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jueves, 10 de diciembre de 2020

Jungla de Cristal: La venganza

En casa de la suegra es donde se suelen ver las películas de domingo tarde de antena3 (es lo que hay), pero una vez me dejaron poner lo que quisiera dentro de las posibliidades, y tuve la suerte de ver a mi héroe favorito: John McClain.

Después de dos películas encerradas en diferentes Junglas de Cristal, aquí salimos por fin de edificios para estar en la Jungla Urbana de Nueva York. Un nuevo super-terrorista está sembrando el pánico por las calles de la ciudad y reclama la vuelta de John McClain a la primera línea de fuego para putearle de manera especial en una suerte de Simón dice con muy mala idea. Por estas cosas que pasan, se le une Samuel L. Jackson como side-kick, dedicándose a lo que mejor sabe: molar.

Y es que de eso va la película, de molar. John McClain ya no es un hombre, es un mito. A pesar de su camiseta Imperio y de su sufrimiento a lo largo de la película (bien destrozado que acaba), ya no es el policía cualquiera que se ha metido en un lío que le viene grande. Existe por y para sus chascarrillos, para tener su dosis de momentazo y realizar escena de acción molona tras escena de acción molona. Empieza a convertirse en ese ser sobrehumano que sí veremos en las últimas películas, tan pasadas de página que te tienes que tomar a chufla completa.

Todos los trazos argumentales que vimos en las dos entregas anteriores parecen no existir, como si no se tratara del mismo personaje principal. Además, el esquema de funcionamiento no tiene apenas nada que ver. Pero ¿y qué? Cuando consigues que la película funcione tan estupendamente, ¿acaso importa? Aquí está la mayor de sus virtudes. El continuismo de Alerta Roja funcionó en su contra, pero el público no hubiera aceptado este cambio de paradigma si no le hubieses proporcionado un buen espectáculo.

Para estar a la altura del mito de La Jungla de Cristal, necesitas que todo esté en su punto.

Primero tienes un trío principal que desprende una química brutal: el canijo de oro de los 90 (Bruce Willis // John McClain), un tío que ha basado su carrera en molar (Samuel L. Jackson // Zeus) y, finalmente, uno de los pocos malos de cine que están a la altura de Alan Rickman (Jeremy Irons // Simon). Cada escena entre ellos parece una lucha para ver quién tiene más carisma. Y no digo intentar ser el más chulo del barrio, no. Simplemente, son la caña.

Además, McTiernan es bien consciente de lo que funcionó unos años antes y, desde la dirección, dota a la película de un ritmo vivísimo en el que siempre están pasando cosas muy diferentes. Mezcla con sorprendente efectividad persecuciones imposibles, tiroteos de diverso pelaje y puzles con los que pararse a pensar, todo ello en una ensalada en la que la tensión y la emoción se mantienen en altísimos niveles durante todo el metraje, consiguiendo que te pegues al asiento y sus dos horitas se ventilen en un plumazo.

No sólo es que pasen muchas cosas, sino que la acción destila un savoir-faire artesanal muy bien encontrado, constituyendo lecciones de como filmar la acción casi en continuo, con el toque espectacular y, sobretodo, variado que pide la película en cada momento.

El asunto se complementa con un guión muy bien trazado en el que los diálogos están repletos de frases lapidarias para todos, comentarios pasados de rosca y chascarrillos descojonantes que aciertan continuamente, conformando un conjunto que desprende sarcasmo y mala leche por todos lados.


Así pues, lo tiene todo para entretener, con ingredientes de primera que funcionan como un tiro: las escenas de acción, una trama que avanza a todo ritmo, los actores que se gustan en su salsa, tiros, explosiones, giritos de guión que no se olvidan y emoción bien entendida.

Uno de los mejores ejemplos de película palomitera y entretenida por todos los poros. Ideal para pasar un buen rato sin importar si la has visto antes o no.

 

Nota: 10

Nota filmaffinity: 6.9 

viernes, 10 de abril de 2020

Capitana Marvel

Y de película Marvel a película Marvel y tiro porque me toca. Se nota que ésta no es Black Panther, ya que se toma mucho menos en serio a sí  misma, siendo la peli más Dragon Ball que le recuerdo a Marvel.

Cómo a este personaje no nos lo habían presentado antes, tenemos su historia de origen. Capitana Marvel es el equivalente a Superman dentro de la competencia: lanza rayos, superfuerza, vuela, etc etc. Es una de las principales fuerzas dentro de la guerra Kree-Skrull de los cómics, por lo que yo esperaba ver toneladas de epicidad, y lo que tenemos es una película ambientada en los noventa sobre cómo Cpt. Marvel conoce a Nick Furia, con un malo maloso por ahí, unos skrulls por allá, tortazos salidos de Spencer&Hill y chistes con desigual efecto.

Quizás es por comparación con Black Panther, pero Capitana Marvel queda en un lugar bastante inferior. Además de tener una historia todavía más floja, tiene probablemente uno de los peores diseños de imaginería de la fase, con una banda sonora bastante olvidable, amén de un malo ridículo (un Jude Law histriónico a más no poder, que está continuamente pensando en la chequera)  y unos Skrull que bien podrían haber salido en un capítulo cualquiera de Farscape o Babylon5.

Los efectos especiales no pasan de cumplidores, con una estética delirantemente hortera en la que se nota demasiado el ordenador, especialmente en los rejuvenecimientos digitales, que dejan una sensación bastante extraña (No puedo mirar a Coulson sin estremecerme). Además, la excusa de usar a un personaje casi invulnerable les permite hacer una de las películas más infantiles de toda la franquicia. Lucha a base de rayos, con lo que las peleas son más sucesiones de kame-hames, transformaciones en super-sayan y más rayitos, con menos gracia que la que veíamos en héroes “similares” como Dr. Extraño.

Sin embargo, el hecho de que la película sea de una (obvia) inferior calidad de lo habitual en la franquicia no impide que siga siendo decididamente entretenida, tomando decisiones inusuales que funcionan estupendamente y marcándose un par de gags de primera calidad (los referentes al gato, por ejemplo).

Sus dos actores principales se toman la propuesta en serio, destacando por la química entre ambos. Brie Larson parece haber nacido para ser la Capitana Marvel y se sale poniendo caras de “mira cuánto molo”. Por su parte, no vamos a hablar ahora de Samuel L. Jackson como Nick Furia dentro del MCU. Aquí se nota que se lo pasa en grande haciendo el idiota sin medida.

La ambientación de la Tierra situada en los 90 (se agradece dejar un poco atrás los 80 :p) está bien conseguida, con multitud de guiños a todas las cositas Marvel y esos Vengadores que están por venir en el futuro.

Me gusta que la película se sienta feminista sin ser ello como motor de la película: No hay una aburrida e insípida historia de amor para contentar a los productores, sus personajes femeninos están bien construidos, sin el maniqueísmo que podemos ver en otras muchas producciones preconstruidas, especialmente Carol, que es compleja, divertida, simpática, algo arrogante, gruñona, y en definitiva, un montón de cosas que los personajes femeninos del cine blockbuster no suelen poder ser.



Aunque destilan cartón-piedra y me sorprende verlos convertidos en extraños boy-scouts, me alegro que no se haya usado a los Skrulls como Chitauris-2. Además, me gusta la valentía de empezar con un desmadre delirante en el espacio para regresar luego a la Tierra y acabar de una manera mucho más mundana. Esto antes hubiera costado mucho que entrara.

Evidentemente resulta imposible no emocionarse con el emotivo y merecidísimo homenaje inicial. Se trataba de la primera película sin Stan Lee y no se puede sino darle gracias por todo.

No voy a entrar en el tema de las polémicas, haterismos varios y estas cositas. Hoy no me apetece ^^. Aunque sólo por ver rabiar a según quienes ya tuvo su gracia.


Quizás es por el hecho de acabar de ver una película del mismo género bastante más sólida, pero he acabado algo decepcionado con Capitana Marvel. Es un entretenimiento bien conseguido, pero más tonto de lo habitual (y mira que hablamos del MCU), con peores efectos especiales y peor acción. Destaca por su par de actores que se lo toman en serio, y su humor, que funciona MUY bien unas cuantas veces a lo a lo largo de la película. No sé si es que no sabían bien como introducir el personaje o qué hacer con él (no olvidemos que sufrió dos cambios de fechas), pero presenta buenas ideas no especialmente bien desarrolladas.

Uno se lo pasó bien en el cine, pero salió con la sensación de haber visto la película más prescindible de la franquicia desde Thor: El mundo oscuro.

Nota: 4
Nota filmaffinity: 6.0

PD: También tiene las peores escenas post-creditos de toda su fase del MCU.

viernes, 13 de marzo de 2020

Glass


Después de que el obseso de los giros finales nos dejara (otra vez) con el culo torcido en Múltiple, llegó el momento en que Shyamalan cerrase su trilogía de superhéroes. Por primera vez en mucho tiempo, el público estaba expectante con una película de este director,  ansioso de saber con qué nueva pazguatada iba a intentar engañarnos.

Hemos conocido a Bruce Willis como improbable Superman en El protegido, James McAvoy se salía al componer su demente Múltiple en la película del mismo nombre. Para cerrar la trilogía cedemos ahora el protagonismo (un poco) a Samuel L. Jackson con su Don Cristal en Glass. La película nos sitúa a los tres Súpers capturados por una extraña compañía, que los ha recluído en una clínica de rehabilitación para que superen su “locura” y dejen de creer ser lo que no son. Don Cristal parece ser el único con ciertas ganas de salir, urdiendo un plan maligno que no sólo les liberará, sino que mostrará al mundo la verdad de su poder. Ahí empieza realmente el juego. ¿Son gente con poderes en realidad, o simplemente están locos? ¿Funcionan los cómics como una fantasía, o son una extraña representación de la realidad? Aprovechando el ambiente opresivo y malsano característico del autor, la película circula con una (casi) total falta de acción, avanzando a través de los diálogos, en una suerte de preguntas y respuestas muy bien hilvanadas. Se juega admirablemente con las esperanzas del espectador, pues en nuestra “realidad”, en la que reclama vivir la película, los héroes no existen, pero nosotros hemos sido testigos de según qué cosas y, sobretodo, deseamos creer. En todo momento se mantiene una ambigüedad que sólo será resuelta en su desenlace.

Asimismo, tenemos también un buen puñado de disquisiciones metacinematográficas sobre el papel de los cómics de súpers y su efecto en la realidad (y porqué deberíamos ser mejores personas). Todos los propios tópicos del mundillo son plasmados en pantalla (está muy claro que Shyamalan conoce bien de lo que habla), sólo para ser triturados al llevarse a una lucha existencial entre la fe, la necesidad de creer y el choque con la realidad.



Gozando de las posibilidades que les da el guión, los tres actores protagonistas tienen material para quedarse a gusto. Especialmente el frikazo de Samuel L. Jackson, que se sale en un personaje realmente inquietante. James McAvoy nunca se ha visto en una de súpers con tanto material para lucirse, por lo que lo da todo en todos los sentidos. Por su parte, Willis tiene al personaje más deslucido, pero tampoco queda malparado, especialmente por su habilidad para hacer frases de tres minutos con silencios de treinta segundos entre palabras, que transmite que tiene heridas profundas en su interior (o que es un poco idiota, nunca me ha quedado claro).

La curiosa puesta en escena descoloca por completo, ya que somos conscientes de estar viendo una de súpers y vamos condicionados por ello, pero no encontramos ninguno de los elementos típicos de estas propuestas. No tenemos colorines chillones, no tenemos escenas de acción descocada, no hay efectos especiales rimbombantes ni un ritmo vivo que nos impida pensar. Lo que hay es una puesta en escena sobria, pródiga en ambientes deprimentes que poco invitan al optimismo. Todo en general contribuye a generar una atmósfera de inquietud, que descoloca, en la que uno no está (de ningún modo) seguro de lo que puede suceder a continuación. Provoca fácilmente desagrado, pero no es algo que criticaría, pues se hace obvio que es un efecto deliberado a raíz de una estética muy cuidada, unos encuadres milimétricos y una puesta en escena brillantemente trabajada.


El ritmo desvaído, las pocas ganas de vivir de los personajes y la dificultad que tienen en acabar sus frases contribuyen a incomodar al espectador, obligándole a salir (a su pesar) de su zona de confort, generando confusión en vez de un espectáculo a disfrutar. Se trata, pues, de un conjunto áspero, que busca ser desagradable, sin buscar en ningún momento el espectáculo por el espectáculo. Por ello, se puede hacer fácilmente aburrido, ya que casi todo lo que vemos es gente sentada y hablando.

Lo mismo ocurre con el final. Quizás peque de buenista, pero si lo compras te deja flipando, siendo testimonio de cómo han dado la vuelta al tópico último del héroe como si se tratara de un calcetín. Por otro lado, es muy fácil sentirse timado, no compartir (o ni siquiera comprender) las decisiones de guión que se han tomado para llegar a este final. Están justificadas y muestran coherencia, pero presentan un desenlace tan anticlimático que, coñe, la de gente que salió cabreada como una mona del cine. En ese sentido, todo está muy (pero que muy) bien hecho y pensado, y todavía la gente sale enfadada. Nada nuevo bajo el sól que diríamos. Como siempre, es cuestión de comprar su historia y entrar en el juego, o no. A veces ocurre y a veces tienes ganas de tirar a Shyamalan por la ventana.



Y así acaba la trilogía de los héroes. Se trata de una aproximación inusual al género, con una seriedad que busca esconder que, realmente, se está hablando de gente con los calzoncillos por fuera que saltan de tejado en tejado. A muchos les descolocará como rompe (conscientemente) todos los tópicos del género en una serie de películas que buscan inquietar más que asombrar, con un gusto por los giros finales y un ritmo cansino marca de la casa que no deja a nadie indiferente. O lo amas o lo odias. Si gustas de este director, esta trilogía es de lo mejorcito que tiene, con todo lo bueno y lo malo de su estilo.


Nota: 7
Nota filmaffinity: 6.3

martes, 8 de octubre de 2019

El protegido


Después de que Shyamalan dejara a todo el mundo con el culo torcido con el Sexto Sentido, el público estaba expectante cuando se anunció El protegido. Un tráiler de lo más inquietante que prometía terror del bueno atrajo a un montón de gente a las salas de cine. Y la mayoría salió con un enfado morrocotudo.

La película nos sitúa (de nuevo) a un Bruce Willis que ha sobrevivido a un terrible accidente y vive medio traumatizado. Un excéntrico desconocido le propone una hipótesis sobre la cual su supervivencia y todos los sucesos extraños de su vida tienen explicación, aunque sea tan increíble que nadie podría tomárselo en serio.

Y es que el público ya estaba con la mosca tras la oreja. Nadie se fiaba, que ya sabíamos que Bruce Willis estaba muerto y tal, así que todos estábamos esperando esa trampa final molona que todos sabíamos que había. Y curiosamente, la trampa final era que no había trampa final. El protegido era una película de súper-héroes que nadie te había dicho que lo era (más allá de los propios personajes). Esto no era (ni por asomo) lo que la gente quería ver, ni tampoco un final que el público pudiera comprar, por lo que la sensación de timo no te la quitaba nadie. Y eso que, si la volvías a ver, todo cuadraba con una película iniciática de súpers, sólo que sin mallas ni efectos especiales.



Creo que hace 20 años fui de los pocos a mi alrededor que quedó contento con la película. Obviamente me había tomado el pelo como a todos, pero una vez desvelado el pastel no pude sino flipar. Durante años defendí esta película en soledad hasta que llegó Split. De repente, El protegido deja de ser una película de superhéroes raruna a ser el inicio de una saga (como siempre defendió el propio autor), y además, esta transformación se producía como el giro final de la película continuación, por lo que todo el mundo se volvió a quedar con el culo torcidísimo. El hecho de que Split fuera una película notable por sí misma y el efecto nostalgia hizo que este giro fuera más que bien recibido y le permitió acabar la saga con Glass. ¡Ay si Shyamalan no se hubiera pegado las tortas que se pegó en taquilla! (ese Airbender…) Quién sabe qué habría ocurrido si no le hubieran enterrado el proyecto tal como tenía pensado.

Y no es una rodomontada cualquiera. El protegido es una auténtica película inicial de superhéroes muy bien pensada. Tenemos todos los detalles: La vida del protagonista antes de recibir sus poderes, su descubrimiento, cómo se acostumbra a ellos, su primera acción heroica y el advenimiento de su némesis. Es curioso cómo te lo está gritando a la cara pero tu subconsciente ignora completamente las señales si no conoces el secreto de inicio. Después de todo, no se parece en nada a ninguno de los súpers que hemos visto estos últimos años en el MCU y fuera de él. No hay CGi, ni batallas megaespectaculares, ni rayos espaciales ni trajes estrafalarios. Y es que a veces, lo único que hace falta para volverse épico es una cámara lenta y miradas llenas de trascendencia (y lo bien que le queda).


Bruce Willis vuelve a protagonizar la película y Bruce Willis vuelve a repetir el mismo papel. Mantiene cara tristona durante toda la película, siente que algo no encaja y le cuesta 30 segundos acabar cualquier frase. ¡Cómo no esperar que se fuera a repetir el mismo truco del Sexto Sentido! Una vez más Shyamalan juega a su favor con el lenguaje cinematográfico. En cuanto al desempeño del actor, podríamos afirmar que cumple con su función sin por ello ser excesivamente requerido. Ni siquiera cuando acepta sus poderes, que permitirían a su personaje vivir consigo mismo, es capaz de alegrar la cara o superar sus traumitas del pasado.

Hace poco comenté que Samuel L. Jackson se queda solo cuando se trata de abusar de putoamismo. Como siempre, se come cada escena en la que aparece, esta vez como un hombre de cristal lleno de obsesiones que no puede comprender cómo los demás no adoran los cómics tanto como él. A destacar sus estallidos de ira sin sentido cuando alguien toca alguno de sus sacrosantos conceptos comiqueros (como mucha fanbase actual, jeje) y el escalofriante descenso por las escaleras, que te pone el culito prieto sabiendo las consecuencias que tendría para él un tropezón.

 
Todo en la película contribuye a incrementar la incomodidad del espectador. No hay más que ver la escena inicial, la del tren, en la que asistimos a un dialogo cotidiano, pero en la que advertimos rápidamente que hay algo que no cuadra. Dos personas hablando de banalidades, pero tenemos el culo bien pegado al asiento. Cada escena está impregnada de una atmósfera melancólica que entristece e hipnotiza. Te hace sentir cercano a un héroe anónimo que está a miles de kilómetros de aquellos que le rodean, al que deseas abrazar cada vez que es incapaz de acabar una frase, plagando de silencios incómodos cada conversación.

La banda sonora, a cargo del siempre talentoso James Newton Howard, sirve como buen complemento a las imágenes, remarcando la sensación de insatisfacción y asombro de cada escena. Asimismo, la extraña paleta de colores cambia según los personajes en pantalla, contribuyendo a la sensación de irrealidad que imbuye toda la película. Shyamalan tendrá sus cosas y puede que no todos estemos de acuerdo con sus gustos y decisiones, pero vaya si sabe qué hacer con la cámara.



Y luego está el final. Estás con la vista a tope, preparado para pillar ese giro final tramposo que estás deseando que llegue, pero como el director sabe que estás expectante, decide que no va a haber giro final, pero que, en sí mismo, esa ausencia de giro final es un giro final en sí mismo que cambia la concepción de todo lo que has visto y te deja con el culo roto otra vez. ¡BOOM! Sorprende ver, a posteriori, la obviedad de cada detalle que te ha pasado desapercibido (el agua como fuente del miedo, por ejemplo), aunque hayas estado con las orejas tiesas durante todo el metraje. Es mérito de un director demasiadas veces incomprendido, que ha demostrado su calidad, volviendo a la palestra con un giro final tan imprevisible que ha tardado veinte años en llegar, cambiando para siempre la concepción que el público tenía de esta película, ya casi olvidada.

En conclusión, El protegido es mi película favorita de este director. Ya lo era en el pasado y lo continúa siendo tras Split / Glass. 100 minutos de tensión, diálogos extraños, duelos épicos y una estafa apasionante. Shyamalan utiliza su talento para intrigarnos para generar un espléndido retrato de que supone ser un superhéroe y un villano, mientras se combinan las fatigas y los traumas terranales con la fantasía más comiquera. A fin de cuentas, ¿qué pasaría si Superman existiese, pero no supiera que es Superman? Este es el planteamiento de la película.

Nota: 9
Nota filmaffinity: 6.7

jueves, 31 de enero de 2019

El Retorno del Rey


Y a la tercera semana consecutiva (o al tercer año real, jeje), llegó la culminación de la saga. No sabéis las ganas que tenía de ver cómo iban a terminar todo.



Así pues, tenemos a Frodo entrando en Mordor para destruir el anillo y a Aragorn y compañía yendo hacia Gondor para derrotar a los ejércitos de la oscuridad y todas esas cosas.

Ésta fue la película que vi más veces en el cine, pues Loli se enamoró un muchito de Frodo (un saludo, sé que te va bien ;)) e insistió mucho en que tocaba verla. Se hizo un descanso a mitad de película en el cine al que fuimos debido a la desmesurada longitud de la película. Como no lo habían avisado, recuerdo a ver a parte del público indignado, pues no, pero a mí me sentó muy bien, ya que tenía muchas necesidades miccionales. El subidón de volver y comerse toda la batalla de los campos de Pelenor totalmente descansado fue espectacular.
En esta revisión a base de capítulos de 45 minutos ha hecho que la el visionado se alargue más de una semana, completando casi un mes a base de Señor de los Anillos. Ha sido toda una experiencia de lo más disfrutable, no lo dudéis. Incluso la eterna batalla final ha durado más de un día, pudiendo coger el hilo de nuevo sin que se haga pesada en absoluto.

En conclusión hay que destacar la continuidad en medios e imaginería que hay dentro de toda la trilogía (cosa esperable teniendo en cuenta cómo está realizada), sin esos cambios de tono tan habituales que deslavazan el conjunto (Harry Potter, Piratas del Caribe…). En ese sentido, el que un director se atreva a rodar una trilogía con tal despliegue técnico del tirón, sin el colchón del buen funcionamiento de taquilla es de auténticos insensatos. Bendita locura, viendo el resultado final.

El retorno del Rey destaca entre las otras dos por su gusto por los momentazos molones tan gratuitos como efectivos. Cada veinte minutos tienes una escena que te pone los pelos como escarpias que puedes recordar incluso meses después.
Sin ningún orden en concreto:
- EL cubil de Ella-Laraña
- Los muertos bajo la montaña
- Góndor pide ayuda / Y Rohan responderá
- La carga de los Rohirrim
- La lucha con los Olifantes
- La destrucción del anillo
- El fin de Saruman
Y así podría estarme un bueeeeen rato, je je.

Tal como ocurría en las dos partes previas, Jackson despliega un virtuosismo técnico a la hora de recrear la Tierra Media tal como habitaba en mi imaginación. Desde la crueldad de Mordor, hasta la grandeza de Minas Tirith, pasando por la malignidad de Ella-Laraña y la sensación de pérdida de los Puertos Grises. Magnífico.


Quizás como si se hubieran reservado para la ocasión, la Academia sí se acordó de esta película en los Oscars otorgándole un total de 11 estatuillas -empatando así con Ben-Hur y Titanic-, después de haberse olvidado un poquito de las anteriores que no eran precisamente menos buenas. Recuerdo el debate que se vivió en la previa, pues parecía que se iba a llevar el premio de Mejor película sin recibir ninguno de los otros premios mayores. Como al final el listado fue glorioso (mejor película, director, guión adaptado, montaje, banda sonora, canción, diseño de producción, vestuario, maquillaje, sonido y efectos visuales), la polémica se deshizo, pero el peligro estuvo allí.

Otra de las anécdotas que corrían por los mentideros era qué se hacía con Gollum. Andy Serkis había dado vida maravillosamente al torturado personaje, pero ¿cómo se podía premiar? Al tener una piel generada por ordenador encima, no entraría dentro de Mejor Actor, pero también requiere un actor, por lo que no se podía meter dentro de los premios de efectos digitales…Al final se ignoró completamente, pero me hubiera gustado que se le hubiera tenido más en cuenta.


Una vez acabado el repaso de esta trilogía, me quedo con la sensación de que la gloria de esta historia es tal que no puede ser compartimentalizada en partes o películas individuales. Las tres forman parte de una única película, grandiosa, épica y madura –la mejor película de 9h 18 minutos jamás realizada- que orbita en torno a Gandalf, los Hobbits y el anillo.

El retorno del Rey es la mejor de las tres partes (si es que es algo que se pueda decidir), concluyendo una adaptación a la gran pantalla con la que probablemente Tolkien habría quedado satisfecho. Esta epopeya es un logro que todos deberíamos visitar alguna vez, constituyendo uno de los mayores hitos del género fantástico.


Nota:
10
Nota filmaffinity: 8.2

martes, 29 de enero de 2019

Las dos Torres


Evidentemente, después de rememorar el cariño que profeso con La comunidad del anillo, Continuamos nuestra “miniserie” tolkeniana y la semana siguiente a asistir a la disolución de la Comunidad, nos ocupamos de los hechos acaecidos en Las dos Torres.

Ahora ya conocemos a los personajes y sus vicisitudes. Nos lanzamos, pues, a conocer el Reino de Rohan, tierra de caballos y guerreros de renombre. Por su parte, Frodo, Sam y Gollum transitan desde el Emyn Muil hasta las tierras de Mordor.

Allá por 2002, un zagal como yo no podía quedarse sin ver esta película. No obstante, el día de marras llegué con Berta (un saludo, ¡espero que todo te vaya bonito!) unos 5-10 minutos tarde al inicio del metraje, incluso después de los trailers. Me perdí, por tanto, la batalla de Gandalf contra el Balrog, de la que no tuve noticia hasta tres años después, cuando maratoneé toda la saga. No veáis el subidón cuando recuperé esos espectaculares minutos de película.

Si hablaba el otro día de lo bien que le sienta a la saga esta división de capítulos de 45 minutos, el resultado es todavía mejor en la película más falta de ritmo de las tres. Vuelvo a recomendar encarecidamente este acercamiento para el paciente espectador. Tres temporadas de 4-6 capítulos que entran finísimos. No os podéis imaginar lo que es ponerte a cenar y degustar “un capítulo” enteramente dedicado al Abismo de Helm. Es una auténtica pasada.

Parándome a recordar lo que el libro supone para mí, se encuentra divido en dos partes completamente diferenciadas. Primero tenemos 400 páginas sobre todas las aventuras de Aragorn y compañía por las tierras de Rohan y Fangorn, que quizás mi parte favorita de toda la saga, para luego hacer otras 400 páginas con Frodo y los demás en su ruta hacia Mordor, lo que es quizás la parte que se me hace más pesada de la misma (me ralla mucho todo lo de Gollum). A la hora de adaptar la obra a la gran pantalla, Peter Jackson hace un buen puñado de retoques, unos buenos (todo lo de los wargos mola) y otro no (¡ay esos Ents!), pero el conjunto es magnífico.


Lo primero que me gustaría destacar es la mayor presencia de Christopher Lee como Saruman. Ya me había gustado su papel como villano, pero aquí se supera, dándonos escenas como el discurso de conquista ante sus tropas. Acojonante es poco ^^.

Y luego está Gollum. Si bien en el libro es de lo más cargante, la criatura creada por Andy Serkin se palpa como la prueba real de la malignidad del anillo, debatiéndose sobre si es mejor el FIFA o el Pro cómo conseguir apoderarse del anillo, en plena lucha interna por la servidumbre y la ambición despiadada.

Como secuela, Las dos torres puede constituir como una de los primeros ejemplos que no se molesta en recordarte los principales elementos argumentales de su inmediato predecesor. El plan es tan simple como lanzarnos directos a la acción. Continuista en todos sus elementos, todo aquello que fascinaba anteriormente, sigue siendo magnífico.


El momento que todo el mundo recuerda de esta película es El Abismo de Helm. Lo que consigue Jackson con este fragmento es todavía más impresionante que las persecuciones por Moria; pues provee a todas las escenas militares de un empaque adicional. Su fascinante estilo de acción es tan excitante como dramático; cuando las vastas huestes del ejército de Saruman chocan contra la fortaleza del rey, uno podría estar viendo una versión de las Campanadas de medianoche de Orson Wells, pero dirigida por George A. Romero (trasncendencia shakespeareana con vísceras de puro exploitation). Todos sabemos que los exultantes escalofríos del terror gore constituyen una de las marcas de la casa de Peter Jackson, pero en Helm exagera en términos majestuosamente épicos, consiguiendo una grandeza asombrosa, tal como he dicho antes, por ejemplo, en la escena en que los Urik-Hai cargan contra las murallas del Abismo, cuya puesta en escena se realiza mediante un travelling desde el cielo, con sus escudos moviéndose como si fueran las alas de un insecto peculiarmente hipnótico y fatal.

Asimismo, no puedo sino adorar el nuevo tema musical que se utiliza para los jinetes de Rohan. Es escucharlo y sentir la necesidad de ensillar mi caballo, coger mi lanza e ir pos de una batalla de incierto destino.

Por otro lado, al tratarse de una película de transición, la trama se enfrenta a un desarrollo más pausado y reflexivo que la anterior (y la siguiente), con lo que se puede hacer algo lenta, especialmente en su versión extendida. Ésta añade un puñado de escenas de gran belleza (más de 15 minutos) que harán las delicias del fan devoto, pero que enlentecen todavía más el avance de la trama para tortura del esforzado profano al universo.


El mayor pero que le puedo poner es también el mayor cambio de carácter de toda la trilogía: la decisión de los Ents respecto a Isengard. Ni he entendido nunca porque Jackson hace que inicialmente no se muestren interesados en tomar la fortaleza de Saruman, ni me gusta el repentino cambio de actitud que se produce poco después. Pero bueno, luego la batalla es otra pasada.

Como he dicho, esta película puede hacerse algo lenta para el profano, pero luego la majestuosidad del Abismo es más que capaz de comprar cualquier voluntad. Yo me declaro enamorado de casi todos los planos aéreos del film. Además de sentirme cautivado por el Gollum de Andy Serkin, esencial para que las andanzas de Frodo sean más activas e interesantes, además de preparar el terreno para que todo encaje. Las dos Torres desborda tanta épica y espectacularidad que uno sólo debe desear dejarse llevar a este universo mítico para disfrutar durante tres horas de la mejor fantasía. Qué grande que es Tolkien y qué bien le salió a Jackson

Nota: 9
Nota filmaffinity: 8.0

Pasada quizás la sorpresa inicial que supuso el desembarco en la Tierra Media, Las Dos Torres se conformó con seis nominaciones a los Oscar (Película, montaje, diseño de producción, sonido, efectos sonoros y efectos visuales), quedándose con los dos últimos, lo que demuestra una vez más el virtuosismo técnico con que la película está realizada.

domingo, 27 de enero de 2019

La comunidad del anillo


Por si no lo sabéis, hace poco me he mudado a un nuevo piso (vale, no es nuevo, pero ya me entendéis), con lo que tengo una nueva televisión (ésta si es nueva nueva), así que para estrenarla, decidimos re-visionar la saga que más nos ha hecho disfrutar en nuestra adolescencia (seamos sinceros, todavía no teníamos Internet en el piso y los canales de televisión son los que son, así que sólo nos quedaba atacar los DVDs que tenemos acumulados y El señor de los anillos da para muchas horas de entretenimiento).

Empezamos pues por La Comunidad de Anillo. Imagino que a estas alturas no hace falta que nos paremos a explicar mucho el argumento: El Anillo Único, el más poderoso del Señor del Mal, aparece en un inesperado lugar de la Tierra Media, por lo que una Alianza de las razas de la luz deberá establecer un plan para destruir el Anillo antes de que su legítimo dueño lo recupere y tal y tal. Basado en los libros de J. R. R. Tolkien, por sí mismos constituyen una de las más influyentes novelas de fantasía épica de la historia (y de mis favoritas).

Como sabréis, cada una de las películas ronda las tres buenas horas de duración. En el cine, la inmersión es espectacular, pero para el hogar puede ser excesivo (como he tenido la ocasión de comprobar en más de un maratón de películas).  Recuerdo que cuando se la puse a mis padres la dividimos en sesiones de 90minutos (cada uno de los DVDs) que la hacían más soportable para el espectador no devoto. Sin embargo, de acuerdo a nuestra disponibilidad diaria, no podíamos ni dedicar 1h a cada sesión nocturna, apenas 45minutos. No era algo que nos atrajera en un primer momento, porque imaginábamos que se nos haría muy larga, perdiendo la capacidad de meternos en la historia. Sin embargo, nos sorprendimos al comprobar lo bien que entraba la película. Convertir cada una de las partes en una miniserie de 4-5 capítulos permitía que la trama dejara poso sin volverse pesada, especialmente por lo bien clavados que están los “cortes” para dejar un subidón cada “final de capítulo” que te dejaba con ganas para el día siguiente. Nunca lo hubiera esperado, pero os lo recomiendo para una degustación con calma de la saga. 


No obstante, no puedo alejarme de mis recuerdos de adolescencia al rememorar la expectación cuando fui al cine con Adriana (lo siento, debí comportarme mucho mejor de lo que lo hice) a ver por primera vez La Comunidad del Anillo. El libro que tantas veces había leído y releído (10-15 veces, quizás) se iba a convertir en película (¡y tenía toda la pinta de estar bien hecha!). Un servidor estaba encantadísimo. A medida que la película avanzaba, mi espíritu friki no podía quedar más saciado: la fiesta en el Pony pisador, la emboscada de la Cima de los Vientos, la sensación de maravilla al entrar por primera vez en Moria (Ruido de tambores…) y el final, aunque conocido, no por ello menos desgarrador. ¡Ay que experiencia más espectacular!

¡Qué voy a decir que no se haya dicho sobre la recreación de la Tierra Media que se hace en esta película! Peter Jackson coge el texto original y lo adapta a la gran pantalla de manera asombrosa. Primero, se carga a Tom Bombadil -lo que menos me gusta de las 3000 páginas del libro-. Segundo, nos trasladan a la Tierra Media con una puesta en escena simplemente brutal. Tanto el vestuario como la imaginería generada a partir de las bellísimas ilustraciones de John Howe se conjugan con un relato épico y emotivo con el que no podemos sino disfrutar. Su descomunal duración puede hacerse pesada para los espectadores menos aguerridos, pero su espectacularidad y la gran banda sonora de Howard Shore hacen que un servidor se sumerja ávido en este Universo tan fascinante. No hay más que ver el formidable uso de los efectos especiales (no como en El Hobbit) con el que se crean ciudades increíbles, ejércitos aterradores y todo tipo de seres míticos.


Creo que todos estaremos de acuerdo de que la película es impresionante en sus aspectos técnicos. Sin embargo, LOTR tiene la suerte de que el extenso reparto de actores está a la altura del gran tesoro épico que tenemos entre manos. Puede que no coincidieran con la imagen mental que tuviera de los personajes, pero una vez en la gran pantalla, hay que reconocer que todos hacen un trabajo genial. Por poner un ejemplo, temblé cuando un desconocido argentino-danés de nombre extravagante fue anunciado para ser Aragorn, pero cuando vi el carisma que despertaba Viggo Mortensen, mi sensación fue muy diferente. Por su parte, adoraba a Ian McKellen por su Magneto mutante, regocijándome cuando fue anunciado para ser Gandalf, al que había acompañado durante tantas y tantas páginas. Pocos mejores me habría imaginado para el personaje y menos lo hubieran hecho mejor que el actor inglés.

Como anécdota curiosa, la banda sonora corre a cargo de Howard Shore, desbordando un lirismo hipnótico deudor de los sonidos de Enya. Aunque ahora no podemos imaginar la película sin el misticismo épico que nos acompaña a lo largo de todo el metraje, inicialmente iba a ser muy diferente. La propuesta inicial tenía a Blind Guardian (grupo de power-metal que ha demostrado un ferviente amor por la obra tolkeniana) con la idea de tener una banda sonora más cañera. Existen algunas pruebas que se realizaron para la película, con resultados más que satisfactorios, por si queréis molestaros a buscarlo. La saga también habría molado mil con los suecos al aparato, pero estaríamos hablando de una experiencia completamente diferente.


En fin, La comunidad del anillo es una obra de orfebrería de tamaño mastodóntico que da vida a la fantasía épica de la mejor manera posible. Ya sólo por no haber destrozado el trabajo de Tolkien, Peter Jackson ya se merecía todos los honores, pero es que le queda una preciosidad en todos los sentidos, una película monumental, por su duración y por su calidad. Y quizás lo mejor de todo: es el inicio de un cuento fantástico. Salí embriagado del cine en su momento: todavía quedaban dos películas más en las que no deseaba sino sumergirme con todas mis fuerzas.


Nota: 10
Nota filmaffinity: 8.0

Si la película me dejó extasiado, más sorprendido me quedé al ver que había conseguido la impresionante cantidad de 13 nominaciones a los Oscars. Todo lo gordo: Película, director, actor de reparto (Ian McKellan), guión adaptado, montaje, canción, diseño de producción, vestuario, sonido, fotografía, banda sonora, maquillaje y efectos visuales. Al final “sólo” se llevó los cuatro últimos, pero …wow.

martes, 15 de marzo de 2016

Los odiosos Ocho



A raíz del Código Hays, allá por los años treinta, la tradición de los films de “género malvado” en Hollywood es la de utilizar el cine de esparcimiento para subvertir la moral de las mentes bien pensantes. Bajo su impronta de farsa sádica y grotesca, el cine de Tarantino es mucho más incisivo de lo que parece, lo que se hace aún más evidente en su último film. Tal como ha hecho Scorsese, en sus últimas realizaciones ha aprovechado para atacar los fundamentos de la nación americana, remarcando (con estilo) la hipocresía de sus valores, mostrando con detalle la violencia y la crueldad a través de las que el país se ha construido, un país racista, sexista y brutal, donde todo empieza con una oración y acaba con un ajusticiamiento, siempre bajo la mirada venerable y bienintencionada de Abraham Lincoln.


Ésta no es una película de Tarantino como cualquier otra, más bien es una película de Tarantino como todas las otras a la vez. Es una síntesis particularmente sabrosa de lo que debe ser una película de la madurez de un creador. Presenta un compendio de personajes digno de Pulp Fiction, pero encerrados como si estuvieran en Reservoir Dogs, es excesiva como Django desencadenado y tiene un refinamiento estilístico que recuerda a Malditos Bastardos… incluso le permite a Samuel L. Jackson un monólogo a la altura del Ezequiel 25.

Si el título original de The hateful eight evoca The magnificent seven, la pandilla de Los Odiosos ocho no tienen la misma capacidad de redención que los siete mercenarios comandado por Yul Brynner y Steve McQueen. La obertura del film, amplia y lúgubre, magnifica la música de Morricone, las montañas cubiertas de nieve inmaculada, donde se descubre, poco a poco, los contornos de un Cristo crucificado, una blanca página fúnebre que nos prepara para esta historia sanguinaria que empieza con la llegada de una diligencia y el título de un primer capítulo que promete emociones: “Última parada antes de Red Rock”.

La diligencia tiene por pasajeros a John Ruth (Kurt Rusell), un cazador de recomensas y a su cautiva Daisy Domergue (Jennifer Jason Leigh). Conocido por sus inquebrantables principios, Ruth tiene intención de entregar a su cautiva con vida para que sea colgada por la justicia (lo que dará lugar a un puñado de buenos diálogos comparando las virtudes de un ahorcamiento formal y una ejecución sumaria a tiros, más banal y mezquina, pero que ahorra las molestias del transporte…). En su camino se cruza Marquis Warren (Samuel L. Jackson), también cazador de primas y poseedor de una carta firmada por el propio Abraham Lincoln. Chris Mannix (Walton Goggins), un renegado sudista y próximo sheriff the Red Rock se unirá al grupo mientras que la ventisca, a lo lejos, gana en intensidad. Es el momento de hacer escala en un pequeño refugio de montaña. Curiosamente, la dueña no está en ella, y en su lugar se encuentran cuatro extraños… Mientras que las penumbras y la nieve caen sobre nuestros ocho malnacidos, no sabemos cuál (o cuáles) de ellos guarda cuentas pendientes con los demás…


Todos los malnacidos que pueblan el refugio son feos, brutales y desagradables, pero bueno, es Tarantino, qué esperabais. Para esta película se ha rodeado de un puñado de grandes nombres que realizan un trabajo estupendo y convierten al monstruo en un placer. Mención especial a Jennifer-Jason Leigh que sobresale de un elenco de nombres que hacen de esta obra de teatro magnificada un entretenimiento indudable. También querría destacar a Walton Goggins, cuyo Sheriff estúpido pero inteligente sorprende por su complejidad. Sobre los protagonsitas, Kurt Russell y Samuel L. Jackson, no creo que sea necesario decir nada. Ya les conocemos y son la caña.

No hay ninguna duda de que no es por azar o capricho que Tarantino haya confiado la confección de la banda sonora original a Ennio Morricone, el compositor de Érase una vez, y miles de westerns grabados en nuestros recuerdos.  El último trabajo del creador es ciertamente esplendoroso, sirviendo de excusa para reparar el daño causado y darle, por fin, un Oscar por su trabajo al eterno Morricone.

Como sabemos, las películas de Tarantino son puro onanismo y pedantería. Es un ombiliguista que hace lo que le sale del potorro y no le importa nada lo que nadie piense. Es él quién debe quedar contento con su película, no el público. Evidentemente, esto da lugar a descontentos que no siempre entienden o están de acuerdo con las decisiones que toma. No es algo que le importe, claro, pero el cine vive del espectador y sus excentricidades afectan a la respuesta del público. Por algo es un director que no deja a nadie indiferente.  En este caso, Los ocho odiosos contiene todo lo bueno de Tarantino y yo me lo he pasado de coña con la película, pero también es desmedidamente violenta y a buen seguro los más débiles de estómago deberán apartar la mirada en más de una ocasión. Además, encuentro que esta obra de teatro filmada (¿ya era necesario tanto empecinamiento con la forma de grabar?) está alargada en exceso y recortando un par de escenas y flashbacks (esa felación nevada gratuita…) habría quedado una película más eficaz y fácil de digerir. 



A pesar de su innegable violencia, la acción de Los ocho odiosos está muy restringida. Tarantino se dedica a acumular tensión, dejar que la vena del cuello de los personajes se hinche hasta reventar en estallidos de violencia sin par. Me resulta curioso compararla con la acción de Wanted (que acabo de ver). Ambas son odas al exceso sin sentido con mucho estilo, pero se nota la maestría en la composición de escenas. Los Odiosos consiguen mucha más efectividad con muchos menos fuegos artificiales. Qué diferencia. Qué bien pone la cámara el maldito Tarantino…

Aun con sus excesos, Los ocho odiosos constituye una sucesión de escenas bien tiradas que culminan en un colofón de los que te dejan bien a gusto. Es verdad que Tarantino podría haber hecho un esfuerzo para hacerla menos espesa, pero eso no me impide haberla disfrutado con ganas.  Este hombre siempre sabe como divertirme y la película es decididamente suya. Si eres de su cuerda, te lo pasarás en grande. Si no… mejor no te acerques (como siempre en este hombre).

Nota: 7
Nota filmaffinity: 7.4