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jueves, 16 de noviembre de 2023

El plan infinito (Isabel Allende)

Libro 65 de la Cesta’13. Vamos avanzando que no es poco. Otro más de Isabel Allende, que es quién tiene más libros aquí dentro.

Título: El plan infinito

Autor: Isabel Allende

“Épica e intimista novela que desgrana la agitada vida de Gregory Reeves, (gringo criado en un gueto hispano de Los Ángeles), su paso por Berkeley, en los años de la revolución hippi, por Vietnam, por la pérdida de esperanzas y el nacimiento de la nueva generación materialista. Un libro apasionante e intenso que recupera toda la habilidad narradora de Isabel Allende.”

Una vez más en la autora, tenemos la consabida historia más grande que la vida tan característica de su estilo. Aquí, por una vez, cambiamos de ambiente, mostrando las desventuras de un estadounidense pobre, en vez de un hijo de inmigrantes o ambientarlo en cualquier país de Sudamérica. Por el resto, seguimos la consabida estructura que le hemos visto en tantas novelas: una infancia con sus cosas, salir al mundo y llevarse tortas por todos lados, una adultez en la que se cumplen (o no) los sueños iniciales y una senectud más tranquila que hace las veces de redención. Esta vez hay menos realismo mágico que en otras obras, pero el esquema general no cambia.

Siempre es agradable pisar terreno conocido, con lo que las páginas pasan agradablemente. Sin embargo, encuentro que a veces pasan cosas y otras se te cuenta que pasan cosas. Los capítulos sufren cambios de tono algo extraños casi de una página otra. Obviamente, esto genera cierta confusión y, sobretodo, da lugar a mucha irregularidad en el resultado final, con partes que se pueden disfrutar como los mejores libros de Allende y otras bastante más deficientes. Por poner un ejemplo, todo lo que ocurre en Vietnam o el esfuerzo del protagonista por fundar un bufete de abogados está más que bien contados. Pero llegamos a Berkeley o a las aventuras con Benedict y de golpe coge un tono de recuerdos no muy bien hilvanados que se hace muy cuesta arriba, como si te estuviera haciendo un resumen que no llegó a escribir a fondo. Por momentos me parece un libro a medio escribir, como si no hubiera podido cumplir con los plazos de publicación y empaquetara el libro a las bravas.

Esto no nos impida tener unos personajes bien construidos, con sus matices, sus traumitas y sus sueños.

El protagonista absoluto es Gregory Reeves, un hombre blanco y pobre, lo que le convierte en (casi) un proscrito que vive en el barrio latino de Los Angeles. El destino – como no puede ser de otra manera – le dará la oportunidad de progresar y dejar atrás a la gente con la que se ha criado, con los consiguientes problemas de desarraigo. Allende no duda en mostrarte los defectos de un sistema educativo fallido, el devastador impacto que tiene la Guerra de Vietnam en la sociedad de los 60-70, o cómo la irresponsabilidad de los 80 da lugar a pelotazos y bancarrotas inesperadas. Aunque comparte la infancia dura característica de la autora, aquí George tiene más claroscuros de lo habitual, con unos dejes autodestructivos importantes que influyen sus decisiones y marcan el devenir de su infelicidad a lo largo de los años. Inseguro y desconfiado, se muestra incapaz de expresar aprecio más allá del interés económico, lo que le causa sufrimiento. No es hasta el final (como no puede ser de otra manera) que nuestro héroe finalmente aprende que sólo a través de años de dolorosa terapia es capaz de aceptarse tal y como es, afrontando sus conflictos internos para progresar como persona.

Entre los secundarios, con tanto viene y va, no hay ninguno que tenga un especial protagonismo. Ni sus padres, ni sus hijos ni sus parejas son precisamente estables a lo largo de las páginas. De todos ellos, la que comparte más páginas es la irreverente Carmen Morales. De buenas a primeras, la mejor amiga de la infancia del protagonista, crece como una mujer llena de vida, con ganas de aprovechar todo lo que se le ofrece y más, con un punto hippie bastante desmadrado que alegra casi cada página en la que aparece. Hace muchas veces de sostén de George, levantándolo cuando este se derrumba y animándolo a seguir adelante. Me alegra que la relación entre ambos sea principalmente de amistad inquebrantable, antes que romántica. Quizás todas sus locuras le acaban saliendo mejor de lo que tocaría, pero se hace querer, teniendo los mejores momentos del libro.

La escritura de Allende sigue siendo tan encantadora como siempre y, a grandes rasgos, da lo que hemos apreciado todos estos años. Te transporta donde quiere, desde ese Los Angeles post-IIGM, al San Francisco sesentero o a los campos de batalla de Vietnam. Por otro lado, cambia continuamente entre un narrador en primera persona y uno en tercera no muy fiable (¿Quizás la tercera esposa de George?), mezclando tiempos y tonos sin asomo de coherencia o aviso. Esta irregularidad provoca cierta incomodidad al leer, especialmente cuando la narración es en tercera persona y se te avanzan cosas que ocurrirán en el futuro, se referencian cosas que ya hemos visto como nuevas, dando pequeños saltitos adelante y atrás continuamente. Pareciera que estuviera contándote las cosas tal como las recuerda y comete errores que intenta corregir luego. Es algo que hemos visto en otros libros, pero en este caso, a la estructura le falta pulido y acabo por no comprarle la cabriola.

¿Recomendaría este libro? La verdad, se me hace difícil más allá del completismo. La propia Allende tiene un buen puñado de historias más interesantes mejor contadas, siendo El plan infinito una de sus obras más flojas. A fin de cuentas, un libro bastante decepcionante, cuya irregularidad hace todavía más patente lo que podría haber sido pero no es. Sus fragmentos más inspirados aumentan las esperanzas de una buena lectura, pero es bastante plomiza en sus dos terceras partes.

 

Nota: 2

Nota goodreads: 3.75/5 

viernes, 24 de enero de 2020

De amor y de sombra (Isabel Allende)


Este libro se leyó como parte de la Cesta’13, también dentro dela CLO (gracias Fabireader).

Título: De amor y de sombra
Autor: Isabel Allende

“En el Frontispicio de esta nueva gran creación literaria de Isabel Allende, se lee: <<Esta es la historia de una mujer y un hombre que se amaron en plenitud, salvándose así de una existencia vulgar. La he llevado en la memoria cuidándola para que el tiempo no la desgaste, y es sólo ahora, en las noches calladas de este lugar, cuando puedo finalmente contarla. Lo haré por ellos y por otros que me confiaron sus vidas diciendo: toma, escribe, para que no lo borre el viento.>> Estas hermosas palabras introductorias comienzan por dar la clave hacia el logro tanto de una indiscutible obra de arte literaria como de un testimonio histórico.

Un conmovedor testimonio de muy trágicas situaciones que lamentablemente aún se siguen viviendo en determinadas zonas hispanoamericanas. Isabel Allende no pretende denunciar lo ya sabido sino –mediante un exquisito arte de novelista- ahondar en el sentido de todo lo que pasa, hacerlo más patente en su dramatismo. Situaciones reales y situaciones imaginadas a partir de la realidad, así como un canto de amor para salvarse <<de una historia vulgar>> esta segunda novela de Isabel Allende responde tanto al grande y reconocido talento de su autora, como a la exigencia –por parte de ella misma y de sus numerosísimos lectores- de mostrarse a la altura de la calidad con que inició su carrera literaria.

Los hechos que se narran con patética sobriedad, con belleza creadora, con horror unas veces y otras con ternura esperanzada, hacen de De Amor y sombra otro libro que si es un hito fundamental en la carrera de Isabel Allende, nuevamente lo es en el ámbito de las letras en lengua española.”

Se trata de la segunda novela de Isabel Allende, publicada después del grandísimo éxito de La casa de los espíritus. Se trataba de un momento en que ella debía demostrar que era mucho más que un One hit wonder, quizás el instante más importante de la vida de un escritor de éxito. En este caso, el libro que tengo en mismos es una edición de la época, de cuando, efectivamente, ésta era la última novela escrita por Allende, lo que se refleja en el resumen de la contraportada y los comentarios de la escueta biografía que suele acompañar a los libros. Sorprende leer este tipo de comentarios, tratando de escritora primeriza a una autora que, en esta época, ya está más que consagrada.


Esta novela que narra la influencia de la dictadura en la vida de un puñado de personas de un país sin nombre de América del Sur se escribió en su exilio en Venezuela, posteriormente al golpe de estado dado por Pinochet, con el conocido impacto que tuvo en la familia de Isabel Allende. Por ello es fácil reconocer que sabe de lo que habla. Puede parecer un tema baladí con sus más de 30 novelas escritas, algunas de ellas tratando el mismo tópico con mucha más gracia, pero siendo una escritora recién llegada, proponer esta novela como segunda gran publicación tuvo que ser un acto bastante osado. Fácilmente podría haber dado al traste con lo que ha sido una gran carrera literaria.

En el fondo, la novela no deja de ser una historia romántica, con la trama amorosa como eje central y la dictadura como un telón de fondo, como ese ser ominoso que habita en las sombras, presto a causar desgracias allá por donde pasa. En ningún momento se nombra dónde ocurre la historia, pero se hace fácil entender que se trata del régimen totalitario impuesto en Chile por Augusto Pinochet.
De un modo similar al que utiliza en muchas de sus novelas, para articular el libro seguimos la historia de tres familias a lo largo del tiempo.


Primero tenemos a los Beltrán, una familia antaño pudiente que está viendo perder su fortuna, pero que todavía viven de un modo acomodado. Entre ellos destaca Irene Beltrán, quizás un trasunto de la propia Allende, una chica que ha sido cuidada entre algodones a la que se le han escondido las desgracias de la sociedad y que sólo desea disfrutar de la juventud y ser feliz. Su amor por contar historias le ha llevado a ser periodista, entrando en una revista de moda, lugar desde que se asoma a la sociedad, asistiendo atónita al hecho de que la vida no suele ser tan amable con los demás como ha sido con ella (como sucedió con la propia autora). Mantiene siempre su carácter optimista, dedicándose a vivir con abnegación y amor, buscando el bienestar de quienes tiene alrededor. Se entera de una historia de “desapariciones” en el transcurso de un reportaje y, en su ingenuidad, se lanza a denunciar el hecho, insconsciente ante el peligro que esto supone para su vida.

Luego tenemos a los Leal, una familia izquierdista que llegó a Chile exiliada tras el golpe de estado franquista. Todos los miembros de la familia demuestran inquietudes intelectuales y una integridad a prueba de bombas, asistiendo consternados ante la escalada de violencia e impunidad que se da tras el triunfo de la dictadura. El protagonista de la familia es Francisco Leal, psicólogo que se ve obligado a trabajar como fotógrafo para proveer de algo más de dinero para la familia. Es un hombre de ideales claros, comprometido con la realidad de su sociedad y su época, con un sentido de la responsabilidad a prueba de bombas. La casualidad quiere que acompañe a Irene en su descubrimiento, por lo que trabajará con ella para que la historia salga a la luz. Ello provocará inevitablemente la aparición del amor que trascenderá entre las sombras e iluminará las esperanzas de todos los oprimidos.

Finalmente, tenemos a los Ranquíleo, una familia muy pobre de un pueblo pequeño. La llegada de la dictadura no es más que un clavo más que agrava su precaria situación. De mentalidad simple, no dejan que sus privaciones les impidan esforzarse por  poner un plato en la mesa, ayudando caritativamente a aquellos que lo necesitan y soñar con una pequeña mejora de sus condiciones de vida. La violación y asesinato de una de sus hijas rompe cualquier atisbo de esperanza para la familia, especialmente cuando se oculta como una “desaparición” más de los tiempos, hasta que Irene y Francisco consiguen destapar el asunto, haciendo a los Ranquíleo suspirar por una justicia que les deje descansar.

Estos personajes y muchos más cubren todos los estratos sociales e institucionales: la clase alta acomodada, el pueblo, los militares, la Iglesia. A través de ellos se nos muestran las diferentes idiosincrasias, las costumbres, creencias y prioridades de unos y otros. Un estupendo retrato de una sociedad que no nos es tan lejana, con la que podemos fácilmente identificarnos de una u otra manera.

La inevitable historia de amor entre Irene y Francisco se entrelaza con la investigación periodística de una fosa de desaparecidos que afecta a los Ranquíleo, que pronto pone a la pareja en el punto de mira de las autoridades. Ambas tramas se van entrelazando, pero siempre con la historia amorosa como la principal, sin un equilibro bien conseguido. Para los que no son especialmente fans del romántico, se les puede hacer algo incómoda.

El tono de la novela es inesperadamente seco y conciso, sin asomo del característico realismo mágico de la autora chilena. Esto provoca que la historia se palpe más verosímil, doliendo más cuando se vuelve trágica, lo que hace lamentar que la trama de la investigación tenga menos importancia de la que desearía. Asimismo, quizás al tratarse de una novela todavía primeriza, peca de tener un desarrollo ingenuo, los buenos son buenos, los malos muy malos y, por ello, el bien triunfará. A pesar del peligro que corren los protagonistas, todo sale de manera excesivamente casual para conseguir el happy ending que sabemos que ocurrirá. No encontramos ningún tipo de grises, permitiéndose redenciones muy gratuitas para la mayoría de los antagonistas.

Por otro lado, me hace mucha gracia encontrar las pedradas feministas que Allende deja caer (siempre) aquí y allá en sus novelas. La historia no va de eso, pero siempre declara la incomodidad de ser una mujer en el Chile de 1970 u otras quejas similares (y totalmente fundadas).

De amor y de sombra es una novela-testimonio de una época que adolece de ser corta y predecible. Además, dedica más tiempo del que me gustaría a la inevitable historia de amor del que me gustaría. La gracia de la autora consigue que no se haga pesada, captando bien la atmósfera de la época, que no debemos olvidar. Se trata, claramente, de una novela menor dentro de su dilatada obra, que probablemente sólo debería interesar a los completistas. Sin embargo, se trata también de un libro emotivo bien disfrutable por sí mismo.

Nota: 5
Nota goodreads: 3.97/5


martes, 5 de marzo de 2019

El reino del dragón de oro (Isabel Allende)


Después de la gigantesca (en todos los sentidos) Montaña mágica, me apetecía ponerme con algo ligero. En ese sentido, se me aparece la CLO con una propuesta que viene que ni pintada (gracias Idéafix) con una recomendación fácil y agradable de la autora que más estoy leyendo en los últimos años.

Título: El Reino del Dragón de Oro
Autor: Isabel Allende
“La estatua del Dragón de Oro permanece oculta en un reino pequeño y misterioso, enclavado en la cordillera del Himalaya. Y según cuenta la leyenda, este magnífico objeto, un poderoso instrumento de adivinación incrustado de piedras preciosas, preserva la paz en estas tierras. Una paz que ahora, por la codicia en el alma de los hombres, puede verse perturbada.”

No tenía ni idea, pero este libro resulta ser la segunda parte de una trilogía de aventuras juveniles que empieza con La ciudad de las bestias. Que nadie se asuste, pues en diez paginitas nos ponemos al día y ya saltamos a la acción. Todo sucede realmente rápido, no sé si será por venir de dónde vengo, pero me ha parecido una historia de lo más simple. Ha desaparecido sin enterarme en tres tardes tontas.

El reino del dragón de oro es una novelita de aventuras juveniles a la antigua usanza. Los buenos son muy buenos y les pasan cosas buenas, mientras que los malos son muy malos a los que les pasan cosas malas. Parece mentira que un libro que apenas tiene quince años sea tan diferente a las novelas de aventuras juveniles (Young adult) fantásticas que están tan de boga en estos días. Con un deje muy a lo Joven Indiana Jones, nos planta a unos adolescentes haciendo el saltimbanqui de aquí y allá, deteniendo una conspiración para dar un golpe de estado y causar una matanza. Hay unos toquecitos sobrenaturales que le dan un extra de gracia a la historia, que se complementa con acción con el punto de tensión para ser emocionante, sin dejar de ser para todos los públicos.

Los protagonistas son el neoyorquino Alexander y la indígena centroamericana Nadia. A pesar de sus diferencias culturales, están cortados por el mismo patrón: alegres, vivarachos, ávidos de aventuras… Un toquecito exótico en cada uno para diferenciarlos y poco más. Tampoco es que se hagan pesados, pero se me hace raro encontrarme con unos personajes tan clónicos.

Por parte oriental tenemos al Príncipe Dil Bahadur, que mezcla la dignidad de su cargo, con poderes místicos prestos a alegrar el día, un poco de rebeldía juvenil y cierta tendencia a meter la pata. Hasta cierto punto, me recuerda mucho al personaje de Aang de Avatar: la leyenda de Aang.

Como tiene que haber un adulto por ahí para que les cosas no queden más raras de lo debido, tenemos a la arqueóloga Kate Cold que, aparte de tener una lengua bien puñetera, no hace nada más en todo el libro que poner un poco de cordura y centrar las cosas cuando se salen demasiado de madre.

Acostumbrado a sus libros de historia románticas tremebundas que duran más que una vida, repletos de giros del destino y sucesos apoteósicos, sorprende encontrar un libro tan delgado y simple. Se sitúa la acción, un nudo, problemas, algo de acción y de saltitos aquí y allá y desenlace. Pim pam. Esto se traduce en unos personajes más planos de lo habitual y uno de los romances más esperpénticos e instantáneos que recuerdo haber leído. Es el destino Y PUNTO, no hay otra explicación.

Por otro lado, la acción se sitúa en un planeta ficticio que mezcla detalles del Tíbet y de Bhutan, que deberíamos reconocer como verosímil, pero entre el realismo mágico de Allende y las capacidades sobrenaturales de los monjes de la montaña (curiosamente convenientes para la trama), parece que estemos en un mundo realmente fantástico. Me gusta el exotismo que Allende consigue imbuir en la ambientación, siendo el factor más logrado de la novela.


Lo más curioso es que los personajes parecen aprender y desaprender idiomas a velocidad de vértigo, pues se supone que Nadia sólo habla español, Alexander inglés e español y el príncipe chapurrea inglés aparte de su idioma nativo. Sin embargo, tan pronto son capaces de entenderse a la perfección como ven imposibilitado cualquier tipo de comunicación, según el momento en que se hallen…

Igual para mis gustos actuales le pido algo más de chicha y complejidad a mis lecturas, pero en este preciso momento me ha venido bien algo así de suavecito. Al final, se convierte en una historia interesante pare leer en un par de tardes. El estilo de Allende permite devorar páginas como nada. Especialmente, cuando la acción, la aventura y la emoción están en su punto. Un librito de aventuras para todos los públicos con un toque añejo que me recuerda a los libros que leía de pequeño.

Nota: 6
Nota goodreads: 3.84/5

sábado, 2 de febrero de 2019

Retrato en sepia (Isabel Allende)


Desde la CLO (gracias Alies86) me mandan a leer uno de los libros que tengo pendientes de la Cesta’13 (ya van quedando menos, jeje). Como no puede ser de otra manera (van a 3-4 al año), otro libro de Isabel Allende, ¡que no falte el vicio!

Título: Retrato en sepia
Autor: Isabel Allende
“Narrada en la voz de una joven mujer, ésta es una magnífica novela histórica, situada a finales del siglo XIX en Chile, y una portentosa saga familiar en la que reencontramos algunos personajes de Hija de la fortuna y La casa de los espíritus, novelas cumbres en la obra de Isabel Allende. El tema principal es la memoria y los secretos de familia. La protagonista, Aurora del Valle, sufre un trauma brutal que determina su carácter y borra de su mente los primeros cinco años de su vida. Criada por su ambiciosa abuela, Paulina del Valle, crece en un ambiente privilegiado, libre de muchas de las limitaciones que oprimen a las mujeres de su época, pero atormentada por horribles pesadillas. Cuando debe afrontar la traición del hombre que ama y la soledad, decide explorar el misterio de su pasado. Una obra de extraordinaria dimensión humana que leva la narrativa de la autora a cotas de perfección literaria.”

No podéis imaginar mi sorpresa cuando me enteré de que este libro juntaba (a su modo), los clanes familiares de La hija de la fortuna y de Lacasa de los espíritus. Dos libros que disfruté mucho en mi adolescencia que, quizás, debería revisitar en algún momento. Retrato en Sepia cubre el gap de años que hay entre las dos novelas, entrelazando ambos trasfondos para delicia de los que disfrutamos con las dos novelas previas. Así pues, sirve de vehículo para generar una trilogía de libros, sin que por ello dejen de funcionar como stand alone.

El personaje principal sobre el que se articula toda la acción es la joven Aurora del Valle, una chiquilla inquieta que tiene la suerte de criarse en una familia relativamente acomodada, en el San Francisco de finales del XIX. Su ansia de aprender se combina con sus ganas de vivir una gran aventura amorosa, pero queda lastrada por un trauma del que no conoceremos su causa hasta bien entrada la novela. Este enigma es uno de los principales motores del libro y hacen de Aurora un personaje interesante.

Sin embargo, mi personaje favorito es la imponente matriarca de la familia, Paulina del Valle. Es una auténtica Big Mamma que ha conseguido vivir como le ha dado la gana, derribando cualquier barrera que la vida le ha impuesto. Su último sueño se hace realidad cuando acoge bajo su manto a su sobrina Aurora, a la que cuida y protege como una hija, guiando su vida para conseguir la máxima felicidad. Es un auténtico carácter que se hace querer a pesar de su arrogancia y coquetería, con un deje feminista inconsciente (el feminismo como tal todavía no se ha inventado) para su vida, pues es claramente consciente de que ningún hombre va a determinar qué debe hacer ella con su vida. Me resulta especialmente curioso que esa mentalidad cuadre (y lo hace) con el esfuerzo que realiza para convertir a Aurora en una casadera deseable a la que incluso hace desfilar en busca de candidatos, pues considera que lo mejor para su ahijada es conseguir un buen partido que le permita tener “un cuarto propio” para sus inquietudes, aspecto harto difícil en la sociedad de finales del XIX. Con el tiempo su familia se une tangencialmente con los Del Valle de La casa de los espíritus, de los que Paulina es una antecesora que se recuerda con cariño.

Los fans de Hija de la fortuna no quedarán defraudados cuando vean aparecer tanto a Eliza Sommers como a Tao Chi’en, abnegados héroes de la novela previa. Gracias a los conocimientos médicos de este último, la ahora madura pareja sobrevive en el Chinatown de San Francisco, dónde se mezcla su reputación de curandero con las miradas de desaprobación que provoca la presencia de Eliza en el barrio. Evidentemente, el racismo de la sociedad  se traduce en un tratamiento similar en las zonas de mayoría blanca, lo que hace difícil la vida de esta pareja mestiza.  Los diferentes sucesos impiden que puedan cuidar de su nieta Aurora del Valle, lo que acaba provocando que ésta acabe bajo la férrea tutela de Paulina.

En sí, el libro está dividido en tres partes muy diferenciadas, casi como tres mini-novelitas que tienen la casualidad de estar protagonizadas por los mismos personajes. El dulce savoir-faire de Allende está bien presente, imbrincando la novela con la historia de Chile o San Francisco. Me encanta el tratamiento que se da a las historias más grandes que la vida que suele realizar, mostrándonos los sueños y las pasiones de los protagonistas, contadas a través de la memoria, después de pasar por el filtro de la nostalgia, todo con el objetivo de encontrar lo que constituye la felicidad. Siempre de fondo está el tema de los derechos de las mujeres, presente en todo momento sin que la novela vaya de ello en ningún momento. La prosa de Allende no deja de encantarme, especialmente sus descripciones repletas de detalles sensoriales, pues parece que podemos oler la brisa del mar, sentir la calidad de los tejidos delicados, sufrir el calor tropical, oír la cacofonía de un bullicioso mercada, y probar las hierbas o especias de la cocina china o chilena.

El conjunto de la trama de Retrato en Sepia empieza cuando Aurora tiene cinco años, y Eliza Sommers, viuda reciente, la entrega a Paulina del Valle para que la críe. Paulina acepta extasiada el tener una pequeña a la que mimar, accediendo con la condición de que Eliza no intente contactar con la pequeña. Al poco tiempo, algo ocurre con Aurora y los Del Valle marchan a Santiago de Chile para superar el trauma que ha provocado un casi total borrado de las memorias de Aurora.

Paulina malcría más que cría a Aurora, concediéndole todos los caprichos, rodeándola de inquietudes culturales sin fin, atendida por profesores particulares sin contacto con la escuela. A los trece años entra como aprendiz de un fotógrafo profesional, al que rápidamente sobrepasa. Una vez Aurora se acerca a la edad casadera, Paulina entiende que tanto amor por la fotografía puede dañar sus perspectivas matrimoniales, por lo que la embarca en un viaje de dos años a través de Europa, con el doble objetivo de mejorar la salud de Paulina y encontrar un buen partido para Aurora.

La tercera parte focaliza en el matrimonio de Aurora con Diego Domínguez, con todas las vicisitudes que ello implica. De fondo, nos sitúa como Paulina instala a Severo y Nívea del Valle en una empresa vinícola poco antes de morir, justo como los encontramos en La casa de los espíritus. Finalmente, como suele ser habitual en Allende, tenemos un giro final que provee de un momento de revelación y explica todos los secretos que permanecían ocultos hasta ahora.

La característica más distintiva de la obra se halla en el amor de Aurora por la fotografía, que no abandona en ningún momento del libro. A través de él, Allende se permite retratar el mundo que rodea a los protagonsitas y profundizar en las dificultades de una sociedad que cambia continuamente pero que siempre mantiene a las mismas personas sufriendo. Allende realiza un gran esfuerzo para transmitirnos todo lo que significa cada foto, yendo más allá de los “retratos en sepia” de las vidas que Aurora fotografía, un detalle muy logrado.

Una vez leído, el lío con las familias puede ser considerable, especialmente si no acabas tener frescos los libros que rodean a Retrato en sepia. Echo de menos no haber tenido un árbol genealógico con el que guiarme.

Al final, se trata de un libro canónico de Allende: la historia vibrante de una dinastía familiar como bien sabe hacer esta autora. Su identidad de libro entre historias le quita consistencia por sí mismo, perdiendo argumento en favor de añadir trasfondo a las novelas precedentes, lo que fácilmente sabe a poco. A pesar de ser predecible es agradable de leer, pero no deja de ser un libro del que dices “está bien, y ya”. Puede interesar a completistas de la autora, o a gente que quiera saber más de las familias que habitan los libros más importantes que la rodean.

Nota: 6
Nota goodreads: 3.94

jueves, 18 de febrero de 2016

La isla bajo el mar (Isabel Allende)



El último DPM del año me acerca de nuevo a Isabel Allende, de la que he descubierto que leo sus libros con agrado. ¡A ver qué curiosidades, magias extrañas y mujeres con pelo verde me iba a encontrar en este libro! Además es el libro 67 de la Cesta'2013, con lo qeu adelanto su lectura "un poquito".

Título: La isla bajo el mar
Autor: Isabel Allende

“Para ser una esclava en el Saint-Domingue de finales de siglo XVIII, Zarité había tenido buena estrella: a los nueve años fue vendida a Toulouse Valmorain, un rico terrateniente, pero no conoció ni el agotamiento de las plantaciones de caña ni la asfixia y el sufrimiento de los trapiches, porque siempre fue una esclava doméstica.
Su bondad natural, fortaleza de espíritu y honradez le permitieron compartir los secretos y la espiritualidad que ayudaban a sobrevivir a los suyos, los esclavos, y conocer las miserias de los amos, los blancos.
Zarité se convirtió en el centro de un microcosmos que era un reflejo del mundo de la colonia: el amo Valmorain, su frágil esposa española y su sensible hijo Maurice; el sabio Parmentier; el militar Relais y la cortesana mulata Violette; Tante Rose, la curandera; Gambo, el apuesto esclavo rebelde… y otros personajes de una cruel conflagración que acabaría arrasando su tierra y lanzándolos lejos de ella.
Al ser llevada por su amo a Nueva Orleans, Zarité inició una nueva etapa en la que alcanzaría su mayor aspiración: la libertad. Más allá del dolor y del amor, de la sumisión y la independencia, de sus deseos y los que le habían impuesto a lo largo de su vida, Zarité podía contemplar su existencia con serenidad y concluir que había tenido buena estrella.”

Pues la verdad, ni una. Jeje. Es el primer libro que no busca el realismo mágico que leo de Allende. No me lo esperaba. 

En cuanto a concepto, el libro recuerda a las historias “más grandes que una vida” de la época victoriana. Los avatares y desventuras de almas abnegadas que a base de esfuerzo y tesón luchan por seguir adelante en un mundo cambiante, lleno de peligros y adversidades. La variante es que esta vez el David Copperfield o el Oliver Twist de turno ha nacido siendo mujer y negra en Haití durante la época colonial. 

El libro no cuenta más (y no cuenta menos) que los problemas del día a día de un grupo de personas de la época siguiendo el eje de unos protagonistas cuyas tramas van y vienen, rodeados de otros personajes con los que se van encontrando y separando a lo largo de los años. Casi como un culebrón de calidad, pues una vez que conoces a todos y la historia se ha presentado, se desliza agradablemente y no puedes sino disfrutar de los avatares de una gente que rápidamente se hace un huequecito en tu corazón. 

Ahí reside el mayor valor de La isla bajo el mar: Sus personajes principales destilan vida. Desde el primer momento podemos notarlos como cercanos y realistas. Se hace fácil identificarse con sus problemas y sueños, con lo que empatizamos en un momento y pasamos páginas y páginas con unos personajes que se nos hacen entrañables. Tienen emociones y motivaciones genuinas, reconocibles a pesar de no ser de nuestro tiempo ni nuestra cultura. Por ello, sus acciones, aunque a veces imprudentes, parecen lógicas y, hasta cierto punto, inevitables.

La maestra de ceremonias es Zarité (Teté), una esclava doméstica/concubina que a base de decisión, constancia y un poco de fortuna acaba teniendo algo parecido a una vida feliz (te lo dice ella misma nada más empezar :p). Como personaje, es el clásico abnegado sufridor de las novelas a las que hace homenaje. Siempre con una sonrisa y unas palabras de ánimo para los demás, perfectamente dispuesta a echar una mano a quién lo necesita mientras lucha por sus sueños. 

Su dueño es el noble Valmorain, un francés terrateniente que intenta mantener una postura más ética con sus esclavos. No los maltrata gratuitamente, sino que procura cuidarlos y tratarlos bien, tal como se comportaría un buen amo para con su Belleza Negra en vez de comportarse como un tirano cruel. Evidentemente, el concepto de libertad para un esclavo es un concepto que le es tan ajeno que no podemos sino odiarle “un poquito”. Responde al perfil del pomposo rico que ha vivido toda la vida siendo servido, cuyas rabietas de noble en peligro se mezclan con arrebatos de éticos en los que siente que debe hacer “lo correcto”. Su veleidosa personalidad sufre una evolución muy bien lograda a lo largo de las páginas y el paso de los tiempos, con lo que acaba dando un poco de lástima y todo.

Ambos son los personajes más presentes y son sus desventuras las que seguimos a lo largo de páginas y páginas. De entre los secundarios destacan los médicos, siempre presentes en una tierra de enfermedad y locura: Parmentier, exiliado del reino/república francesa por tener un enfoque demasiado moderno de la medicina, está claramente influenciado por la ilustración. Cree en el triunfo de la razón y el sentido común, y es de los pocos abolicionistas de la isla. No obstante, su timidez y la poca apertura de las mentes pensantes locales le impiden siquiera tratar de actuar para hacer mejor la vida de los esclavos; y luego Tante Rose, una curandera esclava que esconde mil secretos entre hierbas y rituales, mucho más efectivos que la “sofisticada” medicina blanca de la época (auténticos matasanos), una Big Mama llena de carácter que no se amilana ante nada ni nadie, que ha llegado a ser la santera más importante de la isla y, por tanto, una de las personas con más influencia entre los esclavos. Todo un carácter que se hace querer.
 
El resto de personajes van deambulando alrededor de aquellos sobre los que pivota la historia, pero ya son mucho menos importantes y están menos desarrollados. Curiosamente, la historia no llega a tener un malvado como tal, sino simplemente gente de la época, con sus taras y su esperable forma de pensar. Ello hace que se opongan a los intereses de los protagonistas, sin destacar precisamente por sus cualidades humanitarias, pero sin llegar a poseer la mezquindad de un Uriah Heep, por ejemplo.

En el fondo, La isla bajo el mar es un buen ejemplo de ficción histórica, acercándose a la problemática de la esclavitud, relatando su vida cotidiana y los problemas con los negreros, en un primer momento en el Santo Domingo post-revolución francesa y posteriormente en la Nueva Orleans colonial. Esta orientación francesa es bastante inusual, pues lo habitual es ver estas cosas tratadas desde una órbita anglosajona. Allende consigue captar admirablemente el ambiente enrarecido de la época, donde ya se huele la posibilidad –y la necesidad- de cambio. Mientras que la corrupta sociedad se resiste con todas sus fuerzas a perder los privilegios, los esclavos empiezan a oler la sensación de libertad y se lanzan a por ella con todas sus fuerzas. 

Todo ello se entrelaza agradablemente con el característico estilo de Isabel Allende, capaz de trasladar a negro sobre blanco el ambiente del mar, el batiburrillo de costumbres de la colonia, la sofisticación de la sociedad, la desesperación de los oprimidos, las ganas de vida de los esclavos y el reflejo velado de los abusos de unos y otros, disimulados pero siempre presentes. La extraña magia que impregnan todos sus libros, aunque esta novela abandone completamente el realismo mágico para zambullirse en la ficción histórica con decisión.

Esta decisión se refleja en un esfuerzo consciente para detallarnos concienzudamente la realidad sociopolítica de un Santo Domingo pre-revoluciones esclavistas. La voz de Zarité se convierte en apenas un susurro donde sus vivencias se eclipsan ante la forja de la nación negra independiente. Durante más de 200 páginas asistimos como los personajes, cuál fichas de un juego, se sitúan en la casilla de salida, prestos a empezar a vivir, pero supeditados a los hechos que la realidad depara para sus semejantes. La cantidad de datos llega a ser abrumadora en algunos capítulos. Sin embargo, pasado este denso inicio, una vez Zarité ya es una briosa joven, la historia se lanza y continúa con más de 400 páginas de pura vida. Las tramas empiezan de verdad y las vivencias se suceden con brío, entrelazándose hábilmente al final para dar un cierre correcto y satisfactorio.

Puro Allende, sin atisbos de magia y una historia algo más triste de lo habitual. Debo reconocer que he disfrutado mucho leyéndolo. Tal como ocurre en estas historias “más grandes que la vida”, fácilmente te puedes sentir parte de algo aún mayor mientras experimentas las vicisitudes de un par de generaciones de personajes. Sin embargo, la calma que se toma la autora antes de empezar realmente puede llegar a cansar. Son casi 200 páginas en las que, realmente, no pasa nada. Por ello dudo si recomendarlo o no. Vosotros decidís.

Nota: 7
Nota goodreads: 3.98/5