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miércoles, 9 de agosto de 2023

Luces Rojas

Continuamos en el resumen de las diferentes películas de Rodrigo Cortés para el especial de Cinéfagos. Así, seguirán pasándose por aquí algunas de sus películas y no siempre en orden cronológico. Le llega el turno a Luces Rojas.

Aquí le seguimos la pista a un equipo de expertos en lo paranormal que se dedica a desenmascarar a todos aquellos farsantes que viven de la credulidad de la gente. A pesar de que no hacen sino mostrar todas las trampas y argucias que los artistas del engaño ponen ante sus ojos, se nota que desearían, por una vez, estar equivocados y encontrar alguien con poderes de verdad. Un día, ese sueño se puede hacer realidad, pues un antiguo mago vuelve del retiro y es capaz de superar cualquier reto que los científicos le proponen.

La mayor sorpresa de esta película viene de su propio póster promocional. Uno no espera encontrarse con un director español casi novato dirigiendo a estrellas de primer nivel como Sigourney Weaver o Robert deNiro. ¡Si es que ellos solos te sacan adelante (casi) cualquier historia! El origen del proyecto viene a raíz del éxito de Buried en el circuito de películas independientes de EEUU. De repente, el nombre de Rodrigo Cortés pasó a ser conocido como autor de películas de intriga y alguien pensó que podría tener cierto provecho rodar una película de género en España.

Así, rodearon al director con un elenco de buenos actores. Además de los mencionados, tenemos a Cillian Murphy en un papel muy logrado y una Elizabeth Olsen que pasaba por allí. Me hace gracia encontrar también a Leonardo Sbaraglia, protagonista de Concursante, supongo que su presencia es un favor a devolver y tiene un papel de apenas cinco minutos, pero lo defiende con solidez, que siempre se agradece.

Siguiendo la estela que había caracterizado a Cortés, tenemos entre manos un thriller que busca pegarte al asiento. Aquí lo que entramos es en un juego de mentiras con fachada cientifista lleno de trampitas de guión (información que se te escamotea, montaje confuso, etc.) en el que se hace difícil saber qué va a ocurrir a continuación o cuál es el siguiente engaño que ha preparado el guionista. La película funciona con empaque durante su inicio, pero se emburulla a medida que avanza el metraje y se confunde sobre qué película quiere ser, dudando si parecerse a El sexto sentido, El truco final o a Abre los ojos. El viaje podrá valer la pena, pero el resultado final deja lugar a cierta sensación de estafa que no todo el mundo comprará, con un guionista que, quizás, ha querido pasarse de listo mordiendo más de lo que puede abarcar.

Ocurre lo mismo con la trama romántica que sobrevuela el metraje. Totalmente innecesaria, sin más motivo que ocupar minutos de película, existiendo probablemente porque el manual dicta que “tiene que haber un romance”. Podrías haber sacado a Olsen de la película y no habría cambiado nada.

Por suerte, tenemos a un Cortés que sabe bien qué quiere hacer con la cámara, distrayendo al espectador de las incoherencias de un guión no del todo redondo al mostrarse juguetón con la puesta en escena. Tal como ocurría en Concursante, hay muchos enfoques inusuales, escenas que recuerdan a grandes obras maestras y otras herramientas molonas que contribuyen a dar ritmo a una película de “gente hablando” que tampoco tiene nada muy interesante que decir. La imaginería y los escenarios se aprovechan con acierto, además de tener una atmósfera llena de intriga que funciona estupendamente. Quizás a veces se pasa de obvio (la manera en que muestra la ceguera de DeNiro) y otras veces de confuso (todo el desenlace).

La película no tuvo un éxito excesivo (más bien bastante poco) y Cortés tardó en volver a trabajar en una propuesta de este estilo, pero eso no nos impidió disfrutar del Todopoderoso con el pelo más bonito por estos lares.

Como anécdota curiosa, se debe destacar que gran parte de la película se rodó en Barcelona. La Universidad en la que Weaver ejerce es, en realidad, la Facultad de Económicas de la UB y justo la clase en la que ella imparte cátedra es en la que yo hice la Selectividad hace ya muchísimos años. Ni que decir tiene que estos detallitos me sacaron completamente de la película, pues obviamente, había pasillos movidos de sitio en su paseo y YO LO SABÍA.

Respecto al final SPOILER el giro al estilo Shyamalan tiene el problema de siempre. O lo compras o uno se siente timado. Suelo ser de los que disfruta de estos quiebros inesperados como en este caso, en el que el personaje de Cillian Murphy sea el que tiene poderes y nadie se ha dado cuenta hasta entonces. Sin embargo, esta vez no ha sido así y me ha sentado bastante mal. FIN DEL SPOILER

Luces rojas es una película de encargo que hace un poti-poti de varios thrillers de éxito no del todo bien equilibrados. El buen hacer de los protagonistas y una correcta puesta en escena sacan adelante un guión que se pasa de tramposo, cuyo polémico final enfadará a más de uno. Deja la sensación de que has visto esta película más veces, pero mejor hecha.

 

Nota: 5

Nota filmaffinity: 6.1 

sábado, 21 de agosto de 2021

El diablo sobre ruedas

Revisionando una película que llevaba demasiado tiempo entre mis pendientes. Hay veces que no sé cómo priorizo el orden que se me van las cosas (¡vaya sorpresa!). Ésta es una de tantas películas que vi de pequeño (debería tener 10-12 años) y me dejó con la cabeza bastante loca. Como solía ocurrir, olvidaba el nombre, con lo que para recuperarla tenía que tener la suerte de que la volvieran a poner en televisión y yo tuviera la suerte de estar delante, cosa que tampoco era muy probable. Años después, repasando la carrera de su director, tuve la suerte de re-descrubrir El diablo sobre ruedas y volver a gozar durante 95 minutos.

El planteamiento de la película es simple: 1971, carreteras secundarias de un paraje desierto de EEUU. Un apocado vendedor tiene todavía largas horas de conducción para regresar a casa y se aburre en el auto. En su camino, un gigantesco y oxidado camión parece no tener la más mínima prisa. Un adelantamiento algo más agresivo de lo debido parece provocar la ira del camionero, que lo perseguirá incesantemente, convirtiendo el resto de la ruta en una pesadilla. 

Concebido inicialmente como un relato de terror de Richard Matheson, fue guionizado posteriormente por el mismo autor con el objetivo de su adaptación para televisión. En efecto, se trataba de un telefilm del que la productora no esperaba demasiado: un presupuesto reducido, actores semi-desconocidos y un novatillo recién licenciado (ni eso) tras la cámara. La casualidad quiso que ese novatillo fuera Steven Spielberg, enfrentado a su primer proyecto serio. Lo que podría haber sido un film anodino, se transformó en una obra trepidante, que atrapaba a un espectador que corrió a transmitir lo mucho que había disfrutado (padecido) con la película. De la nada surgió un fenómeno que consiguió su estreno en salas y un verdadero estado de psicosis en las carreteras norteamericanas.

Después de este esplendoroso debut, Spielberg consiguió financiación para hacer una nueva película de terror llamada Tiburón. Con menos de veinticinco años, rompió los moldes, y el resto ya es historia.

Incluso conociendo qué es lo que va a ocurrir en cada momento, me ha sorprendido la capacidad de la película para pegarte al sillón. A partir de carreteras interminables y solitarias, un paraje desértico y un camión con muy mala leche, Spielberg presenta una ensalada de miedo, velocidad, peligros mortales, intriga continua y tensión a raudales. Más por instinto que por experiencia, espacia con acierto los clímax de tensión mientras intranquiliza al espectador con situaciones muy variadas en las que “algo no funciona”. A través de escenas cotidianas “que te podrían pasar a ti”, se capta la atención del espectador, un ciudadano corriente que conduce un coche cualquiera que, un buen día, podría ver convertido uno de tantos camiones que vemos cada día en una máquina monstruosa, que parece saltarse las leyes de la física para acabar con su víctima.

Se hace difícil no entrar en este juego. La identificación con el currante que lo único que desea es llegar tranquilo a casa es tan fácil que empezamos a sudar por la ominosa presencia del camión en la carretera. Nos ponemos en situación: Tu capacidad para pensar, para reaccionar, tu pericia al volante y el aguante de tu vehículo serán las armas con las que contarás en este peligrosísimo e infernal juego de persecuciones. Estarás solo. Nadie te ayudará. Y nunca has sido un experto en conducción de riesgo. ¿Cómo no pasarlo (bien) mal con este film?

Casi cada decisión tomada es acertada: una estupenda planificación de escenas que aprovecha un guión muy bien parido, zooms casi leonianos (ese juego de miradas en el bar de camioneros…), el fantasmagórico y cotidiano camión conducido por una persona a la que jamás llegamos a ver y, sobretodo, el aprovechamiento del desierto como lugar en el que encerrar al protagonista, como una desolada prisión a cielo abierto, claustrofóbica y desasosegante, ingrata para la vida humana.

El diablo sobre ruedas tiene la virtud de durar lo que debe durar. En 90 minutos se las arregla para completar acertadamente lo que quiere contar al ritmo adecuado. Además, presenta un puñado de situaciones que sorprenden en su variedad, especialmente cuando nos acordamos de que todo ocurre dentro de un coche. No se alarga la película artificialmente, lo cual es un gustazo de lo más inusual.

¿Qué problema tiene la película? Pues, obviamente, que está hecha con dos chavos. Aunque el guión es estupendo y la dirección un hallazgo continuo, los medios con los que está rodada son los que son y el actor principal tiene la calidad que tiene. Quizás habrá a quién le resulte entrañable en su cutrez, pero estoy seguro de que con un poco más de presupuesto (tampoco mucho), la película hubiera ganado muchos enteros.

Eso no quita que se trate de una película que hay que ver. Con El diablo sobre ruedas Spielberg firmó una opera prima que es mejor que la mejor película del 99% de directores que han vivido de ello toda su vida. Un ejercicio de minimalismo en el terror, con un malvado de los que no se olvidan, bien capaz de dejarte un regustillo de intranquilidad la próxima vez que te adentres en una carretera secundaria medio olvidada de los mundos de Dios.

 

Nota: 8

Nota filmaffinity: 7.3

Resulta curioso comprobar cómo a través del miedo, este hombre, que en su casa no era "nadie", acaba afrontando con éxito un pulso extenuante por su vida. Esa noche seguro que durmió orgulloso de sí mismo, sabedor de que el miedo, en realidad, nos hace más fuertes. 

domingo, 24 de febrero de 2019

Alien: Resurección


Tengo un cariño enorme a esta película. No en vano fue la primera que fui a ver al cine con los amigos. A mis catorce añetes, era la primera vez que, conscientemente, elegía ver “algo que mis padres no habrían aprobado que viera”. Recuerdo bien la sensación de rebeldía al ver algo +18, supuestamente prohibido para mí (ay, la ingenuidad de los años mozos…).

A ello había que sumar el pavor que yo tenía al Xenomorfo en aquella época. Y mira que todavía no había visto ninguna de las películas, por puro miedito. No era sólo un desafío a mis padres, sino un desafío para mí mismo, empezando la película tan nervioso como asustadito.  Recuerdo que me lo pasé en grande y me quité un buen montón de complejos con esta película, a pesar de sus absurdeces que ya me di cuenta que tenía.

Han pasado un par de siglos desde la muerte de Ripley. Sin embargo, la compañía ha conseguido recuperar su cadáver, con el que ha seguido investigando. Después de unos cuantos intentos, consiguen clonar a Ripley separando el cuerpo de la Reina Alien con la que murió. Un grupo de desharrapados mercenarios provee de un puñado de cuerpos a los que inocular con el xenomorfo. Evidentemente, la cosa se va a desmadrar y la matanza está servida.


Era el año 97 y Dolly acababa de salir al mundo. La clonación estaba de moda y a algún directivo se le ocurrió aplicarla para resucitar una saga que se suponía cerrada y bien cerrada. La resurrección se combinó con malotes noventeros, un poco de steam-punk desnortado y un realizador con personalidad. La idea en sí no era del todo descabellada, y Jean-Pierre Jeunet había demostrado ser un director con estilo. A posteriori, incluso podríamos decir que se trataba de una propuesta prometedora en su concepto.

Sin embargo, los problemas empezaron cuando desde producción se empezó a meter baza (no olvidemos que es una película de estudio) en el guión de Joss Wedhon, tocando cosas aquí y allá, fastidiando todo el trabajo para desgracia de un Jeunet al que le cambiaban el plan de rodaje cada día. Un ejecutivo deducía que estaba de moda el baloncesto y había que incluirlo en la película (sí, una Spalding en el año 2145), luego los Aliens debían convertirse en mascotas, luego había que destruir la tierra y crear al Xenomorfo súper-definitivo, Winona Rider casi se muere porque Weinstein insiste en que ella no puede usar dobles… El documental del Making Off es de los que vale la pena ver. Estoy seguro de que el director envejeció diez años durante el rodaje.


El mayor problema que se encuentra la película es que la solución argumental que escoge el guión está plagada de agujeros, pajas mentales y decisiones extrañas que impiden que la película llegue un poco más allá. Desde la excusa para resucitar a Ripley hasta su extraño desenlace, los despropósitos campan a sus anchas. Josh Wedhon, que firma el libreto, ha declarado en diversas entrevistas sobre la cantidad de cambios que le hicieron, incluida la eliminación de un tercer acto en la tierra que se cambió por ese parto rarísimo del que declara no tener nada que ver. Quizás estamos hablando del peor guión que ha tenido Jeunet entre manos. Imagino que, en condiciones normales, se habría negado a hacer la película, pero ya se había comprometido contractualmente a rodar en Hollywood (tenía muchas ganas), antes incluso de saber que iba a hacer una de Alien. Ay, estos líos de productoras…

Alien: Resurección parece intentar ser una película que combina la salvaje acción de Aliens: el regreso con la inquietante atmósfera de Alien: El octavo pasajero y la estupidez de los personajes de Alien: 3. En su búsqueda de ser la película más sanguinaria, brutal y agresiva de la saga, está tan pasada de vueltas que se acaba convirtiendo en una comedia involuntaria. Contiene tal cantidad de bastardadas innecesarias que te tienes que reír, aunque probablemente no fuera el objetivo inicial del director.

Y es que la imaginería está muy currada. La Nostromo (es un decir) se contagia de un ambiente sórdido, deliberadamente cutre basado en tonos amarillos y verdes, donde todo parece supurar enfermedad y decadencia. Las soluciones visuales que Jeunet escoge denotan saber hacer (la escena bajo el agua, por ejemplo), con un punto de malignidad muy bien encontrado que hace todavía más sorprendente que Amèlie se rodara justo después de ésta.



Al final fue pragmático e hizo un buen trabajo sin pelearse en exceso con los de arriba ni tampoco pasar del tema. Se puede notar esta efectividad en la acertada dirección de actores, a los que el guión dota de personalidad con apenas dos pinceladas (típico de Wedhon). Desde el pasadísimo Ron Perlman, el negro de las rastas o una jovencísima Winona Ryder que ya empezaba a tener fama de “excéntrica”.

Un aparte habría que realizar en lo que concierne al híbrido. ¿A quién se le ocurrió que eso era buena idea?

Alien: Resurección es una película a la que le tengo un cariño inmenso. Aunque técnicamente no hay mucho que reprocharle, el guión se queda en ese extraño punto entre el despropósito involuntario, la comedia gore y la acción descabezada con la excusa de tener criaturas por ahí. Como película de acción se las arregla para tener un buen puñado de escenas molonas, aunque como mejor se disfruta es deleitándose con la exageración cachonda que se despliega con las sucesivas víctimas.

Nota: 6
Nota filmaffinity: 5.6

miércoles, 28 de marzo de 2018

Alien 3


Recuerdo, en mis años de mozalbete, el respeto que le tenía  al Xenomorfo. No había visto ninguna película, pero las imágenes ya bastaban para infundirme tremendo respeto. Un día en que me había quedado solo en casa, pusieron Alien3 por la tele, y decidí armarme de valor para verla. Fue toda una decepción, más allá de un monstruo feote, no entendí dónde estaba el revuelo. Años tardé en ver sus predecesoras y entender lo que era el terror… Inspirado (ejem) por el podcast de Carne de Videoclub, decidí pegarle un repasito a la película de Alien que hacía más tiempo que no veía, ni que sea para reafirmarme en mis recuerdos.



La película además empieza mandando a tomar viento la entrega anterior. Se mata a todo dios superiviente y volvemos a tener a Ripley encerrada (en este caso, en una cárcel) con un puñado de víctimas propiciatorias y un Alien dispuesto a todo. La diferencia es que ya es la tercera vez que Ripley se encuentra con los Xenomorfos y ya empieza a estar un poquito harta. No podemos olvidar que una vez que has visto lo peor que el Universo puede arrojarte y has salido viva, no vas a encontrar nadie más duro que tú.

Me agrada la localización de la película. La Saga de Alien llega a su máxima expresión en lugares cerrados, en los que la claustrofobia se suma a la peligrosidad de una muerte segura. Sin embargo, luego no se aprovecha la misma casi para nada. Parece más bien que nos hallemos encerrados en un mundo medieval con un par de pistolas por ahí. La escena de la fundición mola bastante, no lo vamos a negar, pero el resto de la película varía entre feota y cutre. Los escenarios son simples tubos sin gracia visual en los que meter a un Xenomorfo algo perruno (la única innovación interesante de la entrega) y poco más.

Así mismo, también tiene el problema de que no hay nadie ni remotamente al nivel de Sigourney Weaver. Vale que aquí ella ya es una auténtica estrella y no hay nadie mejor para ser la puta ama, ¡pero el resto del elenco se ve reducido a papeles de comparsas masillas casi en su totalidad! No es que lo hagan mal (bueno, sí), es que el guión no les deja otra opción.

A posteriori, resulta extraño comprobar la presencia de un director tan personal como David Fincher detrás de la película. Rascando un poco más, uno puede entender que se trata de su película debut, de la que él siempre ha dicho que falta casi la mitad de la misma. No voy a discutir sus declaraciones, pues se hace obvio que la trama está mal hilvanada, como si faltaran diálogos y escenas. Incluso un par de personajes “desaparecen” y a nadie parece importarle.


En fin, después de que Ridley Scott pariera al bicho más temible del Universo y Cameron ampliara su mitología como nadie pudiera haber previsto, ¿En que pensaban los de arriba? Con el material de partida se tenía un gran oportunidad para cerrar una trilogía a lo grande, pero bueno,  deciden dárselo a un novato con talento, al que torean por todas partes, le imponen el guión y encima culpan del resultado.

Por lo menos se puede apreciar que la acción está bien rodada y Fincher se guarda un par de escenas que aprovechan a la Ripley más carismática para que la película no de la sensación de timo completo. Habitualmente considerada como la peor de la saga (con todo merecimiento), sólo se podría salvar porque es capaz de proporcionar dos entretenidas horas de acción y por ELLA.

Nota: 3
Nota filmaffinity: 5.9

domingo, 19 de febrero de 2017

Aliens: El regreso



Pocos años después de aterrarnos con la presencia de un pasajero inesperado, la teniente Ripley despierta de su coma sólo para descubrir que debe adentrarse otra vez en el cubil de la criatura, en calidad de asesora, para ayudar a un comando de élite a exterminar una plaga de Xenoformos. Pero Alien es un organismo perfecto y las cosas nunca salen como deberían.

Después del descomunal éxito que supuso la película de Ridley Scott (tanto en taquilla como en crítica), las ganas de exprimir la franquicia estaban disparadas. Sin embargo,  entre que el director estadounidense no estaba muy por la labor de continuar al frente del proyecto  y los guiones que se presentaban no acababan de estar a la altura de lo deseado, su secuela se iba posponiendo. Cuando al final el trabajo de realizarla recayó en manos de un jovencísimo James Cameron, éste se vio ante la diatriba de hacer una secuela continuista (lo habitual), escogiendo aquellos elementos que habían funcionado y potenciarlos al máximo o darle un toque personal que la diferenciara claramente de su predecesora. Ser continuista asegura mantener contento a los fans, pero normalmente implica una reducción de la calidad, al reducirse la posibilidad de innovación. Un enfoque más rupturista permite dar un aire nuevo a una misma idea, pero se corre el riesgo de espantar a los seguidores sin llegar a captar nuevos adeptos.  Esta decisión es todavía más incómoda cuando el referente se ha convertido en una referencia dentro de la ciencia—ficción terrorífica.  Desde un punto formal, estos proyectos están (casi) abocados al desastre.

Pero bueno, James Cameron siempre ha sido el más listo de la clase y decidió salirse de la tangente, con una propuesta que era a la vez rupturista y continuista. Abordó el mismo universo, la misma historia y un diseño claramente deudor de la película de Scott, pero al presentarla desde un género completamente diferente –la conviertió en una película de pura acción- le dotó de una frescura y un sentido de la novedad que dejó contento a todo el mundo. Después de todo, los años ya nos mostraron que este hombre se las pinta solo a la hora de mezclar la acción con los efectos especiales y los diseños más impresionantes.

Si bien Cameron repite el mismo planteamiento, con un preámbulo muy reposado que sirve para presentar la historia –sorprendentemente coherente con lo visto previamente- y permitir que conozcamos la vida cotidiana de un puñado de personajes que se preparan para lo peor. A partir del momento en que el comando toca el hostil planeta, las diferencias se hacen patentes. El terror y la incertidumbre sobre la presencia de la criatura se ve sustituida por la acción y la espectacularidad de la lucha de un escuadrón marcial extremadamente bien entrenado y las hordas de xenomorfos que no dejan de atacar desde cualquier rincón imaginable. 
 
Es decir, Cameron aprovecha todo lo que Scott nos ha hecho sentir y lo utiliza para volver loca nuestra adrenalina cada vez que los Aliens atacan. Las inmensas capacidades de un grupo de soldados de élite extremadamente bien armados se muestran insuficientes ante el depredador más perfecto de la galaxia. Se nos da sentido completo a una acción de primera calidad desde el minuto treinta (más o menos) hasta el final de la película, sin dejarnos descansar apenas un suspiro, en continuo crescendo llevado con el mejor estilo.

La desesperación golpea a cada baja, ante cada nueva dificultad que los Xenomorfos plantean. A ello contribuyen las formas inhumanamente fálicas de Geiger, que convierten en realidad las pesadillas más aterradoras de nuestro subconsciente. A pesar del errático carácter del suizo, Cameron consigue que éste dé un paso más allá a la hora de concebir una atmósfera que pone los pelos de punta ante aquello que podría estar escondido en la siguiente sombra. Coge lo que se desarrolló en El octavo pasajero y lo desarrolla hacia fronteras que uno no podría imaginar.

Un elemento adicional reside en la caracterización de los personajes. En una propuesta de acción pura, Cameron se entretiene en dar un sentido a la misma y en diferenciar a todos los miembros del escuadrón. Les da nombres, características distintivas e incluso manías. Sin alejarse del prototipo del soldado (siguen siendo lo que son), adquieren una personalidad diferenciada, con un carácter trazado. Por ello, cada baja se siente, ya que perdemos a un componente del grupo y no un personaje aleatorio que no te importa nada. 

A pesar de todos estos detalles de primera calidad, el tinglado no se sostendría si no es por la impresionante participación de dos féminas. 

Primero la Teniente Ripley. Si en El octavo pasajero Sigourney Weaver construía una heroína (casi) sin precedentes en el cine, aquí da muestra de ser la “puta ama” del cotarro, poniendo a todo el mundo en orden cuando la matanza se desmadra. Por si fuera poco, la aparición de Newt le permite mostrar un lado tierno, sin por ello perder un ápice de carisma o molabilidad. Dentro de la Nostromo ya teníamos a un personaje inolvidable, pero es que aquí la seguiríamos hasta el mismo infierno. Carga a sus espaldas con el peso de toda la película, nos mantiene en tensión durante dos horas y crea a un mito del cine. Todo ello sin dejar de ser una película de acción pura en la que lo más importante son los tiros. Creo que a nadie le tuvo que pillar por sorpresa que se llevara una nominación al Oscar por su enorme trabajo. 

Frente a ella no podíamos tener a un malvado cualquiera. Las historias son tan míticas como malvados son sus antagonistas. En la Nostromo no teníamos más que a un simple Alien, pero en el planeta habita la Reina del enjambre. Reflexionemos sobre ello, un xenomorfo básico se las basta para arrasar fácilmente con una escuadra enemiga. ¿Qué no podrá hacer el mayor monstruo creado por las profundidades insondables de los horrores incognoscibles? Geiger y Cameron sobrepasan los límites de nuestros terrores y crean al mal más puro que hayamos visto en una pantalla de cine (tarea premiada con un par de Oscars). Desde el primer momento que aparece hasta la batalla final con el traje especial de Ripley (qué bien introducido, ¡coñe!) se hace difícil respirar sin estremecerse. Lo dicho, inolvidables ambas.

 En ese sentido, debo destacara lo bien que ha envejecido esta película. Más allá de ciertos detalles técnicos obvios e insalvables, el uso del plástico y las maquetas es inmejorable para que la película adquiera una textura viscosa y maligna aun hoy en día. Los efectos especiales casan a la perfección con la atmosfera de la película e incluso Cameron se permite avanzar el futuro con el cambio de esencia de las batallas reales, introduciendo videocámaras en los cascos para transformar los tiroteos en directos televisivos. Habría que destacar también el impresionante trabajo de edición de los efectos sonoros. No hay como tener un buen pedazo de equipo de sonido para poder disfrutar (sufrir) de la experiencia de estar en la estación espacial y oír cada ínfimo ruido que se produce. No es que puedas notar cada paso lejano o cada respiración de los desafortunados personajes, ¡es que te parece oír sus latidos! Lo dicho, impresionante en todos los sentidos.

Estamos ante un gran film de acción, de toque terrorífico, pero donde prima el cariz de aventura tenebrosa. Donde Ridley Scott sugería, Cameron exhibe, donde yacían víctimas indefensas, luchan aguerridos soldados, donde acechaba una criatura, ahora atacan a miles, donde reinaba el terror… ¡esta vez, es la guerra!

Nota: 9
Nota Filmaffinity: 7.3

Como nota aparte, esta vez he visto el llamado "montaje del director" en el que se añaden 18 minutos de escenitas aquí y allá. Es muy fácil saber que es nuevo porque hay redoblaje y, por tanto, las voces y los ruidos cambian. Sin embargo, esta vez lo considero innecesario, ya que el metraje adicional se limita a alargar escenas y presentarte diálogos innecesarios que solo consiguen bajar el ritmo sin aportar nada. Para Aliens: el regreso, mejor el metraje original.

A diferencia de su predecesora, la Academia respetó el gran despliegue técnico de esta película, nominándola a Montaje, Banda Sonora, Diseño, sonido y premiando ambos efectos visuales y sonoros. Que se nota que la película está BIEN hecha. Adicionalmente, Sigourney Weaver consiguió una nominación a mejor actriz por su trabajo, algo que seria casi impensable en una propuesta de acción pura como esta (toma ya).

jueves, 17 de marzo de 2016

Alien: el octavo pasajero



Alien, el Xenomorfo. El monstruo fálico que habita nuestras pesadillas, el ser más terrorífico que nuestra imaginación puede generar, la criatura más mortífera que ha creado la evolución es el responsable de llenar de miedos las pantallas de medio mundo desde su aparición a finales de los setenta. Simplemente con recordar su nombre, nuestro subconsciente nos recuerda lo pequeños que somos en la inmensidad cósmica, evocando miedos insondables y seres más allá del espacio conocido.


Todo tiene origen en esta película de camioneros espaciales claustrofóbicamente malsana, en la que los inocentes tripulantes de un carguero son perseguidos por un ser extraño, desconocido y letal. Para un espectador actual, resulta sorprendente la calma con la que se presenta la situación. Scott se toma su tiempo para presentar a todos los personajes, hacernos partícipes de su rutina cotidiana y aprendamos a distinguirlos y a quererlos un poco. Ninguno de ellos es carne de slasher, sino compañeros que vemos cada a día en nuestro trabajo.

Después, un extraño parto (historia pura del cine) da lugar a un ser bípedo de dientes afilados, piel pegajosa, una mala leche descomunal y una inteligencia aún mayor. Sin embargo, tal como ocurre en Tiburón, el monstruo apenas se muestra, es incognoscible y aberrante. Sabemos que está ahí. Atisbamos algunas partes y contemplamos el resultado de sus acciones, las carreras por el pasillo, los cadáveres destrozados o la sangre ácida que cae y perfora los pisos… Pero no le vemos, no sabemos de qué es capaz y Scott puede así acojonarnos y sorprendernos con cada nueva aparición del depredador perfecto. 


Sí, el Alien es un ser tan alejado de la humanidad que nos desagrada en todo momento, pero no es sólo el bicho quién nos causa desazón. El diseño de la nave está concebido para causar incomodidad. La suciedad y el polvo de la nave se complementan con una atmósfera tensa y la amenaza latente de una muerte salvaje e implacable. La influencia del diseño de Giger es tan gigantesca que no podemos sino felicitar el admirable trabajo que realizó este pervertido suizo y agradecer el buen uso que Scott hace del mismo. Las vidas de mucha gente no habrían sido las mismas sin la capacidad que este universo vibrante genera. Alien es una de las obras capitales de la ciencia ficción en la pantalla grande por su irrepetible capacidad para causarte incomodidad simplemente avivando tus propios miedos al mismo tiempo que atrayéndote para explorar un mundo nuevo en el que alucinar con las formas que lo pueblan y cómo estas nacen, se alimentan y matan. Todo el género se ve sacudido por su influencia y se convierte en una obra de obligado visionado para el que quiera profundizar y entender la ciencia ficción.

Y luego está Ripley. Después de años y años de princesas desvalidas a las que salvar, por fin llega una mujer con iniciativa, luchadora e intrépida. La interpretación de Sigourney Weaver sorprendió a todos y la elevó al Olimpo de las Diosas cinematográficas.  Años tardaríamos en volver a ver una heroína que se las basta sola y que combate hasta las últimas consecuencias en la pantalla grande. No es una mujer imposible, no es un ideal. Simplemente, es Ripley, una teniente que hace lo que debe hacerse cuando debe hacerse. Mola. 


Ridley Scott consigue lo más difícil en el cine: juntar imágenes impactantes, personajes míticos y toneladas de tensión con las que mantenerte a tope durante dos horas sin apenas recursos. La acción es constante pero sus estallidos se encuentran perfectamente medidos y cronometrados. La película no tiene ningún punto muerto y su entorno biotecnológico retro-futurista (toma ya) te atrapa y te lanza hacia un horror del que es difícil salir sin haber sufrido. Queda poco por decir que no se haya dicho ya sobre ella, salvo que se trata de una película de obligado visionado para “disfrutar” de su tensión, intriga y claro, está, del miedo… aunque en el espacio nadie pueda oír sus gritos.

Nota: 10
Nota filmaffinity: 8.0