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viernes, 26 de julio de 2024

Sin perdón

Ésta es una de esas películas de las que siempre se saca la misma anécdota: se trata de “el último buen western”, de la película que entierra el género pues tras ella no hay ya nada que se pueda contar. Es un poco falaz, pues se han hecho buenos Westerns tras ella, pero claro, se ha convertido en la vara de medir de una manera tal que se hace imposible no tenerla en cuenta.

Lo mismo ocurre con su protagonista. Pocas personas vivas encarnan a un género en sí mismo: el viejo pistolero curtido en mil batallas obligado a una última misión.

Pues es ese planteamiento el que da pie a la película: Clint Eastwood como el epítome del personaje del oeste, que es obligado a salir del retiro para un último baile. Éste, vive tranquilamente dejando pasar los días con un antiguo compañero de armas como vecino. Las circunstancias provocan que tengan que salir en venganza de un grupo de prostitutas que son cruelmente esclavizadas por una organización dirigida por el sheriff local. A ellos se les une un jovencito impetuoso, fascinado con la leyenda que se ha originado alrededor del personaje de Eastwood.

Como si de un Quijote moderno se tratara, Sin Perdón coge todos los clichés y tópicos de las películas del género, dándoles la vuelta y pasándolo por una pátina cínica y desmitificadora, recordando que en la vida “real” hay muy poco de heroísmo y mucho de desesperación. Después de todo, casi siempre los pistoleros viven poco, los guardianes de la ley están más corruptos que los bandidos, las chicas no son guapas y las posibilidades de recibir un balazo son demasiado grandes. Al final, sólo queda ser el más malnacido del pueblo o ser carne de cementerio.

No voy a entrar a valorar el icono que es Clint Eastwood como personaje en sí mismo. Baste decir que William Munny es uno de sus personajes más inolvidables, imitado por doquier, siempre la referencia con la que medirse. Frente a él, tenemos a un Gene Hackman que se gusta a lo grande dando vida a un asesino despiadado, cruel y arrogante que, encima, goza de tener el amparo de la ley. Complementa el trío de protagonistas un magnífico Morgan Freeman cuyo personaje ya ha dejado atrás la violencia, que sale de su granja porque su amigo le necesita, mostrando su humanidad y la patente sensación de que su tiempo ya ha pasado.

La propia historia, retratada con decisión por el propio Eastwood, es justo un testimonio del paso del tiempo, como los hechos se transforman en mitos y se deforma la realidad. ¿Qué hay de la vacía gloria de los malnacidos? ¿Qué queda tras los días de juventud sino remordimientos y agravios? Al mismo tiempo, realiza una interesante reflexión sobra la maldad y la capacidad de redención, siempre aderezado por un guión que firma el propio Eastwood que refleja hábilmente todas las contradicciones inherentes a la trama, cuyos diálogos marca de la casa hacen patente que Clint es el mejor para soltar frases lapidarias por todos lados.

Asimismo, Eastwood se las arregla para escoger muy bien qué te muestra, qué te cuenta y qué deja que te imagines, manteniendo un ritmo que permite que los hechos dejen poso, sin por ello hastiar ni aportar trascendencia gratuita a la pantalla. Muchos directores deberían aprender de él a la hora de introducir guiños y referencias (Filloni, te estoy mirando a ti) integradas dentro de la obra, sin que por ello la acción se pare para decir “eh, esto es un homenaje” y luego volver a la película. Dos horitas que te pegan al asiento cosa mala.

En cuanto a la resolución, me encanta como SPOILER William Munny en ningún momento ha dejado de ser el asesino sanguinario de su juventud. Disfruta destruyendo, matando y aterrorizando a todos los que tiene alrededor. Es por amor a su (luego difunta) esposa que dejó de ser un bandido y se convirtió en un frustrado granjero. Al acabar el trabajo de las prostitutas, “queda liberado” de los votos de su mujer, y ahora puede volver a ser el malnacido que fue sin ningún remordimiento de conciencia ni mácula en su palabra. Eastwood lo remarca con la introducción de la música, que nos deja caer, con su tono evocador, cómo van a ser los siguientes días en la vida de Munny. FIN DEL SPOILER.

En fin, diez nominaciones a los Oscars que se quedan bien a gusto, entre ellas todo lo gordo. Mejor película, dirección, actor, actor secundario, guión, montaje, fotografía, diseño de producción y sonido. Entre ellos cayeron Película, dirección  (Clint Eastwood), actor secundario (Gene Hackman) y montaje (Joel Cox), prueba de que la Academia está de acuerdo con la calidad de este monumento.

Pocas películas consiguen matar un género (vale, no está tan muerto, pero nos entendemos) pero ésta es una de ellas. ¿Cuándo haces el Quijote, quién puede querer compararse? No es que sea una de las mejores películas del Oeste (que lo es), es que es una de las mejores películas del cine. Una de estas obras que tienes que ver, degustar y volver a ver.

 

 

Nota: 9

Nota filmaffinity: 8.2 

sábado, 15 de junio de 2024

La forastera (Olga Merino)

Los burrines vienen estupendamente para acercarse a cosas diferentes, así que no suelo despistarme a la hora de apuntarme a unos u otros. En este caso, gracias Ana La Rana por organizarlo.

Título: La forastera

Autor: Olga Merino

“«Me están echando el cerco, y no es el viento.»

Tras una juventud de excesos, Angie vive retirada -casi atrincherada- en una aldea recóndita del sur. Para los vecinos es la loca que se deja ver en compañía de sus perros. Su existencia transcurre en el viejo caserón familiar, en un cruce continuado de dos tiempos: el presente y el pasado. Tan solo tiene a sus fantasmas y el recuerdo del amor vivido con un artista inglés en el Londres olvidado de Margaret Thatcher.

El hallazgo del cuerpo ahorcado del terrateniente más poderoso de la comarca lleva a Angie a desenterrar viejos secretos familiares y a descubrir el hilo fatal de muerte, incomprensión y silencio que une a todos en la comarca. ¿Es el aislamiento? ¿Son los nogales, que secretan una sustancia venenosa? ¿O acaso la melancolía de los húngaros, que llegaron hace siglos con sus baúles y violines? Angie sabe que, cuando lo has perdido todo, no hay nada que puedan arrebatarte.

La forastera es un western contemporáneo en el territorio áspero de una España olvidada. Un relato estremecedor y emocionante sobre la libertad y la capacidad de resistencia del ser humano.”

 

La forastera llama la atención desde un primer momento por utilizar un estilo descarnado muy característico. Toda la acción se articula en una suerte de diálogo interior de la protagonista, que vive enfrentada con un mundo que le es hostil. Así, veremos sus reacciones a lo que ocurre a su alrededor mientras recuerda otros tiempos mejores. No solo aquellos en que fue feliz, sino simplemente en los que no tenía que estar atenta a las amenazas que se ciernen sobre ella.

Olga Merino utiliza los lenguajes del Western para desarrollar su trama, pero adaptándolo a los usos y modos de un pueblo de la España castiza. Como si nos encontráramos en un remedo repleto de mala leche de Los Santos inocentes o Amanece que no es poco, encontramos muchos detalles característicos de la vida rural: Su cacique, su cura, su guardia civil y las corruptelas típicas de esos lugares donde todos se conocen demasiado. Se plantea un escenario desolador, muy hostil para aquellos que no han tenido suerte en la vida, en el que las injusticias campan a sus anchas e incluso el clima parece contribuir para que la vida sea desagradable.

Estamos a finales de los noventa, sí, pero la situación es tan universal que podría estar situada casi en cualquier época. Se cuece algo gordo en el pueblo, se siente en al aire, conflictos soterrados durante años y secretos que no deben salir a la luz. Una calma tensa se palpa en el ambiente, a la espera de una chispa que detone la explosión de mierda que todo el mundo ve venir y nadie quiere implicarse para detener. Cuando se produce el asesinato, las fuerzas vivas del pueblo ven en nuestra protagonista a la víctima propiciatoria a la que cargar las culpas, poniéndola en una situación sin salida. ¿Y cuál es la reacción de alguien a quien has llevado tan lejos en la desesperación? No hay nada que perder, así que sólo queda la rabia…

 
Rabia por vivir, por seguir un día más, aunque sólo sea por tocar las narices. Angie (o así es como se llama a sí misma) es el único personaje desarrollado. Sabemos qué ve, que siente y qué piensa. Se nos presenta como la “loca de los gatos” del pueblo, pero luego nos enteraremos de la vida de una mujer sufridora, que ha acabado, en su cincuentena, por dedicar un enorme “fuck life”, destilando amargura por una situación que sabe que se ha buscado (y al mismo tiempo, no ha podido evitar que sucediera). Su día a día está compuesto por soledad, supervivencia, memoria y muerte, destilando amargura ante una situación que nunca buscó pero que cree merecer (a veces). Reacciona movida por la rabia, con una visceralidad (lo mejor de toda la obra) que se siente, que le nace de dentro y la convierten en una variable no controlable (y, por ello, impredecible y presta a ser eliminada por el cacique local).

Olga Merino sabe muy bien cómo contar la historia que quiere contar. Dibuja el ambiente con acierto, destacando quizás sus escenas en el bar, dónde interaccionan los habitantes del pueblo, en una suerte de rutina donde poco importa el día (o el año) en que se vive. Tal como me ocurrió en Viejas historias de Castilla la Vieja, me he encontrado recordando anécdotas y situaciones de cuando era pequeño y me tocaba ir verano sí y verano también al pueblo, que permanecía en un lugar dónde no pasaba el tiempo.

El mayor pero que se le puede destacar a la obra es que el descomunal esfuerzo para retratar el ambiente se acaba comiendo al argumento. Conocemos a Angie (y muy bien), conocemos el pueblo (y muy bien), pero luego al final la anécdota es menos importante de lo que parece, sin llegar a rematar como parece que el libro quiere hacer. Evidentemente, el interés de la autora está en otros aspectos, pero me hubiera gustado que el estupendo viaje me llevara a algún lugar menos anodino.

Es una lectura densa, que se debe acometer con calma, tomándote tu tiempo para apreciar los hijos que Merino teje para el lector, sumergirse en los miasmas de odio que impregna cada brizna de los campos de la España vaciada, donde el tiempo se ha detenido, pero los rencores siguen latentes. Quizás tiene el problema de que está mejor escrita de lo que luego quiere contar, pero me gusta ese poso de amargura que despide cada pensamiento de Angie.

 

Nota : 7

Nota goodreads: 3.86/5 

jueves, 2 de marzo de 2023

Justicia y venganza

Ésta es una película (una más) que vi por error. Yo tenía la idea de ver un spaghetti Western de Sergio Corbucci de título similar y la puse en el buscador correspondiente. Me salió el título que buscaba y un sombrero vaquero en la portada y le di al play sin fijarme en nada más. A los dos segundos ya comprobé que me había equivocado de película, pero había una plancha que hacer y ya que estaba puesto, pues no la iba a cambiar.

Saltándose cualquier tipo de coherencia histórica (que tampoco se busca), Justicia y venganza nos presenta a cinco vaqueros negros que se la tienen jurada al sangriento cacique - sheriff de un pueblo recóndito del Oeste. En su afán de Justicia y Venganza (jé) planean atracar el banco local para obligar al sheriff a comparecer y así que todos aprecien su maldad antes de acabar con él. Como no puede ser de otra manera, las cosas no acabarán bien.

Muchos se quejan de que “el género de los géneros” no provee de buenas películas hoy en día. Pues la verdad, ésta es una de los ejemplos de ello. No es ni siquiera decente. Sin embargo, los primeros cinco minutos auguran una película mucho peor de lo que acaba siendo. Una vez coges el chip de que estás viendo un blackxplotation de un spaghetti-western actualizado, pues oye, why not.

Se ve cierto amor de fliparse por fliparse, unos medios ridículos y ganas de pasarlo bien. Que siempre son cosas con las que tener algo de cariño. Lo más doloroso está en el atrezzo. La utilería parece salida de Port Aventura y de la tienda de disfraces más cercana. Además, no hay el más mínimo esfuerzo en respetar el contexto histórico: los protagonistas tienen andares de rapero, las chupas de cuero (ejem) tienen remaches modernos, los carteles de Wanted! Están impresos en folios (y en HD). 


Por momentos, podría parecer una película hecha por amiguetes, pero bueno, luego ves a David Carradine por ahí (que habrá costado algo de dinero) y no sabe uno que pensar. Además, se disponen de cámaras buenas y hay alguien por ahí que sabe qué hacer con la fotografía, lo que contrasta con los medios tan pedestres de los que se disponen. Mi idea inicial es que me parece una película que han hecho los currelas de los estudios en su tiempo libre, más que un trabajo de estudio. Una vez investigando un poco más, resulta que detrás del proyecto está Jean-Claude La Marre, un tío con mucho morro que ha encontrado un nicho de mercado en películas protagonizadas por negros, donde inicialmente uno no tendría previsto encontrarlos. En este caso, en un Western, pero también tiene su versión de Magic Mike, su vida de Cristo (¡y con segunda parte!) e incluso una de fugas de prisión. Su mayor éxito es una saga de películas religiosas sobre un pastor evangelista muy ligón que él mismo protagoniza, pero su obra más valorada es este atípico Western del que hablamos hoy (imaginad el resto).

Lo dicho, el creador no se molesta en que el producto sea redondo: falta un corrector, un editor, alguien que homogeneice tonos, evite errores de continuidad, maneje el ritmo… pero los personajes están diferenciados, cada uno tiene sus motivaciones y no son intercambiables, hay cierto trabajo en ello. Asimismo, el desarrollo va muy a baches, conectando con cierta torpeza una escena con otra, sin que el ritmo contribuya a hacer fluida la obra, pero luego mantiene cierta (ejem) coherencia y un final con lógica de acuerdo a lo que hemos visto.


Hay cosas bien hechas y cosas mal hechas. No en vano, la acción se deja de tonterías y hace tiroteos decentillos. Viendo el presupuesto del que se dispone, pues me parece bastante apañado todo. Que sí, que los efectos de sonido no siempre casan con los estallidos y no tenemos surtidores de sangre (ni sangre en general), pero bueno… Las tareas de post-producción brillan por su ausencia en todo el metraje y es algo que duele un poquito.

También me duelen los oídos cada cada vez que oigo géneros “modernos” en los Westerns. No dejo de oírlo más y más desde que Tarantino pusiera rap en su Django, pero bueno, todavía queda acostumbrarse. Éste es otro de esas películas en que el hip hop domina la banda sonora y sigue haciéndoseme raro, pero bueno comparado en el resto de aspectos del proyecto, tampoco es lo peor.

Y, finalmente, las actuaciones, que sí que son para dar de comer aparte. Nadie del elenco llega a unos niveles mínimos de decencia. Especialmente sangrante me parece el cameo de David Carradine, que tiene cinco minutos de papel (que habrá hecho en una mañana) sólo para poder ponerlo bien grande en la portada y así llamar un poco la atención. En fin, que grotesco.


No es ni mucho menos la primera vez que veo la película equivocada y me trago un engendro de lo peorcito. Ya podría fijarme más a veces.

Más allá de decir que es una película mala y poco recomendable, se me hace difícil decir juzgar a Justicia y Venganza. Es un Western trasnochado muy cutre y con una cantidad de errores bien grande, con lo que ya deberíamos saber qué esperar. Sin embargo, la primera impresión asusta tanto que luego uno no queda decepcionado. Como suele decirse: es chungo, pero no tan chungo.

 

Nota: 2

Nota filmaffinity: 3.4

 

miércoles, 4 de mayo de 2022

Noticias del gran mundo

Noticias del gran mundo es una película de Netflix que vi únicamente para poder hablar de ella en el podcast de Cinéfagos Muertos que tenéis AQUÍ. Reconozco que si no, no tenía previsto acercarme a su visionado. Poca fe que le tengo a estas propuestas.

Recién terminada la Guerra Civil Americana, las heridas están todavía abiertas y los ánimos no se han calmado aún. Las rencillas están a flor de piel y los agravios se recuerdan con ansia. Después de todo, hace nada que los estadounidenses se estaban matando con ganas entre ello. Con el objetivo de hermanar de nuevo a unos con otros, Tom Hanks va de pueblo en pueblo “trabajando” como lector de periódicos, recordando que los componentes de ambos son personas que comparten problemas para así fomentar la paz y la empatía. Malviviendo con este trabajo de pseudo presentador de las noticias, toma contacto con una niña blanca que fue raptada por los indios Kiowa cuando ella era un bebé. Cuando parece que la pequeña va a quedarse sola en el mundo, el Gobierno localiza a unos parientes lejanos que viven a tres estados de distancia. Como Tom Hanks es más bueno que el pan, se verá obligado por su conciencia a cuidarla en su viaje hasta la que será su nueva familia.

Con voluntad y mimbres de western clásico, se pueden poner pocos peros a la factura técnica de la película. Respeta las características formales del género con acierto, mantiene un tono correcto y sabe tener su estilo, con una producción de buena factura.


Goza además de un buen par de actores sobre los que cargar la película. Tom Hanks hace el mismo papel de siempre que hace tan bien y que hemos visto en mil películas. Por su parte, la pequeña Helena Zengel sorprende saliendo airosa con un papel muy exigente, que fácilmente puede ser poco creíble, pero que convierte en verosímil. No era tarea fácil.

Asimismo, desde un primer momento se nota que el director sabe qué hacer con la cámara, con una puesta en escena obviamente deudora de los clásicos del género. Paul Greengrass en un veterano en esto de contar historias y sabe cómo adaptar el ritmo para que los sucesos fluyan acompasadamente, permitiéndonos conocer a los protagonistas mientras mantiene un subtexto en torno a la comunicación como manera de entenderse entre las diferentes culturas. Bien podría ser un western de la Época Dorada, con amplios medios para escenificar la época, unos escenarios más que correctos y una estupenda fotografía que se gozaría en la pantalla más grande posible. Técnicamente, la película desprende clase, con nominaciones a los Oscar de Fotografía, Banda Sonora, Diseño de Producción y sonido que dan buena prueba de ello.

El academicismo con que está realizado el film se trasluce también en la trama, con los giros situados en el minuto exacto que los manuales mandan, sin salirse un ápice del camino marcado. Encontramos también un subtexto poco sutil sobre la superación del dueño, la necesidad de perdón y la comunicación como clave para la comprensión entre los pueblos, casi siempre a cargo de un Tom Hanks que hace las veces de conciencia del país, consciente de los desafíos que están por venir.

Así que deberíamos tener una gran película entre manos, y justo por ello sorprende el poco poso que deja la película. La has visto, has pasado un buen rato y ya la has olvidado, cuando por formato y mensaje, no se trata de un blockbuster veraniego. Pareciera que su academicismo y corrección impoluta le impidieran ofrecer nada novedoso, nada original por la que recordar Noticias del gran mundo. También tiene el problema de ser correcta (y más que ello) en casi todos los aspectos en la que se le puede juzgar, pero en ninguno de ellos es especialmente virtuosa, perdiéndose entre la miríada de propuestas similares que hemos visto a lo largo de los años.

 ¿Es una película recomendable? Sin duda. Es una película bien hecha con la que sentarse y pasar un rato delante de la pantalla, pero falla al hacerse interesante, sin nada que la eleve por encima del “bien”, cuando todo el envoltorio parece tener ínfulas de querer llegar a algo más. Sorprende (y quizás decepciona) que algo con estas mimbres para tener un destino glorioso acabe dejando tan poca huella. No obstante, seguimos teniendo un western con aroma clásico perfectamente disfrutable, con un mensaje que contar y dos actores principales que saben muy bien lo que hacen.

 

Nota: 6

Nota filmaffinity: 6.4 

sábado, 22 de mayo de 2021

Salario para matar

No acabo de estar seguro de porqué puse esta película para ver. Que conste que fue cosa mía y yo escogí iniciarla, pero bueno, no sé de donde la saqué ni tenía previsto echarle un ojo, pero bueno, apareció.

Salario para matar nos centra en la vida de un mercenario de origen polaco que vive de matar por un buen precio. Las circunstancias lo ponen en contacto con unos revolucionarios mexicanos algo desastrados, mientras tocan las narices al cacique local.

Y a partir de ahí, se saca una película que bebe mucho de los Spaghetti Westerns “inventados” por Sergio Leone. El éxito de su trilogía del dólar hizo brotar un chillón de imitadores, especialmente en Italia, siempre presta al explotation en la época. La mayoría de los creadores se limitaban a imitar lo que Leone había mostrado en pantalla sin realmente entender qué era lo que funcionaba y lo que no. Corbucci fue uno de esos pocos que entendía cuáles eran los engranajes que hacía funcionar esas películas y los emuló conscientemente. Falto de la sutileza y el savoir faire del mítico director italiano, sí se las arreglaba para cocinar con brío los buenos ingredientes, como un alumno aventajado que sabe aprovechar unas buenas enseñanzas.

Así pues, tenemos un western que funciona como un tiro a pesar de su exiguo argumento. No es que lo que ocurre en la pantalla tenga mucho sentido, pero mola. Tiene un director que sabe lo que hace tras las cámaras, unos actores competentes delante y ganas de hacer disfrutar al espectador.

Ante todo, hay que destacar el carisma de Franco Nero, su “polaco” es bastante improbable, pero desborda carisma y mala leche, como un buen antihéroe de este tipo de películas. Es uno de los grandes nombres, sabe lo que hace y tiene ganas de hacer un buen trabajo.

Encontramos entonces a personajes sucios, duelos de tensión imposible, miradas asesinas y un fascinante aroma de amoralidad bien (mal) entendida. Contribuye a ello una banda sonora marca Morricone muy bien parida, ideal para realzar la épica y la tensión de cada escena. A destacar especialmente el poder de la música en su clímax dentro de la plaza de toros. La pieza “L’arena” es ideal para dotar del carisma necesario al espléndido duelo final, dejando un sabor de boca final mucho mejor que el espectáculo que hemos visto durante las dos horas anteriores (oye, que tampoco está nada mal).

Evidentemente, no debemos esperar ningún tipo de plausibilidad histórica. Tal como Tarantino demostró muy bien matando a Hitler porque sí, o metiendo rap en su Django, este género se aparta de la verosimilitud y se arroja con ganas al género por el género. Los buenos son buenos, los malos, malos y, aunque parezca que aparecen nombres reales, no busca, en absoluto sentar cátedra. Toca inventarse una historia rimbombante para atraparte y es lo que hace.


Suele decirse que dentro de este género hay películas malas, hay películas buenas, y luego están las de Leone. Salario para matar es de las buenas. Un director que sabe lo que hace con su película, un actor principal que tiene el carisma y el morro correspondiente para dar vida al anti-héroe correspondiente. El exiguo argumento y el ridículo presupuesto no ayudan, pero el conjunto es la mar de aprovechable para cualquiera que sepa disfrutar de un western.

 

Nota: 6

Nota Filmaffinity: 6.5 

viernes, 23 de abril de 2021

Por un puñado de dólares

Hoy había ganas de ponerse con una obra grande. A veces da respeto pero cuando toca, toca.

El argumento no puede ser más simple. Un pequeño pueblo del Oeste vive aterrado por el enfrentamiento entre dos bandas de bandidos a cada cual más aterradora. Un misterioso pistolero sin nombre llega a la ciudad, dispuesto a beber un buen trago y pasar desapercibido, pero no podrá mantenerse al margen de la cruenta lucha. Todo parece casual en sus actos, ¿o no lo es tanto?

Fue con esta película con la que Sergio Leone cambió todo. Un género que parecía caduco y casi desaparecido volvió con rabia inusitada. El Spaghetti Western nacía, y con él, una variante blasfema, sucia y, en muchos casos terriblemente divertida que fue explotada sin piedad por cientos y cientos de imitadores. Primeros planos de miradas entre pistoleros, pausas en los duelos al sol abrazador, un héroe incontestable y radicalmente diferente del sheriff del Western clásico…

Por un puñado de dólares también enseñó al mundo quién era Clint Eastwood, uno de los actores/directores más influyentes desde entonces. Nunca lo había visto tan jovencito (qué tremendo que está) y aquí se queda a gusto haciendo lo que mejor ha sabido hacer siempre: molar. Frente a él, un estupendo GIan Maria Volonté que clava a un malvado odiable y carismático de los que no se olvidan.

La lógica y la verosimilitud son, en todo momento, relativas. Cada duelo se convierte en una lucha de miradas, a modo de preámbulo ritual a un estallido violento y sangriento que no se corta nada a enseñar una violencia que sus coetáneos estadounidenses insinuaban más que mostrar. Asimismo, la historia es cruel con todos, dejando claro que no hay buenas personas, sino tonos de gris más o menos oscuro. Los intereses y las traiciones campan por doquier y sólo te puedes fiar de tu revolver (o tu rifle).

Y la música, oh, la música. Otro detalle marca de la casa que revoluciona el modo de hacer las cosas. El entonces casi desconocido Morricone crea escuela con temas armoniosos que realzan los sentimientos de los protagonistas, contribuyendo a crear el ambiente de tensión necesario para llegar al clímax en cada escena. Sugiere y avasalla siempre en el momento adecuado.

Pero bueno, una vez glosadas rápidamente todas sus bondades, que seguro estarán mucho mejor explicadas en miles de sitios más, también hay que detenerse un momento a explicar el tema de Yojimbo.

Y es que dentro de tanta gloria y tanta inspiración. La película es, en gran parte, una reimaginación muy literal de la película Yojimbo, de Akira Kurosawa, moviendo al Oeste a un pueblecito japonés tras cambiar a los samuráis por cowboys. Todo ello con mucho morro y sin pagar derechos, claro. Obviamente, esto le trajo muchos follones legales a Leone, especialmente tras convertirse en un éxito mucho más morrocotudo que el que seguro había soñado siquiera. Habiendo visto ambas películas, las inspiraciones son obvias, siendo ambas muy iguales pero muy diferentes y, sobretodo, magníficas y disfrutables.

Pero bueno, el lavado de cara que le pegó Leone a la obra de Kurosawa sirvió para convertir un género caduco de cowboys honrados, justos y bien vestidos, de acciones nobles y bienintencionadas, en un vergel de malnacidos mal afeitados, inexpresivos, sucios, cínicos, amorales y de lentos movimientos excepto cuando tienen un revólver en las manos, cuyas acciones están determinadas por el dinero.  Aunque sea sólo por eso, gracias.

Quizás la menos redonda de las tres películas de su “Trilogía del Dólar”, pero no por ello menos aprovechable. Por la diversión que provee, por la vuelta de tuerca que provoca y por darnos a Clint Eastwood, indispensable a la que te guste el western, indispensable a la que te guste el cine.

 

Nota: 9

Nota filmaffinity: 7.6