Mostrando entradas con la etiqueta Allen. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Allen. Mostrar todas las entradas

jueves, 6 de marzo de 2025

Scoop

Al ponerme a hacer la reseña de esta película, me he dado cuenta de que empiezo a tener muy pocas películas de Woody Allen por ver y reseñar. Creo que (junto con Spielberg) debe ser el director al que le he prestado más atención a lo largo de los años.

En Scoop tenemos a una aspirante a periodista que recibe un chivatazo (un scoop, en inglés) del más allá sobre un asesinato que incumbe al soltero más codiciado de Inglaterra. Por su parte, Woody Allen es un charlatán que vive de hacer ver que tiene contacto directo con los muertos, aunque en el fondo se dedique a hacer del personaje clásico de Woody Allen. Esta improbable pareja de detectives se pondrá en marcha para esclarecer una muerte que no ha atraído la atención de la policía, lo que les llevará a meterse en líos bastante más gordos de los que hubieran deseado disfrutar.

Recordando en gran medida a Misterioso asesinato en Manhattan tenemos aquí una comedieta menor que, sin pretender tener trascendencia alguna, entra finísima. Transcurre por terrenos agradables, como si de un vaso de agua fresca en verano se tratara: No lo recordarás de por vida, pero sienta de maravilla. No inventa nada especialmente novedoso, pero está repleta de diálogos ingeniosos, un ritmo muy vivo, referencias a los cómicos de antaño integradas en la trama y un savoir faire en la comedia al alcance de muy pocos.

A ello ayuda la presencia de cuatro actores que desprenden una naturalidad insultante. Por un lado hay que destacar a los protagonistas, Woody Allen haciendo de su personaje a la perfección, como siempre; mientras que Scarlett Johansson clava el tropo de tia buenorra tontita (pero no tan tonta), jugando con el tópico en su beneficio mientras está más guapa que nunca. Desprenden una buena química de lo más inesperada, complementándose a la perfección dentro de la excentricidad de sus papeles. Hugh Jackman hace el papel de galán pijo y seductor, notándose como goza cada escena y lo bien que se lo está pasando rodando. Por su parte, Ian McShaneencara al JJ Jameson, al periodista de raza que sabe que tiene el chivatazo del siglo y no podrá descansar en paz hasta que consiga que la verdad salga a la luz. En un papel similar al de su peculiar Swaringen, se convierte en el cabrón (en nuestro cabrón) que lucha por lo que cree hasta límites absurdos, sin dejar siquiera que la Muerte (no temáis al Segador) se interponga en su camino. Si a Woody Allen le quedan bien los diálogos estúpidos para escurrir el bulto, los de McShane desprenden una arrogancia tal que se hace obligatorio quererle.

La trascendencia del argumento es, cuanto menos, escueta. Es predecible, pudiéndose adivinar qué va a pasar en los siguientes minutos, pero la trama se despliega con corrección, hilando con cierta habilidad los giritos de guión que sabemos que han de venir. Pero claro, está envuelto en diálogos ingeniosos, un extraño (y exacto) sentido del humor negrísimo que cabalga contradicciones sin despeinarse en ningún momento y un buen rollo desbordante que consiguen que el conjunto se deslice con placer. Una longitud perfectamente ajustada (da gusto cuando una película dura lo que debe durar, ni un minuto más, ni uno menos) y un buen repertorio de chistes ocurrentes son más que suficientes para que este entretenimiento ligero te permita ventilar una tarde placentera con una buena sonrisita.

Scoop es una película menor dentro de la filmografía de su director. Se basa en alargar una tontería durante 90 minutos y ver hasta donde lleva, pero lo hace con acierto, buenos chistes y un ritmillo la mar de molón. Creo haberlo dicho más de una vez (especialmente con Allen), pero ya les gustaría al 99% de los directores de Hollywood hacer películas menores como ésta. Entra finísima. No te marcará pero te da 90 minutos para rellenar una tarde como nadie.

 

Nota: 7

Nota filmaffinity: 6.8

 

PD: La frase de Allen en la piscina cuando se entera del percance de su "hija" es memorable.

 

  

lunes, 18 de octubre de 2021

Los fantasmas atacan al jefe

Dentro del carro de películas pendientes desde hacía lustros, recojo ésta que, no sé por qué razón, tenía ubicada dentro del terror. A pesar de Bill Murray no me había acercado a ella, encontrándome una comedia que nos cuenta una versión muy sui géneris de Cuento de Navidad.

Bill Murray es el Scrooge de 1985. En vez de un avaro prestamista, es el ejecutivo director de una cadena de televisión, que ensalza y hunde programas (y todas las vidas implicadas) sin pestañear, tan obcecado en el trabajo que ya ha olvidado cualquier sentimiento, gozando gozando de humillar a todos aquellos que intentan aportar algo de humanidad al día a día de la cadena. En la noche de Navidad, se le aparecerán los Tres Fantasmas y empieza la historia que todos conocemos, con el carisma de Murray por bandera para proporcionar 90 minutos de entretenimiento navideño la mar de funcional.

Evidentemente, es el amo absoluto del show que se adueña de cada escena a base de morro y carisma, dando lugar a un buen porrón de chistes de casi todo pelo que funcionan estupendamente. Si sois de los que no os cae bien el actor, pues no os acerquéis a esta película, claro, que aquí tendréis una buena sobredosis. Lo que sí tenemos son un torrente de risas que se suceden a buen ritmo, apenas interrumpidas por las necesidades narrativas mínimas y, obvio, el final bienintencionado que pide una película de este calado.

La duración se ajusta con acierto a lo que pide el guión, con un Richard Donner muy correcto, escogiendo la puesta en escena adecuada para cada momento y haciendo avanzar la trama con un ritmo vivo pero no frenético. No se molesta en hacer ningún alarde de virtuosismo, pero completa el trabajo sin ningún error. ¡Qué gusto y que tino tenía el hombre para hacer propuestas familiares agradables!

Evidentemente, la película es lo que es y da para lo que da. Tampoco le pidamos otra cosa. Es simpática, da 100 minutitos de entretenimiento agradable y, claro está, entra muy fina en Navidad. De trascendencia va justita y tiene un final muy ingenuo, pero oye, que es Dickens y Murray, que de malo tienen poco.

 

Nota: 6

Nota filmaffinity: 5.9 

domingo, 12 de abril de 2020

Misterioso asesinato en Manhattan


Quizás es porque tenía ganas de resarcirme después del mal sabor de boca que me dejó la última película Marvel, pero había ganas de ponerse una comedia que funcionara estupendamente. De entre sus posibilidades, lo que mejor se me pasó por delante fue volver a ver una de las comedietas más locas del mejor Woody Allen, que toquetea el cine de Hitchcock pasándolo por su particular filtro.

Pues esto es una señora algo madura, bastante pijilla y muy aburrida que cree ver a su vecino acabar con su mujer. Asustada, lo cuenta todo a su neurótico esposo, que no está por la labor de ponerse a investigar. Como ella no se ha quedado tranquila, decide liar a su candidato a amante para jugar a los detectives, lo que provocará una serie de enredos de lo más loco, especialmente cuando los celos obliguen al atribulado marido a ponerse también manos a la obra. A su manera, la investigación progresa en una trama en la que nada (y todo) es lo que parece.

Así pues, partiendo del armazón de un thriller que bebe mucho de La ventana indiscreta, Woody Allen toquetea lo que necesita para convertir el film en una comedia loquísima en la que se suceden los diálogos ingeniosos, las situaciones improbables y la lógica más aplastante empleada de la manera más absurda. La maniática personalidad de unos personajes muy bien trazados provoca un buen puñado de sucesos inesperados, formando un rompecabezas un poco raro que uno sabe muy bien qué va a ser, pero que no puede evitar disfrutar su montaje.

Gracias al tremendo arsenal de diálogos llenos de miga y a las aristas que presenta cada personaje, los actores tienen ante sí un caramelito que aprovechar. Se esfuerzan sobremanera para dar vida a unos personajes inolvidables, destilando una química inusual, sólo al alcance de un elenco en estado de gracia. Diane Keaton, Alan Alda y el propio Woody Allen, están todos magníficos.



El guión no sólo contiene una profusión de diálogos certeros sino que Allen le ha metido una crítica al pijerío neoyorkino (del que él siempre ha formado parte), siempre centrado en veleidades intelectuales y tan aburridos que se “inventan” un asesinato para así tener algo en que entretenerse. Aprovecha también esta parodia para dejar claro cuánto sabe de estos temas, metiendo dentro del guión referencias de actores (Astaire, Bogart), directores (Welles, Wider), películas (Perdición, la dama de Shanghai), además de pedradas gratuitas a escritores (Joyce), pintores (Monet) y alguna frase famosa sobre invadir Polonia. Lo más curioso es que esta tonelada de guiños están tan bien metidos dentro de los diálogos que no chirrían en ningún momento. El profano no nota nada extraño en la construcción de las frases y disfrutará como un cosaco de los chistes, mientras que el cultivado en estas cosas veredes se lo pasará como un enano reconociendo todo el chillón de referencias que hay ahí metidas.

Me resulta curioso que una película tan redonda, que exige una gran atención por parte del director y una mirada tan optimista del mundo se produjera justo durante el divorcio con Mia Farrow. Justo acababa de salir inocente del juicio por abusos y necesitaba un proyecto ligero con el que desconectar y divertirse. Y vaya sí le salió bien. Quizás por las ganas de centrarse en el trabajo por un tiempo, nos brinda un thriller en el que estás en tensión para saber qué demonios ocurre, mientras se te bombardea a chistes por todos lados, demostrando una brutal inventiva a la hora de crear escenas tan inusuales como certeras (la escena del ascensor, las amenazas telefónicas o la excéntrica declaración policial).



Dos horitas de la mejor comedia mezclada con un thriller que bebe de los maestros, con unos actores en estado de gracia y unos diálogos impagables marca de la casa. Esta delicia llena de buen rollo se pasa como un suspiro, conformando una de las comedias más desternillantes y redondas del particular director neoyorkino.

Vamos, que se nota que me ha encantado la película, ¿no?

Nota: 9
Nota filmaffinity: 7.8

domingo, 27 de noviembre de 2016

Manhattan



Confieso que puse Manhattan con la idea de ver Misterioso Asesinato en Manhattan, del mismo Woody Allen. Me quedé con el culo bastante torcido cuando no empezaba tal como la recordaba. Obviamente, era una película diferente. Pero sigue siendo Woody Allen y uno es un completista, ¡así que no la iba a quitar!

Manhattan funciona como una de estas comedias románticas redondísimas que tantas veces hemos disfrutado de Woody Allen. En ella seguimos las desventuras de un puñado de amigos de clase alta que retozan aquí y allá mientras intentan no matarse mutuamente de amor, celos o estupidez. Mientras tanto, vamos paseando por diversos lugares emblemáticos de Manhattan en los que se demuestra el inmenso cariño que Woody tiene a esta ciudad.

Entre paseo y paseo por la bellísima ciudad, los parlanchines personajes dan buena muestra de las inquietudes del prolífico director. Como cada vez que retrata el pijerío neoyorkino, Allen se permite meter bien el dedo en el ojo y llamar idiota a casi todos los miembros de este grupo social (incluido él mismo).
Encontramos una furibunda ridiculización del mundo artístico moderno. Sin dejar títere con cabeza se emprende ante los creadores repletos de postureo, los críticos que desconocen aquello de que hablan y, sobretodo, los pedantes “modernos” que postulan con alegría lapidaria qué está de moda y qué debe evitarse. 

También dedica buenos tortazos al modo de vida de aquellos con la vida resuelta de nacimiento que no deben esforzarse por conseguir lo que quieren. Se aburren demasiado, incapaces de afrontar y resolver sus problemas, arrojándose a toda velocidad hacia psicólogos de dudoso profesionalismo. Se llenan de pastillas con alegría, sin poder apreciar lo bueno que tienen alrededor, con lo que llenan sus vidas de infelicidad. 

Como buen guionista, se afronta el proceso de creación literaria. ¿Cómo vencer al miedo a la página en blanco? ¿Qué disposición mental se necesita para poder crear una historia? ¿No es acaso un acto de vanidad el plasmar en negro sobre blanco nuestras inquietudes? ¿Acaso le pueden interesar a alguien?

Aderezando estos tópicos, los chascarrillos y chistes de un Woody Allen de lo más chisposo se encuentran salpicando cada recodo del camino. Arrebatos de inseguridad, increíbles fardadas sexuales y deditos metidos en ojos ajenos para completar noventa minutos que se pasan en un suspiro.  

El elenco de personalidades incluidas dentro de la película pone la piel de gallina. Están esculpidos con tal cantidad de aristas que tan pronto los adoras como los odias sin por ello dejar de comprenderles. Son todos decididamente humanos, con sus taras y sus puntos a favor. Woody Allen es un pretencioso y un presumido, lo que esconde un complejo de inferioridad de lo más adorable. Michael Murphy es un niño mimado, siempre insatisfecho, pero incapaz de hacer daño a una mosca. Diane Keaton es una insufrible pedante incapaz de comprometerse que, en el fondo, lo único que quiere es que le den algo de cariño. Muriel Hemingway es la más madura de todo el grupo,  siendo la única capaz de reconocer lo que quiere y de afrontar lo necesario para conseguirlo, pero su juventud le resta la experiencia necesaria para para conservarlo. Y finalmente, una Meryl Streep llena de arrogancia ultima una venganza horrenda ante un personajillo que se merece qu ele hagan la puñeta. Todos y cada uno de ellos realizan un trabajo estupendo al dar vida a unos personajes que son una pura golosina, por obra y gracia de un guión redondísimo. 

Y, como no podía ser menos, el característico Jazz de nuestro querido Woody está escogido con mimo. Cada canción complementa su escena para dar el toque emotivo necesario, componiendo una banda sonora de bandera.

Quizás peco de querer ver más de lo que hay, pero este cruel retrato de las clases pudientes de Nueva York me ha recordado mucho a la más reciente Closer. Idas y venidas de ricachones con demasiado tiempo libre e ideas poco claras. Toneladas de mala leche, odios enconados y vidas rotas perfectamente interpretadas con una impecable banda sonora a su alrededor. Son tan parecidas que la última parece como si fuera un remake encubierto de esta ácida comedia. ¿Qué creéis vosotros?

Por la razón que sea, siempre la había confundido con el asesinato de la misma ciudad. Por ello, había pasado totalmente desapercibida en mis listas, y ahora se va a convertir en una de mis favoritas de Woody Allen. Me encanta cuando se pone el traje de caza y se dedica a despotricar contra el pijerío que se aburre demasiado por la vida. Espero que siga brindándonos su película anual durante bastante tiempo más, que siempre me hace disfrutar, incluso cuando pone el automático y se dedica a llenar el cupo.

Nota: 9
Nota filmaffinity: 8.1

domingo, 14 de diciembre de 2014

Magia a la luz de la luna

Parece que tras torturarnos con uno de los dramas más intensos de su carrera, Woody vuelve  a sus películas-postal facilonas. Ésta vez se traslada al sur de Francia (cerca de mi casa, por cierto) para contarnos su enésima historia de amor. Años 20, ritmo de Jazz por todos lados (que ya sabemos que a Woody le gusta poco), diálogos ácidos y una historia de amor.

Los años no pasan para el viejo Woody, cómo sino explicar ese sentimiento de eterna juventud y cándida frescura que impregnan todas sus películas. Con una frescura encantadora e inofensiva como una partida de ping-pong, Magic in the moonlight se desenvuelve con una gracia tonta propia del humor singular del creador neoyorkino. Después de la malignidad de Jasmine, Woody vuelve a territorio conocido y brinda una comedia romántica etérea y simple.

En una brillante primera escena, contemplamos el poder de la magia que nos hace creer lo imposible guiados por un pomposo Colin Firth (aún más pagado de si mismo que en El discurso del Rey) que, en cuento se baja del escenario muestra una faz arrogante, llena de cinismo y amargura. Aquejado de un humor cáustico, disfruta localizando y ridiculizando a los adeptos del ocultismo y el espiritismo, que caen bajo el poder de la razón y el intelecto.

Cómo no, cuando un compadre mago le viene a exponer el caso de una joven médium que ha embaucado a una rica familia de la idílica Costa Azul, se lanza sin dudar a confundir y desenmascarar a la usurpadora.
Tan pronto como llega, es testigo de presentimientos, visiones, imágenes mentales, revelaciones… que se supone que no puede conocer de ninguna manera. El mago sin ilusiones se queda perplejo al comprobar cómo ello escapa a su raciocinio. ¿Y si todas sus certezas no eran sino la muestra de su estrechez de miras, de su falta de espíritu? ¿Y si existe la magia, sin trucos ni ardides?

El film tiene todo lo que podemos esperar de una de sus obras menores: diálogos mordaces, frescura, neuróticos atribulados y bellezas excéntricas. Como siempre, la química entre los protagonistas es magnífica, con un Colin Firth pagadísimo de si mismo y una Emma Stone radiante y cautivadora. A partir de ahí, la pareja se desplaza por las mejores playas de la costa francesa retratadas con la impecable fotografía con que Woody rueda sus postales (a Barcelona, a Roma, a París…). Todo es cándido en la radiante Riviera francesa, el azul del mar, el verde de la arboleda y los rayos del sol reflejados en el cabello de Emma Stone. Incluso es cándida la historia que se desarrolla, mínima pero encantadora, con un aroma a chuchería facilona que enamora sin alardes. Un pequeño canto a la vida, a mantener esa fe en que los milagros existen y la vida merece ser vivida. El Jazz que tanto gusta a Woody Allen no hace sino acentúar la frescura y la ligerenza de la obra. Continuamente aparecen pequeñas piezas que separan las diferentes escenas y refrescan un metraje de por sí inofensivo. Simplemente, son cien minutos sin exigencias de tramas profundas ni reflexiones sesudas, sólo un poco de magia, buenas intenciones, bellos paisajes y un ritmo vivo.


Ha sido injustamente vilipendiada de manera atroz por la crítica estadounidense, que esperaba un nuevo drama glamouroso y que se ha sentido decepcionada con este entretenimiento ligero. Se nota que es una película que ha rodado con el automático puesto, menor y simple, sin apenas complicaciones, pero sigue siendo fresca y agradable de ver, con dos grandes actores protagonistas y una chispita que te saca la sonrisa tonta. Y es que no debemos olvidar que el automático de Allen es mejor que el ochenta por ciento de las películas que hay en pantalla.

Nota: 6
Nota filmaffinity: 6.2

jueves, 30 de enero de 2014

En busca del arca perdida

Un clásico moderno, una reinvención del cine de aventuras, un héroe (granuja) icónico e inolvidable. Había ganas de darse un banquetazo de buen cine y palomitas.

El hombre del látigo recibe un encargo inesperado: se han encontrado pistas sobre el paradero del Arca de la Alianza. Los nazis también andan tras ellas, por lo que su búsqueda se convertirá en una carrera repleta de acrobacias, disparos, latigazos, ligues, duelos de chupitos, peleas desiguales, carcajadas, chulería y, sobretodo, diversión.

El comienzo es simplemente espectacular, constituyendo un tercer acto de una aventura que no vemos: Indy calibrando el peso del saco de tierra con el del ídolo, la roca gigante persiguiéndolo, paredes que se cierran, persecuciones indígenas, hasta llegar al momento en que provisto de una liana se lanza hacia el mar para nadar hasta el avión, momento en que la mítica banda sonora hace acto de presencia, y el avión se pierde en el horizonte. Es sorprendente como una película con tanto cartón piedra es capaz de ser tan trepidante y pegarnos a la pantalla con tan poco esfuerzo.

 ACTORES: Harrison Ford ha parido a dos de los personajes más míticos de la imaginería popular, el contrabandista Han Solo (que disparó primero) y al inefable y carismático hombre del sombrero, el gran arqueólogo que no necesita presentación… Dr. Jones, Indy, Junior… ¡Indiana Jones! Es sorprendente como se pone el sombrero y se enfunda en un personaje que le va como anillo al dedo, haciéndose inolvidable. El resto de secundarios, sin realizar tampoco un papel estelar, cumplen sobradamente con lo que se les pide.

DIRECTOR: Spielberg es uno de los grandes y se nota. En esta película crea una imaginería inolvidable que mezcla la mística de la aventura con una historia sólida, un malvado de los que hacen época, humor socarrón, épica y peripecias por todos lados. En este puzzle imposible, todo parece cuadrar a la perfección; la actuación del héroe, la música, la imaginería... que fluyen para darnos dos horas de pura aventura.
El escenario es carton-piedra, pero Spielberg le imprime la fuerza y el ritmo necesario para que ello no nos importe. Sin grandes alardes ni efectos especiales despampanantes (a ojos actuales), nos muestra cómo hacer escenas de acción y cómo hacer puro entretenimiento. Reinventa el cine de aventuras y cambia lo que vendrá a continuación.
La música, cargo de John Williams, no necesita presentación. Todos conocemos las notas que introducen a nuestro Indy. Su sonido nos acompaña a lo largo del metraje, siempre en la medida exacta para potenciar la emoción en el momento adecuado. Si se ha convertido en un icono reconocible por todos… será por algo.

GUIÓN: Aparentemente, las excéntricas aventuras de un saqueador de tumbas no deberían interesar mucho… ¿o sí? Desde el primer momento se consigue dotar a Indy de un aura de misticismo que lo hace irresistible. A partir de ahí, ¿qué hay más mítico y simbólico que recuperar el Arca de la Alianza? El equilibrio entre ritmo, acción y diálogos que se consigue en la película es sorprendente. Cada palabra y cada gesto, cada detalle que conocemos de la historia sirve de guía para transportarnos en esta montaña rusa. Todo tiene su sentido y todo está en el lugar que tiene que estar. Los personajes, sólidos y coherentes, llenos de carisma. Las situaciones, más que bien encontradas, y la acción, perfectamente medida y coreografiada.

Para esta película no pasan los años. Tiene ese sabor añejo de las cosas bien hechas, junto con carisma a raudales y miles de momentos míticos e inolvidables. Capaz de resucitar un género muerto hacía años marcando el camino de todo lo que vendría a continuación. Emoción, aventura, romance… tiene la medida justa de todo para convertirse en referente de lo que es el cine de entretenimiento.

Nota: 9
Nota filmaffinity: 7.9

martes, 22 de octubre de 2013

Blue Jasmine

Hacía tiempo que en el cine no me encontraba una sala repleta. En el momento de entrar quedarían 10 sitios por llenar, y se llenaron (y la sala no era pequeña). Me sorprende, porque se trata dela última obra de Woody Allen, que nunca se ha caracterizado por llenar taquillas y además, no es la semana del estreno. Hay que reconocer que está teniendo una buena crítica, pero no por ello era de esperar un llenazo en el cine.

Jasmine (Jeannette) es una mujer que viaja a San Francisco para instalarse con su hermana pequeña. Durante años ha vivido entre la jet-set de Nueva York, rodeada de fasto y opulencia, pero su ahora exmarido ha sido encarcelado y ella se ha quedado con lo puesto. No sabe qué hacer con su vida ni cómo ganarse el pan, con lo que apela a la buena voluntad de su hermana (a la que repudió años atrás) para salir adelante.

Se han acabado las postales europeas y Woody Allen vuelve a hacer una película en serio. Blue Jasmine se aleja de sus últimas películas y añade una tonalidad mucho más negra al argumento, dejando de lado la coralidad de personajes. Sorprende (y mucho) un Woody Allen tan cruel. Normalmente se mueve en el cinismo, riéndose con cierta gracia de la falsa vida y las “preocupaciones” de los ricos, pero nunca le había visto hacer una crítica tan feroz y desmedida contra su vacía forma de vivir. Durante gran parte de la película, parece que Jasmine va a tomar la senda del re-descubrimiento y superación personal para encontrar la felicidad, pero la cosa no va por ahí, pronto es obvio que toma otros derroteros.

ACTORES: Habría que decir ACTRIZ. Si la película se sostiene (y muy bien) es por una fantástica Cate Blanchett que borda todos los multiplísimos matices de su personaje. Compone magníficamente el retrato de una mujer destrozada que ha perdido su modo de vida y no sabe (ni está dispuesta) a adaptarse a su nuevo mundo, se mueve al borde de la locura, buscando desesperadamente aún la felicidad en las cosas más caras y lujosas de la sociedad consumista. Roba cada escena en la que aparece y hace creíble lo que sería un personaje casi imposible. Se mueve entre lo cómico y lo trágico, moviéndote entre la empatía y el odio por ella, con todos los puntos medios posibles. A su lado, el resto de actores destaca por su realismo en sus papeles, muy reconocibles y cercanos a lo largo del film, casi entrañables,  aunque cuando tienes semejante monstruo en estado de gracia a tu lado… cuesta destacar.

DIRECTOR & GUIÓN: Como siempre, el señor Allen hace las dos cosas. Estoy seguro de que el personaje de Jasmine está basado en alguien. Si no, no entiendo la mala idea con la que parece estar hecha la película. Ésta avanza sostenida por unos personajes bien descritos y unos diálogos bastante agudos, ayudados por la electrizante actuación de Cate Blanchett. El juego de flashbacks para retratar los aspectos cotidianos de Ginger y Jasmine está muy bien conseguido, pues la cruel comparación de los cambios habidos en la vida de Jasmine una vez ha perdido su estatus de “mujer florero” están muy marcados. El personaje se mueve entre altibajos. Es una histérica, tan pronto decidida a salir adelante trabajando como dispuesta a encontrar “un buen partido” con el que pueda vivir del cuento. Tan pronto buscando amor y comprensión en su familia como humillándola y destrozando su hogar por puro desahogo. No me extrañaría que cayera alguna nominación, porque tiene algunos momentos de puro virtuosismo.
Por otro lado, aunque el personaje  es de los que están pidiendo estatuilla, la película no acaba de coger ritmo y precisa de cierto esfuerzo para seguir atento. La historia es algo pesadita y, si no fuera por la extraordinaria actuación de Blanchett, es de estas con la que debes hacer un esfuerzo.

Si lo que queréis ver es a Woody Allen haciendo un drama con mala gaita, o una actuación bestial (que pide Oscar a gritos) de Cate Blanchett, seguro que disfrutareis. Lamentablemente a la historia le cuesta mucho despegar y puede llegar a hacerse pesada.

Nota: 7
Nota filmaffinity: 7.4

jueves, 16 de mayo de 2013

Medianoche en París


Después de ver Vicky Cristina Barcelona y A Roma con amor, me quedaba por reseñar una película para cerrar la trilogía de turismo de ese particular director llamado Woody Allen. Tocaba pues, dedicarle un tiempo a Medianoche en París.



La película, con la romántica y nostálgica Paris como centro de operaciones, nos presenta a Gilles, un novelista frustrado que vive creando guiones que odia para Hollywood. Junto a Inés -su prometida- y sus suegros, está de turismo en París, visitando a unos amigos. A Gilles no le  gusta su presente, dónde vive hastiado al no creerse capaz de cumplir sus sueños. Paseando por las calles de París suspira por una oportunidad para trasladarse al París de los felices años 20, cuando la ciudad bullía con la presencia de los mayores genios artísticos de la época. Una noche, después de una buena borrachera, es recogido por un coche de época y trasladado a un bar muy especial. Gilles se dará cuenta que a veces los deseos se hacen realidad, aunque no sea de la manera que uno espera. Se ha visto trasladado a los años 20, y todos sus referentes están frente a él, viviendo y festejando la locura de París.

Ésta es sin ninguna duda la mejor de las películas “turísticas” de Woody. Sigue componiendo una preciosa postal sobre la ciudad y no deja un rincón bonito que mostrar, otorgándole el aura mística que sólo las grandes ciudades saben tener. Sin embargo, en esta película la ciudad no es la protagonista sino sólo el más bello escenario posible para una historia muy trabajada, llena de detalles y mucho mimo. Esta vez, Woody no se ha limitado a sacar la chequera y nos deleita con una buena película. Es una película que transpira buen humor, transpira amor, respeto por las calles que pisa y por las figuras clásicas que expone, cariño hacia la figura que Woody Allen fué, agrado hacia el presente y nostalgia hacia el pasado

ACTORES: Toda la película gira en torno a un Owen Wilson que disfruta de un guión que parece hecho para él. Su personaje es soñador e idealista, tramposete pero ingenuo y, sobretodo, se mueve en un estado de confusión tan alucinado que resulta entrañable. Hace el mismo papel que ha hecho toda la vida pero con un personaje muy bien trazado en una película que gira en torno a él y exhalando unas dosis de buen rollo vitales para el personaje. Nunca destacará por ser un gran actor o tener registros, pero esta vez, lo clava que da gusto. El resto de personajes son muy secundarios y costaría mucho destacar a nadie.

 DIRECTOR: Dentro de la trilogía turística, ésta es probablemente la obra más pensada. Allen nos hace de guía por París con una fotografía perfecta -como ya viene siendo habitual- y una composición de escenas impecable. Mientras Barcelona se convierte en un lugar perfecto para orgías, Roma en un lugar lleno de absurdeces, París es una ciudad llena de lluvia, evocación y ensueño, repleta de artistas en plena ebullición donde incluso ir de vientre es motivo de admiración. En eso consiste la película, es un gran ejercicio de nostalgia, una quimera dónde, de repente, cualquier cosa pasa a ser posible.
La presentación de los personajes, de la fauna nocturna que puebla los bares de París, es magnífica. La sucesión de apariciones en un impecable “más difícil todavía” te deja pensando “a ver quién aparece ahora”, entradas impecables como la de Hemingway, Buñuel o Dalí te dejan con una inevitable sonrisa en los labios.
No vas a encontrar errores en los planos, pues ninguno se aleja del noble propósito de contar una historia imbuida en irrealidad. El escaparate de sueños que Allen crea gira en torno a la figura del artista -el que fue, es y será- en este ejercicio sencillo pero delicioso, original y, a su manera, magistral.
Allen juega con la idea de “cualquier tiempo pasado fue mejor”, tratando con cierto cariño la nostalgia -¿reminiscencia de sus inicios como cineasta?-, pero recordando que cada pasado tiene su pasado y el futuro aún está por decidir, usando unas bellas metáforas finales muy logradas.

GUIÓN: El guión es una muestra de la calidad que tiene Allen -cuando quiere- como cineasta, además de su gran bagaje cultural. La creación de los personajes es perfectamente redonda, tanto los famosos artistas como el escritor entrañable, extravagante y frustrado que va a París en busca de inspiración -si es que Woody, aunque no salga, sale en la película-. El carácter de cada personaje histórico está muy bien reflejado y diferenciado, carismáticos todos ellos y con diálogos bien encontrados. Consigue hacerte reir, simplemente con el hecho de qué puede pasar a continuación -hilarante la escena de los surrealistas-. El desarrollo de toda la ensoñación comprende un crescendo magnífico, muy redondo y perfectamente rematado.
Hay que reconocer que requiere que el espectador tenga bastante idea de qué ocurría en el París de la época y conozca la vida de los personajes históricos para poder captar todos los guiños, todos los detalles y todas las piezas que convierten a esta película en muy destacable. La falta de ese conocimiento puede lastrar el disfrute de la obra, sin duda.
Justamente ganadora del Oscar al Mejor Guión, y nominada a Película, Actor, Director y Escenario -casi nada-.

Impagable ese Hemingway de pega, gran Cole Porter y sus canciones, divertido Buñuel, Dalí, no tanto Belmonte, regular Picasso, y viva Gertrude Stein). Me gusta más París de noche que de día. De noche me lo paso mejor y Gilles creo que también. De noche conoce, vive, baila, besa, llueve. Me gusta París la nuit, la ciudad que visitaré en busca de coches de colección, de alguna rubia a la que le guste la lluvia, justo cuando suenen las campanas a medianoche. Y no me quiero olvidar del gran chiste sobre el detective desaparecido que aparece en la corte de algún Luis de Francia: "creo que me equivoqué de camino"

Por finalizar, lo que más destacaría es la sonrisa que consigue arrancarme desde que Owen Wilson habla de París hasta que cae la lluvia final. Es una sonrisa afable, nostálgica y entrañable, de la que es imposible separarse. Si el cine es la búsqueda de emocionar, esta película lo ha conseguido de la manera más agradable.

Resumiendo que es gerundio, es una peli absolutamente recomendable a todo aquel que sepa de qué va Woody y no le importe y a todo aquel que en las tardes de otoño sienta un inevitable impulso de mirar al infinito por la ventana mientras se toma un chocolate caliente.

Nota: 9
Nota filmaffinity: 7.4

miércoles, 20 de marzo de 2013

A Roma con amor


Este máster que no me deja respirar… Parece que por fin he tenido un fin de semana con algo de tiempo y he podido incluso ver relajadamente una película en casita. Como no tenía ganas de pensar ni me apetecía nada complicado, pues ataco la última película de la trilogía de turismo (Barcelona, París, Roma) de un director que siempre me ha agradado, Woody Allen.

A Roma con amor es un canto a la bella ciudad dónde Allen sitúa cuatro historias de líos amorosos.  En la primera Woody es un director de orquestra que no acepta su retiro que viaja a Roma para visitar a los padres del prometido de su hija. En la segunda Benigni se hace famoso sin motivo alguno, con los problemas que ello ocasiona en su vida. Luego Alec Baldwin encarna a un arquitecto que vuelve a Roma después de muchos años de ausencia y recuerda/revive/observa un amor de juventud en la ciudad. Finalmente, Milly y su novio son una pareja de pueblerinos recién casados de luna de miel que, al pasar sus primeros días en Roma se ven superados por el ambiente de la ciudad.

Para acabar con el tríptico de turismo, Allen nos deja una comedia romántica muy ligera que se convierte en una bella postal que repasa todos los monumentos (no deja ni uno, y mira que hay) de la ciudad eterna.  Aunque la película sea un entretenimiento banal, hay que reconocer que sabe ser diferente.

ACTORES: Al ser una película de episodios, los personajes están muy repartidos y no tienen muchos minutos. Además, no es que haya una gran exigencia en los papeles, ya que Allen se limita a hacer de Allen, Benigni hace de Benigni y Eisenberg imita a un joven Allen, vamos, que hacen de sí mismos. El resto de secundarios apenas disfrutan de un par de minutos y se limitan a soltar sus frases. Sólo destacaría a la Pe, que intenta dar un poquito de chicha a un personaje que no tiene ninguna.

DIRECTOR: Woody Allen continúa su tour europeo y en esta ocasión nos presenta a la Città Eterna, la encantadora e histórica ciudad, para convertirla en escenario de cuatro historias. Para esta postal, Allen decide hacer un batiburrillo coral con historias muy ligeras y una búsqueda del absurdo bastante curiosa. Muy deudora de “Vacaciones en Roma”, encontramos continuos guiños a la cultura italiana, con su música y un aire a Fellini siempre presente. La película va avanzando mediante efervescentes diálogos -aunque con menos ingenio del habitual- y un ambiente festivo donde zumba la picardía, la sexualidad, el vitalismo y el vodevil en medio de una banalidad absoluta. Rompe con unas cuantas normas y monta escenas con propuestas inusuales, pero en ningún momento busca la más mínima trascendencia.
En este retiro turístico por Europa, Woody nos ha dejado una película muy curiosa (Barcelona), una obra maestra (París) y un divertimento chorra (Roma). A Roma con amor es una propuesta muy irregular, con momentos que parecen salidos de una obra de Pajares&Esteso unidos a otros de una genialidad indudable. Como comedia se agradece que mantenga un buen ritmo,  intercalando correctamente las historias de manera que el tiempo pasa agradablemente sin ser, en ningún momento, nada trascendente.

GUIÓN: Cada una de las cuatro historias conforma un refresco banal por sí misma. Ninguna de ellas tiene la más mínima complejidad, a pesar de las digresiones de los personajes o las absurdas soluciones narrativas que Woody presenta. Se hace evidente que Woody se ha inspirado en la obra italiana del Decamerón, pues la vacuidad, el alegre tonillo sexual  y la extraña magia que impregnan las historias son reconocibles. Los diálogos son muy tontos, pero muy ágiles y ayudan a mantenerte entretenido entre tanta gansada que va pasando a lo largo de la cinta.

Las diferentes historias intentan reflejar algunos tópicos sobre la sociedad italiana. La de los arquitectos es la historia más woodyalinesca: la femme fatale que hace plantearse la idealización de una feliz pareja, la infidelidad, los diálogos culturales, el conflicto generacional, la mala conciencia y todas esas cositas que Allen ha estrujado al máximo en sus guiones. Además, Woody se permite una leve crítica al “cotilleo” y lo “artísticamente bueno” por su carácter de esperpéntico, efímero e insignificante -Ay, ¡Italia! -. Esto se puede palpar a través de algunos de los personajes de la película que anhelan sus 15 minutos de gloria, para luego darse cuenta de que solo son felices cuando se muestran auténticamente como son. Lo más representativo de esto es el personaje interpretado por el tenor Flavio Armiliato, un enterrador que tiene enormes dotes para cantar ópera, pero que fracasa cuando tiene que cantar frente a los magnates del negocio y sólo puede ofrecer grandes interpretaciones cuando canta… bajo la ducha.  Se le podría pedir un poco más de mordiente, porque Woody se queda apenas en el chascarrillo, pero bueno, tiene su gracia. El último de los episodios es el que más recuerda al cine italiano, con Ornelia Muti y Antonio Albanese haciendo de sí mismos y un desarrollo muy típico. La historia es la más floja de todas y sólo la Pe intenta hacer algo a interpretar, con lo que el resultado es mejorable.

En resumen, la película es muy desigual y tiene momentos muy flojos, generando un conjunto que no resulta nada sólido. En manos de cualquier otro director probablemente sería un plomazo insoportable, pero Woody Allen la convierte en una comedia tonta visible aunque mejorable. Aún así le he puesto un cinco porque consigue que me ría en bastantes momentos y no da tanta vergüenza ajena como otras propuestas similares. Si uno se la toma como una colección de gags y diálogos divertidos, se lo puede pasar bien.

Nota: 5
Nota filmaffinity: 5.9