Mostrando entradas con la etiqueta Jones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Jones. Mostrar todas las entradas

jueves, 13 de junio de 2024

Todo es una mierda

Hoy traigo una serie, y como suele ser de menester, yo siempre comento moderneces, que eso nunca falla. De hecho, aquí viene una serie de Netflix de 2018 que tuvo una temporada (y no más). Poco ha llovido y gran éxito que ha tenido.

Nos situamos en un pueblo aburrido cualquiera de EEUU a mediados de los noventa. Concretamente en Boring, Oregón (jé). Como siempre ha sido para cualquier adolescente, el instituto es una mierda que hay que soportar. La acción nos plantea la vida de dos adolescentes que, aparentemente, no deberían tener (muchos) problemas, pero para los que la vida es un poco mierder. Luke empieza el instituto con ganas de comerse el mundo, pero aunque se supone que ser negro ya no es un problema en el “moderno” EEUU, las cosas no son tan fáciles. Encima, su obsesiva fascinación por el cine no le facilita las cosas. Por si fuera poco, nada más llegar al club de audiovisuales del instituto, se enamora de Kate, que resulta ser la hija del director. Kate también tiene sus problemas. Por un lado, su padre la avergüenza cada día con sus intentos (fallidos) de ser molón y modernuki (jé), por otro, los demás chavales la han considerado una niña mimada por ser hija de quién es. Encima, está enamorada de la chica molona de un curso superior, actriz en el club de teatro. Como a finales de los noventa, ser lesbiana en el instituto era todavía una profesión de riesgo, decide aprovechar el amor de Luke para disimular y hacer ver que es una chica “normal”. Obviamente, esto no hace si no complicar su adolescencia y la de sus amigos.

Dentro de la miriada de series coming of age  que tiene Netflix, ésta es una de las primeras que vieron luz, ahora ya hace unos cuantos años. A lo largo de 10 capítulos de 25 minutitos, seremos testigo de las vicisitudes de un puñado de nerds que están en el momento más importante de sus vidas: sus primeros amores, los amigos que duran para siempre, etc. Se apuesta aquí por la nostalgia noventera (no es tan habitual alejarse de los 80), con el Wonderwall por bandera y una época en la que todos los problemas parecían resultos pero todavía quedaba mucho por lidiar.



Una de las cosas buenas de esta serie es que tiene MUY claro qué quiere contar. Cada uno de los dos protagonistas tiene su desarrollo de personaje bien ajustado, con unos secundarios con trama propia que se cierra correctamente. La longitud está bien medida para que no se generen altibajos, ni se acelere en demasía. Los 25 minutos de cada entrega entran finísimos tanto para ventilársela del tirón como para verla algo más salteada.

Todo es una mierda plasma esa época en la que vas creciendo y te das cuenta que, efectivamente, todo es una mierda con una naturalidad sorprendente. A ello contribuye la inesperada viveza con que los protagonistas (Peyton Kennedy y Jahi Di’Allo Winston) desprenden. Repleta de una extraña mezcla de ilusión, hastío y emoción por vivir todo por primera vez. Ahí reside uno de sus mayores valores, pues son historias con las que es fácil empatizar y rápidamente se hacen querer. Entre los secundarios, sorprende encontrar a una jovencísima Sydney Sweeney, en uno de sus primeros papeles con algo de importancia.

La serie no busca complicarse la vida, no contiene tramas sobrenaturales, no tenemos amores de montescos y capuletos. Quizás incluso podríamos considerarla más un slice of life, ya que se aleja de las dramedias típicas de estos días (Sex Education, Élite). Son dramitas más cotidianos, mezclados con tensiones madre-hijo y padre-hija en familias monoparentales, junto con la aparición de nuevos amores de los progenitores y ciertas heridas del pasado que deben cerrarse (o no). Problemas que todos hemos tenido (o hemos conocido a alguien que ha pasado por ello) y que comprendemos fácilmente, tanto en reacciones, como en expectativas y consecuencias.

El desenlace, no obstante, tiene cierta polémica SPOILER ya que al final ella consigue ligarse a la “chica molona” y se acaban comiendo los morros. El problema es que Peyton Kennedy tenía los trece años que representaba y Sydney Sweeney ya tenía casi dieciocho (representando ser de un curso mayor). Así que, bueno, puede incomodar a algunos. FIN DEL SPOILER

Lo importante es que la serie tiene un final. Podrá ser más o menos satisfactorio, pero todos los personajes tienen su arco argumental, van de un sitio para llegar a otro de manera lógica. Se nos cuenta una historia y se nos cierra. Aunque podría haberse continuado fácilmente (la vida sigue), se trata de una serie que está pensada para durar una temporada y es lo que dura, por lo que deja un buen sabor de boca en todos sus momentos.

1 temporada de 10 capítulos de 25 minutos. Si es que te la ventilas en nada.

Dentro de un coming of age, se hace raro encontrar una serie de gente normal. Todo es una mierda es una serie pequeñita, agradable y desengrasante. Es cotidiana, es entrañable, con todo bien puesto en su sitio, sin artificios. Puede que la vida de unos chavales de instituto normales a los que les pasan cosas normales no te interese, incluso puede que digas que Todo es una mierda, pero es una mierda por la que todos hemos pasado (en mayor o menor medida) y que se ve sin ningún esfuerzo. 

Nota: 6

Nota filmaffinity: 6.5

viernes, 12 de abril de 2024

CODA

Como alguien que se queda cada noche de los Oscar, que esta película ganara el premio gordo de la velada me dejó boquiabierto. Una peliculilla menor no parecía ser una ganadora con pedigree suficiente para sobrepasar a los grandes transatlánticos de su generación, que si nadie se va a acordar de ella en unos años, que desprestigia a los premios, etc. ¿Estaría tan bien como tocaba?

CODA nos sitúa en una familia de pescadores de una zona rural cualquiera de EEUU. Tras un primer vistazo, nos daremos cuenta de una particularidad: son sordos. ¿todos? No. La hija pequeña, puede oír perfectamente, por lo que hace de traductora entre sus parientes y la demás gente del pueblo. No es que le guste, pero es lo que hay. A ella lo que le gusta es la música, es lo que la hace vibrar. Lo cual no es algo que su familia pueda entender, por motivos obvios. Y además, se le da muy bien, tanto que podría dedicarse a ello si fuera al conservatorio, pero eso implica dejar atrás a su familia, que la necesita. Así, que la pobre está hecha un lío. Y así comienza la película….

Con este planteamiento podríamos tener un drama bien traumático, pero no, por suerte tenemos una deliciosa comedia que sabe muy bien lo que quiere contar. La abigarrada familia se hace querer desde un primer momento, tanto por sus excentricidades como por los “problemas” que su condición causa en el resto del pueblo, tanto de los que se muestran comprensivos, como de los condescendientes y de los imbéciles. Para ello se basa en unos personajes trazados con mimo, con sus peculiaridades, sueños y frustraciones, que además son interpretados con gracia, permitiéndonos conocer su carácter de un plumazo. No puedo sino destacar la impagable pareja que forman los progenitores de la familia, dos cincuentones llenos de vitalidad, con un carácter único que desborda carisma por los cuatro costados.


Por medio de diálogos bien hilvanados, escenas pensadas con ingenio y una trama impecable se abordan los obvios problemas de comunicación y las dificultades que esto genera en el día a día. También se refleja la incapacidad de la familia para entender los sueños de la protagonista, no tanto pidiendo que lo abandone, sino impidiendo que ellos puedan ayudarla (con la frustración que ello genera a todos). De fondo, la lucha entre abandonar un pueblo que no soporta para cumplir sus sueños, mezclado con la desolación de dejar atrás a una familia que la necesita, dejando claro que no hay buenas situaciones para nadie.

La película – remake de una película francesa, no olvidemos – es un torrente continuo de buenas ideas, destacando por una sorprendente capacidad para meterse en charcos sin mancharse. Sabe reflejar todas las aristas de las situaciones – no precisamente fáciles – de los protagonistas, sus preocupaciones y sus miedos, sin por ello descuidar el avance a buen ritmo de una trama a la que no le sobra ni le falta nada. Y además, lo hace envuelta en un ambiente de buen rollo que hace disfrutar. En todo momento guarda un tono optimista, que se ve con una sonrisa en los labios, amén de ese puñado de chistacos capaces de tirate de la silla, cómo no.


Y una vez más – últimamente van unas cuantas – juega a la perfección con el punto de vista cuando se pone desde la persona sorda, mostrando la situación desde la falta total de ruido y las consecuencias que tiene (comprensión de los hechos, resultado emocional, errores de comunicación, etc. ).

No obstante, en ningún momento abandona su pretensión de ser una película menor. Cuenta –a la perfección, eso sí – una historia pequeñita, de gente normal a la que le pasan cosas normales. Pocos peros se le pueden poner, recibiendo tres nominaciones a los Oscar, para mejor película, mejor actor de reparto (Troy Kotsur, el padre de la familia) y mejor guión adaptado. Parecía un buen reconocimiento, asumiendo una victoria casi seguro para Kotsur por su trabajo. Sin embargo, cuando se asentó el polvo de la gala, resultó que CODA había ganado los tres premios. Esto provocó bastante polvareda, pues su falta de grandilocuencia, de voluntad de trascender, su tono decididamente indie, la hacían parecer indigna de los honores que había recibido. ¿Cómo premiar a esta “peliculilla” y no a monumentos como Dune o West Side Story? (por poner dos ejemplos de un año de  grandísima calidad). Sí es verdad que, desde el último cambio en el modo de votación a mejor película, estas propuestas que están bien sin caer mal a nadie están favorecidas en el recuento, lo que provoca que salgan más veces de las que uno esperaría (Nomadland, Green Book, etc.).


En lo que es a mí, ¿me parece un ganador indigno del premio? Ni por asomo. Esa una película impecable, en la que todo funciona de primera, a la que le puedo poner muy pocas quejas. Si acaso, defiendo que no es la que más me gusta de su tongada (ahí, Drive my car me llega a la patata), pero es una ganadora perfectamente digna, mejorando 4-5 premiadas de los últimos veinte años.

CODA es una película simpática y calentita. Da gusto ver una comedia buenrollera que funciona a la perfección y, además, deja un poso agradable en el alma. Un guión de bandera, actuaciones llenas de carisma y un director que sabe qué quiere contar y cómo contarlo. Propuestas así son puro placer. Siempre tendrá el sambenito de haberse llevado el Oscar siendo indie, pero eso no debería impedirte de disfrutar de una película bien hecha.

 

Nota: 9

Nota filmaffinity: 6.7 

viernes, 20 de enero de 2023

Absolutamente todo

Estaba yo intentando reponerme de la resaca cuando me acordé de que tenía que hacer la reseña de esta película, vista una mañana tonta de resaca en que quería ponerme a ver algo que no me diera demasiados quebraderos de cabeza. Una comedia, algo de los Monty Python y Simon Pegg en la portada, pues pa’lante y sin mirar.

Por una carambola del destino, unos extraterrestres omnipotentes deciden darle poderes a un perdedor bastante mezquino y sentarse a ver qué pasa. Nuestro panoli protagonista, gozando de unas capacidades casi divinas, pondrá patas arriba su vecindario con resultados obviamente desastrosos, pero que, de alguna manera, le acabarán sirviendo para ligar con la chica guapísima de turno.

Y bueno, una vez vista, hay que reconocer que la película me dio lo que le pedía: entretenerme sin pensar. Se puede destacar algún chiste bien conseguido y poco más. Si bien la premisa inicial tiene su punto, lo hemos visto desarrollado con más acierto en otras películas (Como Dios). La excusa argumental da lugar a un puñado de chascarrillos de resultado bastante irregular, dando lugar a una película muy tontorrona y fácil de seguir. No tiene ninguna complicación y además dura muy poquito, por lo que se ve sin molestar en ningún momento.

 

Más allá de todos los chistes en torno al perro del protagonista, que funcionan con ingenio, el resto de chistes se hacen los gamberretes mientras se mantienen blanquitos y agradables. Se fuerza mucho el juego en que el protagonista, siendo consciente de que puede hacer verdaderas maldades, se contenta con ser traviesito e, incluso en sus momentos más “oscuros”, se mueve con un candor que mantiene la película en una propuesta para todos los públicos.

Los protagonistas, Simon Pegg, Kate Beckinsale y Sanjeev Bhaskar, son bien conscientes de la tontería de película que tienen en danza por lo que tampoco se esfuerzan mucho, mientras que los papeles más secundarios son encarnados con menos ganas aún, llegando a actuaciones algo vergonzosas en algunos momentos. Ah, ¿y los Monty Python dónde andan? Pues apenas se les ve y se les oye un poco más. Su participación no dista mucho de hacer el mínimo esfuerzo para poder decir que están allí. Sorprende que tras las cámaras este Terry Jones, que ha demostrado poder hacer comedias muchísimo más inspiradas en el pasado.

Sin embargo, hay que reconocer que la película entra con una ligereza muy de agradecer. Aun en su esperpento, sabe ser lo suficientemente simple como para ofrecer un poquito de diversión sin aristas ni complejidades. Justo un día que no quería comerme la cabeza, pude entretenerme con algo menos de 90 minutos que ver con una leve sonrisita. Sus limitaciones son las que son – grandes y destacadas – pero en su modestia, se acaba haciendo simpática.

Nota: 4

Nota filmaffinity: 4.8 

martes, 19 de noviembre de 2019

Krull


Recuerdo pasar un rato estupendísimo con esta película cuando tenía unos 15 años, en una de estas jornadas matinales veraniegas que las televisiones programaban para distraer a los más pequeños. Estabamos buscando una película ligera con la que reírnos y avergonzarnos un poco y esta película vino a mi mente.

El planeta Krull es un mundo de fantasía épica medieval que es atacado por extraterrestres. Por estas cosas que pasan, la princesa es raptada y el príncipe encantador deberá encontrar un arma mítica, vencer a monstruos tenebrosos y poner fin a la invasión para poder recuperar a su amada.

El planteamiento es un tópico andante, pero el desarrollo es de lo más delirante. Dejando de lado el sospechoso parecido de los invasores extraterrestres con los Storm Troopers, la coherencia brilla por su ausencia y los giros de trama sobrepasan cualquier tipo de medida en su osadía. Pocas películas son capaces de mantener tan bien el concepto de que cualquier cosa es posible, dejando ojiplático a un espectador que debe hacer esfuerzos para no salir volando de la película.

Krull tiene su origen en el torrente de películas sacadas al rebufo de Conan. La mayoría de estas imitaciones (XXX) eran de una calidad bastante cuestionable, pero de vez en cuando había alguna que estaba incluso bien, supliendo la falta de recursos por imaginación y buenas intenciones, dando lugar a películas de Serie B que disfrutar sin pretensiones.

Mi memoria situaba a esta película en el saco de los films tan malos que te tienes que reír con ello. Sin embargo, mis recuerdos me habían engañado, pues la película se sostiene mucho mejor de lo que recordaba.

La historia es un delirio, pero está poblada de personajes con sustancia (para los cánones del género) que la película se entretiene a presentar, dando personalidad con la que diferenciar a la docena de personajes con nombre que encontramos en el metraje. Además, sabe mantener muy bien el ritmo, con unos cambios de ambiente que la hacen muy variada, provocando tu interés, para que algunas bajas incluso duelan (nunca lo hubiera esperado).


Quizás es porque un hay un director serio detrás (Peter Yates), pero la película está equilibrada y entretiene. No sé qué hace este experto en cine negro metiéndose en estos follones, pero el dinero es dinero y hay quien es profesional hasta en los encargos más peregrinos.

Por ello, todo el elenco actoral se lo toma en serio, componiendo con acierto la variopinta banda de personajes a partir de la cancha que el guión les aporta. Entre ellos destacan unos por entonces desconocidísimos Robbie Coltrane y Liam Neeson en unos de sus primeros papeles (qué sorpresa al ver a Qui-gon Jin por ahí).

Los efectos especiales adolecen de una falta de presupuesto bastante sangrante, pero están diseñados con acierto, cumpliendo con la estética cutre pero “creíble” de la fantasía ochentera. Con aspectos muy bien resueltos estéticamente, como el castillo y sus rayos en VGA o la creación del nido de la araña, demuestra que hay alguien con criterio a los mandos. Ahora bien, cuando te das cuenta de que El retorno del Jedi es del mismo año, aprecias los efectos de tener un presupuesto ridículo.

Entre tanta cutrez (que puede echar un poco para atrás), sorprende encontrarse ante una banda sonora de las de quitarse el sombrero. Una de las mejores obras de un Horner (por entones, relativamente primerizo). Ensalza la épica tal como ocurría con las portadas de los videojuegos de los ochenta, alimentando la fascinación que. por momentos, te hace pensar que estás ante una obra de mucho más calado que lo que acabas viendo en pantalla. Un magnífico trabajo muy escuchable fuera del film, que contrasta con la pedestre puesta en escena.


El final es puramente lisérgico: El uso de la espada de siete puntas, la lucha contra la bestia infernal, la derrota del malo maloso, el amor como fuerza universal… Inolvidable ^^.

Concebida como película de explotation, es una película de aventuras futuristas con rayos láser, espada y brujería, amor verdadero, cíclopes y Robin Hoods. Es un conjunto muy (muy) ido de olla pero que, de alguna manera, se las arregla para funcionar. Con unos amiguetes y unas birras, seguro que te lo pasas bien, sino, seguro que no te deja indiferente.

Sale muy escaldada si la comparas con Willow, La princesa prometida o El retorno del Jedi, que son propuestas relacionadas de la misma época. Sin embargo, ¿cómo no querer a este engendro?

Nota: 5
Nota filmaffinity: 5.5

lunes, 11 de febrero de 2019

La forma del agua


Después de un placer tan gozoso como ese, seguimos con las películas oscarizables del año pasado, que siempre deben caer (je, je).

Hoy viene un cuento gótico donde la belleza responde a una universalidad y una resonancia película que son distintivos de los maestros del género. Brillante, divertida y fácilmente embriagadora, es el film de más éxito de Guillermo del Toro, que alía con éxito el ejercicio de estilo con la narración poética.

Señora de la limpieza dentro de un laboratorio gubernamental ultrasecreto, Elisa mantiene una existencia solitaria. Todavía más aislada debido a su mudez. Su vida sigue el ritmo marcado por los horarios de trabajo, monótonos; el tic tac de su reloj, monocorde; el trayecto en bus hasta el lab, inmutable; y sus pequeñas costumbres de soltera, más o menos soportables… Una existencia que no es triste ni gozosa. Es la que le ha tocado vivir, endulzada por una abundante vida interior poblada de sueños de agua, pasos de baile y sesiones de cine.

Pero basta con una mirada, una sola… El motivo romántico por excelencia, el clic de una fracción de segundo que hace bascular todo su mundo. El amor llega, rompiendo todo a su paso y cargando en su silla la corte de complicaciones que conocemos: Los amores no son fáciles, especialmente cuando los que se aman están separados por más que unas letras en el código genético. Su partenaire, como llamarían los gabachos, es una extraña criatura mitad hombre, mitad pez, con unos poderes que… mejor dejo que lo disfrutéis.

Tal como ocurre en las horribles bellezas de Del Toro, ¿Dónde está la humanidad? ¿Quién es el monstruo? Una vez más, volvemos a un tema recurrente dentro de la fantasía, tal como Tim Burton nos mostró en Eduardo Manostijeras, o el propio director mejicano había explorado en El Laberinto del Fauno. En este caso, el planteamiento es similar: dentro de un contexto histórico conocido y peligroso (la España de la posguerra en El Laberinto, en plena Guerra Fría de los años 60 en EEUU, para La forma) aparece un elemento fantástico que va a sacar a relucir tanto las mejores como las peores facetas del ser humano.


Pero es allí donde este film apuesta todos sus valores, la fascinante puesta en escena se complementa con la química que desprenden sus personajes principales. El papel de los actores no desmerece en absoluto: frente a Doug Jones (que ya ha dado vida a la mayoría de las criaturas del bestiario de Del Toro, Sally Hawkins hace alarde de un magnetismo virtuoso al expresar, sin una palabra, un candor y una sensibilidad abrumadoras.

Además de estos dos seres marginados que aprenderán a comunicarse a través de la fuerza del amor, del Toro imagina un compañero de piso gay lleno de excentricidad, un científico ruso cogido entre dos fuegos, además de una colega afroamericana y un director de cine fracasado pero apasionado. Puro EEUU el que aparece, pero compuesto de minorías, todos ellos asociales a su modo. Finalmente, desde el rol de la ley y el poder, la encarnación de la clase dominante, llena de prejuicios y racismo, dispuesto a todo para evitar que nada cambie. Michael Shannon está como siempre, tan repugnante como grandioso.


Así pues, tenemos todos los elementos para uno de los grandiosos cuentos que nos compone del Toro. Siguiendo la estela de red esto, La forma del agua podría ser muchas cosas, pero que nadie se engañe: es un cuento. Bellísimo y, en cierto modo, atemporal, pero nada más que un cuento. Quién busque trascendencia o una trama compleja y detallista, quedará probablemente decepcionado, pues en esta propuesta, el envoltorio es lo maravilloso. En ese sentido, Del Toro echa el resto al crear una monstruosa belleza, tan inhumana como fascinante, en el que el cuidado en la puesta en escena se complementa con una delicada fotografía llena de feísmo y una banda sonora (a cargo de Alexandre Desplat) que es pura sutileza.

Esta potitísima historia de amor desborda lirismo, presentándonos sexo (y amor) interracial (bueno, entre especies), jugando en torno al dolor de la represión de los sentimientos y la búsqueda de la felicidad, especialmente cuando ésta choca con lo que la sociedad espera y asume de nosotros.

La forma del agua es una película realmente bien hecha. No dudaba que esta película tenía muchos números de llevarse los premios técnicos en los Oscars, con nominaciones a casi todo (Mejor película, director, actriz principal, actor de reparto, actriz de reparto, guión original, montaje, fotografía, banda sonora, diseño de producción, vestuario, sonido y efectos sonoros).  La película victoriosa en la parte técnica fue Dunkerque, mientras que en la parte actoral toda la gloria fue para Tres anuncios en las afueras. Sin embargo, los dos premios gordos no fueron para la propuesta de Frances McDormand sino para este bellísimo cuento. Además del inesperado premio de Mejor Película y Mejor director (un rédito exagerado, a mi entender), la sutileza en el relato se complementó con el premio al talentoso Diseño de Producción y a la encantadora Banda sonora.

Parece mentira lo que puede salir de un spin off no confeso de Hellboy. La forma del agua no es una película perfecta, incluso le falta algo de chicha y  provocará ataques de diabetes a más de uno, pero es un ejercicio de estilo de los que hacen época, goza de una marca autoral inconfundible, y está muy bien rodado, interpretado y contado. Ya quisieran muchos.

Nota: 8
Nota filmaffinity: 6.5

lunes, 11 de diciembre de 2017

Flash Gordon


Estamos en 1980. La Guerra de las galaxias viene de romper cualquier referente en la taquilla y el merchandising. Superman ha demostrado que los héroes de cómic pueden triunfar en la gran pantalla. ¿Qué mejor que una película que pueda combinar lo mejor de estos dos Universos? Por si fuera poco, contamos con el inefable Max von Sydow  como siniestro malvado y, encima, Queen (¡QUEEN!) se encarga de la banda sonora. Lo tiene todo para triunfar. ¿Qué podría salir mal?

Bueno, pues básicamente, todo. Flash Gordon tiene brilli brilli por los cuatro costados. Y ésta es, amigos, la causa y solución de todos los problemas de la película. A diferencia de la mayoría de propuestas que hemos visto anteriormente, en las que el brilli brilli es un aditivo del proyecto, en este caso se convierten el alfa y el omega de la propuesta, pura desmesura que hace de la película en un despropósito espectacular, o en un espectáculo desproposital, como prefiráis. Dino de Laurentiis se estampó pocas veces con tanto estilo.

No hay más que ver las primeras imágenes de la corte del Emperador (del universo) Ming. Esos rojos y esos dorados saturados…¿Qué necesitamos bufones? ¡Ponemos a unos enanos con sábanas! ¿Una banda sonora de bandera? ¡Contratamos al mejor grupo de rock de la historia! ¿Lugares exóticos? ¡Todos los que se puedan! No en vano Flash Gordon dobla el presupuesto de una película tan menor y poco amiga de los efectos especiales como El imperio contraataca. Está claro, mientras dura el dinero, dura el empeño.


Esta desmesura puede con todo y devora un guión que adapta quizás demasiado literalmente el cómic original.  Por si no os lo habéis leído, este cómic creado en 1934 nos narra las aventuras de un jugador de fútbol americano en las galaxias siderales, donde se enfrenta a mil peligros y se convierte en el salvador del Universo. Todo el cómic destila el horterismo propio de la época, con unos puntos de cómico surrealismo en el que, literalmente, cualquier cosa es posible. Si a algún alma de cántaro le parece que la llegada de Flash a Mongo es una fumada, que busque como se cuenta originalmente (no tiene desperdicio). No en vano, a lo largo de los diversos números Flash llega a hacerse un traje espacial con una bolsa de plástico y unos pantalones deportivos (chúpate esa McGyver), muere un puñado de veces y vence (él solo) contra un equipo de futbol americano formado por gigantes. [Ahora en serio, Flash Gordon es uno de los cómics más influyentes de los años 30-40, otra cosa es que ahora nos parezca risible. ]

El guión se puede resumir a partir de una de sus frases más famosas: “Flash, te quiero, pero sólo tenemos catorce horas para salvar la Tierra”. Cualquier atisbo de lógica o sentido se manda a tomar viento desde el minuto uno de película. Un malo todopoderoso que luego no es tan terrible, revueltas y cambios de bando según sopla el viento. Las peleas y muertes de personajes se suceden con una desenvoltura y una alegría tan gratuita que no puedo sino evocar las felices aventuras del Batman de Adam West. Además, habría que destacar lo salidos que van todos en ésta película. Flash quiere llevarse a la cama a Dale Arden al momento de conocerla. Ella tarda a lo mejor treinta segundos más en estar interesada en lo mismo. Tan pronto como aparece en pantalla, Ming proclama su interés en embarazar repetidamente a nuestra heroína. Aura (la hija de Ming) bebe los vientos por el príncipe Barin (James Bond en calzones verdes), pero eso no impide que quiera pasarse a Flash por la piedra, y así… No amigos, la escena no es de William Blake.

Después de todo este rato, podríais pensar que la película no me ha gustado nada, pero la verdad es que me lo he pasado en grande. ¿La razón? La que estáis pensando. Brilli brilli. No me importa que la animación de los hombres halcón sea peor que la que veíamos en El mago de Oz, o que tengan la poca vergüenza de plantar un partido de fútbol americano delante de un alocadísimo Max von Sydow … ¡porque si! Simplemente, mola. Flash Gordon se regodea en el exceso para dar lugar a una obra tan surrealista y tan disfrutable que no puedes sino verla con una sonrisa de oreja a oreja. Y encima tiene las narices de dejar un final abierto para una posible continuación. Quedaron atrás todos los enemigos y aún queda la duda de un futuro mejor, ¡amos anda!

Ahora mismo me declaro un firme admirador de Flash Gordon. ¿Queréis ver una divertida película sin complejos? ¿Estáis dispuesto a devorar estrellas que sacien tu ser? Simplemente, Flash Gordon.

PD: No entro a valorar la banda sonora, que tiene el “honor” de ser la peor canción de la historia de Queen (si, peor que el enamorado de su coche). Si os atrevéis, aquí os la dejo:



Nota: N/A
Nota filmaffinity: 5.3
Publicado previamente en Cinéfagos AQUI

lunes, 3 de julio de 2017

Rogue One (Una historia de La Guerra de las Galaxias)

Ya se que no acaban de ser horas, que han pasado muchos meses y tal, pero ya tocaba que tuviera tiempo para ponerme con la película (ejem ejem) más esperada del año pasado.


Parece que se estabiliza el concepto de entrega anual de la franquicia Star Wars. Cuando se planteó Rogue One después del remake encubierto que fue el Episodio VII, mucha gente quedó desconcertada: Rogue One no iba a ser el Episodio VIII sino una historia independiente dentro del mismo universo. Para que nos entendamos, Universo Expandido en película y “canon” (hasta que lo vuelvan a cambiar, claro). En este caso, Rogue One se sitúa entre los episodios III y IV, viniendo a funcionar un poco como si fuera un Episodio 3.8.

En efecto, nos cuenta la historia de cómo los rebeldes consiguieron los planos de la Estrella de la Muerte, a los que se hacía referencia en la película de 1978. Se relaciona además con la serie de animación de Star Wars: Rebels, por lo que hay personajes ya conocidos por los fans (aunque no tanto por el gran público). Sin embargo, al estar fuera de la Saga como tal mantiene cierta independencia, lo que se vendió que se iba a usar para explorar aspectos que no tendrían cabida en la epopeya galáctica.
  

Nos encontramos con una ambientación muy sombría si la comparamos con los cánones habituales: Los buenos no son TAN bueno como estamos acostumbrados (aunque me repito: HAN DISPARÓ PRIMERO, HAN ES UNA MALA PERSONA, TIENE LA GRACIA QUE LUCHA A FAVOR DE LOS BUENOS Y YA), está protagonizada por unos auténticos Don Nadies en un follón que les viene grande, deben aportar su granito de arena pero su importancia es nimia dentro del Universo; tampoco hay Jedis “de verdad” (después de todo, son unos mierdecillas, un Jedi les daría demasiado caché) y, finalmente, se opta por una acción mucho más seca, más visceral y menos acrobática de lo habitual, especialmente en el giro hacia el género bélico en su hora final. Bien podríamos hallarnos ante cualquier película sobre la guerra de Vietnam… pero con AT-ATs y blásters por medio. Estoy seguro que muchos alucinaron al alejarse de las amables aventuras que siempre habíamos visto en la saga.

Con tantas diferencias, ¿seguimos estando dentro del Universo de Star Wars? Pues vaya que sí. Eso no se lo vamos a negar. El foco se pone en un puñado de planetas que no hemos visitado nunca, pero se siente en todo momento la ominosa presencia de un Imperio que, cada vez más, pone bajo su yugo a todo ser viviente de la galaxia.  La arquitectura es distintiva, diferente a lo acostumbrado, pero no por ello deja de ser reconocible como Star Wars (algo que en Episodio I no se notaba demasiado, por ejemplo). Además, los creadores han diseminado aquí y allá un puñado bien grande de guiñitos, preparados con (más o menos) gracia para que el fan dedicado pueda entretenerse reconociéndolos, no sólo de la serie antes mencionada sino de toda la franquicia como tal.

Después de todo, el público afin a la franquicia no pide más que dos cosas: Un material con el que soñar y diversión. Eso es básicamente lo que interesa y es lo que Rogue One proporciona. A nadie que vea esta película le interesará encontrar una reflexión sesuda sobre el futuro de la humanidad. Quiere tiros, sables láser, Darth Vader siendo el p*to amo…Con tanto entretenimiento se perdonan errores como un inicio caótico y apelotonado, con evidentes faltas de montaje, además de unas cuantas incoherencias de guión un tanto peculiares. No es una película que pida ser exigente y no vamos a ponernos muy puntillosos con ella, ¿no? A destacar el -probablemente deliberado- cutrísimo discurso pre-batalla final (el peor desde Pacific Rim xD).

Por otro lado, la elección de los actores trajo su cierta dosis de polémica. Se escogió un elenco muy multirracial, con presencia de féminas y gente de todos lados, lo que trajo consigo cierto ruido -aunque no tan espectacular como en Las Cazafantasmas-. El correcto trabajo de todos los implicados -tampoco es que el guión sea muy exigente- y el buen rollito que siempre transmite la saga contribuyó a que estas polémicas se diluyeran un poco, consiguiendo que la gente se limitase a disfrutar y no a apretar fuerte los puñitos porque el protagonista no fuera un SeñorTM.

Rogue One tiene sus errores y sus defectos (bastantes), pero en conjunto no es ni más ni menos que lo que quiere ser: una historia menor dentro de la franquicia, que sabe ser entretenida con ganas mientras se acerca al género bélico sin salir de la saga galáctica. Con vocación de relleno, funciona perfectamente para satisfacer al fan mientras espera a que el Episodio VIII llegue estas Navidades. Yo no es que me vaya a oponer mucho a que hagan películas de relleno, si les siguen saliendo así de entretenidas…

Nota: 6

Nota filmaffinity: 7.0

sábado, 6 de agosto de 2016

Warcraft: El origen



Con motivo del estreno de Warcraft, en esta plataforma hemos dedicado cierto tiempo a reflexionar sobre el sub-género que constituyen las adaptaciones de los videojuegos a la pantalla grande. Hemos emitido alguna reseña sobre el tema, e incluso un podcast dedicado. En ellos destacábamos que no se había visto ninguna película dentro de esta temática con un presupuesto tan abultado y cuyo primer tráiler no te instara a salir corriendo como si no hubiera un mañana. Supongo que ya toca que hablemos un poco de ella.

Cuando se anunció el proyecto, yo (y casi todos los frikis) imaginábamos que Duncan Jones adaptaría alguna de las historias transcurridas dentro de World of Warcraft. No sólo hay abundancia de material, sino que también sobra la consistencia para generar un argumento sólido, además del hecho de tratarse, sin duda, de la versión más famosa y exitosa del universo en que se sitúa. No podéis imaginar mi sorpresa cuando resulta que la base no se saca del WOW, sino del primer Warcraft, un pequeño juego de estrategia surgido allá por 1994, cuyo argumento ya había quedado en el olvido para la mayoría. Lo más curioso de la traslación de la historia es que ¡se sigue con bastante fidelidad!

El inicio de la historia se sitúa cuando el Azote ha conducido al mundo Orco hasta su destrucción. Este pueblo de guerreros se ve obligado a buscar otro mundo que habitar, llegando a Azeroth, que empiezan a conquistar a sangre y fuego. Los humanos, habitantes del planeta, no tendrán más remedio que enfrentarse a ellos en una guerra que dará lugar a héroes y villanos en un bando y en otro. Y con un argumento con tanta profundidad, se lanza un festival de efectos especiales y acción con el que entretenerse dos horitas.

Como jugón que se ha gastado un buen puñado de horas en los Warcraft I al III y unos cuantos meses (enteros) en el WOW, no os podéis imaginar cómo me sentí durante los primeros 15-20 minutos de película. Como un guiri que visita por primera vez Nueva York, estaba alucinando: ¡Mira, es Forjaz, ahí estaba mi posada! ¡Oh, el bosque de Elywmm! ¡Ese es el Portal Oscuro! ¡El vuelo en hipogrifo está clavadito! La verdad, no sé cuánto rato me habré pasado luchando en las estancias de la torre de Karazhan con Moroes, el mayordomo o con Curator, el golem en esa biblioteca que se recrea con todo lujo de detalles. Y si no, contemplar el final de Durotar, el liderazgo de Orgrimm o el nacimiento de Thrall…Creo que cualquiera que haya disfrutado y seguido la historia de este magnífico universo va a emocionarse al ver moverse tan bien a sus personajes favoritos en una traslación impecable.

Luego podríamos discutir que el profano no se va a enterar de nada de esto ni qué es lo que ocurre en la trama, puesto que la película no realiza ningún esfuerzo en explicarse. O sabes de qué va, o te va a costar un poquito ubicarte. Tampoco es que Duncan Jones pierda mucho tiempo en desarrollar a los personajes, incluyendo un par de cambios de comportamiento un poco extraños que no acaban de explicarse (¿tijeretazo de alguna escena?).

En cambio, las escenas de acción están bien desarrolladas, muy “terrenales” a pesar de las toneladas de CGi con que están realizadas. El castañazo que acaba de propinar un tío que mide 2’30 y pesa casi 200kg de puro músculo puede casi sentirse cuando se ve en la pantalla grande del cine. Impresiona a su manera. Después de todo, Duncan Jones demuestra que conoce el universo en el que se está metiendo y trabaja con respeto. No sólo es de destacar su esfuerzo al respetar (casi literalmente) toda la imaginería existente, sino también su sentido del ritmo –muy vivo, para evitar que puedas aburrirte o pensar- y un competente despliegue artístico para generar un entretenimiento la mar de vistoso, que permite pasar dos horas bien refrescantes sin ningún tipo de esfuerzo ni trascendencia.

Puede que a alguno no le guste el efecto que genera la captación de movimiento o una imaginería que puede ser extraña para sus costumbres, con proporciones extrañas y equipos desmesurados (hombreras descomunales y hachas que no respetan mucho las leyes de la física), pero hay que reconocer que casa a la perfección con la cartoonesca animación que siempre ha tenido el juego. Aún queda por pulir la paleta gestual de los actores (ni siquiera Spielberg y su Amigo Gigante acaban de resolverlo) y los movimientos son a veces demasiado forzados, pero no es algo de lo que se vaya a quejar un seguidor de la franquicia.

Si lo comparamos con el resto de películas de su género, es la mejor con diferencia. Pocas veces hemos encontrado una película que tanto jugones como profanos puedan ver y disfrutar sin ofenderse. En cuanto a las taquillas, Warcraft se ha estampado miserablemente en EEUU, lo que suele ser indicativo de cierre directo de franquicia. Sin embargo, su desmesurado éxito en el resto del mundo la ha situado en una recaudación cercana a los 500M (y 10º puesto en lo que va de año), cuadriplicando el presupuesto inicial y casi garantizando la producción de una secuela en un futuro próximo (que imagino que sería sobre las aventuras de Thrall y la unificación de la Horda, o no).  Asi pues, se confirma que si le pones ganas a una producción y no haces un engendro puedes conseguir éxitos con este tipo de películas. A falta de ver qué ocurre con Assassin’s Creed, ¿quizás estamos ante el Sam Raimi’s Spiderman de los videojuegos? ¿Se invadirán las pantallas de películas de jugones en cuanto se pase la fiebre de Marvel&Co?



Me mostraré totalmente de acuerdo en que podría estar mejor. Su guión no es nada del otro mundo y no proporciona más que un buen entretenimiento, pero tampoco proporciona menos que un buen entretenimiento, trata con respeto al espectador y sirve de punto de partida para desarrollar un universo la mar de amplio y fascinante. Si sois unos frikis y aún no la habéis visto, ¿a qué esperáis?

Nota: 6
Nota: 6.1
Publicado previamente en Cinéfagos AQUI