Más que frente al mar es desde el mar dónde hay que
descubrir la pequeña villa costera de Manchester frente al mar, Massachusetts
(EEUU), fácilmente situable en un mapa, al lado de la cosmopolita Boston. Desde
el mar todo parece calmado y sereno: los barcos de pesca van y vienen, las
casitas que jalonan la primera línea costera parecen dejar pasar los días con
apacible sosiego, incluso las naves del puerto, de ladrillo rojo, son capaces
de integrarse con elegancia en el paisaje. Desde el mar, Manchester frente al
mar es una villa dónde puede dar gusto vivir, donde se nace y se muere sin el
regusto de nunca haberla abandonado, sin tener la envidia o al antojo de
viajar, dado que la vida es simple y agradable. Desde el mar, la vista de
ensueño describe curvas y colores en perfecta armonía con los hombres… pero
desde el mar, los hombres no los distingue uno apenas, siluetas frágiles en
movimiento cuyos rostros no son visibles, cuyas grietas no se pueden
vislumbrar, cuyas sonrisas y lágrimas no pueden verse.

Pero como la vida luego hace lo que le da la gana, Lee
debe volver a Manchester, reencontrarse con lo que queda de su familia,
reencontrar los chapoteos del agua en la quilla del barco de pesca de su
hermano, reencontrar el aroma del mar y el sabor amargo de la felicidad
desaparecida. Y también conocer a un joven que él dejó siendo niño: Patrick, su
sobrino.
Manchester by the sea es una tragedia griega transmutada
en un poema de Dylan, es un retrato de la gente trabajadora que vive al ritmo
de las estaciones, de los nacimientos y los entierros, es también el retrato de
una familia fragmentada por los dramas, y también de una comunidad humana
simple y bienintencionada. Pero sobretodo es el conmovedor retrato de Lee, un más
que admirable Casey Affleck (y su contrapartida, una extraordinaria Michelle
Williams), un hombre que no tiene más remedio que seguir viviendo.

En sus dilatados 136 minutos (¿realmente eran necesarios
tantos?) se logra un relato honesto, verosímil y certero. Apenas hay resquicio
para el entretenimiento en Manchester frente al mar, aquí no hay santos ni
heroínas, hay un uso (y abuso) impresionante del Adagio de Albinoni, un
desglose de todas las posibilidades del dolor y una historia triste y
desesperanzada. Resulta también, un film de visión obligada para los sibaritas
del arte de la interpretación.

Nota: 9
Nota filmaffinity: 7.2
Publicado previamente en Cinéfagos AQUI
A mi no me acabó de gustar. Demasiado drama, demasiado encaje de bolillos para llegar a la fibra sensible del público... pero ahora, leyendo tu crítica, la recuerdo con más cariño que cuando salí del cine.
ResponderEliminarPor cierto, en esta entrada no has corregido el compositor del Adagio que no para de sonar en toooooooda la película.
Un abrazo,
Maribel.
Ouch. Mil perdones xD
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