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sábado, 30 de mayo de 2020

Men in Black International


Y una vez más no llegaba una secuela/reinicio de una saga muerta y enterrada que nadie había pedido y que nadie deseaba. Supongo que para ver si alguna vez vuelve a sonar la flauta del Planeta de los Simios, Hollywood se dedica a estas cosas durante los últimos años. Así pues, volvieron los Hombres de Negro, ésta vez sin Will Smith.

Han pasado muchos años y los agentes J y K se han retirado hace tiempo, adquiriendo un estatus legendario. Pero la agencia de los Hombres de Negro sigue existiendo, gestionando la vida de los extraterrestres en nuestro planeta, además de salvar a la humanidad de su extinción semanal. La recién llegada H, una joven que siempre ha soñado con las galaxias, ve en exitoso y guapísimo agente M una oportunidad de medrar en la organización. Aunque él no parece muy receptivo, las circunstancias les harán sospechar la existencia de un topo que pone en peligro el futuro del planeta.

Supongo que el principal motivo para resucitar la franquicia es el abrumador éxito de la película Thor: Ragnarok, en la que la misma pareja actoral destilaba una estupenda química que hacía fluir estupendamente los gags y las escenas de acción. Los estudios querrían dar un nuevo taquillazo repitiendo fórmula, con lo que cogieron una historia más o menos peregrina, le añaden el toque de nostalgia que aporta resucitar una saga del pasado, lo aderezan con algunas bromis modernas y viejunas, agitan un poco la coctelera y a ver si se sacaban un éxito sin comerse mucho la cabeza.

Así pues, tenemos un guión pre-diseñado, en el que se ha seguido el manual del marketing sobre el tema y localización de cada chiste, los giritos se han situado en el segundo que marcan los cánones y la trama sigue un desarrollo perfectamente predecible que no te pilla en ningún momento por sorpresa. Como ocurre últimamente, se busca la excusa argumental para que los protas paseen por medio mundo, tengan unas escenitas de acción rechulonas y se peguen toñas a lo grande en una confrontación final. El mayor problema es que nada tiene una especial gracia, siguiendo los cánones de lo esperable de una manera decepcionantemente genérica, con su traidor estándar, sus chascarrillos a la moda y una mega lucha que tampoco es para tanto ni te acuerdas de porqué se tiene que producir.


No negaremos que Chris Hemsworth y Tessa Thompson trabajan bien juntos. Se nota que se lo pasan bien rodando la película y eso se transmite en pantalla. Tienen su toque para la comedia, como ya vimos en Thor y en Cazafantasmas y, además, Chris Hemsworth tiene unos pectorales espectaculares que luce con ganas, lo que siempre es un extra. Esto no salva que el guión no proporcione un mínimo de desarrollo a ningún personaje, dejándolos solos antes la palestra. Q y J tenían más chicha con la que trabajar, aparte de su savoir faire. En cuanto a los secundarios, Liam Neeson no puede evitar las ganas de coger la chequera y salir corriendo de allí mientras que el resto (incluyendo una Emma Thompson muy desaprovechada) se comportan como maniquíes parlantes que hacen sus cositas.

El director, F. Gary Gary es un veterano de las propuestas de acción llenas de brío (Fast&Furious 8, por ejemplo), lo que se nota en las funcionales escenas de acción, complementadas por unos efectos especiales resultones que cumplen con la papeleta. Ninguna escena queda mal, pero tampoco destaca por su espectacularidad. Sabe aprovechar la imaginería que ya conocemos para, por lo menos, tener buenos diseños en pantalla, recuperando la banda sonora de la primera película (la mejor de las tres) para dar un poco de lustre. Sin embargo, no parece estar interesado en que la película tenga brío, haciendo que se detenga en varios momentos, con los consiguientes baches de ritmo y problemas de empaque a la hora de enlazar la poco consistente trama.


Como no puede ser de otra manera, los chistes abundan, en su mayoría muy tontitos y facilones. Yo me he reído bastante con bastantes de ellos, especialmente los que buscan momentos de complicidad entre los dos protagonistas. No obstante, Peoncín ha sido un personaje Jar Jar durante toda la película, que pocas ganas de que interviniera, por Dio.

A pesar de sus enormes fallos, la película no aburre. Sabe moverte entre cabriolas de aquí para allá y, de vez en cuando, alguno de sus chascarrillos funciona. A las malas, Chris Hemsworth está buenorro y luce palmito, que siempre se agradece. Sin embargo, esto sabe a poco para ser una película de los Hombres de Negro. ¿Hacía falta resucitar la franquicia para hacer esto? Está por debajo de cualquiera de las películas de Will Smith en casi todos los aspectos. Incluso en sus peores entregas, sabían ser tremendamente simpáticas. Como suele decirse, ¿era necesario? ¿A algún ejecutivo de despacho se le ocurrió mirar el informe de algún asesor para saber si iba a ser rentable?



Vi la película con muchas ganas de disfrutarla, de que fuera simplemente decente, porque es una franquicia a la que tengo cariño, pero no lo he conseguido del todo. A pesar de que entretiene y maneja algunos chistes buenos, su insulso guión le impide ser nada más, necesitándose de la química de la pareja protagonista para ser un simple disfrute veraniego que ver y olvidar. Teniendo en cuenta el presupuesto manejado, no costaba tanto dar pie a una propuesta más digna. Le falta, bueno, todo lo que hizo grande a la saga: buen humor, alguna gamberrada, ganas de sorprender…

Nota: 3
Nota filmaffinity: 4.6

viernes, 27 de diciembre de 2019

Malos tiempos en el Royale


Fuimos a ver esta película muy de rebote. Llovía, decidimos ir al cine y era la única que ponían. No me gusta ir a ver las películas así, sin saber nada de ella. Ni idea de qué iba, de quién trabajaba… Pero bueno, a veces toca.

Malos tiempos en el Royale nos sitúa en un hotel cercano a Los Ángeles que en otro tiempo fue lujoso. Ahora malvive recordando tiempos pasados de una época que no volverá. Esa noche, curiosamente, el hotel está muy concurrido. Un puñado de personajes ha ido a parar a este negocio en decadencia, ideal para esconderse: Un sacerdote con muchos secretos, una cantante de góspel que prepara la audición de su vida, un par de chiquillas que huyen de algo, un agente secreto y un botones algo tartamudo. Cada uno de ellos tiene imperiosas razones para estar en él, lo que provocará una inesperada (y sangrienta) cascada de acontecimientos.

Con un guión muy divertido y un uso de los espacios realmente ingenioso, Malos tiempos para el Royale convierte lo que debería ser una historia bastante simple en un delicioso puzzle criminal lleno de elegancia. Este remedo de los diez negritos (¡mentira!) bebe a veces de la brutalidad de Tarantino y otras de las memeces de los Coen, pero sobretodo es un estupendo juego narrativo de atracos, traiciones y giros tramposetes. Su particular puesta en escena, sus ingeniosos diálogos y su negrísimo humor logran captar la atención, llevándote con energía por una montaña rusa en la que nada (y todo) es lo que parece, concluyendo de manera tan ingeniosa como inesperada.

Este guión lleno de sorpresas está más que bien aprovechado por un elenco de actores que realizan un espléndido trabajo. Los dos que más llaman la atención son Jeff Bridges (pocos actores en activo tienen tal plétora de estupendos personajes) y Cynthia Erivo (mis dieses), con los personajes más difíciles y también más logrados. Sorprende también la enjundia de Chris Hemsworth como Charles Manson buenorro y de Dakota Johnson como dama no-tan-en-apuros, pues no esperaba nada de ellos y demuestran un notable saber hacer. Completan el elenco unos sólidos John Hamm y Lewis Pullman, que no desentonan en absoluto entre tanta calidad.


El director que lleva a cabo esta acrobacia con triple mortal sin red es Drew Goddard (nada que ver con el mítico director), que demuestra una vez más que sabe entretener a su público. Tal como hizo en La cabaña en el bosque, rompe los esquemas del género para dejarte boquiabierto en cada escena. Cada giro de guión cambia tu perspectiva sobre qué estás viendo, en un continuo entrelazado que requiere de toda tu atención para poder seguir los objetivos de los diferentes personajes y sus interacciones. Un segundo de distracción puede provocar que te pierdas el dato concreto que te permite comprender la siguiente escena, ojo. Pide a gritos un segundo visionado en el que podrás comprobar que nada se ha dejado al azar, con multitud de detalles que indican mucho esmero en la composición del fragmentado enredo que compone la película. En una manera muy complicada de narrar una trama relativamente simple, unos mismos hechos se van repitiendo desde el punto de vista de los diversos personajes, lo que permite comprenderlos mientras se juega con las expectativas y el factor sorpresa.  Además, en un alarde gratuito (que imagino se produce por puro onanismo directoril), Goddard se las arregla para “homenajear” un puñado de escenas de películas de atracos clásicas, que el cinéfilo avezado podrá jugar a reconocer.



Este enredo de tiros y traiciones es un pasatiempos estupendo que parece mentira que dura dos horas y media. Podríamos discutir si merece la pena complicarse tanto la vida para lo que se quiere explicar, pero desde aquí no puedo sino recomendarlo y lo único que lamento es que pasara tan desapercibida. De hecho, en su momento éramos apenas seis personas en la sala, y las tres chavalitas que teníamos delante entraron únicamente porque en el poster estaba Thor sin camiseta…

Lo dicho, una película tramposa y liada, llena de humor negro y violencia desatada que proporciona un buen rato de diversión. Y cómo mola el final, coñe.

Nota: 8
Nota filmaffinity: 6.5

sábado, 23 de marzo de 2019

Vengadores: La guerra del infinito


En cuanto salí del cine, era consciente que el subidón con que acabé me iba a impedir hacer una reseña mínimamente objetiva de esta película. Después de darle un buen tiempo de descanso y volver a ponerme la película para reflexionar con más calma, me dispongo a escribir sobre el engendro más grande de súpers que jamás hubiera podido imaginar.

Así, con esta película empezaba la conclusión del primer mega-evento comiquero que Marvel ha conseguido engendrar en el MCU. Me llegas a decir hace veinte años, cuando aparecieron las primeras pelis de Raimi, que íbamos a poder tener un mejunje como éste, en el que confluyen 17 películas para narrar la llegada de Thanos a la Tierra, habría creído que me estaban tomando el pelo. A ver, en aquel momento era imposible sacar más de un personaje a a la vez por peli porque quedaba fatal (y nos conformábamos con que las películas fueran, simplemente, decentes, viendo la basurilla que se hacía…

Pero bueno, aquí Marvel la ha líado. Vaya si se ha quedado a gusto. Después del ligero bajón que supuso la película de Ultrón, se las habían arreglado para que no haya una película floja desde entonces (ejem, Ant-man, ejem…) y ahora La guerra del Infinito cumplía con todo lo que Marvel había prometido que era capaz de hacer con su Universo. Era tan, pero tan fácil que les petara en la cara que no puedo sino felicitarles por lo bien que les ha quedado. Se abandona cualquier tipo de realismo, abrazando el género comiquero en una odisea espacial desacomplejada que mantiene un equilibrio que parece imposible.


Sorprende que en una película con treinta personajes que tienen personalidad consigan que cada uno de ellos tenga su momento de gloria, entrelazando las tramas de todos sin que se desdibujen o se pierda el hilo. ¡Es que incluso esta mega-batalla de fuegos artificiales desatados es capaz de mantener la coherencia desarrollada en el Universo! (o.O)

Además, el contenido cómico está en su punto justo. Ideal para sacarte una sonrisa inesperada o aliviar la tensión en el momento adecuado, pero sin llegar a saturar o superar la trama como sí ocurría en Thor:Ragnarok o los últimos Guardianes. La guerra del Infinito coge lo bueno que tenía la Civil War o El Soldado de Invierno y te lo mete dentro de los Vengadores. En fin, que mola.

A lo tonto, han sido 10 años desde que vimos al primer Tony Stark enfundarse la armadura dorada. Los que han seguido todas las películas a lo largo del tiempo conocemos las vicisitudes de cada uno de los personajes hasta llegar a este punto. Los conocemos desde hace mucho y los hemos hecho nuestros. A su manera, les hemos cogido cariño. Por ello, no podemos sino inquietarnos cuando vemos que el chulesco Stark está acojonado porque no puede impedir el devenir catastrófico de los acontecimientos. Observamos al arrogante Dr. Strange superado por enemigos a los que, en condiciones normales, no tendría problema en despachar. Thor sumido en la devastación al haber fallado como Dios, como hermano y como amigo. El Capi y Bucky lamentan la inevitabilidad de la guerra, aceptando que, quizás, ésta es la última gran batalla. El desconcierto de Peter Parker ante un conflicto que, obviamente, es incapaz de comprender.

Nick Fury dijo hace años: “el mundo se estaba llenando de gente que no tiene rival, que no se puede controlar”. A pesar de que se trata de súpers y que seguro acabará bien, Thanos consigue que por primera vez tengamos la sensación de que las cosas puede que salgan MAL. Especialmente en aquellos momentos en que la montaña rusa se detiene (apenas unos segundos), en los que echas la vista atrás y sólo quieres consolar a unos personajes con los que has convivido durante años. Es Josh Brolin (con diferencia el mejor actor de la película) el que carga a los hombros con la titánica (je je) tarea de dar vida a al titán loco. Éste es, en verdad, el auténtico protagonista de la película. Todo el film es suyo, la trama gira en torno a él y es el que propicia el desarrollo de la historia. Además, se nos muestra como un personaje con matices, dotado de una personalidad claramente definida. Es poderoso e inteligente, pero muestra sentimientos más allá de “SOY EL MALO”. Es capaz de hacer que empaticemos con él y logremos entender por qué hace lo que hace. Además, la amenaza de Thanos es absoluta. Le basta tan sólo un prólogo apocalíptico para dejar claro que la inflexibilidad de sus convicciones o la potencia de sus ataques le convierten en aquel que siempre hemos temido; el que hace lo que no creímos posible. Más que doler, las hostias se temen. Seguro que, de alguna manera se arreglará (chim, pún, lo hizo un mago), pero nos quedamos con el mal cuerpo de qué el coste será alto.

Y bueno, también está Peter Dinklage que esta vez hace de gigante. Mis dieses.

La película adapta (muy libremente) el cómic El guantelete del infinito, por lo que algunos ya podemos imaginar por dónde irán las tornas, pero claro, nunca se sabe cuánto se van a flipar con estas cosas. Por ahora, sí que nos han dejado a gusto con una brutal montaña rusa que va a mil por hora en un ritmo aceleradísimo en el que pasan muchas, pero que muchas cosas y nos lleva de aquí para allá sin dejar medio segundo de descanso. No hay tiempo apenas para introducir nada más que al propio Thanos, por lo que, por primera vez, se hace imprescindible haber visto (y entendido) TODO lo que ha salido antes en el MCU. Quizás te puedes saltar Ant-man, pero ya. Si te falta algo, te vas a perder parte de lo que ocurre, quién es tal o pascual o por qué se va a un sitio u otro (y no te lo van a explicar). Me sorprendo asombrado al comprobar lo bien que han conjugado la parte galáctica y terránea del universo. Un poco como ocurre con ABBA: puede que sean unos petardos, pero una vez pones atención cada elemento está donde y como debe estar, y que esa es la organización perfecta. Técnicamente le faltará mucho, pero toca la teca correcta en cada momento.


Y luego llegamos al final de la película. SPOILER ¡Ay! No creí que se atrevieran, y menos que les quedara tan bien. Un perfecto anticlímax nos lleva a un simple chasquido de dedos que acaba con la existencia de medio universo. Da igual lo poderoso y corrupto que fueras: MEDIO UNIVERSO SE FUE. Que sí, sabes que se arreglará, pero recuerdo las caras de la gente al salir del cine y…Ay ese Thanos esbozando una sonrisa mientras mira al horizonte de ¿su casa? Satisfecho por el deber cumplido, devastado por los sacrificios realizados. FIN DEL SPOILER

¿Y ahora qué? Me refiero al final de mayo 2019. Estas dos películas han sido concebidas como colofón final de un concepto, un canto del cisne a unas aventuras que nos han acompañado durante diez años. ¿Qué haces después? Thanos es una amenaza tan absoluta que hay un precio que pagar, ningún malo maloso va a estar a la altura en un buen puñado de años y reiniciar el Universo se hace casi obligatorio. ¿Se podrá? ¿Aceptarán los fans (y los no fans) lo que vendrá después? Veo este macroevento serializado como un hito sólo posible una única vez, un territorio inexplorado que no podrá repetirse con la misma gracia, pues cualquier repetición no generará la misma expectación, más allá de manipular peligrosamente la cordura de los fans más devotos.

Si habéis leído todo esto, os habréis dado cuenta de lo mucho que he disfrutado con Infinity war. No dudo que habrá sido la sensación de cualquier seguidor de los comis. Evidentemente, si no te van, ni te acerques a esto. Infinity War es para fans y gente con conocimiento de la saga.

Nota: 9000!!! (o más).
Nota filmaffinity: 7.6
"Señor Stark, no me quiero ir, señor..."
“Ay… Peter”


miércoles, 24 de octubre de 2018

Thor: Ragnarok


Puesto en perspectiva, las películas de Thor previas al Ragnarok me habían hecho muy poca gracia. Debería estar de buenas para tratar tan bien a la de Kenneth Brannagh y la segunda ni siquiera me molesté en reseñarla. No es que me ilusionara especialmente cuando se anunció Thor: Ragnarok, aunque estuviera bajo la batuta del director de Lo que hacemos enlas sombras. Sin embargo, como ya ha pasado otras veces, la cachondidad del tráiler me vendió la moto para estar atento a echarle un ojo. ¡Si hasta salía Hulk haciendo de gladiador! Pues bueno, acabó cayendo.

El cambio de tono con sus dos predecesoras es brutal. Se abandona por completo la trascendencia shakespeareana que se había venido usando y nos traen una película llena de LSD, que recuerda a los cómics creados por Walter Simonson, en una época muy loca del Dios del Trueno (de la humanidad), mezclado de una manera muy… ejem… con una versión muy libre del muy serio cómic Planeta Hulk.

Thor: Ragnarok es una película muy zumbada, casi podríamos considerarla una spoof movie de súpers, pues tanta chorrada y tanta memez arrejuntada no se puede tomar de otra manera. Lo más curioso es que además se las arreglan para tener un argumento coherente entre tanto engendro estrambótico y tanta fantasía colorista. EL humor campa a sus anchas con un bombardeo continuo de gags bien capaces de dejarte boquiabierto, alucinando como todos los momentazos épicos se cortan tras una gilipollez de uno u otro personaje. Yo he tenido muchos problemas para aguantar en la butaca de la risa, que conste. Por otro lado, hay que puntualizar que no se trata de una comedia de acción en estilo de Guardianes de la Galaxia (que podríamos considerar como una peli de Jackie Chan supervitaminada), Thor es una soberana tontería, muy deudora de las míticas Agárralocomo puedas o similar.

Lo más importante es que proporciona diversión por un tubo sin asomo de grandilocuencia. Es un film desinhibido y fresco, con muchas ganas de reírse de sí misma. Se cambia el paradigma de los personajes y la interacción entre los hermanos Thor y Loki, aportando más variedad y carisma. Además, los secundarios están bien aprovechados para aportar ritmo y un buen par de gags, especialmente a costa de Hulk, que probablemente se guarda los mejores chistes de la cinta. Nos los creemos y nos mola, estoy seguro de que el grupete se lo ha pasado en grande rodando la película.

Chris Hemsworth fue, inicialmente, al actor que tenía más miedo para dar vida a los súpers de Marvel, pero a medida que pasan los años ha sabido hacer suyo al Dios Asgardiano, creciendo a lo largo de las películas y explotando una vena cómica que ya venía tiempo anunciando. Hemsworth no sólo moja las bragas de medio mundo sino que sostiene a Thor como nunca esperé que pudiera hacer: es un héroe con alma, torpón pero valeroso y capaz de hacer saltar cualquier tipo de lógica cuando la situación lo requiere.



Además, las nuevas incorporaciones funcionan como un tiro. Desde el carismático cameo del Dr. Strange (je, je) como el pasadísimo de vueltas personaje de Jeff Goldblum, que debe llevar años buscando el tío más raro posible para llevar a la gran pantalla. ¡Vaya bicho! Por su parte, Cate Blanchett interpreta a Hela, la “nueva” hermana de Thor y Loki, componiendo la mejor villana en solitario de una peli de Marvel. ¡Qué estilo a la hora de pegar palizas a todo Dios que pasa por ahí, po’ favó’! Sabe ser épica (y arreglarse el pelo cuando va a matar) en medio de tanta gansada. No hay nada como tener a un buen actor que se toma en serio su trabajo…

Se abandona también el ambiente tenebroso y oscuro que habían tenido sus predecesoras, mucho más seriotas. Aquí los colorines campan por doquier en una película que es pura festividad visual (para muestra, la persecución de las naves recreativas en el planeta de Goldblum), complementando unos efectos visuales puestos, aunque parezca extraño, al servicio de la película y no al revés. Tanta brillantina le aporta un toque cartoon que permite aceptar cualquier burrada comiquera con mucha más facilidad. Después de todo, ¿quién no va a adorar un Coliseo galáctico en que Thor y Hulk se atizan como gladiadores de la Antigua Roma? Una fiesta. 



Evidentemente que se trata de una película que no gustará a los que disfrutaron de las anteriores entregas (¿los hubo?), ni a aquellos que tengan a Thor en un pedestal de los héroes honorables y épicos. Ésta no es su película. Todo es cuestión de poner el chip del humor, entonces Thor: Ragnarok funciona como un tiro. De las mejores de la franquicia.

Nota: 8
Nota filmaffinity: 6.5




viernes, 8 de junio de 2018

Sinsajo: Parte 1


Y hete aquí que ya estoy acabando esta saga de películas. Puede que las haya visto en desorden (ventajas de haber leído los libros) y sin demasiada disciplina, pero uno se va poniendo al fin a acabar esta cosica.
Es curioso comparar las ansias con que devoré la saga literaria con el perezote que me coge cada vez que me dispongo a acometer un nueva entrega de las películas. Y mira que éste es el libro que más me gustó de todos, pero el único motivo para ver el film es para poder decir que he visto todos y acabar definitivamente con la saga. 

Sinsajo (parte 1) traslada, punto por punto, la acción del libro sin apenas cambiar nada. Katniss y su gente han podido escapar de la devastación del Distrito 12 y aparecen en el desconocido por todos Distrito 13. Inicialmente todo son ayudas y parabienes hacia la causa contra el Capitolio, pero pronto veremos que el Distrito 13 oculta también un buen número de muertos en el armario. Mientras tanto, Katniss se ha convertido en una figura vital para la Rebelión, a pesar de que su papel en la misma no es más que el de saludar y aparecer triunfante aquí y allá.

Después de ver esta primera parte, hay algunas cosillas que me han gustado. A diferencia de sus predecesores, Sinsajo es casi un libro bélico, muy alejado de sus dos predecesores, detalle que se ha respetado en la película, mucho más seca y áspera que las coloridas y festivaleras entregas anteriores. Sí, se ha rebajado mucho la dureza de las imágenes, pero desde arriba no se iba a permitir acercarse a la calificación +18 de ninguna de las maneras.

Asímismo, se nota que ahora SÍ hay dinero. Después de dos entregas con unos medios algo chusqueros, ahora tenemos unos efectos especiales resultones (aunque cante el CGI), unos escenarios mínimamente creíbles y una fotografía inusitadamente lograda. También se trata de una película que da pie a una acción más seria y menos aventurera. No hay demasiada, pero está bien coreografiada y se despacha con corrección. Finalmente, también se debería destacar su banda sonora, inesperadamente bien hilvanada con el tono general de la película.

Y bueno, ahora vamos al carro de defectos. Acabo de comentar que se agradece que haya una buena inyección de dinero, que se nota en la puesta en escena. Sin embargo, se fracasa completamente al hacer de la imaginería un elemento reconocible. A cada momento vemos un bunker  o un montón de escombros sin ningún atisbo de personalidad. No es que no tenga nada que ver con los decorados de Los juegos del Hambre o en Llamas, sino que no se diferenciarían en nada de un montón de escombros aleatorio que pudieras sacar de una Nova Prospekt cualquiera (estoy jugando estos días al Half-Life 2 y es clavadito, clavadiro), antes de pensar en ninguno de los distritos. No digo que esté mal hecho, es que es completamente anodino.


También he comentado que la poca acción está muy bien coreografiada, pero el problema es ese. Acción lo que es acción, hay poquita. Casi toda la película se dedica a explicar qué ha ocurrido “entre entregas” y a plantear el meollo que hará las veces de colofón final. Todo el rato es un “uy, que vamos a pegarnos” sin que llegue a pasar nada realmente. El ritmo, por tanto, no pasa de cansino, especialmente cuando los diálogos no destacan por su brillantez, lo que provoca que las más de dos horas que tenemos que soportar todo este tinglado no sean del todo agradables.

En otras entregas, había muchas quejas sobre la falta de muchos personajes. Se podía intuir quién era cada cual, pero no se confirmaba, no había espacio para ello. En Sinsajo, el guión te suelta todos los nombres para que nadie se queje. Incluso la acción se detiene un par de segundos para que le reconozcas, pero luego no se molesta en darle la más mínima personalidad o profundidad al mismo. Si sabes quién es y porqué hace lo que hace (al haber leído el libro), bien, sino, anda, tira para adelante que ya te están presentando a otro.

Se dedica, pues, un esfuerzo consciente en que no falte un solo personaje del libro, pero luego no se dedica más que un suspiro en la critica subyacente que se hace en el libro hacia la pérdida de libertades en pos de la seguridad y el fácil acercamiento al totalitarismo que ello supondría. Ya imaginaba que no se meterían a fondo, ya que una película tiene que estar bien masticadita, pero si antes lo has dejado caer al menos, pues esperaba que se tuviera presente. Si que se profundiza algo más, por lo menos, en el uso de Katniss como propaganda bélica. Los propios dirigentes aceptan que es una inútil, una chiquilla asustada que no sabe hacer nada, pero como la gente la adora, tienen que ir haciendo spots aquí y allá para avivar la llama de la guerra contra el Capitolio. No acaba de quedar tan claro la poca gracia que esto le hace a Katniss como en el libro, pero por lo menos celebro que lo hayan reflejado.



Finalmente, también se debe destacar el poco esfuerzo del noventa por ciento del elenco al trasladar los personajes a la gran pantalla. Más allá de Jennifer Lawrence, que hace lo que puede, y de Woody Harrelson, que con el automático ya le sirve, la actitud del resto es de pasotismo absoluto. Estoy de acuerdo en que no hay personajes desarrollados ni buenos diálogos, pero por lo menos, que no se note tanto que no te importa nada lo que está ocurriendo.

Cambiando de tercio, tradicionalmente he estado en contra de esta moda de dividir la última entrega de alguna saga en dos (y hasta tres) partes, como si fuera una miniserie. No parece otra cosa que estirar un poco el chicle y sacar un puñado más de pasta de taquillas y estas cositas. Sin embargo, a medida que voy viendo más ejemplos fuera de la Tierra Media, estoy quedando más contento con el resultado. De la misma manera que con las series cortas, este corte permite tener sobre las cuatro horas para desarrollar la historia, por lo que se pueden tomar las cosas con más calma, explicando la trama sin tanto apelotonamiento gratuito.

En este caso, el corte se produce en la mitad “física” de la historia, pero claro, ello conduce a una primera parte cansina, que sólo se limita a plantear la acción, mientras que supongo que la segunda parte será un continuo de acrobacias y dos tonterías para rematar la historia. No da la impresión de tratarse de dos capítulos de una misma historia, sino de una película partida en dos. Esta partición es muy peligrosa para el resultado de Sinsajo en su conjunto, pues obligaría a ver las dos películas del tirón si se quiere tener una experiencia mínimamente satisfactoria. No obstante, estoy seguro de que habría quedado todavía peor si se hubiera hecho del tirón en unos 140-160minutos.



Evidentemente, para apreciar mínimamente Sinsajo, se debe haber visto o leído que ha ocurrido antes, porque si no, no te vas a enterar de nada. Ni el director ni el guionista dedica muchos esfuerzos para que el profano se ubique.

Al final encontramos una adaptación rodada con cierta corrección, con sus cosillas buenas y sus errores de bulto. Este entretenimiento blandito funciona para satisfacer minimamente al fan de la saga y cumple con lo que se le pide, aunque fácilmente puede aburrir al espectador no devoto. Eso sí, el corte deja con muy mal sabor de boca.

Nota: 3
Nota filmaffinity: 5.6

lunes, 30 de septiembre de 2013

Rush

La fórmula 1 me encanta, su mística, la pasión por el motor, la épica de los mecánicos y la destreza de un piloto que construye sus victorias sobre músculos de metal. La película, con guión del reputado Peter Morgan y dirigida por el impredecible Ron Howard, es toda una auténtica garantía de calidad. Estas dos cosas juntas prometen, y mucho.

La película se centra en la rivalidad de dos enemigos acérrimos en ese monstruoso circo de lunáticos que es la Fórmula 1. Dos espléndidos pilotos tan contrarios como geniales. Por un lado, el británico James Hunt, puro talento con las manos pero mujeriego, juerguista e indisciplinado; por el otro, el frío y calculador Niki Lauda, un experto en las telemetrías y la técnica, obsesivo y disciplinado hasta niveles inhumanos. Estos dos carismáticos colosos chocaron a lo largo de su carrera en las carreras, desatando una rivalidad dentro y fuera de las pistas que culminó en el dramático y prodigioso mundial de 1976 (el más ajustado de la historia) cuya estela aún persiste en nuestros días.

Por fin una película de carreras que no es sólo para locos de los coches. No es necesario ser un aficionado a las carreras para comprender la temeridad de los pilotos, la necesidad de ir al límite, la conciencia de cuando es riesgo o cuando locura, el hambre de victoria, la disciplina, el esfuerzo y el talento… Si ya encima eres de los que disfrutan con una apurada de frenada, un adelantamiento imposible o sientes la adrenalina de un inicio fulgurante... Pues vas a disfrutar como un enano.

ACTORES:  Chris Hemsworth se aleja (por fin) del prototipo de Thor y compone muy bien a un chico malo con talento. No sólo se parece mucho al mítico playboy James Hunt sino que consigue darle el carisma que se merece a un mujeriego, competidor, orgulloso y prepotente piloto de F1. Muestra que está perfectamente capacitado para ser más que un “chico mono” en su mejor papel hasta la fecha. Enfrente, Daniel Brühl realiza una composición magnífica del obsesivo Niki Lauda, mostrándose como un ejemplo de esfuerzo, seriedad y profesionalidad sobrepasando en mucho el fanatismo. Hay que destacar su trabajo de la misma manera que el de un campeón de F1. El actor vuelve a demostrar su dominio de los idiomas, y aunque parezca una minucia, tan solo oírle hablar con el acento austríaco de Lauda (el actor es alemán, y ambos acentos difieren mucho) se nota lo mucho que ha trabajado su personaje. Ello se ve en pantalla, y Brühl consigue una de las interpretaciones más creíbles de su carrera, con momentos de una gran profundidad dramática (una simple escena de cómo intenta ponerse el casco de competición hace que uno se estremezca), hacen de su papel en el filme sea el más reseñable de entre sus compañeros. Dos formas de entender las carreras totalmente diferentes, pero al mismo tiempo, dos caras de una misma moneda.
Sólo una cosa. Alejaos de la versión doblada al castellano. Mata casi toda la interpretación de Brühl.

DIRECTOR: Ron Howard ha hecho cosas tan malas como Ángeles y demonios o El dilema, pero también ha demostrado que si se esfuerza puede hacer grandes cosas como con Willow, Una Mente maravillosa o Frost contra Nixon. Y esta vez, sabiendo que tiene un gran guión, se ha esforzado al máximo. No sólo te sumerge en la mente de ambos monstruos de la competición, con gran coherencia y exactitud, sino que cuando empiezan las carreras, ENTRAS EN EL ESPECTÁCULO. Cilindros en movimiento, adrenalina, goma quemada, hierba volando y a correr. Howard mete la cámara en los coches, en la  vibración de los amortiguadores, el sudor de los pilotos, las gotas de lluvia que no dejan ver… Una recreación espectacular y fidedigna de los circuitos ayudada por imágenes reales de la época, combinación ideal para hacerte vibrar y vivir al límite las carreras y así entender a estos yonkis de la velocidad (que en el fondo es lo que son). Consigue captar la asfixia que se siente dentro de uno de estos bólidos, junto con la angustia de los accidentes y la temeridad en la que viven. Un ejemplo de auténtico temple al mando de las cámaras, dentro y fuera del casco, un lujo digno de apreciarse en la más oscura de las salas y la más grande de las pantallas.
Si a eso le añadimos una partitura espectacular a cargo del maestro Zimmer… pues ya nos quedamos a gusto del todo.

La escena en que se hace una analogía entre conducir al límite un Fórmula 1 con una operación de urgencias a vida o muerte es preciosa, sin duda. Si a ello le juntamos las victorias por televisión mientras se realizan aspiraciones pulmonares… Encontramos dos escenas (entre muchas de la película) que hacen estremecer.

Los no fanáticos de la F1 no podrán reconocer a Enzo Ferrari, Frank Willliams, Bruce McLaren y la perfecta recreación de cada curva de Interlagos, Nurbürgring, Fuji, Jarama,… pero esto no les impedirá disfrutar del soberbio espectáculo.

GUIÓN: El guión es solidísimo en varios aspectos. Disecciona perfectamente la mente de las dos fieras competitivas. Consigue mostrarnos de manera fascinante la vida de cada uno de ellos, de dos hombres opuestos destinados a enfrentarse y cuyo odio mutuo despertaba un afán de superación y estímulo constante que hacía desarrollar sus carreras para deleite del espectador. Una misma cosa enfocada de forma tan diferente, y en ambos casos que te lleva a ser un ganador, un campeón del mundo. Sin duda, esto nos recuerda que a veces en la vida hay diversas formas de afrontar un mismo problema - muchas de ellas opuestas - y todas igualmente válidas. La película nos muestra el contraste de ambos, su rivalidad, su forma de hacer las cosas, de enfrentarse a todo cual gladiadores que salen a la plaza sabiendo que ese día puede ser el último.
En la película se muestra claramente no sólo la tensión de la competición sino todo lo que rodea a la misma: Motivación, esfuerzo, superación, hambre de victoria, el entorno… Transmitiendo que el mencionado deporte es algo más que una serie de enfrentamientos: un espíritu, un riesgo, toda una serie de factores físicos, psíquicos y de gran audacia (demostrado esto último no sólo durante, por ejemplo, un adelantamiento en una carrera, sino también en la interesantísima parte concerniente a la ingeniería de los vehículos).

Me encanta el hecho de que al principio, la historia se centra totalmente en Hunt, y Lauda es un simple “enemigo” pero, poco a poco, la película se va centrando en la enemistad entre ambos para acabar centrándose más en Lauda, siendo el británico “un grano en el culo” del austríaco. De esta manera podemos comprender a los dos y ver todo desde el punto de vista de ambos. Esta cabriola está muy bien resuelta junto con la gran tensión del campeonato y la solidez en la dirección de Howard que, quizás, se encuentra ante su mejor trabajo.

Este film gana a otras preciosidades del cine de carreras, como puede ser Dias de trueno, Grand Prix o LeMans justo porque transmite igual de bien qué pasa dentro de las carreras como además muestra una historia vibrante y cercana fuera de los coches. Por otro lado, el final en Fuji puede parecer muy efectista, pero si uno investiga y busca la verdad, se puede sorprender de que a veces la épica real supere a la ficción…

El saludo en la carrera final entre ambos, justo antes de empezar, es muy emotivo, igual que su última charla junto al avión. Me ha gustado especialmente ese mensaje de que es bueno tener enemigos (en plan light) que nos motiven a ser mejores y que nos lleven hasta el límite para superarnos. Buena filosofía de vida. Buena forma de acabar una película (si obviamos las innecesarias imágenes de archivo con el destino final de Hunt).


"Rush" es el pique, tanto la especulación en su alma como su espíritu sobre las ruedas, los diseños automovilísticos han sido calcados prácticamente a la perfección y la veracidad es palpable en cada fotograma, incluso cuando enfoca un minuto en falso, a la par que capta también la motivación de estos locos incomprendidos tras el volante como nunca, en uno de los pulsos más recordados (y es que las ganas de triunfar salen tan caras como provechosas) en la historia de la Fórmula 1, el golferas de Hunt y el jodido Niki Lauda.

Nota: 9
Nota filmaffinity: 7.6


Aún es pronto, pero tal como me pasó con Argo, esto tiene muy buena pinta para pedirse algunas estatuillas. 

domingo, 25 de agosto de 2013

Thor

Thor nunca ha sido uno de mis superhéroes favoritos y cuando se hizo la película, asustado por la “espectacular” Green Lantern, no me molesté en ir a verla, temeroso de que el resultado fuera similar. Por unas cosas u otras, el otro día acabó cayendo, la última previa a Los Vengadores.


 Thor es el heredero del trono de Asgaard, un planeta muy avanzado tecnológicamente que es el origen de la mitología de los dioses vikingos. Joven y alocado, provoca una guerra con los gigantes de hielo, por lo que es desterrado a la Tierra por Odín, su padre, hasta que aprenda cómo debe comportarse un rey. Su hermano pequeño Loki , astuto y envidioso, aprovechará el momento para eliminar a Thor y quedarse con el trono.

Dentro de la mega-maquinaria de márketing que es la Marvel, tocaba presentar al último de los personajes que compondrían a Los Vengadores que tenía derecho a película para que lo conociéramos bien. Las referencias internas y la imaginería común a esta saga se mantiene, sabiendo ser diferente del resto. Lo que más me ha sorprendido de la película es lo poco comiquera que es. Desde un primer momento la película coge un tono rotundo y serio, parecido a las películas de aventuras de los 80 (Conan o El Señor de las Bestias), pero con los medios actuales y toda la parafernalia que ofrece el CGi y los efectos especiales. Donde podría salir una bazofia, se ofrece una película sólida, sin nada especialmente destacable, pero hecha con oficio.

ACTORES: En cuanto a los actores, Chris Hemsworth hace un Thor medianamente digno. Luce palmito a gusto (atención nenas!) y se aleja del monoregistro típico de estas películas (Lobezno me viene a la cabeza a toda velocidad). El elenco de secundarios es arena de otro costal. Sorprende ver a Natalie Portman, Anthony Hopkins o Idris Elba participando en una película de este calibre, y, cómo no, cumplen con suficiencia.

DIRECTOR: Si la presencia de Portman o Hopkins resulta inesperada, que el director sea Kenneth Brannagh es aún más inesperado. A posteriori hay que reconocer que su oficio se nota, pues la representación de Asgaard y Jotundheim impresionan estética y visualmente. Sabe dar un inicio espectacular y un final con un climax bien conseguido, aunque la parte del medio se desinfla bastante. Aun así, consigue coreografías bastante correctas y durante todo su metraje demuestra que se ha rodado sin pasión, pero con oficio y solidez. La consistencia de algunas escenas me resultan inesperadas, como la impotencia de Thor bajo la lluvia, que me recuerda que hay un director con talento detrás de las cámaras.  
Eso sí, no me acabo de explicar que pintan Los Guerreros Asgaardianos, pero seguro que era posible hacer a Obelix, Xena, Robin Hood y Jackie Chan con un poco más de dignidad.

GUIÓN: Como primera película de superhéroe, toca introducir al personaje principal, con lo que la historia de sus orígenes se come gran parte del metraje -casi dos terceras partes-. No queda mucho espacio para una historia, por lo que esta se despacha rápidamente, nos quedamos que Loki es un malo sediento de poder, Thor aprende que un martillazo en la cabeza no es siempre la mejor solución y poco más. Por otro lado, los personajes tienen personalidad, el ritmo está bien conseguido y la coherencia no chirría en ningún momento. No tiene nada destacable que la haga diferente a cualquier película del género ni pasará a la historia, pero se deja ver agradablemente.

Quizás porque me esperaba algo mucho peor, pero me he encontrado una correcta adaptación, irregular en su conjunto, pero sin errores que impidan un agradable visionado. Una película más dentro de la macro-saga Los Vengadores (algún día habrá que hacer un compendio de todo el fenómeno, perfectamente orquestado para ganar dinero a manos llenas), yo me esperaba muy poca cosa, pero ha resultado un entretenimiento muy estruendoso y ligero.

Nota: 4
Nota filmaffinity: 5.6