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lunes, 11 de mayo de 2026

Carta del más allá (Torcuato Luca de Tena)

La Cesta’13 me trae un libro muy baqueteado, parece que ha visto muchas lecturas y ha viajado mucho. A su manera se hace entrañable. En este caso, se trata del libro Nº 75 de la Cesta’13

Título: Carta del más allá

Autor: Torcuato Luca de Tena

“<<Introduje la llave en la cerradura de la portezuela. La posición de la luz permitía que la ventanilla hiciera las veces de un pálido espejo y, mientras cerraba el coche, me vi reflejado en ella... Fue la última vez que me contemplé vivo. Inesperadamente el cristal de la portezuela estalló ante mis ojos hecho añicos y oí un disparo... Así comienza su relato Sebastián Casares, en el momento preciso en que termina su vida terrenal. Una idea obsesiona su espíritu: ¿Quién le ha disparado? Y en ese paso hacia el más allá, su vida entera se presenta ante él “de golpe completa y estática...>> Sebastián escribirá desde su purgatorio, que será regresar a la tierra en espíritu y vagar entre los hombres hasta saber quién ha sido su asesino. Verá entonces muy claro el mal que hizo en su vida, el bien que dejó de hacer, lo que le provocará inmenso sufrimiento. Estará junto a las personas que amó, a sus amigos, a sus colaboradores, y verá de cerca el dolor sin poder remediarlo.”

Ante todo, debo decir que este libro me ha sorprendido. No me esperaba un libro de novela negra desde el más allá en que un fantasma deba investigar – con medios fantasmiles – su propio asesinato. Esta inusual investigación se centra no tanto en saber quién le ha disparado sino en escudriñar sobre los motivos del mismo. ¿Cómo puede ser que él, que siempre ha sido un marido ejemplar, un padre amantísimo y un empleado modelo, tenga enemigos que le odien tanto como para dispararle? Su muerte le servirá para repasar cómo ha sido su vida, visitándola desde el exterior, lo que le permitirá comprender que sus actos no eran tan inocuos y, también, le permitirá ser testigo del dolor – y alivio – que deja su marcha, aprendiendo mucho sobre sus errores y aciertos.

Este juego de fantasmas le sirve a Luca de Tena para retratar la sociedad del momento (1978). España se abre al mundo y se lanza a la modernidad, pero atrapada en su estrechez de miras, las consecuencias de años de inmovilidad y las contradicciones propias de cualquier estructura humana. Su periplo le llevará a “conocer” a personajes de todo pelaje, pero principalmente centrado en gente normal, a los que la vida debería sonreír, pero que, por unas cosas u otras, sufren y lamentan los problemas del día a día. Es especialmente importante el énfasis que pone en la indiferencia hacia el dolor ajeno y lo poco que hacemos ya no por ayudar al prójimo sino simplemente en ser amables (que no educados).

 La trama sorprende por lo enrevesada que es, con giros y regiros causados por los problemas del fantasma para adaptarse a su nueva situación, las diferencias que hay entre lo que ve y lo que nos cuenta, lo que sabe y lo que desconoce y, también, por los prejuicios que éste arrastra y nos transmite. Siempre es agradable que jueguen con un narrador poco fiable con el que tenemos que estrujarnos (bien) el cerebro para entender los entresijos de lo que está ocurriendo, con información parcial de la jugada. Aparte, se permite de vez en cuando jugar con la metafísica y reflexionar sobre el Más Allá desde la ventaja y la perspectiva de ya estar muerto. Ahí el autor aprovecha y nos mete multitud de referencias a obras clásicas como quién no quiere la cosa, algo que hará las delicias de los lectores más curtidos sin que por ello la narración se resienta, ya que se hayan bien introducidas.

Se hace difícil hablar sobre personajes. Primero porque hay un montón en apenas 200 páginas, por lo que no se les dedica apenas espacio. Segundo porque el punto de vista es el de un fantasma ya fenecido que, la verdad, no se fija demasiado en estos detalles. Todos los nombres que aparecen son funcionales, sirven para reflejar un aspecto de la sociedad o para aportar un dato relevante para el propio caso.

Lo que sí tenemos es una resolución satisfactoria del caso. Hay un culpable, hay unos motivos y, sobre todo, una reflexión curiosa sobre la vida y las consecuencias de nuestros actos. Al final, nuestro fantasma puede trascender (no creo que os chafe nada en ese sentido), agradeciendo al lector su paciencia mientras encontraba una redención, que quizás no merece, pero desde luego necesitaba. Yo, al menos, me he quedado muy a gustete con este inusual viaje.

Carta del más allá es un libro que se lee en nada, destila frescura pese a sus años y supone un acercamiento curioso a la novela negra. Funciona estupendamente dentro de su género, sabiéndose inusual y jugando muy bien con las restricciones que se autoimpone. Lo dicho, no siempre uno puede ver como un fantasma investiga su propio asesinato.

 

Nota: 8

Nota goodreads: 4.01 

miércoles, 20 de diciembre de 2023

Uno (Richard Bach)

Libro Nº66 de la Cesta’13. Como viene siendo habitual en las últimas propuestas, ni idea de lo que me voy a encontrar.

Título: Uno

Autor: Richard Bach

Título original: One

Traducción: Jorge Mustieles

“Cuando el ahora es el antes y el después, fundidos en un solo tiempo, y el aquí es también ahí y allí, lugares de un solo espacio, soy el que fui y el que deseché ser: yo es tú y vosotros-nosotros-todos-espíritu-Uno.”

Y es que encima de conocer nada de su autor o del libro, tenemos una portada vacía, sin decoración y un resumen excesivamente críptico del que no se puede sacar mucho. Hacía mucho que no acometía un libro con tan poca idea sobre su propuesta.

Y lo que me he encontrado es tremendamente original, pues nos ofrece un viaje místico a través del tiempo y del espacio, siguiendo las vicisitudes multiversales de un matrimonio que no pasa por su mejor momento. Ambos emprenden un viaje en avioneta que pronto se transforma en una experiencia que les llevará a repasar su pasado, su presente, su futuro y todos sus “What if” en una suerte de quiebros extraños a través de los surcos del tiempo (o algo así). En vez de un Vigilante, esta aventura les pondrá en contacto con la entidad llamada “Uno”, que hace las veces de la “Fuerza”, impregnando toda existencia y dotando de sentido a cada aspecto de lo real. Gracias a Uno, emprenderán un viaje de conocimiento que les permitirá llegar hasta lo más fondo del alma de su partenaiere, descubriéndose como las dos mitades de un solo ser destinadas a encontrarse en todas las realidades. Un solo ser realmente formado por tres entidades, al generar una descendencia que desconocían hasta aquel momento, pero como al final todos ellos forman parte de Uno, no dejan de ser un único ser compuestos de pequeñas partes diferencias que, entre todos, componen todo el material de la existencia (sí, la paja mental es grandiosa).

Durante 200 páginas emprenderemos una epopeya a medio camino entre el viaje lisérgico y la indefinición cuántica. Así, se adentrarán en reinos donde la supervivencia depende de descubrir los otros aspectos de ello mismos que aprendieron en las sendas que nunca tomaron, dónde la imaginación y el miedo son herramientas para salvar mundos y destruir existencias, en os que morir es un paso más para sobrepasar a la muerte.

Lo que más gracia me hace es que todo funciona utilizando su viejo aeroplano. Éste les permite salir de la realidad, llegando a una suerte de “interplano” de realidades con el que pueden ir de un lugar a otro del multiverso. La composición de este lugar de inexistencia es un ingenioso ejercicio de imaginación, no sólo a la hora de describirlo sino también para definir o intuir el funcionamiento de los viajes interdimensionales a través del tiempo. Me hace especial gracia como esa manera de viajar se va volviendo poco a poco más (ejem) predecible siguiendo unas reglas más o menos coherentes, que permiten aplicar cierta lógica a lo que vemos en sus páginas.

Felicito este destello imaginación, pero luego echo en falta más gracia a la suerte de jueguecitos multiversales en los que se va mostrando lo que podría haber sido su vida con otras decisiones, en otros países o en otros multiversos. Como debe hacerse patente que son almas gemelas que están hechos el uno para el otro más allá del tiempo y del espacio y tal y tal, acometer cada nuevo universo se vuelve repetitivo y predecible, perdiendo bastante gracia en su desarrollo.

Todo este mejunje no impide avanzar con rapidez, pues nos hallamos ante un libro de doscientas paginitas de letra grande que no se hace pesado en ningún momento. Sin embargo, su propuesta argumental es tan onírica que pierde concreción. Tiene demasiada metafísica para ser literatura, pero le falta lógica y argumentación para ser filosofía (o auto ayuda). No a ha acabado de convencerme sobre lo que defiende. Crea un magnífico mundo de ideas, casi como si se tratara de ciencia-ficción filosófica, pero luego el argumento es demasiado frágil y los personajes apenas consiguen funcionar como armazón sobre el que plasmar las ideas del autor. Presenta la defensa de sus ideas (o eso quiero creer) de manera tan original que sorprende a cada quiebro que te reserva, pero fácilmente puede romper el envoltorio y sacarte de la lectura.

Uno es una propuesta decididamente inesperada. Abraza el género fantástico con tantas ganas que se le va el argumento de las manos, pero se sabe tan diferente que puede fascinar cosa mala si te pilla con el pie adecuado. Otra cosa es que esta suerte de viaje astral para aspirantes a Jedis requiera de una disposición mental muy concreta para disfrutarse.

 

Nota: N/A Es un libro tan extraño y fuera de la realidad que me veo incapaz de puntuarlo.

Nota Goodreads: 3.94/5 

jueves, 22 de julio de 2021

El gabinete de curiosidades (Marie Rutkoski)

Otro libro que cae por formar parte de la Cesta’13 (Nº 47). Al menos tiene una portada bonita.

Título: El gabinete de curiosidades

Autor: Marie Rutkoski

Título original: The cabinet of wonders (de maravillas)

Traducción: José Pasó Espinosa

“Petra Kronos y Astrophil, su ilustrada araña mascota, odian la injusticia. Y eso es precisamente lo que ha cometido el príncipe Rodolfo al arrebatarle los ojos a su amado padre MIkal, privándolo de seguir creando maravillosos ingenios. Resuelta a recuperarlos, Petra se infiltra en el Castillo de la Salamandra, un lugar peligroso, habitado tanto por extraordinarios artistas como por misteriosos magos y eruditos. ¿Podrán Petra y Astrophil sortear los peligros que se esconden en el castillo y lograr su objetivo?”

Como suele ocurrir en los libros que no conozco de nada, a veces hay sorpresas agradables. El gabinete de Curiosidades es una novela de fantasía ambientada en la Praga del siglo XVII a la que se le ha añadido la presencia de magia como un elemento más de la sociedad. En cierto modo, se nota muy deudora del estilo Potteriano, tanto en el tono que utiliza para la historia como para la cohabitación de la magia dentro del mundo “real”. Una de las cosas que se consigue con acierto es la suspensión de la incredulidad necesaria para alejarse de la novela histórica sin que ningún resorte chirríe por ello.

En este caso, El gabinete de curiosidades se sitúa poco antes de la fundación del Imperio Austro-Húngaro, durante la construcción del Reloj de Praga (un monumento que vale la pena visitar), al que se le otorga la capacidad de controlar el clima. El príncipe local es consciente del poder que implica ese control, intentando con todas sus fuerzas conseguir las piezas finales del constructo que, obviamente, nuestra heroína tiene en su poder.


Así pues, tenemos un puñado de aventuras mágicas para toda la familia (como podríamos esperar en las obras del niño mago), a pesar de alguna que otra escena un tanto escabrosa que no acaba de casar con el tono general de la obra. Lo más curioso es que al inicio no se te avisa de la presencia de la magia, presentando un mundo aparentemente normal en el que hay cosas que “no cuadran”. Es algo más avanzada la lectura cuando se te dice que hay algunos elegidos que saben hacer magia y, entonces, todo cuadra más. En todo momento se mantiene cierta cotidianeidad con el tema, no es un secreto, no es algo a celebrar, simplemente es un elemento más de la sociedad.

No se abusa, no se llega al steampunk. En este universo la “ciencia” y la “magia” se han desarrollado en colaboración para acabar llevando a la civilización a un avance similar al “real”, con lo que no hay nada que choque especialmente por la presencia de la magia. Asimismo, no se trabajan especialmente unas reglas o unos límites, hay quién tiene sus extras y ya, pero tampoco se ven poderes desmesurados, con lo que se mantiene todo bajo control.

Se nota, después de todo este rato, que lo que más me ha gustado del libro es la construcción del mundo en que se desarrolla: coge un momento histórico concreto, recrea lo que le interesa y luego cambia lo que le da la gana. Sin embargo, lo hace con acierto, transportando a nuestro mundo lo que podría estar ambientado en un mundo de fantasía cualquiera. Se siente como posible y verosímil, algo bastante raro en este tipo de libros.

Con tanto mimo en la presentación del mundo, los personajes son algo más arquetípicos, pero por lo menos bien diferenciables, con caracteres definidos. Petra Kronos es la protagonista absoluta de la novela, siguiendo punto por punto el manual de cómo debe ser una heroína de aventuras juveniles: chulita, determinada y testaruda, pero muy entrañable, mostrando cierta ingenuidad sobre cómo funciona el mundo, con lo que se le coge cariño rápido.

A su lado está su fiel Astrophil, una arañita mecánica que la acompaña siempre. Muy simpática y presta siempre a ayudar a su amiga, funciona a modo de Pepito Grillo, de conciencia a conveniencia del guión, para que Petra haga lo correcto y no la líe más de lo que necesita la historia.

Es ayudada en su Aventura, por Neel, un gitano de su edad que se las sabe todas, un granujilla de buen corazón que, como buen Han Solo, empieza siendo egoísta y pronto comprende la necesidad de ayudar al héroe por el bien de la humanidad (o algo así). Por una vez (quizás en consonancia con el buen trabajo de construcción del mundo), los gitanos son retatados como seres humanos, con sus costumbres y sus particularidades, pero sin parecer hadas místicas ni alegres juglares. Se agradece por fin una presentación sin la caricaturización tan típica de la fantasía.

La trama es quizás lo de menos, aventuritas facilitas para refrescar y dar a un lector primerizo un buen entretenimiento con el que coger impulso para lanzarse a cosas más sesudas. Ahí está uno de sus triunfos, el libro se lee agradablemente, con una acción que guarda algún que otro momento inspirado y te permite pasar páginas sin especial esfuerzo. Su reducida longitud (inusual para este género), los pocos devaneos filosóficos inútiles y la acertada construcción del mundo son indispensables para dejar un buen recuerdo. El libro va directo al grano con acierto y avanza a buen ritmo sin complicarse la vida en absoluto.

Aunque sea  a modo de apunte, me hace gracia que se insinúe cierto toque romántico entre los protagonistas que, al tener apenas doce años, no llega a culminar (ni se busca). Supongo que en libros posteriores, una vez crezcan más… En fin.

¿Echas de menos a Harry Potter? ¿Tienes ansia de la clase que desprende la Misteriosa Sociedad Benedict? ¿Buscas al siguiente Ladrón del Rayo que te lleve de aventuras fantásticas? El gabinete de Curiosidades está por debajo de este nivel, pero se basta para paliar el mono, por ahora.

Aventuras para toda la familiar ciertamente entretenidas que disfrutar sin exigencias. Surgido a raíz de los tótems de su género, bebe de sus fuentes y cumple como sustituto sin ofrecer nada especialmente novedoso. Una lectura agradable dentro del ejército de los clones Potterianos de los que hemos leído cientos de propuestas similares.

Nota: 5

Nota goodreads: 3.95/5

  

miércoles, 10 de marzo de 2021

La fiesta de Ralph (Lisa Jewell)

Avanzo dentro de los libros de la Cesta’13, llegando al número 44 de la misma, lo que parece una propuesta de enredos amorosos y otras veleidades románticas.

Título: La fiesta de Ralph

Autor: Lise Jewell

Título original: Ralph’s Party

Traducción: Mº Antonia Menini

“Ralph y Smith llevan varios años compartiendo piso en los bajos del número 31 de Almanac Road, una típica casa londinense de tres plantas. Cuando se ponen a buscar una tercera persona para romper la monotonía, entre en escena Jem, guapa, romántica y soñadora, que rápidamente se convence de que uno de los dos nuevos compañeros está destinado a ser su media naranja. Todo podría quedar en el típico triángulo amoroso si no fuera porque Smith ha perdido la cabeza por Cheri, la fría y ambiciosa chica del ático, que a su vez le tira los tejos a Karl, el del segundo, que supuestamente vive en feliz matrimonio con Siobhan.

Y por si el asunto no estuviera ya lo bastante enredado, Siobhan se propone recuperar su maltrecha autoestima teniendo una aventura con el primer sujeto apetecible que se ponga a tiro. Así las cosas, a Ralph no se le ocurre nada mejor que organizar una fiesta en su casa e invitar a todos sus vecinos.”

No cogí el libro con especiales ganas, el argumento de la contraportada no auguraba nada especialmente interesante, pues las historias gratuitamente románticas no me agradan demasiado. Sin embargo, a medida que avanzaba la lectura y después de que un par de chistes entraran especialmente bien, me invadió la extraña sensación de estar leyendo un capítulo de Friends. Los dos protagonistas bien podrían formar parte de la extraña troupe del Central Perk, es otra ciudad pero la época es la misma, los chistes (muchos) son parecidos…


La fiesta de Ralph es una novela ligera de amoríos, pero en vez de situaciones imposibles, tragedias o escenas tórridas, se lanza sin complejos dentro de la comedia. Cae dentro del subgénero actualmente llamado Chick Lit, que todavía no se había acuñado cuando salió el libro (que es de los 90, oju). Tiene la ventaja de leerse con una facilidad pasmosa, convirtiéndose en una lectura ligerísima para desconectar entre otros libros más pesados. La trama requiere cero esfuerzos para seguirla y sabe plantear situaciones en las que, más o menos, todos nos habremos encontrado en algún momento. Además, sabe durar lo que tiene que durar, ni se apresura ni le sobra espacio.

Como el triángulo amoroso típico es poca cosa, nos propone un doble triángulo más o menos relacionado, utilizando el edificio como modo de articular que personajes tan variopintos se conozcan. Encontramos relaciones bastante desastradas consistentes en traiciones, amor no correspondido, lealtad, intimidad, lecciones aprendidas y maduraciones desesperadas. No hay héroes románticos aquí, sino personajes del día a día, muy humanos, que bastante tienen que hacer con sus complicadas vidas.



Todos los personajes tienen aspectos con los que nos pueden caer simpáticos, pero también unos defectos bien gordotes, actuando en muchos casos egoísticamente, pero sin tampoco una gran maldad. Se hacen querer a su modo, especialmente porque Jewell te permite entrar en sus mentes y entender el porqué de sus acciones. Por ello, sin llegar a justificarles, te permite comprenderles (además de soltar un enorme tooooonto un buen puñado de veces).

Los protagonistas son Ralph y Smith, una suerte de Joey y Chedler cambiados de nombre. Uno es algo atolondrado, inocentón, con facilidad para ligar pero incapaz de enamorarse, mientras que el otro es un pijín algo cretino, siempre dispuesto a dejar claro que tiene razón, etc etc. Cuando llega Jem, ésta es una suerte de Rachel, está buscando chico (para pasarlo bien), tiene la cabeza llena de pájaros, pero a la hora de la verdad quiere algo de tranquilidad. En el piso de arriba está la pareja estable de Karl y Siobhan, que respectivamente recuerdan mucho a Ross y Monica, primero tenemos a un cretino egocéntrico lleno de inseguridades que se muestra incapaz de aclararse sobre qué quiere con su vida, que tan pronto reniega de lo que tiene como se arrepiente de perderlo (una y otra vez), mientras que luego tenemos a una chica algo regordeta, llena de manías que no se siente merecedora de ningún tipo de cariño, especialmente por parte de un marido que no hace el más mínimo esfuerzo por tenerla contenta. Finalmente, en el ático está Cheri, que debería ser Phoebe, pero no es éste el caso, si acaso su hermana gemela. Aquí si tenemos al único personaje que no tiene nada d epositivo. Tenemos a una mujer algo más entrada en años, repleta de belleza y de clase, que considera al resto de habitantes del edificio unos paletos de los que mofarse y se entretiene manteniendo caliente a todo el ganado masculino posible.


Los dos triángulos son obvios: Jem está entre Ralph y Smith, incapaz de decidirse entre un intelectual algo pelmazo que le da seguridad económica y un despistado artista que la divierte pero que no tiene un chavo. Dentro de todos los lugares comunes por donde transita la trama, la autora consigue hacer a la protagonista simpática, con lo que no resulta cargante en ningún momento. Algo más indigesto es el triángulo entre Siobhan, Karl y Cheri, en un ejemplo muy claro de cómo la incapacidad de comunicarse provoca los conflictos y que los personajes se comporten como estúpidos por necesidades de la trama. Uno no sabe transmitir que sigue queriendo a su mujer, y se intenta ligar a la vecina que le hace ojitos por pura tontería (te dan ganas de decir “imbécil” nosecuantas veces); ella no sabe valorarse a si misma y es incapaz de transmitir su necesidad de mimos porque, bueno, porque no. Y bueno, Cheri vive su vida y la enredan en todos los follones.

El happy ending obligado es un poco más retorcido de lo esperado, pero remata todas las tramas satisfactoriamente, sin forzar la situación en exceso. Entre tanta tontería, al final los más decentes reciben su premio y los tontos su castigo, dejando una pequeña sensación reconfortante, al recordarte de que, aunque seas un desastre, a veces pasan cosas buenas.


Pero bueno, el libro se lee con facilidad, entre su trama ligerita, las tonterías de sus personajes y los chascarrillos que van cayendo aquí. No necesita mucha concentración, entrando sin problemas en viajes de metro o similares. Lo que más choca es que se trata de un libro muy noventero. Hijo de su época (el libro ya tiene casi treinta años), tiene por objetivo a los jóvenes de aquel momento. Se nota mucho en la idiosincrasia de los personajes, muy alejados de la gente de veintimuchos de hoy en día, tanto en aficiones como en reacciones. Es fácil reconocer muchas actitudes que hoy en día serían bastante cuestionables y estoy seguro que de si se escribiera ahora, sería muy diferente. Reconozco haberme puesto nostálgico al reconocer modas, canciones y actitudes de cuando era pequeño y la vida era más fácil. También me encanta que Jewell plaga la obra de marcas y referencias de moda en la época, muchas de ellas inexistentes hoy día (¡cómo pasa el tiempo!).

Investigando un poco sobre la obra, parece haber una continuación, ubicada cuando los personajes tienen cerca de los cuarenta y les vuelven a pasar cosas. Salió como parte del 15º aniversario de este libro, un poco a modo de homenaje. Quizás puede interesar a alguno, pero al menos yo no tengo especiales ganas de leer.

Al final, lo que tenemos es una comedia ligerita de amoríos de los noventa. Entra con una facilidad pasmosa y se olvida con la misma dificultad. Funciona para desconectar de propuestas o de algún viaje en que no tengas ganas de pensar mucho. Un librito que, sin ser gran cosa, te deja un regustillo agradable al finalizar.

 

Nota: 5

Nota goodreads: 3.6/5 

viernes, 21 de agosto de 2020

El Vizconde de Bragelonne (Alejandro Dumas)

Ésta es una de las reseñas que más me cuesta escribir. No es sólo que se trate de un libro constituido por dos tocharros de 900 páginas cada uno (Libros 40 y 41 de la Cesta’13), sino por la emoción que me supone despedirme de unos amigos con los que he disfrutado por muchos años. La última de las historias de los tres mosqueteros llega a su fin, y, con una lagrimita, les digo adiós.  

 

Título: El vizconde de Bragelonne

Autor: Alejandro Dumas

Título original: Le vicomte de Bragelonne 

“Escarceos amatorios, envidias, celos… La corte de Carlos II no difiere mucho de la Corte de Luis XIV. Los personajes, en múltiples ocasiones los mismos, son seres que viven sólo para intrigar.

Lord Buckingham, el Conde de Guiche, El Vizconde de Bragelonne, entre ellos, con Artagan y los tres compañeros, ya viejos, junto con ellas: la de La Vallière, Aura de Montolais, Madame… y toda la corte de Carlos II y de Luis XIV juntas.

Malicorne, Manicamp, Wardes… sucesores de tres famosos mosqueteros que tienen en Raúl, Vizconde de Bragelonne, el digno sucesor del fabuloso Artagnan…

Intrigas palaciegas, con una pléyade de intrigantes entre los que desfilan las más encumbradas figuras de Francia.

Las costumbres de una época de vida ociosa, preludio de la que había de ser la más sangrienta de las revoluciones de todos los tiempos: la Revolución Francesa.”

Se trata de una tarea imponente ya desde el momento en que ves los libros en la estantería. Solo con contemplarlos ya asusta. Acometer su lectura requiere planificación y esfuerzo, pues su lenguaje florido, su extraño ritmo y sus historias de otra época no ayudan a que las 900 páginas de cada tomo se lean con rapidez. No en vano, cada uno de ellos me ha llevado más de un mes. 

El vizconde de Bragelonne es el cuarto de los libros de Los Mosqueteros, situado diez años después de los sucesos de Veinte años después, en 1660. Tras la muerte del rey Luis XIII, acaba de subir al poder el joven Luis XIV, con lo que se produce una lenta transición entre la antigua y la nueva corte, con el consiguiente baile de poderes.

 Aunque debido a su carácter episódico, la trama se disperse en varios frentes, como si de una serie actual se tratara, hay dos temas que se mantienen, apareciendo de manera recurrente.

El primero de ellos estriba los tres Mosqueteros (que son cuatro), se han convertido en figuras legendarias. TODO el mundo les conoce y les trata con deferencia, a medio camino entre la admiración, el miedo y la incredulidad. Éstos se saben los mejores en lo suyo, pero tienen sus años (rondan los 60) y están continuamente quejándose de que sus mejores años ya quedaron atrás, con la sensación de que ya están viejos para estos follones, conscientes ahora sí de que cualquiera de estas aventuras será la última. Este respeto se torna cierta condescendencia cuando interaccionan con los más jóvenes, los recién llegados a la corte, que no conocen de qué son capaces nuestros gallardos espadachines y los tratan como si fueran abuelos cebolleta que rememoran sus batallitas (hasta que se enfrentan y luego pasa lo que pasa, claro ^^).

El segundo de los temas recurrentes a lo largo del libro es el paso de los tiempos y el consiguiente cambio de valores que comporta. Los mosqueteros no se reconocen en el nuevo Rey ni en la nueva corte, más pendiente de veleidades románticas y duelos de honor que de luchar por el futuro del país y el cuidado de su gente, claramente se sienten fuera de una generación que no es la suya, defendiendo ideales que los demás ven como caducos.

Muchos personajes que conocíamos (Richelieu, Wardes…) han desaparecido tras el paso del tiempo, pero nuestros personajes favoritos siguen ahí: El atontado y forzudo Porthos, el siempre afectado y honorable Athos, el intigrante seductor Aramis y el temperamental Artagnan, ahora convertido casi en un superhombre. Están viejos y achacosos, pero siguen ahí con el carisma intacto que les caracteriza. 

Nuevos actores aparecen en escena, empezando por el siempre caprichoso Luis XIV.  En un primer momento se presenta como un niño mimado lleno de inseguridades, pero a medida que avanza la novela se forja su carácter, ganando en implacabilidad y arrogancia. Se percibe en él un Rey que es incapaz de aceptar un rechazo, acostumbrado a imponer su voluntad como ley, saliéndose siempre con la suya para disfrutar de la vida. A su alrededor orbitan los grandes poderes de la Corte, como el Cardenal Mazarino, o el intendente Fouquet, ambiciosos personajes que aspiran a tomar las riendas efectivas del país, mientras el Rey se divierte de fiesta en fiesta.

Aquí Dumas, consciente de que quizás no tiene muchas coass que contar de unos personajes ya mayores, presenta a una plétora de jóvenes caballeros con ganas de comerse el mundo. Entre ellos destaca el llamado Vizconde de Bragelonne, una suerte de clon rejuvenecido de Artagnan, con la misma habilidad por la espada y el mismo poco seso a la hora de lanzarse a la aventura. El caballero Wardes, digno hijo de su padre, con su misma astucia y su misma crueldad, siempre dispuesto a fastidiar al prójimo por puro aburrimiento. Manicamp, un intrigante de baja cuna pero con los arrestos suficientes para progresar como haga falta y el manirroto Malicorne, un pequeño calzonazos lleno de nobleza y honorabilidad que, obviamente, no hace más que recibir por todos lados a la espera de tener su premio.

Es sorprendente con qué poco Dumas es capaz de crear a un personaje nuevo y hacer que lo conozcas con apenas dos líneas de descripción, lo que le viene perfecto para hilvanar nuevas tramas y saltar de una a otra con habilidad.


En ese sentido, los Mosqueteros se hallan muchas veces en facciones rivales de la trama, debiéndose enfrentar con riesgo de sus vidas. Dumas refleja aquí con habilidad el cariño y la admiración que se profesan. Pueden haberse tornado enemigos enconados, pero siempre guardan respeto ante el que saben que es un rival digno, conscientes de que su presencia en el bando rival les va a obligar a dar el máximo para triunfar, buscando además la manera de salvar a sus compañeros sin por ello perjuicio a que su facción triunfe. Se nota que son muchos años luchando juntos ^^.

La prosa de Dumas, como reflejo típico de su época, destaca por los abundantes requiebros de todos sus personajes al expresarse. Las órdenes y las expresiones directas son conceptos deshonrosos, pues tu Rey no debe ordenar sino que basta con expresar un deseo para que cualquier súbdito se vea impelido a cumplir con sus requerimientos. Lo mismo ocurre con personajes de extracción social similar, entre los que las peticiones y consejos son atentados al honor. Por ello, todos los personajes hablan a base de indirectas, dejando caer frases aquí y allá con la esperanza de que el otro en la conversación pille la intención del mensaje. Esto produce divertidos y delirantes diálogos de besugos cuando entre ellos no pueden (o no quieren) entenderse, obligando a reformulaciones y retoques para ser más asertivos sin llegar a ser directos.

Además, todos los personajes se encuentran completamente encorsetados dentro de lo que la sociedad espera y exige de ellos. Se nota en sus actos y sus quejas la poca libertad de elección que disponen, siempre al capricho del destino y el honor. Dejando de lado el vasallaje y los berrinches reales – que darían para páginas y páginas de comentarios-, la simple relación hombre-mujer queda perfectamente retratada. Ellos siempre, siempre, deben ser ávidos en buscar a un amor –el que sea- a profesar devoción, siempre calientes y con ganas de levantar faldas. Ellas, por su parte, deben mostrarse deseosas de atención, solícitas  y sensuales, pero al mismo tiempo resistiendo cualquier tipo de avance por muchas ganas que tengan, bajo el peligro de quedar deshonradas. Cómo además los matrimonios son uniones políticas y comerciales más que amorosas, encontramos arreglos muy extraños que provocan locura en muchos de los personajes. Unas características de comportamiento que se pueden hacer muy raras para los lectores más jóvenes, seguro.

La abundancia de paisajes, palacios, castillos y fortalezas son hábilmente retratados por Dumas. Ya sea en la temible prisión de la Bastilla, en los alegres palacios versallescos o alguna calle aleatoria de Paris, se toma su tiempo para que puedas apreciar el escenario en el que se desarrolla la acción en todo su esplendor. Estas dos características estílisticas hacen que la lectura deba ser lenta, reposada, convirtiendo en contraproducentes las prisas y los banquetazos literarios. El vizconde de Bragelonne está pensado para que te lo tomes con calma y así te fuerza el propio libro.

Su carácter episódico, publicado capítulo a capítulo, es un trasunto de las series de hoy en día, con una entrega nueva cada semana, siempre prestas a dejarte con la intriga de qué ocurrirá en el capítulo siguiente. En ese sentido, el libro no sigue una trama concreta sino que diversas historias o arcos argumentales se van sucediendo, a veces independientemente, a veces entrelazados. Así pues, es posible que algún personaje desaparezca durante 300 páginas, simplemente porque la acción está en otro lado, pero no desesperéis, estamos en manos de un buen timonel y aquí no se da puntada sin hilo.

De esta manera, asistiremos a la presentación de Bragelonne en sociedad junto con sus correspondienets enredos cortesanos, a la relación de Artagnan con el nuevo Rey y sus aventuras en Inglaterra, las intrigas de Aramis para incrementar su poder, un interludio romántico de enredo clásico con el Rey liándola parda, las peleas palaciegas entre Fouquet y Colbert y, para cerrar el libro la historia más famosa, el secreto del Hombre de la Máscara de Hierro.

Si lo ves con ojos críticos, podrás contemplar como Dumas intenta crear a lo largo del libro una nueva imaginería con los personajes recién llegados, con la idea –imagino- de continuar las tramas tras jubilar a los mosqueteros clásicos. Recordemos que estamos ante una publicación episódica, y como buena serie, debe tener su audiencia para renovar una nueva temporada. Se percibe el esfuerzo, dotando de más romanticismo y menos acción a estas historias, pero debemos entender que NO FUNCIONA, así que, en cuestión de un capítulo, se da carpetazo a todas las tramas secundarias, se vuelve a los personajes de siempre y se les da una última saga de despedida (grandiosa, todo hay que decirlo).

Nada más empezar, se siente que El hombre de la máscara de hierro será la aventura final. A medida que avanzan las páginas se hace más patente el melancólico sentido de despedida que desprende cada línea. Algo se rompe dentro de mí a medida que comprendo que, poco a poco, me va a tocar decirles adiós, especialmente en las últimas doscientas páginas, dónde la edad empieza a hacer estragos y empezamos a ver las primeras muertes. La tristeza ante la injusticia de las algunas desapariciones se clava en el alma y, estoy seguro, también en el corazón del autor.

El vizconde de Bragelonne es un verdadero fresco histórico. A lo largo de los trece años que se desarrollan en sus páginas, visitamos todos los aspectos de la corte francesa, políticos, financieros y amorosos. Todo ello poblado con unos personajes carismáticos, una bella prosa y un dulce savior-faire con el toque añejo de las cosas que fueron y nunca volverán. Como siempre con estos tocharros, se trata de un libro que leer con calma, con el que disfrutar del camino y deleitarse con unos personajes míticos. Artagnan, Athos, Aramis y Porthos… Valentía, lealtad, astucia y confianza. Un libro que sabe a despedida, con cariño y con honor, abandonando al final sus páginas con un inevitable toque nostálgico.

Un libro brillante, mastodóntico y precioso, de los que da mucha pena que se acabe.

 

Nota: 9

Nota goodreads: 4.15/5 

viernes, 29 de junio de 2018

La monja y el capitán (Simenetta Agnello Hornby)


¡Anda, llegamos al libro 18 de la Cesta’13! Ya son unos cuantos, aunque es verdad que hace mucho que no publicaba ningún libro y que me salto el orden cuando quiero, pero bueno, a veces el que toca no es una obra a priori de mi estilo, como ha ocurrido aquí.

Título: La monja y el capitán
Autor: Simonetta Agnello Hornby
Título original: La monaca (la monja)

“El 15 de agosto de 1839, en la ciudad siciliana de Mesina, la noble casa del mariscal Padellani bulle de actividad con los preparativos de la fiesta de la Asunción. Ágata, la sexta hija del mariscal, no sospecha que ésos podrían ser sus últimos momentos de felicidad. Está enamorada del acaudalada Giacomo Lepre, pero, a pesar de ser correspondida, la lamentable situación económica de la familia la obliga a renunciar a él. En efecto, tras la muerte del mariscal, la madre de Ágata, ya sin recursos, la interna en el monasterio de San Giorgio Stilita. Allá Ágata vive y sufre las rencillas, odios y pasiones ilícitas entre las demás religiosas. Sólo encontrará consuelo en el estudio, en las tareas que le asignan y en la observancia de la rígida regla benedictina. Como válvula de escape, lee las novelas y los libros de poesía que le envía James Garson, capitán británico al que conoció antes de profesar las órdenes. Mientras en Italia estallan las revueltas, Ágata se debate entre la obediencia debida y sus deseos de integrarse en el mundo exterior, y la velada presencia de James Garson hará que afloren en ella sentimientos que van más allá de sus ansias de libertad.“

Seamos sinceros, después de leer este resumen, uno esperaría encontrar una novela romántica repleta de amores imposibles, pasiones al límite y estas cosas que no me entusiasman lo más mínimo (véase la “estupenda” Leyendas de pasión). No era un libro que me estimulara. Sin embargo, me he encontrado una propuesta muy diferente. La Monja y el capitán constituye una cuidad novela costumbrista que retrata la caduca aristrocacia italana de principios del siglo XIX, con todos los anacronismos que arrastra, debatiendo si modernizarse o vivir en su torre de marfil sin reconocer que los tiempos están cambiando, sin por ello olvidar que la mujer de la época es simple moneda de cambio con la que negociar créditos, favores y poder. Asimismo, reflexiona con acierto sobre la opresión que sufre cualquier miembro de esa sociedad respecto a lo que quieren ser y, sobretodo, lo que deben ser, les guste o no. Cualquier decisión personal queda supeditada a las necesidades de la famiglia como un ente superior al que se debe preeminencia y sobre el que se debe procurar bienestar antes que el propio. No obstante, el tema principal de la obra es el de mostrar cómo era la vida de una monja de la época.



Debo insistir especialmente en esto último. Por momentos parece que lo que estemos leyendo no es si no un documental novelado, una historia que sirve de excusa para que paseemos por todos los estamentos de un monasterio italiano, sepamos de las costumbres de las novicias y sus sutiles (o no tan sutiles) diferencias con las profesas y las monjas veterana, las relaciones de poder entre los grupos y las “cordiales” relaciones existentes entre ordenes monacales. Por momentos, deja la sensación de que las desventuras de la protagonista son meras excusas para que vaya saltando de un sitio a otro y así la autora tenga la excusa de explicarnos cómo era el lugar.

La protagonista única y absoluta del libro es Ágata, a la que seguimos desde que es apenas una infante hasta que es una mujer madura. Espléndidamente construido como personaje, contrasta su actitud rebelde e inconformista, sin por ello destacar por su devoción y su consciencia sobre el deber de toda mujer en la sociedad de la época. Lamenta su poca capacidad de elección, protesta contra las desventuras que las obligaciones de su condición traen consigo, pero al mismo tiempo se pliega a los constreñimientos que trae consigo la vida. Me encanta como se mezclan las contradicciones de su vida: ansiosa de ser una buena chica con las mismas ganas que gritar de frustración ante todas las injusticias que caen sobre ella. Realmente, es un personaje muy bien trazado, con sus (muy humanas) incoherencias y su incapacidad para aceptar el papel que la sociedad le ha obligado a tener.

Al final, la trama romántica, que si existe, apenas tiene importancia en el conjunto general de las cosas. El Capitán es apenas una lámpara decorativa que Ágata tiene que conseguir en algún momento y no tiene otra función que servir de detonante de la acción, un poco más en consonancia con el título en versión original respecto al traducido. Por otro lado, tampoco molesta en absoluto su presencia. 

Con una prosa fácil y eficiente, se convierte en un libro de lectura agradable. Las descripciones y explicaciones son abundantes, pero se hacen amenas y en ningún momento lastran un ritmo que desarrolla la trama con fluidez. Sus cortos capítulos ayudan a cambiar de ambiente con facilidad, lo que aporta fluidez, permitiendo pasar de páginas sin apenas enterarte.

Por otro lado, la historia como tal no tiene apenas emoción, siendo fácil de predecir. Si puedes disfrutar de un docudrama bien escrito, pasarás un buen rato con este libro. Si no te interesa la vida en un monasterio…

Pero bueno, debo reconocer que un libro que parecía que iba a ser decepcionante y aburrido en sus diez primeras páginas ha acabado siendo interesante a su manera.  Diferente es, no lo vamos a negar.

Nota: 6
Nota goodreads: 3.37/5