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sábado, 13 de marzo de 2021

1917

Una de las películas más interesanes del año pasado proponía un acercamiento diferente a las películas bélicas. Vendiendo la idea de ofrecer una experiencia más que una película argumental, teníamos un ejercicio de virtuosismo tan gratuito como bien resuelto, presto a proporcionar dos horas bien entretenidas.


La intriga de 1917 es simple. Los soldados británicos Shoefield (George McKay) y Blake (Dean-Charles Chapman) son los pringados a los que el General Erinore (Colin Firth) confía una misión casi imposible, consistente en una incursión aparentemente suicida sobre el territorio conquistado por los alemanes en Francia. El objetivo es el de entregar directamente una orden que impedirá la muerte casi segura de un regimiento de 1600 hombres que están a punto de caer en una trama mortal tendida por el enemigo. Como extra tenemos el detalle de que el regimiento está comandado por el propio hermano de Blake. Tenemos pues, una idea clásica, pero con una ejecución tan virtuosa que convierte a 1917 en un film, objetivamente, fuera de lo común.

El director Sam Mendes –al que siempre apreciaremos por American Beauty o Camino a la perdición – se apoya aquí sobre la gran habilidad del director de fotografía Roger Deakins –cómplice habitual de los hermanos Coen- para proporcionar al espectador la experiencia asfixiante que esta empresa implica, rodando en un único plano continuo las desventuras de este par de soldados que quieren estar en cualquier otro sitio antes que en el campo de batalla. Cualquier cinéfilo avezado comprobará rápidamente que Mendes hace (un poquito) de trampas y no presenta 2h del tirón. Los cortes existen, rodándose a base de planos de unos diez minutos, pero hay que reconocer que está tan bien hecho que no rompe la magia en ningún momento. Se trata de un proyecto ambicioso, ya que el escenario varía mucho a lo largo del film, pasando de trincheras pobladas de cientos de soldados británicos a campos repletos de cadáveres y restos de animales, pasando por una granja de vacas, el peligroso vadeo de un río, un par de incursiones bajo tierra e incluso un convoy que va de camino a ninguna parte. Incluso un par de aviones alemanes sobrevuelan el campo de operaciones de cuando en cuando. Simplemente imaginar el nivel de coordinación para poder rodar en continuo hace pensar en una planificación extrema, un verdadero plan de batalla.



Muchos dirán que el juego vale la pena, ya que la puesta en escena es completamente inmersiva. El trabajo de decoración, vestuario, entrelazado de situaciones… todo da la impresión de que las cosas ocurren por accidente, sin estar meticulosamente previsto. Además, este continuismo aporta una energía tremenda, una sensación de urgencia que te pega muy bien al asiento.

¿Qué necesidad había de ello? Ninguna. Las imágenes reflejan el miedo, el sueño, el barro y la miseria de los soldados. Se hace muy fácil entrar dentro de la acción y sufrir con los personajes a través de las imágenes, pero eso es algo que otros directores han hecho dentro del mismo género (Salvar al Soldado Ryan o La delgada línea roja, por ejemplo). Sin embargo, no podemos evitar admirar el buen resultado obtenido esta sacada de chorra tan efectiva como innecesaria. Desde que Iñárritu demostrara en Birdman que se podía hacer “fácilmente”, parece haberse convertido en una moda rodar de esta manera simplemente “porque puedo hacerlo”.



Pero 1917 no se limita a ser un film exclusivamente técnico. Gracias a su generoso elenco actoral, encontramos a  la flor y nata de los actores británicos rodeando a unos estupendos McKay y Chapman. Así pues, aparece por ahí Colin Firth, Mark Strong, Benedict Cumberbatch o Richard Madded. Es curioso comprobar cómo sólo aparecen en los momentos en que la acción se detiene y los protagonistas pueden sentirse seguros por un rato, como si estuviéramos hablando del check-point de un videojuego.

Este prodigio técnico se vio reflejado en los Oscars, donde era la típica película nominada a todo lo técnico (Película, director, guión original, banda sonora, diseño de producción, maquillaje, efectos sonoros, fotografía, sonido y efectos especiales) y que acaba siendo casi la que más se lleva a partir de los premios secundarios conseguidos a base de músculo (en este caso, fotografía, sonido y efectos especiales, casi nada).

Otra cosa que me hace gracia es la falta de “soldados enemigos”. Tal como ocurría en Dunkerke, el enemigo son unos disparos aquí, una amenaza allá. Apenas llegas a verlos, suponiendo muertes más o menos aleatorias por el escenario, pero siempre con una ominosa sensación de estar por todas partes. Y además, cuando los ves y te apiadas de los pobres prusianos, la que te lían (estupenda toda la escena del avión, un alarde técnico espectacular).



Pero es que 1917 es el motivo por el que mola ir al cine desde hace siglo y pico: la inmersión, el sentirse otro en otro lugar. Y sobretodo, el truco de magia. El tener el pantallote gigantesco para dar un espectáculo a lo grande. Me mantuvo en tensión en sus más de dos horas de duración, con el estómago hecho un nudo.  También fue la última película que pude ver en el cine pre-confinamiento y aunque sólo sea por eso, le tengo más cariño. Una boutade técnica a la que se le ha dado un argumento que sirve para que también te interese que le ocurre a los que corretean por la pantalla.

 

Nota: 9

Nota filmaffinity: 7.8 

sábado, 5 de diciembre de 2015

Spectre



En aquel momento no sabía si hacía bien, pero mira, casi invierno, diluviaba en la ciudad y tampoco había mucho más que hacer, así que nos metimos en el cine (esto de tener tarifa plana…) para ponernos con la última de Bond, que igual no era muy buena, pero seguro que entretenía lo suyo, que las de Bond van de eso.

Pero resulta que según la película, Bond se nos está haciendo viejo y debe dejar paso a una nueva generación de espías. Como se ha excedido en su última misión en México, sus superiores tienen la excusa perfecta para sacarlo de en medio. La aparición de un malo maloso que era el jefe de los malos de todas las películas anteriores obligará a Bond a romper todas las normas e investigar por su cuenta, liándola parda como sólo él sabe hacer.

A ver, por partes: Me lo he pasado teta. Eso es lo que hay que decir en un primer momento. Bond hace un despliegue de músculo descomunal. Con el objetivo de dejar en ridículo a Michael Bay, Mendes ha preparado una ensalada de chorradas, toñas, tiros, explosiones y animaladas varias de primera división. El presupuesto es descomunal y se ha usado para hacer explotar todo de la manera más salvaje y desenfrenada posible. El día de los muertos de México, la carrera de coches en Roma o la destrucción de la central en el desierto son escenas realmente espectaculares. O la pelea en el tren, con una planificación y un rodaje resueltos con una firmeza brillante.

Mendes demuestra un gran pulso al hacer saltar cosas por los aires, pero luego pasa de prestar atención a una trama estúpida, que sigue un desarrollo cuestionable (siendo amables). Se olvida de la complejidad narrativa o de la enjundia de sus propios personajes para rodar un espectacular conjunto de clichés con todo lo que esperaríamos de James Bond, acumulado sin ningún criterio. Se aleja del personaje creado en las tres películas anteriores, acercándolo mucho al autoparódico Brosnan o al ridículo Moore. Esto es quizás lo peor, ya que lo que debía ser la continuación de Skyfall  se transforma en una artificiosidad vacía sin nada que aportar.
Es decir, han cogido todos los tópicos habidos y por haber de Bond y han buscado activar la nostalgia remember para así atraer espectadores. De ahí la idea de resucitar a Blofeld, el primer malvado de la saga. Sorprende que con casi 250M€ gastados no se hayan esforzado un poco más para salvar un guión desastroso que convierte a Blofeld en un Hans Landa caricaturesco venido a menos.  

Los fuegos artificiales molan un puñado, pero la ausencia de argumento lo convierte en una película de Austin Powers supervitaminada y supermineralizada. Y encima sin Flo haciendo las voces. ¡Es que se olvida a los treinta segundos de salir del cine!

Además, después de unas cuantas chicas Bond con enjundia, volvemos a tener a las acompañantes convertidas en meros trofeos que no tienen personalidad y caen a sus pies sin remedio. Puras lámparas sexys. Igual no hemos cambiado tanto como creía cuando escribí Desde Rusia con amor…

Lamento despedirme de un Bond tan diferente y particular como éste con una película tan mala, pero quizás es la mejor prueba de que se necesitan unos nuevos hombros para llevar el smoking y una nueva mano para empuñar la pistola con más clase del espionaje internacional.
¿Quién será el afortunado para sustituirle? A la que nos despistemos se lo dan a Jaden Smith, ¡ojo!

De las cuatro de Craig es la peor, sin duda. Sin ningún rastro de complejidad, sólo queda un simple entretenimiento hipermusculado con el extra de caché que le da la presencia de Bond. Para entretenerse va finísima, pero no hay tampoco mucho más que comentar.
¡Viva Myke Myers!
¡Viva Austin Powers!

Nota: 3
Nota filmaffinity: 6.2

domingo, 3 de julio de 2011

Camino a la Perdición


Un precioso ejemplo de cine negro. De estos que se vuelven un clásico al instante.

En plena Gran Depresión (años 30), Michael Sullivan es el asesino a sueldo de más confianza del anciano mafioso irlandés Rooney. El hijo de Rooney, Peter, es un engreído incompetente y está robando dinero a espaldas de su padre. Cuando el mayor de los niños de Sullivan es testigo de un asesinato cometido por Peter, éste decide acabar con Sullivan, matándo a toda su familia. Sin embargo, no consigue matar a Sullivan ni al niño. Éstos, obligados por las circunstancias, emprenderán un sangriento camino a la venganza, un camino a la perdición.

La historia es quizás la típica de una película de gangsters, pero es la calidad de los actores y el inmenso trabajo de dirección y de puesta en escena que recuerda a todos esos estupendos ejemplos clásicos del cine negro de antaño. Dos horas para disfrutar con esta preciosidad, con un aire de tragedia griega de los que no dejan indiferente a nadie.

ACTORES: Lo primero de todo: ¿Tom Hanks un mafioso asesino? Lo siento, pero no me pega. Un hombre que se ha dedicado por todos lados a hacer papeles de buena persona, no puede ser un asesino sin escrúpulos. Por mucho que lo intente, no consigo ver a Forrest Gump dedicarse a pegar tiros. ¿Significa acaso que haga una actuación? Ni modo. Su trabajo es estupendo, a pesar de lo extraño que se me haga verle en ese papel. Luego tenemos a Paul, Paul Newman. Todo un maestro que se despide con una portentosa actuación. Apenas aparece diez minutos en toda la película, pero su John Rooney es simplemente magnífico. Los otros dos secundarios, Jude Law y Daniel Craig nos sorprenden también con muy buenas actuaciones alejadas de sus registros habituales y nos demuestran que, si quieren, también pueden ser buenos actores (cosa muy inesperada de Craig, lo reconozco).

DIRECTOR: Sam Mendes maravilló a todo el mundo con American Beauty. Mucha gente esperaba con ansia su segunda película y sorprendió a todos con un acertado retorno al cine negro. Toda la película desprende un aire seco, de decadencia y muerte. Exceptuando los pocos momentos alegres, el resto de la película está rodado con una curiosa gama de grises que ayudan a dar ese efecto desolador. Hay multitud de escenas perfectamente construidas, los diálogos padre/hijo en el hotel, los asesinatos de Michael Sullivan, el cobro al moroso… Cosas que sólo los genios saben hacer, y Mendes es de los buenos. Estéticamente muy trabajada, consigue dar una sensación de desasosiego e intranquilidad logradísima. Solemne y seca, casi árida, es de estas películas que dejan huella.

GUIÓN: La película nos deja algunos momentos imborrables: el “me alegro que seas tú”, los acuerdos con Al Capone… Su trama, bien construida, está soportada por unos actores en estado de gracia y sabe mantener la congoja y la tensión. Sabes que va a ocurrir, pero aún así no puedes evitar el querer verlo, aunque vaya a ser incluso doloroso. El aroma a tragedia griega hace que pueda ser algo predecible, pero sigue siendo una película altamente atractiva. Sus diálogos son cortos, pero con sustancia, reflejando perfectamente las extrañas relaciones paterno-filiales. El mayor pero que se le puede poner es que el ritmo es lento, a veces casi inexistente, y en algunos momentos puede llegar a cansar.

Cada palabra tiene su importancia, cada diálogo reverbera y influye en lo que va a pasar posteriormente. Todos los personajes toman decisiones. El director consigue mostrarnos cómo cada personaje es consciente de lo que dice y hace, sabe de la importancia que tiene cada acto en su destino. Están sellando su sentencia de muerte. No lo ignoran, pero siguen adelante porque es lo que deben hacer. Podemos incluso ver cómo los personajes evolucionan y avanzan conducidos muy a su pesar hacia su inevitable destino.
Las relaciones padre-hijo son también de vital relevancia en la película, añadiendo profundidad a la misma. Michael Jr. sabe que no es el hijo favorito de su padre, pero ello no le impide idolatrarle. Su padre es el mejor y es muy bueno, aunque sea un asesino a sueldo sin escrúpulos. A veces cree que no le quiere, pero, a medida que avanza la película, es capaz de vislumbrar el amor de su padre hacia él, tan imposible de transmitir a veces. El viejo Rooney se encuentra también en una situación agónica. Sabe que su hijo es un arrogante incompetente de gatillo fácil. Sabe que no es un buen hijo, que le odia y no quiere más que verle muerto pero aún así, con todo el dolor de su corazón, no es capaz de dejar de quererle. Sigue siendo su hijo, a pesar de todos sus defectos y de lo que ello significa para su vida.

Es todo un películón que mereció quizás más gloria en los Oscars (6 nominaciones, 1 premio) de uno de los años más flojos que recuerdo. Su excesiva lentitud lo aleja de las producciones de acción y del público palomitero, pero es un buen ejemplo de saber hacer. A nivel de actuación es un portento de película, así como estéticamente (Conrad L. Hall se llevó el oscar a la mejor fotografía póstumamente, puesto que falleció en enero y la gala de entrega fue en marzo).

Nota: 8
Nota filmaffinity: 7.6