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domingo, 12 de febrero de 2017

La llegada



Una cosa mala de Escocia: llueve mucho y hace frio. Una cosa buena: Me han puesto un cine justo al ladito de casa (quien dice al lado, es realmente al ladito!). Con la idea de estrenarlo y tal, estaba dispuesto a ir a lo que fuera. Elegi la llegada por la simple razon de que Villeneuve es un director reputado (nunca le había visto ninguna película) y en Cinefagos la estaban poniendo como una gran pelicula. Lo que hace a veces el aburrimiento.

Y la llegada es una de extraterrestres, pero como Villeneuve es un rato presumido, no va a irse por los cauces habituales, no. 12 naves diferentes llegan a diferentes puntos de la Tierra y aterrizan buscar ningún tipo de aparente interacción con los humanos. Nosotros, tras sobrepasar los miedos iniciales, nos lanzamos a su estudio, intentando responder multitud de preguntas: ¿Quiénes son? ¿A qué han venido? ¿Vamos a morir?

Sin embargo, antes de resolver cualquier otro interrogante, subyace un gran impedimento: ¿Cómo nos comunicamos con ellos? Ahí es donde reside el quid de gran parte de la película: Los problemas de comunicación. Los extraterrestres son unos calamares lovecraftianos (ecs) que viven en un medio acuático. No pueden producir sonidos que podamos entender. No estamos siquiera seguros de cómo piensan, si son telépatas, o de si son capaces de razonar individualmente (¿podrían ser una colmena?). Lo único que es seguro es que no son humanos, por lo que las herramientas de comunicación verbal y no verbal que conocemos no acaban de funcionar. 

Con estas premisas, Villeneuve se lanza a reflexionar sobre cómo nuestro lenguaje toma forma, influyendo a su vez en cómo percibimos la realidad, ya que nuestros conceptos mentales se articulan de acuerdo a la idea (verbalizada) que tenemos sobre la misma.  Al obligar a los científicos a enfrentarse a seres de una clara inhumanidad, estos se ven obligados a poner en duda todo cuanto saben sobre la comunicación, planteando hipótesis de trabajo desde puntos de vista inesperados. De esta manera, Villeneuve nos obliga a rumiar sobre nosotros mismos y las dificultades para comprender a aquellos que nos son diferentes.

El lector más atento ya habrá podido adivinar que no estamos ante los fuegos artificiales gratuitos de un Independence day o ante las explosiones gratuitas de un Battleship. Villeneuve nos propone una película de ciencia-ficción seria (hard, que se diría) que se toma con calma el desarrollo para dejar que el mensaje tome poso, jugando más con nuestra capacidad de dejarnos fascinar que con la espectacularidad de cambiar mil veces de cámara en cada segundo. La llegada juega (y triunfa) en la misma división de propuestas más calmadas como Contact o The Abyss.

Todo el desarrollo de la argumentación de Villeneuve se produce a través de un guión sobresaliente: por un lado, deja lugar para que conozcamos a todos los personajes (que son usados como bases sobre las que presentar diferentes puntos de vista), juega con las “12 ciudades” a las que lleguan, forzando a culturas antagónicas a superar sus diferencias y entenderse (o no), guardándose espacio además, para meterte un par de trampitas que aprovechan nuestras ideas preconcebidas sobre el funcionamiento de las historias de Hollywood.  

El peso de la película recae sobre los hombros de una estupenda Amy Adams, que cada día sorprende más por su calidad cuando se dedica a los papeles más serios ( por ahora se ha llevado una nominación a los Oscars, a ver cómo acaba). Su trabajo es profundamente emotivo, más que capaz de cautivar, pues su contención no hace sino remarcar la devastación que sufre ante unos sucesos que, claramente, la superan. A su alrededor tanto Lawrence Fishburne como Jeremy Renner (mira que siempre me ha parecido que tiene cara de palo perpetua) no desentonan en absoluto. 

En un último alarde de virtuosismo, Villeneuve realiza una última cabriola tan innecesaria como efectiva en su desenlace (¡SPOILER!), pues es al final cuando descubrimos  que la transformación mental derivada del lenguaje calamari, ya ha convertido el tiempo en una dimensión física a través de la que moverse. De esta manera, todos los flashbacks de nuestra protagnista que no acababan de cuadrar se transforman en flashforwards inesperados que sirven para rematar la historia y obligan a rememorar todo lo que hemos visto desde un nuevo prisma. No niego que esta pedantería final puede enfadar a más de uno, pero hacer trampas temporales mientras están tantos elementos en danza (básicamente, el resto de la película) sin que descuadre antes de hora está al alcance de muy pocos.

Si bien estoy seguro de que la película ganaría con algo más de dinamismo,  La llegada es una película con la que sumergirse y dejarse fascinar. Esta inusual propuesta de ciencia-ficción navega por tierras extrañas y exige un esfuerzo al espectador para captar todos sus matices, pero es capaz de llevar tanto a la emoción como a la reflexión, mezclando como pocas el cine más comercial con el sello de autor.  Cada elemento de la película es una muestra de excelencia en su concepción, convirtiéndose en la película favorita para los Cinéfagos este año y una de las favoritas para la gran noche de los Oscars. 

He salido tan entusiasmado con la película que he decidido repasar toda la filmografía del director, empapándome bien del puñado de estupendas películas (a juzgar por la crítica) que este director nos ha ido deparando.

Nota: 9
Nota filmaffinity: 7.6

jueves, 2 de junio de 2016

Batman v. Superman: El amanecer de la justicia



Tengo sentimientos encontrados con DC. Sus personajes son los que más me gustan, pero están realizando unas campañas y unas propuestas tan deficientes para la evolución de su universo cinematográfico que cada vez tengo menos ganas de ver sus películas. Sólo cuando Batman Vs Superman se convirtió en el punchingball andante del momento le empecé a coger un poco de interés. Después de todo, la experiencia me ha dicho que, normalmente, los punchingballs no suelen ser cosas “tan malas”.



Lo que más confundió a muchos al inicio es que se creía que este film iba a unir el Batman de Nolan con el Superman de Snyder, pero no. Es una continuación de El hombre de acero en el que se presenta al Batman de ese universo y se aprovecha para introducir una ensalada de personajes para ir enfocando “La liga de la Justicia” que, viendo el éxito que está teniendo DC, no sé si llegaremos a ver.

El amanecer de la justicia presenta el mundo tras la llegada del Kryptoniano invulnerable. Batman es el justiciero de la “ciudad vecina”, en una encarnación mucho más vengativa e implacable, más cercana a Punisher que a cualquiera de las versiones que estamos acostumbrados. Y para Batman, nadie más que él puede saltarse las leyes de los hombres, especialmente un ser todopoderoso e invulnerable. Lex Luthor, por su parte, es un magnate excéntrico que no se sabe muy bien porqué, quiere malmeter a lso dos héroes (como si este par de machos alfa necesitaran muchos motivos para atizarse). Y también está Wonderwoman, que simplemente pasaba por ahí.

No, Snyder no quiere prestar mucha atención a la trama argumental, que parece no considerar más que una excusa con la que enfrentar a Superman y Batman y así generar un puñado de escenas de acción marca de la casa (tal como hizo en 300 o en El hombre de acero). Con este panorama, se entiende rápido que la trama argumental no es lo más importante de la película. Los diálogos y las acciones que conducen al gran enfrentamiento son entre desordenados y bochornosos, pero una vez soportada una hora larga de caos con poco sentido, empiezan las toñas como deben ser y ahí tenemos toneladas de fanservice, un apartado visual impresionante y las escenas “superépicas de la muerte” a las que Snyder nos tiene acostumbrado. Para que negarlo, la pelea final contra Doomsday tiene a los tres dándolo todo de la manera más espectacular, que es lo que los fans queríamos. Sin embargo, la traca de fuegos artificiales no compensa los noventa minutos de tedio que hemos tenido que soportar previamente. El frenesí final pide a gritos un guión y una dirección previa con más enjundia con la que dar sentido al despliegue de explosiones y guantazos.


El mayor problema que tiene la película es el pábulo de trascendencia que se intenta dar a una propuesta que no es más que un mero entretenimiento. Es una de las diferencias de concepto entre el universo Vengadores y el de DC. Mientras que Marvel no piensa más que en hacer pasar un buen rato al espectador (y tiende a conseguirlo), DC juega a “esto es lo más importante que has visto nunca y va a cambiarte la vida”. Es algo fácilmente comprobable en la diferencia que hay entre la pegadiza BSO de Civilwar y el grandilocuente (y espectacular con ganas) trabajo de Hans Zimmer aportando epopeya a cada instante de la cinta.Planteamientos diferentes para una saga que ha dado resultados MUY diferentes.

Una cosa que hay que reconocerle es el acierto en gran parte del casting. Henry Cavill y Amy Adams son unos más que dignos Superman y Wonderwoman (respectivamente). Se les ve esforzados e implicados con el proyecto. Por su parte, Ben Affleck compensa su vergonzoso Daredevil dando un Batman impresionante, a medio camino entre El regreso del Caballero Oscuro y el de Arkham Asylum. Con sus antecedentes, tenía mucho miedito de lo que nos iba a ofrecer y me he alegrado al comprobar que si la película falla, no es precisamente por ello. Jesse Eisenberg, por su parte, ha recibido un montón de críticas por su Luthor tan jokerizado. Ahí entiendo que no es culpa suya, el guión y el director le piden ser un Joker raro y es lo que él hace. Personaje fallido y desagradable, pero por culpa del guión, no del actor.


El amanecer de la Justicia acaba dando una sensación de quiero y no puedo. Por un lado, se nota que hay mucho dinero gastado y tanto los efectos especiales como las escenas de acción son lo brutalérrimas que se le exige. Por el otro, las ínfulas de épica y las prisas por dirigirnos hacia la Liga de la Justicia impiden disfrutar de los fuegos artificiales –sin sentido debido a un guión que embute  un puñado de argumentos sin detenerse a comprobar la coherencia-. Acaba siendo mucho menos de lo que quiere ser y se nota. Probablemente se disfrutaría más si se tomara menos en serio a sí misma, pero sus ansias de ser “la mejor película de superhéroes que has visto” le hace demasiado daño. 

Acaba siendo una peli flojilla. Y eso cuando intentas competir ante la redondísima Civil War es un problema bien gordo. Ahora bien, ¿es la basura que dicen casi todos? Oye, pues no. Es simplemente regulera. Palidece ante las mejores de la Marvel (y ante las no tan buenas), pero no es el horror que nos ha deparado las múltiples propuestas de “Los 4 fantásticos” o “Green Lantern”.

Tras el éxito de los vengadores, era obvio que DC acelerara su “Liga de la justicia”, pero está naufragando tanto en los preámbulos que no sé qué va a salir de allí. Las salas las ha llenado pero…

Nota: 3
Nota filmaffinity: 6.0

jueves, 1 de mayo de 2014

El restaurante del fin del mundo (Douglas Adams)


Vuelven Arthur Dent y su toalla, con el apoyo de la guía del Autoestopista galáctico y la prodigiosa nave de improbabilidad están dispuestos a ir hasta el fin del mundo, de los tiempos y al inicio de la historia. Ya le tenía ganas a las segunda entrega de la “trilogía en cinco partes” de Douglas Adams. ¡Humor absurdo por bandera!

Título: El restaurante del fin del mundo
Autor: Douglas Adams
Título original: The restaurant at the end of the universe

“Armados de la Guía del Autoestopista galáctico, los protagonistas del libro más divertido que se recuerda continúan sus disparatadas aventuras, que les conducirán al asombroso Restaurante del fin del mundo. Ford Prefect, Arthur Dent, Trillian, Zaphod Beeblebrox y Marvin el Androide paranoide se enfrentan a una tetera automática de la que sólo mana un líquido asqueroso, al planeta condenado porque sus habitantes se empeñaron en tener más zapaterías de la cuenta, a un olvidado transporte espacial cuyos pasajeros, debido a toda clase de estúpidos retrasos, llevan novecientos años esperando que la nave arranque y, luego, al restaurante del fin del mundo, situado en el momento del tiempo en el que el universo entero llega a su estrepitoso final: un inusitado número de cabaret, amenizado por la música ligera de la orquesta del restaurante. No termina ahí su odisea, porque a continuación viven otra aventura que les revelará el verdadero origen de la especie humana: una pandilla de ejecutivos de poca monta que fueron expulsados de su planeta por indeseables.”

¡Chorradas al poder! Si las primeras aventuras de Arthur Dent hacían saltar todas las reglas de la lógica, Adams no se queda corto en la segunda entrega. Un libro cargado de aventuras y burradas con las que no sólo divierte si no que aporta argumentos a porqué el sentido de la vida es, obviamente, el que es; además de reflexionar certeramente sobre las paradojas temporales, el origen de la vida y la religión. Hay más ciencia ficción pura en esta novela que en muchas obras de aventuras pretendidamente futuristas: robots depresivos, delfines agradecidos, comunas espaciales que llevan generaciones pillándose un pedo en la misma fiesta, viajes en el tiempo y antihéroes bicéfalos… ¿Qué más se puede pedir?

Es sorprendente la velocidad a la que se suceden las disparatadas situaciones con las que Adams nos bombardea. La narración es rápida y ligera, permitiendo pasar páginas a toda velocidad entre carcajadas.
El protagonismo recae en Zaphod Beeblebrox, el antiguo presidente del Universo, el cual es reclutado muy a su pesar para que utilice su nave de Improbabilidad para llegar al lugar más recóndito de todos los planos de existencia, aquel lugar donde vive ese ser que rige todas las cosas importantes del Universo. Mientras tanto, Ford Prefect intenta vivir la vida lo mejor que puede y, armado con su toalla, se mete en más líos de los que pudiera imaginar.
En este caso, tanto Trillian como Arthur Dent toman un papel más secundario, actuando a modo de conciencias de sus respectivos acompañantes. Hay que destacar igualmente el papel de Marvin el androide deprimido, que aparte de pasarlo muy mal, tiene en su haber los mejores chistes del libro, con algunas respuestas más que lapidarias.

Se le puede achacar que la acción es un poco errática, fruto del conglomerado de divertidas absurdeces que nos atronan, pero esto no impide encontrarnos con un libro francamente desternillante. Algo inferior a su predecesor y con menos momentos inmortales, pero sin duda hará las delicias de todos aquellos que disfrutaron con la Guía del Autoestopista galáctico.

Nota: 8
Nota anobii: 4/5

sábado, 29 de junio de 2013

El hombre de acero

El blockbuster de este verano viene con unas mimbres muy bonitas: El desparrame orgásmico visual de Snyder colaborando con el reinventor del oscurantismo narrativo y maestro del Caos Nolan. ¡De ahí iba a salir algo bonito, seguro! Que se atrevan con un héroe con tan poco fondo como Superman… Bueno, no es tan oscura y desasosegante como Batman, ni tiene el humor de Spiderman, Ironman o los Vengadores -que Clark kent no es Tony Stark!- pero la espectacularidad está asegurada.


La película empieza con un fastuoso flash-back del fin de Krypton, explicándote no sólo los inicios de Superman sino también los del General Zod. Una vez destruido Krypton, saltamos a la Tierra, donde un joven Clark Kent busca su lugar en el mundo, intentando pasar desapercibido, pero sin poder evitar ayudar a la gente. Es consciente del miedo que le tendrá la gente cuando sepa qué es capaz de hacer, por lo que se esconde. La llegada del General Zod le obligará a mostrarse al mundo, para así evitar la extinción de la raza humana.

Mi impresión es que es una película que, por planteamiento y situación, está pensada para Nolan: la necesidad de dotar de una complejidad gratuita a todos los personajes, el planteamiento casi místico, las reflexiones éticas sobre el poder… Pero que luego perdió interés por dirigir el proyecto ¿Acoso no sabía cómo acabarlo “bien”? Y le acabó pasando el caramelito a Snyder, para que se flipara con presupuesto infinito. Si a este hombre le das un guión más o menos bien parido, tienes garantía de que te va a hacer una cosa bien bonita.

ACTORES: Cuando los fuegos artificiales no están dominando la pantalla, un buen trabajo actoral te ayuda a dar empaque a la película, esto sucede especialmente con los secundarios masculinos, pues Costner y Crowe cogen a sus endeblemente caracterizados personajes y les dotan de una enjundia destacable. Igual pasa con Michael Shannon, que compone el mejor malo de Superman que hemos visto en las películas y reparte atún para dar y tomar. Incluso Lawrence Fishburne hace un Perry White con empaque! Amy Adams, en cambio, hace una Lois Lane totalmente desdibujada y poco creíble, lo más flojo del elenco con diferencia -tampoco es que el guión le ofreciera mucho más-. Henry Cavill es quién tiene la responsabilidad de hacer a Superman y realiza su trabajo con bastante dignidad. Sabe ser lo suficientemente duro cuando tiene que serlo y evita parecer el “boy-scout salvavidas” típico.

DIRECTOR: La labor de Snyder se puede ver perfectamente reflejada en la hora final de la película. El espectáculo visual es abrumador, deslumbrante y burrísimo. Una pasada de explosiones, destrucción y desparrame apoteósica. La pelea final entre Superman y el general Zod es un prodigio de coreografía, ritmo y bastardidad.
Básicamente: PAM! Tres edificios atravesados, espera que vuelvo, abro otro agujero a los edificios, cojo una viga y te arreo con ella! A volar!! Yo cojo un coche y te lo estampo en la cabeza! Y yo un vagón del metro! Y…. Esta vorágine de destrucción se muestra con todo lujo de detalles, excesiva pero brutalmente convincente.
De la misma manera, el extenso prólogo en Krypton es un espectáculo visualmente sugerente, que da ganas de re-visitar en un posible spin-off si alguien se atreve a hacer un guión sobre ello.
Entre ambos ejemplos de fuerza visual, una serie de flashbacks nos cuentan -mas o menos- una historia que los enlaza y explica. El ritmo de este interludio es bastante lento y, aunque no llega a aburrir, se pierde entre incoherencias e intentos de profundizar en la psicología de los personajes que Snyder no es capaz de aprovechar. Muy bueno cuando se le puede ir la castaña, justito al rodar escenas “normales”.
La imaginería de la película está muy bien trabajada, como sería esperable viendo el presupuesto. El diseño Kryptoniano es precioso y orgánico, deshumanizado pero bonito. Además, Superman pierde por fin sus ridículos calzoncillos por fuera y tiene un traje bonito y acorde a los gustos actuales!

GUIÓN: Dentro del guión, encontramos muchos trazos del estilo de Nolan, ya sea por presentar a un héroe mucho menos ingenuo, por buscar conflictos morales o por la consistencia de los personajes masculinos y la falta de consistencia de los femeninos… Pero luego no está trabajado muy a fondo y aparecen incoherencias graves, como la muerte de Jonathan Kent –ridícula- o la manera de forzar protagonismo porque sí para Lois Lane. Temas planteados y motivaciones que desaparecen a mitad de película se encuentran con tratamientos decisionales mucho más serios de lo que sería esperable dando lugar a un conjunto muy irregular. Yo creo que Snyder encuentra que hay temas para entrar en profundidad pero decide pasar de todo y dedicarse a hacer una película de acción muy, pero muy pasada de vueltas.

Sorprende, eso sí, que este Superman no sea el héroe que tenga que esconderse. Por fin, deja de dedicarse a salvar niños repelentes que caen por las ventanas ni parece tener mucho aprecio por las vidas humanas, se pasea por entre los soldados como un verdadero prodigio y será admirado por todo el mundo después de salir del “armario”.

Para explicarlo recurriré a las ideas de otro flipado, el certero Quentin, en Kill Bill: “Uno de los elementos principales de la mitología del superhéroe es que hay un superhéroe y hay un alter ego. Batman es en realidad Bruce Wayne, Spiderman es en realidad Peter Parker… Tienen que ponerse un disfraz para convertirse... Y es ahí, en esa característica, donde Superman es único. Supermán no se convirtió en Superman… Cuando Superman se levanta por la mañana, él es Superman. Su alter ego es Clark Kent… Las gafas y el traje de negocios es el disfraz que Superman lleva para integrarse entre nosotros. Clark Kent es tal como Superman nos ve a nosotros… Clark Kent es la crítica de Superman a toda la raza humana”.

Es en este aspecto que Zack Snyder cumple, y de manera notable: Superman se nos aparece como el superhéroe entre superhéroes, no tiene que demostrarle nada a nadie, simplemente representa a un semidiós que protege a la raza humana de sus amenazas y debilidades.

¿Es una película buena? No. Tiene demasiados errores y su historia es notablemente inferior incluso a muchas películas de superhéroes. Las partes “Nolan” y las partes “Snyder” son demasiado reconocibles e irregulares pero… ¡vaya flipada! Pocas películas pueden presumir de mostrar una pelea de dioses tan bien como esta. Yo, al menos, me lo he pasado en grande con ella.

Nota: 6
Nota filmaffinity: 6.5

miércoles, 13 de febrero de 2013

Guía del autoestopista galáctico (Douglas Adams)


Mira que tenía ganas de leer este libro absurdo y divertido como pocos. Tantas que lo he priorizado mucho dentro de la larguísima lista de “pendientes” que tengo. Buenas risas y reflexiones interesantes en un ambiente espacial. Divertido con ganas.

Título: Guía del Autoestopista Galáctico
Autor: Douglas Adams
Título original: The Hitchhiker’s Guide to the Galaxy

“Un jueves a la hora de comer, la Tierra es inesperadamente demolidada para poder construir una nueva autopista hiperespacial. Arthur Dent, un tipo de lo más corriente que esa misma mañana ha visto como echaban abajo su propia cada, considera que eso supera lo que una persona puede soportar. Pero, desgraciadamente, el fin de semana no ha hecho más que empezar, y la galaxia es un lugar extraño y sorprendente. Arthur huirá de la Tierra junto a un amigo suyo, Ford Prefect, que resultará ser un extraterrestre emparentado con Zaphod Beeblebrox, un pirata esquizoide de dos cabezas que fue Presidente de la Galaxia, en la nave del cual conocerá al resto de personajes que lo acompañarán a lo largo de su periplo espacial: un androide esquizoide y una terrícola que, como él, ha logrado escapar. Gracias a esta ineludible aventura, Dent descubrirá muchas cosas acerca de la existencia, pero tal como aconseja la Guía del Autoestopista Galáctico, que no cunda el pánico.”

No se puede negar que el planteamiento de la novela es sugerente con ganas. Las reglas de la lógica humana saltan por los aires desde un primer momento y el conjunto de las historias que pasan destacan por su alocado y delirante planteamiento.
Hay que recordar que esta novela se diseñó y presentó desde un inicio como historia radiofónica, por lo que recomendaría encarnecidamente escuchar el audio-libro correspondiente, especialmente en su versión original, si es posible. No obstante, el libro es igualmente divertido.

Para narrar la historia se sigue un sistema de capítulos relativamente inconexos entre sí pero que conforman una historia más o menos concreta donde los personajes son capaces de cambiar y evolucionar. En todo momento mantiene una frescura inclasificable donde, realmente, nunca sabes qué puede ocurrir a continuación pero que, de alguna manera funciona de un modo -retorcidamente- lógico.

Aunque pueda parecer muy casual, la novela está muy pensada y cada aderezo está trabajado y tiene un motivo para estar allí. Adams reflexiona sobre muchos temas importantes -la existencia de Dios, la mejor forma de Gobierno, las “graciosidades” de la burocracia, el uso de la poesía como forma de tortura o la importancia de tener siempre una toalla a mano-, temas que van deslizándose entre chistes y momentos absurdos bien encontrados. Eso sí, espero que ninguno se lo tome como verdades absolutas o intentos del autor de venderlas como tal, pues Adams busca más el humor que la verdad. No obstante, sí se toma una única pregunta en serio durante todo el libro. Es la más importante, la pregunta última, la concreción del todo, la que marca el sentido de la vida y que se ve respondida de una manera impecable e inolvidable, totalmente icónica.

Los carismáticos personajes han sido mil veces imitados y, realmente, tienen su qué.

El protagonista es Arthur Dent, un típico inglés -con batín incluido- con una vida muy tranquila y sencilla que un buen día se encuentra que no sólo su casa sino todo su planeta ha desaparecido. En un primer momento no hace otra cosa de alucinar con lo que le ocurre y, poco a poco, va descubriendo un nuevo mundo con una mezcla de miedo y curiosidad. Torpón y desastroso, pero siempre optimista e intentando salir adelante, este entrañable personaje ha sido imitado bastantes veces en otras obras, como por ejemplo me vienen a la cabeza John Crichton (Farscape) o Fry (Futurama).

Le acompaña en su viaje Ford Prefect, un autoestopista galáctico que se quedó atrapado en la Tierra. Arthur creía inicialmente que sólo era un vecino excéntrico, pero luego descubre que esconde un buen puñado de secretos. Su mentalidad es muy pragmática, pero siempre con un deje alegre divertidamente exasperante. Avezado explorador del Universo, sirve de guía de Arthur en su viaje.

El tercer personaje en liza es el pasadísimo de vueltas Zaphod Beeblebox, un “hombre de mundo” que se ha dedicado a multitud de cosas durante su vida y, después de ser el humanoide más buscado del Universo, ha llegado, de alguna manera, a ser el Presidente de la Galaxia. Es alguien imprevisible, bastante esquizoide y alocado, dado a unos cambios de humor impactantes y que se mueve en la extraña frontera entre alguien que simula ser un atontado para que los demás se confíen pero en realidad es inteligente, alguien que es un atontado de verdad o alguien que se hace el atontado porque no tiene ganas de pensar. Es todo un hombre de acción que a veces no sabes si se dedica a improvisar o si lo tiene todo planeado, pero actúa con un aura de carisma arrolladora, cargando con los mejores chistes del libro.

El humor absurdo reina por doquier. Hay veces que el nivel de histrionismo es tal que cuesta seguir el ritmo. Misiles nucleares que se transforman en ballenas, torturas a base de poesía, ratones pangalácticos… Todo un festival en el que encuentras referencias a muchos temas y con unas cuantas escenas icónicas que han marcado época. Todo el proceso de respuesta a la Pregunta Más Importante es delirantemente demencial.

El libro es muy, muy divertido, y estoy seguro de que cualquiera podrá echar muy buenas risas con él. Lo recomendaría especialmente para aquellos avezados en la ciencia-ficción, que reconocerán muchos más detallitos y disfrutarán aún más con él. Es un libro icónico, de los que han marcado época merecidamente y que da ganas de seguir leyendo (y riendo) sin parar.

Nota: 9
Nota anobii: 4/5