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sábado, 25 de abril de 2020

El club de la lucha


Hace un par de meses, la más joven de mis compañeras de trabajo (veintipocos) vino todo emocinada a la hora del café a ver la pedazo de película que habíamos visto, que teníamos que verla, que era antigua pero que no podíamos dejarla pasar. En cuanto nos dijo el título, todos los de mi quinta (ya de treintaytantos) dejamos salir una gran sonrisa y estuvimos completamente de acuerdo con ella. La pobre se quedó un poco chafada porque ella no había oído nunca hablar de ella y para nosotros era algo que pasaba de conocido.

La diferencia generacional podría ser la causante de que ella no supiera de esta propuesta, pues todo el que fuera adolescente tardío a finales de los noventa 99-00 sufrió el impacto de El club de la lucha, de enorme calado entre la chavalería de la época. Tal como sucedió con Trainspotting en la generación justo anterior, se trató de esas películas que TODOS (o casi) vimos en su momento atráidos por sus pretensiones contra-culturales, su espíritu incendiario, además de su extravagancia en la puesta en escena.

La película nos presenta a un narrador que tiene una vida aparentemente agradable. Tiene un trabajo fácil, gana un buen dinero y más allá de una pareja, no parece faltarle nada material. Sin embargo, vive cargado de neuras que le impiden dormir y llevar un día a día normal. Un día, conoce a un misterioso vendedor de jabones, Tyler Durden, que le muestra su particular modo de vida. Entre ambos crearán un “club de la lucha”, en la que hombres se citan para dejar salir toda la mierda que arrastran en su día a día. Al principio todo parece ir a mejor, pero luego la cosa se empieza a salir de madre. Mucho.


Desde el primer momento, la película se siente diferente: violencia muy explícita, sangre desbordante, un estilo muy cuidado y la sensación de que en todo momento te están contando algo que cambiará tu vida. Igual que ocurría con Trainspotting, lo tiene todo para llamar la atención, a lo que se suma un rabioso alegato para rebelarte contra el mundo porque… bueno, porque el mundo es una mierda.

Pero, ¿Quién era David Fincher en aquel momento? Cuatro años antes lo había petado a lo grande con Se7en, dejando claro ese chaval era alguien a tener en cuenta. Dos años después, The game dejó a todo el mundo con el culo torcido, demostrando una vez más que Fincher SABÍA qué hacer tras la cámara. Cuando se estrenó El club de la lucha, todo el mundo cinéfilo estaba expectante para ver qué nos tenía preparado. Ya sabíamos que manejaba bien el thriller, que era un tramposete, pero nadie podía esperar que nos narrara una “revolución” pseudo anarquista, llena de violencia y visceralidad, filmada con fuerza y buen tono, descolocando al espectador a cada segundo, intentando comprender qué demonios está ocurriendo.

El estupendo guión es aprovechado por tres protagonistas en estado de gracia, de los que Fincher saca incluso lo que no hay. Edward Norton sabe hacer como nadie de atontado que parece que tiene un plan pero no se entera de nada, además de desbordar carisma, mala leche y  musculitos. Brad Pitt nunca ha sido tan super-fucker como aquí, putoamismo a más no poder llevado al extremo, el epítome de lo que todo onvre quiere llegar a ser. Impresionante. ¿Alguien sabe de otra película que vaya tan sobrado como aquí? Y finalmente, Helana Bonham-Carter que borda (una vez más) el papel de chica pervertida // zumbada // con ínfulas de trascendencia.

 Otro de las cosas que todo el mundo conoce (o no) de El club de la lucha es el famoso final que te deja el culo roto y te obliga a volver a ver la película. Lo curioso es que a diferencia de lo habitual (pongamos El sexto sentido como ejemplo), ese giro no ocurre cuando faltan 5 minutos, sino que, una vez lo conoces quedan 40 minutos buenos de película, que dejan al protagonista tan perdido como al espectador, intentando entender el alcance de una conspiración que le supera. Y cuando parecía todo aclarado, volvemos otra vez, acabando con un giro final del giro final todavía más enorme y molón, lo que refuerza todavía más la dualidad conseguida entre el patetismo del Narrador y el carisma de Tyler.

La película marco la vida de toda una generación (especialmente en el mundo anglosajón), a la que se le vendió que cuando crecieran serían jugadores de la NBA, ricachones a lo Bill Gates o cantantes de profundo éxito como Kurt Cobain; que luego acabaron como parguelas en compañías gigantescas en los que eran apenas números, trabajando en empleos que nos soportaban para comprar cosas que no necesitaban (Trainspotting, ¿mande?). Mientras que la obra de Danny Boyle tiraba por el fuck the system a base de chutarse de todo como modo de rebelión, aquí tenemos una exaltación desnortada de la masculinidad juntada con una revolución anarquista con la idea de despertar a las mentes adormecidas. Me encanta como entra en contradicciones al cargar contra el consumismo y las convenciones mientras tienes a Durden como un ser de pura chapa y pintura superficial. Pero bueno, esto no implica que la película mole un puñado y parte de otro.


Una de las cosas que más gracia me hace es que la película se mofa del onvre super-macho –alfa, ridiculizándolo a cotas bastante considerables. Sin embargo, también es una de las películas emblema de este tipo de sub-seres, que parecen incapaces de comprender la ironía que esconden las escenas de Fincher. Tal como ocurre con Cartman o con la reciente propuesta del Joker (un ejemplo más patrio sería Mauricio Colmenero, que me sorprendía al encontrarme gente que no captaba que se realizara una parodia torrentil del tropo), personajes que están para mostrar que los malnacidos son malos, no ensalzarlos.

El club de la lucha es una de las películas que marca de manera indefectible a toda una generación. Esto ya es de per-se algo a tener en cuenta. Además, es un thriller lleno de momentos molones, presto a sacudirte las tripas en un viaje absorbente de dos horas que todo el mundo adora por primera vez (y muchos adoran todavía más en una segunda vuelta). Un gran director que sabe pegarte al asiento, con una puesta en escena novedosa e impactante, un guión tremendamente agudo y unos actores en estado de gracia. En resumen: grande, muy grande.

Nota: 9
Nota filmaffinity: 8.1

sábado, 24 de junio de 2017

Guerra y Paz (BBC)

¡Ay, las adaptaciones literarias! ¡Cuánto daño han hecho esos intentos de condensar 600 páginas en apenas 90minutos de exiguo metraje! Aunque también haya intentos en dirección contraria, meter toda la trama de un libro en una película implica habitualmente toneladas de tijeretazos, personajes fusionados y sucesos sin explicación para todos aquellos que no hayan leído los libros. Por suerte para los que queremos ver una buena adaptación, cada vez más se está imponiendo la moda de convertir un libro, no en una película, sino en la temporada de una serie (Juego de tronos, Palmeras en la nieve). No siempre queda bien (El hombre en el castillo) pero sí permite tomarse las cosas con más calma, desarrollando tanto los personajes como la trama con el tiempo necesario para que deje poso y no parezca un pastiche apelotonado.



Este es el ejemplo con el que nos hayamos hoy. Guerra y Paz, de León (Lev) Tolstoi es uno de los mayores mastodontes de la literatura rusa. En este libro seguimos las vicisitudes de unas cuantas familias de la nobleza de la corte de los zares rusos a lo largo de cincuenta años. Las diferentes productoras han acometido variadas producciones, que nos han dado películas de 2-3h visiblemente insuficientes, miniseries de un par de capítulos algo apelotonadas e incluso una ópera, pero es con esta versión de la BBC de 6 capítulos de 90 minutos (9h en total) la primera que veo que permite llegar (casi) a desplegar la compleja urdimbre de relaciones humanas que Tolstoi plantea en su manuscrito original.


A cargo de tamaña temeridad está la BBC, quizás de las pocas productoras que pueden atreverse con el desafío y salir airosas del brete. No en vano, un vistazo a un puñado de escenas aleatorias de la serie despeja las dudas en cuanto a la cantidad de medios y el buen tino en el uso de los mismos. Siguiendo el canon de la BBC no se escatima en gastos para tener una fastuosa puesta en escena, con todos los extras necesarios para recrear brillantemente las cortes zaristas y los suntuosos palacios (y apestosos establos) en que se movían.

A ello se le debe añadir un guión sólido, que sabe el tiempo del que dispone y se lo toma con la calma necesaria para desarrollar a los personajes con acierto, presentarnos las tramas y dejar que estas se entrelacen a lo largo de los minutos. Sabe qué debe explicar, encontrando el equilibrio adecuado para no saltarse nada ni resultar tediosa en ningún momento. Eso sí, puede que sea muy “inglesa” para algunos, todo es pompa y protocolo, con toda la seriedad británica… ¡pero en la corte rusa! Eso sí, que nadie espere brío ni acción deslumbrante. Guerra y Paz es una de las novelas más largas jamás escritas y Tolstoi no se caracteriza por su prisa, ni mucho menos.

Para dar vida a los inolvidables Natascha, Pierre y Andréi tenemos a Lily James, Paul Dano y James Norton, cuyo denodado esfuerzo da lugar a notables interpretaciones que bien rememoran a los que imaginé en su momento al leer los libros. Dentro del apartado de secundarios, encontraremos a lo más granado de los veteranos del cine británico. Se nota que la BBC está detrás y los medios no faltan en ningún momento.

El único detalle que me chirría “un poco” es el hecho de que a lo largo de la historia pasan unos cuarenta años bien buenos. Sin embargo, el tiempo parece haberse detenido para los protagonistas. Algún secundario varía y se hace viejo, pero al trío principal no le sale ni una arruga ¡y ni siquiera cambian de peinado! Sorprende este detalle en una propuesta, por otro lado, tan bien cuidada.

La adaptación de este conocidísimo drama histórico está realizado con el oficio que uno esperaría de sus productores. Un trabajo bien trazado y bien rodado para condensar acertadamente en 9h una de las obras cumbre de la literatura rusa. Si os gusta el libro o el tipo de serie, es una de las que no deberíais dejar pasar. Estamos de acuerdo en que ya hay mil versiones de Guerra y Paz y ésta no aporta nada nuevo, pero es quizás la que plasma con más acierto el texto de Tolstoi. Evidentemente, no es una propuesta que agrade a todo el mundo, pero el público afín disfrutará con ganas de esta serie.

Datos técnicos: 1 temporada de 6 capítulos de 90min. No obstante, también se ha emitido como 9 capítulos de 60min. Imagino que los cortes entre capítulos quedarán muy raros aquí ^^.

Nota: 8

martes, 16 de diciembre de 2014

El velo pintado

El DPM de este mes nos ha sugerido una película bastante reciente que nos lleva a la China de los años 20 para vivir una historia de amor durante las revueltas que ocasionaron la independencia del país.

En una familia británica acomodada de la época las mujeres suelen acabar siendo simples muebles que vender o intercambiar mediante bodas. Esa es la suerte que le toca a Kitty, obligada a casarse con el apuesto científico Walter. Poco después se trasladan a Shanghai para que él pueda seguir allí su carrera científica. Aburrida en la ciudad y descuidada por su esposo, tendrá una aventura. Su resentido marido reaccionará desplazándose con su mujera una región remota de China. Quiere poder estudiar el desarrollo de una plaga de cólera y castigar a su traidora mujer al mismo tiempo.

Adaptada de un libro del mismo nombre desarrolla un drama clásico, de los que llamaríamos “de tacitas”, pero ambientado en un lugar más exótico. En todo momento, sus personajes se comportan de acuerdo con lo que la sociedad espera de ellos y no cómo desearían, como si hubiera un “velo pintado” a través del cual contemplan su vida sin importar realmente lo que sienten y ansían. Walter no reacciona con rabia, pues eso sería impropio. Sólo decide en silencio odiar a su mujer y tratarla como un mueble durante el resto de los años. Kitty por su parte, no odia a un hombre que la maltrata, sino que lo idolatra incondicionalmente, que es como se deben comportar las esposas. Es un efecto buscado y conseguido en el libro original y bien trasladado a la gran pantalla.

La película denota oficio y esfuerzo, al menos en el apartado técnico. La preciosista fotografía de las remotas montañas asiáticas está retratada con mimo, deslumbrando ayudada por una banda sonora muy cuidada y elegante que sin duda son lo mejor de la película. Académicamente la película es impecable, pues presenta un desarrollo coherente y ordenado, cumpliendo al pie de la letra con todas las normas que dictan cómo se debe hacer una película. Sigue el manual sobre cuándo debe hacerse cada giro dramático o desenrollarse el siguiente nudo de la trama. Incluso concluye con un final satisfactorio, que une por un lado la reconciliación y el perdón en su parte más humana y por el otro la moraleja que vemos en esa última gran instantánea de la flor.

Si bien es impecable técnicamente, el director no parece haber querido aportar nada suyo en ella. Da la impresión de ser una película de encargo, académicamente correcta y muy bien rematada, pero sin ningún tipo de alma. Está tan bien narrada, tan bien estructurada, mantiene tal rígido control del ritmo y tal inteligente uso de la cámara que por momentos parece encorsetada en su exactitud.

El guión busca algo difícil, ya que la historia quiere ser una historia de amor clásica alejada de las audiencias actuales, de las llamadas “más grandes que la vida”, cuyo trasfondo idílico se aleja de los ideales de nuestros días. Defiende que “la pareja se hace poco a poco”, obligándote a vivir muchas experiencias con él, buenas y malas, y enamorándote de él poco a poco. En un pueblo en permanente estado de emergencia, el torturado matrimonio se enfrenta a los horrores de la vida y se ven obligados a entenderse, buscando refugio en el otro para sobrellevar los miedos a los que se enfrentan. Él es un investigador devoto de su profesión que intenta una venganza terrible; ella es una frívola que evoluciona por puro aburrimiento...hasta llegar ambos a un gran amor. Algo inverosímil, pero mostrado con una corrección que consigue que, más o menos, nos lo creamos (aunque sea muy predecible durante el 90% de la película).

Se ve ayudado por un impecable trabajo de los tres actores principales (Norton, Watts y Schreiber) que despiden muy buena química y hacen un trabajo más que correcto. Curiosamente, Norton y Watts son los productores. Imagino que leyeron en libro, les gustó y decidieron pasarlo a la gran pantalla. Reunieron un poco de dinero, liaron a sus parejas y se pagaron un mes de vacaciones laborales en China para rodarla.

En resumen, un guión desarrollado siguiendo la trama principal del libro, un par de guiños efectistas para dar un poco de drama y un trabajo técnico impecable. Más allá de ello no hay muchas ganas de lucirse, simplemente encontramos un exotismo elegante, una historia bien llevada, buenas interpretaciones, ausencia de errores de bulto pero claramente falta de emoción y lastrada por la ausencia de momentos de intensidad. Los románticos apegados al drama a la antigua disfrutarán con ella. Eso si no le busquéis un gran ritmo ni giros molones, todo en El Velo pintado es sosegado y correcto.


Nota: 6
Nota filmaffinity: 6.9