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jueves, 19 de noviembre de 2020

Cobra (Frederick Forsyth)

Hace no mucho (o sí) se leyó uno de Forsyth, uno de los grandes escritores de libros de espías de la Guerra Fría pues hoy repetimos en uno de sus libros más modernos.

Título: Cobra

Autor: Frederick Forsyth

Título original: The cobra

Traducción: Alberto Coscarelli

“El tráfico de cocaína mueve miles de millones de dólares cada año. Su consumo causa un número incalculable de muertes y su dominio crece a un ritmo imparable. Un día el presidente de Estados Unidos decide invertir todos sus esfuerzos en acabar con este negocio y le encarga esta tarea, aparentemente imposible, a Paul Deveraux, un ex agente de la CIA, inteligente, dedicado y tan audaz como despiadado. Deveraux acepta el reto, pero impone algunas condiciones: tendrá a su disposición todo el dinero, los agentes y los recursos que considere necesarios. La guerra ha estallado y han desaparecido las normas del combate.

Desde las pistas de aterrizaje de la selva amazónica hasta los barrios bajos de Bogotá, pasando por las oficinas gubernamentales de Washington, Paul Deveraux, alias Cobra, descubre la escalofriante realidad del imperio más poderoso: el de la droga.”

El libro nos sitúa a un Obama muy perdido en su presidencia, con muchos complejos y ganas de realizar su Obra Magna con la que pasar a la historia (bueno, no lo nombra, pero por la descripción nos entendemos), así que le da la ventolera y decide que hay que acabar con el tráfico de cocaína (no con la heroína, anfetas o whatever, sólo la cocaína) antes de acabar su segunda legislatura. Y para ello, decide proveer de fondos opacos e infinitos a un grupo paramilitar, saltarse cualquier ley internacional y todas las cuestiones de ética que uno pudiera planearse. Todos los cárteles deben desaparecer, sin importar los medios. Los quiere a todos muertos, sin fallos. Y punto. Y es que el libro es así de simple. Lástima que el mundo real no lo sea tanto.

A Forsyth le debemos, sin duda, un buen puñado de las mejores novelas de espías de la Guerra Fría. Sin embargo, me sorprende lo mal que ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos, cuando el escenario ha cambiado. Lo podemos ver en el desnortado planteamiento de la entretenida El manifiesto negro que ya reseñamos o en la novela que tenemos hoy entre manos. El argumento no hay por dónde cogerlo.

No obstante, su talento a la hora de llevar el ritmo y mantener la tensión está tan fresco como el primer día. Una vez tenemos todo el berenjenal planteado y empieza la acción, con un James Bond de Hacendado liándola parda allá donde va, la diversión está asegurada. Pocas veces me ha planteado una trama con tan poco sentido, pero sigue consiguiendo que las páginas pasen como nada.

Las novelas de Forstyh están protagonizadas habitualmente por espías que son estandartes de la nobleza y las buenas costmbres. Sin embargo, Paul Deveraux, se convierte en el héroe más desagradable que le recuerdo. Presentado inicialmente casi como un fanático religioso, vemos en él a un auténtico malnacido que se arroga con el estandarte del bien y la verdad para cometer todas las tropelías necesarias para triunfar (y se nota que disfruta con ello). Forsyth parece esforzarse con que le cojas ojete y lo consigue. Frente a él, el protagonismo recaería en el malvado malvadísimo dirigente del cártel de la droga. Pero, ante la sorprendente falta de personajes y desarrollo de personalidad de cualquier secundario, éste se confunde en el tópico narcotraficante estándar que hemos visto mil veces en propuestas similares. No hace falta de hablar del resto de seres que pululan por las páginas, apenas nombres que hacen cosas en pos de una trama no muy creíble.

La parte buena es que el libro pasa como nada. La emoción (sin sentido) te motiva a pasar páginas y páginas. Por otro lado… es el menos épico y gracioso de todos los que he leído, le echo de menos esa sensación de suspense o de peligro inminente típica de las historias de espías. Simplemente se va interceptando cargamento de drogas tras cargamento de drogas, con cada innovación rápidamente contrarrestada en una escalada de medios y violencia que sabemos sólo puede tener un vencedor. Forsyth suele proporcionar alimento más sustancioso, pero con Cobra nos ha traído una hamburguesa. De primera, que puede entrar finísima cuando el cuerpo lo pide, pero de este autor sabemos que puede (y debe) dar algo más sustancioso que una hamburguesa.

Cobra es entretenida, sin duda. Estoy seguro de que si la hubiera leído con 12-13 años la hubiera disfrutado más. El libro se devora con ganas, gracias a un ritmo muy bien estudiado, una trama loquísima y el buen saber hacer del autor. Sin embargo, ningún personaje tiene poso, los giros de la trama no llegan a sorprender todo lo que deberían y el final no acaba de ser satisfactorio. Al final, deja la sensación de que podría haber sido mucho más de lo que es, algo habitual en los libros más recientes del autor, incapaz quizás de adaptarse a una nueva geopolítica en la que no se siente tan cómodo.

Nota: 3

Nota goodreads: 3.61/5 

sábado, 3 de agosto de 2019

El manifiesto negro (Frederick Forsyth)


Más espías para el cuerpo, con otro de los autores clásicos del género. Otro libro de la Cesta’13 del que no apunto el número (si es que soy de lo que no hay ^^)

Título: El manifiesto negro
Autor: Frederick Forsyth
Título original: Icon
Traducción: Luis Murillo Fort

“Rusia, 1999. La otrora gran superpotencia zozobra en un mar de hiperinflación, caos económico y criminalidad. Las elecciones se aproximan y una sola voz carismática resuena en todo el país. Igor Komárov, líder derechista, promete reformar la moneda, acabar con el crimen, eliminar la corrupción y devolver la gloria a Rusia. Pero los dirigentes occidentales se ven conmocionados cuando llega a sus manos un documento secreto del que se desprende que Komárov no es el salvador de la nación, sino un nuevo Hitler. Oficialmente, occidente no puede hacer nada, pero un grupo de prohombres angloamericanos decide no quedarse impasibles viendo como la historia se repite.”

Este libro se escribió a principios de los noventa situando la historia en un futuro cercano, concretamente en 1999. El telón de acero había caído en fechas recientes, por lo que el planteamiento de la novela se sitúa a modo de “¿qué pasaría sí…?”. Cuando revisamos este futuro desde nuestra órbita actual, veinte años después de la fecha límite, vemos que no se acercó en demasía, pero tiene su gracia como ejercicio de retrospectiva, a la hora de entender cómo se veía el mundo en 1993. La verdad es que el planteamiento de la obra es muy inverosímil, lo que te obliga a tragarte muchos sapos para dar por válido el escenario inicial, superando ampliamente obras similares como El cuarto protocolo (el más fantasma que había leído de Forsyth, que curiosamente comparte algún personaje envejecido en el tiempo. Por otro lado, una vez has puesto los ojos en blanco unas cuantas veces y empieza el baile, la ejecución es ciertamente impecable. Forsyth tendrá sus sesgos (descomunales), pero lo que es escribir, crear tensión y momentos molones, lo domina con soltura.


Forsyth es un autor al que conozco desde hace tiempo, no en vano crecí con varias de sus obras como mis entretenimientos más absorbentes de mi adolescencia: Chacal, la alternativa del diablo o El cuarto protocolo eran mostrencos que tardaba meses en leer, pero en los que me sumergía con avidez y sin cansarme. Aunque sus obras recientes han cambiado un poco su esquema de trabajo, (casi) siempre se dividen en dos partes muy diferenciadas. Una primera muy basada en política de grandes nombres, en la que se te explican todos los prolegómenos que llevan a la necesidad de una operación y las implicaciones que tendría su fracaso. Suele ser lenta y sesuda, para que el escenario quede claro y diáfano, haciéndose lenta para el estómago de muchos. Posteriormente, la segunda se dedica a la ejecución de estos planes, dirigida hacia la protección del mundo libre y la destrucción de los enemigos de la civilización y tal. Ésta segunda parte contrasta con la anterior, porque se basa casi en la acción pura, poniendo en marcha todos los planes trazados, afrontando todos los imprevistos que salen, contando habitualmente con un clímax la mar de molón. Para que os hagáis una idea, puede que tardes un mes en pasar la planificación, pero tres días en la ejecución, siendo ambas partes de la misma longitud. No obstante, a mí me encantan ambas en su diferencia.

Además de sus derivas ideológicas, el peor aspecto de escritor estadounidense reside en sus personajes. Son abundantes y diferenciados, pero son puro estereotipo. En ningún momento están mal diseñados, las incoherencias no existen y cada uno de ellos está en su sitio, pero responden a cuestiones meramente funcionales: aquí necesito un héroe perfecto (el espía Jason Monk), protegido por un burócrata de moral impecable (el aristócrata Nigel Irvine), para luchar contra un malo maloso megalomaníaco (el presidente Igor Komarov) y su secuaz que le hace el trabajo sucio (exjefe de la KGB Nikolai Grishnin). Y ahí está toda la caractericación. La demonización de los malos es TAN bestia y los buenos son TAN buenos que, a veces, puede hacerse algo irritante. Básicamente, para Forsyth Occidente es el bien y el Este el mal; los rusos son todos unos corruptos, los británicos y los estadounidenses luchan por límpidos ideales (menos los agentes dobles rusos, claro) y así todo el rato. Además, como cada vez que hay un personaje nuevo, se nos hace un resumen de 5-6 páginas de su vida, podemos comprobar como el patrón se repite con claridad meridiana.


Y es que la ideología de Forsyth es uno de los aspectos del autor que más puede indigestar al lector desprevenido. Firme defensor del establisment estadounidense, plantea sin sonrojarse que personajes George Bush (padre) y Margaret Tatcher se alcen como adalides de la humanidad, en los que EEUU y el RU son los mayores garantes del pueblo libre y el bienestar mundial, aceptando su derecho a tirar abajo gobiernos de otros países por intereses “patrióticos” de extremada pureza, sin atisbo de intereses personales. Estoy seguro de que en otros libros se lo he comprado sin problemas, ya sea porque me pillaba demasiado lejos en el tiempo, o porque proponía temas demasiado fuera de la realidad, pero tragarme este sapo me ha costado lo suyo. Por otro lado, me encanta la clara diferencia del “gobierno en la sombra” que plantea Forsyth con ejercicios similares de otros autores como Tom Clancy. Forsyth hace que FUNCIONE, con una desbordante profusión de detalles y una atmósfera de “detrás del escenario” muy bien conseguida. 

En inglés, el libro se llama Icon (Icono), pues su propuesta para concluir el libro se basa en la propia creación de un Icono que una a todos los rusos (un pueblo diverso en cultura, folklore y tradiciones) en pos de un objetivo común, para evitar fragmetnaciones internas que darían lugar a inevitables genocidios. Un poco a lo bruto, pero se basa en crear el concepto del Reino Unido que mantiene a Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte juntas, igual con Bélgica con Flandes y Valonia, o tal como funcionó (a su modo) con en la Yugoslavia de Tito con todos los nuevos países de los Balcanes. La solución que nuestros súper-espías encuentran es una fumada de las gordas, pero reconozco que me ha hecho especial gracia, con una reflexión inesperada sobre la función de las banderas y el patriotismo en la que nunca me había parado a pensar.



Se trata, pues, de un libro con todas lo bueno y lo malo de este autor. Un lector desprevenido tendrá dificultades para superar sus primeras 250 plenamente descriptivas o las derivas políticas del autor. Para muchos, un precio a pagar demasiado grande a cambio de las excitantes 200 páginas finales, siempre repletas de pura adrenalina. Por lo que a mí respecta, tiendo a disfrutar con ganas de sus libros, tanto con sus James Bond como con sus eternas descripciones de política ficción. Tanto al hacer conspiraciones como novelas de espías, este hombre siempre me satisface. En este caso, el planteamiento es TAN inverosímil que me ha costado entrar en el libro, pero una vez dentro, no negaré haber disfrutado como un enano. Si ya lo conocéis y os agrada su estilo, El manifiesto negro es un entretenimiento bien válido. Un profano puede tirar el libro por la ventana bien rápido, pero bueno, este hombre es como es.

Nota: 7
Nota goodreads: 3.92/5

miércoles, 6 de junio de 2012

El Emperador (Frederick Forsyth)


Título: El Emperador
Autor: Frederick Forsyth
Título original: The Emperor


Este libro es un compendio de relatos cortos (de 30-40 páginas) del conocido autor de Chacal o El cuarto protocolo. En ellos, podemos ver como Forsyth toca diversos temas, alejado de su habitual temática de la política ficción y narrando pequeñas historias situadas casi siempre en Irlanda. Son pequeñas historias de gente normal pero con un toquecito marca del autor que siempre tiene su gracia.

Al tratarse de relatos cortos, Forsyth no puede andarse por las ramas como tanto le gusta, y comprime las historias de una manera muy rápida y amena, ofreciendo situaciones atractivas y desenlaces interesantes.

Las relatos -publicados previamente en pequeñas revistas a mediados de los 70- son los siguientes:

El Emperador: En este relato, un oficinista que lleva una vida rutinaria y aburrida marcha de vacaciones a una isla tropical. En una excursión de pesca se enfrentará a la presa más peligrosa de los mares. Aunque está totalmente superado por las circunstancias, por una vez en su vida, lo dará todo por su objetivo.

No hay serpientes en Irlanda: Un universitario indio se ve obligado a trabajar en una constructora para pagarse la carrera. Un enfrentamiento con el racista capataz provocará una venganza tan original como cruel.

Hay días nefastos: Es el relato con un estilo más reconocible del compendio. En él, unos ladrones roban por error un camión cargado de abono, ya que creen que contiene coñac de primera calidad. Al capo local no le hará ninguna gracia ese traspié…

Empleado como prueba: Al demoler una casa, aparece un cuerpo empaderado. El dueño de la casa es interrogado, pero su negativa a responder dificulta cualquier investigación. Un inesperado capítulo a lo CSI en los 70. Muy curioso.

Privilegio: Un pequeño empresario es difamado por un conocido periodista. Al ver que no puede conseguir una rectificación por los cauces legales, se vengará de manera muy inusual.

En cumplimiento del deber: El coche de una pareja de irlandeses se estropea en un recóndito pueblecito de Francia. Allí encontrarán una granja donde hospedarse, pero los dueños guardan secretos inesperados…

El hombre precavido: Con muchas dosis de humor negro y mala leche, un rico hecho a si mismo se las arregla para entregar su herencia evitando que sus ambiciosos hijos y el fisco puedan sacar tajada.

El fullero: Un orgulloso y arrogante juez es timado por un tahúr durante un viaje en tren. Casualmente, a los pocos días deberá juzgar al tahúr por el mismo delito, aunque las cosas no parecen tan claras como en un principio…

Son pequeñas historias todas interesantes y divertidas, por lo que resulta una lectura ligera y amena para desconectar. Es una de los libros más desconocidos de Forsyth, pero se lee muy bien y sorprende ver como se desenvuelve en géneros muy alejados del suyo.

Nota: 6