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jueves, 14 de abril de 2022

Una historia de violencia

Primera escena: un virtuoso plano secuencia que nos anuncia el tono de la película. En aparicencia, todo parece calmado, simple, tranquilo; en el fondo, todo es sombrío, secreto, violento. Somos arrastrados inmediatamente por los retos de uno de los films más apreciados de David Cronenberg, conocedor de los problemas y las enfermedades, explorador de nuestros fantasmas y nuestros miedos, un cineasta mayor, un virtuoso en lo que hace.

Su estilo es particularmente notable en esta adaptación de un cómic poco reconocible en la gran pantalla. Más allá del planteamiento del argumento, la mano del director toma el mando y se apropia de este thriller, soberbiamente clásico y elegante en la forma, pero furiosamente retorcido en el fondo. Pero bueno, no os fieis de su título. La violencia en cuestión surge raramente, aunque cuando lo hace, es de la que no se olvida. Tenemos aquí una mezcla de géneros con base en el “neo-noir” que es capaz de llevarte por un viaje inesperado.

Tom Stall vive en Millbrook, un pequeño pueblecito de EEUU sin nada de especial, donde nunca ocurre nada. Tiene un restaurante donde su amabilidad y su sentido del humor hacen maravillas. En cuanto a su vida familiar, parece la ideal: adora a su mujer Edie como el primer día, juntos forman una pareja ideal que, además, tiene dos hijos encantadores. Jack, un chaval solitario que está entrando en la pubertad, y Sarah, una niña de apenas 6 años. Jack no está muy cómodo consigo mismo, cargando una ristra de inseguridades que le convierten en un objetivo de las burlas del colegio. Su padre, un prodigio de modestia y paciencia, no es el mejor del que obtener consejos violentos. Vemos con facilidad que es Edie quién lleva la voz cantante en la casa, con un Tom que vive dejándose llevar sin ser capaz de acabar nunca con una mosca, completamente inofensivo.

Pero un día, dos extranjeros –justo tras la famosa secuencia de obertura- entran en el restaurante; dos atracadores impulsivos que vienen a llevarse el dinero de la caja y no dudan a amenazar a los clientes y los empleados del lugar. Frente al peligro y la brutalidad, nuestro hombre tranquilo reacciona por puro instinto. Y con una precisión asombrosa, con una rapidez sorprendente, desarma y abate a los dos malhechores. Todos los testigos de la escena se asombran por la reacción de Tom, incluso él mismo, podríamos decir. De todos modos, un cuchillo clavado en el pie le manda al hospital.

A la salida, es recibido por una marabunta de periodistas que le han proclamado el nuevo héroe del pueblo norteamericano. Como siempre ocurre, la televisión hace correr la noticia por todo el país. En cuanto la familia de Tom Stall parece poder recuperar un asomo de normalidad, un tal Carl Fogarty aparece de ninguna parte. Con él, uno empieza a atisbar un pasado oscuro de Tom, que resurge, rompiendo el equilibrio que había caracterizado su vida hasta entonces.

La irrupción de la violencia y sus consecuencias dentro de un mundo calmado y sereno; las reacciones imprevistas que esta violencia tiene por efecto, tanto para los individuos como para la sociedad por completo; la identidad puesta en entredicho y, con ella, los fundamentos de las vidas paralelas; la transmisión de los valores y la herencia… temas que, de un modo u otro, caracterizan la obra de Cronenberg y que nutren este thriller en apariencia simple, pero verdaderamente tenebroso. Reflexiones pues, que no son baladí, espléndidamente integradas en un cuento macabro de lo más escalofriante.

Cronenberg adapta libremente un cómic para realizar una estupenda radiografía de la violencia y sus consecuencias, mostrando porqué puede alguien querer ser violento y dejando bien patente sus efectos. Muestra aquí una contención inusual en su cine, habitualmente más asquerosillo. Sin embargo, no impide que tengamos un ambiente que se hace malsano sin necesidad de acudir a explicaciones sobrenaturales. Una vez se rompe la calma que sostiene a la sociedad “normal”, se abre un velo en el que la sordidez campan a sus anchas y cualquier cosa es posible. En cierto modo, me recuerda a Terciopelo Azul, sólo que aquí envuelta en una historia de honor y venganza, donde los demonios de la culpa acechan desde cualquier esquina y las decisiones (los errores y aciertos) del pasado se vienen a cobrar factura. Desde un primer momento deja la sensación de que todo va a salir mal, porque, después de todo, estos follones nunca acaban bien.

Resulta curioso comprobar que la cantidad de violencia no es excesivamente grande. Casi todo el metraje es un “se va a liar”, hasta que por fin estalla en unos arrebatos de violencia que cortan el hipo, con una visceralidad impactante que se ve muy pocas veces en pantalla, bien capaz de pegarte al asiento. Además, como ya vienes predispuesto por la atmósfera, se clavan bien en la retina, mostrando lo mucho que se puede acongojar al personal sin necesidad de sustos facilones.

Todo esto no saldría adelante si no es por la espectacular actuación de sus dos protagonistas. Viggo Mortensen en uno de sus mejores papeles, aterrador a pesar de su contención y su aparente afabilidad, y un William Hurt que se sale como malvado amoral que está de vuelta de todo, que ordena acabar con vidas ajenas con la facilidad que otros apagan una vela. Este último borda su papel, culminando con un monólogo final sobre la utilidad de la violencia en la sociedad que es toda una exhibición.

Probablemente la película de Cronenberg que parece menos de Cronenberg, pero también una de las que mejor es capaz de impactar utilizando menos adornos. La primera media hora puede costar un poco, hasta que se sitúa la historia, pero esta mezcla de thriller y relato de terror es bien capaz de atraparte y dejarte hecho un pingajo 90 minutos después. Estupendísima e impactante. Como suele ocurrir con el canadiense, no apto para corazones sensibles.

Nota: 9

Nota filmaffinity: 7.1

 

Doble nominación al Oscar para la película: Mejor guión adaptado y mejor actor secundario (William Hurt), sin suerte en los premios finales en un año bastante flojete (para Brokeback Mountain y George Clooney -Syriana-, respectivamente). 

domingo, 19 de febrero de 2017

Aliens: El regreso



Pocos años después de aterrarnos con la presencia de un pasajero inesperado, la teniente Ripley despierta de su coma sólo para descubrir que debe adentrarse otra vez en el cubil de la criatura, en calidad de asesora, para ayudar a un comando de élite a exterminar una plaga de Xenoformos. Pero Alien es un organismo perfecto y las cosas nunca salen como deberían.

Después del descomunal éxito que supuso la película de Ridley Scott (tanto en taquilla como en crítica), las ganas de exprimir la franquicia estaban disparadas. Sin embargo,  entre que el director estadounidense no estaba muy por la labor de continuar al frente del proyecto  y los guiones que se presentaban no acababan de estar a la altura de lo deseado, su secuela se iba posponiendo. Cuando al final el trabajo de realizarla recayó en manos de un jovencísimo James Cameron, éste se vio ante la diatriba de hacer una secuela continuista (lo habitual), escogiendo aquellos elementos que habían funcionado y potenciarlos al máximo o darle un toque personal que la diferenciara claramente de su predecesora. Ser continuista asegura mantener contento a los fans, pero normalmente implica una reducción de la calidad, al reducirse la posibilidad de innovación. Un enfoque más rupturista permite dar un aire nuevo a una misma idea, pero se corre el riesgo de espantar a los seguidores sin llegar a captar nuevos adeptos.  Esta decisión es todavía más incómoda cuando el referente se ha convertido en una referencia dentro de la ciencia—ficción terrorífica.  Desde un punto formal, estos proyectos están (casi) abocados al desastre.

Pero bueno, James Cameron siempre ha sido el más listo de la clase y decidió salirse de la tangente, con una propuesta que era a la vez rupturista y continuista. Abordó el mismo universo, la misma historia y un diseño claramente deudor de la película de Scott, pero al presentarla desde un género completamente diferente –la conviertió en una película de pura acción- le dotó de una frescura y un sentido de la novedad que dejó contento a todo el mundo. Después de todo, los años ya nos mostraron que este hombre se las pinta solo a la hora de mezclar la acción con los efectos especiales y los diseños más impresionantes.

Si bien Cameron repite el mismo planteamiento, con un preámbulo muy reposado que sirve para presentar la historia –sorprendentemente coherente con lo visto previamente- y permitir que conozcamos la vida cotidiana de un puñado de personajes que se preparan para lo peor. A partir del momento en que el comando toca el hostil planeta, las diferencias se hacen patentes. El terror y la incertidumbre sobre la presencia de la criatura se ve sustituida por la acción y la espectacularidad de la lucha de un escuadrón marcial extremadamente bien entrenado y las hordas de xenomorfos que no dejan de atacar desde cualquier rincón imaginable. 
 
Es decir, Cameron aprovecha todo lo que Scott nos ha hecho sentir y lo utiliza para volver loca nuestra adrenalina cada vez que los Aliens atacan. Las inmensas capacidades de un grupo de soldados de élite extremadamente bien armados se muestran insuficientes ante el depredador más perfecto de la galaxia. Se nos da sentido completo a una acción de primera calidad desde el minuto treinta (más o menos) hasta el final de la película, sin dejarnos descansar apenas un suspiro, en continuo crescendo llevado con el mejor estilo.

La desesperación golpea a cada baja, ante cada nueva dificultad que los Xenomorfos plantean. A ello contribuyen las formas inhumanamente fálicas de Geiger, que convierten en realidad las pesadillas más aterradoras de nuestro subconsciente. A pesar del errático carácter del suizo, Cameron consigue que éste dé un paso más allá a la hora de concebir una atmósfera que pone los pelos de punta ante aquello que podría estar escondido en la siguiente sombra. Coge lo que se desarrolló en El octavo pasajero y lo desarrolla hacia fronteras que uno no podría imaginar.

Un elemento adicional reside en la caracterización de los personajes. En una propuesta de acción pura, Cameron se entretiene en dar un sentido a la misma y en diferenciar a todos los miembros del escuadrón. Les da nombres, características distintivas e incluso manías. Sin alejarse del prototipo del soldado (siguen siendo lo que son), adquieren una personalidad diferenciada, con un carácter trazado. Por ello, cada baja se siente, ya que perdemos a un componente del grupo y no un personaje aleatorio que no te importa nada. 

A pesar de todos estos detalles de primera calidad, el tinglado no se sostendría si no es por la impresionante participación de dos féminas. 

Primero la Teniente Ripley. Si en El octavo pasajero Sigourney Weaver construía una heroína (casi) sin precedentes en el cine, aquí da muestra de ser la “puta ama” del cotarro, poniendo a todo el mundo en orden cuando la matanza se desmadra. Por si fuera poco, la aparición de Newt le permite mostrar un lado tierno, sin por ello perder un ápice de carisma o molabilidad. Dentro de la Nostromo ya teníamos a un personaje inolvidable, pero es que aquí la seguiríamos hasta el mismo infierno. Carga a sus espaldas con el peso de toda la película, nos mantiene en tensión durante dos horas y crea a un mito del cine. Todo ello sin dejar de ser una película de acción pura en la que lo más importante son los tiros. Creo que a nadie le tuvo que pillar por sorpresa que se llevara una nominación al Oscar por su enorme trabajo. 

Frente a ella no podíamos tener a un malvado cualquiera. Las historias son tan míticas como malvados son sus antagonistas. En la Nostromo no teníamos más que a un simple Alien, pero en el planeta habita la Reina del enjambre. Reflexionemos sobre ello, un xenomorfo básico se las basta para arrasar fácilmente con una escuadra enemiga. ¿Qué no podrá hacer el mayor monstruo creado por las profundidades insondables de los horrores incognoscibles? Geiger y Cameron sobrepasan los límites de nuestros terrores y crean al mal más puro que hayamos visto en una pantalla de cine (tarea premiada con un par de Oscars). Desde el primer momento que aparece hasta la batalla final con el traje especial de Ripley (qué bien introducido, ¡coñe!) se hace difícil respirar sin estremecerse. Lo dicho, inolvidables ambas.

 En ese sentido, debo destacara lo bien que ha envejecido esta película. Más allá de ciertos detalles técnicos obvios e insalvables, el uso del plástico y las maquetas es inmejorable para que la película adquiera una textura viscosa y maligna aun hoy en día. Los efectos especiales casan a la perfección con la atmosfera de la película e incluso Cameron se permite avanzar el futuro con el cambio de esencia de las batallas reales, introduciendo videocámaras en los cascos para transformar los tiroteos en directos televisivos. Habría que destacar también el impresionante trabajo de edición de los efectos sonoros. No hay como tener un buen pedazo de equipo de sonido para poder disfrutar (sufrir) de la experiencia de estar en la estación espacial y oír cada ínfimo ruido que se produce. No es que puedas notar cada paso lejano o cada respiración de los desafortunados personajes, ¡es que te parece oír sus latidos! Lo dicho, impresionante en todos los sentidos.

Estamos ante un gran film de acción, de toque terrorífico, pero donde prima el cariz de aventura tenebrosa. Donde Ridley Scott sugería, Cameron exhibe, donde yacían víctimas indefensas, luchan aguerridos soldados, donde acechaba una criatura, ahora atacan a miles, donde reinaba el terror… ¡esta vez, es la guerra!

Nota: 9
Nota Filmaffinity: 7.3

Como nota aparte, esta vez he visto el llamado "montaje del director" en el que se añaden 18 minutos de escenitas aquí y allá. Es muy fácil saber que es nuevo porque hay redoblaje y, por tanto, las voces y los ruidos cambian. Sin embargo, esta vez lo considero innecesario, ya que el metraje adicional se limita a alargar escenas y presentarte diálogos innecesarios que solo consiguen bajar el ritmo sin aportar nada. Para Aliens: el regreso, mejor el metraje original.

A diferencia de su predecesora, la Academia respetó el gran despliegue técnico de esta película, nominándola a Montaje, Banda Sonora, Diseño, sonido y premiando ambos efectos visuales y sonoros. Que se nota que la película está BIEN hecha. Adicionalmente, Sigourney Weaver consiguió una nominación a mejor actriz por su trabajo, algo que seria casi impensable en una propuesta de acción pura como esta (toma ya).

viernes, 15 de julio de 2016

Smoke



Como cada mes, el DPM nos acerca a películas inusuales sobre las que normalmente no posaría mi atención. Este mes Isgoma nos propone una propuesta pequeña llena de historias fragmentadas con el toquecito entrañable que sólo sabe dar Paul Auster.

Respetadísimo escritor (de los que suenan cada año para el Nobel de literatura), Auster también realiza un trabajo mucho menos reconocido de escritura de guiones. Entre ellos, esta propuesta, que lleva a la gran pantalla un compendio de pequeños relatos publicados aquí y allá con los que echa un par de pinceladas sobre la vida de una serie de personajes que orbitan en torno a un estanco.

Por ello, el humo (Smoke) es al mismo tiempo un eje abstracto y literal de la historia. El tabaco sirve como detonante a un puñado de historias que se explican a través de ese humo que existe entre las personas y que nos impide comunicarnos y expresar lo que sentimos como desearíamos. Cada uno de los visitante de este pequeño estanco neoyorkino tiene sus pequeños problemas: Un escritor famoso se ha quedado sin inspiración para crear nuevas historias y necesita una nueva para Navidad, un chico algo confundido quiere encontrar a su padre biológico, una madre intenta sacar a su hija toxicómana del vicio y la perdición y, finalmente, conoceremos cómo el dueño del estanco consiguió su querida máquina fotográfica. 

Son historias del día a día, problemas de gente normal que fácilmente podemos reconocer en nuestras vidas, retratando con maestría a unos personajes que, aparentemente, no tienen nada en especial pero que, entre todos, construyen un entrañable retablo  de las maravillas donde podemos contemplar nuestra existencia. Auster sabe darle a cada diálogo y a cada escena la motivación necesaria como para tocar esa fibra interior para dejarnos una sonrisita tonta en los labios. Todo un prodigio de guión. 

Sin embargo, éste no se consigue aprovechar correctamente, al estar limitada por una actuaciones que no llegan al nivel exigido por el libreto y, sobretodo, una dirección demasiado anodina que falla en el ritmo y maneja los entreactos con torpeza, además de cometer un puñado de fallos de continuidad (esa prótesis, por Díos) que daña los ojos al espectador atento. 

Entonces, a la que la historia no llegue a fascinarte, se hace demasiado fácil salir de la película, desnivelando así la emoción que consiguen las mejores historias respecto a las demás. Destacaría especialmente el último capítulo, con una improbable historia de Navidad compuesta con uno de los más mágicos textos de Paul Auster.

Otra vez –y ya van unas cuantas- me encuentro con una propuesta muy irregular, mezclando deliciosos detalles de maestro que ya justifican un visionado con capítulos mejorables que se acercan peligrosamente al aburrimiento cuando no aparecen errores de bulto. Este slice-of-life es capaz de emocionar hasta lo más hondo a aquellos que se acerquen con la disposición adecuada… pero también de aburrir salvajemente al que no se vea conmovido por las pequeñas historias del día a día.  Su deficiente dirección y su anodino trabajo actoral empaña un guión al alcance de muy pocos.


Nota: 4
Nota filmaffinity: 7.7 (o.O!!)

jueves, 17 de marzo de 2016

Alien: el octavo pasajero



Alien, el Xenomorfo. El monstruo fálico que habita nuestras pesadillas, el ser más terrorífico que nuestra imaginación puede generar, la criatura más mortífera que ha creado la evolución es el responsable de llenar de miedos las pantallas de medio mundo desde su aparición a finales de los setenta. Simplemente con recordar su nombre, nuestro subconsciente nos recuerda lo pequeños que somos en la inmensidad cósmica, evocando miedos insondables y seres más allá del espacio conocido.


Todo tiene origen en esta película de camioneros espaciales claustrofóbicamente malsana, en la que los inocentes tripulantes de un carguero son perseguidos por un ser extraño, desconocido y letal. Para un espectador actual, resulta sorprendente la calma con la que se presenta la situación. Scott se toma su tiempo para presentar a todos los personajes, hacernos partícipes de su rutina cotidiana y aprendamos a distinguirlos y a quererlos un poco. Ninguno de ellos es carne de slasher, sino compañeros que vemos cada a día en nuestro trabajo.

Después, un extraño parto (historia pura del cine) da lugar a un ser bípedo de dientes afilados, piel pegajosa, una mala leche descomunal y una inteligencia aún mayor. Sin embargo, tal como ocurre en Tiburón, el monstruo apenas se muestra, es incognoscible y aberrante. Sabemos que está ahí. Atisbamos algunas partes y contemplamos el resultado de sus acciones, las carreras por el pasillo, los cadáveres destrozados o la sangre ácida que cae y perfora los pisos… Pero no le vemos, no sabemos de qué es capaz y Scott puede así acojonarnos y sorprendernos con cada nueva aparición del depredador perfecto. 


Sí, el Alien es un ser tan alejado de la humanidad que nos desagrada en todo momento, pero no es sólo el bicho quién nos causa desazón. El diseño de la nave está concebido para causar incomodidad. La suciedad y el polvo de la nave se complementan con una atmósfera tensa y la amenaza latente de una muerte salvaje e implacable. La influencia del diseño de Giger es tan gigantesca que no podemos sino felicitar el admirable trabajo que realizó este pervertido suizo y agradecer el buen uso que Scott hace del mismo. Las vidas de mucha gente no habrían sido las mismas sin la capacidad que este universo vibrante genera. Alien es una de las obras capitales de la ciencia ficción en la pantalla grande por su irrepetible capacidad para causarte incomodidad simplemente avivando tus propios miedos al mismo tiempo que atrayéndote para explorar un mundo nuevo en el que alucinar con las formas que lo pueblan y cómo estas nacen, se alimentan y matan. Todo el género se ve sacudido por su influencia y se convierte en una obra de obligado visionado para el que quiera profundizar y entender la ciencia ficción.

Y luego está Ripley. Después de años y años de princesas desvalidas a las que salvar, por fin llega una mujer con iniciativa, luchadora e intrépida. La interpretación de Sigourney Weaver sorprendió a todos y la elevó al Olimpo de las Diosas cinematográficas.  Años tardaríamos en volver a ver una heroína que se las basta sola y que combate hasta las últimas consecuencias en la pantalla grande. No es una mujer imposible, no es un ideal. Simplemente, es Ripley, una teniente que hace lo que debe hacerse cuando debe hacerse. Mola. 


Ridley Scott consigue lo más difícil en el cine: juntar imágenes impactantes, personajes míticos y toneladas de tensión con las que mantenerte a tope durante dos horas sin apenas recursos. La acción es constante pero sus estallidos se encuentran perfectamente medidos y cronometrados. La película no tiene ningún punto muerto y su entorno biotecnológico retro-futurista (toma ya) te atrapa y te lanza hacia un horror del que es difícil salir sin haber sufrido. Queda poco por decir que no se haya dicho ya sobre ella, salvo que se trata de una película de obligado visionado para “disfrutar” de su tensión, intriga y claro, está, del miedo… aunque en el espacio nadie pueda oír sus gritos.

Nota: 10
Nota filmaffinity: 8.0