Mostrando entradas con la etiqueta Fincher. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fincher. Mostrar todas las entradas

sábado, 25 de abril de 2020

El club de la lucha


Hace un par de meses, la más joven de mis compañeras de trabajo (veintipocos) vino todo emocinada a la hora del café a ver la pedazo de película que habíamos visto, que teníamos que verla, que era antigua pero que no podíamos dejarla pasar. En cuanto nos dijo el título, todos los de mi quinta (ya de treintaytantos) dejamos salir una gran sonrisa y estuvimos completamente de acuerdo con ella. La pobre se quedó un poco chafada porque ella no había oído nunca hablar de ella y para nosotros era algo que pasaba de conocido.

La diferencia generacional podría ser la causante de que ella no supiera de esta propuesta, pues todo el que fuera adolescente tardío a finales de los noventa 99-00 sufrió el impacto de El club de la lucha, de enorme calado entre la chavalería de la época. Tal como sucedió con Trainspotting en la generación justo anterior, se trató de esas películas que TODOS (o casi) vimos en su momento atráidos por sus pretensiones contra-culturales, su espíritu incendiario, además de su extravagancia en la puesta en escena.

La película nos presenta a un narrador que tiene una vida aparentemente agradable. Tiene un trabajo fácil, gana un buen dinero y más allá de una pareja, no parece faltarle nada material. Sin embargo, vive cargado de neuras que le impiden dormir y llevar un día a día normal. Un día, conoce a un misterioso vendedor de jabones, Tyler Durden, que le muestra su particular modo de vida. Entre ambos crearán un “club de la lucha”, en la que hombres se citan para dejar salir toda la mierda que arrastran en su día a día. Al principio todo parece ir a mejor, pero luego la cosa se empieza a salir de madre. Mucho.


Desde el primer momento, la película se siente diferente: violencia muy explícita, sangre desbordante, un estilo muy cuidado y la sensación de que en todo momento te están contando algo que cambiará tu vida. Igual que ocurría con Trainspotting, lo tiene todo para llamar la atención, a lo que se suma un rabioso alegato para rebelarte contra el mundo porque… bueno, porque el mundo es una mierda.

Pero, ¿Quién era David Fincher en aquel momento? Cuatro años antes lo había petado a lo grande con Se7en, dejando claro ese chaval era alguien a tener en cuenta. Dos años después, The game dejó a todo el mundo con el culo torcido, demostrando una vez más que Fincher SABÍA qué hacer tras la cámara. Cuando se estrenó El club de la lucha, todo el mundo cinéfilo estaba expectante para ver qué nos tenía preparado. Ya sabíamos que manejaba bien el thriller, que era un tramposete, pero nadie podía esperar que nos narrara una “revolución” pseudo anarquista, llena de violencia y visceralidad, filmada con fuerza y buen tono, descolocando al espectador a cada segundo, intentando comprender qué demonios está ocurriendo.

El estupendo guión es aprovechado por tres protagonistas en estado de gracia, de los que Fincher saca incluso lo que no hay. Edward Norton sabe hacer como nadie de atontado que parece que tiene un plan pero no se entera de nada, además de desbordar carisma, mala leche y  musculitos. Brad Pitt nunca ha sido tan super-fucker como aquí, putoamismo a más no poder llevado al extremo, el epítome de lo que todo onvre quiere llegar a ser. Impresionante. ¿Alguien sabe de otra película que vaya tan sobrado como aquí? Y finalmente, Helana Bonham-Carter que borda (una vez más) el papel de chica pervertida // zumbada // con ínfulas de trascendencia.

 Otro de las cosas que todo el mundo conoce (o no) de El club de la lucha es el famoso final que te deja el culo roto y te obliga a volver a ver la película. Lo curioso es que a diferencia de lo habitual (pongamos El sexto sentido como ejemplo), ese giro no ocurre cuando faltan 5 minutos, sino que, una vez lo conoces quedan 40 minutos buenos de película, que dejan al protagonista tan perdido como al espectador, intentando entender el alcance de una conspiración que le supera. Y cuando parecía todo aclarado, volvemos otra vez, acabando con un giro final del giro final todavía más enorme y molón, lo que refuerza todavía más la dualidad conseguida entre el patetismo del Narrador y el carisma de Tyler.

La película marco la vida de toda una generación (especialmente en el mundo anglosajón), a la que se le vendió que cuando crecieran serían jugadores de la NBA, ricachones a lo Bill Gates o cantantes de profundo éxito como Kurt Cobain; que luego acabaron como parguelas en compañías gigantescas en los que eran apenas números, trabajando en empleos que nos soportaban para comprar cosas que no necesitaban (Trainspotting, ¿mande?). Mientras que la obra de Danny Boyle tiraba por el fuck the system a base de chutarse de todo como modo de rebelión, aquí tenemos una exaltación desnortada de la masculinidad juntada con una revolución anarquista con la idea de despertar a las mentes adormecidas. Me encanta como entra en contradicciones al cargar contra el consumismo y las convenciones mientras tienes a Durden como un ser de pura chapa y pintura superficial. Pero bueno, esto no implica que la película mole un puñado y parte de otro.


Una de las cosas que más gracia me hace es que la película se mofa del onvre super-macho –alfa, ridiculizándolo a cotas bastante considerables. Sin embargo, también es una de las películas emblema de este tipo de sub-seres, que parecen incapaces de comprender la ironía que esconden las escenas de Fincher. Tal como ocurre con Cartman o con la reciente propuesta del Joker (un ejemplo más patrio sería Mauricio Colmenero, que me sorprendía al encontrarme gente que no captaba que se realizara una parodia torrentil del tropo), personajes que están para mostrar que los malnacidos son malos, no ensalzarlos.

El club de la lucha es una de las películas que marca de manera indefectible a toda una generación. Esto ya es de per-se algo a tener en cuenta. Además, es un thriller lleno de momentos molones, presto a sacudirte las tripas en un viaje absorbente de dos horas que todo el mundo adora por primera vez (y muchos adoran todavía más en una segunda vuelta). Un gran director que sabe pegarte al asiento, con una puesta en escena novedosa e impactante, un guión tremendamente agudo y unos actores en estado de gracia. En resumen: grande, muy grande.

Nota: 9
Nota filmaffinity: 8.1

miércoles, 28 de marzo de 2018

Alien 3


Recuerdo, en mis años de mozalbete, el respeto que le tenía  al Xenomorfo. No había visto ninguna película, pero las imágenes ya bastaban para infundirme tremendo respeto. Un día en que me había quedado solo en casa, pusieron Alien3 por la tele, y decidí armarme de valor para verla. Fue toda una decepción, más allá de un monstruo feote, no entendí dónde estaba el revuelo. Años tardé en ver sus predecesoras y entender lo que era el terror… Inspirado (ejem) por el podcast de Carne de Videoclub, decidí pegarle un repasito a la película de Alien que hacía más tiempo que no veía, ni que sea para reafirmarme en mis recuerdos.



La película además empieza mandando a tomar viento la entrega anterior. Se mata a todo dios superiviente y volvemos a tener a Ripley encerrada (en este caso, en una cárcel) con un puñado de víctimas propiciatorias y un Alien dispuesto a todo. La diferencia es que ya es la tercera vez que Ripley se encuentra con los Xenomorfos y ya empieza a estar un poquito harta. No podemos olvidar que una vez que has visto lo peor que el Universo puede arrojarte y has salido viva, no vas a encontrar nadie más duro que tú.

Me agrada la localización de la película. La Saga de Alien llega a su máxima expresión en lugares cerrados, en los que la claustrofobia se suma a la peligrosidad de una muerte segura. Sin embargo, luego no se aprovecha la misma casi para nada. Parece más bien que nos hallemos encerrados en un mundo medieval con un par de pistolas por ahí. La escena de la fundición mola bastante, no lo vamos a negar, pero el resto de la película varía entre feota y cutre. Los escenarios son simples tubos sin gracia visual en los que meter a un Xenomorfo algo perruno (la única innovación interesante de la entrega) y poco más.

Así mismo, también tiene el problema de que no hay nadie ni remotamente al nivel de Sigourney Weaver. Vale que aquí ella ya es una auténtica estrella y no hay nadie mejor para ser la puta ama, ¡pero el resto del elenco se ve reducido a papeles de comparsas masillas casi en su totalidad! No es que lo hagan mal (bueno, sí), es que el guión no les deja otra opción.

A posteriori, resulta extraño comprobar la presencia de un director tan personal como David Fincher detrás de la película. Rascando un poco más, uno puede entender que se trata de su película debut, de la que él siempre ha dicho que falta casi la mitad de la misma. No voy a discutir sus declaraciones, pues se hace obvio que la trama está mal hilvanada, como si faltaran diálogos y escenas. Incluso un par de personajes “desaparecen” y a nadie parece importarle.


En fin, después de que Ridley Scott pariera al bicho más temible del Universo y Cameron ampliara su mitología como nadie pudiera haber previsto, ¿En que pensaban los de arriba? Con el material de partida se tenía un gran oportunidad para cerrar una trilogía a lo grande, pero bueno,  deciden dárselo a un novato con talento, al que torean por todas partes, le imponen el guión y encima culpan del resultado.

Por lo menos se puede apreciar que la acción está bien rodada y Fincher se guarda un par de escenas que aprovechan a la Ripley más carismática para que la película no de la sensación de timo completo. Habitualmente considerada como la peor de la saga (con todo merecimiento), sólo se podría salvar porque es capaz de proporcionar dos entretenidas horas de acción y por ELLA.

Nota: 3
Nota filmaffinity: 5.9

viernes, 12 de febrero de 2016

Perdida



Creo que nadie a estas alturas se va a sorprender con Fincher. Ya le conocemos. Sabemos que es un tramposo, un fullero, un director que elige muy bien qué te enseña y qué te esconde y sabes que se va a dedicar a jugar contigo para que te quedes con cara de tonto al final. Te pones a ver Perdida y sabes que seguro hay trampa, que debes estar atento a cada pestañeo para ver dónde te la va a colar y dónde estará el detallito que te dirá cuál es el truco que se guardaba en la manga. En este caso, todos aquellos ávidos de trampitas no deben sino sino prepararse para alucinar.

Empezamos un nuevo día en la atribulada vida de Ben Affleck. Las cosas podían ir mejor pero va tirando. Sin embargo, al volver a casa, su rutina se ve completamente alterada: su mujer ha desaparecido. Él, un inocente y amante esposo llama a la policía y empieza la búsqueda de su mujer. Pero claro, esto es Fincher y pronto veremos que las cosas no son lo que parecen.

Ahí está la gracia. Le conocemos y sabemos que nos la va a intentar colar, así que estamos atentos para ver el truco. Pero él sabe que nosotros sabemos que nos la va a intentar colar y nos hace caer en nuestras propias ansias de evitar ser engañados. Y cuando, en un momento de inspiración pensamos: “ahí ya vuelve a las suyas”, ya nos ha enchufado otra. Así nos hace pasar de la desconfianza al asombro, luego a la rabia, a la compasión, a la sorpresa, a la indignación, a la alucinación y un final que nos deja el culo bien roto. Y lo mejor de todo es que lo hace a partir de un guión que mezcla el thriller más seco con el melodrama de domingo tarde más tópico y que, a fin de cuentas, no acaba conteniendo ningún tipo de trampa real. Todo el efecto se produce a partir de nuestra desconfianza para con este director, nuestros prejuicios y la extraña atmósfera que envuelve a  unos sucesos aparentemente cotidianos. Con ello, Fincher consigue que nos peguemos a la pantalla y no nos movamos durante las (excesivas) dos horas y media que dura la película.

Fincher sabe muy bien qué enseñarte y qué esconderte, pero el tinglado no se sostiene sin el gran trabajo de los dos actores principales, el alelado Ben Affleck y la estupenda e inquietante Rosamund Pike. Él es, aparentemente, un tío normal. Un poco tontaina, con pocas ambiciones más allá de vivir tranquilo, unas cuantas manías, cierta desconfianza para con los demás… Lo normal. Quizás por ello es tan fácil identificarnos con su situación. Su trabajo es más que destacable. Sin embargo,  es la estupendísima Rosamund Pike –la mejor interpretación de su carrera- quien  lleva el cotarro en una actuación de mil caras, donde tan pronto es un enigma como una femme fatale, una dama desvalida, una arpía despiadada o una esposa tierna y amante. Consigue sumergirnos hacia lo peor del ser humano sin alejarse de ser aquella vecina amable a quién saludamos todos los días. Un retrato completo de las taras, miedos y terrores de nuestra sociedad urbanita.

Sin llegar a enseñar nada sobrenatural o especialmente inquietante, todo el metraje desborda frialdad y una falta de sentimientos brutal, lo que produce una sensación de desasosiego que no te abandona en ningún momento. A medida que avanzan los minutos, no puedes sino sorprenderte al contemplar cómo cada nueva escena te cambia la concepción de todos los personajes. La empatía pasa verdaderos apuros para comprender como un personaje que te caía tan bien hace cinco minutos es capaz de actos tan desalmados para a continuación, ser merecedor de nuestra compasión. La narración es deliberadamente confusa, jugando a esconderte datos y poner tu cerebro a mil para intentar comprender que ocurre. Los pocos momentos de respiro de su metraje te dejan pensando como un culebrón de domingo tarde de antena 3 te  está dejando sin respiración (Tiene mejores actores, un mejor director, un chute de esteroides monetarios…. Pero la historia es la misma que siempre hemos usado para la siesta).

Lo más gracioso de todo el percal es que Fincher no te engaña con un guión tramposo (bueno, si, pero…), sino a partir de nuestra propia desconfianza. Nuestros prejuicios nos lanzan a estar sobreexcitados e hiperreaccionar con cada acción aparentemente inocua, que nosotros sospechamos artera y tramposa. Las migajas que se dejan caer ante nosotros no sirven sino para ser engañados una y otra vez. Es una de las diversiones de la película, ver como metemos la pata continuamente mientras alucinamos con la mala leche que tiene el film en un constante ir y venir de sospechas, flashes, apariencias, comentarios tendenciosos y manipulaciones varias mientras se nos cuenta una muy emburullada historia de ¿amor? entre una pareja de nuestro día a día. La gran cantidad de engaños y perversiones, unido a su aroma de culebrón barato puede echar a muchos de la película, pero el resto no separarán el culo del asiento en ningún momento.

Tanto juego con los prejuicios y saltarse las normas esperadas ha provocado reacciones muy curiosas. Tan pronto era tachada de misógina como se ponía de ejemplo de película feminista. Que si lo único que quiere la película es dejar mal a los hombres, que si deja patente que todas las mujeres son unas arpías sacacuartos… No creo que Fincher quiera explicar nada de esto. Lo que sí veo son toneladas de cinismo, y mucha desesperanza y pesimismo ante la vida de un matrimonio. SPOILER Y es que el comportamiento de ambos al final es justamente el de un matrimonio típico. La pasión y el amor han desaparecido y ahora sólo queda la fuerza de la costumbre y, quizás, cierto cariño o interés del que hay que sacar ánimos para colaborar y sacar adelante un hogar. La pura realidad. La gracia es que se te plantea con una deshumanización y una falta de empatía tan patente que no provoca sino desapego y desilusión. En mi opinión, para Fincher, en esta película nadie es inocente ni culpable. Simplemente somos todos unos hijos de puta. Estamos jodidos, cuanta perversión. ^^  FIN DEL SPOILER

Sí que veo por parte de Fincher ánimos de meter el dedo en el ojo a otros aspectos de la sociedad. Primero, una diatriba clara y contundente contra el papel de los medios de comunicación, tan dispuestos a dejarse llevar por el morbo y la lapidación gratuita que ni se les pasa por la cabeza buscar la verdad de la historia. No les importa lo más mínimo. Quieren noticias y carnaza, que es lo que vende. La segunda crítica es hacia las masas enfurecidas. Aquella gente tan dispuesta a ofenderse por cuestiones que no les atañen, tan prestas a tragarse aquellas noticias que les reafirman en sus creencias, que no piensan –aunque quizás crean que sí-, que sólo reaccionan visceralmente, condenando a la hoguera a los demás, firmes en sus convicciones de estar haciendo lo correcto aunque no tengan ni idea de sobre que protestan o a quien critican (ni les importa, pues lo que parecen necesitar es a alguien a quién lapidar).

Con Perdida puedes acabar con la sensación de que te han tomado el pelo (y mucho). Es fácil salir indignado de la película. A nadie le gusta que le tomen el pelo –y menos si vas con la disposición a que no te lo tomen, jeje-. Te puedes enfadar con unas situaciones, con otras… toca tantos palos que seguro alguna de ellas te escuece en exceso y te hace saltar. Me parece que es una película que está justamente concebida para ello. Es un film tremendamente efectivo, con una atmósfera absorbente, un guión que rezuma mala idea y unos personajes muy bien construidos. Afean el resultado su excesiva duración y su desbordante acumulación de giros y sucesos insólitos que te pueden expulsar de la película con demasiada facilidad. Además, en ningún momento puede quitarse el aura de culebrón barato, por mucho que Fincher quiera darle sofisticación. No obstante, es un thriller de los que te pegan literalmente a la pantalla 150 minutos -que no es poco-. Que luego acabes con un cabreo considerable son otras cuestiones…

Habiendo llegado a este punto de la crítica, ¿Cómo sabes que todo lo escrito anteriormente realmente mi opinión? ¿Y si en realidad no me ha gustado la película pero es lo que quiero creer de ella o lo que quiero que creas que creo de ella? ¡Ay! (suspiro), este es el juego de Perdida.

Nota: 8
Nota filmaffinity: 7.3


sábado, 29 de noviembre de 2014

The game

Recuerdo cuando fui a ver esta película al cine. Salí tonto, sin saber realmente qué había visto, pero vaya si me había molado. Me dieron ganas de volver a verla y así comprobar si “el juego” es igual de válido una vez conoces todos sus secretos.

Michael Douglas en modo repelente da vida a Nicholas Van Orton, un hombre de ostentoso nombre y vida de ricachón aburrido. Su vida trascurre bajo un férreo control de todo lo que sucede a su alrededor. Parece más que dispuesto a celebrar una vez más su cumpleaños en soledad, pero su díscolo hermano aparece para obsequiarle con un regalo como ningún otro.  Le entrega una partida en el centro de recreo CRS, capaces de añadir lo que falta a tu vida. Aparentemente no es más que un club de ocio algo más sofisticado, pero una vez participe en las actividades del mismo verá que el juego que plantean va mucho más allá de lo que esperaba y no podrá evitar que su vida escape a cualquier control que intenta mantener.

Fincher nos obliga a acompañar a Michael Douglas a través de una odisea, de un extraño juego. Una vez lanzados los dados somos arrastrados a través de un thriller muy bien trazado que te pega al asiento, pone en juego la salud física y mental de un desquiciado Douglas y te obliga a hacer mil cábalas para entender qué está ocurriendo y por qué. Puede ser sólo la tercera película de Fincher pero ya se nota que domina perfectamente todos los resortes del thriller y la intriga. A modo de pequeñas migajas, el guión contiene pequeños detalles y pistas que el espectador atento necesita para hacer mil elucubraciones.

Lo que no nos dice es que quién realmente está “jugando” no es el repelente millonario, sino el espectador. Fincher no sólo te impide quitar ojo a la pantalla si no que obliga a tu mente a ir a mil por hora mientras desentrañas el ovillo que se te ha preparado. Eres tú, pobre espectador, la víctima del juego. Como muchas de sus películas, al acabar se hace necesario repasar lo que hemos visto y confrontarlo con nuestra experiencia sobre el resto de obras que guardamos en nuestra memoria. Todos los engaños, recovecos y trampas que esconde el guión tienen un motivo para estar allí: confundir nuestra mente y jugar con todos los vacíos de información que llenamos inconscientemente. Podemos llegar a sentirnos estafados, alucinados o enfadados, quizás maravillados e incluso todo a la vez. Que jueguen con nosotros da lugar a resultados inesperados, y eso es algo que Fincher hace muy bien.



Esta montaña rusa tiene una acción precipitada y desesperada, llena de momentos desquiciantes y giros de guión tan forzados que se hace increíble que no se rompa la baraja. Técnicamente es impecable y está excepcionalmente bien narrada, incluso siendo una película “divertimento” dentro de su filmografía. Si la vemos, podremos llamarle tramposo y acordarnos de toda su familia, pero hemos de rendirnos a la evidencia: nos ha llevado por donde hemos permitido que nos lleve y nos ha puesto a tope durante dos horas. Hace unos años disfruté como un enano, ahora sigue siendo viciante pero reconozco al saber todo lo que va a ocurrir pierde algo de gracia. Tal como los exjugadores de CRS que se encuentra Michael Douglas, desearía volver a enfrentarme virgen a este juego sin tener ni idea de qué voy a experimentar ni de qué me voy a encontrar. Volver a descubrir ésta perversa San Francisco en que nada (o todo) es lo que parece. Ahí si funciona de verdad. Es una película puede no tener la fuerza ni la trascendencia que desbordan Seven (David Fincher, 1995) o Zodiac (David Fincher, 2007) pero es de las más tramposas y entretenidas que recuerdo.

Nota: 7
Nota filmaffinity: 7.3

Publicada originalmente en cinéfagos aquí

sábado, 22 de marzo de 2014

La red social


Reconozco que dejé pasar deliberadamente esta película. A pesar de la lluvia de nominaciones y de los implicados, tenía considerado que la fama se debía principalmente a la notoriedad y polémica del tema planteado que a la calidad del film en sí. Cayó el otro día, y vaya sorpresa.


Mark Zuckerberg se ha convertido en el milmillonario más joven de la historia por una sencilla razón. Inventó Facebook. Pero, ¿de dónde salió el germen de la idea? ¿Qué hizo que un asocial genio de la informática creara una herramienta para permitir a la humanidad perder el tiempo comunicarse como nunca antes había hecho? A modo de drama judicial y siguiendo unos flashbacks muy bien escogidos, podremos ver los momentos más importantes de la creación de uno de los fenómenos más importantes de la sociedad actual.

GUIÓN: Si hay que hablar de algo en esta película, es de su brutal guión. Aaron Sorkin es uno de los mejores guionistas vivos y, ante todo, sabe tejer historias. Si en El ala oeste de la Casa Blanca era capaz de hacerte vibrar al conseguir mantener un presupuesto en positivo o convirtió un debate presidencial en una experiencia apasionante (Frost contra Nixon), aquí realiza una magnífica radiografia las relaciones interpesonales, la evolución de la sociedad y la creación de nuevas ideas. Para ello, en dos tiempos, retrata la anquilosada Universidad de Harvard, dónde se gesta la innovación pero que permanece impasible ante la magnitud de lo que viene y la sala de abogados que asisten al relato de los acontecimientos, aturdidos ante las cifras manejadas.
Sorkin consigue mantenerte enganchado a un tema que puede no interesarte un pimiento. Cada escena está construida a base de unos diálogos mordaces, brutalmente sagaces e incluso crueles en algunos momentos. Las réplicas/contrarréplicas se suceden a velocidades de vértigo y los monólogos tienen una profundidad inesperada. A destacar el monólogo diálogo inicial con Erica, dónde Zuckerberg, totalmente definitorio de la actitud de éste en el resto de la película (y que conviene revisitar una vez acabada la misma).

DIRECTOR: Pero, por muy bien hecho que esté el guión (que lo está), hay que admitir que llevar a la pantalla la corta e insulsa vida de un cretino emocional tan repelente como éste sin que la peña la sobe a los diez minutos es porque detrás de todo ello hay un director con mucho cine en las venas. El ritmo y la fuerza que le imprime Fincher (uno de los directores más versátiles que  podemos encontrar) permite sacar mucho jugo del montón de situaciones extrañas y aprovechando a un grupo de actores desconocidos (hasta aquel momento) y convirtiendo una historia banal en cine de primera división. En tres bofetones te mete en diferentes niveles de narración, sin perder el hilo, sin explicaciones absurdas. Poniéndote a prueba y, sobre todo, tratándote como un espectador inteligente del siglo XXI.

ACTORES: A Mark Zuckerberg es un friki soseras, un engreído desgradable y un cretino con un ego desmedido para el que, encima, el dinero no tiene ningún valor. Le vas a tener que ver el careto durante dos horas. O tienes un buen actor que sostenga eso, o se te va al garete. Y Jesse Eisenberg sale adelante. El brutal y exigente guión le pone ante uno de los papeles más difíciles que va a encontrarse en su carrera y el tío sale adelante, y con nota. Un correcto Andrew Garfield le da la réplica y hay que destacar al cantante y a veces actor, Justin TImberlake que deslumbra. No tanto por su calidad como actor sino porque nadie se esperaba que fuera capaz de interpretar con tanta convicción a un personaje tan particular como el que le toca. Debo añadir que me encantan los harvardianos personajes de los gemelos Winkleboss (totalmente realistas)

Me he quedado con que La red social  no es la peli de Facebook, es una historia de ambición, amistad que retrata a la perfección la revolución de una sociedad. La informática puede no interesarte, puedes pasar de las redes sociales, pero una historia tan bien contada, con unos personajes tan cuidadosamente perfilados se merece dos horas de regocijo. Una idea más atractiva de inicio la convertiría en mítica, pero se queda cerca.

Nota: 8
Nota filmaffinity: 6.9

Carro de nominaciones plenamente justificado para esta película: Película, director, actor principal (Eisenberg), guión, montaje, fotografía, banda sonora y sonido. 
Con todo merecimiento  se llevó los premios para guión y montaje, ambos brutalmente sólidos y con una fuerza considerable.

miércoles, 11 de enero de 2012

El curioso caso de Benjamin Button


Esta película fue nominada a un montón de Oscars aunque apenas se llevó unos pocos. Inicialmente me daba toda la impresión de que iba a ser un dramón de pañuelo, pero me encontré una película muy diferente a lo esperado. Hablo de “El curioso caso de Benjamin Button”.

La película nos cuenta toda la vida de Benjamin Button, un hombre que nació con una peculiaridad: Nació viejo y, en vez de hacerse viejo y morir, se hace cada vez más joven. Este hecho le impide vivir como una persona normal y se ve obligado a estar siempre apartado y solo. Contemplamos la ordinaria historia de un hombre no tan ordinario, la gente que encuentra en su camino y de la que se despide, sus amores, alegrías y tristezas…

Partiendo de una premisa inusual -un hombre que nace viejo y va rejuveneciendo hasta desaparecer- Fincher nos cuenta una historia muy normal sobre una persona anónima que sirve como un bonito y emotivo canto a la vida. A pesar de que el punto de partida es ciertamente inusual y da pie a un par de reflexiones interesantes, la historia no puede ser menos anodina. Tiene mucho menos enjundia que Forrest Gump y por momentos es una mala mezcla de Big Fish y Amèlie, contándonos la biografia de alguien que no tiene nada de especial con una particularidad que no es “tanta” (su vida no es muy diferente de la del resto de los mortales). Al final son 3 horas de una historia anodina que no tiene nada de particular. A primera vista, no parece más que un soporífero engendro que se hace eterno, pero sorprendentemente, la película tiene su punto interesante, por varias razones.

1) ACTORES: Tienes dos actores en estado de gracia. Tanto Pitt como Blanchett hacen buenos sus inverosímiles personajes y se cargan la película a sus espaldas, consiguiendo hacer suya una pesadez de historia, lo que provoca que acabe siendo incluso interesante. Con otros actores, la cosa se habría resentido lo suyo, estoy seguro.
Sólo una cuestión, ambos hacen a los mismos personajes a lo largo de los “años” que pasan en la historia. Para ello se hace un uso y un abuso del ordenador “maquillando” al actor y haciéndole tener la edad que debe tener en la historia. ¿Por qué a ellos se les acepta y a Serkis se le expulsa de la lucha por mejor actor por que “hay ordenador en su actuación”? Supongo que pasará como con Tron (se la excluyó del Oscar a efectos especiales por estar hechos por ordenador, cuando ahora nadie concibe hacerlos sin ello).

2) DIRECTOR: También tienes a uno de los jóvenes directores de más talento de Hollywood. Fincher diseña la película de una manera formalmente milimétrica, parte de un guión perfectamente estructurado (con resortes clásicos de guionista profesional y sus puntadas) con la introspección adecuada que pide el tema. Cada escena es un ejemplo del manejo de los tiempos y de cómo contar una historia para que sea interesante. La ambientación es perfecta, el maquillaje es soberbio, los efectos especiales están introducidos con una sutilidad magistral… Técnicamente, es fabulosa.

3) GUIÓN: Tener un guión con un desarrollo muy claro y estructurado y perfectamente seguible ayuda mucho a que la película gane en calidad, aunque lo que cuentes esté totalmente visto y re-visto. Formalmente es impecable, todo un ejemplo de cómo se debe contar una historia. Todas las frases y los diálogos, cada escena… está cuidado al detalle, trazado con un pulso de delineante y una precisión de relojero. Otra cosa es que se acuerde de que la historia también debe ser interesante.

Mi petición es que ese talento se use otra vez para contar algo que tenga un mínimo de interés. Y es que el planteamiento de la película y su desarrollo invitan a contemplar un peñazo soporífero de tres horas, candidato sin duda a ser lanzado a toda velocidad hacia la basura, como cualquier copia barata de Forrest Gump. Pero si algo sabe hacer Fincher es contar una historia. Dirige magistralmente a sus actores y consigue transformar lo que sería un truño de proporciones épicas en una película fascinante y disfrutable. Normal que se llevara un montón de nominaciones, pues es ciertamente notable en todos los aspectos. Sin embargo, la nimiedad de su historia le impide llegar a una mayor trascendencia.

Nota: 7
Nota filmaffinity: 7.3