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miércoles, 11 de noviembre de 2020

Doctor Sueño

Por estos lares ya se pasó El resplandor en su momento, también hemos leído el libro del Doctor Sueño con estupendas impresiones. Aprovechando que se había hecho la adaptación a película, quizás era momento también de ponerse con ella, ¿no?

Estamos un buen puñado de años después de los hechos que Kubrick relató en El resplandor. Danny ha crecido traumatizado por lo acaecido en el Hotel Overlook y malvive entre alcohol y remordimientos mientras repudia sus poderes. Las circunstancias le permiten encontrar trabajo en un hospital de enfermos terminales donde parece estar a gusto. Allí entra en contacto con Abra, una niña que resplandece como él. Las cosas parecen ir muy bien hasta que empiezan a ir muy mal, cuando ambos entran en contacto con un grupo de vampiros psíquicos que se alimentan de resplandores. Liderados por la temible Rose la Chistera, éstos emprenderán una cacería con la idea de acabar con nuestros protagonistas, aparentemente los más sabrosos que han encontrado en años.

Lo primero a considerar con esta película es que se trata de una adaptación del LIBRO de Doctor Sueño, que continúa los hechos del LIBRO de El Resplandor. Por ello, cambian aspectos importantes del desenlace (ay, Kubrick y sus adaptaciones libres) respecto a la película, lo que puede desconcentrar a muchos. Sin embargo, los creadores son bien conscientes del calado del Jack Torrance de Nicholson, por lo que varían suficientemente la trama para incluir un par de momentazos sacados de los cines, que sorprenderán (bah) a los que sólo se hayan leído el libro. Así que al final tenemos un batiburrillo que resume el libro, pero tiene un puñado de guiñitos del otro lado (Ya dije que el Overlook era un lugar a visitar en sus dos versiones, ¿no?).

De la misma manera que ocurría en el libro, Doctor Sueño cambia el ambiente opresivo del hotel por un bucólico pueblo de la montaña. No es una secuela típica, no es un “debemos volver a la mansión”. Simplemente, el tiempo ha pasado, los personajes que conocidos han crecido y la vida sigue. Y, como de otra manera no tendríamos historia, se meten en nuevos líos para nuestro disfrute (o no). No es, ni busca ser, un Resplandor 2.

De Flanagan tuvimos una de las series más importantes de 2018, La Maldición de Hill House, con lo que se le “premió” con este proyecto para que siguiera creando sus atmósferas malsanas llenas de malrollo. Doctor Sueño está plagado de estos momentos inquietantes, en los que no ocurre nada, pero se hace patente que hay algo que no cuadra, creando sensación de desazón. La fotografía despide elegancia, especialmente cuando se dedica a copiar con gran literalidad a Kubrick en una delirante visita fantasmal al Hotel Overlook, aprovechando para incluir un puñado de guiños que harán las delicias de los fans de la película de los ochenta.

No obstante, la película peca de tener un ritmo cansino, especialmente en un inicio que languidece mientras el argumento no acaba de empezar. Se hace demasiado fácil salir de la película en la primera hora y querer dedicarse a otros temas. Además, al ser una adaptación fiel al libro, tan alejada del tono original de Kubrick en gran parte del metraje, se aleja de las expectativas que muchos querrían encontrar, con lo que las posibilidades de decepción aumentan. No ayuda su excesiva longitud ni el confuso desarrollo de personajes que no deja claras sus motivaciones. Por otro lado, se vuelve al Hotel sólo para poder filmar en él, ¿no?

Esto no provoca que la película sea mala, en absoluto. Tanto Ewan McGregor como Rebecca Ferguson están bien metidos dentro de sus papeles, aprovechando lo poco que el guión les da para componer personajes medianamente sólidos. El resto de secundarios no desentonan en absoluto, completando así un elenco bastante aceptable. Además, la gran banda sonora que acompaña al metraje (perfectamente escuchable por sí sola) ayuda a rematar una atmósfera ominosa que le viene muy bien a la película.

Además, se atreve a matar a un niño en escena y bastante a lo bruto. Esto no se ve todos los días y siempre se agradecen estos detalles.

Doctor Sueño es un notable thriller sobrenatural que tiene un gran problema: Existe El Resplandor y es MUCHO mejor. Atreverse a adaptar este libro es un proyecto con muy mala idea, casi condenado al fracaso, pues continuar a Kubrick y a King a la vez no es moco de pavo y Flanagan no ha salido mal del brete. Inquieta, deja sus escenas de mal rollo, se sabe fiel a la obra que adapta y es una digna sucesora de una obra maestra. Adolece de un ritmo cansino y un guión no del todo rematado, pero a grandes rasgos se consigue una propuesta satisfactoria con la que pasar 150 minutos con el culo pegado al asiento.

Nota: 6

Nota filmaffinity: 6.2 

viernes, 22 de septiembre de 2017

Trainspotting T2

Como ya dije en la reseña de Trainspotting, la reseña de la segunda parte iba a llegar un día de estos. Parece que he tenido algo de suerte y con el tiempo puedo traer el T2 con relativa celeridad (ueeeeee!). Han pasado veinticinco años desde que Mark abandonara a sus compañeros y se llevara su dinero. ¿qué ha sido de la pandilla?



Pues básicamente, que se ha pulido toda la pasta y se ve obligado a volver a Edimburgo y pedir ayuda a sus antiguos compañeros. Éstos no están del todo contentos con su pasada traición y no le recibirán precisamente con los brazos abiertos, pero bueno, los coleguillas son los coleguillas y a veces se pueden perdonar deslices imperdonables.

Boyle ha sido muy inteligente al plantear el T2. El mundo ha cambiado. Ni tiene sentido hacer un remedo nostálgico de la cinta de 1996 ni los personajes soportarían una vida salvajemente nihilista a los 40-50 años de edad. Boyle es consciente de que ha pasado el tiempo y lo aprovecha para responder a todas las preguntas que quedaron en el aire, sin perder el ambiente de delirios y traiciones en que se movía este puñado de inadaptados. Quizás lo mejor de todo es que no se pierde el halo de amor con que se nos retrató a unos protagonistas que nos marcaron con su violencia, adicciones, macarrería y la desbortante palabrería de Renton.


Sin embargo, quedan atrás todas las ínfulas de denuncia social contra las drogas y la hipocresía de nuestras relaciones sociales. Aunque Mark tiene tiempo para soltar un par de monólogos inspirados (nos habríamos ofendido mucho sin ellos) que orbitan en torno a la trampa de la madurez y la nostalgia sobre los sueños pasados, la película es mucho más blandita. No se busca transgredir ni asombrar, pues Boyle coge a los personajes que ya conocemos y los lanza a una comedia de enredo sobre los bajos fondos. Más que parecer a la película de 1996, proparece como si tuviéramos una versión de Rocknrolla o de Snatch protagonizada por nuestros yonkis “favoritos” y ambientada en la Edimburgo más sórdida que pudiéramos imaginar (como ocurría con Trainspotting, la VO es casi obligatoria y una tortura debido a los acentos xD)

Quizás es que ya no somos tan inocentes como hace veinte años, pero T2 no es (ni busca ser) esa película generacional capaz de cambiarte de la vida. Es un paseo por la nostalgia de los tiempos pasados, de los días que se escurren entre los dedos y aquello que pudo ser y nuna fue. Del tiempo que pasa, que cura y que duele, que permite perdonar y que deja heridas tan abiertas que nunca cerrarán.  Aunque le falta un montón de mala leche, se guarda un par de momentazos marca de la casa que no pueden sino disfrutarse, como la reunión unionista o el cuelgue delante de la pantalla gigante, que nos recuerdan a otrás épocas mejores y más impactantes, cuando –quizás- lo que ocurría es que eramos más inocentes.

Uno de los detalles que más me agradan es que los personajes han evolucionado con lógica. El personaje que conocimos es reconocible, pero podemos trazar el camino que han seguido hasta llegar a dónde están y cómo han dejado de ser quienes eran –bueno Spud sigue siendo un perdedor…-De ellos, no puedo sino encariñarme (ejem) con Sick Boy, que guarda una extraña mezcla de lealtad e hijoputez la mar de curiosa. Me encanta cuando está tan confundido que no sabe si ayudar al que fue su amigo, dejarlo todo para vengarse y hundirlo en la mierda, o simplemente utilizarlo para dar rienda suelta a sus ambiciones de grandeza, dando bandazos entre una idea y otra y más que puteado por la incompatibilidad entre unas decisiones y otras (¡y siendo creíble además!).

El savior faire de Boyle está patente y encontramos una comedia bien redondita, construida con mimo y ganas de divertir al personal. Y bueno, nada más que eso. Un entretenimiento que juega (bien) con la nostalgia y entretiene durante dos horas. Salgo del cine con la sensación de que los actores han envejecido veinte años de manera desigual y preguntándome a mí mismo si yo lo habré hecho de una manera digna

Nota: 6
Nota filmaffinity: 6.4

lunes, 11 de septiembre de 2017

Trainspotting

Ya que estrenaban el T2 de Trainspotting (que ya aparecerá por aquí un año de estos), decidí recordar viejos tiempos de cuando era un chavalín impresionable y refrescar mis recuerdos con la película original de 1996, cuando Ewan McGregor era un desconocido y Danny Boyle no tenía el puñado de Oscars que tiene ahora.

Si no me falla la memoria, nuestro profesor de Filosofía (¡Mújico, un saludo!) nos la puso en primero de Bachillerato y, bueno, no estábamos preparados. Salimos todos alucinando, con un debate post-película de lo más jugoso (y que recuerdo con cierto cariño). Si es que esa es la mejor manera de ver esta película, cuando eres un chaval que empieza a despertar al mundo y no deseas más que soltar un sonoro "fuck you" ante cualquier cosa que pase por delante.

La película se basa en la novela del mismo nombre publicada en 1993 y escrita por Irvine Welsh (muy recomendable, por cierto). Este se nutría de sus conocimientos sobre los bajos fondos de Edimburgo y su periodo de adicción a la heroína para "inventarse" las tragicómicas aventuras de Mark Renton, un yonqui de Edimburgo, que intenta (más o menos) separarse de su banda de compañeros, perdedores, mentirosos, adictos, psicópatas y ladrones...


Danny Boyle nos brindaba una dirección vertiginosa, provocadora, cruda y llena de hallazgos ingeniosos que al mismo tiempo destilaba una fluidez narrativa acorde con la visión de los personajes de la película: Una "simple" sucesión secuencial de segmentos de una vida vivida al límite, sin la conciencia de que existe un mañana. La propia metáfora de la taza del váter como inmersión en el mundo de la droga es bastante ilustrativa. Sin contar con escenas impagables que se graban a fuego en la mente de cualquier adolescente (la conversación sobre la identidad escocesa, el mono lleno de venas, trenes y agonía o la sobredosis en un ataúd con Perfect day de fondo).

Por su parte, el guion realizaba una brutal disección humorística de lo trágico, obligándote a partirte el pecho con cosas que no deberían hacerte ninguna gracia entre puñetazo y puñetazo en el estómago. Pueblan la película un puñado de tarados de lo más odioso pero que se hacen imborrables:  El adorable atontado Sput, el amoral interesado Sick Boy, Begpie el psicópata peligroso (curioso que sea el más peligroso y perturbado cuando es el  único que no se droga, je je) y, sobretodo, el cínico Mark, un cabroncete que sabe demasiado de la vida,  gozando de las mejores frases y un par de monólogos de lo más inspirado, con ese rancio y característico acento escocés (imperativo ver esta película en V.O).


"Elige la vida; elige un trabajo; elige una carrera; elige una familia; elige un maldito televisor; elige una lavadora; elige un coche; elige compact discs o abrelatas eléctricos; elige la salud, el colesterol bajo y los seguros dentales; elige una hipoteca a tipo fijo; elige un piso; elige a tus amigos; elige ropa deportiva y maletas; elige pagar a plazos una ropa de marca; elige el bricolaje; elige preguntarte quién coño eres los domingos por la mañana; elige sentarte en el sofá y ver concursos que te emboten la cabeza y te aplasten el espíritu mientras llenas tu boca de comida; elige pudrirte de viejo cagándote y meándote en una residencia miserable, siendo una carga para los 'hijos de puta' que engendraste para sustituirte; elige tu futuro; elige la vida. Pero, ¿por qué querría yo elegir algo así? Elijo no elegir la vida."

¿Cómo no sentirse afectado por los dilemas que asaltan al protagonista? Choose life? Why? Quizás sea mejor tan solo preocuparte por conseguir tu dosis diaria de paraíso y olvidarte del estrés, los problemas y las preocupaciones... así eres, entonces, un kamikaze mental, si hay plan, mal plan, pues en un adicto no verás dispersión, hay constancia y mucha dedicación.  Pero bueno, igual la vida normal no esta tan mal....

Otro de sus aspectos que la hacen tan especial es su estupenda banda sonora, con temas de Iggy Pop, David Bowie, Blur, o el ya mencionado de Lou Reed, entre multitud de hits conocidísimos que suenan justo cuando se necesita. Para los que crecimos en los noventa, ésta era la banda sonora de nuestra vida,  ¿cómo no disfrutarla?

Trainspotting marcó, pues, a toda una generación. Traía consigo un chorro de aire fresco, un aroma rebelde y un “no a las drogas” lleno de cinismo y mala leche, muy acorde con los tiempos. Sin embargo, me he encontrado que no cuajan tanto con las nuevas generaciones. Sus referentes son diferentes y, al no haber vivido esos años locos, no conectan de la misma manera con la música ni con la nihilista idiosincrasia de los protagonistas.

Ello no debe permitir que hagamos de lado a una película icónica de una década, que catapultó a la fama a Danny Boyle y sobre todo a Ewan McGregor, ¡que superó su adicción a las drogas para convertirse en Maestro Jedi y todo! Una ¿comedia? muy ácida, muy disfrutable, llena de mala leche y puñaladas en el alma. Más que recomendable.

Nota: 10
Nota filmaffinity: 8.1

PD: Estoy de acuerdo con Sick Boy, "Los intocables es una mierda."

PPD: Después de un tiempo viviendo por ahí cerca, me he sorprendido reconociendo muchos de los escenarios de la película. Hace veinte años, la carrera por Princess Street me pareció un poco random, pero ¡no sólo está rodado siguiendo la realidad, sino que es la principal calle comercial de Edimburgo! Excepto el lavabo más asqueroso de Escocia, creo haber estado en la mayoría de escenarios ^^.

miércoles, 24 de febrero de 2016

La amenaza fantasma



Cuando decidí que quería ver El despertar de la fuerza me propuse (como muchos otros) repasar las seis películas anteriores. Sin embargo, una vez concluida la trilogía original (que ya habréis visto como he reseñado), me daba muuuucho palo refrescar La Amenaza Fantasma. Fue toda una decepción y no me producía la más mínima emoción volver con ella. Pero bueno, uno que es un rato masoca y acaba poniéndose estas cosas. 

Hace quince años deseé fervientemente disfrutar con ella y no lo conseguí demasiado, con demasiados errores como para pasarlos por alto.  Podríamos pensar que es parte del sentimiento de decepción, pero los personajes son insulsos, hay demasiadas incoherencias de trasfondo y un puñado de actores mal dirigidos que no salvan el par de escenas logradas y el hecho de pertenecer al universo Star Wars. Bueno, más o menos. Sin embargo, ésta vez ya venía avisado. Pero buf, que cosa más pesada.

A pesar de la gran cantidad de nombres importantes, los actores no parecen saber qué hacer delante de la cámara –los legendarios problemas de Lucas dirigiendo actores- y la gran mayoría se conforma con decir sus palabras y tirar p’adelante. Curiosamente, son los dos actores que “mueren” los que se lo toman más en serio y componen a los personajes con más lustre pero a los que luego menos jugo se les saca. Tanto Liam Neeson (Qui-Gon Jin) como Ray Park (Darth Maul) desbordan carisma y piden a gritos más protagonismo, pero Lucas no parece interesarle. Se merecen casi una película para ellos dos. Para prueba la cancha que se le ha dado a Darth Maul en el universo expandido, demostrando que funciona de sobras como un Lord Sith de postín, para ver como aquí muere aquí demasiado rápido y es sustituido por un par de malos de mercadillo como Dooku y Grievous en las siguientes películas. Lástima no haberlo explotado como se debía. En cuantro a Qui-Gon… ¿por qué matar tan rápido al único de los buenos que consigue caernos bien? Vale, hay que retorcer la historia para que cuadre, ya que es Obi-Wan el que debe entrenar a Anakin, pero seguro que había maneras mejores de hacerlo.

Al menos, esta decisión no es tan catastrófica como la aparición de Jar Jar, el personaje más odiado de la saga (no voy a añadir nada más). La participación de un Anakin demasiado “niño” para el papel que le toca también constituye un gran defecto. Tiene un exceso de carga dramática que no sabe transmitir y, aunque es todo lo manitas y “salao” que quieras, un actor con 3-4 años más hubiera dado mucho más el pego con lo que se le exigía. Se hace dificil creer que este personaje metido con calzador (de los industriales) acabe siendo Darth Vader.

Calzador gratuito, el otro gran problema. Hay que cuadrar el trasfondo y la película debía introducirnos en un mundo ya existente, pero parece que Lucas se dedicó a improvisar escenas entre sí para presumir de CGi y efectos especiales y luego se acordó de que tenía un trasfondo que respetar y lo embute como un salchichón. La película se debate si ser para adultos (la guerra del Comercio y la trama política) o para niños (las carreras de vainas, los estúpidos gungans y la acción para todos los públicos) y no es ninguna cosa ni la otra. Pasan demasiadas cosas sin motivación o sentido, personajes supuestamente inteligentes no hacen otra cosa que estupideces y el tono no se adapta a lo que se está contando. Se hace incluso desagradable. Pixar nos ha dado muestras de que se pueden hacer películas para niños que puedan ver los adultos y películas para adultos que pueden ver los niños. Sin embargo, La amenaza fantasma no consigue encontrar el equilibrio en ningún momento.

No obstante, hay muchos cuartos dejados y eso se nota. Se palpa un deseo imperioso de actualizar la imaginería y de separarse de la clásica para contentar a los fans más jóvenes. Tanto que se les va la pinza y se hace difícil que esta película ocurra en los mismos universos que los episodios IV-VI (que se re-editaron para parecerse a Episodio I). Todo es demasiado pulcro, redondeado y bonito, en vez de tosco, sucio y efectivo. Porque salen Jedis y tal, sino, podríamos esperar que no perteneciera a la Guerra de las Galaxias y todo.

Como un niño con un juguete nuevo, La Amenaza Fantasma tiene efectos de ordenador para dar y vender: escenarios, naves, personajes… Parecía que la tecnología podía proporcionarlo todo y Lucas tenía ganas de jugar. Sin embargo, tal alarde de efecto especial sin sentido provoca que la película haya envejecido fatal y cante exageradamente. Fastidia notar que la trilogía original parezca más realista que esta. Y eso es grave. 

El clímax final podía haber arreglado el resultado en un despliegue brutal de efectos y fuegos artificialtes. Casi que lo deseamos todos fervientemente pero luego cada escena que podía ser buena tenía un detalle que la fastidiaba:

1)  La incursión en el palacio Real de Padmé, su séquito y la estratagema urdida por el capitán Panaka (¿?). Dos tiritos, una carrerita… Y vaya cosa más floja. ¿Dónde está la emoción?
2)  La mega-batalla de los gungan y los droides. Imaginería bien bonita, coreografía imaginativa… y un tal Jar-Jar que convierte cada segundo en ridículo.
3)  Unas peleas a espadas la mar de vistosas  que acaban con una incoherencia de continuidad de aúpa que deja muy en ridículo a Darth Maul sin motivo. Amén de que la mitad de las estocadas vayan al aire y aun así sean interceptadas, claro…
4)  Una batalla espacial resultona con un niño por medio que parece que está en un parque de atracciones. 





No obstante, hay un apartado que si merece una gloriosa felicitación. Se inventó un nuevo sistema de Super Sensurround para la película que es la leche. Ver la carrera de vainas a todo volumen con una mega-pantalla es impresionante. Si dispones de un gran equipo de sonido, prepárate a disfrutar con lo bien que está definido el tráfico entre canales de sonido y lo bien que se complementa cada ruido con una banda sonora de aupa. Mis felicitaciones a John Willliams y al resto del equipo de sonido que se han ganado todo mi respeto. Da gusto ver un trabajo bien hecho (sorprendente entre tanta dejadez).

Creo que nadie que fuera a ver la película en su momento se esperaba un batacazo de semejante magnitud. Así no se reinicia una saga. Suerte para Lucas que ya tenía –ejem- pagados los otros capítulos de la trilogía, ya que ésta es la típica película inicio de saga que NO tiene continuación (número 4, terminator genesys, Eragon…). Ahora ya existiendo y formando parte del canon, es simplemente, un mal trago que pasar.
Curiosamente, esta película no tiene tanta mala prensa entre los jóvenes, supongo que el verla en la edad adecuada también ayuda, pero bueno…

El mayor problema que tiene La Amenaza Fantasma no es que sea una mala película de aventuras –que lo es- es que queda en ridícula tanto en ritmo como en magia frente a sus precedesoras. Desde su larga y pesada introducción donde no se entiende la implicación de los Jedis, el recurso de guión forzado para hacer que se queden tirados en Tatooine y así conocer a Anakin (y gastar 80M$ en una pedazo de escena de vainas que no viene a cuento pero queda la mar de bien), luego dos líos raros, un par de tiros y un final contra un malo maloso que no sabemos quién es. Mal guión, mal ritmo, actores desaprovechados y unos efectos especiales que ya han quedado desfasados y que parecen peores que aquellos de los años ochenta. Si no fuera porque es el episodio I, yo casi que recomendaría saltársela.

Nota: 2
Nota filmaffinity: 6.2
No entro a comentar los miriclorianos –ahí, rompiendo todos los dogmas que se han venido gestando treinta años porque sí-.

miércoles, 30 de octubre de 2013

Big Fish



Momento de “mmm… toca ver esta, uno de los mayores pastelones de Burton… palo….” Pero bueno, tito Burton suele hacer cosas bonitas, incluso cuando se le va el edulcorante, ¿no?

William ha crecido adorando los cuentos de su padre, que vivía mil aventuras mágicas en su vida. Sin embargo, ya adulto se dio cuenta del exceso de fantasía que albergaban y decidió dejar de creer en ellos. Cuando Edward, su padre, yace moribundo, decide regresar a casa y averiguar cuánta verdad hay en las historias que escuchaba de niño.

Burton se pone ñoño para contarnos una historia de fantasía y de optimismo. Alejado de sus oscuras atmósferas, nos encontramos ante el más diferente de sus films. A la que te pille con el pie cambiado, el empacho de azúcar está asegurado, pero si te dejas embaucar, puedes disfrutar con el juego de fantasia/realidad que Burton nos depara.

ACTORES: Aquí está el mayor defecto de la película. No paro de tener ganas de atizar a Ewan McGregor y de lanzarle piedras para que se desempane de una vez. Si, se esfuerza, pero tanta sonrisita Profident me carga mucho. Del resto de secundarios destacaría a Albert Finney (Edward Bloom viejo), que transmite mucha más solidez a su personaje, pareciendo más cercano y vivo.

DIRECTOR: Burton parece repasar su vida, y como cuentacuentos que es, decide otorgarnos una fábula sobre los recuerdos, la realidad y la fantasía. Al principio nos desconcierta, pero a medida que Edward Bloom madura, presenciamos la evolución de una persona, desde que abandona su ciudad natal siendo poco más que un adolescente, hasta las últimas etapas de su vida. A lo largo de este proceso de maduración personal comprobamos como la apreciación de un mismo hecho depende de nosotros mismos y aprendemos necesariamente el valor de un padre. La fotografía, los escenarios, como siempre en Tim, son magníficos. Visualmente, resulta espectacular. Se suceden imágenes preciosistas, poderosísimas, surrealistas, coloristas, muy del estilo de Tim Burton.  La fantasía se mezcla con la realidad en este film, narrado por un mago que nunca revela su truco, que nos sumerge en un mundo de fantasías, nos engaña como niños, al igual como lo hacía el padre con su hijo en la película.
No obstante, es necesario dejarse embaucar para disfrutarla, hay que embarcarse voluntariamente en este viaje, y si no compras billete… ¡mejor cambia de canal!

GUIÓN: El guión es francamente redondo. Sí, peca de un buenismo exagerado, pero ata a la perfección todas las migajas para dejarnos con el mensaje final que, como colofón a un cuento “infantil”, casa sin esfuerzo y permite dejarte esa sonrisita de tonto al final. La narración que compone Edward camina entre la ficción y la realidad, ante la desesperación del hijo que al ver a su padre cercano a la muerte desea saber cómo fue su vida realmente. Pero ahí se deja el detalle de saber qué es real, qué es inventado y qué es adornado.

La película, por supuesto, conduce a la reflexión. Frente a la rutina de nuestras existencias siempre quedará la imaginación. Y si esta es escasa siempre queda el cine (y la literatura). Nuestros familiares siempre nos contaron anécdotas más o menos fantaseadas, nosotros contamos pequeñas anécdotas introduciendo algo de fantasía, la historia está llena de pasajes que quizá no fueron como los conocemos: frente a lo aburrido y veraz solemos preferir lo apasionante aunque inexacto.

Es por todo ello que Big Fish supone un hermoso canto a la vida y un grito contra la mediocridad de las exigencias de la vida cotidiana. Esta es pues una película que pide al espectador que deje entrar la utopía y el idealismo en su alma. Puede que todo esto resulte blando y empalagoso para algunos, exactamente aquellos a los que la película denuncia como causantes de este mundo gris y mediocre que nos ha tocado vivir.
A la que te pille con el estado de ánimo adecuado, es sin duda una película que marca, puede fascinar, convirtiéndose en un referente vital. Si este pedestal ya está ocupado, la repulsión por el exceso de azúcar puede ser bastante escandalosa. A mí con un actor mejor que McGregor me habría llegado más, pero me gusta el juego al que Tim juega.

Nota: 8
Nota filmaffinity: 8.0