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sábado, 20 de marzo de 2021

La edad de la inocencia

Después de una película más novedosa, me dio por recordar un poco a los clásicos así que me puse a ver esta propuesta de Martin Scorsese, que tiende a ser una garantía en estas cosas. A menudo considerada una de las obras menores del director, quizás por ser muy “poco scorsesiana”, al estar alejada de mafias y asesinatos, adapta la novela de Edith Wharton a la gran pantalla. Me llevé una sorpresa al comprobar que era de 1993. No sé la razón, pero mi mente la ubicaba mucho más atrás en el tiempo.


La edad de la inocencia nos sitúa en el Nueva York de finales del XIX. Estamos entre la más alta cuna de la sociedad del momento, un estrato social que vive de apariencias, donde el qué dirán impera en todos los aspectos de la vida y poco queda al alcance del libre albedrío. Archer (Daniel Day-Lewis) es una de estas personas que conocen todos los resortes del lugar para medrar y favorecer sus posiciones. Se acaba de prometer ante la dama soñada por cualquier soltero que se precie, May Welland (Winona Ryder), lo que debería colmarle de felicidad. Sin embargo, la aparición de la condesa Olenska (Michelle Pfeiffer), prima de May, trastoca todos sus planes. Se ha enamorado de ella e intentará forzar las normas de comportamiento para conseguir estar con ella, con el escándalo consiguiente y sus consecuencias para el futuro.

Scorsese realiza aquí un precioso fresco de las altas esferas de la flor y nata de la sociedad de la “libre América” de la época. Se ven reflejadas todas las hipocresías que se arrastran de la “retrógrada Europa”, pues se presume de haber dejado atrás prejuicios y tradiciones, pero se mantiene una rigidez social que impide cualquier desavenencia con aquello que se espera de ti, rompiendo las ilusiones de todo aquel que espera tener iniciativa propia y creando un puñado de juguetes rotos y vidas reprimidas que no parecen sino encontrar placer en asegurarse de que todos a su alrededor son igualmente infelices.

Todo ello se realiza con una fastuosa puesta en escena en la que los escenarios se rellenan con todo el lujo de la época. Ello es especialmente patente en la multitud de banquetes que se realizan durante la película, mostrándose suculentos ágapes en los que se debe seguir una serie de estrictos protocolos y rituales para que todo sea “cómo es debido”. El esfuerzo para recrear el momento histórico, con los suntuosos ropajes, la recargada decoración de cada apartamento y la ostentación para mostrar quién tiene más dinero es sorprendente: Sus utensilios de comida, la parafernalia para fumar, el aparataje para afeitarse…

También destaca una preciosista fotografía en la que cada encuadre es casi un cuadro de la época, con todo el recargamiento gratuito de su estilo.

La película realiza un estupendo retrato de una época y, sobretodo, una radiografía cruel de sus tres protagonistas.

Archer en su inicio es un cínico vividor del sistema, que ha disfrutado de haber vivido toda la vida haciendo lo que le da la gana. Cuando parece que su vida no podría ser mejor, se ve poseído por un amor que no comprende, por lo que se ve obligado a romper moldes y contempla como las cosas no son tan fáciles como él creía. Cada vez más desquiciado, vamos viendo como poco a poco pierde el control ante la férrea correa con la que le sujeta el sistema.


En los primeros minutos, May Welland da un poco de pena, porque parece una pánfila tontita sin voluntad. Sin embargo, a medida que avanza el metraje vamos teniendo muestras de su inteligencia, mostrándose no como una mujer oprimida ni una víctima del sistema. Se trata de una mujer liberada que ha escogido ser lo que la sociedad espera de ella porque es lo que más desea ser, consciente de todos los resortes del sistema para usarlos en su beneficio con sutilidad sin que siquiera parezca necesitarlo. Cumple con su papel porque le provee de lo que ella desea. Me encanta como no ignora los devaneos de su marido, pero los tolera porque así ella es feliz y a él ya le va bien y, cuando la cosa se empieza a ir de madre, lo pone en su sitio con encantadora delicadeza (y una rotundidad apabullante) dejando claro que su vida será el peor de los infiernos si vuelve a hacer el idiota. Espléndida Winona Ryder en un papel lleno de sutilezas que transmite mucho más de lo que parece a primera vista (justificadísima nominación al Oscar, que perdió ante la jovencísima Anna Paquin)

Finalmente, tenemos a Michelle Pfeiffer dando vida a la Condesa Olenska. Es una completa outsider, como ese primo al que soportas porque es parte de la familia, pero que lo único que deseas es que se marche cuanto antes. Al haber abandonado a un marido que la maltrataba, sabe que es imposible que vuelva a ser aceptada como una más de la sociedad, por lo que se permite pasar de todo lo que opinen los demás, haciendo lo que le da la gana para escándalo de las mentes bienpensantes a su alrededor. Incapaz de contener su amor por Archer, esta pose de indiferencia se resquebraja, pues sus acciones pasan a tener consecuencias, arrastrando a Archer a la perdición. Así pues, se establece un tira y afloja entre las ganas de gozar de su compañía y la voluntad de alejarse de él para no convertirle en un paria, forjando una interesante evolución a través de la que se articula la película.

Podemos gozar de tener a Scorsese realizando un trabajo inmenso al dirigir a unos actores en estado de gracia, a merced de un guión que les ofrece unos personajes que son una golosina. La puesta en escena es espléndida, recreando con mimo una época que ya no existe. Hasta cierto punto, me recuerda a los libros de Fitzgerald: radiografía a la perfección una sociedad triste, llena de amores truncados, vidas infelices y melancolía ante todo lo que podría ser y nunca es. La edad de la inocencia comparte este retablo social y una de las características de esos libros: Son un aburrimiento. No hay nada en ella que me llame pare seguir viendo un minuto más y acabo destinando más tiempo a apreciar los vestuarios o las comidas de los personajes antes que seguir la historia.

El guión construye a unos personajes tremendos, vívidos y verosímiles. Los mete en un mundo creado con mimo y, luego, no hace nada con ellos. La trama no tiene nada interesante que no hayamos visto mil veces, el ritmo es plomizo y el encorsetamiento general no ayuda a hacer la película más digerible.

Al final, el resultado es una película excelente en el apartado técnico que aburre hasta a las ovejas. La espectacular actuación de los protagonistas no es óbice para que el espectador no afín al tema pueda encontrar motivos para disfrutar o mantener un mínimo interés al visionado. Podría haber sido mejor que lo que es (y mucho peor), pero por lo menos tenemos comidas suculentas, vestuario vistoso y escenarios espléndidos a pesar de su tediosa historia.

 

Nota: 5

Nota filmaffinity: 7.0 

domingo, 24 de febrero de 2019

Alien: Resurección


Tengo un cariño enorme a esta película. No en vano fue la primera que fui a ver al cine con los amigos. A mis catorce añetes, era la primera vez que, conscientemente, elegía ver “algo que mis padres no habrían aprobado que viera”. Recuerdo bien la sensación de rebeldía al ver algo +18, supuestamente prohibido para mí (ay, la ingenuidad de los años mozos…).

A ello había que sumar el pavor que yo tenía al Xenomorfo en aquella época. Y mira que todavía no había visto ninguna de las películas, por puro miedito. No era sólo un desafío a mis padres, sino un desafío para mí mismo, empezando la película tan nervioso como asustadito.  Recuerdo que me lo pasé en grande y me quité un buen montón de complejos con esta película, a pesar de sus absurdeces que ya me di cuenta que tenía.

Han pasado un par de siglos desde la muerte de Ripley. Sin embargo, la compañía ha conseguido recuperar su cadáver, con el que ha seguido investigando. Después de unos cuantos intentos, consiguen clonar a Ripley separando el cuerpo de la Reina Alien con la que murió. Un grupo de desharrapados mercenarios provee de un puñado de cuerpos a los que inocular con el xenomorfo. Evidentemente, la cosa se va a desmadrar y la matanza está servida.


Era el año 97 y Dolly acababa de salir al mundo. La clonación estaba de moda y a algún directivo se le ocurrió aplicarla para resucitar una saga que se suponía cerrada y bien cerrada. La resurrección se combinó con malotes noventeros, un poco de steam-punk desnortado y un realizador con personalidad. La idea en sí no era del todo descabellada, y Jean-Pierre Jeunet había demostrado ser un director con estilo. A posteriori, incluso podríamos decir que se trataba de una propuesta prometedora en su concepto.

Sin embargo, los problemas empezaron cuando desde producción se empezó a meter baza (no olvidemos que es una película de estudio) en el guión de Joss Wedhon, tocando cosas aquí y allá, fastidiando todo el trabajo para desgracia de un Jeunet al que le cambiaban el plan de rodaje cada día. Un ejecutivo deducía que estaba de moda el baloncesto y había que incluirlo en la película (sí, una Spalding en el año 2145), luego los Aliens debían convertirse en mascotas, luego había que destruir la tierra y crear al Xenomorfo súper-definitivo, Winona Rider casi se muere porque Weinstein insiste en que ella no puede usar dobles… El documental del Making Off es de los que vale la pena ver. Estoy seguro de que el director envejeció diez años durante el rodaje.


El mayor problema que se encuentra la película es que la solución argumental que escoge el guión está plagada de agujeros, pajas mentales y decisiones extrañas que impiden que la película llegue un poco más allá. Desde la excusa para resucitar a Ripley hasta su extraño desenlace, los despropósitos campan a sus anchas. Josh Wedhon, que firma el libreto, ha declarado en diversas entrevistas sobre la cantidad de cambios que le hicieron, incluida la eliminación de un tercer acto en la tierra que se cambió por ese parto rarísimo del que declara no tener nada que ver. Quizás estamos hablando del peor guión que ha tenido Jeunet entre manos. Imagino que, en condiciones normales, se habría negado a hacer la película, pero ya se había comprometido contractualmente a rodar en Hollywood (tenía muchas ganas), antes incluso de saber que iba a hacer una de Alien. Ay, estos líos de productoras…

Alien: Resurección parece intentar ser una película que combina la salvaje acción de Aliens: el regreso con la inquietante atmósfera de Alien: El octavo pasajero y la estupidez de los personajes de Alien: 3. En su búsqueda de ser la película más sanguinaria, brutal y agresiva de la saga, está tan pasada de vueltas que se acaba convirtiendo en una comedia involuntaria. Contiene tal cantidad de bastardadas innecesarias que te tienes que reír, aunque probablemente no fuera el objetivo inicial del director.

Y es que la imaginería está muy currada. La Nostromo (es un decir) se contagia de un ambiente sórdido, deliberadamente cutre basado en tonos amarillos y verdes, donde todo parece supurar enfermedad y decadencia. Las soluciones visuales que Jeunet escoge denotan saber hacer (la escena bajo el agua, por ejemplo), con un punto de malignidad muy bien encontrado que hace todavía más sorprendente que Amèlie se rodara justo después de ésta.



Al final fue pragmático e hizo un buen trabajo sin pelearse en exceso con los de arriba ni tampoco pasar del tema. Se puede notar esta efectividad en la acertada dirección de actores, a los que el guión dota de personalidad con apenas dos pinceladas (típico de Wedhon). Desde el pasadísimo Ron Perlman, el negro de las rastas o una jovencísima Winona Ryder que ya empezaba a tener fama de “excéntrica”.

Un aparte habría que realizar en lo que concierne al híbrido. ¿A quién se le ocurrió que eso era buena idea?

Alien: Resurección es una película a la que le tengo un cariño inmenso. Aunque técnicamente no hay mucho que reprocharle, el guión se queda en ese extraño punto entre el despropósito involuntario, la comedia gore y la acción descabezada con la excusa de tener criaturas por ahí. Como película de acción se las arregla para tener un buen puñado de escenas molonas, aunque como mejor se disfruta es deleitándose con la exageración cachonda que se despliega con las sucesivas víctimas.

Nota: 6
Nota filmaffinity: 5.6