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domingo, 15 de marzo de 2026

Conoces a Joe Black

Esta vez no tocó ver una película de antena3 de domingo tarde en casa de mi suegra. La escogida fue otra cosa muy diferente.

Pues hete aquí que la Muerte se aburre y quiere conocer a los humanos a los que lleva al Más Allá. Así que escoge al potentado Anthony Hopkins, al que le quedan apenas unos días, para que le enseñe lo que significa ser humano. Cómo necesita un cuerpo, escoge el de Brad Pitt, porque ya puestos a escoger, te pillas el más guapo que hay disponible. Las cosas se complican cuando resulta que la Muerte se enamora de Claire Forlani, la hija del potentado cicerone.

Este mastodonte me ha descolocado de veras. No estoy seguro si intenta ser una comedia romántica muy retorcida, un thriller económico sobrenatural, una reflexión sobre el angst de los tiempos y el carpe díem o un vehículo para que tres buenos actores muestren su calidad. Quizás nada y todo es esto a la vez. La premisa de partida tiene su gracia y los tres protagonistas tienen carisma de sobra para echarse cualquier película a los hombros. Sin embargo, la película parece querer ir en cinco direcciones a la vez y se acaba hiriendo a sí misma.

Un análisis del guión nos arroja un galimatías que no se aclara ni en tono ni en intenciones. A grandes ratos se vuelve una película confusa, extraña, variando continuamente en tono, trama y objetivos de los personajes. A ello se le suma un sentido del ritmo más que cuestionable y un puñado de diálogos que no parecen ir a ninguna parte. Si Conoces a Joe Black fuera, no sé, 1h más corta, recortando tramas incoherentes y diálogos insulsos, probablemente daría lugar a un mejor resultado. Después de todo, los personajes no tienen por qué hablar reflexionando a cada palabra, intercalando silencios que añaden gravitas a cada frase, aunque sólo sea para decir que “me voy a hacer un café”. Que al final son 3h de mostrenco, oiga.

Por otro lado… ¡Qué guapo está Brad Pitt! La película consiste en retratarle desde el mejor lado, enseñar sus músculos y mostrar lo divertido, guapo y genial que es. ¡Cómo no va a enamorar a quién sea! Nunca le he visto tan maravillosamente encantador. Frente a él, Anthony Hopkins tiene carisma para parar un tren y llena la pantalla aunque se dedique a leer un contrato de arrendamiento. Finalmente, Claire Forlane despide dulzura y naturalidad en un papel más difícil que los de sus partenaires y lo solventa con acierto. Si la película puede verse sin sufrir cortes de digestión o tirar la televisión por la ventana es porque estos tres profesionales hacen bien su trabajo y mantienen el tinglado a base de carisma.

De hecho, la película es un remake de La muerte de vacaciones (1934). El planteamiento es similar, pero aquella aboga decididamente por ser una comedia romántica de la época. Se puede disfrutar por motivos de arqueología cinematográfica, pero se nota que tiene casi un siglo. En un sentido similar, el de la muerte explorando qué significa ser humano, mezclándose en la sociedad y empatizando en exceso con su gente, me viene a la cabeza El Segador, de Terry Pratchett, que hace un ejercicio similar, pero le queda mucho mejor.

Aquí hay el proyecto de lo que podría ser una película decente. Se observan mimbres de buenas ideas aquí y allá. Sin embargo, el desarrollo se sabotea a sí mismo continuamente y queda un pastiche eterno que ni siquiera tres actores carismáticos con ganas son capaces de hacer digerible.

 

Nota: 2

Nota filmaffinity: 6.3 

domingo, 17 de noviembre de 2024

Bullet Train

Ésta es una de esas películas que entran en la etiqueta de “el trailer me ha enamorao”. Fue verlo y saber que no me la iba a perder, aunque no tuviera mucha idea de qué iba.

Bullet train nos presenta a un Brad Pitt que es un asesino a sueldo con depresión que quiere retirarse. A regañadientes, acepta un último encargo que consiste en un simple robo en un tren bala japonés. Lo que no puede imaginar es que en ese mismo viaje van a confluir los intereses de un puñado de asesinos a sueldo (cada cual más zumbado), cada uno tienen su misión, pero estám no muy dispuestos a tolerar competencia en el mismo trayecto.

Pudiendo realizar un acercamiento más serio al tema, Bullet train apuesta con mucha fuerza por ser una comedia de acción disparatada que se ríe mucho de todos los tópicos del género. Sin tomarse a si misma en serio en ningún momento, se trata de una película diseñada como un espectáculo ligero, para no pensar demasiado y pasar dos agradables horitas en el sofá. Muy autoconsciente de sus payasadas, mezcla hábilmente coreografías bien molonas con chistacos de acuerdo desigual y situaciones ridículas que bordean la vergüenza ajena. Se mueve en el difícil límite entre la mamarrachada zumbada y el spoof movie, un “arte” que el director David Leicht ha cultivado con fruición, acumulando ya un puñado de propuestas de acción de primera (John Wick) o más mamarracha (Deadpool 2, Fall guy).



 Como alguien que hace nada que ha viajado en ellos, me hace mucha gracia reconocer las estaciones y el propio tren, que se han molestado en recrear “fielmente”. Asimismo, también se filtra mucho de la estética hortera del país nipón: estridente, con exceso de estímulos y adorablemente perturbadora. Esto último puede echar para atrás a algunos, pero todos los amantes del shonen disfrutarán al ver cómo coge incluso los tropos del género: Los letreros, los flashbacks, las diatribas en los momentos menos oportunos… Todo es inspiración.

Con la mente puesta muy claramente en las películas de Tarantino y Guy Ritchie, a los que homenajea quizás demasiado, me hace mucha gracia que la acción se sitúe en un tren bala japonés, aprovechando el escenario para generar un puñado de running gags internos muy graciosos que reconoces a la que hayas viajado unas cuantas veces en ellos.

Aunque el guión está repleto de patochadas, todo el elenco de actores está la mar de simpático, buena prueba de que se lo han pasado en grande rodando la película. Sí. Brad Pitt es el alfa y el omega del film y aguanta lo que le echen a base de carisma, pero no debemos olvidar el montón de secundarios que se pasan por el tren de modo más que resultón. Desde un irreconocible Joseph Gordon-Lewitt hasta una divertidisima Karen Fukuhara, pasando por un Bad Bunny que demuestra que no hace falta saber actuar para sacar adelante una escena.

Sorprende como todos están bien en medio de un cúmulo de tantas memeces. Entiendo que a muchos les puede irritar que gran parte del humor se base en debatir sobre cosas absurdas o en envites puramente lingüísticos, pero a mí se me hace descacharrante cada vez que una lucha a muerte se interrumpe porque a ambos les gustan los mismos dibujos animados y debatan sobre el tema treinta segundos antes de volverse a toñar como si no hubiera un mañana. La escena de la botella de agua me hizo casi caer del asiento, os lo aseguro.

Tiene el problema que se nota un poco estirada de más, con algunos quiebros que solamente están por estar, molándose un  poco demasiado a si mismo. Quizás 10-15 minutos menos le hubieran venido bien, simplemente recortando segunditos aquí y allá para que no se haga tan pesada a los que no gozan de la lluvia de tonterías que les cae encima. De la misma manera, no se puede obviar que la película se regodea demasiado en lo mucho que se mola a sí mismo, algo que tampoco casa bien con un guión que tiene poco sentido, avanzando porque sí en la mayoría de las veces.

Bullet Train es un divertimento veraniego de primera. David Leicht compone una comedia de acción repleta de buenas coreografías, chistacos que me encantan y un puñado de actores que se lo están pasando en grande. El argumento no acaba de tener mucho sentido, pero tanta tontería mola tanto que se le perdonan según qué cosas.

 

Nota: 7

Nota filmaffinity: 6.5 

sábado, 25 de abril de 2020

El club de la lucha


Hace un par de meses, la más joven de mis compañeras de trabajo (veintipocos) vino todo emocinada a la hora del café a ver la pedazo de película que habíamos visto, que teníamos que verla, que era antigua pero que no podíamos dejarla pasar. En cuanto nos dijo el título, todos los de mi quinta (ya de treintaytantos) dejamos salir una gran sonrisa y estuvimos completamente de acuerdo con ella. La pobre se quedó un poco chafada porque ella no había oído nunca hablar de ella y para nosotros era algo que pasaba de conocido.

La diferencia generacional podría ser la causante de que ella no supiera de esta propuesta, pues todo el que fuera adolescente tardío a finales de los noventa 99-00 sufrió el impacto de El club de la lucha, de enorme calado entre la chavalería de la época. Tal como sucedió con Trainspotting en la generación justo anterior, se trató de esas películas que TODOS (o casi) vimos en su momento atráidos por sus pretensiones contra-culturales, su espíritu incendiario, además de su extravagancia en la puesta en escena.

La película nos presenta a un narrador que tiene una vida aparentemente agradable. Tiene un trabajo fácil, gana un buen dinero y más allá de una pareja, no parece faltarle nada material. Sin embargo, vive cargado de neuras que le impiden dormir y llevar un día a día normal. Un día, conoce a un misterioso vendedor de jabones, Tyler Durden, que le muestra su particular modo de vida. Entre ambos crearán un “club de la lucha”, en la que hombres se citan para dejar salir toda la mierda que arrastran en su día a día. Al principio todo parece ir a mejor, pero luego la cosa se empieza a salir de madre. Mucho.


Desde el primer momento, la película se siente diferente: violencia muy explícita, sangre desbordante, un estilo muy cuidado y la sensación de que en todo momento te están contando algo que cambiará tu vida. Igual que ocurría con Trainspotting, lo tiene todo para llamar la atención, a lo que se suma un rabioso alegato para rebelarte contra el mundo porque… bueno, porque el mundo es una mierda.

Pero, ¿Quién era David Fincher en aquel momento? Cuatro años antes lo había petado a lo grande con Se7en, dejando claro ese chaval era alguien a tener en cuenta. Dos años después, The game dejó a todo el mundo con el culo torcido, demostrando una vez más que Fincher SABÍA qué hacer tras la cámara. Cuando se estrenó El club de la lucha, todo el mundo cinéfilo estaba expectante para ver qué nos tenía preparado. Ya sabíamos que manejaba bien el thriller, que era un tramposete, pero nadie podía esperar que nos narrara una “revolución” pseudo anarquista, llena de violencia y visceralidad, filmada con fuerza y buen tono, descolocando al espectador a cada segundo, intentando comprender qué demonios está ocurriendo.

El estupendo guión es aprovechado por tres protagonistas en estado de gracia, de los que Fincher saca incluso lo que no hay. Edward Norton sabe hacer como nadie de atontado que parece que tiene un plan pero no se entera de nada, además de desbordar carisma, mala leche y  musculitos. Brad Pitt nunca ha sido tan super-fucker como aquí, putoamismo a más no poder llevado al extremo, el epítome de lo que todo onvre quiere llegar a ser. Impresionante. ¿Alguien sabe de otra película que vaya tan sobrado como aquí? Y finalmente, Helana Bonham-Carter que borda (una vez más) el papel de chica pervertida // zumbada // con ínfulas de trascendencia.

 Otro de las cosas que todo el mundo conoce (o no) de El club de la lucha es el famoso final que te deja el culo roto y te obliga a volver a ver la película. Lo curioso es que a diferencia de lo habitual (pongamos El sexto sentido como ejemplo), ese giro no ocurre cuando faltan 5 minutos, sino que, una vez lo conoces quedan 40 minutos buenos de película, que dejan al protagonista tan perdido como al espectador, intentando entender el alcance de una conspiración que le supera. Y cuando parecía todo aclarado, volvemos otra vez, acabando con un giro final del giro final todavía más enorme y molón, lo que refuerza todavía más la dualidad conseguida entre el patetismo del Narrador y el carisma de Tyler.

La película marco la vida de toda una generación (especialmente en el mundo anglosajón), a la que se le vendió que cuando crecieran serían jugadores de la NBA, ricachones a lo Bill Gates o cantantes de profundo éxito como Kurt Cobain; que luego acabaron como parguelas en compañías gigantescas en los que eran apenas números, trabajando en empleos que nos soportaban para comprar cosas que no necesitaban (Trainspotting, ¿mande?). Mientras que la obra de Danny Boyle tiraba por el fuck the system a base de chutarse de todo como modo de rebelión, aquí tenemos una exaltación desnortada de la masculinidad juntada con una revolución anarquista con la idea de despertar a las mentes adormecidas. Me encanta como entra en contradicciones al cargar contra el consumismo y las convenciones mientras tienes a Durden como un ser de pura chapa y pintura superficial. Pero bueno, esto no implica que la película mole un puñado y parte de otro.


Una de las cosas que más gracia me hace es que la película se mofa del onvre super-macho –alfa, ridiculizándolo a cotas bastante considerables. Sin embargo, también es una de las películas emblema de este tipo de sub-seres, que parecen incapaces de comprender la ironía que esconden las escenas de Fincher. Tal como ocurre con Cartman o con la reciente propuesta del Joker (un ejemplo más patrio sería Mauricio Colmenero, que me sorprendía al encontrarme gente que no captaba que se realizara una parodia torrentil del tropo), personajes que están para mostrar que los malnacidos son malos, no ensalzarlos.

El club de la lucha es una de las películas que marca de manera indefectible a toda una generación. Esto ya es de per-se algo a tener en cuenta. Además, es un thriller lleno de momentos molones, presto a sacudirte las tripas en un viaje absorbente de dos horas que todo el mundo adora por primera vez (y muchos adoran todavía más en una segunda vuelta). Un gran director que sabe pegarte al asiento, con una puesta en escena novedosa e impactante, un guión tremendamente agudo y unos actores en estado de gracia. En resumen: grande, muy grande.

Nota: 9
Nota filmaffinity: 8.1

viernes, 4 de mayo de 2012

Quemar después de leer


Cuando los Coen, que ya son bastante absurdos de por si, deciden ponerse idiotas pueden parir cosas como ésta. Difícil de coger y aburrida en algunos momentos, pero con otros simplemente grandiosos.

Un analista de la C.I.A. de poca monta, su mujer exigente, el amante de esta, un vividor y varios trabajadores de un gimnasio consiguen armar un lío de lo más absurdo gracias a unas simples hojas de papel guardadas en un CD-ROM. Con estas pautas, los hermanos Coen vuelven al trabajo desde la cima de Hollywood. Una comedia idiota pero en el buen sentido.

Parece como una vuelta a los orígenes de la pareja. Vuelve la comedia absurda pero ahora con estrellas de Hollywood, que queda más molón. Está película la hicieron justo después de No es país para viejos, como si fuera una especie de “terapia de relax” de artista. Se puede entender entonces que el resultado sea algo más ligero y flojo, aunque desprenda mucha frescura.

ACTORES: Tener a Pitt, Malkovich, Clooney y Swinton para hacer una comedia chorra no tiene precio. Malkovich excesivo e histriónico -a odiar o amar, depende del momento-. Pitt dando una envidia enorme. Con 40 años y haciendo de veinteañero. Los otros dos, destilando realismo en una comedia con una factura esperpéntica por todos lados. Si la película puede llegar a sostenerse, es justo por esas ganas autoparódicas que tienen todos, lo que provoca una frescura muy adecuada para soportar los pesados cuarenta minutos iniciales.

DIRECTOR: Si algo saben hacer los Coen es crear personajes muy reales a partir de retazos inconexos, y aquí lo siguen haciendo. Aunque, quizás para alejarse de la seriedad de No es país para viejos, en esta película se dedican a hacer una chorrada bien grande. Cada personaje y cada escena es un puro esperpento y crea un conjunto al que es difícil coger sentido. Por momentos, parece más una película rodada con los amiguetes que un proyecto con cara y ojos -pero cuando tienes amiguetes de esa talla… pues queda bien-. Planos vertiginosos y diálogos fulgurantes seguidos con una arritmia bastante incómoda en la primera parte. Se crea una maraña de interconexiones que deduces que tendrá algun tipo de sentido, pero que no aparece por ningún lado durante los primeros 45 minutos. Sin embargo, a partir de la visita de Pitt a casa de Cox, la espiral tejida se desata y deja unos minutos finales sublimes en medio de tanto esperpento. Lástima de esa parte inicial, porque los Coen tienen talento a raudales -y se ve reflejado-, pero me han dejado un poco a medias. 

GUIÓN: Es verdad que la película es un tanto irregular, con un ritmo irregular e incomprensible en la 1ª parte, pero mientras lo estás viendo, sabes, intuyes -o deseas- que todo va a encajar al final, como así sucede, porque todas las piezas que parecían incoherentes al principio, toman sentido al final, como ejemplo: las veces que Clooney dice que a pesar de su trabajo no sabe y no ha tenido que utilizar una pistola (y lo que pasa). Un guión gratuitamente complejo y enrevesado -demasiado quizás- pero con un remate final espectacular. El broche de oro es la conversación final en la oficina de la CIA, que es genial, divertida, absurda, surrealista como la película en sí misma.

La película no deja de ser una irregular comedia de enredo, con espías, unos actorazos de por medio y con dos monstruos tras la cámara. Habrá momentos en los que os aburráis de cojones, pero los quince minutos finales son brutalmente descacharrantes.

Nota: 5
Nota filmaffinity: 6.5

lunes, 26 de marzo de 2012

Malditos bastardos


Tarantino es todo un bastardo. Que jodío el tío.

La película nos cuenta que durante la IIGM se crea un escuadrón de judíos cazadores de nazis que tiene aterrados a los soldados alemanes. Descubren la posibilidad de matar a Goebbels en el estreno de una película y van a por ello, pasando por encima de todo y de todos. Mientras tanto, Shosanna, que ha visto como los alemanes matbaan a toda su familia, trama su venganza contra el ministro de propaganda. Los dos planes, unidos en su despropósito, colisionan en un atentado en que la propia vida de Hitler peligra.

Parece que el director más excéntrico e inclasificable de Hollywood le ha dado por el cine bélico. Mm… ¿Bélico? ¿Seguro que es bélico? La primera hora de película está salida de un western de John Ford con algunas escenas de spaghetti-western, situado en la IIGM y con el humor gore y salvaje de Quentin. Luego, la cosa sigue sin ser bélica, ya que, aunque esté Hitler por medio, se mantiene con un pie en el thriller y otro en la comedia absurda y disparatada. Hace tiempo ya que Tarantino ha demostrado que le gusta romper moldes. Por si sus diálogos extraños, eternos e impagables, su gusto por la violencia desmedida desternillante y su original sentido estético al construir las escenas fuera algo ya común, parece que se está dedicando a jugar a mezclar géneros y a transgredir las normas que se usan para hacer películas. Coge la historia, hace con ella lo que le da la gana ¡Y encima le sale bien!

La película empieza con una escena en una cabaña que dura veinte minutos. Un diálogo totalmente teatral, realizado en tres idiomas -los juegos de lenguas tienen mucha importancia a lo largo de la película. VEDLA EN VOSE- que te deja con el culo pegado al asiento. Luego, tienes una hora de western para desembocar en el inicio de una historia de espías que concluye con un diálogo de veinte minutos en un bar francés que, aunque no añade nada a la historia, está lleno de una tensión y unos diálogos impagables. Tanto el Akinator como el desenfunde pistoleril Made in Tarantino son…No diría al alcance de muy pocos, porque nadie es tan estúpido, loco y genial para rodar una escena innecesaria tan bien como él. Toda la hora final de desenlace en el cine es un despropósito delirante y deliberado. Tiene poco sentido, se le va la castaña y manda la historia a tomar viento, ¿y qué? ¿Acaso esperabas que este hombre fuera a hacer algo normal?

Entre todos estos juegos -y su típica división por capítulos- encontramos una cantidad enorme de referencias cinéfilas: El discurso inicial de Aldo casi salido de una película de John Huston, la caza de cabelleras, la presencia de Winnetow y King Kong, Brad Pitt imitando a Marlon Brando, el psicópata que sólo quiere leche, el cine como unión de culturas (mas o menos) y el lírico final tan pasado de vueltas son cosas difíciles de ver juntas en una película que no sea de este hombre.

Finalmente, pero no por ello menos importante, el degenerado villano Hans Landa destaca sobre todas las cosas. En una actuación memorable, Christopher Waltz compone a un malvado cazador de judíos que roba cada escena en la que aparece. Consigue que su personaje sea inteligente y efectivo, desprendiendo un aura de depravación y locura difíciles de olvidar. Es capaz de ponernos los huevos de corbata en una escena y sacarnos una carcajada en la siguiente frase. Es que es genial hasta haciendo algo tan simple como comerse un pastel con nata... El resto del elenco no lo hace nada mal, con un Brad Pitt autoparódico muy estimable, pero ninguno a la altura de Christopher Waltz y su delirante Landa.

El particular estilo de Quentin puede desagradar. La película muestra poco respeto por la tragedia de la IIGM, realizando casi una película de género y no pseudohistórica. Se mea y desternilla en los hechos históricos y se pega gustazo tras gustazo cada cual más fantasma. Ofende, mucho y con ganas, y convierte la IIGM en un videojuego. Pero técnicamente es magistral, cada escena está trabajadísima y cada canción muy bien escogida. Tarantino nos ha regalado (mas bien, se ha autorregalado) una obra a la altura de Reservoir Dogs y Kill Bill en cuanto a calidad. Muy grande, en cualquier caso.

Nota: 8
Nota filmaffinity: 7.7

Nominada a mejor película, director, guión, montaje, sonido y se llevó el Oscar a actor secundario (Waltz). La calidad de Tarantino se ve reflejada en la cantidad de nominaciones. Y un Waltz inconmensurable que se lleva un merecido Oscar.

miércoles, 11 de enero de 2012

El curioso caso de Benjamin Button


Esta película fue nominada a un montón de Oscars aunque apenas se llevó unos pocos. Inicialmente me daba toda la impresión de que iba a ser un dramón de pañuelo, pero me encontré una película muy diferente a lo esperado. Hablo de “El curioso caso de Benjamin Button”.

La película nos cuenta toda la vida de Benjamin Button, un hombre que nació con una peculiaridad: Nació viejo y, en vez de hacerse viejo y morir, se hace cada vez más joven. Este hecho le impide vivir como una persona normal y se ve obligado a estar siempre apartado y solo. Contemplamos la ordinaria historia de un hombre no tan ordinario, la gente que encuentra en su camino y de la que se despide, sus amores, alegrías y tristezas…

Partiendo de una premisa inusual -un hombre que nace viejo y va rejuveneciendo hasta desaparecer- Fincher nos cuenta una historia muy normal sobre una persona anónima que sirve como un bonito y emotivo canto a la vida. A pesar de que el punto de partida es ciertamente inusual y da pie a un par de reflexiones interesantes, la historia no puede ser menos anodina. Tiene mucho menos enjundia que Forrest Gump y por momentos es una mala mezcla de Big Fish y Amèlie, contándonos la biografia de alguien que no tiene nada de especial con una particularidad que no es “tanta” (su vida no es muy diferente de la del resto de los mortales). Al final son 3 horas de una historia anodina que no tiene nada de particular. A primera vista, no parece más que un soporífero engendro que se hace eterno, pero sorprendentemente, la película tiene su punto interesante, por varias razones.

1) ACTORES: Tienes dos actores en estado de gracia. Tanto Pitt como Blanchett hacen buenos sus inverosímiles personajes y se cargan la película a sus espaldas, consiguiendo hacer suya una pesadez de historia, lo que provoca que acabe siendo incluso interesante. Con otros actores, la cosa se habría resentido lo suyo, estoy seguro.
Sólo una cuestión, ambos hacen a los mismos personajes a lo largo de los “años” que pasan en la historia. Para ello se hace un uso y un abuso del ordenador “maquillando” al actor y haciéndole tener la edad que debe tener en la historia. ¿Por qué a ellos se les acepta y a Serkis se le expulsa de la lucha por mejor actor por que “hay ordenador en su actuación”? Supongo que pasará como con Tron (se la excluyó del Oscar a efectos especiales por estar hechos por ordenador, cuando ahora nadie concibe hacerlos sin ello).

2) DIRECTOR: También tienes a uno de los jóvenes directores de más talento de Hollywood. Fincher diseña la película de una manera formalmente milimétrica, parte de un guión perfectamente estructurado (con resortes clásicos de guionista profesional y sus puntadas) con la introspección adecuada que pide el tema. Cada escena es un ejemplo del manejo de los tiempos y de cómo contar una historia para que sea interesante. La ambientación es perfecta, el maquillaje es soberbio, los efectos especiales están introducidos con una sutilidad magistral… Técnicamente, es fabulosa.

3) GUIÓN: Tener un guión con un desarrollo muy claro y estructurado y perfectamente seguible ayuda mucho a que la película gane en calidad, aunque lo que cuentes esté totalmente visto y re-visto. Formalmente es impecable, todo un ejemplo de cómo se debe contar una historia. Todas las frases y los diálogos, cada escena… está cuidado al detalle, trazado con un pulso de delineante y una precisión de relojero. Otra cosa es que se acuerde de que la historia también debe ser interesante.

Mi petición es que ese talento se use otra vez para contar algo que tenga un mínimo de interés. Y es que el planteamiento de la película y su desarrollo invitan a contemplar un peñazo soporífero de tres horas, candidato sin duda a ser lanzado a toda velocidad hacia la basura, como cualquier copia barata de Forrest Gump. Pero si algo sabe hacer Fincher es contar una historia. Dirige magistralmente a sus actores y consigue transformar lo que sería un truño de proporciones épicas en una película fascinante y disfrutable. Normal que se llevara un montón de nominaciones, pues es ciertamente notable en todos los aspectos. Sin embargo, la nimiedad de su historia le impide llegar a una mayor trascendencia.

Nota: 7
Nota filmaffinity: 7.3