Cuando vi el tráiler
de Tomorrowland me dije que por nada en el mundo me perdería esta película. Mi
apéndice no tenía la misma opinión y se complicó la cosa, así que me pasé un
par de semanas en el hospital. Cuando salí, la película había cosechado
críticas tan horribles y to estaba en un estado tan deplorable que decidí que
quizás era mejor idea dejarla pasar. Finalmente la película apareció por ahí y
se vio.

En este caso,
Tomorrowland es una especie de dimensión paralela donde las mentes más
brillantes de nuestro mundo son trasladadas para crear la sociedad perfecta.
Cuando la joven Cassey aparece allí, lo que debería ser un paraíso se ha
convertido en una ciudad marchita, que verá en ella su última oportunidad para
prosperar, convirtiéndose en el centro de una lucha por su influencia.
Realmente Disney se
esfuerza mucho para que la película funcione. Saca a Brad Bird de Pixar y le da
un chorrón de dinero para que cree una maravilla. Sin embargo, parece que nadie
se acuerda en que la base suele ser tener un buen guión, porque todo se
emburulla de mala manera y echa por tierra el estupendo trabajo del resto de
departamentos. Es una pena porque la película es, visualmente, un prodigio de
viveza, un canto a la imaginación y una total invitación a soñar con toneladas
de guiños escondidos y detalles en pantalla con los que perderse, disfrutando
al encontrar, en un segundo visionado, todo lo que el director ha pensado para
ti.
El diseño de
producción es esplendoroso. Basándose en la Ciudad de las Artes y las Ciencias
de Valencia y añadiendo toneladas de CGI, tenemos un prodigio visual que debió
ser apabullante de ver en la pantalla grande (si ya impresiona con mi
televisioncita…). No es sólo la propia ciudad de Tomorrowland que desborda
exuberancia, es cada uno de los detalles del “mundo real” que denota un buen
saber hacer a la hora de ser captado con las cámaras. Los miles de gadgets en
movimiento de la tienda friki o las propias instalaciones de la NASA son buena
prueba de ello.

Encima se ve
lastrada por la dejadez de los dos protagonistas masculinos. Hugh Laurie repite
el papel de House en un trabajo que deja claro que no estaba muy interesado en
el proyecto y George Clooney no parece sentirse muy cómodo al actuar delante de
pantalla verde y está todo el rato mirando a dónde no toca. Se agradece su
esfuerzo, así como el de Brit Robertson, que hace lo que puede con lo que el
guión da a su personaje. Mucho más destacable el trabajo de Raffey Cassidy,
cuya Athena capta las miradas cada vez que aparece en un papel muy raro. Me
hace mucha gracia como consigue mantener cierta tensión sexual con el personaje
de Clooney a pesar de la evidente imposibilidad de que según qué cosas se
muestren (muy explicado dentro de la historia, que conste)

Se me antoja difícil
calibrar o recomendar esta película: Sus puntos fuertes son espectaculares y
denotan un gran buen hacer. Todo lo malo es grotescamente horrendo. Desigual,
muy ñoña para los adultos y demasiado complicada para los más pequeñas, se pierde
en cabriolas extrañas que acaban aburriendo, echando por tierra todos los
aspectos interesantes que pudiera tener. En este caso, los defectos pueden más.
Nota: 3
Nota filmaffinity: 5.6
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