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lunes, 11 de agosto de 2025

Pinocho de Guillermo del Toro

A pesar del parón de verano, continuamos por aquí. Después de una película que es pura cotidianeidad, hoy nos detenemos en una de las obras más bonitas que la animación ha dado en los últimos años.

No creo que haga falta presentar mucho una historia tan conocida como la de Pinocho: la marioneta de madera que cobra vida y sueña con ser un niño de verdad. Entremedias, pasará mil aventuras y se meterá en chorropotocientos follones.

Del Toro no inventa nada (o casi) en cuanto a su adaptación. La mueve un poco temporalmente y la sitúa en la Italia pre-fascista, por lo que las vicisitudes de Pinocho y sus amigos se entremezclaran con las del propio país, con aparición de Mussolini incluida. Lo que sí hace es contar cada entuerto con un virtuosismo tal que consigue maravillarnos con escenas que hemos visto mil veces.



Siguiendo una narración exageradamente episódica, cogemos rápido odio y cariño a los personajes que ya conocemos. Aquí el diseño de cada escena coge un tinte más oscuro (incluso) del esperado, pues la dura bota del fascismo se hace patente. El pueblo sufre los abusos de los poderosos, el miedo corre por las calles y la gente sin escrúpulos hace su agosto con los ingenuos como Pinocho. Después de todo, el detonante de toda la historia es un bombardeo sobre el pueblo de Gepetto.

Cada detalle que aparece en pantalla merece una felicitación por su trabajo de orfebrería en una animación que mezcla ordenador y stop-motion. El gusto en el detalle se aprecia en su meticulosidad a la hora de complementar la trama que se está desplegando, dando una pátina de tangibilidad a un cuento imposible. Nunca habíamos visto a Pinocho y sus amigos moverse en un lienzo tan bello y desasosegante como en este cuento tétrico que Del Toro ha creado.

Y es que este Pinocho tiene muy mala idea. Del Toro nos mete temas oscuros en vena, los adereza con un humor incómodo y la ingenuidad de un niño inconsciente de la trascendencia de las decisiones que toma. Se aborda el hecho de morir, la necesidad de guardar duelo y la posibilidad de redención (o falta de ella). Todo ello a un ritmo vivo, que no deja descansar y en un torrente de belleza que distrae de las brutalidades que se muestran en pantalla (o justo fuera de ella).

Se complementa con una partitura bellísima a cargo de Alexandre Desplat, que capta el tono melancólico del metraje. Saben emocionar como deben, profundizando en los sentimientos de los personajes, acompañando sin por ello decirte cómo debes sentir.

Pinocho fue uno de los Oscar de animación más cantados y obvios en bastante tiempo. Proponía una versión muy distintiva de una historia que conocemos, la contaba con mimo y además brindaba una obra de arte en cada encuadre. Simplemente magnífica.

La lástima es que El gato con botas – El último deseo coincidiera justo ese año. Nuestro peludo amigo habría ganado casi cualquier otro año.

 

Nota: 9

Nota filmaffinity: 7.0 

miércoles, 3 de abril de 2024

El callejón de las almas perdidas

Y Guillermo del Toro volvió a hacer una película nominada a todo. Después del éxito de la joven del agua, el público tenía ganas de otro cuento de hadas barroco y decadente. Y el director trajo algo parecido, que bueno, quizás no era lo que esperábamos.

El callejón de las almas perdidas – sugestivo título – es un remake muy libre de una película clásica. Situémonos en unos años 20 alternativos. Es la época de los circos de “freaks” donde los ricos se solazan con las artimañas de los fulleros, el asombro de los acróbatas y, sobretodo, con el morbo de los más desgraciados. En uno de estos circos, aparece un don nadie con ínfulas de grandeza, uno más de la miríada de personajillos que sueñan con utilizar el lugar como trampolín a la gloria. Pero este buscavidas no es un cualquiera. Este buscavidas es más listo que el hambre y tiene un plan para no acabar fracasando. O eso dice. Por ahora, se lanza con todas sus ganas a comerse el mundo y todo lo que se le aparezca, teniendo un puñado de aventuras y desventuras que le harán tocar tanto las mieles del éxito como el peor de los fracasos.


Dentro de sus – muy excesivos – 150 minutos, lo más destacable de la película es el estupendo despliegue de su aparataje visual. No es de extrañar, sabiendo quién está tras la cámara. Si Del Toro está al mando, sabemos que la película viajará a través de unos escenarios repletos de detalles inusuales, diseñados con el savoir-faire marca de la casa, creando una imaginería cuidada, que desborda imaginación y una suerte de realismo mágico en la puesta en escena, que permite pensar que cualquier cosa es posible. En este caso, se centra en un art-decó loquísimo que es mi favorito para utilizar como base para un desarrollo steam-punk. La película luce estupendamente y me hace gozar casi a cada fotograma, con interiores imposibles, líneas que abusan de los puntos de fuga, llevando su propuesta estética hasta las últimas consecuencias.

Aparte, se las arregla para poblar este mundo de un puñado de personajes interesantes. el truhán con ganas de triunfar pasando ante todo y ante todos (Bradley Cooper, que cómo nos puede caer mal, anda), el dueño del circo, que sabe que es tocar las mieles de la gloria y perderlo todo, habiendo aceptado muy a gusto su papel de amo y señor de su pequeño mundo (ay, ese diálogo sobre la bajeza y la dignidad) y luego, cómo no, la abnegada enamorada del protagonista, dispuesta a cualquier sacrificio por cumplir los sueños de su partenaire, del que ignora que no corresponde – ni por asomo – en sus ínfulas amatorias. Pues tenemos nuestra obligatoria Femme Fatale que utiliza a nuestro protagonista tal como él utiliza a los demás, haciéndole sentirse importante e incluso teniéndole cierto cariño (como cualquiera tendría por el canario que da un poco de alegría a su hogar, destacable pero reemplazable).

Sin embargo, no todo es bueno en esta propuesta. El argumento, aunque hilvanado con corrección, no ofrece nada nuevo, pudiendo adivinarse desde muy pronto como va a acabar y necesitando que sus protagonistas hagan estupideces para que la trama avance. Tiene destellos de brillantez, pero los diálogos no destacan por su trascendencia y, sobretodo, tiene el problema de un ritmo lento, con multitud de quiebros que no llevan a ningún lado, lo que contribuye a que una propuesta que pudiera ser fascinante se torne aburrida.

Ante todo, la película luce bonita, aspecto que fue reconocido con nominaciones a los Oscars a Fotografía, diseño de producción y vestuario, además de un premio extra (exagerado) como mejor película. Cualquiera de los tres primeros podría haber caído, pero le tocó competir contra el gargantuesco músculo de Dune y el estilazo de Cruella, por lo que acabó yéndose de vacío.

A El callejón de las almas perdidas le ocurre lo que a otras propuestas del mismo director: una puesta en escena abrumadora y brillante esconde una propuesta algo aburridilla que no acaba de rematar del todo. Esta vez, no obstante, tiene unos personajes bien trazados que hacen las delicias del denodado esfuerzo de todo su elenco actoral.

 

 

Nota: 7

Nota filmaffinity: 6.4 

sábado, 5 de febrero de 2022

El espinazo del diablo

Si sois asiduos de mis reseñas, ya sabréis que Guillermo del Toro es un director que tiende a agradarme, del cual he visto casi todas las películas. No sé si con objetivo completista o cuál es la razón, me puse con una de las pocas que me quedaban del director mejicano.

Ser un niño durante la Guerra Civil Española supuso tener una infancia difícil, especialmente si tus padres eran republicanos que estaban perdiendo la guerra. En algún lugar de la árida Castilla, un antiguo monasterio se ha convertido en refugio de huérfanos de republicanos. Dos viejos y una jovencita intentan dar una oportunidad a los más desfavorecidos de la zona, con la ayuda de un par de mozos. A medida que avanzan las batallas y la situación se vuelve más desesperada, aparecen los rumores de que el monasterio esconde un tesoro de lingotes de oro, lo que desatará la ambición de los mozos de la zona. Realmente, el lugar guarda muchos secretos siniestros…


Reconozco que la película me ha pillado con el pie muy cambiado. Yo me esperaba una película bastante fantasiosa, al estilo de los cuentos tenebrosos que nos tiene acostumbrados el director. Sin embargo, aquí tenemos una historia muy realista, que gasta una buena cantidad de minutos explicando la dura vida de los niños de la época, como si de un David Copperfield se tratara. A medida que avanza la película, el terror va tomando forma, pero de una manera más mundana, el de la guerra y los refugiados frente al ser humano, el peor de los monstruos.

La ambientación de la película destaca por su verosimilitud. Cualquiera que haya paseado por los páramos castellanos podrá apreciar el ambiente árido, desagradable, en que transcurre la acción. Los edificios de piedra vieja, gastada por el viento y la arena se complementan con multitud de detalles que marcan la escasez con la que viven los protagonistas. Del Toro es muy consciente de qué época quiere representar y no escatima esfuerzos en conseguirlo.



Tengo más problemas con su protagonista. Si bien Federico Luppi y Marisa Paredes hacen un notable trabajo dando vida a las buenas almas que llevan el monasterio, la actuación de Noriega como peligroso salteador destaca por su insustancia y falta de carisma. Reconozco que nunca he apreciado sus dotes actorales y aquí no encuentro ninguna razón para cambiar de opinión. Los niños bien, gracias.

Quizás lo que más disfruto de la película es su desolador inicio, en que el director gasta un buen puñado de minutos explicándote cómo viven los pequeños. Conforme se desata el conflicto, me va perdiendo, pues a un ritmo excesivamente contemplativo, se le añade un thriller que no acaba de funcionar. Si bien se percibe que hay secretos oscuros, la película no  es capaz de implicarte ni emocionarte lo suficiente para que tengas ganas de seguir viendo. Podríamos decir que El espinazo del diablo funciona más por la atmósfera y los “sucesos extraños” que por el argumento en sí.


Y luego está el desenlace. Vaya por delante que me ha gustado, es tremebundo y no te deja indiferente, pero SPOILER vaya, al final sí que había fantasma. Después de estar toda la película escamoteándolo, va y resulta que cuando interesa a la trama, aparece. Po bueno, po vale, po dacuerdo. Eso sí, la escena mola. FIN DEL SPOILER

Puede que no sea la mejor película de su director, pero tampoco es precisamente mala. Tiene sus puntos de interés en un apartado visual muy trabajado e inusualmente realista, una malsana atmósfera malsana característica del director y, también, que no le duelan prendas a la hora de masacrar niños si la situación lo requiere. Falla en un ritmo cansino y un “misterio” no excesivamente misterioso. Al final, tenemos una de thriller/terror con pseudofantasmas por ahí algo aburridilla, pero funcional para rellenar una tarde.


Nota: 5

Nota filmaffinity: 6.2

  

viernes, 7 de agosto de 2020

Mimic

Hace ya un porrón de años, cuando estaba en el instituto, se estrenó esta película. Yo nunca fui a verla, pero recuerdo el clima de miedo que generó, aterrando a medio instituto. Recuerdo los susurros que generaba entre mis compañeros. Supongo que por ello nunca me atreví a decirles a mis padres que fuéramos al cine a por ella.

Mimic nos sitúa en una Nueva York donde una nueva especie de cucaracha mutante ha tomado los subsuelos de la ciudad, invisible a los ojos de la gente. Pronto las muertes empiezan a sucederse y se desvela el plan de los bichos: sustituir a la humanidad en la superficie.

Este film constituye el desembargo de Guillermo del Toro en Hollywood tras el estupendo debut de Cronos. Ilusionado por la oportunidad que se le presentaba, aceptó sin miramientos las condiciones de producción, dándose de bruces con la realidad cuando empezaron las injerencias y las peleas. De un día para otro se encontraba con cambios de presupuesto, escenas cambiadas, actores despedidos (a mitad de rodaje) y otras imposiciones que venían desde arriba. El propio director mexicano ha comentado numerosas veces que ésta es la menos suya de sus películas, aprendiendo la lección para el futuro, no dudando en abandonar proyectos (el Hobbit) si desde arriba no le dejaban hacer lo que él deseaba y le imponían demasiados factores “en pos del marketing”.

En este caso, el resultado es una película muy irregular. Mimic es un remedo de Alien ambientado en el metro de Nueva York, que por momentos pasa como una correcta película fantástica con toques del terror. En ella se mezclan escenas de intrigante malignidad y conseguida atmósfera con resoluciones patilleras, diálogos estúpidos y relaciones forzadas que  le quitan toda credibilidad y tensión al conjunto.

Lo que más se debe destacar es el estupendo trabajo de diseño e imaginería. Decir a estas alturas de la historia que Del toro tiene un gran talento para el apartado visual no debería coger por sorpresa a nadie. La creación de los bichos, su manera de comportarse o la mala leche de algunas escenas deja claro desde el segundo cero quién está tras las cámaras. Además, se permite crear escenas tan perturbadoras como el asesinato de niños por cucarachas gigantes ¡Y lo enseña con detalle!

El principal problema se halla en un anodino guión plagado de malos diálogos, en el que los personajes no pasan del estereotipo. Su desarrollo parece más el pastiche de un puñado de películas de terror con Alien como eje central, lo que provoca un exceso de situaciones que ocurren por que sí, cuyas escenas aparecen por obligación sin que haya una idea clara de cómo se ha llegado a ella. La gratuita resolución de las mismas sólo sirve para llegar al siguiente set-piece reconocible sin demasiadas razones, perdiendo rápidamente el interés de cualquier espectador no especialmente devoto. Caso aparte es el enamoramiento express del final de la historia, que pasa incluso de gratuito. Hay que poner besos que si no las damas no van a ver películas de terror, ya lo sabemos.

Los actores, quizás conscientes de las peleas que hay entre bambalinas, parecen ir con el automático puesto. Tanto Jeremy Northran como Josh Brolin realizan su tarea con corrección, sin llegar a hacer un mal desempeño de lo poco que el guión les ofrece, pero no encontramos nada destacable ni por encima del “decente” en su actuación. Mira Sorvino, quizás consciente de que se trata de una de sus últimas oportunidades en Hollywood tras rechazar acostarse con Weinsestein, se esfuerza más, pero el guión da para lo que da.

En el apartado de adiciones innecesarias, toda la trama secundaria del niño autista es de una gratuidad insensata, probablemente imposición del estudio, que quería meter un pastiche del Resplandor dentro del nido de la Reina de los Aliens. Está metido con calzador, un más dificil todavía que no funciona y encima, sin Ripley para salvar la papeleta. Fastidia encontrar aspectos tan mal realizados cuando hay otras partes mejor implementadas.

¿Inquieta? Sí. Tiene el ambiente malsano que uno espera de una película de este tipo, pero es lo único destacable del conjunto. Efectiva quizás, pero previsible. Normal que asustara a unos jovencitos impresionables como éramos en el colegio. Desde el punto de vista de un espectador más curtido, se deja ver sin ofender mucho, pero no tiene nada que no hayas visto (mejor) un buen puñado de veces. Probablemente la peor película de Del Toro, de la que él no está tampoco excesivamente orgulloso.

Nota: 2

Nota filmaffinity: 5.2


viernes, 20 de septiembre de 2019

Nocturna (Guillermo del Toro, Chuck Hogan)


Guillermo del Toro es un director que me agrada. Sus películas son fácilmente reconocibles y desbordan imaginación, sabe dotar a su puesta en escena de poderío visual, contribuyendo a poblar nuestras pesadillas con imágenes malignamente bellas, como deliciosos cuentos terroríficos. Conociendo lo que me gustaban sus guiones, no me lo pensé lo más mínimo cuando apareció este libro, comprándolo sin mirar y sin pasar por casilla de salida y cobrar 20.000. Y bueno, es ahora, con un poco de retraso con que lo leo. Cosas que pasan.

Título: Nocturna
Autor: Guillermo del Toro, Chuck Hogan
Título original: The strain (La cepa)
Traducción: Santiago Ochoa

“Un avión procedente de Berlín aterriza en Nueva York. Sin embargo, algo no funciona bien desde el momento en que toma tierra. Todas las luces del avión están apagadas, nadie responde a las llamadas de la torre de control, nadie contesta a los teléfonos móviles. Parece como si el avión estuviese muerto…
Lo que al principio se considera un virus muy contagioso pronto se revela como algo aterrador. Los infectados tienen mucha sed y sólo quieren beber… sangre. La epidemia se propaga a una velocidad de vértigo, y en pocos días toda la isla de Manhattan está invadida. Pero esto no ha hecho más que comenzar. Hay un plan siniestro para conquistar rápidamente todo el planeta.
Los viejos vampiros han regresado. La lucha entre el bien y el mal vuelve a encarnarse en estas criaturas tan antiguas como actuales. La desigual lucha entre estos seres sobrenaturales y un valiente grupo de héroes humanos nos arrastra a una historia llena de acción, alianzas, traiciones y batallas que nos hace reflexionar sobre la condición humana, en la mejor tradición de las películas de su autor, Guillermo del Toro.”

El primer punto que no tuve en cuenta al empezar este libro es que se trata de una novela de TERROR. Aquí los personajes lo van a pasar mal y lo que quien los autores es hacerte sufrir un poco. Los hechos que se narran son MUY brutos y a la que te pille con el pie cambiado, se puede hacer desagradable. Obviamente, aléjense de ella los estómagos sensibles, pues aquí hay carnaza a porrillo.


Las primeras páginas son un verdadero torbellino. Pasan miles de cosas en un planteamiento original, que capta tu interés y te obliga a seguir leyendo. Se realiza un inusual acercamiento al vampirismo lejos de cualquier tipo de magia, sino como una enfermedad a erradicar, en una aproximación cientifista, dando buen uso a los métodos médicos de contención y control de plagas.

Lástima que después desbarre en el resto de aspectos. Pasado este primer planteamiento en que se deja claro que la magia no tiene cabida y el folklore es un simple mito, decides tirar tu coherencia a la basura en un mata mata simplón lleno de espadas de plata y parafernalia similar sin razón alguna. No es sólo que la supuesta plaga pase de una pesadilla fuera de control a un pequeño asunto de una madriguera bien surtida, es que los vampiros pasan de ser todopoderosos  a morir con un soplido por puras necesidades de guión, con capacidades que vienen y van según toca. Tan pronto son incapaces de controlar su sed, como secuestran a alguna dama en apuros y la mantienen una semana sin comérsela. Lo dicho, incoherencias por todas partes que echan por tierra un inicio bien molón, pues provocan que lo que estés leyendo ni se disfrute ni tenga sentido.


Además, los personajes son completamente planos. Leyendo cuesta distinguir lo que hacen y dicen el médico protagonista (Ephrain Goodweather), el anciano cazavampiros Van Helsing Abraham Setrakian o el exterminador de ratas Vasily Fet. Ninguno de ellos tiene el más minimo atisbo de personalidad o característica diferenciada, no siendo otra cosa que nombres que hacen cosas para avanzar en la trama. Además, tan pronto están destrozados por una pelea como se ponen a saltar muros como nada de una página a otra. No entro en detalles de los dos personajes femeninos, simples mujeres en nevera para hacer avanzar la trama (un poco vergonzoso).

La personalidad de los vampiros también se mantiene o no según convenga en la trama, de la misma manera que la transmisión de la enfermedad, que va y viene, no se te explica cómo ocurre, pero que todos los personajes parecen conocer. En ese sentido, me parece curioso comprobar cómo el libro tan pronto gasta dos páginas en explicarte el protocolo de aterrizaje de un avión, la forma en que las ratas expanden sus territorios o se forja una armadura de latón, para luego no explicarte cómo se mata un vampiro o qué son esos gusanos que aparecen.


El desarrollo del guión es conducido únicamente por las necesidades del autor, no por los actos de los personajes. No voy a chafar algunos giros – si es que se pueden considerar como tal – diciéndolos aquí, pero basta decir que se producen tal cantidad de coincidencias imposibles en cuatro días que sería más probable ganar cuatro veces seguidas el Euromillón.  La de vejes que he puesto los ojos en blanco viendo las estúpidas decisiones de los personajes, que no hacen otra cosa que meterse en líos cada vez más gordos y menos verosímiles.

No es que requiera un poco de suspensión de la incredulidad, sino que apagues casi todas tus neuronas. Soy consciente de que se trata de una novela de vampiros (o de zombies, dependiendo de tus puntillosidades), pero agradezco que se mantenga cierta coherencia. No me gusta que un vampiro sea capaz de lanzarte con velocidad sobrehumana más de diez metros para luego ser contenido por un simple codo en el cuello. No me gusta que un Señor de los Vampiros de varios siglos de edad mantenga una vendetta personal con un humano que apenas ha importunado sus planes. Insisto, no me gusta que un Señor de los Vampiros se entretenga en explicar sus planes a una presa que no es más que un animal para él (lo recalca con ganas). ¿Quién hace eso? Ningún Señor de los Vampiros que conozca, tenedlo por seguro.


Parece totalmente que se ha escrito a retazos por los dos autores  sin que se hayan puesto muy de acuerdo. Luego se han limitado a coser un poco todo y no se han molestado lo más mínimo en repasar la coherencia. Quizás no se trata más que una de las pruebas de guión previa a la serie del mismo nombre, que luego se ha publicado para aprovechar el tirón de la misma. No sé si será eso o que a partir del concepto inicial, luego se contrató a un colaborador para novelizarlo y para adelante como si no hubiera un mañana.

Lo único que me hace gracia de las últimas 400 páginas es que los personajes conocen el concepto del vampiro así de buenas a primeras, como parte de nuestra cultura general, algo inusual en las propuestas del género. Y bueno, la niña-vampiro, qué cosa más bruta.

Lo que más me apena de este libro es que después de un inicio de lo más prometedor y enfermizo, se desarolla hundiéndose más y más en el ridículo más espantoso. Hay tantos cambios de tono y de vocabulario que estoy seguro de que el traductor habrá pasado un mal rato con este libro. El final es también un despropósito de los que hacen época, como no podía ser de otra manera, creado única y exclusivamente porque debe haber dos entregas más y te tienen que dejar con ganas (ejem ejem) de más. Totalmente des-recomendado. Con decir que disfruté bastante más de Crepúsculo creo que ya queda todo dicho.

Nota: 1
Nota goodreads: 3.78/5

lunes, 11 de febrero de 2019

La forma del agua


Después de un placer tan gozoso como ese, seguimos con las películas oscarizables del año pasado, que siempre deben caer (je, je).

Hoy viene un cuento gótico donde la belleza responde a una universalidad y una resonancia película que son distintivos de los maestros del género. Brillante, divertida y fácilmente embriagadora, es el film de más éxito de Guillermo del Toro, que alía con éxito el ejercicio de estilo con la narración poética.

Señora de la limpieza dentro de un laboratorio gubernamental ultrasecreto, Elisa mantiene una existencia solitaria. Todavía más aislada debido a su mudez. Su vida sigue el ritmo marcado por los horarios de trabajo, monótonos; el tic tac de su reloj, monocorde; el trayecto en bus hasta el lab, inmutable; y sus pequeñas costumbres de soltera, más o menos soportables… Una existencia que no es triste ni gozosa. Es la que le ha tocado vivir, endulzada por una abundante vida interior poblada de sueños de agua, pasos de baile y sesiones de cine.

Pero basta con una mirada, una sola… El motivo romántico por excelencia, el clic de una fracción de segundo que hace bascular todo su mundo. El amor llega, rompiendo todo a su paso y cargando en su silla la corte de complicaciones que conocemos: Los amores no son fáciles, especialmente cuando los que se aman están separados por más que unas letras en el código genético. Su partenaire, como llamarían los gabachos, es una extraña criatura mitad hombre, mitad pez, con unos poderes que… mejor dejo que lo disfrutéis.

Tal como ocurre en las horribles bellezas de Del Toro, ¿Dónde está la humanidad? ¿Quién es el monstruo? Una vez más, volvemos a un tema recurrente dentro de la fantasía, tal como Tim Burton nos mostró en Eduardo Manostijeras, o el propio director mejicano había explorado en El Laberinto del Fauno. En este caso, el planteamiento es similar: dentro de un contexto histórico conocido y peligroso (la España de la posguerra en El Laberinto, en plena Guerra Fría de los años 60 en EEUU, para La forma) aparece un elemento fantástico que va a sacar a relucir tanto las mejores como las peores facetas del ser humano.


Pero es allí donde este film apuesta todos sus valores, la fascinante puesta en escena se complementa con la química que desprenden sus personajes principales. El papel de los actores no desmerece en absoluto: frente a Doug Jones (que ya ha dado vida a la mayoría de las criaturas del bestiario de Del Toro, Sally Hawkins hace alarde de un magnetismo virtuoso al expresar, sin una palabra, un candor y una sensibilidad abrumadoras.

Además de estos dos seres marginados que aprenderán a comunicarse a través de la fuerza del amor, del Toro imagina un compañero de piso gay lleno de excentricidad, un científico ruso cogido entre dos fuegos, además de una colega afroamericana y un director de cine fracasado pero apasionado. Puro EEUU el que aparece, pero compuesto de minorías, todos ellos asociales a su modo. Finalmente, desde el rol de la ley y el poder, la encarnación de la clase dominante, llena de prejuicios y racismo, dispuesto a todo para evitar que nada cambie. Michael Shannon está como siempre, tan repugnante como grandioso.


Así pues, tenemos todos los elementos para uno de los grandiosos cuentos que nos compone del Toro. Siguiendo la estela de red esto, La forma del agua podría ser muchas cosas, pero que nadie se engañe: es un cuento. Bellísimo y, en cierto modo, atemporal, pero nada más que un cuento. Quién busque trascendencia o una trama compleja y detallista, quedará probablemente decepcionado, pues en esta propuesta, el envoltorio es lo maravilloso. En ese sentido, Del Toro echa el resto al crear una monstruosa belleza, tan inhumana como fascinante, en el que el cuidado en la puesta en escena se complementa con una delicada fotografía llena de feísmo y una banda sonora (a cargo de Alexandre Desplat) que es pura sutileza.

Esta potitísima historia de amor desborda lirismo, presentándonos sexo (y amor) interracial (bueno, entre especies), jugando en torno al dolor de la represión de los sentimientos y la búsqueda de la felicidad, especialmente cuando ésta choca con lo que la sociedad espera y asume de nosotros.

La forma del agua es una película realmente bien hecha. No dudaba que esta película tenía muchos números de llevarse los premios técnicos en los Oscars, con nominaciones a casi todo (Mejor película, director, actriz principal, actor de reparto, actriz de reparto, guión original, montaje, fotografía, banda sonora, diseño de producción, vestuario, sonido y efectos sonoros).  La película victoriosa en la parte técnica fue Dunkerque, mientras que en la parte actoral toda la gloria fue para Tres anuncios en las afueras. Sin embargo, los dos premios gordos no fueron para la propuesta de Frances McDormand sino para este bellísimo cuento. Además del inesperado premio de Mejor Película y Mejor director (un rédito exagerado, a mi entender), la sutileza en el relato se complementó con el premio al talentoso Diseño de Producción y a la encantadora Banda sonora.

Parece mentira lo que puede salir de un spin off no confeso de Hellboy. La forma del agua no es una película perfecta, incluso le falta algo de chicha y  provocará ataques de diabetes a más de uno, pero es un ejercicio de estilo de los que hacen época, goza de una marca autoral inconfundible, y está muy bien rodado, interpretado y contado. Ya quisieran muchos.

Nota: 8
Nota filmaffinity: 6.5

lunes, 14 de mayo de 2018

Cronos


Después de unas cuantas chorraditas, pongámonos hoy con algo más serio. La verdad es que llevaba tiempo con la idea de ponerme con la primera película de Guillermo del Toro. Hay que completar la filmografía de uno de mis directores favoritos y, por fin, la he cogido por banda y disfrutado como se merece.

En algún lugar de México, un anticuario bien entrado en la madurez encuentra un extraño aparato de forma insectoide. Al intentar operar con él, recibe un doloroso pinchazo. Al día siguiente, se siente rejuvenecer, henchido de fuerza y vigorosidad. Sin embargo, poco a poco descubre que ha adquirido una adicción a los pinchazos del aparato, además de cierta alergia a la luz solar…

Sí, como podréis imaginar, estamos ante un inusual acercamiento al mito del vampiro, pero desde un punto de vista muy extraño. Aquí no tenemos traumas arrastrados por la eternidad, dientes afilados, murciélagos o purpurina. La aproximación viene a través de la “ciencia” y la alquimia, una especie de sangriento y macabro elixir de la juventud, más que de arrancar almas y beber sangre virginal.

La magia de Del Toro se hace notar desde el primer momento. Quizás no te esté enseñando nada extraordinario, pero la sensación de que algo malo va a ocurrir asoma desde todas las sombras. En cierto modo, me ha recordado al Terciopelo azul de David Lynch, mostrando una realidad pervertidamente imposible. Reconocible, y al mismo tiempo, alienada con nuestro día a día. Somos testigos del involuntario descenso a los infiernos de su protagonista, un amantísimo abuelo que no quiere otra cosa que vivir en paz, pero que va reconociendo a regañadientes, su condición, reaccionando aterrado cuando se da cuenta de que cualquier día se comerá a su nieta si continua al lado de ella…

A ello contribuye el espectacular trabajo de un ya veterano Federico Luppi, que muestra su talento al encarnar al íntegro abuelo. Se come cada escena en la que aparece, magnetizando la mirada del espectador, que sufre con él las transformaciones de su carácter. Por su parte, Guillermo del Toro inicia su relación con el que será su actor fetiche, un Ron Perlman que cumple el papel de “Igor”, personaje recursivo para el director, que siempre le encuentra un rinconcito para que pasee su carisma y su fea cara. ¡Qué mala leche que llega a tener aquí!

Sin embargo, Del Toro no tenía ni un durete de más para gastar. Los medios son paupérrimos, obligando al director a tirar de imaginación para sacar adelante las escenas más difíciles. Duele ver las decisiones obligadas por la necesidad y da que pensar qué hubiera podido hacer Del Toro si hubiera tenido acceso a un presupuesto mínimamente decente. Me pregunto si alguna vez habrá pensado en realizar un remake con sus recursos actuales.



Aun así, su innegable modestia no impide apreciar el tremendo ejercicio de estilo de este jovencito que nadie conocía. La capacidad de fascinación de Cronos está fuera de toda duda, no en vano se las arregló para llevarse un par de premios importantes en el Festival de Cine de Sitges (guión y actor, impresionantes ambos) y ser seleccionada a concurso en Cannes. Pronto todo el mundo quería saber quién era ese loco mexicano que era capaz de romper tantos esquemas preconcebidos. Evidentmente, arrasó como pocos en los premios Ariel de su año, no iba a ser menos.

Como cualquier película que se basa más en crear una atmósfera insana que en golpes de efecto, peca de tener un ritmo lento. No obstante, esta interesante vuelta de tuerca al manido género del vampirismo se las arregla para aportar una buena dosis de frescura al tópico, destacando por su capacidad de fascinar a un espectador con buena disposición. Si hubiera tenido un presupuesto mínimamente decente, estaríamos hablando de un auténtico referente, sin duda.

Nota: 8
Nota filmaffinity: 6.2

miércoles, 8 de marzo de 2017

Sicario



Empiezo mi –anunciado, aunque con calma- repaso a las películas de Villeneuve con la predecesora de La Llegada.

Nada más dar al play, un equipo de SWATs asalta una casa a ritmo de un incesante retumbar de tambores que te pone a mil desde el segundo cero. Agotada la resistencia inicial, las sorpresas se esconden tras las paredes del chalet. La madriguera de conejo llega mucho mas al fondo de lo que parecia inicialmente. La impactante actuacion de la agente Kate llama la atencion del equipo antidrogas de EEUU, que decide contratarla para unas operaciones en la frontera.
Kate, entrenada donde las haya, se prepara para lo peor, pero una vez en El paso, las cosas no seran tan claras como parecen y la frontera entre el mal y el bien pasa a ser tan difusa como la que hay entre ambos paises....


Partiendo del hecho que estamos ante una película de VIlleneuve, el inicio es de impresión. El asalto apenas tiene tres cambios de cámara, pero te deja con el culo pegado al asiento. ¡Que manera de crear tensión! ¡Que aprendan los demás como no se necesitan mil cambios de vista para ponerte a mil! Esta claro que este canadiense sabe lo que se hace con la cámara. Lo mismo se puede decir de la persecución en coche que se produce en el Paso o la escena final en las minas. Estas piezas de orfebrería de unos quince minutos cada una contienen toneladas de emoción, una puesta en escena primorosa y unas coreografías al alcance de muy pocos. Solo por esos 45 minutos ya vale la pena la película, de sobras. 

Villeneuve se permite jugar un poquito con tus conceptos (otra vez) y te crea una sensación de agobio muy  malsana. Llegas a la conclusión de que la vida es una mierda y que en cualquier momento te va a llegar el bofetón, aunque cuando te lo arreen no puedes entender de donde ha salido.

Sin embargo, encuentro que las escenas que hacen de pegamento no acaban de tener la fuerza que deberían. No por hallarse mal construidas, sino porque el guion no les acaba de dar el sentido necesario para que entendamos que ocurre. Si, nos movemos en aguas turbias donde se hace difícil distinguir entre los ejércitos, las policías y las mafias de ambos bandos de la frontera, pero el guion no separa a explicar muchas cosas que ocurren en pantalla y nosotros no siempre somos capaces de llenar los huecos. Por ejemplo, ¿Para qué la necesitaban? ¿Habría cambiado algo de no haber estado? Benicio del Toro y Denis Quaid, son buenos, malos... ¿o solo unos malnacidos? Este desconcierto provoca que pierda el propio objetivo de la película. Sí, tenemos escuadrones de élite, agencias de inteligencia más turbias de lo debido y narcotraficantes con muy mala idea, pero sus continuas digresiones sobre la distancia entre la justicia y la legalidad consiguen aburrirme en los fragmentos donde la acción no toma el mando. 


Ni siquiera la portentosa actuación de sus integrantes, al mando de una impresionante Emily Blunt, es capaz de hacer remontar el film. Resulta sorprendente como una chica tan pequeñita (en tamaño) es capaz de transmitir tanta fuerza como policía, moviéndose entre la determinación y el desconcierto tras los zarandeos al que le somete el guión. A su cargo tenemos una de las mejores escenas de (no) sexo que he visto en una pantalla de cine. Del resto de turbios personajes, hay que destacar a un correcto (y hostiable) Dennis Quaid y a un impresionante Benicio del Toro, cuyas toneladas de cinismo consiguen quedarse marcadas a fuego. 

Sicario aparece tras el éxito de taquilla que supuso Prisioneros (que ya será reseñada), permitiendo a Villeneuve rodar con mucha más libertad un precioso ejercicio de onanismo audiovisual con cuatro escenas de una precisión apabullante que están al alcance de muy pocos. Es curioso como escenas de una factura tan impecable, con unos aciertos tan impresionantes se vean separadas por unos interludios emburullados que no hacen sino bajar el ritmo y confundir al espectador, dejando una sensación amarga, pues los errores pesan demasiado y deslucen el resultado de una película que, por momentos, provee de magnificencia cinematográfica.


Nota:6
Nota filmaffinity: 6.8

Nominaciones a Fotografía, Banda Sonora y efectos sonoros en los Oscars. Sin premio. Otra ronda de nominaciones técnicas a pesar del reducido presupuesto de la cinta. ¡Villeneuve sabe hacer mucho con poco!