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viernes, 26 de julio de 2024

Sin perdón

Ésta es una de esas películas de las que siempre se saca la misma anécdota: se trata de “el último buen western”, de la película que entierra el género pues tras ella no hay ya nada que se pueda contar. Es un poco falaz, pues se han hecho buenos Westerns tras ella, pero claro, se ha convertido en la vara de medir de una manera tal que se hace imposible no tenerla en cuenta.

Lo mismo ocurre con su protagonista. Pocas personas vivas encarnan a un género en sí mismo: el viejo pistolero curtido en mil batallas obligado a una última misión.

Pues es ese planteamiento el que da pie a la película: Clint Eastwood como el epítome del personaje del oeste, que es obligado a salir del retiro para un último baile. Éste, vive tranquilamente dejando pasar los días con un antiguo compañero de armas como vecino. Las circunstancias provocan que tengan que salir en venganza de un grupo de prostitutas que son cruelmente esclavizadas por una organización dirigida por el sheriff local. A ellos se les une un jovencito impetuoso, fascinado con la leyenda que se ha originado alrededor del personaje de Eastwood.

Como si de un Quijote moderno se tratara, Sin Perdón coge todos los clichés y tópicos de las películas del género, dándoles la vuelta y pasándolo por una pátina cínica y desmitificadora, recordando que en la vida “real” hay muy poco de heroísmo y mucho de desesperación. Después de todo, casi siempre los pistoleros viven poco, los guardianes de la ley están más corruptos que los bandidos, las chicas no son guapas y las posibilidades de recibir un balazo son demasiado grandes. Al final, sólo queda ser el más malnacido del pueblo o ser carne de cementerio.

No voy a entrar a valorar el icono que es Clint Eastwood como personaje en sí mismo. Baste decir que William Munny es uno de sus personajes más inolvidables, imitado por doquier, siempre la referencia con la que medirse. Frente a él, tenemos a un Gene Hackman que se gusta a lo grande dando vida a un asesino despiadado, cruel y arrogante que, encima, goza de tener el amparo de la ley. Complementa el trío de protagonistas un magnífico Morgan Freeman cuyo personaje ya ha dejado atrás la violencia, que sale de su granja porque su amigo le necesita, mostrando su humanidad y la patente sensación de que su tiempo ya ha pasado.

La propia historia, retratada con decisión por el propio Eastwood, es justo un testimonio del paso del tiempo, como los hechos se transforman en mitos y se deforma la realidad. ¿Qué hay de la vacía gloria de los malnacidos? ¿Qué queda tras los días de juventud sino remordimientos y agravios? Al mismo tiempo, realiza una interesante reflexión sobra la maldad y la capacidad de redención, siempre aderezado por un guión que firma el propio Eastwood que refleja hábilmente todas las contradicciones inherentes a la trama, cuyos diálogos marca de la casa hacen patente que Clint es el mejor para soltar frases lapidarias por todos lados.

Asimismo, Eastwood se las arregla para escoger muy bien qué te muestra, qué te cuenta y qué deja que te imagines, manteniendo un ritmo que permite que los hechos dejen poso, sin por ello hastiar ni aportar trascendencia gratuita a la pantalla. Muchos directores deberían aprender de él a la hora de introducir guiños y referencias (Filloni, te estoy mirando a ti) integradas dentro de la obra, sin que por ello la acción se pare para decir “eh, esto es un homenaje” y luego volver a la película. Dos horitas que te pegan al asiento cosa mala.

En cuanto a la resolución, me encanta como SPOILER William Munny en ningún momento ha dejado de ser el asesino sanguinario de su juventud. Disfruta destruyendo, matando y aterrorizando a todos los que tiene alrededor. Es por amor a su (luego difunta) esposa que dejó de ser un bandido y se convirtió en un frustrado granjero. Al acabar el trabajo de las prostitutas, “queda liberado” de los votos de su mujer, y ahora puede volver a ser el malnacido que fue sin ningún remordimiento de conciencia ni mácula en su palabra. Eastwood lo remarca con la introducción de la música, que nos deja caer, con su tono evocador, cómo van a ser los siguientes días en la vida de Munny. FIN DEL SPOILER.

En fin, diez nominaciones a los Oscars que se quedan bien a gusto, entre ellas todo lo gordo. Mejor película, dirección, actor, actor secundario, guión, montaje, fotografía, diseño de producción y sonido. Entre ellos cayeron Película, dirección  (Clint Eastwood), actor secundario (Gene Hackman) y montaje (Joel Cox), prueba de que la Academia está de acuerdo con la calidad de este monumento.

Pocas películas consiguen matar un género (vale, no está tan muerto, pero nos entendemos) pero ésta es una de ellas. ¿Cuándo haces el Quijote, quién puede querer compararse? No es que sea una de las mejores películas del Oeste (que lo es), es que es una de las mejores películas del cine. Una de estas obras que tienes que ver, degustar y volver a ver.

 

 

Nota: 9

Nota filmaffinity: 8.2 

domingo, 10 de enero de 2016

Superman



Estas Navidades han tenido toneladas de nostalgia de mi infancia y he vuelto a ver muchas de las películas que me encantaron de pequeño (últimamente no paro). Por estas cosas que pasan, volví a ver la película de superhéroes que más me gustaba de niño. No estoy hablando del Batman de Burton, sino la viejuna Superman de Christopher Reeve.

¿Cómo no emocionarse con esta película cuando eres un retaco de seis años? No sé cómo explicarlo, pero ver a Supermán en Cómics (tenía ya un porrón en casa) o en dibujos animados no se podía comparar a ver mi superhéroe favorito en carne y hueso. Poco me importaban sus agujeros de guión o su horterismo ochentero (¡aunque sea del 78!)  

Y después de verla, me he llevado una sorpresa. Quizás el recuerdo de sus terribles continuaciones (que son de lo peor) pesaba mucho, pero esperaba ver una película de una calidad bastante más cuestionable. La adaptación es brillante, trasladando con acierto el espíritu alegre y desenfadado de un cómic entrañablemente blanco e ingenuo, sin trazas de traumas o sombras (ni Alan Moore ni Frank Miller han hecho de las suyas todavía), con un Superman superperfecto y un Lex Luthor muy malvado y muy jokerizado. 

La (larga) película se divide en tres partes bien diferenciadas:
Empezamos contemplando con asombro el fin de Krypton, con una representación llena de solemnidad cargada en los poderosos hombros de un Marlon Brando que le añade la trascendencia que requiere el momento. Una introducción del personaje mucho más virtuosa (aunque visualmente menos impactante) que la que tuvimos años después con Rusell Crowe. Sabe sorprender y mantenernos interesados. 

Luego, un Superman adolescente busca su lugar en el mundo y no entiende por qué no debe usar sus poderes para salir adelante, comportándose como un remilgado y tímido terrícola. La sobredosis de ñoñería se hace algo pesada, pero la aparición de la Fortaleza de la Soledad aporta las dosis de molabilidad necesarias para que esta parte de la historia se haga interesante. 

Finalmente, el mayor boy-scout de la ficción comiquera sale a la luz mostrando todo su poder y su bondad. El supermalo Luthor tiene sus planes para hacerse riquísimo y Superman no parece tener intención de interponerse en su camino (está demasiado ocupado ligando), pero  como no quiere cabos sueltos, intenta acabar con él. Evidentemente, el kyptoniano más conocido se verá obligado a intervenir y chafará los planes del malo maloso. 

Aunque sus mastodónticos 160 minutos puedan parecer excesivos, el guión se encarga de llenar con brío y acierto los mismos, consiguiendo que el entretenimiento y la diversión afloren fácilmente. Cada pieza está en el sitio que debe estar y la maraña que compone funciona con pleno acierto para evadirte sin esfuerzos durante casi tres horas, que tiene su mérito. Eso sí, se nota que es una película de antes de los ochenta, ¡qué buen rollito con los buenos y que malvados son todos los malos! Las patilladas del guión son tan salvajes que no puedes evitar reírte. Cómo si no digerir el enamoramiento de Lois, la aparición de la Kryptonita (es de traca) o el WTF tan descomunal que es el final. SPOILER: Dar la vuelta a la Tierra para que gire al revés (¡) y así volver atrás en el tiempo (¡!) para salvar a Lois (OK) pasando del resto de muertos que ocasiona la inundación (¡!!). Oye, y de niño ni te lo cuestionas. Lo das como glorioso, aplaudes a Supermán (¡es el mejor!) y te quedas con una sonrisa de oreja a oreja.

En cuanto a los actores, sorprende encontrar a un Gene Hackman tan histriónico y pasado de página. No me esperaba ver a Lex Luthor convertido en un demente digno del Joker, pero vaya si le da empaque, no sabes por dónde demonios va a salir o que nueva animalada se le va a ocurrir. Por su lado, Christopher Reeve parece haber nacido para ser Superman, aportando la mezcla adecuada de candidez y pedantería para convertirse en el semi-dios volador que todos adoramos. Es inesperado ver su esfuerzo para hacerse querer a pesar de que el guión no leshace ningún favor. El resto del elenco cumple, sin más.

La mayor alegría me la he llevado con sus efectos especiales. Se nota que hay duros, mimos y el mayor despliegue tecnológico del momento. Mucho más redondos que los que veremos en las continuaciones posteriores. Son ingenuos, toscos y desprenden un candor tan ilusionado que es imposible no verlos con una sonrisa en los labios. En su impostura, se vuelve adorable. Cuando está volando, se hace tan obvio que es un truquito de cámara que consigue un efecto más intenso que el tope-realista CGi generated de Supermar Returns o El hombre de acero. Simplemente, mola. 

Y luego está mi compositor favorito de bandas sonoras. Junto con la de Rocky, Superman es la mejor canción para ponerte a escuchar en el gimnasio. Mola y te pone a tope, ¿qué más necesitas?

Es decididamente ingenua y entretenida. Los efectos especiales cantan más que una almeja, pero sorprenden para ser los setenta (sí, ya sé que Star Wars existía, pero estos van en otra onda). Se hace imposible ver este film sin una sonrisa condescendiente en los labios. Cualquier fan de los efectos especiales, de los superhéroes y de todo este mega monstruo Vengador de la actualidad debe de echar un ojo a este Superman, por todo lo que supuso y por todo lo que vino después. No tendríamos nada de lo que disfrutamos ahora si antes no hubiera estado Christopher Reeve y su hombre de acero.

Sí, el final desafía todas las leyes de la física, la lógica y la decencia, pero bueno…pecadillos veniales. Yo me lo he pasado en grande.

Nota: 6
Nota filmaffinity: 6.7