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lunes, 20 de septiembre de 2021

El tango de la Guardia Vieja

Pérez-Reverte tiende a ser un autor que leo con gusto, y si además me viene uno de sus libros en la Cesta’13 (#50), pues no le haremos un feo.

Título: El tango de la Guardia Vieja

Autor: Arturo Pérez-Reverte

“«Una pareja de jóvenes apuestos, acuciados por pasiones urgentes como la vida, se mira a los ojos al bailar un tango aún no escrito, en el salón silencioso y desierto de un transatlántico que navega en la noche. Trazando sin saberlo, al moverse abrazados, la rúbrica de un mundo irreal cuyas luces fatigadas empiezan a apagarse para siempre.»
Un extraño desafío entre dos músicos, que lleva a uno de ellos a Buenos Aires en 1928; un asunto de espionaje en la Riviera francesa durante la Guerra Civil española; una inquietante partida de ajedrez en el Sorrento de los años sesenta...

El tango de la Guardia Vieja narra con pulso admirable una turbia y apasionada historia de amor, traiciones e intrigas, que se prolonga durante cuatro décadas a través de un siglo convulso y fascinante, entre la luz crepuscular de una época que se extingue.”

Como siempre, uno nunca sabe qué esperar al abrir un libro de este autor. Toca todos los palos y tiende a hacerlo con talento. ¿Será de gánsteres? ¿Mucha historia? ¿Aventuras épicas? Aquí tenemos una historia de amor a la antigua usanza, con personajes que denotan cierto regusto añejo, de cómo se contaban las cosas en la era dorada de Hollywood, con el glamuroso lujo de los potentados del momento, ávidos de saborear el exotismo de los locales sórdidos y peligrosos. Incluso se percibe cierto regocijo en esta manera anacrónica de relatar y sentir, pues el propio narrador –el protagonista, que recuerda como fueron las cosas cuando era joven- comenta abundantes referencias a los relatos de Bogart de los años 40-50. Películas como El sueño eterno o Tener o no tener, se perciben como obvias influencias, tanto en el carácter de los personajes, la trascendencia de las pasiones o en las detalladas descripciones de los ambientes lujosos y las fiestas llenas de elegancia.


Como buen Bogart de época, tenemos al canalla Max Costa. Un dandy de los años 30, lleno de elegancia y savoir faire, seductor incansable y bailarín lleno de recursos, pero también gigoló, tomador y ladrón de guante blanco cuando la ocasión lo requiere. Es arrogante y orgulloso, capaz de escabullirse de cualquier situación a base de morro y palique. La influencia del cine negro y los vodeviles de la época es innegable, tanto en su carácter como en sus actos.

La indudable belleza causa de todas las vicisitudes de la trama es Mecha Izunza. Se aleja del tropo (tampoco mucho) de la mujer fatal, presentándote a una mujer que se sabe florero en sus funciones, pero al mismo tiempo maneja una agenda propia, ambiciosa en sus aspiraciones e implacable con sus decisiones, pero al mismo tiempo enamorada y llena de pasión. Como debe ser en estos casos, es una bailarina de primera, con una belleza exótica por la que los hombres se derriten, lo que le permite hacer lo que sea necesario para vivir mejor.


Para completar el inevitable trío amoroso, tenemos al pervertido
Armando de Troyes, un compositor de éxito de cartera abundante y un ego del tamaño de un portaaviones. Armado con la seguridad que otorga ser una celebridad, con el poderoso Don Dinero de su lado, hace y deshace a su antojo, con un par de secretos oscuros y detallitos enigmáticos que lo hacen más interesante. Se posiciona desde el segundo uno como el malvado de la historia, pero se hace curioso contemplar cómo, a medida que pasan las páginas, vas comprendiendo que, muy a su modo, es buena gente.

Los tres conforman un triángulo amoroso en el que todos se utilizan a todos. Se guardan aprecio, es patente que les importa el futuro de los demás, pero al mismo tiempo, no pueden evitar ser quienes son, comportándose egoístamente por su propio beneficio, sintiendo el dolor que causan, pero no pudiendo evitar las consecuencias de sus actos. No hay “buenos” en este libro, ni en el sentido de la moral ni en la virtud. Son personajes rotos, que lamentan sus errores, sin saber comportarse de otra manera que pisoteando a los que tienen la desgracia de pasar a su alrededor, con la consecuente tragedia que sucede a su paso. Quizás lo más sorprendente, son personajes tan humanamente falibles, que incluso se acaban haciendo simpáticos.

Como suele ocurrir en las novelas de Reverte, se documenta profusamente sobre los temas que ha de tratar, convirtiendo a veces el libro en un ensayo novelado sobre el tema, antes que una historia en sí. En este caso está muy bien equilibrado, justificando dentro de la trama todos los detalles que se nos aportan, sin que dé la impresión de que Pérez-Reverte esté fardando de lo mucho que se ha documentado.

Por un lado, tenemos mucho espacio dedicado a la historia del tango, desde sus orígenes a los porqués de la pasión que despierta y los sentimientos con los que se vive. Cada charla sobre el tema está introducida con talento. No se detiene la trama para “hacer una clase magistral al lector”, sino que su explicación viene dada de manera orgánica, con fragmentos bien hilvanados, que parecen estar para que los personajes aprendan todas las sutilezas del baile. Se adapta el tono y los conocimientos a los que tendría alguien de la época, dando a cada diálogo una verosimilitud inusual en estos casos.

Lo mismo ocurre cuando se describe el tenso ambiente de los torneos de ajedrez de Sorrento. Pérez-Reverte realiza un trabajo de orfebrería retratando cada detalle, tanto en las salas donde se juega como en las habitaciones donde (no) se descansa. Como alguien que se ha hallado en circunstancias similares, no puedo sino felicitar lo bien que se ha captado la atmósfera, con todos los posibles personajes que podrías encontrar representados con mimo y acierto. Se palpa la tensión en cada jugada, las reacciones de los espectadores son las reales y todo el teatro entre bambalinas recuerda mucho al que tendría cualquier jugador entre rondas.

Su compleja arquitectura narrativa está llena de detalles y pinceladas de cada época, con un tono marcadamente distintivo en cada momento temporal. Por ello, se hace difícil leer este libro rápidamente. Las páginas no fluyen, sino que requiere cierto esfuerzo mental por ver el progreso a lo largo de la historia. No se llega a hacer pesado, pero -permítanme la licencia- es como bailar un tango, tienes que empujar el texto, sintiendo su tensión a medida que se desliza lentamente de una página a otra….

Tenemos tres partes bien diferenciadas:

Primero empezamos a principios de los años treinta, en un crucero de lujo que luego conducirá a las peligrosas calles de Buenos Aires. Conocemos aquí a todos los personajes, que disfrutan del riesgo de los amores prohibidos, jugándose quizás más de lo que sería conveniente en cada baile. El tango, la decadencia y las traiciones personales dominan esta parte, con especial incisión en los pervertidos antros de la capital argentina, donde todo está permitido si uno está dispuesto a poner en juego su vida.

La segunda parte nos sitúa en Niza, a finales de la Guerra Civil española. Nuestro protagonista se ve implicado en una trama de espías donde está en juego el destino de la guerra. Como no puede ser de otra manera, Mecha está también implicada en el percal, lo que le añade un nuevo punto de tensión a una pequeña historia muy intensa llena de intrigas, traiciones y, sobretodo, la sensación de que el mundo que conocemos (que nuestros personajes han conocido) llega a su fin.

Finalmente, nos hallaremos en los años 60, bien entrada la guerra fría, enfrascados en un torneo de ajedrez en el que, por azares de la vida se vuelven a reunir nuestros enamorados personajes. Además de toda la intriga por el devenir del torneo, en el que el honor de los dos mundos del momento se pone en juego, nuestros personajes dudan entre darse una nueva oportunidad que quizás sea la definitiva, reflexionando sobre el sacrificio personal, la nostalgia por lo que fue y lo que pudo ser, mientras los pecados del pasado atrapan a cada uno de los personajes.

A lo largo de todas las páginas se desarrollan múltiples líneas argumentales, que se entrelazan con fuerza, con el tiempo influyendo en las decisiones que se toman, lo que comporta un desarrollo complejo, pero enhebrado con talento. El propio autor da la imagen perfecta de ello, pues uno de sus personajes llega a comparar la relación que se produce como una partida de ajedrez a distancia, en la que ambos jugadores están continuamente adivinando el siguiente movimiento de su contrincante y adelantándose a su reacción, con las consecuencias no tan obvias de sus actos.

Tanto cambio de ambiente provoca que sea difícil de incluir en un género. Está claro que es una novela histórica, pero tenemos presencia muy clara de romance, erotismo y thriller. Eso sí, siempre escrito con mimo, acción bien pensada y algunos aciertos realmente inventivos (el tango sin música es asombroso). Claro que al picotear en tantos géneros el conjunto no es del todo perfecto, necesitando el esfuerzo del lector para juntar todas las piezas. No se trata de un libro que leer distraídamente, sino que obliga a que pongas tu atención (tampoco nos pasemos, ojo) en lo que estás leyendo.

Uno de los detalles que más me gusta es el tema de fondo –ya recurrente en el autor- de “la guardia vieja”, esos personajes orgullosamente anacrónicos, que mantienen el honor de unos tiempos que ya se fueron. Tercos como mulas, mantienen su “decencia” que quizás es incomprensible, mezclando cierta ternura con algo de caspa, como últimos representantes de cuando las cosas eran “de verdad”. Otro tema recurrente en el libro es las continuas reflexiones que los personajes van dejando caer sobre cómo nuestras decisiones influyen en nuestra vida, en nuestro carácter y las cosas que son, especialmente cuando los tiempos cambian y lo que fue, ya no es y no se sabe si será.

Como no puede ser de otra manera, el desenlace SPOILER juega con el afán del protagonista de ser el héroe de leyenda, ese ser trágico, incomprendido, que se impide a sí mismo encontrar una recompensa por sus denodados esfuerzos. Mecha le llega a decir que se permita ser feliz, aunque sea por unos pocos años, pero, ¡ay! Max se toma las circunstancias como una señal de que lo debe es sacrificarse teatralmente por su dama, como han hecho siempre los Bogart de todo el mundo. FIN SPOILER.

El tango de la guardia viaje es un libro que uno puede leer sin que le importe un pito ninguno de los personajes, apreciándolo como lo que es: un argumento complejo, majestuosamente trasladado a negro sobre blanco. Su mezcla de géneros puede ser algo desconcertante, pero contiene matices a apreciar y un aroma añejo que me ha resultado encantador (aunque otros pueden encontrar desagradable). La novela destila elegancia, repleta del estilo de Hollywood clásico y unos personajes de otra época. Pérez-Reverte les dota de una profundidad inesperada, les mueve por unas páginas llenas de descripciones vívidas y buen gusto al forjar cada frase. Contiene todos los tropos (buenos y malos) del autor, convirtiéndose en una propuesta MUY representativa de su estilo. Si éste es de tu agrado, probablemente disfrutarás. Si no lo es, mejor no te acerques.

 

 

Nota: 8

Nota goodreads: 3.84 

miércoles, 21 de abril de 2021

El maestro de esgrima (Arturo Pérez-Reverte)

Otro libro que cae como parte de la Cesta’13, en este caso, el número 45 de la misma. Siempre es un placer leer a Pérez-Reverte, aunque no siempre me interese lo que me cuenta.

Título: El maestro de esgrima

Autor: Arturo Pérez-Reverte

“El maestro de esgrime Jaime Astarloa sobrevive como puede en el caótico y convulsionado Madrid de 1868. Ajeno a la corruptela de la clase política y a la decadencia de la alta burguesía, imparte sus clases entre los ricos y privilegiados cachorros de la alta sociedad. Para Astarloa, las luchas intestinas entre monárquicos y republicanos pertenecen a una realidad aparte y sus viejas añoranzas de tiempos más nobles le mantienen marginado de la agitada vida política de su tiempo. Pero, arrastrado por las circunstancias, el viejo maestro deberá nuevamente tomar partido y dejarse arrastrar por los espinosos designios de la aventura.”

 Y como suele ocurrir, otra vez un libro que no es lo que parece que va a ser. El maestro de esgrima pasa por ser una obra que caería en el saco de la novela noir, con la salvedad que está situado en la corrupta España de mediados del Siglo XIX. Coge los tropos más manidos del género y los adapta a su manera para dar lugar a este curioso libro. Utiliza la anacrónica figura de un maestro de esgrima (duelista) en una época que ya se ha convertido en un deporte para crear al antihéroe que tiene que hacer lo correcto muy a su pesar. Luego aparece una femme fatale (una esgrimista secreta de ojos violeta, toma ya) y la cosa se lía y así tenemos muertes, abusos de los poderosos y venganzas más allá de la tumba.


Sin embargo, se trata de una propuesta inesperadamente simple, especialmente cuando hablamos de Pérez-Reverte. En El maestro de esgrima no encontramos ese poso de trasfondo y profundidad que suele haber en sus novelas. Que sí, que de fondo tenemos el revuelto Madrid de la época, que tiene mucho de interesante, pero en ningún momento se convierte en un personaje más de la novela, ni realmente palpamos el ambiente ni hay un desfile de personalidades que sí realiza en obras de similar longitud, como las Aventuras del Capitán Alatriste. Lo más destacable se halla en la descripción de las técnicas de esgrima, con hincapié en la Verdadera Destreza y su mística, pero es casi lo único realmente reseñable de la novela.

Esta diferencia de calidad respecto a lo que hemos llegado a ver de este autor se halla en el hecho de tratarse de un libro de 1985, escrito por Reverte con apenas 35 años, con lo que es posible que no tenga un estilo tan pulido.

Los personajes también aparecen desdibujados, con secundarios apenas inexistentes y unos protagonistas algo más arquetípicos.



La novela viene protagonizada por Jaime Astarloa, un amargado profesor de esgrima que ha quedado desubicado por los nuevos tiempos, que se conforma con vivir sus últimos días con callada desesperación y mucha arrogancia mientras contempla impotente como el modo de vida al que ha dedicado todo su ser se desvanece en la oscuridad sin que nadie lo eche de menos. Se mantiene orgulloso en unas tradiciones arcaicas por pura testarudez, contento de ser el último vestigio de un tiempo que ya se fue.

Este tropo de personaje parece ser un lugar común dentro de la literatura de Pérez-Reverte, del que conocemos varios ejemplos mejor construidos, con mucho más carisma. Pero bueno, aquí todavía tenemos a un “jovenzuelo”.

Con un personaje así, es obvio pensar que necesitamos a una Dama en Apuros que lo saque de su ensimismamiento. Ahí aparece Adela de Otero, preparada para aportar todo lo que le falta. Se trata de la Femme Fatale de turno, que tiene carácter de Femme Fatale hace cosas de Femme Fatale sin salirse ni una coma del sitio. Bella, misteriosa, experta esgrimista… Y con los ojos violetas, que no falte (lo dice CADA VEZ que aparece).


Al final lo que nos queda es una mezcla extraña entre novela negra, andares quijotescos e influencias de Dumas que no acaba de estar bien cuajada. Es apreciable el savoir faire del autor en todas las descripciones y, sobretodo, en las peleas de esgrima. Sin embargo, peca de tener una historia completamente predecible en la que se puede ver punto por punto qué es lo que va a ocurrir en las siguientes diez páginas sin salirse una coma del guión. Empieza con mucha calma mientras te describe un malestar político que se supone tremebundo pero que al final no tiene ninguna importancia, luego acelera haciendo que pasen mil cositas sin especiales sorpresas y llega a un final que quizás es interesante, pero no lo suficiente para contrarrestar el puñado de páginas anodinas que hemos pasado.

Me fastidia especialmente lo poco que se aprovechan las reuniones de Astarloa con sus amigos en el bar. Los diálogos están pidiendo a gritos el desarrollo de tramas secundarias que luego no se utilizan para nada, quedando como extraños interludios que no hacen más que ocupar páginas sin aportar nada a la historia.

El maestro de esgrima compone un conjunto muy irregular y bastante flojo en su totalidad. Probablemente el peor de los libros de Pérez-Reverte que he leído.  A pesar de su característico estilo y el amor que profesa por los personajes honorablemente anacrónicos, lo único que encontramos con una mínima capacidad de fascinar está en las zambullidas dentro de los esgrimistas, las estocadas y las guardas. Detalles que no logran salvar a unos personajes con poca chicha y un argumento que no da la talla.

 

Nota: 2

Nota goodeads: 3.77/5 

viernes, 29 de julio de 2016

El sol de Breda (Arturo Pérez-Reverte)

Cuando leí Corsarios de Levante se me quedó un pequeño regusto amargo. Se había disfrutado, pero no tanto como otros libros de Alatriste. Así pues, decidí releer una de mis novelas favoritas de la saga, centra en este caso en las batallas acaecidas por los tercios desplegados en el Flandes de la época. 


Título: El sol de Breda
Autor: Arturo Pérez-Reverte

“El sol de Breda escenifica las batallas y el asedio de la ciudad de Breda en 1625 por los Tercios españoles en Flandes. El joven vasco Íñigo de Balboa es el narrador, como siempre, pero ahora adquiere en este relato un papel más protagonista: es mochilero del tercio viejo de Cartagena, donde sirve de ayudante a su amo el capitán Alatriste, y empuña por primera vez las armas en el combate. Íñigo será, en esta aventura, testigo del sometimiento de la ciudad por las tropas españolas, y describirá años más tarde al pintor Diego Velázquez, para que los inmortalice en un famoso cuadro, los rostros de los participantes en la batalla: el general Ambrosio Spínola, un respetado guerrero con dotes de político, que abortará el conato de un motín de las tropas, hartas de pelear sin que vean recompensados sus esfuerzos con una paga que nunca llega, y que el general les adelantará de sus acaudaladas arcas o el maestre de campo Pedro de la Daga, despreciativo con sus tropas hasta la crueldad, o el dubitativo capitán Carmelo Bragado y el valiente soldado Sebastián Copons, veteranos todos de las pasadas guerras en Nápoles y camaradas del capitán Alatriste.”

La ciudad de Breda, en la época
El sol de Breda sigue el mismo esquema que tanto me acabó chirriando en Corsarios de Levante: un compendio de pequeños capítulos que saltan de aquí para allá, como flashes de los momentos más importantes de la campaña por la conquista de la ciudad de Breda y la pacificación de las regiones flamencas. Sin embargo, estos capítulos se hayan mucho mejor enlazados entre ellos, pues su dispersión no les impide componer un todo coherente en el que no hace falta llenar los huecos que contiene.

Con este libro, Pérez-Reverte nos ilustra sobre el funcionamiento del ejército del XVII: La función de los mochileros, el terror que infundían los tercios españoles, el honor de la soldadesca, los motines provocados por la falta de pago, el trabajo de mina y la toma de una ciudad vital para mantener el poder sobre la región un siglo más.

A estas alturas de partido, con Iñigo Montoya en plena eferverscencia adolescente, el Capitán Alatriste es descrito como un personaje casi divino. A pesar de su gesto hosco y su humor taciturno y su negativa a ascender en el ejército, es el puto amo. No quiere follones, pero no hay quien le detenga cuando se mete en uno y, sobre todo, no soporta que le toquen las narices. Cuando vemos que se empieza a arreglar el bigotito o atusar los ropajes… ¡Que tiemblen sus enemigos! Pérez-Reverte ha convertido a Alatriste en el mejor badass de la literatura española. Toneladas de carisma y molabilidad que desprende el jodío.

Iñigo Montoya ha crecido un poco y se ha convertido en un adolescente sobrehormonado. Excitadísimo al requerírsele los deberes de soldado, se estrena, tanto en muertes como en polvos, con todo lo que ello implica para su autoestima y su paz interior. Apocado y servicial, siempre dispuesto a darlo todo por su Dios, Alatriste, es un escudero bienintencionado y metepatas, pero al mismo tiempo alguien tan ingenuamente entregado que se hace imposible no cogerle cariño al pobre.

La rendición de Breda (Velázquez)
Además de sus estupendas aventuras y sus inolvidables personajes –probablemente en el estado de gracia más inspirado que han tenido en toda la saga-, lo que más impacta del libro es el espléndido retrato que realiza de la soldadesca española de la época: compuesta de soldados que son lo peor de cada casa, malhablados y con pocos escrúpulos éticos, pero al mismo tiempo orgullosos de sus orígenes y custodios del honor que supone ser un soldado de los tercios, el ejército más temido de la historia (lo único que tienen, quizás). Son personajes totalmente alejados de los estándares actuales, pero perfectamente esperables si se tratara de una novela escrita a finales del XVII, (lo que es, después de todo, el objetivo de Pérez-Reverte).  

El sol de Breda es una clase de historia de una época que parece olvidada en nuestros días y constituye la más redonda de todas las novelas de Alatriste (junto con El Caballero del Jubón Amarillo). Épica, acción, la pateticidad de la vida y las desgracias que jalonan una vida dura y desagradable. Hará las delicias a todos aquellos que disfruten de las novelas históricas, de las novelas de aventuras o de las novelas en general. Indispensable para cualquier fan de las aventuras del Capitán. Y si no sois versados en sus andanzas, acudid, raudos, a la primera de sus novelas. Merece la pena.

Nota: 10
Nota goodreads: 3.72/5

domingo, 12 de junio de 2016

Corsarios de levante (Arturo Pérez-Reverte)



Repasando el podcast de La Órbita de Endor dedicado al Capitán Alatriste, recordé que no había leído la 6º de sus aventuras. ¡Y cómo me lo ha hecho pasar este hombre y sus secuaces! Supongo que era cuestión de echarle un ojo y disfrutar un rato con unas cuantas perrerías desperdigadas.


Título: Corsarios de Levante
Autor: Arturo Pérez-Reverte


“Durante casi dos años serví con el capitán Alatriste en las galeras de Nápoles. Por eso hablaré ahora de escaramuzas, corsarios, abordajes, matanzas y saqueos. Así conocerán vuestras mercedes el modo en que el nombre de mi patria era respetado, temido y odiado también en los mares de Levante. Contaré que el diablo no tiene color, ni nación, ni bandera; y cómo, para crear el infierno en el mar o en la tierra, no eran menester más que un español y el filo de una espada. En eso, como en casi todo, mejor nos habría ido haciendo lo que otros, más atentos a la prosperidad que a la reputación, abriéndonos al mundo que habíamos descubierto y ensanchado, en vez de enrocarnos en las sotanas de los confesores reales, los privilegios de sangre, la poca afición al trabajo, la cruz y la espada, mientras se nos pudrían la inteligencia, la patria y el alma. Pero nadie nos permitió elegir. Al menos, para pasmo de la Historia, supimos cobrárselo caro al mundo, acuchillándolo hasta que no quedamos uno en pie. Dirán vuestras mercedes que ése es magro consuelo, y tienen razón. Pero nos limitábamos a hacer nuestro oficio sin entender de gobiernos, filosofías ni teologías. Pardiez. Éramos soldados.”

A lo largo de la saga, Pérez-Reverte se ha ido acercando a diversos aspectos de la sociedad de los reinos españoles del siglo XVI. Hemos tenido al Capitán paseando por Flandes, los teatros, el contrabando con América… En este caso, decide aprovechar las desventuras de Alatriste para ilustrarnos sobre cómo se vivía en los diferentes escenarios de batalla del Mediterráneo de la época. Quizás al ser consciente de que se trata del contexto en el que el lector actual se puede encontrar más perdido, Pérez-Reverte realiza un esfuerzo denodado para ilustrarnos una época, describiendo con gran detalle no sólo el ambiente histórico sino también presentándonos a sujetos que bien podrían haber nacido en esta época, con éticas muy alejadas de lo que hoy podríamos considerar como “correcto”. Ahí reside la grandeza y el defecto de esta novela, que se convierte más en un documental que en un libro de aventuras con una historia que contar.

Tal como ya había hecho en El sol de Breda¸ el libro se compone de una serie de relatos cortos dónde Reverte posa su lupa y nos ilustra sobre la vida de la soldadesca y la sociedad española en el mediterraneo: la vida en los puertos españoles de África, las luchas y escaramuzas en las islas griegas o los miles de asuntos pendientes con los malteses y los turcos. Sin embargo, cada uno de los relatos es bastante más inconexo que el ocurrido en Flandes, sin guardar apenas relación unos con otros, lo que da cierta sensación de repetición, especialmente en el último relato, demasiado parecido al estilo que vimos en Cabo Trafalgar y que sonará a visto para todo aquel que ya haya leído esa novela corta. 

Sin embargo, puede que Pérez-Reverte se olvide no se moleste en desarrollar una historia, pero es perfectamente consciente de que sus personajes van creaciendo y evolucionando, hecho que es perfectamente reflejado a lo largo de las páginas. 

El antaño escudero Iñigo Balboa es ya un soldado adulto de pleno derecho. A sus 18 años empieza a buscar su lugar en el mundo fuera del ala de su Capitán. Envalentonado por su recién conseguida libertad y las ansias de su juventud, no podrá evitar meterse en más líos de los debidos. Contrasta su carácter sosegado y reflexivo en los momentos de tranquilidad con los exabruptos de osadía cuando la adrenalina corre por sus venas. Si ya se le tenía cariño, ahora con todo el pavo adolescente encima, se hace querer bastante.  

El Capitán Alatriste es otra vez aquí una figura heroica trágica, consciente de su vocacion funesta, pero incapaz de escapar de un destino que le espera en un embarrado campo de batalla futuro en vez de una cama comfortable. No es el hombre más honesto, pero es un hombre valiente y fiel, siempre rondando ajustes de poco lustre y de peor fin. Después de todo, eran tiempos duros y había que ganarse el pan. Reinaba la picaresca, la espada y el “voto a tal”. Me encanta como Pérez-Reverte no hace el más mínimo intento de glorificarlo o de lavar lo brutal de sus actos y el exagerado pragmatismo que mueve su personalidad. Es… como eran los soldados españoles de la época: Duro y áspero, pero perfectamente consciente de su honor y su deber (sus únicas posesiones, casi).

Como secundarios, agradezco el retorno del castizo Sebastián Copons, tan bruto como sincero, un animal primario en el que confiar y a quién querer. También agradezco la aparición del moro Burriato, una suerte de soldado más culto de lo habitual, siempre dispuesto a aportar una pizca de reflexión y sabiduría en los momentos más inesperados (“La vida está escrita en cada cosa y en cada palabra, y el hombre sabio intenta leer y escuchar en silencio… por eso el Capitán no habla, aprende”), que, sin embargo, no duda en sacar las espadas y rebanar tantos cuellos como sea menester.

La aproximación histórica de Reverte es impecable, imitando el estilo de un libro escrito en el propio siglo XVI en el que se desliza, de una manera totalmente consciente la prosa y la poesía de la época, permitiéndose citar con maestría a Cervantes, Quevedo, Lope de Vega y las demás mentes preclaras del siglo de Oro español. A destacar especialmente la escrupulosidad con que se citan todos los términos marineros y de los diferentes bajeles, amén de la florida parla de los navegantes de estos peligrosos mares (Voto a San Telmo si sabía que es una entena o que el mísmisimo Sultán de Constantinopla venga y se haga unas babuchas con mi piel si hubiera sido capaz de señalar una vela cangreja antes de ayer).  Resulta interesante el retrato de los soldados españoles como seres rudos e ignorantes, indignos de cualquier tarea, pero al mismo tiempo, desesperados y fieros, como solo luchan aquellos que no tienen nada que perder, lo que los hacía rivales temibles en el combate (fiel reflejo de las crónicas históricas de nuestros vecinos, que eran bien conscientes de que cuando luchaban contra españoles sabían cuando empezaban las batallas, pero no cuando iban a acabar). 

El mundo en las galeras descrito en el libro es muy salvaje. Coñe, era una maldita guerra y eran tiempos muy duros. Citando al propio autor: "Esta novela no se puede escribir desde el siglo XXI, es un error aplicar nuestros criterios éticos -como hacen muchos autores de novela histórica, especialmente mujeres- a otras épocas. No se puede juzgar. La crueldad era algo natural, impuesto por la supervivencia limitada, por las circunstancias; ¿cómo ibas a tomar prisioneros heridos en una galera abarrotada ya?: al agua con ellos. Así era el mundo. Mataban, pero también sabían morir cuando venían mal dadas. Con dignidad, con fatalismo profesional".

Puede hacerse desagradable por su brutalidad, pero si has llegado hasta esta entrega de la saga, no es algo que te vaya a sorprender. Como todas, se ventila de un suspiro y se disfruta con ganas. No obstante, es la que menos argumento tiene y se acaba notando. Por ahora, la más floja de la saga, aunque ya le gustaría a muchos tener entregas “flojas” como ésta. 

Nota: 7
Nota goodreads: 3.72/5