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jueves, 7 de mayo de 2026

El hombre del corazón de hierro

Esta película se vio un día tonto en Movistar que no hay nada que poner y se mete esto delante y bueno, pues ya que estamos, lo vemos enterito.

El hombre del corazón de hierro no es otro que Reinhard Heydrich, jefe de las SS durante la IIGM. A lo largo de la película seremos testigos de su auge desde un simple soldado hasta las más altas esferas y su posterior asesinato a manos de rebeldes checos.

Hasta cierto punto, podríamos decir que tenemos dos películas de 1h mal pegadas.

Por un lado, empezaremos siguiendo una biografía tradicional en que nos muestra cómo Heydrich entra, muy motivado, en las SS, dónde va dando muestras de lealtad, obediencia ciega y fe absoluta en las palabras del Führer, además de talento a la hora de inspirar temor, pisar cabezas y desplegar crueldad con sus enemigos.

Pasada esa hora de metraje, la película cambia de tercio y saltamos a una conspiración en que los servicios secretos británicos están preparando un atentado contra Heydrich, que llevarían a cabo dos novatos que suplen su falta de experiencia con muchas ganas de pasar a la historia. Así, veremos toda la planificación, ejecución y consecuencias de este atentado, siempre desde el punto de vista de los dos jóvenes que, en su inconsciencia, no se dan cuenta del follón en el que se están metiendo.

Lo que más se debe destacar es que se trata de una película realizada con buenos medios. Se nota un esfuerzo en una puesta en escena verosímil, quizás no desde el foco más habitual, pero buscando transmitir realismo. Cuando se puede, se utilizan escenarios reales, o si no, se goza de buenos decorados y un vestuario acorde con lo que se espera. A destacar la gran cantidad de coches de la época empleados, casi todos sacados de museos de la Guerra.

No obstante, los actores no destacan especialmente por su inspiración. Es obvio pensar que para interpretar a Heydrich has de ir con un palo en el culo, pero Jason Clarke se pasa en el esfuerzo, dando lugar a un personaje granítico que parece más impasible que implacable. Rosamund Pike hace un papel más lucido como la esposa del militar, al que está pinchando en todo momento para que siga ascendiendo en el escalafón y que nunca tiene suficiente. Por otra parte, Jack O’Conell y Jack Reynor, los integrantes de la Resistencia, apenas pasan de funcionales.

Por otro lado, se me hace extraña la decisión del director Cédric Jimenez de plasmar la película como si se tratara de un documental ficcionado al que mete mucha acción. Esto provoca unos cambios de ritmo y tono demasiado bruscos, sin especial coherencia. Con ello, se pierde mucha de la trascendencia que sí consigue tener en una puesta en escena donde toda la parte de recreación de la época y ambientación es más que notable.

La mayor pega que se le puede poner – y más en una película de este estilo – es que se hace bastante aburrida. Espacialmente en su inicio, puedo comprender el intento de que conozcamos al hombre detrás del horror, pero lo que consigue es producir indiferencia. Sí, veo un malvado estándar no especialmente carismático al que le van bien las cosas sin especial énfasis en nada. No parece tener ningún rasgo ni ninguna característica que le permitan triunfar más allá de saber qué cabezas pisar y qué escrúpulos ignorar. Ni siquiera la gestación de la Solución Final parece otra cosa más que una decisión empresarial en una cadena de montaje. Se hace un visionado tedioso, ya que no sucede gran cosa. Esto mejora en su segunda parte, ya que, al menos, está pasando algo. Todo lo que involucra al atentado despierta más interés, especialmente en el desenlace, en el que los dos asesinos buscan desesperadamente escapar de las autoridades nazis. Si bien se trata de un final bastante convencional, está realizado con solvencia, mejorando el regusto final de la película.

El hombre del corazón de hierro sufre de un exceso de metraje, especialmente en su parte inicial. Padece de estar compuesta de dos episodios pegados con poca relación entre sí, con lo que es muy irregular. Una buena puesta en escena no arregla el tedio que provoca, aunque un final logrado contribuye a medio salvar el conjunto.

 

Nota: 4

Nota filmaffinity: 6.1 

viernes, 12 de febrero de 2016

Perdida



Creo que nadie a estas alturas se va a sorprender con Fincher. Ya le conocemos. Sabemos que es un tramposo, un fullero, un director que elige muy bien qué te enseña y qué te esconde y sabes que se va a dedicar a jugar contigo para que te quedes con cara de tonto al final. Te pones a ver Perdida y sabes que seguro hay trampa, que debes estar atento a cada pestañeo para ver dónde te la va a colar y dónde estará el detallito que te dirá cuál es el truco que se guardaba en la manga. En este caso, todos aquellos ávidos de trampitas no deben sino sino prepararse para alucinar.

Empezamos un nuevo día en la atribulada vida de Ben Affleck. Las cosas podían ir mejor pero va tirando. Sin embargo, al volver a casa, su rutina se ve completamente alterada: su mujer ha desaparecido. Él, un inocente y amante esposo llama a la policía y empieza la búsqueda de su mujer. Pero claro, esto es Fincher y pronto veremos que las cosas no son lo que parecen.

Ahí está la gracia. Le conocemos y sabemos que nos la va a intentar colar, así que estamos atentos para ver el truco. Pero él sabe que nosotros sabemos que nos la va a intentar colar y nos hace caer en nuestras propias ansias de evitar ser engañados. Y cuando, en un momento de inspiración pensamos: “ahí ya vuelve a las suyas”, ya nos ha enchufado otra. Así nos hace pasar de la desconfianza al asombro, luego a la rabia, a la compasión, a la sorpresa, a la indignación, a la alucinación y un final que nos deja el culo bien roto. Y lo mejor de todo es que lo hace a partir de un guión que mezcla el thriller más seco con el melodrama de domingo tarde más tópico y que, a fin de cuentas, no acaba conteniendo ningún tipo de trampa real. Todo el efecto se produce a partir de nuestra desconfianza para con este director, nuestros prejuicios y la extraña atmósfera que envuelve a  unos sucesos aparentemente cotidianos. Con ello, Fincher consigue que nos peguemos a la pantalla y no nos movamos durante las (excesivas) dos horas y media que dura la película.

Fincher sabe muy bien qué enseñarte y qué esconderte, pero el tinglado no se sostiene sin el gran trabajo de los dos actores principales, el alelado Ben Affleck y la estupenda e inquietante Rosamund Pike. Él es, aparentemente, un tío normal. Un poco tontaina, con pocas ambiciones más allá de vivir tranquilo, unas cuantas manías, cierta desconfianza para con los demás… Lo normal. Quizás por ello es tan fácil identificarnos con su situación. Su trabajo es más que destacable. Sin embargo,  es la estupendísima Rosamund Pike –la mejor interpretación de su carrera- quien  lleva el cotarro en una actuación de mil caras, donde tan pronto es un enigma como una femme fatale, una dama desvalida, una arpía despiadada o una esposa tierna y amante. Consigue sumergirnos hacia lo peor del ser humano sin alejarse de ser aquella vecina amable a quién saludamos todos los días. Un retrato completo de las taras, miedos y terrores de nuestra sociedad urbanita.

Sin llegar a enseñar nada sobrenatural o especialmente inquietante, todo el metraje desborda frialdad y una falta de sentimientos brutal, lo que produce una sensación de desasosiego que no te abandona en ningún momento. A medida que avanzan los minutos, no puedes sino sorprenderte al contemplar cómo cada nueva escena te cambia la concepción de todos los personajes. La empatía pasa verdaderos apuros para comprender como un personaje que te caía tan bien hace cinco minutos es capaz de actos tan desalmados para a continuación, ser merecedor de nuestra compasión. La narración es deliberadamente confusa, jugando a esconderte datos y poner tu cerebro a mil para intentar comprender que ocurre. Los pocos momentos de respiro de su metraje te dejan pensando como un culebrón de domingo tarde de antena 3 te  está dejando sin respiración (Tiene mejores actores, un mejor director, un chute de esteroides monetarios…. Pero la historia es la misma que siempre hemos usado para la siesta).

Lo más gracioso de todo el percal es que Fincher no te engaña con un guión tramposo (bueno, si, pero…), sino a partir de nuestra propia desconfianza. Nuestros prejuicios nos lanzan a estar sobreexcitados e hiperreaccionar con cada acción aparentemente inocua, que nosotros sospechamos artera y tramposa. Las migajas que se dejan caer ante nosotros no sirven sino para ser engañados una y otra vez. Es una de las diversiones de la película, ver como metemos la pata continuamente mientras alucinamos con la mala leche que tiene el film en un constante ir y venir de sospechas, flashes, apariencias, comentarios tendenciosos y manipulaciones varias mientras se nos cuenta una muy emburullada historia de ¿amor? entre una pareja de nuestro día a día. La gran cantidad de engaños y perversiones, unido a su aroma de culebrón barato puede echar a muchos de la película, pero el resto no separarán el culo del asiento en ningún momento.

Tanto juego con los prejuicios y saltarse las normas esperadas ha provocado reacciones muy curiosas. Tan pronto era tachada de misógina como se ponía de ejemplo de película feminista. Que si lo único que quiere la película es dejar mal a los hombres, que si deja patente que todas las mujeres son unas arpías sacacuartos… No creo que Fincher quiera explicar nada de esto. Lo que sí veo son toneladas de cinismo, y mucha desesperanza y pesimismo ante la vida de un matrimonio. SPOILER Y es que el comportamiento de ambos al final es justamente el de un matrimonio típico. La pasión y el amor han desaparecido y ahora sólo queda la fuerza de la costumbre y, quizás, cierto cariño o interés del que hay que sacar ánimos para colaborar y sacar adelante un hogar. La pura realidad. La gracia es que se te plantea con una deshumanización y una falta de empatía tan patente que no provoca sino desapego y desilusión. En mi opinión, para Fincher, en esta película nadie es inocente ni culpable. Simplemente somos todos unos hijos de puta. Estamos jodidos, cuanta perversión. ^^  FIN DEL SPOILER

Sí que veo por parte de Fincher ánimos de meter el dedo en el ojo a otros aspectos de la sociedad. Primero, una diatriba clara y contundente contra el papel de los medios de comunicación, tan dispuestos a dejarse llevar por el morbo y la lapidación gratuita que ni se les pasa por la cabeza buscar la verdad de la historia. No les importa lo más mínimo. Quieren noticias y carnaza, que es lo que vende. La segunda crítica es hacia las masas enfurecidas. Aquella gente tan dispuesta a ofenderse por cuestiones que no les atañen, tan prestas a tragarse aquellas noticias que les reafirman en sus creencias, que no piensan –aunque quizás crean que sí-, que sólo reaccionan visceralmente, condenando a la hoguera a los demás, firmes en sus convicciones de estar haciendo lo correcto aunque no tengan ni idea de sobre que protestan o a quien critican (ni les importa, pues lo que parecen necesitar es a alguien a quién lapidar).

Con Perdida puedes acabar con la sensación de que te han tomado el pelo (y mucho). Es fácil salir indignado de la película. A nadie le gusta que le tomen el pelo –y menos si vas con la disposición a que no te lo tomen, jeje-. Te puedes enfadar con unas situaciones, con otras… toca tantos palos que seguro alguna de ellas te escuece en exceso y te hace saltar. Me parece que es una película que está justamente concebida para ello. Es un film tremendamente efectivo, con una atmósfera absorbente, un guión que rezuma mala idea y unos personajes muy bien construidos. Afean el resultado su excesiva duración y su desbordante acumulación de giros y sucesos insólitos que te pueden expulsar de la película con demasiada facilidad. Además, en ningún momento puede quitarse el aura de culebrón barato, por mucho que Fincher quiera darle sofisticación. No obstante, es un thriller de los que te pegan literalmente a la pantalla 150 minutos -que no es poco-. Que luego acabes con un cabreo considerable son otras cuestiones…

Habiendo llegado a este punto de la crítica, ¿Cómo sabes que todo lo escrito anteriormente realmente mi opinión? ¿Y si en realidad no me ha gustado la película pero es lo que quiero creer de ella o lo que quiero que creas que creo de ella? ¡Ay! (suspiro), este es el juego de Perdida.

Nota: 8
Nota filmaffinity: 7.3


miércoles, 10 de febrero de 2016

Johnny English Returns



Ocho años después de embarrarse con las patéticas (ejem) aventuras de Johnny English, nuestro querido Mr. Bean volvió a la carga con una segunda parte. Totalmente innecesaria, sí. Pero una parodia de las películas de James Bond nunca viene mal, especialmente cuando no se diferencian tanto del original y sí se toman a sí mismas mucho menos en serio.

Después de unas misiones desastrosas, Johnny English, el agente secreto más torpe al servicio de su majestad, se ha recluido con la intención de mejorar como agente. Las circunstancias obligarán a que vuelva a la palestra –a pesar de sus jefes- con el objetivo de proteger al embajador chino de unos asesinos. Sin embargo, ¡nadie puede escapar de la torpeza de Johnny English!

La primera parte –años ha- era un extraño pastiche en el que Mr. Bean se embarcaba en misiones de James Bond. Alternaba momentos serios –sorprendentemente serios- con otros de descacharre, dando por resultado un engendro irregular que ni se podía tomar en serio ni se podía tomar en broma. 

Para su segunda reencarnación, los creadores se han alejado de una senda continuista, provocando una completa reinterpretación del personaje y la película. Ahora su director se halla plenamente consciente de tener entre manos una parodia y no una película seria. La principal mejora está en el propio personaje que se aleja de un un Mr. Bean o un Leslie NIelsen trasnochado. Johnny English es ahora un personaje con carácter. Sigue siendo más tonto que un zapato y se equivoca por completo cada vez que la situación le requiere pensar, pero esto no le impide ser un estupendo agente secreto. Su toma de decisiones reflexivas es catastróficas y su capacidad de interacción con los demás es cuestionable, pero Johnny English es todo un as en la acción, capaz de huir de toda la policía londinense en una persecución a bordo en una silla de ruedas o perseguir implacablemente a un enemigo a lo largo de la costa de Shanghai (dos escenas de incluso mérito compositivo). 

No busca ser un Agárralo como puedas, sino que se acerca al formalismo –ejem- de las películas de Terrence Hill y Bud Spencer. Tal como Austin Powers hizo en su momento, se han buscado todos los detalles más chistosos de las películas de James Bond, Ethan Hunt y Jason Bourne y, en vez de añadir el horterismo de Mike Myers al cóctel, se ha rellenado con toneladas de flema británica, en una suerte de reencarnación extraña del Inspector Cluseau. 

Todo el mérito del pastel se halla en un Rowan Atkinson que da otra buena muestra de lo bien que se le da que nos riamos de sus chorradas. Consigue que nos creamos a un personaje de lo más patético y mantiene con entereza los gags corporales y gestuales que jalonan el metraje. El resto de secundarios no ocupan de papeles meramente anecdóticos y, ahora sí, absolutamente paródicos. De entre ellos destaca una Gillian Anderson con claras influencias denchianas (Q) y un Dominic West que hace el papel de side-kick, generando una pareja de acción con buena química. Extrañamente para tratarse de una propuesta tan chorra como ésta, todos cumplen con el pequeño papel que les toca en suerte.

Evidentemente, la historia no es más que una sarta de tonterías que sembrar de chistes, cuya calidad es irregular, pero consigue ser mucho menos calamitosa de lo que uno podría esperar. La cantidad de absurdeces que se te arrojan es notable, pero su apuesta por el humor físico (en el que Atkinson es un maestro) consigue un puñado de gags desternillantes que nos retorcerán con agrado de la risa.

Por otro lado, sorprende la calidad con que están resueltas las escenas de acción, lo que ayuda a soportar sus ligeros bajones de ritmo y la peculiar coherencia con que se forja su lógica. La calidad técnica con que está resuelto el film es inesperadamente alta. Hay medios para pagar buenos exteriores –adecuadamente aprovechados-, la puesta en escena es más que correcta y el sonido entra con solidez cuando debe. No hay ningún rastro de virtuosismo, pero tampoco vamos a pedirle aquello que no puede dar.

Johnny English Returns no es ni mucho menos una gran película, pero sí es un producto entretenido que, consciente de su reducida calidad que no intenta meterse en más líos de los debidos. Irregular tanto en el ritmo como en el humor, guarda un par de momentos impagables y no defraudará a ningún fan de esta leyenda viva del humor inglés. Echar unas risas tontas sienta bien de vez en cuando, y esta propuesta malilla pero llena de simpatía se presta perfectamente para ello, incluso si no se es un gran fan de Rowan Atkinson. Mucho mejor que su predecesora, sin duda.

Nota. 4
Nota filmaffinity: 4.7