood 3 se filmó bastante después de las anteriores y se notaba que la mejor época de Eddie Murphy ya había pasado. Podríamos decir que entona aquí su canto del cisne en la comedia de acción antes de lanzarse a su época de comedias infantiles (todavía más) chorras. Otra vez ocurre que la ocurrente comedia que yo recordaba no tiene mucho que ver con lo que he acabado viendo en pantalla. Tercera entrega y tercer cambio de tono, acercándose aquí más hacia un estilo Agárralo como puedas a la que se le meten unos interludios dramáticos muy fuera de tono y una acción seria y seca que no acaba de cuajar con lo que hemos visto anteriormente.



Éste es quizás el mayor problema que tiene hoy día la película, que mezcla tonos sin saber muy bien con cuál quedarse, dando lugar a una propuesta bastante deslavazada. Si bien se nota que hay bastantes más medios que antes (70M$ de presupuesto), con una puesta en escena algo más trabajada y unas escenas de acción bastante resultonas, Murphy acomete el proyecto por necesidades económicas, por lo que su sueldo se come gran parte del músculo disponible. Sin embargo, se nota que está por estar, como si tampoco le importara mucho el resultado final. Tenemos escenas que recuerdan a su época gloriosa, mezcladas con chistes de slapstick tonto y, de repente, como si quisiera aportar una trascendencia que la película no pide, detalles lacrimógenos gratuitos que le quitan todo el buen rollo que trae la saga. Lo mismo ocurre con la acción, que se acerca ya más a la seriedad grandilocuente de los noventa y pierde el encanto graciosete que tenían las dos películas anteriores. Está bien hecha, pero quizás no es lo que se requería.

Sí que hay que destacar al ANIQUILADOR 2000, que goza de los chistes más tronchantes de la saga. Desde su improbable presentador (grande Valki Vartokomus) hasta la absurdez de sus prestaciones, pasando por todas las chorradas que giran cada vez que interviene en pantalla, contribuye a hacerse un hueco en la imaginería y que, pasado un tiempo, te acuerdes de la película con cierta simpatía, olvidando sus variados defectos.

Después de todo, la trama queda totalmente supeditada al chorreo de chistes que nos plantan por delante. Se agradece que se basen menos en el morro de Eddie Murphy, consiguiendo alguno que otro que funcione aceptablemente. Sin embargo, el ritmo no destaca por su viveza y, a pesar de su reducida longitud, puede hacerse algo larga. Esto se agrava por un antagonista soso y genérico que no llama a la emoción, además de sus diálogos simplistas, provocando escenas no del todo bien rematadas, impropias de una película con el músculo financiero del que dispone.

Ni siquiera la banda sonora se salva de la quema, pues se abusa del tema principal que tanto éxito cosechó, llegando a hartar sin complementar las escenas en casi ningún momento.

En una buena muestra de que la mejor época de Eddie Murphy había pasado, esta película inaugura la prolongada racha de nominaciones a los Razzie de sus películas, optando ese año a Peor Dirección y Peor Secuela. Si es que de dónde no hay...

En fin, una propuesta a la que tengo mucho cariño a pesar de sus (muchos) defectos. Superdetective en Hollywood 3 es una mezcolanza de elementos de irregular calidad que no acaban de casar entre sí. La acción está bien, algunos chistes funcionan a lo grande y, de alguna manera, deja buen poso, permitiendo que nos despidamos de Axel Foley y le recordemos con cariño. Quizás debería ser (bastante) mejor de lo que es, pero también podría ser mucho peor. Si te gusta el personaje, es posible que aprecies esta propuesta, aunque este revisionado me haya hecho sufrir un poquito.

Nota: 3

Nota filmaffinity: 4.8 

lunes, 28 de junio de 2021

Súperdetective en Hollywood II

Como muchas otras veces, tras ver la primera parte de una saga, decidí que iba a ponerme a repasar toda la trilogía publicada. Como muchas otras veces, pasa más de un año entre una parte y otra (espero que la tercera vaya más rápida).

Dos años después de los hechos de la primera parte, Axel Foley se ve obligado a volver a Beverly Hills tras el tiroteo en que uno de sus amigos ha acabado en el hospital. Allí se ve implicado en una serie de atracos de la llamada “Banda del Alfabeto”, que luego le llevará a un caso de tráfico de armas. Evidentemente, los malos no contaban con el detective más dicharachero de Chicago. Las normas no van con él, porque tiene más morro que espalda, se cree guay, siempre se sale con la suya y salva al mundo (o lo que proceda).

La influencia del director. Tony Scott es un artesano competente que sabe hacer buenos thrillers. Cómo contrasta con la primera parte, se reducen mucho los chistes (aunque Murphy sigue siendo el que es) y encontramos acción mejor parida y, sobretodo, un caso consistente a resolver.

Una de las mayores diferencias del proyecto se halla en que tras las cámaras está Tony Scott. Este artesano del cine de acción tiene un buen puñado de thrillers bien competentes, y su influencia se nota desde un primer momento en una acción muy seca, bastante violenta, como alejada del buen rollismo de su predecesora. El conjunto de la película goza también de un caso más consistente (no nos pasemos) y una ensalada de tiros bien parida para resolver la película. Los chistes de Eddie Murphy siguen estando, pero algo en menor número y no tan exagerados como antes.

Mirando la hemeroteca, es divertido ver las peleas que tenían Eddie Murphy, una estrella ya consagrada, y Tony Scott, un director al que nadie le decía qué podía hacer o no. Además, este último había firmado bien el contrato y era especialmente difícil de despedir. Así, encontramos a un Axel Foley más modosito de lo habitual, lo que me lleva a sorprenderme por la consistencia con la que encarna a un detective más (ejem) serio. Eso sí, sigue haciendo sus muecas, sus tonterías y sus diálogos de echarle morro a todo tan característicos. Quizás algo menos, pero siguen estando, que los fans piden más y más.

El resto de actores, bueno, están porque deben estar ahí, no es que el guión les exija lo más mínimo y ellos no hacen más esfuerzo que el necesario para no desentonar.

Como hemos comentado, Superdetective en Hollywood II es menos comedia y más acción, y lo es a conciencia. No se deja ninguno de los tópicos que esperaríamos encontrar en un thriller ochentero, pero los mete con corrección, sin que parezca ni hortera ni chabacano. Las puesta en escena se ve bien cuidada, con especial atención al uso de luz natural, los abundantes ventiladores de la calurosa Los Ángeles (ay, el aire acondicionado…) y también la manía de Scott de poner palomas volando aquí y allá. Finalmente, tenemos el dilatado tiroteo con el que concluye la película. Diez minutos de tiros muy bien coreografiados sin apenas chascarrillos, cuya acción es contundente e inesperada para cualquier espectador incauto que se enfrente a la película sin conocer este cambio de tono.

Aunque agradezco esta deriva hacia la acción, pilló con el pie cambiado a casi todos los espectadores, que rechazaron en su mayor parte. Volvió a reventar taquillas, sí, pero cabreó tanto a críticos como espectadores, por lo que la producción (ahora sí, con Murphy controlando todo) decidió volver a la comedia pura para acabar la trilogía.

Como nota curiosa, tenemos que la canción principal de la película fue nominada a los Oscar (ganando Time of my life, de Dirty Dancing), pero fue repetida tan machaconamente en las radios que muchos acabaron hasta las narices de ella, provocando que fuera también nominada a los Razzies a peor canción, ni que fuera por puro despecho y ganas de tocar las narices.

Sin ser una gran película, para mí mejora al abandonar el chorreo de gags made in Eddie Murphy y convertirse en un thriller de oficio. Sin embargo, la gran mayoría de los espectadores del momento no parecieron contentos con ese cambio, que se revertió en la loquísima tercera parte. Nada especialmente bien, nada especialmente mal, acaba pecando de anodina y si no fuera por la presencia del ínclito Axel Foley, se recordaría mucho menos de lo que se le recuerda (que tampoco es mucho).

 

Nota: 5

Nota filmaffinity: 5.4


miércoles, 8 de enero de 2020

28 días después


A lo largo de su filmografía, Danny Boyle ha demostrado ser un director difícil de clasificiar, pues tan pronto se te tira hacia la crítica social, como se mete con la ciencia-ficción o con el terror apocalíptico, como el caso que nos ocupa. Ha firmado propuestas de gamberrete y luego también algunos pastiches tan azucarados que cuesta tomar sin ataques de diabetes. A la que te paras a reflexionar, no tiene nada que puedas calificar de excelso, pero incluso sus peores películas tienen un empaque que las hace disfrutables, a su modo. En este caso, apetecía una de zombies y ésta se puso por banda.

Si por algo es, y merece ser, recordada 28 días después es por su poderoso inicio, ideal para dejarte sin aliento. No hay más que ver la cantidad de veces que se ha calcado, como en determinada serie de zombies que sigue en danza. Tengas o no tengas idea del argumento de lo que estás viendo, capta tu atención y te deja sin aliento con una desolación tan bien rodada. ¿Qué pasaría si despiertas en un mundo en el que estás solo? Sin música ni ruidos extraños, Boyle apuesta por el poder visual de un Londres desértico para pegarte el culo al asiento y captar tu atención para empezar su historia.

Luego aparecen los zombies y ahí sí que tira por zonas más trilladas, concluyendo con el clásico homo lupus homine. Pese a tocar todos los palos conocidos, conoce bien los resortes del género para dejar caer buenas pinceladas de mala leche, creando una sensación de incomodidad más que conseguida. Además, todos los personajes se comportan de una manera (aceptablemente) coherente con su forma de ser, que se desarrolla y evoluciona a lo largo de toda la película. ¿Cuántas veces podemos verlo en una de Zombies?

Hasta 28 días después los zombies eran esos caminantes lentos y ominosos que se aprovechaban de tus descuidos, matando por su abrumador número, que te acababa conduciendo a una situación de escape imposible. Boyle introduce aquí a unos zombies corredores llenos de rabia y mala idea. Es un cambio de concepto que aprovecha para incomodar y llenar de tensión cada escena en que aparecen. Desde entonces, el género de la epidemia de ira, con los infectados corriendo como poseídos se ha convertido en un sub-género más dentro del Z, con desiguales resultados según quién esté al mando.



Boyle venía aquí después de embarrancar en la mejorable La playa, por lo que sus acciones cotizaban a la baja. Sorprende pues que arriesgara con un género que ya venía de capa caída, denostado siempre por la crítica. Pero vaya si le salió bien el resultado. Acertó con el tono justo para ser diferente y reventar taquillas, surfeando un resurgir de los zombies que inundó las pantallas durante un puñado de años. La crítica también valoró su capacidad de captar la desolación de los personajes, los ambientes deprimentes y una imaginería influyente, que no muestra rastros de la cutredad típica de las propuestas del género.

Al tener un guión que se entretiene en desarrollar a sus personajes, los actores tienen algo que hacer aparte de correr, lo que se nota en pantalla. No se nota que CIllian Murphy o Naomie Harris fueran actores primerizos, enfrentándose con solvencia a actores más curtidos como Brendan Gleeson o Christopher Ecleston. Ninguna de sus actuaciones pasará a la historia, no vayamos a pasarnos, pero tienen un empaque inusual, que refuerza más la calidad de lo que estamos viendo.

Pocas veces se conjugan los zombies con una buena historia y ésta es una de esas extrañas conjunciones cósmicas. Es una propuesta muy disfrutable, tanto si te gusta el género como si no, para tenerte 100 minutos pegadito al sofá e intrigado por lo que va a ocurrir. En mi opinión, la segunda mejor película de este director.


Nota: 7
Nota filmaffinity: 6.7

domingo, 27 de noviembre de 2016

Manhattan



Confieso que puse Manhattan con la idea de ver Misterioso Asesinato en Manhattan, del mismo Woody Allen. Me quedé con el culo bastante torcido cuando no empezaba tal como la recordaba. Obviamente, era una película diferente. Pero sigue siendo Woody Allen y uno es un completista, ¡así que no la iba a quitar!

Manhattan funciona como una de estas comedias románticas redondísimas que tantas veces hemos disfrutado de Woody Allen. En ella seguimos las desventuras de un puñado de amigos de clase alta que retozan aquí y allá mientras intentan no matarse mutuamente de amor, celos o estupidez. Mientras tanto, vamos paseando por diversos lugares emblemáticos de Manhattan en los que se demuestra el inmenso cariño que Woody tiene a esta ciudad.

Entre paseo y paseo por la bellísima ciudad, los parlanchines personajes dan buena muestra de las inquietudes del prolífico director. Como cada vez que retrata el pijerío neoyorkino, Allen se permite meter bien el dedo en el ojo y llamar idiota a casi todos los miembros de este grupo social (incluido él mismo).
Encontramos una furibunda ridiculización del mundo artístico moderno. Sin dejar títere con cabeza se emprende ante los creadores repletos de postureo, los críticos que desconocen aquello de que hablan y, sobretodo, los pedantes “modernos” que postulan con alegría lapidaria qué está de moda y qué debe evitarse. 

También dedica buenos tortazos al modo de vida de aquellos con la vida resuelta de nacimiento que no deben esforzarse por conseguir lo que quieren. Se aburren demasiado, incapaces de afrontar y resolver sus problemas, arrojándose a toda velocidad hacia psicólogos de dudoso profesionalismo. Se llenan de pastillas con alegría, sin poder apreciar lo bueno que tienen alrededor, con lo que llenan sus vidas de infelicidad. 

Como buen guionista, se afronta el proceso de creación literaria. ¿Cómo vencer al miedo a la página en blanco? ¿Qué disposición mental se necesita para poder crear una historia? ¿No es acaso un acto de vanidad el plasmar en negro sobre blanco nuestras inquietudes? ¿Acaso le pueden interesar a alguien?

Aderezando estos tópicos, los chascarrillos y chistes de un Woody Allen de lo más chisposo se encuentran salpicando cada recodo del camino. Arrebatos de inseguridad, increíbles fardadas sexuales y deditos metidos en ojos ajenos para completar noventa minutos que se pasan en un suspiro.  

El elenco de personalidades incluidas dentro de la película pone la piel de gallina. Están esculpidos con tal cantidad de aristas que tan pronto los adoras como los odias sin por ello dejar de comprenderles. Son todos decididamente humanos, con sus taras y sus puntos a favor. Woody Allen es un pretencioso y un presumido, lo que esconde un complejo de inferioridad de lo más adorable. Michael Murphy es un niño mimado, siempre insatisfecho, pero incapaz de hacer daño a una mosca. Diane Keaton es una insufrible pedante incapaz de comprometerse que, en el fondo, lo único que quiere es que le den algo de cariño. Muriel Hemingway es la más madura de todo el grupo,  siendo la única capaz de reconocer lo que quiere y de afrontar lo necesario para conseguirlo, pero su juventud le resta la experiencia necesaria para para conservarlo. Y finalmente, una Meryl Streep llena de arrogancia ultima una venganza horrenda ante un personajillo que se merece qu ele hagan la puñeta. Todos y cada uno de ellos realizan un trabajo estupendo al dar vida a unos personajes que son una pura golosina, por obra y gracia de un guión redondísimo. 

Y, como no podía ser menos, el característico Jazz de nuestro querido Woody está escogido con mimo. Cada canción complementa su escena para dar el toque emotivo necesario, componiendo una banda sonora de bandera.

Quizás peco de querer ver más de lo que hay, pero este cruel retrato de las clases pudientes de Nueva York me ha recordado mucho a la más reciente Closer. Idas y venidas de ricachones con demasiado tiempo libre e ideas poco claras. Toneladas de mala leche, odios enconados y vidas rotas perfectamente interpretadas con una impecable banda sonora a su alrededor. Son tan parecidas que la última parece como si fuera un remake encubierto de esta ácida comedia. ¿Qué creéis vosotros?

Por la razón que sea, siempre la había confundido con el asesinato de la misma ciudad. Por ello, había pasado totalmente desapercibida en mis listas, y ahora se va a convertir en una de mis favoritas de Woody Allen. Me encanta cuando se pone el traje de caza y se dedica a despotricar contra el pijerío que se aburre demasiado por la vida. Espero que siga brindándonos su película anual durante bastante tiempo más, que siempre me hace disfrutar, incluso cuando pone el automático y se dedica a llenar el cupo.

Nota: 9
Nota filmaffinity: 8.1

domingo, 25 de octubre de 2015

Superdetective en Hollywood



Los ochenta tuvieron cosas muy buenas y es bueno dejarse llevar de vez en cuando por la nostalgia. No obstante, también hubo otros atentados al buen gusto que no es conveniente recordar. Las hombreras, las baterías electrícas, Eddie Murphy…

Sí. Eddie Murphy nunca me hizo la más mínima gracia. Ni en ésta ni en casi ninguna de sus películas, pero oye, si el guión es bueno, se hacía incluso soportable.
En Superdetective en Hollywood encarnaba a un detective muy particular de Detroit, rebelde, incapaz de aceptar ninguna orden y con una jeta de cuidado. Como en toda película que se precie, es apartado de un caso que quiere investigar y, cómo no, se saltará todas las normas, trasladándose a Los Ángeles para resolverlo.

Eddie Murphy había pegado su primer pelotazo con “límite 48 horas” y lo había confirmado en “Entre pillos anda el juego”. Ya podía presumir del estatus de estrella para exigir una película dedicada a su lucimiento total y absoluto, con un guión y unos gags están hechos para molar y presumir. Echándole jeta y palabrería, es quién se encarga de mantener a flote una película a la que le falta consistencia y un par de hervores para tener sustancia. Le aporta toneladas de carisma, eso no se puede negar. El problema para mí viene cuando la estrella es alguien que te cae gordo, que no va a conseguir que la película me guste. 

El humor se combina con escenas de acción e investigación, en una mezcla que se convertirá en muy característica en la carrera de Eddie Murphy. Tiros y chistes, un poquito de aquí y de allá, chistes de morro, unos cuantos gags absurdos y otros que contienen algo de crítica social. Por momentos parece que quiere acercarse a Agárralo como Puedas pero sin atreverse a tener su mala leche, destilando un mejunje desigual, algunos golpes son realmente desternillantes (lo que se puede hacer con unos plátanos, jué) y otros son realmente estúpidos (la borrachera inicial da vergüenza ajena).  

La dirección propone una puesta en escena marcadamente ochentera, con muchos detalles estéticos que ahora resultan entrañablemente horteras. Tanto la acción como el ritmo son muy deudores de su época, algo lentos y faltos de brío para nuestros gustos actuales, pero más que funcionales al estrenarse.

La historia se despacha con una trama facilona y unos personajes insulsos, no olvidemos que lo que importan aquí son los chistes y el careto de Murphy. No hay realmente intención de crear una intriga, sólo generar la excusa para poner unos tiros y unas risas. La acción es correcta y la investigación se resuelve de forma patillera, pero oye, la banda sonora es una auténtica pasada y el conjunto de la película entra como nada. Te despistas y te la has ventilado. Especialmente con la traca final, con unos últimos 15 minutos inesperadamente inspirados que te dejan un sabor de boca tremendo.

Visto desde la actualidad, su falta de calidad no explica muy bien como triunfó tan a lo bestia, con un éxito tan grande que dio pie a dos secuelas aún más irregulares y a un sinfín de películas clónicas. Aceptamos tenía una banda sonora estupenda, pero luego no hay nada más que una estrella emergente y risas fáciles en una historia floja con ganas. Sin embargo, su ligereza y sus nulas pretensiones la convirtieron en una película fresca y fácil, tal como la primera Taxi de la que hablé recientemente. A veces no hace falta más que eso: caer simpático, un poco de carisma y proporcionar la oportunidad de apagar el cerebro durante dos horitas entretenidillas. 

En conjunto, es una mala película, con chistes irregulares y una estética desfasada, pero está cargada de carisma y generó estilo a su manera. Como entretenimiento… cumple, bueno, si no te entran ganas de atizar a Murphy cada treinta segundos, claro.

Nota: 3
Nota filmaffinity: 6.1

"¿Me llevan detenido? ¡Pero si me han tirado de la ventana! Y si me hubieran tirado de un coche en marcha, ¿de qué me hubieran acusado?¿de no cruzar por el paso de cebra?"
TREMENDO