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viernes, 27 de diciembre de 2024

Tres mil años esperándote

La solitaria, excéntria y un poco enamorada de sí misma Alithea Binnie (Tilda Swinton), narratóloga británica en búsqueda de “la verdad común de todas las historias de la humanidad” llega a Estambul para unas conferencias. Rápidamente llega a la conclusión de que la ciudad no está a la altura de su reputación. Pronto es asaltada por una suerte de extrañas visiones, pero es justo en la habitación que antaño ocupó Agatha Christie (qué casualidad) que se le ocurre limpiar frotando un frasco comprado a un anticuario la mañana anterior, donde la maravilla comienza. El tapón del frasco salta, revelando a un monumental Djinn (Idriss Elba). Como nos podríamos imaginar, propone a Alithea de concederle tres preciados deseos. Ella se muestra cautelosa, pues conoce bien que todas estas historias de deseos terminan mal y no tienen otra finalidad que la de advertir. Nuestro Djinn no podría haber encontrado un peor amo, pero no se desanima, después de todo, sólo lleva 3000 años esperando. Desde las dependencias de la Reina de Saba a los grandes salones de los palacios de Bizancio, pasando por el fondo del mar Rojo, con la idea de convencerla para pedir sus deseos, emprende el relato de sus “tres encarcelaciones”. Así, dentro de la intimidad de la habitación de un hotel, a medida que las historias del genio se encadenan y entrelezan, empieza una historia completamente diferente…

Todos conocemos a George Miller. La mirada loca de Mel Gibson (o de Charilze Theron), el cuero, la sangre y el asfalto que se mueve a toda velocidad. Estás son las imágenes que se nos evocan cuando pensamos en él. Pero no conviene reducir la obra del director australiano “simplemente” a Mad Max. Se ha mostrado como un virtuoso a la hora de mostrar la realidad más desencarnada y visceral, pero también como uno de los grandes prestidigitadores de nuestra época. Por supuesto, conocemos las Brujas de Eastwick, no nos olvidamos de las entregas de Happy Feet ni de la notabilísima Babe 2, un cerdito en la ciudad. De alguna manera, invocando los cuentos de las 1001 noches, Miller va todavía más allá con Tres mil años esperándote, ya que lo que le interesa es justo la función operativa de los cuentos. Y mientras Scherezade cuenta historias para salvar vidas, el Djinn las cuenta para salvar la suya, o que la revelación contenida en cada ficción tiene el poder de influir en la realidad.

¿Es posible hoy día que te financien una revisión de las 1001 noches de manera casi literal? Bueno, cuando eres George Miller y prácticamente te financias tú la película, pues tienes libertad absoluta para hacer lo que te de la gana, para lo bueno y para lo malo. En sus películas ya hemos visto que tiene una imaginación desmedida y no se corta a la hora de mostrarlas en pantalla. Quizás no tenemos el salvajismo de Mad Max, pero sí nos enchufa buenas muestras de la decadencia de los grandes palacios de los reyes de antaño. Tres mil años esperándote es una locura visual en la que (casi) cualquier cosa es posible, revestida de colores de inusitada belleza, una música acorde y un denodado esfuerzo por conseguir un vestuario deslumbrante que uno no se cansa de ver en un torrente de escenas originales.

Tilda Swinton es justo la persona idónea para encarnar al epítome de la razón, la persona que se las sabe todas, que no necesita nada, a la que el genio nunca podrá engañar (¿seguro?). Por su parte, Idris Elba clava al melifluo genio que parece no desear otra cosa que conceder sus tres deseos y pasar a otro lado (¿seguro?), pero que cuando empieza a contar su historia, consigue que te quedes pasmado con los cuentos que te está vendiendo. Ambos personajes esconden mucho más de lo que inicialmente parece, lo que se aprecia en los matices de las actuaciones, muchas veces a través de miradas y muecas que esconden lo contrario de lo que parecen decir sus palabras.

Al final, tenemos un precioso cuento sobre el amor, los vínculos humanos y la necesidad de compañía, que surge desde lugares desde los que uno no esperaría. Me hace especial gracia que los protagonistas son unos mentirosos, pero a los que más mienten es justo a sí mismos, siendo el momento en que lo reconocen cuando pueden empezar a ser felices. Sin embargo, Miller no tiene un especial interés en que este relato onírico sea fácil de digerir para el espectador. Cuenta lo que quiere contar (y lo hace bien), pero su estructura episódica provoca terribles problemas de ritmo que obligan al espectador a esforzarse por seguir el hilo de los acontecimientos. Además, su apuesta por el realismo mágico no pone precisamente las cosas fáciles.

Un poco en consecuencia de lo anterior y de su nula publicidad, la película se estampó a lo grande en los cines, provocando un retraso en la producción de Furiosa, que estuvo a un tris de no llegar a realizarse. Los problemas que sufrieron los cines en los primeros años post-pandemia no ayudaron, claro, que la película es de 2022 y eso es importante.

Se trata de una preciosidad de película la mar de rebonica. A base de cuentos (de ritmo algo irregular), explica una historia encantadora sobre los deseos y la soledad. Sorprende (o quizás no tanto) que venga del mismo autor que Mad Max. Si entras en su magia, tendrás el cuento de hadas más bonito del año.

 

Nota: 8

Nota filmaffinity: 6.1 

martes, 25 de abril de 2023

El escuadrón suicida

Hace ya algún tiempo, allá por 2015, la película de Suicide Squad fracasó a lo bestia en los cines, y tampoco es que fuera una gran película. Además de todos los problemas que tuvo su rodaje, con continuas injerencias de la parte directiva para con sus creadores, el éxito de Deadpool propició que los ejecutivos de Warner quisieran buscar un éxito similar. Alguien decidió que su Suicide Squad, que en aquel momento estaba en post-producción debía reconvertirse de una película de acción//terror, a una comedia gamberra con algo de acción. De espaldas incluso a su director, se regrabaron algunas escenas (¡45minutos!) a toda leche, se hizo lo que se pudo en efectos especiales y se remontó la película por completo. El resultado fue un pastiche bastante infumable en todos los sentidos.

Un par de años después, James Gunn fue despedido de mala manera de Marvel, a raíz de unos asuntos con los fans de Trump. Por una vez, DC fue lista y lo fichó a toda velocidad para ordenar su universo. Una de sus condiciones era la de repetir esta película, pero a su modo y sin que nadie tocara las narices. Por otro lado, también puso a punto el concepto del “multiverso relajado” que encaminaba a DC por el buen camino, con algunas propuestas más decentes. Hasta que despidieron a Gunn y cancelaron todo desde arriba porque una entrada contable lo decía, claro. Todo ello para volverle a contratar al año siguiente tras el sindiós organizativo que habían generado. Si es que cuando un contable se mete a director de cine…

Bueno, volvamos a El escuadrón suicida. Lo primero que destaca es que no es una segunda parte. Se hace ver que la película anterior no ha existido (cero vergüenza aquí), proponiendo una nueva primera entrega de la franquicia. Repiten algunos personajes y, a veces, se hace mención a cosas que pasaron anteriormente (que algunos recuerdan y otros, no), pero aquí no ha pasado nada. Después de todo, la desvergüenza es la marca de la casa.

Así, tenemos un nuevo grupo de malos malosos que, para conmutar sus penas, deben realizar una misión suicida, evitando que un dictador de un país centroamericano culmine sus planes para destruir el mundo. Y eso es la aventura, sólo que ahora tiene el toque Gunn con su humor salvaje y desenfadado. Dotado de una paleta de colores realmente brillante y desinhibida, no tiene problema en mostrar matanzas descomunales repletas de brilli brilli, mala leche y chistes por todos lados. Podríamos decir que todo lo que no funcionaba anteriormente, ahora lo hace a la perfección.

De la nada se saca a un nuevo elenco de personajes, que en apenas un momento, conocemos y queremos (o no). Idris Elba hace de Deathstroke, provocando que olvidemos a Will Smith al instante. Viola Davis repite con su clase. Margot Robbie no podía faltar con Harley Quinn, pues parece haber nacido para este papel (y vaya cinco minutos de protagonismo absoluto que se gasta). John Cena le echa toneladas de morro ¿y clase? con su versión psicótica del Capitán America (Pacificador, con serie muy recomendable incluida). Sin embargo, son sobretodo Daniela Melchior (entrañable adiestradora de ratas) y David Dastmalchian (impagable Hombre Punteado) los que arrancan los mejores momentos. Y no olvidemos a Stallone, que pone voz a King Shark, que también se hace querer cosa mala.

Ya partimos que arregla el carisma de todos los protagonistas. Además, les da un buen puñado de escenas de acción con las que todos pueden gustarse. Reparte con acierto el protagonismo y se permite una cantidad de bastardadas más que notable, exagerando tanto la acción que acaban siendo cachondas a su manera. Los malos son malos y sus métodos no son para nada diplomáticos. Cualquiera que haya visto la excelente serie de Harley Quinn ya sabrá que Gunn es un veterano en estas lides y sabe cómo liarla parda de la manera más descacharrante.

Para ello, abraza el tebeísmo más absoluto, alejándose de la trascendencia que estaban cogiendo las propuestas de DC. La trama es una locura, pero mantiene una curiosa coherencia que clava el tono para mantener a todos los personajes dentro de su verosimilitud. Sin volverse chabacano, el ambiente gamberrete contagia al espectador y se hace decididamente entretenido. Es chorra con ganas durante casi todo su metraje, sabiendo ponerse seria en los dos momentos en que debe, acertando al aportar dos horas de tontuna por bandera.

Si lo que quieres es dos horas de diversión comiquera, aquí tienes espacio para quedarte a gusto. Además, tuvo la suerte de proporcionar al personajazo de Pacificador, que dio lugar a una estupenda serie de lo más desopilante. Un auténtico hallazgo.

Estamos hablando de la que es (hasta ahora) la mejor película dentro del multiverso relajado DC. Un pepinaco de diversión de lo más bruto y bestia, como este autor ha demostrado que sabe hacer. Un punto troll, un punto sangriento, pero en todo momento descojonante, esta película sabrá divertir a todo el que se quiera acercar a una película de súpers sin complejos ni complicaciones.


Nota: 9

Nota filmaffinity: 6.3