sábado, 13 de marzo de 2021

1917

Una de las películas más interesanes del año pasado proponía un acercamiento diferente a las películas bélicas. Vendiendo la idea de ofrecer una experiencia más que una película argumental, teníamos un ejercicio de virtuosismo tan gratuito como bien resuelto, presto a proporcionar dos horas bien entretenidas.


La intriga de 1917 es simple. Los soldados británicos Shoefield (George McKay) y Blake (Dean-Charles Chapman) son los pringados a los que el General Erinore (Colin Firth) confía una misión casi imposible, consistente en una incursión aparentemente suicida sobre el territorio conquistado por los alemanes en Francia. El objetivo es el de entregar directamente una orden que impedirá la muerte casi segura de un regimiento de 1600 hombres que están a punto de caer en una trama mortal tendida por el enemigo. Como extra tenemos el detalle de que el regimiento está comandado por el propio hermano de Blake. Tenemos pues, una idea clásica, pero con una ejecución tan virtuosa que convierte a 1917 en un film, objetivamente, fuera de lo común.

El director Sam Mendes –al que siempre apreciaremos por American Beauty o Camino a la perdición – se apoya aquí sobre la gran habilidad del director de fotografía Roger Deakins –cómplice habitual de los hermanos Coen- para proporcionar al espectador la experiencia asfixiante que esta empresa implica, rodando en un único plano continuo las desventuras de este par de soldados que quieren estar en cualquier otro sitio antes que en el campo de batalla. Cualquier cinéfilo avezado comprobará rápidamente que Mendes hace (un poquito) de trampas y no presenta 2h del tirón. Los cortes existen, rodándose a base de planos de unos diez minutos, pero hay que reconocer que está tan bien hecho que no rompe la magia en ningún momento. Se trata de un proyecto ambicioso, ya que el escenario varía mucho a lo largo del film, pasando de trincheras pobladas de cientos de soldados británicos a campos repletos de cadáveres y restos de animales, pasando por una granja de vacas, el peligroso vadeo de un río, un par de incursiones bajo tierra e incluso un convoy que va de camino a ninguna parte. Incluso un par de aviones alemanes sobrevuelan el campo de operaciones de cuando en cuando. Simplemente imaginar el nivel de coordinación para poder rodar en continuo hace pensar en una planificación extrema, un verdadero plan de batalla.



Muchos dirán que el juego vale la pena, ya que la puesta en escena es completamente inmersiva. El trabajo de decoración, vestuario, entrelazado de situaciones… todo da la impresión de que las cosas ocurren por accidente, sin estar meticulosamente previsto. Además, este continuismo aporta una energía tremenda, una sensación de urgencia que te pega muy bien al asiento.

¿Qué necesidad había de ello? Ninguna. Las imágenes reflejan el miedo, el sueño, el barro y la miseria de los soldados. Se hace muy fácil entrar dentro de la acción y sufrir con los personajes a través de las imágenes, pero eso es algo que otros directores han hecho dentro del mismo género (Salvar al Soldado Ryan o La delgada línea roja, por ejemplo). Sin embargo, no podemos evitar admirar el buen resultado obtenido esta sacada de chorra tan efectiva como innecesaria. Desde que Iñárritu demostrara en Birdman que se podía hacer “fácilmente”, parece haberse convertido en una moda rodar de esta manera simplemente “porque puedo hacerlo”.



Pero 1917 no se limita a ser un film exclusivamente técnico. Gracias a su generoso elenco actoral, encontramos a  la flor y nata de los actores británicos rodeando a unos estupendos McKay y Chapman. Así pues, aparece por ahí Colin Firth, Mark Strong, Benedict Cumberbatch o Richard Madded. Es curioso comprobar cómo sólo aparecen en los momentos en que la acción se detiene y los protagonistas pueden sentirse seguros por un rato, como si estuviéramos hablando del check-point de un videojuego.

Este prodigio técnico se vio reflejado en los Oscars, donde era la típica película nominada a todo lo técnico (Película, director, guión original, banda sonora, diseño de producción, maquillaje, efectos sonoros, fotografía, sonido y efectos especiales) y que acaba siendo casi la que más se lleva a partir de los premios secundarios conseguidos a base de músculo (en este caso, fotografía, sonido y efectos especiales, casi nada).

Otra cosa que me hace gracia es la falta de “soldados enemigos”. Tal como ocurría en Dunkerke, el enemigo son unos disparos aquí, una amenaza allá. Apenas llegas a verlos, suponiendo muertes más o menos aleatorias por el escenario, pero siempre con una ominosa sensación de estar por todas partes. Y además, cuando los ves y te apiadas de los pobres prusianos, la que te lían (estupenda toda la escena del avión, un alarde técnico espectacular).



Pero es que 1917 es el motivo por el que mola ir al cine desde hace siglo y pico: la inmersión, el sentirse otro en otro lugar. Y sobretodo, el truco de magia. El tener el pantallote gigantesco para dar un espectáculo a lo grande. Me mantuvo en tensión en sus más de dos horas de duración, con el estómago hecho un nudo.  También fue la última película que pude ver en el cine pre-confinamiento y aunque sólo sea por eso, le tengo más cariño. Una boutade técnica a la que se le ha dado un argumento que sirve para que también te interese que le ocurre a los que corretean por la pantalla.

 

Nota: 9

Nota filmaffinity: 7.8 

miércoles, 10 de marzo de 2021

La fiesta de Ralph (Lisa Jewell)

Avanzo dentro de los libros de la Cesta’13, llegando al número 44 de la misma, lo que parece una propuesta de enredos amorosos y otras veleidades románticas.

Título: La fiesta de Ralph

Autor: Lise Jewell

Título original: Ralph’s Party

Traducción: Mº Antonia Menini

“Ralph y Smith llevan varios años compartiendo piso en los bajos del número 31 de Almanac Road, una típica casa londinense de tres plantas. Cuando se ponen a buscar una tercera persona para romper la monotonía, entre en escena Jem, guapa, romántica y soñadora, que rápidamente se convence de que uno de los dos nuevos compañeros está destinado a ser su media naranja. Todo podría quedar en el típico triángulo amoroso si no fuera porque Smith ha perdido la cabeza por Cheri, la fría y ambiciosa chica del ático, que a su vez le tira los tejos a Karl, el del segundo, que supuestamente vive en feliz matrimonio con Siobhan.

Y por si el asunto no estuviera ya lo bastante enredado, Siobhan se propone recuperar su maltrecha autoestima teniendo una aventura con el primer sujeto apetecible que se ponga a tiro. Así las cosas, a Ralph no se le ocurre nada mejor que organizar una fiesta en su casa e invitar a todos sus vecinos.”

No cogí el libro con especiales ganas, el argumento de la contraportada no auguraba nada especialmente interesante, pues las historias gratuitamente románticas no me agradan demasiado. Sin embargo, a medida que avanzaba la lectura y después de que un par de chistes entraran especialmente bien, me invadió la extraña sensación de estar leyendo un capítulo de Friends. Los dos protagonistas bien podrían formar parte de la extraña troupe del Central Perk, es otra ciudad pero la época es la misma, los chistes (muchos) son parecidos…


La fiesta de Ralph es una novela ligera de amoríos, pero en vez de situaciones imposibles, tragedias o escenas tórridas, se lanza sin complejos dentro de la comedia. Cae dentro del subgénero actualmente llamado Chick Lit, que todavía no se había acuñado cuando salió el libro (que es de los 90, oju). Tiene la ventaja de leerse con una facilidad pasmosa, convirtiéndose en una lectura ligerísima para desconectar entre otros libros más pesados. La trama requiere cero esfuerzos para seguirla y sabe plantear situaciones en las que, más o menos, todos nos habremos encontrado en algún momento. Además, sabe durar lo que tiene que durar, ni se apresura ni le sobra espacio.

Como el triángulo amoroso típico es poca cosa, nos propone un doble triángulo más o menos relacionado, utilizando el edificio como modo de articular que personajes tan variopintos se conozcan. Encontramos relaciones bastante desastradas consistentes en traiciones, amor no correspondido, lealtad, intimidad, lecciones aprendidas y maduraciones desesperadas. No hay héroes románticos aquí, sino personajes del día a día, muy humanos, que bastante tienen que hacer con sus complicadas vidas.



Todos los personajes tienen aspectos con los que nos pueden caer simpáticos, pero también unos defectos bien gordotes, actuando en muchos casos egoísticamente, pero sin tampoco una gran maldad. Se hacen querer a su modo, especialmente porque Jewell te permite entrar en sus mentes y entender el porqué de sus acciones. Por ello, sin llegar a justificarles, te permite comprenderles (además de soltar un enorme tooooonto un buen puñado de veces).

Los protagonistas son Ralph y Smith, una suerte de Joey y Chedler cambiados de nombre. Uno es algo atolondrado, inocentón, con facilidad para ligar pero incapaz de enamorarse, mientras que el otro es un pijín algo cretino, siempre dispuesto a dejar claro que tiene razón, etc etc. Cuando llega Jem, ésta es una suerte de Rachel, está buscando chico (para pasarlo bien), tiene la cabeza llena de pájaros, pero a la hora de la verdad quiere algo de tranquilidad. En el piso de arriba está la pareja estable de Karl y Siobhan, que respectivamente recuerdan mucho a Ross y Monica, primero tenemos a un cretino egocéntrico lleno de inseguridades que se muestra incapaz de aclararse sobre qué quiere con su vida, que tan pronto reniega de lo que tiene como se arrepiente de perderlo (una y otra vez), mientras que luego tenemos a una chica algo regordeta, llena de manías que no se siente merecedora de ningún tipo de cariño, especialmente por parte de un marido que no hace el más mínimo esfuerzo por tenerla contenta. Finalmente, en el ático está Cheri, que debería ser Phoebe, pero no es éste el caso, si acaso su hermana gemela. Aquí si tenemos al único personaje que no tiene nada d epositivo. Tenemos a una mujer algo más entrada en años, repleta de belleza y de clase, que considera al resto de habitantes del edificio unos paletos de los que mofarse y se entretiene manteniendo caliente a todo el ganado masculino posible.


Los dos triángulos son obvios: Jem está entre Ralph y Smith, incapaz de decidirse entre un intelectual algo pelmazo que le da seguridad económica y un despistado artista que la divierte pero que no tiene un chavo. Dentro de todos los lugares comunes por donde transita la trama, la autora consigue hacer a la protagonista simpática, con lo que no resulta cargante en ningún momento. Algo más indigesto es el triángulo entre Siobhan, Karl y Cheri, en un ejemplo muy claro de cómo la incapacidad de comunicarse provoca los conflictos y que los personajes se comporten como estúpidos por necesidades de la trama. Uno no sabe transmitir que sigue queriendo a su mujer, y se intenta ligar a la vecina que le hace ojitos por pura tontería (te dan ganas de decir “imbécil” nosecuantas veces); ella no sabe valorarse a si misma y es incapaz de transmitir su necesidad de mimos porque, bueno, porque no. Y bueno, Cheri vive su vida y la enredan en todos los follones.

El happy ending obligado es un poco más retorcido de lo esperado, pero remata todas las tramas satisfactoriamente, sin forzar la situación en exceso. Entre tanta tontería, al final los más decentes reciben su premio y los tontos su castigo, dejando una pequeña sensación reconfortante, al recordarte de que, aunque seas un desastre, a veces pasan cosas buenas.


Pero bueno, el libro se lee con facilidad, entre su trama ligerita, las tonterías de sus personajes y los chascarrillos que van cayendo aquí. No necesita mucha concentración, entrando sin problemas en viajes de metro o similares. Lo que más choca es que se trata de un libro muy noventero. Hijo de su época (el libro ya tiene casi treinta años), tiene por objetivo a los jóvenes de aquel momento. Se nota mucho en la idiosincrasia de los personajes, muy alejados de la gente de veintimuchos de hoy en día, tanto en aficiones como en reacciones. Es fácil reconocer muchas actitudes que hoy en día serían bastante cuestionables y estoy seguro que de si se escribiera ahora, sería muy diferente. Reconozco haberme puesto nostálgico al reconocer modas, canciones y actitudes de cuando era pequeño y la vida era más fácil. También me encanta que Jewell plaga la obra de marcas y referencias de moda en la época, muchas de ellas inexistentes hoy día (¡cómo pasa el tiempo!).

Investigando un poco sobre la obra, parece haber una continuación, ubicada cuando los personajes tienen cerca de los cuarenta y les vuelven a pasar cosas. Salió como parte del 15º aniversario de este libro, un poco a modo de homenaje. Quizás puede interesar a alguno, pero al menos yo no tengo especiales ganas de leer.

Al final, lo que tenemos es una comedia ligerita de amoríos de los noventa. Entra con una facilidad pasmosa y se olvida con la misma dificultad. Funciona para desconectar de propuestas o de algún viaje en que no tengas ganas de pensar mucho. Un librito que, sin ser gran cosa, te deja un regustillo agradable al finalizar.

 

Nota: 5

Nota goodreads: 3.6/5 

viernes, 5 de marzo de 2021

Nausicaä del Valle del Viento

A pesar de que ya había visto esta película hacía unos años, va y me regalan el DVD con un chillón de extras y otras cositas (si, todavía hay quien hace estas cosas, cosa que yo agradezco mucho). Una buena excusa para pegarle un repasito, ¿no?

La película nos sitúa en un mundo en el que se lleva años (muchos) en guerra contra una civilización de insectos que ha convertido el lugar en un sitio inhóspito y semi-deshabitado, claramente testigo de una civilización en la que se ha perdido mucho. Todavía queda un resquicio de esperanza en el Valle del Viento, un lugar recóndito que no ha intentado guerrear en exceso, dónde el sol todavía luce y algo parecido a la paz y tranquilidad todavía se concibe. Esta aparente calma atrae la atención de la potencia militar vecina, quienes, seguros de que esta prosperidad esconde un secreto oscuro, deciden invadir el Valle del Viento para mejorar sus posibilidades ante los insectos. Nausicaa, la princesa de este Valle, parece haber encontrado una alternativa en la que nadie había pensado…

Qué cosa más estupenda. Sorprende que un debut como estudio (Cagliostro es anterior, pero era un encargo, mientras que Nausicaa es producción propia) deja patente una historia con tanta madurez. Con indudables influencias de Mad Max (recientemente aparecida), pero pasado con encanto por el filtro propio, conjuga una historia sencilla, pero llena de intensidad, repleta de belleza e imaginación. Son muchos detalles que no se acostumbran a ver en las propuestas “juveniles” de hoy en día, todos usados con talento: los personajes son tridimensionales, con luces y sombras coherentes; la trama tiene enjundia, con ese poso que sabes que acabará bien, pero que deja claro que la vida tiene dientes y muerde, en la que habrá un precio a pagar; finalmente, el universo encierra la promesa de que hay muchos detalles más que contar, una invitación a sumergirse y dejarse fascinar con todo lo que no se te cuenta.

A pesar de sus años y de cómo ha cambiado el estilo del estudio, Miyazaki provoca que cada escena sea una pequeña obra de arte, inyectando emoción como pocos saben hacerlo: la sensación de paz que acompaña a todos los vuelos, la inquietud de Nausicaa introduciéndose en el Mar de Ácido, la abrumadora desolación que provoca la guerra…

A ello se le añade la versión tan fantástica del steampunk que se nos presenta aquí, tan pronto ultra futurista, como completamente retro, como repleto de detalles de extremo bucolismo, casi pastoril, sin que por ello el conjunto pierda coherencia o se pierda la capacidad de sorprender ante cada nuevo invento que aparece en escena. Toda la imaginería destila talento: las diferencias entre los dos reinos humanos son distintivas y reconocibles, mientras que la inhumanidad del mundo de los insectos y su influencia en el paisaje es todo un desborde de imaginación, extraño e inhóspito, pero no por ello menos verosímil. A veces podrías dedicarte a repasar escena tras escena sin prestar atención a la trama, simplemente fijándote en qué se te muestra en pantalla e imaginando cómo es el resto de la sociedad que no se nos enseña.

Lo más curioso es que todos los temas que siempre han inquietado a Miyazaki ya están aquí: Nausicaa es una fábula ecologista, pero narrada con habilidad para evitar caer en maniqueísmos ni condescendencias. Juega con habilidad para llenar de poesía mística la conservación de la naturaleza, manteniendo una pátina antibelicista que aboga por la comprensión y aceptación del diferente para vivir en harmonía. Finalmente, el hecho de dar un rol fundamental a mujeres, convertidas en personajes tridimensionales, con planes propios, virtudes y defectos, sin que su feminidad (que en ningún momento se ignora) sea el motor del personaje.

En este último detalle estriba otro de los grandes aciertos del film. Tener a un personaje tan carismático como Nausicaa facilita la labor de hacer de la película una obra para el recuerdo. Repasando las fechas, sorprende encontrar un personaje femenino tan bien construido. En 1984 no era precisamente habitual que tuvieran una personalidad tan definida. Le repugna la idea de verse dominada por la ira, pero al mismo tiempo acepta la necesidad de luchar y defenderse, se horroriza al ver las consecuencias del odio, derrochando optimismo sin por ello resultar empalagosa, con una desbordante ansia de aventuras que no implica temeridad insconsciente, y sobretodo, voluntad de conseguir un lugar mejor para todos.

Nausicaa del Valle del Viento es una película que destila optimismo en un mundo decadente. Alecciona con estilo y proporciona diversión, fascinación y moralejas a partes iguales, convirtiéndose en un entretenimiento de primera para todo el que quiera disfrutar. Como suele ocurrirme con las películas de Miyazaki, me gustaría poder ver la película por primera vez de nuevo, sintiéndome hechizado por ese valle peligroso, poblado de bosques tóxicos e insectos gigantes, cuyos secretos sugieren aventuras emocionantes. Una delicia.

 

Nota. 10

Nota filmaffinity: 7.6 

martes, 23 de febrero de 2021

Tú no eres como otras madres (Angelika Schrobsdorff)

La CLO me ha permitido leer muchos libros a los que normalmente no me habría acercado. En sus propuestas me he acercado a propuestas alejadas de los géneros que frecuento y disfruto, permitiéndome descubrir obras interesantes que disfrutar (o no) en mayor o menor medida. Pero ya se acabó y ésta es la última ronda que vamos a tener dentro de Bookcrossing (seguro que acaba volviendo un año de estos). Como siempre, se trata de un libro que no conozco, que en este caso tiene un especial aroma a despedida.

Título: Tú no eres como otras madres

Autor: Angelika Schrobsdorff

Título original: Du bist nicht wie andere Mütter

Traducción : Richard Gross

“La narración de Angelika Schrobsdorff reconstruye la vida real e inconformista de su madre, una mujer nacida en una familia de la burguesía judía de Berlín, liberada de los prejuicios de su tiempo y deseosa de casarse con un artista (y no con el «excelente partido» que le han buscado, un comerciante opulento y maduro). Así, Else vivirá de lleno el nacimiento de un nuevo mundo junto a la culta bohemia berlinesa de los «locos años veinte», un periodo en el que tendrá tres hijos de tres padres diferentes, fiel a las dos promesas que se hizo de joven: vivir la vida con la máxima intensidad y tener un hijo con cada hombre al que amara. Ésta es, por tanto, la historia de una mujer singular y sedienta de independencia, que será arrollada por aquello mismo en lo que se negaba a creer al principio: el presente. Sin embargo, en la dura prueba del exilio, Else encontrará una realidad nueva y reveladora tras una vida que hasta entonces ha estado enteramente dedicada a las fiestas, los viajes y el amor.

Tú no eres como otras madres es un «relato real», como la Suite francesa de Irène Némirovsky, que nos sumerge por completo en una vida extraordinaria y nos hace partícipes de toda su riqueza y exaltación, revelándonos a través de esa existencia toda una época: los conciertos de música clásica y las novelas de Stefan Zweig, los cabarets y la pintura moderna, el nazismo y sus terribles leyes raciales… Así como tantos y tantos personajes que existieron durante ese tiempo de irrepetible pasión y energía, y que pasan por estas páginas fascinantes: soñadores, artistas, agitadores, conspiradores, campesi­nos, espías, criados, intelectuales, falsificadores…”

Otra vez en un tiempo no demasiado largo –estoy pensando en Fugitiva y Reina- tenemos una pseudoautobiografía de la propia autor que, en realidad, va de la vida de su madre. Angelika Schobsdorff fue una artista polifacética: actriz, cantante, guionista y escritoria, siendo conocida principalmente por esto último. Tú no eres como otras madres es quizás su libro más famoso, aprovechando la biografía ¿ficticia? ¿real? de su madre para plasmarnos en negro sobre blanco la vida de una familia judía desde 1920 hasta bien entrados los sesenta.


El libro orbita en torno a la vida de su familia, a modo de una reconstrucción a partir de conversaciones con parientes y conocidos más mayores realizada por una Angelika ya adulta. Así, nos explica con sus retazos de información como fue la vida de su madre, introduciéndose a sí misma como personaje una vez aparece en escena. Funcionando a ratos como crónica de una época, a ratos como reflejo de una vida llena de fuerza y otras veces como una especie de ¿queja? Hacia su madre sobre las razones que han provocado que “Angelika” fuera así y tuviera la vida que tuvo, dejando claro que “tú” no fuiste como las otras madres.

Todo gira, obviamente, en torno a Else, un terremoto de mujer con una fuerza de carácter inusual. Nacida en el seno de una familia judía, ni lo parece ni se comporta como tal, lo que le permite vivir con mayor libertad en una época en que estos lo tenían bastante difícil. Pero aunque la cuestión judía tiene su importancia, el libro trata principalmente sobre la propia Else, describiéndonos a una mujer con una imperiosa necesidad de libertad, de vivir todo lo que la vida le ofrece, dispuesta en todo momento a empezar mil cosas para no acabar ninguna, como un torbellino que revoluciona todo lo que hay a su alrededor, en una muestra de una personalidad tan arrolladora como inconstante. Esto provocará una buena dosis de escándalos, rompiendo tabús por doquier, que se irán volviendo cada vez más incómodos de soportar a medida que los nazis van consiguiendo poder.

Evidentemente, sus tres amores con los que tiene hijos (uno con cada uno) son de vital importancia en la historia. Por un lado, el intelectual Fritz, del que se enamora abrumada por su profunda inteligencia y su capacidad para asombrarla con nuevos aspectos de la vida, disfrutando con él de interminables debates culturales sobre las novelas, películas y las obras de teatro de la época.

Posteriormente, harta de la incapacidad de Fritz de seguir su ritmo de fiestas y desmadres (y porque Fritz es también un sosainas), acaba enamorada de Hans, un hombre más simple, sin otros objetivos en la vida que adorar a Elsa y hacer su vida más agradable. Terriblemente bien plantado, lleno de afable amabilidad y un punto hedonístico muy bien encontrado, llena a Elsa de emoción y placer en una tumultuosa relación llena de pasión.

Con el tiempo, Elsa conoce a Erich, cayendo también enamorada de él. Éste es un adinerado industrial que disfruta de su trabajo, no desando otra cosa que tardes apacibles y una vida relajada, pero fascina a Elsa por su enorme fortuna y la revelación de los privilegios que un bolsillo abultado puede dar. Podría parecer un aprovechado, pero encontramos en él la bonhomía de aquellos que han tenido una vida fácil, incapaz de sentir rencores, aporta a Elsa la tranquilidad que a veces necesita en su vida, ese lugar agradable al que regresar de vez en cuando.

Lo más destacable de esta tumultuosa relación es que los tres están plenamente enamorados de ella y ella adora a los tres, esforzándose todos por tener una relación más o menos cordial entre discusiones, celos y todos los devaneos obvios de una relación tan atípica, que hacen la lectura más interesante. Porque realmente, el libro no va de los amoríos de Elsa, sino de su vida, de sus esfuerzos por ser feliz y vivir, encontrando el consuelo en unos y otros en función de las necesidades del momento. Ella quiere lo mejor para los tres y los tres quieren lo mejor para ella, algo de especial importancia cuando la guerra estalla y las lealtades de todos se ponen en juego.



Pero Angelika no sólo habla de su madre, sus hermanos también son parte de la familia. El mayor de todos es Peter que, a pesar de su aspecto ario, es judío a ojos del Reich, lo que le ocasionará una serie de problemas. Testarudo como su madre, hará todo lo  posible por vivir su vida sin ayuda de su familia, en un desesperado afán por demostrar que es capaz de valerse por sí mismo en un entorno tan hostil. Para dolor de su madre, pronto abrazará la causa judía, sufriendo también cierto rechazo de su gente al no parecer “suficientemente judío”.

Después viene Bettina, la hermana mediana. Como su madre, tiene amor de sobra para dar y, como su madre, desea la felicidad. De mentalidad más práctica y no especialmente brillante, afronta los problemas como vienen, siempre atenta para proteger a una hermana pequeña a la que adora, intentando complicarse la vida lo menos posible.

Finalmente, llega la propia Angelika, que tiene papel dentro de su propia obra. Como su madre, se trata de una niña/joven caprichosa, con un deje de puñetería y cierta bondad intrínseca que los demás no parecen apreciar. Quizás es la que tiene menos personalidad, pues muchas veces se basa en los recuerdos que tiene la Angelika adulta respecto a lo que fue su juventud.



Como buena biografía, el libro se centra en los diversos estadios de la vida de Else. Cada vez que vamos a dar un pequeño salto temporal, Angelika detiene un momento la narración y nos explica cómo ha conseguido la información: a través de cartas conservadas a través de los años, hablando con uno u otro personaje relevante (relatándonos como es su vida “actual”) o a veces se tiene que conformar con recuerdos de terceras personas que narran aquello que le contaron. Y cuando ella es un personaje más, estos interludios se entremezclan con sus recuerdos de infancia, siempre confusos e idealizados. Esto le da un aroma de verosimilitud tan innecesario como interesante, captando nuestra interés para poner atención en aquello que se nos cuenta. Un efecto no tan usual que funciona perfectamente.

Otro truquito literario que realiza la autora es que cuando la propia “Angelika” aparece en la historia, se juega mucho a cambiar de narrador. Schrobsdorff utiliza un narrador omnisciente en tercera persona cuando Angelika es un mero testigo de lo que ocurre (o no estaba allí), pasando a la primera persona cuando ella experimenta o toma parte activa de los hechos. Además, se entremezclan estilos diferentes muy reconocibles cuando Angelika está explicandónos la historia que ha compuesto a base de retazos y cuando se está sumergiendo en sus recuerdos.

Con todos estos truquitos, el estilo del libro se hace raro, pudiendo descolocar a más de uno. A ratos parece un ensayo biográfico, pero en otros momentos se sumerge en las historias “más grandes que la vida”. Además, la explicación no es siempre lineal, dando saltitos adelante y atrás según le interesa, como si hubiera una voluntad de no dejarse nada que le obliga a “repasar apuntes” y dar vueltas y revueltas continuamente.



El libro, con sus abultadas más de 600 páginas, se me ha hecho bastante largo. Hay momentos en que no hay nada más que contar, pero aun así no se avanza en la historia, añadiendo anécdotas intrascendentes y, además, tiene un desenlace agotador. La narración da un último giro inesperado cuando Angelika se hace adulta y sale del nido familiar (quedan unas 100 páginas). Como ella sale de la historia de su madre, deja de conocer qué ocurre, pero eso no impide que la vida siga. Entonces, la única información que se nos suministra proviene de la multitud de epístolas familiares que los miembros de la familia se han ido enviando con los años, narrando a su modo los últimos días de Elsa. Nuestra tarea pasa a ser rellenar los huecos que no se ven entre las cartas para entender qué ocurre o deja de ocurrir. Se trata de un artificio arriesgado y curioso, que seguro puede deleitar a más de uno, pero a mí me pilló ya agotado, con más ganas de acabar el libro que otra cosa y no acabé de disfrutarlo.

Tú no eres como otras madres se presenta novedoso en varios aspectos. Además de todas las acrobacias narrativas para explicar la historia, retrata con acierto el día a día de una familia bajo la atmósfera opresiva del nazismo. Pero esta vez, no son un objetivo claro. Simplemente, son una familia con dinero –sí, orígenes judíos, pero…- que no está alineada con los intereses del Reich. Así que no les revientan la vida, sólo les tocan las narices, quizás no mucho, pero sí lo suficiente para que quede claro que no son bienvenidos y no van a estar cómodos si se quedan.

Realmente, se trata de un libro con ingredientes de sobra para que me gustara. Sin embargo, se me ha hecho bastante pesado, con cierto aroma a ya visto que no he podido evitar en ningún momento. Ahí está quizás mi problema: He leído un par de libros similares recientemente, con una presentación original de una madre inusual, que encima otros han hecho mejor (Fugitiva y Reina, por ejemplo). Por ello creo que se me ha hecho más pesado de lo que debería, con sus novedades menos interesantes.


Quizás si lo hubiera leído en otro momento, me hubiera gustado más. Al final, Tú no eres como otras madres acaba siendo un libro muy bien escrito, como si fuera una novela histórica inusual o una especie de biografía algo fantasiosa. Debería haber sido más interesante, pero acaba aburriendo en muchos momentos. Demasiado largo en su trama, con muchas anécdotas que acaban conduciendo a nada (como la vida misma, la verdad). Seguro que tendrá su público, pero yo no he acabado siéndolo.

Nota: 5

Nota goodreads: 4.00/5

 

  

sábado, 20 de febrero de 2021

Klaus

Me enteré de la existencia de esta película tras su nominación a los Oscar de animación. ¿Una película española nominada en esa categoría? Ante todo, es extraño. Y más cuando el argumento deja claro que se trata de una película Navideña. ¿Qué me estaba perdiendo?

A ver, centrémonos y hablemos del argumento. En un primer momento conocemos a un cartero hijo de papá que, como castigo, es enviado por su padre a la delegación más puñetera de todo el servicio. Éste pueblo, situado en un lugar desolado, de nieves eternas, se ve azotado por la eterna lucha de dos clanes que se llevan a matar desde hace tanto tiempo que ya no recuerdan por qué luchas. Evidentemente, no recibirán con buenos ojos la llegada de un forastero con ganas de tocar las narices. La necesidad provocará que este cartero entre contacto con Klaus, un huraño leñador al que todos temen, que, por estas cosas que pasan, acabará convirtiéndose en el Santa Claus que todos conocemos.

Entonces, ¿esta película cuenta algo nuevo? En el fondo, no, limitándose a ser la enésima revisión de la historia del origen de Santa Claus. Sin embargo, parte desde una óptica inusual, enlazándolo con el papel de los carteros como repartidores de regalos, contando la historia desde fuera y desde dentro a la vez. El desarrollo de la trama está muy bien cuidado, permitiendo que se deslice con habilidad, cogiendo velocidad poco a poco. A ello se le añade un ritmo bien medido, en el que los hechos suceden con brío pero sin apelotonarse, ideal para captar tu atención y que te mantengas interesado en el devenir de la película.


Ahí está una de las claves. El guión está muy bien trazado, con el origen de la mitología navideña perfectamente introducido dentro de la trama, explicando con total naturalidad de donde sale su entrada por las chimeneas o sus renos voladores. Además, no pierde un ápice de diversión cuando se aleja de los temas navideños, con personajes tridimensionales bien construidos y, sobretodo, con diálogos ingeniosos, más afilados de lo que puede parecer en un inicio. Incluso las tramas secundarias como la enemistad entre los dos grandes clanes del pueblo funcionan a la perfección. La reacción de todos los personajes casa con la personalidad que se ha descrito previamente y no se siente chirriar en ningún momento la aparición de conflictos por necesidades de guión, sino que aparecen con fluidez y naturalidad.

Otro de los detalles que salta a la vista desde un primer momento es el inusual diseño de la animación, realizado en una suerte de 2D y medio que la hace distinta de los que estilan los grandes estudios de hoy día. Aunque por momentos recuerda al stop-motion, está realizada completamente por ordenador. La mezcla de contornos redondeados y figuras rectilíneas permite distinguir ambientes y personajes de un plumazo, con estéticas que contribuyen a reforzar el carácter sin caer en tópicos fáciles. 


Lo dicho, se trata de una película en la que todo funciona con gracia y finura. Sorprende, pues, que se trate de un producto patrio, dado que su calidad sobrepasa mucho la que se estila por aquí en el género. Una vez vista, no extraña la nominación a los Oscars que se llevó –incluso con el lastre de no estar producida en EEUU – y, en realidad, tampoco hubiera saltado la banca si se hubiera llevado el premio gordo. Precisamente porque perdió a manos de Toy Story 4, película que no está nada mal, pero que en modo alguno está a la altura de lo que sabemos que puede hacer Pixar. Coincidió en ser estrenada un año en que el premio estaba “barato” y aun así el premio no sale de los sospechosos habituales. Podría haber sido su momento, pero…

En resumen, Klaus es una película adorablemente clásica, pero luego es muy moderna. Coge lo que hemos visto toda la vida y lo conjuga con un puñado de ingredientes novedosos para obsequiarnos con un entretenimiento navideño de primera. Una puesta en escena preciosa, unos diálogos brillantes y unas cabriolas argumentales se bastan más que de sobras para hacernos disfrutar con esa historia que nos han contado tantas veces. Recomendable para ver en familia con niños de todas las edades.

 

Nota: 8

Nota filmaffinity: 7.6 

jueves, 11 de febrero de 2021

El silencio del pantano

Fue un día de estos llenos de lluvia que a veces hay por aquí, en los que no hay mucho que hacer, así que te acabas yendo al cine a ver cualquier cosa que no hayas visto. De entre las opciones, ésta fue la que me pareció más interesante y ¡Allévoy!

El silencio del pantano nos presenta a un escritor-periodista especializado en novela negra, con asesinatos tremebundos utilizando Valencia y la corrupción urbanística como telón de fondo. Falto de ideas para una tercera novela, se encuentra con que, quizás, sus novelas no son tan fantasía como todo el mundo cree, dando lugar a una trama de tráfico de drogas y seres indeseables en los que se halla implicada la flor y nata de la casta política de la ciudad. Sin embargo, ¿todo lo que estamos viendo en pantalla es real?

Se trata de una película de corte extraño, que presenta patrones que no estamos acostumbrados a ver en los thrillers patrios. Si no fuera por la albufera y las alcaldesas de amplios bolsos, un espectador avezado podría pensar que estamos ante un hardboiled coreano, con todos sus personajes al límite, los secretos peligrosos, los estallidos de cruda acción y el poco valor de la vida humana. El director hace un especial esfuerzo en retratar una sociedad decadente, poblada de un ambiente malsano en la que todo está podrido. Los pocos seres decentes que sobreviven en la ciudad aportan un poco de luz y de esperanza a las almas sufrientes, pero en esta atmósfera malsana, cualquier atisbo de justicia parece fútil.

Es de felicitar este esfuerzo por salirse de los cánones habituales, proponiendo un desafío al espectador al ofrecer una propuesta diferente. Sin embargo, este esfuerzo se embarulla con una trama tramposa, que juega con cartas marcadas a confundir a un espectador que ya viene incómodo por la extraña puesta en escena. El poco ritmo de la película y la endeble actuación del protagonista son bien capaces de echar por tierra el valor del resto de factores. Contrasta especialmente con las interpretaciones de Nacho Fresneda y Carmina Barrios como antagonistas encarnados con aterradora naturalidad.



Tenemos un poti-poti de muchas cosas. Que si una trama de asesinatos muy brutos por aquí, algo de corrupción urbanística por allá, tráfico de drogas por acullá y un escritor que no sabe llenar una página en blanco más allá. Con tanto mejunje y un ritmo parsimonioso, el visionado puede hacerse pesado, a pesar de la calidad de los dos malvados. Los estallidos de violencia te pegan el culito al asiento, pero…

Quizás consciente de que no tiene mucho que contar (argumentalmente), la película no dura más de los estrictamente necesarios, cosa que se agradece. Tanta lentitud podría haberse hecho cansina con un minutaje más elevado, pero para 87 minutos (con letras) el armazón aguanta.



El conjunto es, pues, irregular. Encontramos en la película buenas ideas, una atmósfera ciertamente malsana, pero la excusa argumental no acaba de trenzarse con acierto, como si se tratara de dos (o tres) películas que no acaban de llevarse bien entre ellas. La poca alma del actor protagonista (entiendo que deliberada) y el lento ritmo no ayuda a que la corta película pase fácilmente. No obstante, los dos antagonistas salvan cada escena en que aparecen consiguiendo que el visionado no sea desagradable en ningún momento. Sin ser una mala película, no puede evitar dejar la sensación de que podría ser mejor de lo que es.

 

Nota: 5

Nota filmaffinity: 5.0

PD: Al final, ¿qué ha pasado? ¿Todo era una novela? ¿Pero acaso Q no basaba sus relatos en casos (asesinatos) reales? ¿O la película entera es una novela en sí? 

jueves, 4 de febrero de 2021

Mad Max: Más allá de la Cúpula del Trueno

Después de ver cómo el mundo se descomponía en Mad Max, contemplar la devastación de El guerrero de la carretera, llegamos a la ¿reconstrucción? de la sociedad en Más allá de la cúpula del trueno, finalizando las aventuras del Max Rockatansky encarnado por Mel Gibson.

El tiempo ha pasado y ya no quedan carreteras ni rastro de la civilización que conocimos. Pero Max sigue aquí, contemplando como la Humanidad se abre paso y los nuevos atisbos de civilización empiezan a formarse. Negociudad es la única polis próspera en muchos kilómetros a la redonda, a ella llega Max, llamando rápidamente la atención de la cacique local, que lo reclutará para una misión de moral muy cuestionable. Tras esta aventura conocerá a Los Niños Perdidos, a los que tendrá que ayudar para evitar su muerte en el cruel desierto, forjando así la esperanza de un nuevo renacer humano.

Como ocurre en esta saga, cada película es de su padre y de su madre, sin tampoco molestarse en mantener cierta coherencia entre entregas. Aquí George Miller apuesta decididamente por las aventuras “familiares” rebajando sensiblemente la violencia explícita, sin las burricidades que habíamos visto anteriormente. Se mantiene un tono tremebundo, pero menos impactante para los zagales de 14-15 años. Este cambio de tono no impide a Más allá de la Cúpula del Trueno ser una estupenda película de aventuras en las que no paran de suceder cosas interesantes –con el bache del Oasis de los Niños perdidos, que desconcierta un poco- a un ritmo bien medido y una trama original que no sabes por dónde te va a llevar. Aunque rebajada en su crudeza, las coreografías de acción mantienen la calidad característica de la saga, al alcance de muy pocos. Escenas como la pelea de la Cúpula contra el Maestro Golpeador (si es que el tino para los nombres es magistral) o la persecución final en el tren son referentes que se han imitado cienes de veces, para mayor honra del director australiano. Pocos pueden presumir como él de haber rodado lo que le ha dado la gana (con el consiguiente pánico de los productores).

¿Qué ha ocurrido con el equipo entre la segunda y la tercera parte? Después del exitazo de El guerrero de la carretera, Mel Gibson se ha convertido en una estrella del cine de acción, y Miller, en un director reputado al que se le puede dar más presupuesto. Es algo que se nota en toda la puesta en escena, realizada con más medios que anteriormente (tampoco mucho, no nos pasemos). Este aumento del bolsillo se nota, supongo, en la voluntad de hacer una película más amigable para todos los públicos, rebajando la calificación +18 a +13 (sin que por ello la película sea de peor calidad). Tuvo que influir también el estatus de estrella de Hollywood que tenía Gibson (alejado todavía de los escándalos que provocaron su exilio), que seguro le impedían rodar cosas tan tremebundas como en las dos primeras entregas.

No obstante, se nota que Gibson ha hecho suyo al personaje, convertido en carisma desbordante que se carga la película a sus espaldas con una naturalidad pasmosa. Frente a él, el resto de actores no destaca especialmente, salvo una sorprendente Tina Turner, a la que encontramos como inesperada antagonista. Quizás consciente de que actuar no es lo suyo (no discutiré su calidad de cantante), se nota que lo da todo y se esfuerza por mantener el tipo ante el arrollador señoro que tiene enfrente.

Los diálogos, no precisamente abundantes, tienen un punto agresivo que ayuda a entrar en faena, pudiéndose diferenciar el estatus de la persona sólo por su manera de hablar. Es posible que resulten un poco incómodos para algún espectador debido a la –deliberada- pobre gramática y a la cantidad de palabras inventadas que encontramos. Esto se debe a la voluntad de mostrar el colapso de la civilización y la falta de educación, dejando clara la deseperación de los personajes por sobrevivir. Se hace especialmente palpable en los niños, ignorantes de una sociedad que no han conocido pero que, de alguna manera, añoran.

Si El guerrero de la carretera sienta las bases de cómo debe ser el concepto de apocalipsis nuclear, que muchas veces llamamos “a lo Mad Max”, Más allá de la cúpula del Trueno explora el misticismo alrededor del fin de la civilización y se clava como referente. Conceptos como la Cúpula del Trueno (dos entran, uno sale) o el propio diseño de Negociudad son parte intrínseca de nuestra cultura popular, imitados cientos de veces y homenajeados otras tantas. Este es otro de los grandes aciertos de la película, desde un momento se sabe diferente y se regodea de ello con total acierto. Tal como es marca de la casa, la cantidad de hallazgos ingeniosos que apreciar es enormérrima.  Especialmente en su inicio, puedes dedicarte a repasar una y otra vez cada escena, sorprendiéndote ante cada detalle estrambótico que aparece en pantalla, detalle que alguna mente pensante ha urdido y ha decidido incluir en el metraje.

Uno de los peros recursivos que tiene la saga Mad Max es la pobreza de sus argumentos. Normalmente no son más que meras excusas para tener set-pieces de la acción más espectacular y poco más. Aquí encontramos con uno de los argumentos más elaborados, dividiendo la película en dos partes muy claras: la misión de Tía Ama y la aventura de Los Niños Perdidos. Esta partición es tan clara que podríamos estar hablando de dos películas diferentes de 1h que simplemente comparten el protagonismo de Mad Max, sin tener nada que ver una con otra. Esto descoloca a mucha gente, especialmente por la extraña transición, no del todo bien rematada que desemboca en un buen bache de ritmo hasta que la película recupera tono.

Esto no impide que Mad Max 3 sea una estupenda película de aventuras, rodada con los referentes de otra época pero no por ello menos apreciable. La llegada a la ciudad, La Cúpula del Trueno, la travesía del desierto y la persecución en el desierto son auténticos momentazos que denotan el buen criterio que hay delante y detrás de las cámaras, derrochando estilo y carisma. Quizás no es para todos los gustos, pero es ideal para pasar dos horas estupendamente entretenidas en un mundo apocalíptico.

Y por cierto, cuánto me gusta el póster, de las últimas joyas de un estilo artesanal que ya se ha perdido.

 

Nota: 8

Nota filmaffinity: 5.7