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miércoles, 13 de abril de 2016

El Mago de Oz



Esta última semana tuve que hacer de canguro de mis sobrinos (8 y 11 años). Cuando me enteré de que nunca habían visto El Mago de Oz, no se me ocurrió otra cosa que dársela a ver para que disfrutaran. Se trata de una de las películas mágicas de mi infancia y, por ello, me pareció una elección obvia para que estos nativos de la era digital pasaran un buen rato. ¿Me equivocaba?

 En el momento me pareció una idea estupenda. ¿Cómo este clásico podía no funcionar? Mucho antes del éxito de El Señor de los Anillos, de Harry Potter o incluso que de Las Crónicas de Narnia, El Mago de Oz ya suscitaba entre los más jóvenes un entusiasmo sin precedentes. Más que un film, la obra de Victor Fleming era – en EEUU – un tesoro nacional, una película eterna. Y luego, justo al darle al Play, un escalofrío. ¿Qué le va a ofrecer esta película a un niño que está harto de explorar mundos congelados en un Tauntaun o de seguir al Caballero Oscuro en sus andanzas?
 

Los ingredientes del Mago de Oz para fascinar son de los que han bebido todas las películas infantiles de la historia: la acción (las escenas del tornado y los ataques de los simios voladores), personajes extraños y simpáticos (los Munchkins, el león, el hombre de hojalata y el espantapájaros), la fantasía (con Gilda, el hada del Norte, y la sala de las llamas del Mago) sin olvidarnos, evidentemente, de un personaje maléfico con tanto carisma como Darth Vader, la malvadísima bruja del Oeste. Son primigenios, llenos de ingenuidad, sin el rastro de sofisticación que destilan las producciones actuales. Después de todo, de aquí salió la esencia. Pero claro, estas cosas ya las tienen más que vistas.
 
Quizás por ello, las primeras risas (casi de vergüenza ajena) al ver aparecer el hada del Norte y el camino de baldosas amarillas me pusieron especialmente en alerta. Sin embargo, al avanzar la película fueron entrando en ella y se notó que pasaron un buen rato. Para el mayor no es nada que le fuera a marcar (éste ya empieza a estar interesado en otras cosas) pero el pequeño estuvo todo el día (y parte de la semana) dando tanto la lata con el “We’re off to see the wizard, The Wonderful Wizard of Oz!!” que mi hermano se ha acordado de mí unas cuantas veces ^^. No dudo que en un puñado de años se la pondrá a sus retoños.

Da gusto cuando se ve una película hecha con cariño. Las limitaciones de la época no son óbice para estrujar las técnicas disponibles al límite y forjar un mundo lleno de vida en el que las niñas enfurruñadas se refugian cuando creen odiar su vida y sus padres (como le ocurre a cualquier niño). Oz es todo lo que queramos que sea: el mejor lugar al que llegar tras un tornado, un enfrentamiento contra el mal más puro, un punto de encuentro para encontrar amigos de verdad, aprender cualidades esenciales en la vida (cerebro, valor y corazón) y la madurez para sentir nostalgia del hogar y saber cuándo regresar.

¿Su imaginería ha quedado cutre para nuestros ojos? Pues un poco, para que negarlo. Sin embargo, esto no le impide tener la magia para hacer disfrutar a los pequeños, muchas veces menos exigentes que estómagos más curtidos en estas lides. Lo maravilloso está, pues, presente para inculcar los valores universales del coraje y la importancia de la amistad. Poco importa si nosotros, adultos, sabemos que el caballo de Ciudad Esmeralda no cambia de color o que los decorados son falsos. El cartón piedra funciona tan bien como el ordenador para que Oz sea creíble a ojos ávidos de fantasías (o al menos, para conseguir que quieran dejarse engañar). Desde el momento en que Dorothy pasa de un triste mundo en sepia a otro, deslumbrante, lleno de vida y color, la magia opera hasta que leemos el “The End”. Tal como he hecho, las antiguas generaciones recuerdan la película a las nuevas y el resultado sigue siendo todavía satisfactorio. 

Incluso por encima de su desbordante imaginación, quizás lo que más valoro es su capacidad para enseñar a los más pequeños sin paternalismos. En la vida real, las personas no tienen súper poderes, pero llevan a cabo cosas extraordinarias. La confianza en uno mismo, saber buscar nuestros puntos fuertes y luchar para corregir los débiles. Es la forma de avanzar. Y la película lo describe sutilmente, dejando que el pequeño lo razone y medite sobre ello.

En estos tiempos faltos de ideas, los productores de la MGM decidieron que sería una buena idea realizar una especie de remake/reboot -o como quiera llamársele a cargo de Sam Raimi-, que acabó protagonizando James Franco. A este Oz hay que reconocerle que consigue actualizar el colorido universo a los nuevos tiempos, aplicando las tecnologías digitales con esmero y vistosidad. No obstante, se quedó en un intento fallido, ya que su guión era incluso más infantil e inocuo que su referente, sin atisbo de la magia que el clásico de 1939 atesoraba.

En resumen, El Mago de Oz es casi una película eterna, que los niños de todas las edades aún siguen apreciando. ¿Resistirá una generación más?

Nota: 9
Nota filmaffinity: 7.4

jueves, 23 de enero de 2014

Gilda

Siempre es bueno visitar los clásicos de vez en cuando para así entender por qué son “clásicos”. Así me pasaba con esta película, que tenía fama y vendía sensualidad, pero que aún no había visto.


Johnny es un tahúr que, en un golpe de suerte, se convierte en el lugarteniente de Mundson, propietario de un lujoso casino. Tiempo después, Mundson se casa con Gilda que, curiosamente, parece tener cuentas pendientes con Johnny, estableciendo un extraño triángulo amoroso repleto de odio y cinismo.

Es una película difícil de clasificar, particularmente es un melodrama que trata las frustradas relaciones amorosas y pasionales entre los personajes de Glenn Ford y Rita Hayworth. Pero también tiene de por medio una historia de intriga con toques de cine negro que implica a los tres personajes. A ello hay que añadir los toques de humor que aportan el gran número de secundarios.

ACTORES: Solo por contemplar a Rita Hayworth interpretando”Amado mío” y sobre todo “Put the blame on Mame” vale la pena ver esta película, en ella Rita se hizo mito con toda justicia, que recital de sensualidad, de insinuación, de picardía, que striptease mental (solo se quitaba el guante, pero todos la desnudamos tantas veces…). Glenn Ford se compenetra muy bien con ella, manando entre los dos un tour de force de gran intensidad, teniendo su punto álgido en el famoso guantazo, George Macready da muy bien el rol de hombre flemático, de gran complejidad, cuasi-asexual, pero que irradia carisma. Da gusto ver tan buenos actores actuando tan bien.


DIRECTOR: Ante una mezcla de géneros tan rara como ésta se necesita un buen director para que la mezcla no quede coja. Sustentándose en unos grandísimos actores, Charles Vidor se las arregla para mantener de pie un tinglado con un argumento caótico, personajes con motivaciones extrañas y un desarrollo que no se aguanta por ningún lado. La atmósfera enfermiza de odio y amargura que crea alrededor de tres personajes muy bien construidos contribuye a que todo pase mejor. Y claro, aprovecha a una Rita que arrolla con lo que ve, marcando la película a fuego en las memorias de todos.


GUIÓN: Es curioso como una película con unos actores tan grandiosos y un director de tanta calidad tiene una historia tan forzada.  Es un melodrama turbador sobre una pareja que se profesa una enfermiza relación cuasi-masoquista, posee un hilo narrativo con más agujeros que el Titanic, con comportamientos incomprensibles de los personajes. Nadie se cree que Mundson no se entere que su mujer es ninfómana, un tipo tan listo y al mismo tiempo, tan ciego para lo que pasa a su alrededor. Sabe que Gilda ha tenido una relación con Farrell y sin embargo no le importa que pasen muchas noches juntos. No se entiende ese policía que no hace más revolotear alrededor del casino como una mosca cojonera y menudo pegote el tema del tungsteno, que no hay por dónde cogerlo. Lo de que con esto será el dueño del mundo es de aurora boreal, resulta muy forzado e innecesario, como lo de meter nazis, concesión pueril y gratuita sinsentido. El escenario de Buenos Aires carece de motivación, podría haber sido en Acapulco o Timbuktú, además de que, como todo el mundo sabe, todos en Argentina hablan inglés, y como guinda su patético final, un auténtico despropósito, con todo esto no es de extrañar que el guión se hiciera sobre la marcha durante el rodaje, y se nota para mal. Pero lo que tiene de malo de estructura narrativa, lo tiene de brillante en unos diálogos punzantes e hirientes, repletos de cinismo y mala leche. Puñales afilados que vuelan de lado a lado, canciones que dicen demasiadas cosas y sensualidad desbordante en cada mirada de este enfermizo drama.

Que la historia no encaje de ninguna manera (nazis, tungsteno!!!, un mafioso que no se entera que su mujer se contonea con el que sea, un buscavidas que de verse en la miseria en diez minutos acaba siendo el jefazo de un casino, un inspector que lo mismo da que aparezca y haga lo que sea porque...) Da igual. Deleitarse con la imagen de Rita Hayworth es lo mejor que le puede pasar a cualquiera en cualquier momento. Gilda es Rita. Un guante, una canción y el bofetón propinado por el gran Glenn Ford hicieron el resto para convertirse en mito.

Nota: 8
Nota filmaffinity: 7.8

sábado, 23 de noviembre de 2013

La guerra de los mundos


Revisitando los clásicos apareció esta obra de 1953 basada en una de las primeras historias de ciencia-ficción, La Guerra de los mundos, de H.G. Wells, llevada al cine en una superproducción de la época.

En esta adaptación la acción se traslada a un tranquilo pueblecito de California, lugar donde los marcianos deciden aterrizar para empezar su conquista del mundo. Las lugareños se sienten atraídos por el extraño meteorito aparecido, pero los primeros ataques sembrarán el terror entre la población. Nada parece afectar a estos marcianos que, poco a poco, van ganando la guerra contra la humanidad.

Lo que más llama la atención, sin duda, son los ahora sonrojantes efectos especiales. Eso sí, no debemos olvidar que fueron los ganadores del Oscar de su año, así que tan mal no deberían estar para la época (y la película se llevó también nominaciones a mejor sonido y montaje, es decir, todo lo técnico). Aunque no lo parezca, estamos ante una super-producción de su momento. Es curioso ver como en 1953 abordaban el tema central de esta película, pero es dificil no sonreir viendo esos platillos volantes, esos marcianos con tres dedos, esos rayos calóricos o la volatilización de carros de combate.

ACTORES: Todo el plantel adolece de la sobreactuación típica de la época. Los gestos son muy exagerados, especialmente en el caso de Ann Robinson, que pasa de profesora universitaria inteligente (?) a histérica aterrorizada y enamorada (¡) en medio fotograma. No obstante, cumplen todos con cierta eficiencia. Gene Barry demuestra el suficiente carisma y empaque para protagonizar correctamente la película, pero creo que a nadie le cuela como Profesor universitario-eminencia de la ciencia.

DIRECTOR: La adaptación de la novela puede considerarse más que correcta. A pesar de la gran cantidad de cambios argumentales, el espíritu de la novela se mantiene. El director consigue captar el sentimiento de impotencia que genera la invasión y de cómo, lenta pero inexorablemente, los marcianos van a exterminar a la humanidad. Es posible que muchas escenas nos suenen mucho, demasiado, ya que las hemos visto repetidas en los chorrocientos films de ciencia-ficción de serie B y Z de los últimos treinta años (me vienen a la cabeza Independence day o Mars Attacks). La imagen del pueblecito yanqui que ve su pacífica vida afectada por la llegada de los extraterrestes (o zombies, o…) ha sido más que explotada. Pues sale de aquí. Y algo debe de tener, ¿no?
Los ochenta minutos que dura la película transcurren con un buen ritmo, su trama se desarrolla correctamente, sin altibajos ni dar sensación de estar estirada. La tensión está bien conseguida, en escenas mil veces imitadas como la de la casa abandonada o la de la iglesia, e incluso tienen la osadía de matar a un sacerdote, todo un escándalo en la época.
Sus efectos especiales tan pedestres que a estas alturas resultan incluso entrañables están bien incluidos dentro de la película (ejem) y contribuyen favorablemente a que ésta se pueda disfrutar agradablemente.

GUIÓN: La historia sigue el esquema claro de planteamiento-nudo-desenlace de manual. Eso sí, adolece de todos los males de su época. Como todo en la etapa post-segunda guerra mundial y mucho más en la cultura yanqui, acaba siendo Dios el que lo arregla todo. De la misma manera, ahora no deja de resultar chocante como el personaje femenino no parece servir para otra cosa que ser una chillona histérica (y consorte del héroe). Por otro lado, el tratamiento de la invasión está realizado con mucho realismo, aportando además muchos datos científicos “más o menos” correctos de porqué las cosas ocurren de esa manera.
Los diálogos pecan de idealistas y los personajes son algo planos, pero la trama aguanta la duración de la película sin problemas y permite que el espectador se pueda entretener agradablemente.


La comparación con el re-make de Spielberg es inevitable. Incluso teniendo en cuenta el paso del tiempo, la película del rey Midas de Hollywood es ampliamente superior en construcción de escenas, trabajo actoral y, obviamente, en medios.
Por otro lado, hay dos aspectos que fallan en la película de Spielberg:
El “happy ending” es forzadísimo y abrupto, incongruente con el resto de la película y queda como una castaña.
Durante estos cincuenta años la sociedad ha evolucionado y ahora somos menos “inocentes” al ver destrucción en la pantalla, por lo que un tratamiento tan ingenuo, tan de otra época de la invasión causa la risa del que quiere ver fuegos artificiales (como se estila en la ciencia-ficción actual).

No obstante, ambas propuestas son acercamientos más que dignos a la novela original y perfectamente capaces de ofrecer un agradable entretenimiento. Esta versión de 1953 peca de ingenua y cutre, pero su guión y su dirección son suficientemente sólidos para entretener.

Nota: 5
Nota filmaffinity: 6.6

jueves, 7 de noviembre de 2013

Harry "el sucio"

Parece mentira que haya tardado tanto tiempo en ver un clásico tan famoso como éste. La primera aparición de un personaje tan mítico como Harry “el sucio” se merece un buen visionado, ¡sin duda!

Harry Callaghan es el policía más duro de la ciudad de San Francisco. Le llaman “el Sucio” porque siempre acepta los peores casos, los más sórdidos y peligrosos, con los que nadie se atreve. La aparición de un peligroso asesino que parece matar puramente al azar obligará a todo el Departamento de Policía a actuar para detenerlo, pero nadie como Harry “el Sucio” para comprender a un demente y así acabar con él.

La película combina la clásica acción con el thriller y la crítica social. Por eso la trama va dando esos tumbos que tanto despistan, porque no es sólo un poli duro que quiere matar al malo, resumen que para nada le hace justicia; es un poli de gran profundidad humana y psicológica, que quiere detener a un malo que despierta verdadero desprecio, en un mundo enfermo, con unas políticas equivocadas, con unas leyes tramposas y con una frustración constante. El retrato sucio y peligroso que se hace de la propia ciudad de San Francisco, especialmente de noche, es un ejemplo de las intenciones de la película.


ACTORES: Por temática, la película no se diferenciaría de una cualquiera de Bronson si no fuera por el brutal empaque que le aporta Eastwood. Su actuación es pura clase y hace que un personaje repulsivo sea creíble e intersante. Su personaje, convertido en mítico a base de puro carisma, se ha hecho un hueco en la imaginería cinematrográfica. El gran tipo duro, imitado miles y miles de veces, Todo lo que vino después, Arnold, Stallone, Gibson y demás son meros intentos de parecerse al primero, al genuino Harry el Sucio. Está claro que el caló en lo mas hondo de estos herederos a veces correctos y a veces incorrectos en sus papeles.


DIRECTOR: Esperaba encontrar una película francamente cutre que sólo se salvara por los chascarrillos del más chulo del barrio, pero lo que tenemos es un thriller muy sólido. Mucho empaque (proporcionado por el inspirado Eastwood), una dirección sobria pero impecable y una tensión bien llevada aderezan esta obra. No es que destaque  por su calidad, pero la película de Don Siegel tiene la virtud de aparecer en el momento justo, sirviendo de piedra de toque e influyendo en todo el cine de acción que se haría posteriormente. Sin tener nada que la separe de la corrección, tiene suficiente carisma como para haber sido imitada miles y miles de veces: la persecución nocturna, la pelea en el estadio… las hemos visto en más de una película y por poner un ejemplo rápido, el periplo por la ciudad con el rescate fue “homenajeado” al milímetro en La Jungla de cristal 3 (estoy seguro que hasta con diálogos clavados).


GUIÓN: La trama policial es correcta y realista, con diálogos bien buscados y un par de momentazos a mayor gloria de Clint Eastwood. A esto le añadimos un malvado con gracia y muy mala idea y un ritmo bien tramado. Con ello tenemos un entretenimiento bien conseguido. No deja de ser un thriller de acción de los 70, con todas sus cosas buenas y todos sus defectos, pero funciona.


Este clásico por derecho propio no es ni mucho menos una grandiosa película y ni siquiera Siegel desprende todo su talento. Todo se queda en un simplón thriller de acción. Pero supuso un cambio muy revolucionario en la industria del cine gracias a la carismática actuación de Clint Eastwood que, sin duda, creó escuela. Es justo la aparición de la figura de Harry Callaghan la convierte en indispensable para cualquier cinéfilo. Y mira que tiene clase el jodío.


Nota: 6
Nota filmaffinity: 7.3

jueves, 15 de agosto de 2013

Pasión de los fuertes

Hoy he vuelto con un clásico de los que hacen época, de 1946 que viene esta película. Una de las primeras colaboraciones de John Ford con Henry Fonda, en una película icónica en su género, con escenas impagables que han quedado dentro de la imaginería popular. Me gustaría saber como de My Darling Clementine se llega a Pasión de los fuertes, pero bueno, siempre hemos tenido traductores cachondos con los títulos.

Wyatt Earp, antiguo sheriff de Dodge City, llega a Tombstone transportando ganado con sus hermanos. Cuando su hermano James es asesinado, Wyatt aceptará convertirse en el sheriff de la ciudad para encontrar al culpable. Contará con la ayuda del médico, jugador y pistolero Doc Holliday en uno de los duelos más míticos de la historia del cine.

Ford nos ofrece un western distinto. No sé si puede calificarse de poético pero al menos las dosis de violencia no son las habituales del género. Las balas y los duelos se sustituyen aquí por una pretendida sensatez, los pistoleros son cultos y conocen a Shakespeare y el propio Wyatt Earp es mucho menos “fiero” y más enamoradizo de lo que en otras películas nos lo han pintado. El propio título en inglés ya puede dar una idea de que se buscará más el lirismo que la acción, guiño perdido en la traducción.

ACTORES: Henry Fonda, Henry Fonda y Henry Fonda. Su presencia en pantalla llena cada momento de la película de una rotundidad y una solidez extraordinaria. Simplemente, está en estado de gracia (y creo que nunca le había visto tan joven). Ford siempre sabe cuidar a los secundarios, como se puede ver en Walter Brennan, con un trabajo magnífico en una caracterización de villano a la que no nos tiene acostumbrados. Ward Bond, cuya presencia siempre es un lujo, tiene en este caso un papel un tanto más apagado. Victor Mature muy bien y creible. Las chicas están algo más desdibujadas, pero cumplen con corrección.

DIRECTOR: En esta película, Ford crea unas cuantas escenas icónicas, que se insertaron firmemente en la imaginería popular: El Sheriff Earp balanceándose en la silla, “no señor, siempre fui camarero”, la lucha en OK Corral, el vaquero marchando hacia el crepúsculo, “si sacas la pistola, es para matar”…
Ford se deleita con grandes paisajes, una narración mesurada y tranquila, muy humana, centrada en las relaciones entre los personajes antes que en saber quién mató a James o en la acción típica del género. Sus personajes se alejan del tópico hombre de acción, mostrándose mucho más preocupados de lo habitual por las tribulaciones mundanas (Wyatt y Clementine, Doc y su tuberculosis). El equilibrio de caracteres entre Doc Holliday y Wyatt Earp está más que bien conseguido, especialmente después de la magnífica escena del salón en que se conocen, desbordando tensión sin hacer nada más que pedir unas copas de champaña. Ford nos enseña el camino del detalle porque crea diferencias entre un hombre entrando en un Salón y Henry Fonda entrando en un salón.
Para el espectador puede resultar extraño ver una película con planos tan extraños,  largas escenas, ausencia de movimiento de la cámara, falta de zooms… Entra dentro de las limitaciones técnicas de la época, dónde gran cantidad de estas cosas aún no se habían inventado.  Esta simplicidad y falta de técnica puede provocar el rechazo de muchos, pero no debemos olvidar que estamos en 1946. ¡La película casi tiene 70 años! Este efecto es especialmente dramático en las escenas de acción, mucho más estáticas y alejadísimas de los gustos actuales, a pesar de tal atavismo, Ford se permitió incluso innovar  en la película creando persecuciones en paralelo de una caravana, escena que sería imitada durante los veinte años siguientes.

GUIÓN: El planteamiento, cuya presentación de personajes es magnífica, ya marca por donde van a ir los tiros, con un desarrollo impecablemente relajado y unos personajes muy bien construidos. Diálogos impagables y agudos que seguro serán del agrado de todos. La historia es perfectamente predecible en todo momento, pero los aires de venganza con que funciona el argumento sirven para mantener la atención.

Es muy probable que no se pueda extraer un mayor y más marcado catálogo de iconos y mitos. Ford narra ejemplarmente la historia, centrándose más en la descripción del ambiente y de los personajes, en la emoción, que en la acción. Un clásico de su tiempo, del posterior, del siguiente y del que nos ocupa ahora. Una historia con dosis de justicia, fraternidad, amistad, amor y venganza, sin necesidad de cruentos tiroteos a color con más sangre en la arena que en el Coliseo romano.

Nota: Como ocurre con otros clásicos, el progreso técnico a ha hecho envejecer mal. Es una obra maestra y sentó las bases del género, pero en muchos aspectos se encuentra tan alejada de los gustos actuales que ponerle una nota resulta muy difícil. Le pongo un 9, pero con las reservas que el paso del tiempo implica.
Nota filmaffinity: 8.0