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martes, 22 de octubre de 2013

Blue Jasmine

Hacía tiempo que en el cine no me encontraba una sala repleta. En el momento de entrar quedarían 10 sitios por llenar, y se llenaron (y la sala no era pequeña). Me sorprende, porque se trata dela última obra de Woody Allen, que nunca se ha caracterizado por llenar taquillas y además, no es la semana del estreno. Hay que reconocer que está teniendo una buena crítica, pero no por ello era de esperar un llenazo en el cine.

Jasmine (Jeannette) es una mujer que viaja a San Francisco para instalarse con su hermana pequeña. Durante años ha vivido entre la jet-set de Nueva York, rodeada de fasto y opulencia, pero su ahora exmarido ha sido encarcelado y ella se ha quedado con lo puesto. No sabe qué hacer con su vida ni cómo ganarse el pan, con lo que apela a la buena voluntad de su hermana (a la que repudió años atrás) para salir adelante.

Se han acabado las postales europeas y Woody Allen vuelve a hacer una película en serio. Blue Jasmine se aleja de sus últimas películas y añade una tonalidad mucho más negra al argumento, dejando de lado la coralidad de personajes. Sorprende (y mucho) un Woody Allen tan cruel. Normalmente se mueve en el cinismo, riéndose con cierta gracia de la falsa vida y las “preocupaciones” de los ricos, pero nunca le había visto hacer una crítica tan feroz y desmedida contra su vacía forma de vivir. Durante gran parte de la película, parece que Jasmine va a tomar la senda del re-descubrimiento y superación personal para encontrar la felicidad, pero la cosa no va por ahí, pronto es obvio que toma otros derroteros.

ACTORES: Habría que decir ACTRIZ. Si la película se sostiene (y muy bien) es por una fantástica Cate Blanchett que borda todos los multiplísimos matices de su personaje. Compone magníficamente el retrato de una mujer destrozada que ha perdido su modo de vida y no sabe (ni está dispuesta) a adaptarse a su nuevo mundo, se mueve al borde de la locura, buscando desesperadamente aún la felicidad en las cosas más caras y lujosas de la sociedad consumista. Roba cada escena en la que aparece y hace creíble lo que sería un personaje casi imposible. Se mueve entre lo cómico y lo trágico, moviéndote entre la empatía y el odio por ella, con todos los puntos medios posibles. A su lado, el resto de actores destaca por su realismo en sus papeles, muy reconocibles y cercanos a lo largo del film, casi entrañables,  aunque cuando tienes semejante monstruo en estado de gracia a tu lado… cuesta destacar.

DIRECTOR & GUIÓN: Como siempre, el señor Allen hace las dos cosas. Estoy seguro de que el personaje de Jasmine está basado en alguien. Si no, no entiendo la mala idea con la que parece estar hecha la película. Ésta avanza sostenida por unos personajes bien descritos y unos diálogos bastante agudos, ayudados por la electrizante actuación de Cate Blanchett. El juego de flashbacks para retratar los aspectos cotidianos de Ginger y Jasmine está muy bien conseguido, pues la cruel comparación de los cambios habidos en la vida de Jasmine una vez ha perdido su estatus de “mujer florero” están muy marcados. El personaje se mueve entre altibajos. Es una histérica, tan pronto decidida a salir adelante trabajando como dispuesta a encontrar “un buen partido” con el que pueda vivir del cuento. Tan pronto buscando amor y comprensión en su familia como humillándola y destrozando su hogar por puro desahogo. No me extrañaría que cayera alguna nominación, porque tiene algunos momentos de puro virtuosismo.
Por otro lado, aunque el personaje  es de los que están pidiendo estatuilla, la película no acaba de coger ritmo y precisa de cierto esfuerzo para seguir atento. La historia es algo pesadita y, si no fuera por la extraordinaria actuación de Blanchett, es de estas con la que debes hacer un esfuerzo.

Si lo que queréis ver es a Woody Allen haciendo un drama con mala gaita, o una actuación bestial (que pide Oscar a gritos) de Cate Blanchett, seguro que disfrutareis. Lamentablemente a la historia le cuesta mucho despegar y puede llegar a hacerse pesada.

Nota: 7
Nota filmaffinity: 7.4

miércoles, 20 de marzo de 2013

A Roma con amor


Este máster que no me deja respirar… Parece que por fin he tenido un fin de semana con algo de tiempo y he podido incluso ver relajadamente una película en casita. Como no tenía ganas de pensar ni me apetecía nada complicado, pues ataco la última película de la trilogía de turismo (Barcelona, París, Roma) de un director que siempre me ha agradado, Woody Allen.

A Roma con amor es un canto a la bella ciudad dónde Allen sitúa cuatro historias de líos amorosos.  En la primera Woody es un director de orquestra que no acepta su retiro que viaja a Roma para visitar a los padres del prometido de su hija. En la segunda Benigni se hace famoso sin motivo alguno, con los problemas que ello ocasiona en su vida. Luego Alec Baldwin encarna a un arquitecto que vuelve a Roma después de muchos años de ausencia y recuerda/revive/observa un amor de juventud en la ciudad. Finalmente, Milly y su novio son una pareja de pueblerinos recién casados de luna de miel que, al pasar sus primeros días en Roma se ven superados por el ambiente de la ciudad.

Para acabar con el tríptico de turismo, Allen nos deja una comedia romántica muy ligera que se convierte en una bella postal que repasa todos los monumentos (no deja ni uno, y mira que hay) de la ciudad eterna.  Aunque la película sea un entretenimiento banal, hay que reconocer que sabe ser diferente.

ACTORES: Al ser una película de episodios, los personajes están muy repartidos y no tienen muchos minutos. Además, no es que haya una gran exigencia en los papeles, ya que Allen se limita a hacer de Allen, Benigni hace de Benigni y Eisenberg imita a un joven Allen, vamos, que hacen de sí mismos. El resto de secundarios apenas disfrutan de un par de minutos y se limitan a soltar sus frases. Sólo destacaría a la Pe, que intenta dar un poquito de chicha a un personaje que no tiene ninguna.

DIRECTOR: Woody Allen continúa su tour europeo y en esta ocasión nos presenta a la Città Eterna, la encantadora e histórica ciudad, para convertirla en escenario de cuatro historias. Para esta postal, Allen decide hacer un batiburrillo coral con historias muy ligeras y una búsqueda del absurdo bastante curiosa. Muy deudora de “Vacaciones en Roma”, encontramos continuos guiños a la cultura italiana, con su música y un aire a Fellini siempre presente. La película va avanzando mediante efervescentes diálogos -aunque con menos ingenio del habitual- y un ambiente festivo donde zumba la picardía, la sexualidad, el vitalismo y el vodevil en medio de una banalidad absoluta. Rompe con unas cuantas normas y monta escenas con propuestas inusuales, pero en ningún momento busca la más mínima trascendencia.
En este retiro turístico por Europa, Woody nos ha dejado una película muy curiosa (Barcelona), una obra maestra (París) y un divertimento chorra (Roma). A Roma con amor es una propuesta muy irregular, con momentos que parecen salidos de una obra de Pajares&Esteso unidos a otros de una genialidad indudable. Como comedia se agradece que mantenga un buen ritmo,  intercalando correctamente las historias de manera que el tiempo pasa agradablemente sin ser, en ningún momento, nada trascendente.

GUIÓN: Cada una de las cuatro historias conforma un refresco banal por sí misma. Ninguna de ellas tiene la más mínima complejidad, a pesar de las digresiones de los personajes o las absurdas soluciones narrativas que Woody presenta. Se hace evidente que Woody se ha inspirado en la obra italiana del Decamerón, pues la vacuidad, el alegre tonillo sexual  y la extraña magia que impregnan las historias son reconocibles. Los diálogos son muy tontos, pero muy ágiles y ayudan a mantenerte entretenido entre tanta gansada que va pasando a lo largo de la cinta.

Las diferentes historias intentan reflejar algunos tópicos sobre la sociedad italiana. La de los arquitectos es la historia más woodyalinesca: la femme fatale que hace plantearse la idealización de una feliz pareja, la infidelidad, los diálogos culturales, el conflicto generacional, la mala conciencia y todas esas cositas que Allen ha estrujado al máximo en sus guiones. Además, Woody se permite una leve crítica al “cotilleo” y lo “artísticamente bueno” por su carácter de esperpéntico, efímero e insignificante -Ay, ¡Italia! -. Esto se puede palpar a través de algunos de los personajes de la película que anhelan sus 15 minutos de gloria, para luego darse cuenta de que solo son felices cuando se muestran auténticamente como son. Lo más representativo de esto es el personaje interpretado por el tenor Flavio Armiliato, un enterrador que tiene enormes dotes para cantar ópera, pero que fracasa cuando tiene que cantar frente a los magnates del negocio y sólo puede ofrecer grandes interpretaciones cuando canta… bajo la ducha.  Se le podría pedir un poco más de mordiente, porque Woody se queda apenas en el chascarrillo, pero bueno, tiene su gracia. El último de los episodios es el que más recuerda al cine italiano, con Ornelia Muti y Antonio Albanese haciendo de sí mismos y un desarrollo muy típico. La historia es la más floja de todas y sólo la Pe intenta hacer algo a interpretar, con lo que el resultado es mejorable.

En resumen, la película es muy desigual y tiene momentos muy flojos, generando un conjunto que no resulta nada sólido. En manos de cualquier otro director probablemente sería un plomazo insoportable, pero Woody Allen la convierte en una comedia tonta visible aunque mejorable. Aún así le he puesto un cinco porque consigue que me ría en bastantes momentos y no da tanta vergüenza ajena como otras propuestas similares. Si uno se la toma como una colección de gags y diálogos divertidos, se lo puede pasar bien.

Nota: 5
Nota filmaffinity: 5.9