Como ya dije en la reseña de Trainspotting, la reseña de
la segunda parte iba a llegar un día de estos. Parece que he tenido algo de
suerte y con el tiempo puedo traer el T2 con relativa celeridad (ueeeeee!). Han
pasado veinticinco años desde que Mark abandonara a sus compañeros y se llevara
su dinero. ¿qué ha sido de la pandilla?
Pues básicamente, que se ha pulido toda la pasta y se ve
obligado a volver a Edimburgo y pedir ayuda a sus antiguos compañeros. Éstos no
están del todo contentos con su pasada traición y no le recibirán precisamente
con los brazos abiertos, pero bueno, los coleguillas son los coleguillas y a
veces se pueden perdonar deslices imperdonables.
Boyle ha sido muy inteligente al plantear el T2. El mundo
ha cambiado. Ni tiene sentido hacer un remedo nostálgico de la cinta de 1996 ni
los personajes soportarían una vida salvajemente nihilista a los 40-50 años de
edad. Boyle es consciente de que ha pasado el tiempo y lo aprovecha para
responder a todas las preguntas que quedaron en el aire, sin perder el ambiente
de delirios y traiciones en que se movía este puñado de inadaptados. Quizás lo
mejor de todo es que no se pierde el halo de amor con que se nos retrató a unos
protagonistas que nos marcaron con su violencia, adicciones, macarrería y la
desbortante palabrería de Renton.
Sin embargo, quedan atrás todas las ínfulas de denuncia
social contra las drogas y la hipocresía de nuestras relaciones sociales.
Aunque Mark tiene tiempo para soltar un par de monólogos inspirados (nos
habríamos ofendido mucho sin ellos) que orbitan en torno a la trampa de la
madurez y la nostalgia sobre los sueños pasados, la película es mucho más
blandita. No se busca transgredir ni asombrar, pues Boyle coge a los personajes
que ya conocemos y los lanza a una comedia de enredo sobre los bajos fondos.
Más que parecer a la película de 1996, proparece como si tuviéramos una versión
de Rocknrolla o de Snatch protagonizada por nuestros yonkis
“favoritos” y ambientada en la Edimburgo más sórdida que pudiéramos imaginar (como
ocurría con Trainspotting, la VO es
casi obligatoria y una tortura debido a los acentos xD)
Quizás es que ya no somos tan inocentes como hace veinte
años, pero T2 no es (ni busca ser)
esa película generacional capaz de cambiarte de la vida. Es un paseo por la
nostalgia de los tiempos pasados, de los días que se escurren entre los dedos y
aquello que pudo ser y nuna fue. Del tiempo que pasa, que cura y que duele, que
permite perdonar y que deja heridas tan abiertas que nunca cerrarán. Aunque le falta un montón de mala leche, se
guarda un par de momentazos marca de la casa que no pueden sino disfrutarse,
como la reunión unionista o el cuelgue delante de la pantalla gigante, que nos
recuerdan a otrás épocas mejores y más impactantes, cuando –quizás- lo que
ocurría es que eramos más inocentes.

El savior faire de Boyle está patente y encontramos una
comedia bien redondita, construida con mimo y ganas de divertir al personal. Y
bueno, nada más que eso. Un entretenimiento que juega (bien) con la nostalgia y
entretiene durante dos horas. Salgo del cine con la sensación de que los actores han envejecido veinte
años de manera desigual y preguntándome a mí mismo si yo lo habré hecho de una
manera digna
Nota: 6
Nota filmaffinity: 6.4
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