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miércoles, 18 de diciembre de 2019

Tomorrowland


Cuando vi el tráiler de Tomorrowland me dije que por nada en el mundo me perdería esta película. Mi apéndice no tenía la misma opinión y se complicó la cosa, así que me pasé un par de semanas en el hospital. Cuando salí, la película había cosechado críticas tan horribles y to estaba en un estado tan deplorable que decidí que quizás era mejor idea dejarla pasar. Finalmente la película apareció por ahí y se vio.

Tomorrowland se basa libremente en la atracción de los parques Disney del mismo nombre. Considerando el rendimiento que le sacaron a Piratas del Caribe, de mismo origen, se podía entender que quisieran repetir el exitazo.

En este caso, Tomorrowland es una especie de dimensión paralela donde las mentes más brillantes de nuestro mundo son trasladadas para crear la sociedad perfecta. Cuando la joven Cassey aparece allí, lo que debería ser un paraíso se ha convertido en una ciudad marchita, que verá en ella su última oportunidad para prosperar, convirtiéndose en el centro de una lucha por su influencia.

Realmente Disney se esfuerza mucho para que la película funcione. Saca a Brad Bird de Pixar y le da un chorrón de dinero para que cree una maravilla. Sin embargo, parece que nadie se acuerda en que la base suele ser tener un buen guión, porque todo se emburulla de mala manera y echa por tierra el estupendo trabajo del resto de departamentos. Es una pena porque la película es, visualmente, un prodigio de viveza, un canto a la imaginación y una total invitación a soñar con toneladas de guiños escondidos y detalles en pantalla con los que perderse, disfrutando al encontrar, en un segundo visionado, todo lo que el director ha pensado para ti.

El diseño de producción es esplendoroso. Basándose en la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia y añadiendo toneladas de CGI, tenemos un prodigio visual que debió ser apabullante de ver en la pantalla grande (si ya impresiona con mi televisioncita…). No es sólo la propia ciudad de Tomorrowland que desborda exuberancia, es cada uno de los detalles del “mundo real” que denota un buen saber hacer a la hora de ser captado con las cámaras. Los miles de gadgets en movimiento de la tienda friki o las propias instalaciones de la NASA son buena prueba de ello.

Con ello en mente, sorprende una dejadez tan grande en el guión, que no crea la mínima tensión narrativa para que nos importe qué ocurre, se salta explicaciones necesarias y se entretiene en otras, te presenta a un antagonista que lo es porque ha decidido ser malo (y punto), no mantiene la coherencia de los personajes y para terminar te da un desenlace que no tiene sentido con lo que has visto previamente.

Encima se ve lastrada por la dejadez de los dos protagonistas masculinos. Hugh Laurie repite el papel de House en un trabajo que deja claro que no estaba muy interesado en el proyecto y George Clooney no parece sentirse muy cómodo al actuar delante de pantalla verde y está todo el rato mirando a dónde no toca. Se agradece su esfuerzo, así como el de Brit Robertson, que hace lo que puede con lo que el guión da a su personaje. Mucho más destacable el trabajo de Raffey Cassidy, cuya Athena capta las miradas cada vez que aparece en un papel muy raro. Me hace mucha gracia como consigue mantener cierta tensión sexual con el personaje de Clooney a pesar de la evidente imposibilidad de que según qué cosas se muestren (muy explicado dentro de la historia, que conste)

Me invade cierta desazón al comprobar como una imaginería tan rica, tan admirable, con un descomunal trabajo para darle forma, se desaprovecha descuidando tanto otros aspectos del proyecto. Esta película podría haber dado mucho más de sí a la que hubiera tenido un guión minimamente a la altura. Al final, tenemos un Minority report para todos los públicos, a modo de las películas de ciencia ficción buen rollera de los años cincuenta que se estampó cosa mala en las taquillas (y mira que su tráiler molaba mil). Para Disney supuso que una esperada gran entrada de dinero no se produjera. Finalmente consiguió compensar su presupuesto, pero su fracaso comercial provocó que durante los siguientes 18 meses se cancelaran muchos proyectos interesantes, como la serie que se estaba produciendo sobre TRON (que me hubiera gustado mucho ver convertida en realidad).,


Se me antoja difícil calibrar o recomendar esta película: Sus puntos fuertes son espectaculares y denotan un gran buen hacer. Todo lo malo es grotescamente horrendo. Desigual, muy ñoña para los adultos y demasiado complicada para los más pequeñas, se pierde en cabriolas extrañas que acaban aburriendo, echando por tierra todos los aspectos interesantes que pudiera tener. En este caso, los defectos pueden más.

Nota: 3
Nota filmaffinity: 5.6

lunes, 1 de enero de 2018

Batman y Robin

Si bien ya hemos visitado el horterismo del cómic en Flash Gordon, la espectacular insistencia en atentar contra el buen gusto y su incapacidad para ser autoconsciente de ello mientras despilfarraban un buen puñado de millones hace merecedor a Batman y Robin para aparecer dentro de este blog.


Supongo que primero debo aclarar que le tengo mucho cariño a la figura del héroe del murciélago. No en vano, el Batman de Tim Burton es la primera película que tengo consciencia de haber ido a ver al cine. De (muy) pequeño era un gran fan del Batman de Adam West y, por lo que cuentan mis padres, me puse TAN pesado con la peliculita que no tuvieron más remedio que llevarme. Pero bueno, al final me pasé media hora preguntando cuando salía Batman y luego no me gustó nada. Algunos años más tarde, no entendí apenas nada de Batman Returns pero me fascinó como pocas. Adolescente fui fiel a mi cita con Batman Forever, que revisito de vez en cuando como un placer culpable. Sin embargo, todavía recuerdo el cabreo con el que salí de ver Batman y Robin  en el cine. Creo que nunca había salido tan rebotado de una película y, desde entonces, no quise volver a acercarme a ella. Ni con un palo.

Este especial me ha servido como una oportunidad de exorcizar unos cuantos fantasmas, especialmente al darme cuenta de que la película de Joel Schumacher no es más que una adaptación super-vitaminada y super-mineralizada de la serie de los años sesenta: Acción de risa, malos que lo son sin motivo, gadgets bat-micos gratuitos, diálogos de besugos… ¡Lo único que le falta son los interludios con las onomatopeyas! Como en un capítulo cualquiera, B&R se embuten en trajes feos y tienen que enfrentarse al plan maligno de los malvados de turno que visten todavía peor que ellos. La única diferencia es que dura cien y no veinte minutos.


Hay películas que empiezan bien y luego se van hundiendo poco a poco, pero B&R empieza mal desde el principio, con una secuencia mostrando con todo detalle el relieve de los culos de las armaduras, los pezones en torsos hipermusculosos (de caucho) y un pobre George Clooney que no es capaz de moverse con la capucha puesta. Evidentemente, luego no remonta lo más mínimo, con una sucesión de escenas cada cual más avergonzante (el Comisario Gordon que parece salido de Agárralo como puedas, la Dark Visa de Batman, la creación de Poison Ivy y de ¿BANE? … y bueno, no sigo que esto es un no parar) para superarse todavía más encadenando unos treinta minutos finales de sucesos sin sentido que conducen a un final porque patata.

Sin embargo, B&R es una película que intenta molar. Mucho. Los guionistas han embutido la cinta con detalles destinados a captar la atención de los jóvenes del momento (finales de los noventa): Carreras clandestinas, adolescentes (aunque tengan 30) malotes, rebeldía contra la autoridad, féminas de armas tomar expertas en informática y un sinfín de comentarios pretendidamente graciosos para mostrar lo condenadamente molones que son todos los personajes. ¿realmente hacía falta que cada comentario de Mr. Frío tenga algo que ver con el hielo y cada uno de Poison Ivy sea “vegetativo”? Ni recordaba que eso que aparece por ahí era Bane y todo. Personajes molones convertidos en lamentables patanes, seres bufones y huecos que dan más rabia que otra cosa.


Evidentemente, con tantos elementos poochistas que se quedan desfasados al instante, el guión de la película se convierte en algo inexistente. Hay unos buenos, unos malos que aprietan fuerte los puñitos y ya, no hay espacio para más. ¿Tiene algún sentido meter a Batgirl más allá de tener una chica en el grupo?

Probablemente conscientes del engendro en que están participando, sus actores parecen entrar en una competición para ver quién hace su trabajo peor. Destacarían por su enconado esfuerzo los jóvenes Chris O’Donell y Alicia Silverstone, que no son capaces ni de gesticular como el más novato participante de una película porno. Clooney, Chuache, Thurman… ¡por lo menos parece que son capaces de sonreír y todo!
Pocas propuestas se han esforzado tanto por mostrar una Gotham tan exagerada e histriónica. Desde sus gigantescas estatuas imposibles, los trajes pezonales, sus punkarras malosísisimos, sus partidos de hockey o sus esbirros pasando frío porque… B&R recuerda en mucho a Flash Gordon, totalmente devorada en sustancia por sus intentos de molar. En él estriba, el único motivo por el que visionar este engendro. Tanta desmesura es meritoria.



Sin embargo, este regodeo no despide el encanto de la fantasía ochentera. Esta ingenuidad no tiene cabida a finales de los noventa, resultando en una película completamente fallida, rematando por muchos años una franquicia que no gozaba de muy buena salud. Recomendaría no verla, a menos que sea exactamente lo que queráis ver por razones que vosotros entendáis.

Npta: 1
Nota filmaffinity: 3.6

PD: Cuando Alicia Silverstone se presenta como “Batgirl”, Clooney le responde que eso no es políticamente correcto, que debería ser “Batpersona” o “Batmujer”. Estoy seguro de que intenta ser un chiste. ¿Alguien me puede explicar el sentido?

Publicada previamente en Cinéfagos AQUI


lunes, 25 de abril de 2016

¡Ave, César!



Porque los hermanos Coen… bueno, ¡son los hermanos Coen ! Porque el cine de los hermanos Coen es un poco como la tortilla de mi madre: Puede explicar la receta, pero nadie consigue copiar el resultado. Es fácil reconocer ese tono tan particular, el incómodo sentido del ritmo que manejan y los diálogos repletos de esa extraña mezcla de sagacidad y absurdez.  Cada vez que llega una nueva película de estos locos, sobre todo cuando se dirigen hacia la comedia salvaje, es un acontecimiento que se cuela directo en la mayoría de salas sin pasar por casilla de salida y los espectadores se lanzan en masa sin saber, siquiera, qué es lo que van a ver.

Con los Coen, sin embargo, es conveniente saber qué te vas a encontrar. Las expectativas y la disposición mental para ver Valor de Ley o No es país para viejos no tiene mucho que ver con la de Oh Brother! o Quemar después de leer. ¡Ave César! Pertenece a estas últimas. Una comedia alocada situada en los años 50, los años dorados de Hollywood en los que tenían poder sobre todo y sobre todos. En el corazón de un gran estudio se suceden las superproducciones que emplean a miles de personas, cuya gestión se convierte en un infierno. Por suerte para los estudios, Eddie Mannix (un Josh Brolin con mucha clase) es el encargado de manejar todos los imprevistos que se suceden: la mayor estrella de un péplum (George Clooney) es secuestrada por los comunistas, la beldad de la época (Scarlett Johansson) está embarazada de alguien poco recomendable, al mandamás de los estudios se le ha metido en mente convertir a un héroe de acción (Alden Ehrenreich) en un actor, para desesperación de su director (Ralph Fiennes), mientras que las reinas de la prensa del corazón local (Tinda Swinton x2) hacen lo que pueden por conseguir una exclusiva.

El caos campa a sus anchas en esta comedia absurda que rememora la inconexa estructura narrativa de El Gran Lebowski. Realmente, la película no va de nada más que retratar, con toneladas de mala leche, el modo de vida de los estudios del momento. Detalles y anécdotas de la época convergen en un mix absurdo en el que casi ningún personaje tiene más de tres minutos de pantalla (algo que recuerda a los pantagruélicos elencos de Wes Anderson).

No dudo de la veracidad del mordaz retrato de los estudios Hollywoodienses. Cualquiera bien informado sabrá que estas cosas pasaban. Quizás no tenían la imposibilidad absurda que le dan los Coen, pero como las meigas, haberlas haylas. Sin embargo, da la sensación de que han querido meter tantas cosas que la película acaba convirtiéndose en un engendro disperso en el que la calidad de los chistes no es tal como para sostenerla de per se. Encuentro escenas, incluso, en que reconozco dónde está el supuesto chiste, el detalle que me debería hacer gracia pero al que… no le encuentro el sentido. Es allí, se ve el mecanismo, pero luego no entiendo la gracia. Estoy seguro de que,  en mi ignorancia, me estoy perdiendo un puñado de guiños y chistes y que me faltan el 80% de referencias. Pero si a mí me faltan, no quiero pensar en alguien menos versado en estas lides. Simplemente no se enterará de qué ocurre, o qué es de lo que se debe reír. Y así mal vamos.

I'm da boss here!
No obstante, los Coen son los Coen. Su puesta en escena es marca de la casa y no desentona en ningún momento. Una a una, cada escena es impecable. Cuando conectas con el gag, el resultado es desternillante. La discusión teológica de algunas autoridades religiosas cuando se reúnen con la productora para ver si el film que van a estrenar representa a Jesús de Nazaret de forma idónea está rematada como sólo unos pocos pueden hacer. El hecho que el conjunto no tenga mucho sentido o que la mitad de chistes no tengan gracia es otra cuestión, claro. Se hace difícil hilvanar este puñado de sketches sin la ayuda de una historia, que en este caso es prácticamente inexistente, asaltando al espectador desprevenido con un compendio de chorradas sin sentido y un relato que parece no llevar a ninguna parte, por lo que es muy fácil que el interés caiga en picado, perdiendo al público irremediablemente.

Cuando los Coen se ponen chorras pierden el sentido de la realidad, tal como me ocurrió en Quemar después de leer, incluso me acaban desagradando a la que empiezan a fallar los tiros. Disfruto mucho más cuando se van por el lado negro. ¡Ave César! Es desigual y desconcertante. No sabes a qué atenerte con esta película. Una estrambótica y atípica macedonia cuyos ingredientes individuales, no por ello, dejan de poder saborearse –pues cada una de sus partes está muy bien realizada- si eres lo suficientemente valiente (o suicida) para ello.

Nota: 2
Nota filmaffinity: 5.4

lunes, 22 de febrero de 2016

Tres Reyes



En esas noches que apetece una peli pero no hay inspiración suelo acabar rebuscando en el depósito de películas grabadas “para después” (para casi nunca). En este caso acaba apareciendo esta antigualla que recordaba como chorrada simpática donde salía el Clooney. La puse y no veáis la sorpresa al ver que estaba dirigida por David O. Rusell. Se empieza a entender mejor como se ha reunido tamaño compendio de excentricidades en una cosa parecida a un argumento coherente.

El planteamiento es simple: Justo en los últimos días de la Guerra del Golfo, unos soldados descubren la ubicación del tesoro secreto de Sadam Hussein. Tentados por la codicia, decidirán desertar y lanzarse a su búsqueda por un territorio supuestamente en paz pero donde la violencia se vive a flor de piel. Los imprevistos los obligarán a replantearse sus ideales y tomar decisiones que no hubieran esperado tener que realizar.

El planteamiento es simple, pero el desarrollo se complica cosa mala. Desde un primer momento juega a ser gamberra (más pose que verdadero gamberrismo), mezclando el esperpento con el drama ético, la denuncia política, la acción militar patriotera y una posición anti-militarista. El poti-poti es de los gordos. Las pretensiones de la propuesta son descomunales, mezclando agua con aceite sin ayuda de una composición o un argumento que colabore para coagular. Se palpa la pretensión de alardear. Es obvio que Rusell busca hacer ostentación de su calidad y el resultado es sin duda irregular, pues escenas ciertamente brillantes se suceden de otras que dan vergüenza ajena. Sí, hay talento en la puesta en escena, pero no siempre se usa con tino.

Mientras la ves, vas notando que tiene sus cosas buenas, pero que hay algo que no cuadra. No tienes tiempo de pararte a pensar sobre ello ya que el montaje es exageradamente frenético. De aquí para allá con mil cosas pasando continuamente, moviéndose de la comedia absurda a la tragedia sin tiempo para respirar, incluso con unos cuantos gags de humor negrísimo en medio de un tiroteo clásico. Sorprendente. También causa sorpresa la metamorfosis en el tono y las motivaciones de los protagonistas: de pasar de ser unos cerdos egoístas en busca de dinero fácil a no poder evitar verse implicados por los abusos de los soldados de Sadam para con su pueblo (ante la pasividad total del gobierno yanqui, claro está). La denuncia y el juego de empatías están muy bien tirados, aunque el final excesivamente patriotero acabe estropeando un poco el resultado. El problema es que han entrado demasiadas cosas en la batidora, demasiados ingredientes que luchan por su parcela de gloria e incomodan al espectador.

No obstante, el trabajo actoral es de primera –bueno, tampoco es que estén muy exigidos-, con un grupito algo cabroncete que transmite mucha química y que, seguro, se lo han pasado en grande rodando este engendrillo. George Clooney, Ice Cube, Mark Wahlberg… están disfrutando con su trabajo, lo que aporta mucha frescura al conjunto y genera cierta complicidad, consiguiendo incluso que te caigan bien un puñado de ladrones egoístas sin humanidad.

En resumen, Tres Reyes, tiene cosas buenas, cosas muy buenas. Unas cuantas puyas llenas de agudeza se complementan con un trabajo actoral muy fresco, al que hay que añadir una puesta en escena muy personal y llamatica. Sin embargo, el conjunto se ve lastrados por una clara indefinición de género que confunde tonos y provoca situaciones mal resueltas. Rusell quiere meter demasiados aromas en la coctelera y todo espectador encontrará algún ingrediente que le agrie la mezcla. Es un fastidio, ya que la inspiración no da para paliar las discordancias entre tanta grandilocuencia. No obstante, la química entre los actores y el esperpento general dan para empezar el visionado con energía y provocan que luego, pasado un tiempo, se recuerde con simpatía.

Nota: 5
Nota filmaffinity: 6.0

domingo, 3 de noviembre de 2013

Gravity



Gravity. Cuarón vuelve a ponerse tras la cámara después de sus Hijos de los hombres. Escenas impactantes y angustiosas y una sensación de vacío en el espacio. La cosa promete. Sala de cine llena, pantalla gigante y 3D a muerte. Lo mejor para un gran espectáculo visual que comienza.

Un accidente durante una operación rutinaria en el Hubble deja al teniente Kowalsky y a la doctora Stone a la deriva en el espacio, sin más protección que sus trajes espaciales. A partir de ese momento empezará una lucha contrarreloj para llegar a “tierra” en el lugar más inhóspito para la vida: El vacío del Universo.


La vertiginosa puesta en escena capta bien la épica rutina del astronauta. Movimientos cadenciosos, sensación de peligro dormido, etérea ingravidez... Todo condensado en un larguísimo plano-secuencia inicial que, técnicamente, impresiona... La toma de contacto es apabullante. Hasta ahí bien. A partir de aquí…

ACTORES: Vale, Sandra Bullock haciendo de Sandra Bullock y George Clooney haciendo de George Clooney. No se tienen que esforzar lo más mínimo. Aunque bueno, la película tampoco va de eso.

DIRECTOR: Cuarón aprendió lo que era la cámara virtual en Harry Potter y ha decidido llevarla a un nuevo límite.  Avatar ha sido la referente de lo que es abusar  bien de lo que puede dar de sí el 3D y ésta no se queda precisamente atrás. Muchas escenas son simplemente apabullantes. Puro caviar para los ojos. La sensación de vacío, angustia y desamparo es brutal. El uso del silencio, el ruido y la música complementa las maravillosas imágenes con que Cuarón nos deleita. El movimiento de cámara da una sensación de realismo que deja anodadado, especialmente dentro de las naves. Efectos especiales, fotografía, música… deja boquiabierto. Sólo Avatar  o Tron han tenido este poderío visual, y ninguna de las dos lo usa de una manera tan poética. Uno de los must see en el cine más claro que he visto nunca.
Además, Cuarón nos obliga a estar más de ochenta minutos en tensión, no hay momento de respiro ni tranquilidad. La sucesión de problema/solución va a una velocidad brutal y te deja pegado al asiento cosa mala.


GUIÓN: Es de estas cosas que no se entienden. A ver, cómo, habiendo trabajado TANTO el aspecto visual, descuidas de una manera tan bestia la historia. El desarrollo de los personajes es nulo. Se supone que en una situación tan crítica se debe empatizar con los protagonistas, cosa que no ocurre. La verdad me importaba bastante poco lo que le pasara a Sandra Bullock, estaba demasiado anestesiado por la majestuosidad de que pasaba ante mis ojos como para preocuparme lo más mínimo de lo que les ocurría a esos que iban dando saltitos por la pantalla. Realmente es una pena que no se profundice más en los personajes, las frases que dicen son tan monótonas que las hemos oído mil veces. El 'trauma' familiar de la Bullock no aporta nada, ni tampoco aporta nada el gesto de 'heroicidad' con el que Clooney se sacrifica. Ni emociona la 'foto familiar' que el tercer astronauta deja flotando al morir. Estos recursos actúan como carteles luminosos para que, de una manera torpe “recordemos” que hay un personaje por ahí.
Las patadas a la física tampoco ayudan, aunque el brutal ritmo al que Cuarón te somete no te deja respirar y te impide reflexionar sobre ello. Bien pensado por su parte, esto de llevarte a un tren tan bestia que solo puedas pegarte al asiento, abrumado.


A Alfonso Cuarón deberían darle el Óscar YA por haber conseguido sacar una  cinta tan
espectacular a partir de un guión de chichinabo, que no es algo tan común. Otro cosa diré: se merece el éxito que está cosechando, pero no durará, porque esta película sin el 3D no tiene nada de especial, esa es la triste realidad.

Nota: 6
Nota filmaffinity: 8.0 (alaaaa… cuando llegue a las pantallas de casa, esto bajará en picado, sin duda).