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lunes, 30 de septiembre de 2013

Rush

La fórmula 1 me encanta, su mística, la pasión por el motor, la épica de los mecánicos y la destreza de un piloto que construye sus victorias sobre músculos de metal. La película, con guión del reputado Peter Morgan y dirigida por el impredecible Ron Howard, es toda una auténtica garantía de calidad. Estas dos cosas juntas prometen, y mucho.

La película se centra en la rivalidad de dos enemigos acérrimos en ese monstruoso circo de lunáticos que es la Fórmula 1. Dos espléndidos pilotos tan contrarios como geniales. Por un lado, el británico James Hunt, puro talento con las manos pero mujeriego, juerguista e indisciplinado; por el otro, el frío y calculador Niki Lauda, un experto en las telemetrías y la técnica, obsesivo y disciplinado hasta niveles inhumanos. Estos dos carismáticos colosos chocaron a lo largo de su carrera en las carreras, desatando una rivalidad dentro y fuera de las pistas que culminó en el dramático y prodigioso mundial de 1976 (el más ajustado de la historia) cuya estela aún persiste en nuestros días.

Por fin una película de carreras que no es sólo para locos de los coches. No es necesario ser un aficionado a las carreras para comprender la temeridad de los pilotos, la necesidad de ir al límite, la conciencia de cuando es riesgo o cuando locura, el hambre de victoria, la disciplina, el esfuerzo y el talento… Si ya encima eres de los que disfrutan con una apurada de frenada, un adelantamiento imposible o sientes la adrenalina de un inicio fulgurante... Pues vas a disfrutar como un enano.

ACTORES:  Chris Hemsworth se aleja (por fin) del prototipo de Thor y compone muy bien a un chico malo con talento. No sólo se parece mucho al mítico playboy James Hunt sino que consigue darle el carisma que se merece a un mujeriego, competidor, orgulloso y prepotente piloto de F1. Muestra que está perfectamente capacitado para ser más que un “chico mono” en su mejor papel hasta la fecha. Enfrente, Daniel Brühl realiza una composición magnífica del obsesivo Niki Lauda, mostrándose como un ejemplo de esfuerzo, seriedad y profesionalidad sobrepasando en mucho el fanatismo. Hay que destacar su trabajo de la misma manera que el de un campeón de F1. El actor vuelve a demostrar su dominio de los idiomas, y aunque parezca una minucia, tan solo oírle hablar con el acento austríaco de Lauda (el actor es alemán, y ambos acentos difieren mucho) se nota lo mucho que ha trabajado su personaje. Ello se ve en pantalla, y Brühl consigue una de las interpretaciones más creíbles de su carrera, con momentos de una gran profundidad dramática (una simple escena de cómo intenta ponerse el casco de competición hace que uno se estremezca), hacen de su papel en el filme sea el más reseñable de entre sus compañeros. Dos formas de entender las carreras totalmente diferentes, pero al mismo tiempo, dos caras de una misma moneda.
Sólo una cosa. Alejaos de la versión doblada al castellano. Mata casi toda la interpretación de Brühl.

DIRECTOR: Ron Howard ha hecho cosas tan malas como Ángeles y demonios o El dilema, pero también ha demostrado que si se esfuerza puede hacer grandes cosas como con Willow, Una Mente maravillosa o Frost contra Nixon. Y esta vez, sabiendo que tiene un gran guión, se ha esforzado al máximo. No sólo te sumerge en la mente de ambos monstruos de la competición, con gran coherencia y exactitud, sino que cuando empiezan las carreras, ENTRAS EN EL ESPECTÁCULO. Cilindros en movimiento, adrenalina, goma quemada, hierba volando y a correr. Howard mete la cámara en los coches, en la  vibración de los amortiguadores, el sudor de los pilotos, las gotas de lluvia que no dejan ver… Una recreación espectacular y fidedigna de los circuitos ayudada por imágenes reales de la época, combinación ideal para hacerte vibrar y vivir al límite las carreras y así entender a estos yonkis de la velocidad (que en el fondo es lo que son). Consigue captar la asfixia que se siente dentro de uno de estos bólidos, junto con la angustia de los accidentes y la temeridad en la que viven. Un ejemplo de auténtico temple al mando de las cámaras, dentro y fuera del casco, un lujo digno de apreciarse en la más oscura de las salas y la más grande de las pantallas.
Si a eso le añadimos una partitura espectacular a cargo del maestro Zimmer… pues ya nos quedamos a gusto del todo.

La escena en que se hace una analogía entre conducir al límite un Fórmula 1 con una operación de urgencias a vida o muerte es preciosa, sin duda. Si a ello le juntamos las victorias por televisión mientras se realizan aspiraciones pulmonares… Encontramos dos escenas (entre muchas de la película) que hacen estremecer.

Los no fanáticos de la F1 no podrán reconocer a Enzo Ferrari, Frank Willliams, Bruce McLaren y la perfecta recreación de cada curva de Interlagos, Nurbürgring, Fuji, Jarama,… pero esto no les impedirá disfrutar del soberbio espectáculo.

GUIÓN: El guión es solidísimo en varios aspectos. Disecciona perfectamente la mente de las dos fieras competitivas. Consigue mostrarnos de manera fascinante la vida de cada uno de ellos, de dos hombres opuestos destinados a enfrentarse y cuyo odio mutuo despertaba un afán de superación y estímulo constante que hacía desarrollar sus carreras para deleite del espectador. Una misma cosa enfocada de forma tan diferente, y en ambos casos que te lleva a ser un ganador, un campeón del mundo. Sin duda, esto nos recuerda que a veces en la vida hay diversas formas de afrontar un mismo problema - muchas de ellas opuestas - y todas igualmente válidas. La película nos muestra el contraste de ambos, su rivalidad, su forma de hacer las cosas, de enfrentarse a todo cual gladiadores que salen a la plaza sabiendo que ese día puede ser el último.
En la película se muestra claramente no sólo la tensión de la competición sino todo lo que rodea a la misma: Motivación, esfuerzo, superación, hambre de victoria, el entorno… Transmitiendo que el mencionado deporte es algo más que una serie de enfrentamientos: un espíritu, un riesgo, toda una serie de factores físicos, psíquicos y de gran audacia (demostrado esto último no sólo durante, por ejemplo, un adelantamiento en una carrera, sino también en la interesantísima parte concerniente a la ingeniería de los vehículos).

Me encanta el hecho de que al principio, la historia se centra totalmente en Hunt, y Lauda es un simple “enemigo” pero, poco a poco, la película se va centrando en la enemistad entre ambos para acabar centrándose más en Lauda, siendo el británico “un grano en el culo” del austríaco. De esta manera podemos comprender a los dos y ver todo desde el punto de vista de ambos. Esta cabriola está muy bien resuelta junto con la gran tensión del campeonato y la solidez en la dirección de Howard que, quizás, se encuentra ante su mejor trabajo.

Este film gana a otras preciosidades del cine de carreras, como puede ser Dias de trueno, Grand Prix o LeMans justo porque transmite igual de bien qué pasa dentro de las carreras como además muestra una historia vibrante y cercana fuera de los coches. Por otro lado, el final en Fuji puede parecer muy efectista, pero si uno investiga y busca la verdad, se puede sorprender de que a veces la épica real supere a la ficción…

El saludo en la carrera final entre ambos, justo antes de empezar, es muy emotivo, igual que su última charla junto al avión. Me ha gustado especialmente ese mensaje de que es bueno tener enemigos (en plan light) que nos motiven a ser mejores y que nos lleven hasta el límite para superarnos. Buena filosofía de vida. Buena forma de acabar una película (si obviamos las innecesarias imágenes de archivo con el destino final de Hunt).


"Rush" es el pique, tanto la especulación en su alma como su espíritu sobre las ruedas, los diseños automovilísticos han sido calcados prácticamente a la perfección y la veracidad es palpable en cada fotograma, incluso cuando enfoca un minuto en falso, a la par que capta también la motivación de estos locos incomprendidos tras el volante como nunca, en uno de los pulsos más recordados (y es que las ganas de triunfar salen tan caras como provechosas) en la historia de la Fórmula 1, el golferas de Hunt y el jodido Niki Lauda.

Nota: 9
Nota filmaffinity: 7.6


Aún es pronto, pero tal como me pasó con Argo, esto tiene muy buena pinta para pedirse algunas estatuillas. 

sábado, 14 de mayo de 2011

Los eduKadores

“Espero que Los Edukadores haga entender a la gente lo que hacen los enormes conglomerados. Construyen un sistema económico en el que el ser humano no significa nada, el dinero lo es todo”. Hans Weingartner.

Lo primero de todo es que hay que tener en cuenta que el título original es “Los años de vacas gordas se han terminado”, recalcando todavía más la voluntad de llamar la atención y servir de antena para denunciar un mundo injusto. En castellano, el llamarla Los Edukadores implica un propósito aleccionador y paternalista que luego no se encuentra en la película, pero que ya provoca prejuicios al espectador. Además, ¿porqué usar la K en el título? ¿Acaso se busca ser más radiKal y transgresor? Por si fuera poco, en España (y Latinoamérica) la escena final aparece censurada, cambiando totalmente el desenlace. Parece más bien que los distribuidores de la película en España querían que pasara desapercibida o malinterpretada.

Pero bueno, volvamos al argumento: Jan y Peter son dos jóvenes de estrato bajo, que se dedican a sobrevivir con sus trabajos, pero que de noche se dedican a entrar en casas de los excesivamente ricos, evitando sus carísimos guardias para revolver todo el interior. No se roba nada, no se hace daño a nadie. Sólo se les recuerda que tienen dinero, mucho dinero, mucho más del que necesitarían para vivir y que los años de abundancia (vacas gordas) se deberían acabar. Buscan llamar la atención de los jóvenes para que despierten y intenten hacer un mundo más justo. Cuando Julia, la novia de Peter, empieza a vivir con ellos, las relaciones personales empiezan a influir. El siguiente golpe es realizado con prisas y sin su debida preparación, acabando en un secuestro improvisado. El triángulo amoroso de los tres personajes, unido a la interacción con el rico secuestrado de curioso pasado hará replantear los ideales de todos los personajes, obligándoles a reflexionar sobre los motivos por los que realmente actúan.

ACTORES: La actuación de los tres jóvenes actores resulta sorprendentemente fresca y sincera. Dentro de sus contradicciones, los tres personajes están muy bien construidos, permitiendo a los actores hacer un buen trabajo. En su algo más increíble papel de rico, Klaussner está algo más incómodo. No obstante, cumple con corrección con su contradictorio papel sin resultar demasiado forzado. La traducción al castellano es sumamente horrorosa, añadiendo a los jóvenes un deje pijo que cambia totalmente a los personajes, provocando mas tirria que otra cosa. Yo la he visto en alemán y, realmente, hay diferencia. Aunque sé que me repito, la importancia de ver las cosas en VO, a veces es mayúscula. En este caso, no sólo cambia totalmente el carácter de los personajes, sino que hay diálogos cambiados y varias escenas recortadas.

DIRECCIÓN: Weingartner hace esta película sin vocación de entretener. Busca llamar la atención de los dormidos. Que hay que luchar y protestar para conseguir arreglar las cosas. Después de un inicio vibrante, la película se toma un buen impass en que cada personaje expresa sus ideales, sus puntos de vista y reconoce las deficiencias que tiene su forma de pensar. No obstante, cuando intenta desarrollar el triángulo amoroso, la cosa queda algo más deslavazada. Es un contrapunto algo incómodo que destaca en el tono que llevaba la película, que puede resultar desagradable para muchos paladares. No obstante, esto es típico de las películas alemanas, con un ritmo mucho más pausado del que estamos acostumbrados en España y con cierto gusto para los cambios de tono inesperados.

GUIÓN: Teniendo en cuenta el gusto alemán, es un guión muy pensado y trabajado. Diálogos ágiles e incisivos, escenas bien construidas que dejan caer un mensaje desenfadado y provocador.  Los hechos resultan algo increíbles, pudiéndose encontrar un par de escenas ilógicas y algunas reacciones inesperadas. No obstante, el mimo con que se han preparado las discusiones ideológicas y el trabajo que hay en la defensa de la postura de cada personaje es digno de mención.

Al principio, los personajes son muy simples, tienen las ideas muy claras pero de una manera muy ingenua. Los buenos son muy buenos y el malo, malísimo. No obstante, cuando empieza el secuestro, se produce una evolución de sus maneras de pensar, apareciendo los matices y las contradicciones. A primera vista, puede parecer que la película es una alabanza a la lucha antisistema, sin embargo, una reflexión más profunda de los diálogos desprende que es más bien una cierta critica a una lucha gamberra e irreflexiva. Los personajes acaban dándose cuando de que se mueven por egoísmo. El secuestro se produce para evitar la prisión. Para salvar su pellejo, se excusan en sus ideales y actúan sin importar el daño que puedan causar a los demás.

SPOILER:

Sin embargo, tras haberse dado cuenta de ello, y tras un cierto titubeo, deciden seguir adelante con esta manera de vivir. Pero teniendo en cuenta sus errores, dispuestos a no volver a cometerlos. La lucha es necesaria, pero también es necesario hacerla bien. No moverse por odios, envidias y egoísmos, sino por ansia de superación y mejora, buscando lo mejor para todos. El final en el que el rico acaba ayudando a los jóvenes a volar las antenas parabólicas es una muestra de ello. Es necesario luchar y despertar a la gente, pero hay que hacerlo bien. Es posible llamar la atención sin matar a nadie.
En la versión española, la película está truncada. Esta reflexión sobre los errores en el planteamiento inicial de los jóvenes no existe. Además, se eliminan dos escenas al final. Esta censura provoca que ahora sea el rico un malo maloso que los ha traicionado y ellos unos niños pijos listos gamberros que se salen con la suya.

FIN DE SPOILER

El autor tiene confianza en el género humano, apela a la palabra y a la lección: es necesario despertar para cambiar el mundo. Es posible. Pero hacerlo bien no es fácil. Admite su limitación: “hay personas que nunca cambian”. La decisión de aprender le corresponde al espectador.

La película hace plantearse varias preguntas:

¿Hasta qué punto está justificada la lucha por lo que uno cree que es lo correcto? ¿No les convierte eso en terroristas? ¿No es acaso un sentimiento de superioridad el creerse capaz de imponer al resto lo que deben hacer? ¿Cómo sabemos si confundimos nuestras creencias con la verdad?

¿Hasta qué punto uno puede justificar sus actos por lo que le exige la sociedad? ¿Hasta qué punto es lícito vivir por encima de lo permisible aunque sea con el dinero que se ha ganado trabajando? ¿La felicidad se consigue mediante un consumo mayor de productos? ¿No nos centramos demasiado en prosperar cuando seguramente seríamos más felices viviendo sin tantas preocupaciones?

Una buena película para ver y reflexionar.

Nota: 8
Nota filmaffinity: 7.3