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sábado, 9 de noviembre de 2019

1997, Rescate en Nueva York


Un prisionero, Serpiente Plissken, debe rescatar al presiente, pues el avion en el que iba se ha estrellado en pleno Manhattan. El peligro acecha, pues la otrora próspera isla se ha convertido en una prisión gigante en la que se hacinan 3 millones de convictos, los cuales se enfrentan en una eterna guerra de bandas. El caos reina dentro de este escenario apocalíptico. Serpiente tiene sólo 24horas para traer al presidente consigo y así desactivar las mini-bombas que le han sido implantadas en el cuerpo.

1997, rescate en Nueva York se inicia con una voz en off que describe el declive del estado, con un crecimiento exponencial de la criminalidad. En menos de diez minutos, todos los elementos narrativos están en su sítio. Plissken, un magnífico anti-héroe, evoca las figuras legendarias del Western. Mejor, simboliza una especie de retornado, alejado de todo, un fantasma de otra época. Por ello, todos no paran de recordarle « Te creía muerto ». Carpenter juega con los clichés del cowboy solitario y cínico. Utiliza un género, el de la intriga, para darle una vuelta de tuerca y proveernos de un Western moderno. En él, errantes en una tierra de nadie desesperada y violenta, en la que toda traza de humanidad se ha perdido, el héroe no tiene ideales y no salvan más a la viuda y al huérfano. Sólo le interesa su propia pial.

Kurt Russell presta su físico atlético, su rostro impasible y su melena rebelde al mítico Serpiente Plissken, icono absoluto del cine de acción. Una elección llena de polémica en su momento, pues a finales de los setenta Russell había sido una de las primeras estrellas del « club Disney », ocupando gran cantidad de las carpetas de las adolescentes. Su elección sorprendió a propios y extraños,  pero obtiene su explicación en la amistad que unía al actor con el entonces primerizo director, además de la voluntad de alejarse de la imagen de chico bueno que arrastraba hasta entonces.


Treintaipico años después de su creación, ha sido saqueado y copiado hasta sus mínimos detalles por al menos dos generaciones de novatos hollywodienses, es buen momento para volver a esta película, una bomba nuclear nihilista y hortera, con una atmósfera clásica pero con decidido estilo. Carpenter también se ocupa de una banda sonora repleta de sintetizadores eléctricos y de un montaje que se aleja de los blockbusters habituales, para darnos una acción mucho más seca de lo que estamos acostumbrados.

Intentemos entender de dónde venía Carpenter. Hasta aquel momento nos había dado una estupenda película de acción que nadie había visto, una película de terror que había reventado todas las taquillas y un intento de clon que no había salido del todo mal. Por primera vez tenía un presupuesto “decente” (tampoco nos pasemos) y, sobretodo, libertad para hacer lo que quisiera.

Esta libertad se tradujo en una película muy diferente. A partir de un guión mínimo, forja un film lleno de acción seca y contundente, sin coreografías acrobáticas o efectos especiales molones, sólo contundencia y mala leche. A ello le une gusto por el esperpento, una estética muy hortera y ningún tipo de vergüenza. Se debate entre la acción seria y la autoparodia más descarada, tal como haría años después en la lisérgica Golpe en la pequeña china.

Pero bueno, centrémonos en Solid Snake Serpiente Plissken. Es el mejor héroe que se haya visto en pantalla con detalles de cómic, de western pulp, aventura futurista y patriotismo descerebrado. Este héroe de la tercera guerra mundial, legendario dentro de los bajos fondos (“creía que estabas muerto”), no se enrola por sentido del deber ni por defender el bien, sino por un simple chantaje. No obstante, está más que dispuesto a cumplir con su palabra, deteniéndose únicamente a ayudar a aquellos que le pueden ser útiles en su empresa. Ignora entonces a desvalidas víctimas, pasa de hacer aquellas acciones que esperaríamos de un héroe y se muestra tan (pero tan) por encima de la situación que se hace imposible no adroarle. Camiseta imperio, barba de tres días, un tatuaje serpentil que empieza en ale espalda y acaba en la…Kurt Russell da vida a este personaje imposible y consigue hacerlo inolvidable. Si esta película es recordada más de 30 años después es por Serpiente Plissken, influyendo en toda la recua de anti-héroes que aparecieron durante los siguientes decenios y sirviendo de inspiración para el personaje principal de la saga Metal Gear.

Hagamos también una pequeña mención aparte para Lee Van Cleef, el eterno malvado de las películas del oeste, que tiene un papel muy en su línea, reforzando la idea sobre el tipo de género que tenemos en realidad.


Recuerdo haber visto esta película cuando era pequeño, tiempos aquellos en que sólo flipaba sin tener ni idea de qué estaba viendo. Durante años me pregunté cuál era esa película del prota con parche en el ojo, pero bueno, eran otros tiempos. Mi mente hizo click al estrenarse su mejorable secuela, 2013, Rescate en L.A.., permitiéndome recuperar esta joyita en el videoclub.

Puedo imaginar que cualquier jovencito que vea hoy la película se reirá viendo el horterismo extremo que desprende, incapaz de apreciar la artesanía de las escenas de acción o la gracia de las frases lapidarias gratuitas que no dejan de soltarse los personajes. No obstante, estoy seguro de que cualquiera que la viera en su momento la recuerda con cierto cariño.

Por mi parte, debo decir que se trata de una película que funciona con lo que quiere ser. Presenta una historia tan improbable como molona, una dirección clásica a cargo de un director con buen gusto, acción cuidada y un evidente sentido del humor que mezcla la parodia, el esperpento y el homenaje cinéfilo con gracia. La serie B de los ochenta en estado puro.

Nota: 6
Nota filmaffinity: 6.1

Y qué decir de las lámparas de araña del coche del Duque... Lo dicho, delirio ochentero de principio a fin!!

domingo, 17 de junio de 2018

Golpe en la pequeña China


Después de las anteriores películas, nos vinimos arriba y quisimos acabar con la fantasmada más gorda posible. Echamos un repasito a Kung Fury y después atacamos el engendro más divertido de John Carpenter, uno de mis más queridos placeres culpables.

John Carpenter tiene una imaginación malsana para generar malrollo y se nota que disfruta incomodando al espectador, pero en el fondo siempre ha sido un cachondo. A diferencia de otros creadores del terrorífico (Cronenberg, te estoy mirando a ti. No, no me mires tu a mí), Carpenter tiene claro que sus películas no están para remover consciencias, sino simplemente ser disfrutables. Y es lo que viene hoy en el especial: un gozoso entretenimiento en el que cualquier cosa es posible.

Golpe en la pequeña China es una película de acción, una película de mafias y artes marciales orientales, pero también una comedia, una película de fantasía y una de superhéroes. Todo juntito y revuelto en 90 minutos sin descanso. Si un incauto espectador acomete su visionado conocerá a Jack Burton, el héroe más patético (y fardón) de los ochenta en un locurón que llevará la capacidad de sorpresa del espectador hasta el infinito y más allá.

Lo que empieza con un simple secuestro por parte de las tríadas Chinas se convierte en un desmelene en el que dioses bajan del cielo deslizándose por rayos, el protagonista es el sidekick, un wookie pasea por ahí (vencido de una patada en la entrepierna), engendros del Caos hacen las veces de walkie-talkies y un sucedáneo de Emperador Ming tiene un fetichismo muy curioso por los ojos verdes. Todo ello, claro, sin olvidar añadir a la coctelera su dosis de tiros, patadas voladoras, explosiones místicas y profecías milenarias.   

Lo más curioso es que para la Fox, ésta tenía que ser una película “seria”, de gran presupuesto, producida siguiendo la ola de películas de aventuras que aparecieron tras Indiana Jones. El proyecto sufrió mil cambios, que además se vio obligado a acelerar el proyecto para no coincidir en el estreno de El chico de oro, que contaba con Eddie Murphy en su mejor época (su proyecto equivalente de la Paramount, a la postre mucho más exitoso).

Como Carpenter había cosechado (merecida) fama por ser capaz de rodar películas a tiempo récord, los productores le encargaron que sacara adelante el proyecto. Esto provocó además una nueva reescritura de guión, con el consiguiente retraso adicional (entre otras cosas, se movió el marco temporal del Oeste a la actualidad y se convirtió a Jack Burton en el personaje bufonesco que conocemos). Al final, el proyecto tenía que estar terminado en cuatro meses.   Por si fuera poco, los complicados efectos especiales (aunque ahora se vean con cierta ternura) impedían rodar en escenarios reales, por lo que todo tenía que construirse, lo que obviamente disparó el presupuesto hasta unos desmesurados 25 millones de dólares.


A pesar de hallarse metido en éste percal, Carpenter tuvo la suerte de tener manos libres para hacer prácticamente lo que quiso. Por ello, Golpe en la pequeña China se transformó en una película que derrocha carisma, distinta a cualquier cosa que pudieras esperar.  El horterismo ochentero desborda por doquier (no puedo evitar pensar en sus particulares secuaces o esas escaleras mecánicas llenas de neones), haciéndola perfectamente merecedora de haber aparecido en nuestro especial de brilli brilli. Incluso su banda sonora es tremendamente característica, compuesta a base de sintetizador ochentero a cargo del propio Carpenter, alejándose de cualquier tópico oriental que podría hacerla más anodina.

Obviamente, los productores no entendieron qué producto les había sido entregado y lo vendieron entre mal y peor, con su consecuente estampada en las taquillas y la confusión total del público que se atrevió a pasar por el cine a verla. El batacazo fue bestial (en todos los sentidos). Sin embargo, los años han tratado bien a esta película: es una distintiva cinta de aventuras llena de frescura y buen rollito, cutre sin ningún complejo y ciertamente distintiva y original.

Mención aparte habría que hacer al personaje de Kurt Russell, fantasmón y fanfarrón donde los haya, dejando a Jonny Bravo a la altura de un simple aprendiz, pero al mismo tiempo atontado y encantador, entusiasmado de protagonizar una aventura que no lidera. Es un desastre, es imbécil… pero es adorable. ¡Qué diferencia con Snake Plisken de unos años atrás!



Finalmente, no podemos sino admirar la sacada de cipote que realiza su creador al mostrarnos una de las muertes más inolvidables de la gran pantalla. Tanto por el momento de máxima tensión como por su capacidad de grabársenos en el alma. Ya supongo que sabéis de cuál hablo, ¿no? Aquí la tenéis para que volváis a disfrutar de ella. Divertíos:



Este delirio no puede sino quererse. Golpe en la pequeña china es una cachondidad, descuidada y estrambótica que no puede sino disfrutarse a la que te pille con el ánimo adecuado. Especialmente si se hace en compañía de amiguetes, unas cervezas y la idea de pasar noventa minutos divertidísimos. La de veces que se la he puesto algún despistado, disfrutando de las exclamaciones de ¡pero qué pasa! (Jack Burton dixit) que acaban soltando con esta bastardada. De las mejores películas malas que te puedes encontrar.

Nota:
Jack Burton Dice…
Nota filmaffinity: 6.4

jueves, 1 de marzo de 2018

Guardianes de la Galaxia: Vol. 2


Creo que Guardianes de la Galaxia pilló por sorpresa a todo el mundo. De la nada (ejem ejem) salió una space opera que abusaba con maestría de la nostalgia ochentera, mezclaba bien el buen rollito con algo de gamberrismo carismático y unos efectos especiales muy resultones en un diseño original y colorido. Su argumento era la cosa más simple, pero funcionaba y convirtió en un exitazo la que muchos esperaban como el primer tortazo de Marvel Studios desde el Boom Vengadores.  Realmente, tenía muchas ganitas de que llegara la segunda parte. Ni que fuera para echar unas risas sin sentido ^^

Esta segunda parte nos sitúa a los Guardianes convertidos en unos mercenarios de éxito que ya empiezan a ser conocidos por la galaxia. La aparición del padre de Star-Lord pondrá luz a sus misteriosos orígenes, embarcando al  grupo de granujas de buen corazón en otra de sus delirantes aventuras en las que se pone en juego el destino del Universo.

¿Y cómo he salido? Muy contento. La película es un despiporre de risas, chorradas y zaranganadas buen rolleras. GoG2 es, y quiere ser, una comedia de acción por todo lo alto como hay pocas en el cine. Sin embargo, se parece TANTO a su predecesora que no puedo evitar una ligera sensación de déjà vu que no me acaba de satisfacer, algo parecido a como ocurría en Vengadores:La era de Ultrón.

Pero bueno, decir que una película es, simplemente, divertidísima, no es algo precisamente malo. La cantidad de animaladas que no deberían funcionar pero funcionan es descomunal. Empezando por Kurt Russell //David Hasselhof desbocado y un Chris Pratt que es el puto amo, provocando las risas a base de puro carisma.

A su alrededor, toneladas de efectos especials muy bien metidos (Mapache Cohete, Groot, el planeta final…) que se complementan con el diseño tan feliciano con que funciona todo en este Universo y las canciones tan cachondas y bien escogidas que pululan por ahí.

Evidentemente, como la lógica se manda a tomar viento desde el primer momento, las coreografías dan un juego descomunal, con bastardadas que juegan a superarse a sí mismas para ver cuál es la más gorda, con las consiguientes risas aseguradas. James Gunn ha tomado buena nota de qué proporcionaba diversión y se asegura de meterlo  en grandes cantidades en un Vol. 2 que tiene tanto o más estilo que su predecesora. Lo dicho, una fiesta.
No me puedo olvidar de dar un achuchón al personaje de Yondu, mis felicitaciones a Michael Rooker por dar vida a un cabroncete con tanta clase como éste. Roba (con lo dificil que es) cada escena en la que aparece, en la que te quedas embobado a la espera de ver la siguiente animalada con la que se sobra. Un servidor se ha descojonado con sus bastardadas.

Debe quedar claro que la película me ha encantado. Guardianes de la Galaxia Vol. 2 proporciona dos horas de diversión pura con todas las de la ley. Sin embargo, hay un par de detallitos que me escaman: la escena en que todos los personajes se alinean en pose molona y la cámara gira a su alrededor para mostrarnos toda su grandeza se repite como diez veces a lo largo de la película, diferentes escenarios, pero misma pose y mismo giro de cámara (un poco de abuso, ¿no?); la otra cosa que me escama es que a todos los personajes les sale un traumita de la nada (que echan de menos a sus padres), lo que provoca un par de líos estúpidos hasta que los superan y todos vuelven a ser tan amigos, proceso que se repite con todo el elenco (un poco de abuso, ¿no?).


Al final, hay que decir que el mayor problema que tiene Guardianes de la Galaxia Vol. 2 es que es “sólo” divertidísima. En esta entrega el proyecto funciona como un tiro, es un producto gamberro, autoparódico y lleno de personalidad por parte del director, que seguro hará disfrutar al que disfrutó de la primera parte. Sin embargo, me deja la sensación de que será muy dificil que vuelva a funcionar así de bien si no se hacen más cambios. A ver si estos de Marvel me vuelven a sorprender :)

Nota: 7
Nota filmaffinity: 6.8

martes, 15 de marzo de 2016

Los odiosos Ocho



A raíz del Código Hays, allá por los años treinta, la tradición de los films de “género malvado” en Hollywood es la de utilizar el cine de esparcimiento para subvertir la moral de las mentes bien pensantes. Bajo su impronta de farsa sádica y grotesca, el cine de Tarantino es mucho más incisivo de lo que parece, lo que se hace aún más evidente en su último film. Tal como ha hecho Scorsese, en sus últimas realizaciones ha aprovechado para atacar los fundamentos de la nación americana, remarcando (con estilo) la hipocresía de sus valores, mostrando con detalle la violencia y la crueldad a través de las que el país se ha construido, un país racista, sexista y brutal, donde todo empieza con una oración y acaba con un ajusticiamiento, siempre bajo la mirada venerable y bienintencionada de Abraham Lincoln.


Ésta no es una película de Tarantino como cualquier otra, más bien es una película de Tarantino como todas las otras a la vez. Es una síntesis particularmente sabrosa de lo que debe ser una película de la madurez de un creador. Presenta un compendio de personajes digno de Pulp Fiction, pero encerrados como si estuvieran en Reservoir Dogs, es excesiva como Django desencadenado y tiene un refinamiento estilístico que recuerda a Malditos Bastardos… incluso le permite a Samuel L. Jackson un monólogo a la altura del Ezequiel 25.

Si el título original de The hateful eight evoca The magnificent seven, la pandilla de Los Odiosos ocho no tienen la misma capacidad de redención que los siete mercenarios comandado por Yul Brynner y Steve McQueen. La obertura del film, amplia y lúgubre, magnifica la música de Morricone, las montañas cubiertas de nieve inmaculada, donde se descubre, poco a poco, los contornos de un Cristo crucificado, una blanca página fúnebre que nos prepara para esta historia sanguinaria que empieza con la llegada de una diligencia y el título de un primer capítulo que promete emociones: “Última parada antes de Red Rock”.

La diligencia tiene por pasajeros a John Ruth (Kurt Rusell), un cazador de recomensas y a su cautiva Daisy Domergue (Jennifer Jason Leigh). Conocido por sus inquebrantables principios, Ruth tiene intención de entregar a su cautiva con vida para que sea colgada por la justicia (lo que dará lugar a un puñado de buenos diálogos comparando las virtudes de un ahorcamiento formal y una ejecución sumaria a tiros, más banal y mezquina, pero que ahorra las molestias del transporte…). En su camino se cruza Marquis Warren (Samuel L. Jackson), también cazador de primas y poseedor de una carta firmada por el propio Abraham Lincoln. Chris Mannix (Walton Goggins), un renegado sudista y próximo sheriff the Red Rock se unirá al grupo mientras que la ventisca, a lo lejos, gana en intensidad. Es el momento de hacer escala en un pequeño refugio de montaña. Curiosamente, la dueña no está en ella, y en su lugar se encuentran cuatro extraños… Mientras que las penumbras y la nieve caen sobre nuestros ocho malnacidos, no sabemos cuál (o cuáles) de ellos guarda cuentas pendientes con los demás…


Todos los malnacidos que pueblan el refugio son feos, brutales y desagradables, pero bueno, es Tarantino, qué esperabais. Para esta película se ha rodeado de un puñado de grandes nombres que realizan un trabajo estupendo y convierten al monstruo en un placer. Mención especial a Jennifer-Jason Leigh que sobresale de un elenco de nombres que hacen de esta obra de teatro magnificada un entretenimiento indudable. También querría destacar a Walton Goggins, cuyo Sheriff estúpido pero inteligente sorprende por su complejidad. Sobre los protagonsitas, Kurt Russell y Samuel L. Jackson, no creo que sea necesario decir nada. Ya les conocemos y son la caña.

No hay ninguna duda de que no es por azar o capricho que Tarantino haya confiado la confección de la banda sonora original a Ennio Morricone, el compositor de Érase una vez, y miles de westerns grabados en nuestros recuerdos.  El último trabajo del creador es ciertamente esplendoroso, sirviendo de excusa para reparar el daño causado y darle, por fin, un Oscar por su trabajo al eterno Morricone.

Como sabemos, las películas de Tarantino son puro onanismo y pedantería. Es un ombiliguista que hace lo que le sale del potorro y no le importa nada lo que nadie piense. Es él quién debe quedar contento con su película, no el público. Evidentemente, esto da lugar a descontentos que no siempre entienden o están de acuerdo con las decisiones que toma. No es algo que le importe, claro, pero el cine vive del espectador y sus excentricidades afectan a la respuesta del público. Por algo es un director que no deja a nadie indiferente.  En este caso, Los ocho odiosos contiene todo lo bueno de Tarantino y yo me lo he pasado de coña con la película, pero también es desmedidamente violenta y a buen seguro los más débiles de estómago deberán apartar la mirada en más de una ocasión. Además, encuentro que esta obra de teatro filmada (¿ya era necesario tanto empecinamiento con la forma de grabar?) está alargada en exceso y recortando un par de escenas y flashbacks (esa felación nevada gratuita…) habría quedado una película más eficaz y fácil de digerir. 



A pesar de su innegable violencia, la acción de Los ocho odiosos está muy restringida. Tarantino se dedica a acumular tensión, dejar que la vena del cuello de los personajes se hinche hasta reventar en estallidos de violencia sin par. Me resulta curioso compararla con la acción de Wanted (que acabo de ver). Ambas son odas al exceso sin sentido con mucho estilo, pero se nota la maestría en la composición de escenas. Los Odiosos consiguen mucha más efectividad con muchos menos fuegos artificiales. Qué diferencia. Qué bien pone la cámara el maldito Tarantino…

Aun con sus excesos, Los ocho odiosos constituye una sucesión de escenas bien tiradas que culminan en un colofón de los que te dejan bien a gusto. Es verdad que Tarantino podría haber hecho un esfuerzo para hacerla menos espesa, pero eso no me impide haberla disfrutado con ganas.  Este hombre siempre sabe como divertirme y la película es decididamente suya. Si eres de su cuerda, te lo pasarás en grande. Si no… mejor no te acerques (como siempre en este hombre).

Nota: 7
Nota filmaffinity: 7.4

lunes, 22 de febrero de 2016

Tres Reyes



En esas noches que apetece una peli pero no hay inspiración suelo acabar rebuscando en el depósito de películas grabadas “para después” (para casi nunca). En este caso acaba apareciendo esta antigualla que recordaba como chorrada simpática donde salía el Clooney. La puse y no veáis la sorpresa al ver que estaba dirigida por David O. Rusell. Se empieza a entender mejor como se ha reunido tamaño compendio de excentricidades en una cosa parecida a un argumento coherente.

El planteamiento es simple: Justo en los últimos días de la Guerra del Golfo, unos soldados descubren la ubicación del tesoro secreto de Sadam Hussein. Tentados por la codicia, decidirán desertar y lanzarse a su búsqueda por un territorio supuestamente en paz pero donde la violencia se vive a flor de piel. Los imprevistos los obligarán a replantearse sus ideales y tomar decisiones que no hubieran esperado tener que realizar.

El planteamiento es simple, pero el desarrollo se complica cosa mala. Desde un primer momento juega a ser gamberra (más pose que verdadero gamberrismo), mezclando el esperpento con el drama ético, la denuncia política, la acción militar patriotera y una posición anti-militarista. El poti-poti es de los gordos. Las pretensiones de la propuesta son descomunales, mezclando agua con aceite sin ayuda de una composición o un argumento que colabore para coagular. Se palpa la pretensión de alardear. Es obvio que Rusell busca hacer ostentación de su calidad y el resultado es sin duda irregular, pues escenas ciertamente brillantes se suceden de otras que dan vergüenza ajena. Sí, hay talento en la puesta en escena, pero no siempre se usa con tino.

Mientras la ves, vas notando que tiene sus cosas buenas, pero que hay algo que no cuadra. No tienes tiempo de pararte a pensar sobre ello ya que el montaje es exageradamente frenético. De aquí para allá con mil cosas pasando continuamente, moviéndose de la comedia absurda a la tragedia sin tiempo para respirar, incluso con unos cuantos gags de humor negrísimo en medio de un tiroteo clásico. Sorprendente. También causa sorpresa la metamorfosis en el tono y las motivaciones de los protagonistas: de pasar de ser unos cerdos egoístas en busca de dinero fácil a no poder evitar verse implicados por los abusos de los soldados de Sadam para con su pueblo (ante la pasividad total del gobierno yanqui, claro está). La denuncia y el juego de empatías están muy bien tirados, aunque el final excesivamente patriotero acabe estropeando un poco el resultado. El problema es que han entrado demasiadas cosas en la batidora, demasiados ingredientes que luchan por su parcela de gloria e incomodan al espectador.

No obstante, el trabajo actoral es de primera –bueno, tampoco es que estén muy exigidos-, con un grupito algo cabroncete que transmite mucha química y que, seguro, se lo han pasado en grande rodando este engendrillo. George Clooney, Ice Cube, Mark Wahlberg… están disfrutando con su trabajo, lo que aporta mucha frescura al conjunto y genera cierta complicidad, consiguiendo incluso que te caigan bien un puñado de ladrones egoístas sin humanidad.

En resumen, Tres Reyes, tiene cosas buenas, cosas muy buenas. Unas cuantas puyas llenas de agudeza se complementan con un trabajo actoral muy fresco, al que hay que añadir una puesta en escena muy personal y llamatica. Sin embargo, el conjunto se ve lastrados por una clara indefinición de género que confunde tonos y provoca situaciones mal resueltas. Rusell quiere meter demasiados aromas en la coctelera y todo espectador encontrará algún ingrediente que le agrie la mezcla. Es un fastidio, ya que la inspiración no da para paliar las discordancias entre tanta grandilocuencia. No obstante, la química entre los actores y el esperpento general dan para empezar el visionado con energía y provocan que luego, pasado un tiempo, se recuerde con simpatía.

Nota: 5
Nota filmaffinity: 6.0

domingo, 6 de abril de 2014

La gran estafa americana



A algunas películas les llueven las nominaciones y al final no se lleva nada. Ésta es una de esas “agraciadas”, y, aprovechando que estaba granizando pues es buena idea hacer una visita al cine y disfrutar de estos grandes actores.

Irvin se ha criado a sí mismo a partir de la estafa y la pretensión, pero atrae la atención de un agente del FBI que, en vez de encarcelarlo, decide usarlo como puente para llegar a los peces gordos de la estafa neoyorkina. Las implicaciones de la mafia y de senadores locales harán que el timo se vuelva mucho más peligroso e inestable.

ACTORES: David O. Rusell ya se ha hecho un nombre dentro de Hollywood precisamente por su gran talento para dirigir actores. Ahí es donde reside el verdadero potencial de esta cinta. Como buen director de orquesta, Rusell conoce bien los puntos fuertes de los que goza y los explota. Es decir, aprovecha el reparto coral del que dispone y hace creíbles historias que, sin ser nada del otro mundo, se convierten en narraciones más que notables. Christian Bale, Amy Adams, Jennifer Lawrence e incluso Bradley Cooper se ven engrandecidos y realizan soberbias actuaciones. No en vano colocó a sus cuatro grandes dentro de la carrera de los Oscars (aunque  se fueran de vacío).

DIRECTOR: A pesar de su gran dirección de actores, las películas de Rusell siempre se han caracterizado por cierta falta de alma. En este caso nos intenta arrastrar por una alocada ruleta de traiciones, timos y estafas que sí, están muy bien estructuradas y entrelazadas, pero que no nos invitan a involucrarnos y disfrutar de la película. El ritmo al que se nos mueve es excesivamente parsimonioso e invita al sueño más que al disfrute. No obstante, esta ruleta es preciosa y destacable, con una ambientación espectacular, un diseño de vestuario muy trabajado y una banda sonora repleta de clásicos. O lo que es lo mismo, envuelve muy bien una historia muy bien trazada pero que no es capaz de generar el más mínimo interés.

GUIÓN: Es extraño porque normalmente, cuando una película tiene una trama compleja, que exige atención del espectador, con diálogos brillantes y unas buenas actuaciones, suele convertirse en altamente interesante. Pero este no produce más que aburrimiento. Sientes que estás viendo algo con calidad, pues todo en ella es bueno, pero el conjunto no tiene nada de atractivo o que pueda captar tu atención por sí mismo.

David O. Rusell ha cogido a los mejores actores de sus últimas dos películas, ha rescatado un guión que había quedado en el olvido y ha rodado un conjunto con mucha fuerza y empaque. Si la veis, id con la mentalidad de querer entreteneros y ver a unos actores que lo dan todo y más. Y ya. Porque a la película le falta algo para llegar. Hacía tiempo que no veía tanta gente durmiendo en la sala. Por algo será.

Nota: 5
Nota filmaffinity: 6.6