domingo, 12 de abril de 2020

Misterioso asesinato en Manhattan


Quizás es porque tenía ganas de resarcirme después del mal sabor de boca que me dejó la última película Marvel, pero había ganas de ponerse una comedia que funcionara estupendamente. De entre sus posibilidades, lo que mejor se me pasó por delante fue volver a ver una de las comedietas más locas del mejor Woody Allen, que toquetea el cine de Hitchcock pasándolo por su particular filtro.

Pues esto es una señora algo madura, bastante pijilla y muy aburrida que cree ver a su vecino acabar con su mujer. Asustada, lo cuenta todo a su neurótico esposo, que no está por la labor de ponerse a investigar. Como ella no se ha quedado tranquila, decide liar a su candidato a amante para jugar a los detectives, lo que provocará una serie de enredos de lo más loco, especialmente cuando los celos obliguen al atribulado marido a ponerse también manos a la obra. A su manera, la investigación progresa en una trama en la que nada (y todo) es lo que parece.

Así pues, partiendo del armazón de un thriller que bebe mucho de La ventana indiscreta, Woody Allen toquetea lo que necesita para convertir el film en una comedia loquísima en la que se suceden los diálogos ingeniosos, las situaciones improbables y la lógica más aplastante empleada de la manera más absurda. La maniática personalidad de unos personajes muy bien trazados provoca un buen puñado de sucesos inesperados, formando un rompecabezas un poco raro que uno sabe muy bien qué va a ser, pero que no puede evitar disfrutar su montaje.

Gracias al tremendo arsenal de diálogos llenos de miga y a las aristas que presenta cada personaje, los actores tienen ante sí un caramelito que aprovechar. Se esfuerzan sobremanera para dar vida a unos personajes inolvidables, destilando una química inusual, sólo al alcance de un elenco en estado de gracia. Diane Keaton, Alan Alda y el propio Woody Allen, están todos magníficos.



El guión no sólo contiene una profusión de diálogos certeros sino que Allen le ha metido una crítica al pijerío neoyorkino (del que él siempre ha formado parte), siempre centrado en veleidades intelectuales y tan aburridos que se “inventan” un asesinato para así tener algo en que entretenerse. Aprovecha también esta parodia para dejar claro cuánto sabe de estos temas, metiendo dentro del guión referencias de actores (Astaire, Bogart), directores (Welles, Wider), películas (Perdición, la dama de Shanghai), además de pedradas gratuitas a escritores (Joyce), pintores (Monet) y alguna frase famosa sobre invadir Polonia. Lo más curioso es que esta tonelada de guiños están tan bien metidos dentro de los diálogos que no chirrían en ningún momento. El profano no nota nada extraño en la construcción de las frases y disfrutará como un cosaco de los chistes, mientras que el cultivado en estas cosas veredes se lo pasará como un enano reconociendo todo el chillón de referencias que hay ahí metidas.

Me resulta curioso que una película tan redonda, que exige una gran atención por parte del director y una mirada tan optimista del mundo se produjera justo durante el divorcio con Mia Farrow. Justo acababa de salir inocente del juicio por abusos y necesitaba un proyecto ligero con el que desconectar y divertirse. Y vaya sí le salió bien. Quizás por las ganas de centrarse en el trabajo por un tiempo, nos brinda un thriller en el que estás en tensión para saber qué demonios ocurre, mientras se te bombardea a chistes por todos lados, demostrando una brutal inventiva a la hora de crear escenas tan inusuales como certeras (la escena del ascensor, las amenazas telefónicas o la excéntrica declaración policial).



Dos horitas de la mejor comedia mezclada con un thriller que bebe de los maestros, con unos actores en estado de gracia y unos diálogos impagables marca de la casa. Esta delicia llena de buen rollo se pasa como un suspiro, conformando una de las comedias más desternillantes y redondas del particular director neoyorkino.

Vamos, que se nota que me ha encantado la película, ¿no?

Nota: 9
Nota filmaffinity: 7.8

viernes, 10 de abril de 2020

Capitana Marvel

Y de película Marvel a película Marvel y tiro porque me toca. Se nota que ésta no es Black Panther, ya que se toma mucho menos en serio a sí  misma, siendo la peli más Dragon Ball que le recuerdo a Marvel.

Cómo a este personaje no nos lo habían presentado antes, tenemos su historia de origen. Capitana Marvel es el equivalente a Superman dentro de la competencia: lanza rayos, superfuerza, vuela, etc etc. Es una de las principales fuerzas dentro de la guerra Kree-Skrull de los cómics, por lo que yo esperaba ver toneladas de epicidad, y lo que tenemos es una película ambientada en los noventa sobre cómo Cpt. Marvel conoce a Nick Furia, con un malo maloso por ahí, unos skrulls por allá, tortazos salidos de Spencer&Hill y chistes con desigual efecto.

Quizás es por comparación con Black Panther, pero Capitana Marvel queda en un lugar bastante inferior. Además de tener una historia todavía más floja, tiene probablemente uno de los peores diseños de imaginería de la fase, con una banda sonora bastante olvidable, amén de un malo ridículo (un Jude Law histriónico a más no poder, que está continuamente pensando en la chequera)  y unos Skrull que bien podrían haber salido en un capítulo cualquiera de Farscape o Babylon5.

Los efectos especiales no pasan de cumplidores, con una estética delirantemente hortera en la que se nota demasiado el ordenador, especialmente en los rejuvenecimientos digitales, que dejan una sensación bastante extraña (No puedo mirar a Coulson sin estremecerme). Además, la excusa de usar a un personaje casi invulnerable les permite hacer una de las películas más infantiles de toda la franquicia. Lucha a base de rayos, con lo que las peleas son más sucesiones de kame-hames, transformaciones en super-sayan y más rayitos, con menos gracia que la que veíamos en héroes “similares” como Dr. Extraño.

Sin embargo, el hecho de que la película sea de una (obvia) inferior calidad de lo habitual en la franquicia no impide que siga siendo decididamente entretenida, tomando decisiones inusuales que funcionan estupendamente y marcándose un par de gags de primera calidad (los referentes al gato, por ejemplo).

Sus dos actores principales se toman la propuesta en serio, destacando por la química entre ambos. Brie Larson parece haber nacido para ser la Capitana Marvel y se sale poniendo caras de “mira cuánto molo”. Por su parte, no vamos a hablar ahora de Samuel L. Jackson como Nick Furia dentro del MCU. Aquí se nota que se lo pasa en grande haciendo el idiota sin medida.

La ambientación de la Tierra situada en los 90 (se agradece dejar un poco atrás los 80 :p) está bien conseguida, con multitud de guiños a todas las cositas Marvel y esos Vengadores que están por venir en el futuro.

Me gusta que la película se sienta feminista sin ser ello como motor de la película: No hay una aburrida e insípida historia de amor para contentar a los productores, sus personajes femeninos están bien construidos, sin el maniqueísmo que podemos ver en otras muchas producciones preconstruidas, especialmente Carol, que es compleja, divertida, simpática, algo arrogante, gruñona, y en definitiva, un montón de cosas que los personajes femeninos del cine blockbuster no suelen poder ser.



Aunque destilan cartón-piedra y me sorprende verlos convertidos en extraños boy-scouts, me alegro que no se haya usado a los Skrulls como Chitauris-2. Además, me gusta la valentía de empezar con un desmadre delirante en el espacio para regresar luego a la Tierra y acabar de una manera mucho más mundana. Esto antes hubiera costado mucho que entrara.

Evidentemente resulta imposible no emocionarse con el emotivo y merecidísimo homenaje inicial. Se trataba de la primera película sin Stan Lee y no se puede sino darle gracias por todo.

No voy a entrar en el tema de las polémicas, haterismos varios y estas cositas. Hoy no me apetece ^^. Aunque sólo por ver rabiar a según quienes ya tuvo su gracia.


Quizás es por el hecho de acabar de ver una película del mismo género bastante más sólida, pero he acabado algo decepcionado con Capitana Marvel. Es un entretenimiento bien conseguido, pero más tonto de lo habitual (y mira que hablamos del MCU), con peores efectos especiales y peor acción. Destaca por su par de actores que se lo toman en serio, y su humor, que funciona MUY bien unas cuantas veces a lo a lo largo de la película. No sé si es que no sabían bien como introducir el personaje o qué hacer con él (no olvidemos que sufrió dos cambios de fechas), pero presenta buenas ideas no especialmente bien desarrolladas.

Uno se lo pasó bien en el cine, pero salió con la sensación de haber visto la película más prescindible de la franquicia desde Thor: El mundo oscuro.

Nota: 4
Nota filmaffinity: 6.0

PD: También tiene las peores escenas post-creditos de toda su fase del MCU.

miércoles, 8 de abril de 2020

Black Panther


Aunque muchas veces me he mostrado poco interesado por algunas películas del Universo Marvel, porque no me tiraba mucho el súper correspondiente y tal, he acabado por acudir fiel a la cita trimestral en el cine. Incluso ante propuestas como Ant-man o el Doctor Extraño, que casi había decidido no ir a ver al cine, los astros se conjuraron para que acabara pasando por las salas. Sin embargo, ésta sí que me la perdí (la primera desde Iron Man III). Realmente se trata de uno de los súpers que menos me interesan y, cómo además se sabía que no iba a tener una gran importancia dentro de la trama general de Thanos (así se había dicho desde la casa madre), pues no hice mucho esfuerzo por verla. Además, a mí alrededor no se mostró nadie interesado ni especialmente entusiasmado, por lo que se quedó en el tintero. Por considerarla una película menor, no os podréis imaginar mi sorpresa cuando llegó la temporada de los Oscars y la nominaron a casi todo. ¿Nominación a mejor película una de súpers canónica? ¿Acaso estaba tan bien? Con sus años de retraso, la he acabado viendo y ahora sabréis que me ha parecido.

La película tiene el punto a favor de que a Black Panther ya lo tuviéramos visto en la Civil War, por lo que ya sabemos que se iba a parecer poco a la Wakanda clásica y mucho a la actual de los cómics. Por tanto, no hacía falta presentarlo ni explicarnos sus orígenes (cómo le picó la araña y tal), es el súper y punto. Simplemente, le ha llegado el turno de tener su película gozar contra un malo maloso y darse de toñas “en solitario”.

Aquí se enfrenta a Killmonger, un noble venido a menos de Wakanda –aunque con unos poderes similares -que está en contra de la política de aislamiento del país. Sabiendo su superioridad tecnológica, defiende que es el turno de los wakandianos de esclavizar al hombre blanco, haciendo todas las fechorías necesarias para ello. Es tarea de nuestro héroe detener sus pasos, comprendiendo en el camino que igual es buena idea usar la tecnología para ayudar a la humanidad en vez de pasar de ella.

El inicio de la película es muy deudor del mejor James Bond, con acción muy movida llena de molabilidad y coreografías muy trabajadas. Siguiendo la onda que ya vimos en El Soldado de Invierno pero con dosis extras de vitaminas y pasándolo por un filtro de cultura afroamericana de EEUU. Es condenadamente divertida y te pega al asiento cosa mala, especialmente con el tono inesperadamente serio que se le ha dado a la película, muy alejado de las propuestas refrescantes del Universo.

Luego llegamos a Wakanda, que destaca por un diseño de producción fastuoso que en la pantalla grande tenía que dejar boquiabierto. Sin embargo, el conjunto me empieza a chirriar un poco más. Después de treinta minutos muy bien montados, tenemos un duelo de acción prácticamente porque sí, dejando claro que las motivaciones del malo son un poco debido a lo que son y la trama que se desarrolla a continuación no es que destaque por su sentido o consistencia. No negaré que es algo a lo que estamos acostumbrados dentro de la franquicia, pero estamos hablando de una película de Oscar. Aunque los personajes secundarios destacan por su solidez (Okoye y Shuri molan un puñado y parte de otro), la sensación que deja es que empieza como una película que va a mayores y se va cayendo lenta pero inexorablemente. Desemboca en la inevitable traca final, tan justificada como habitualmente, que además presenta un par de escenitas dentro de ella con efectos algo cuestionables (ese rinoceronte es un poco… ejem). No obstante, hay que reconocer que es entretenidísima y no aburre en ningún momento.

Hay muchas cosas dentro de la película que funcionan muy bien. La presentación de los personajes es sólida, realizada con consistencia (menos el malo), las escenas de cuerpo a cuerpo impactan como deben y se notan variadas, a pesar de que no siempre están bien incluidas dentro de la trama, haciendo que la película funcione perfectamente como entretenimiento.

Asimismo, los actores están en general muy bien escogidos. Chadwick Boseman realiza un trabajo muy correcto como T’Challa, aportando al personaje protagonista la solidez que necesita. Sin embargo, son los secundarios los que se llevan la palma, con Danai Gurira, Lupita Nyong’o y Letitia Wright las que roban cada escena en que aparecen. Michael B. Jordan (como el antagonista Killmonger) y Daniel Kaluuma (como el impulsivo W’Kabi) realizan un trabajo más cuestionable, pero tampoco acaban de desentonar. Lo que queda claro es que se están tomando en serio el proyecto y el guión les deja siempre su rinconcito para que molen. La única queja la tendría con lo que han hecho con el personaje de Shuri, que en los cómics es más una heredera despechada y aquí la han convertido en una Q nerd con mucho buen rollo (eso sí, sigue molando).

La película goza también de una fotografía inesperadamente buena, en la que se le da un toque tribal y/o africano (lo que en EEUU puedan entender como tal) a cada elemento que sale en pantalla. Esta pátina le da una distinción muy reconocible, haciendo que este mundo ficticio sea todavía más propio. Además, todos los paisajes “naturales” recreados en Wakanda destacan por su belleza, debiendo impresionar agradablemente en la pantalla gigante.

Finalmente, la banda sonora también es de bandera, constituyendo una de las pocas de la franquicia que es perfectamente reconocible. Apabullando cuando debe, sutil cuando toca, y con un deje tópicamente africano perfectamente encontrado. Tremebunda.



Como habréis podido comprobar, me parece que se trata de una película muy bien hecha desde la parte técnica, que sabe ser muy entreteninda, con buenos actores que hacen un trabajo solvente a través de unos personajes correctamente tratados. Las motivaciones del malvadísimo antagonista y el desarrollo de la trama son un poco (bastante) mejorables, pero el resultado es una película que está BIEN. Si me hubieras preguntado en su momento, te habría dicho que vería normal nominaciones a efectos especiales/sonoros y BSO, cualquier otra cosa, me hubiera parecido una sorpresa. Si lo repasamos, tiene nomianción finalmente a Mejor BSO y Canción, a diseño de producción y gana Vestuario, sonido y efectos sonoros. Ninguna queja por aquí. Ahora bien, ¿mejor película? Me parece toda una exageración. Tiene un poco de explicación si nos retrotraemos a los meses en que se votan estas cosas, pues en EEUU (aquí no) la película se tornó bandera del empoderamiento femenino, la igualdad racial, su mensaje anti-Trump… y seguro que recibió un montón de votos adicionales justo por ello. Ay, los politiqueos de Hollywood que a veces hacen cosas raras.

Resumimos: tenemos una película de presentación del primer súper/rey africano decididamente entretenida, con unos actores inesperadamente consistentes y una parte técnica abrumadora que disfraza una trama muy mejorable. Sorprende en su seriedad y destaca por el despliegue técnico (más allá de un par de escenitas). La nominación al Oscar gordo es un exceso se mire como se mire, pero al final la película está relativamente bien, situándose en la zona media de la franquicia. En ningún momento la consideraría mala.


Nota: 6
Nota filmaffinity: 5.9

lunes, 6 de abril de 2020

Salvation's Reach (Dan Abnett)


Pues vuelvo a los Fantasmas de Gaunt,  a leer el último que llegué a comprarme (debería acabarme la colección un día destos). En este caso se trata del libro Nº13, ya no sé por cuál irán. Después de todo, siguen siendo propuestas llenas de diversión.

Título: Salvation’s Reach
Autor: Dan Abnett
Traducción: Vicky Charques Cánoves

“Los Primeros de Tanith han estado alejados del frente de batalla demasiado tiempo. Apáticos y sedientos de acción, reciben la oferta de una misión perfecta. El objetivo: la misteriosa Salvation’s Reach, una fortaleza distante e impenetrable que esconde secretos que podrían cambiar el curso de la campaña de los Mundos de Sabbat.”

En este caso, hacía como un par de años que no me ponía con una novela de los Fantasmas, tanto que no recordaba mucho cómo había quedado la cosa después de la incorporación de lo snuevos reclutas, así que he agradecido mucho el resumen de alrededor de cien páginas que hace Abnett para ubicarte dónde está ahora cada personaje. Seguro que a muchos se les hará pesado, pues es muy largo y la historia no empieza (ni por asomo), pero me ha encantado, porqué… bueno, es culpa de Abnett, me encantan sus personajes.

Una vez ha acabado este resumen con el que nos ponemos al día de la vida de TODOS los personajes, se nos presenta la descripción de una misión secreta que le han encasquetado a los Fantasmas. Este cuerpo de ejército ha caído en desgracia para los jerifaltes de la campaña de conquista, principalmente por la cabezonería de Gaunt y las consecuencias de la excursión que tuvieron por Gereón. Se está buscando una manera disimulada de acabar con ellos, por ello se les manda a las misiones más desesperadas (a ver sí se mueren), pero también esperanzados a ver si de paso les sacan las castañas del fuego, gracias a sus increíbles habilidades. Esto crea, obviamente, tensiones dentro del ejército, ya que hay quién se queja del mal trato que está recibiendo Gaunt y su gente, pero éste es como es y nadie le calla a la hora de dejar en evidencia a sus superiores, con lo que tampoco nadie intercederá por ellos.



Mientras viajan a cumplir su misión, Abnett cambia (otra vez) de tercio y se centra en una serie de batallas espaciales entre ambas flotas. En este caso se realiza un tratamiento inesperadamente realista (ejem ejem), en el que se hace patente la inmensa distancia que hay entre las naves, a kilómetros de distancia, que apenas se ven entre ellas, pero saben que están allí. Un retrato vibrante de la acción, como siempre con su estilo directo y tono peliculero que mola tanto.

Y finalmente, tenemos la misión en sí a Salvation’s Reach, que apenas ocupa unas 150 páginas. Dura mucho menos de lo que estamos acostumbrados y se basa más en el sigilo y la infiltración a través de trampas que en combates propiamente dichos. La reducción de enemigos no impide que la emocionante narración esté repleta de escaramuzas disparos y cuchilladas a cara de perro, llenas todas de tensión por la acertada descripción y por el cariño que le tengo a todos los personajes que pueblan estas páginas.


Entre medias, haciendo pequeños interludios de apenas media página, tenemos incrustados fragmentos de los problemas del “día a día” de los Fantasmas.

Sin ser la primera vez en que la novela está dividida en partes muy diferenciadas, ésta es la que menos me ha importado la misión como tal. Estaba mucho más interesado en los personajes, en las vicisitudes por las que van pasando mientras se hacen matar aquí y allá.

Por poner un ejemplo, la aparición del hijo del coronel-comisario Ibram Gaunt. Éste se avergüenza de haber tenido descendencia involuntaria, quiere cuidarlo pero al mismo tiempo sabe que esto le pondrá en un brete por el trato de favor frente al resto de soldados, pero es consciente de que si lo trata como uno más no tardará en morir, pues sus habilidades quedan lejos de lo que se exige a los Fantasmas…

También tenemos los enredos del Capitan Daur, que por un lado desea casarse y por el otro quiere ahorrar a su prometida la marcha al frente sin saber si volverá, mientras ella está convencida de que él quiere dejarla.


El comisario suplente Blenner, por su parte, es consciente de que su comportamiento cobardica deja mucho que desear, manteniendo su puesto sólo por el cariño que le profesa Gaunt. Ve la oportunidad de redimirse en su nuevo nombramiento al mando de una compañía, pero las esperanzas caen por los suelos cuando se da cuenta de que forman un escuadrón musical especializado en desfiles.

Finalmente, la otra trama que me hace bastante gracia es la del sargento Meryn, que quiere sustituir al Mayor Rawne como jefe de los trapicheos de la tropa, ahora que el Mayor se ha convertido en un seguidor de Gaunt. Con muchos menos escrúpulos (si es que era posible) que su antecesor, intenta mezclar sus negocios con la actividad en el frente, aspectos que no siempre son fáciles de conciliar.

Historias pequeñas en medio de un escenario claramente mayor, pero se trata de personajes que Abnett ha hecho que queramos. Además, cada pedazo de acción o (casi) cada diálogo está narrado del modo ágil y peliculero característico del autor, con lo que el libro mola por los cuatro costados. De la misma manera, a Abnett no le duelen prendas a la hora de acabar con sus personajes y las pérdidas que hay en este libro (no lo diré por si no lo habéis leído) es tan desgarradora como la desaparición de Corbec allá por el libro 7 ¿O era el 6?



En este libro se produce una de las pocas interacciones de los Fantasmas con los Marines Espaciales. Me encanta cuando los autores se esfuerzan en mostrar la inhumanidad que demuestran los Adeptus Astartes, sabiéndose casi dioses entre el resto de la tropa. Muy bien reflejado e introducido dentro de la trama, dejando claro que los dos cuerpos de ejército tienen una agenda propia dentro de la propia misión secreta (con los problemas que eso conlleva, claro).

Debemos entender que a la saga ya le queda poquito y me parece notar que Abnett está encaminando todo hacia un desenlace grandioso. Por ello, esta novela se centra más en situar las piezas y proporcionar un entretenimiento consistente antes de constituir una novela autoconclusiva por sí misma, como sí han sido la mayoría de las novelas anteriores. Contiene todo lo que nos gusta a los que disfrutamos del universo de Wh40k: Dolor, sufrimiento, criaturas demoníacas de la disformidad y héroes improbables a los que adorar.

Si has llegado hasta aquí con los Fantasmas, no creo que vayas a quedar decepcionado, aunque no sea una de las propuestas más redondas del autor.

Nota: 7
Nota goodreads: 4.26/5

miércoles, 1 de abril de 2020

Alita, ángel de combate


Recuerdo cuando tenía diez añetes bisoños y devoraba todo manga que aparecía a mi alcance. Uno de los que más me fascinaba era el violentísimo “Alita, Ángel de combate”, que mis padres ignoraban porque “si es de dibujos, seguro que es para niños”. No es que quedara (muy) traumatizado de la experiencia, pero sí recuerdo las toneladas de buenos ratos que me proporcionó.  Éste fue siempre uno de los que siempre deseé y temí que se pasara a acción real, fascinado por lo que sería capaz de realizar el músculo financiero de Hollywood con todos los efectos especiales necesarios, pero al mismo tiempo totalmente asustando ante el engendro que eran capaces de hacer como había demostrado sobradamente la experiencia.
 
El proyecto de Alita es uno de estos que lleva gestándose toda la vida. Cameron compró los derechos poco después de hacer Terminator 2 y desde entonces se lleva barumoreando que empieza con ello que si ahora sí, que me da palo, que luego me pongo… Yo ya había dado por imposible cualquier posibilidad de verla en la pantalla grande, pero parece que al final Robert Rodríguez convenció a Cameron de que tenía la capacidad de llevarlo a cabo. Y aquí la tenemos.

La película nos sitúa en un mundo futuro en el que todo se ha ido un poquito a la mierda. Una élite vive en una plataforma a unos kilómetros sobre la superficie, con todas las comodidades imaginables, mientras el común de los mortales sobrevive como puede en la vieja Tierra. Hay los ecos de una guerra pasada que cambió todo, pero nadie tiene muy claro qué ocurrió. En uno de los muchos vertederos  aparece una ciborg de ojos grandes que, de alguna manera, parece tener escrito un destino glorioso una vez es reparada. Se trata de Alita, un ángel de combate, una soldado perfecta concebida con una tecnología que ya parece perdida…

Desde un primer momento se puede ver que la parte visual es abrumadora. La técnica de captación de movimiento está cada día más afinada y ya debemos acostumbrarnos a que sea una técnica de rutina más del cine, eso está clarísimo. Además, toda la imaginería está bellamente trasladada: la brutalidad tecnológica en que se vive, la distinción de estilos entre arriba y abajo, la facilidad para pasar de momentos super-cuquis a desmembramientos y cabezas volando con una facilidad pasmosa. Ese es uno de los detalles de calidad de Cameron, el diseño de producción de escenarios, tanto de la imaginería como de los personajes, es sencillamente brutal, de los que apetece ponerse en la pantalla más grande posible para apreciar todo lo que se ha llegado a meter (bien) en pantalla. Además, Alita está perfectamente integrada dentro de la película, sin dar la impresión de ser una piel puesta encima de una actriz, más allá del deliberado efecto de sus ojos, no produce esa inquietud de notar que el personaje en realidad no está allí cuando interacciona con algo.



El poderío visual es también uno de los puntos a favor de Robet Rodriguez como director. Dotado de una proverbial imaginación, es realmente bueno a la hora de trasladar las viñetas a la gran pantalla con la mayor literalidad posible. Su presencia también se nota en las escenas de acción, todo un prodigio de acrobacias de primera, de las que molan sin llegar a cansar, con los fuegos de artificio perfectos para disfrutar del espectáculo sin saturar. Una auténtica flipada.

Sin embargo, su presencia se nota también en el poco aprovechamiento de un guión que tampoco se molesta mucho en desarrollar a los personajes, amén de una trama romántica completamente gratuita que no importa a nadie, que parece estar porque debe de haber una y si no, pues pasa algo. Además, se ha mantenido el argumento general con una literalidad sorprendente, sin esmerarse a trasladarlo a los gustos actuales. Mi sensación es que se ha cogido el guión que se desarrolló en los años 90 y se ha presentado tal cual. Esto se nota en el cyberpunk que impregna todas las imágenes, con la cruda rudeza propia de su época, sin la estilización que se demandaría hoy día, de igual manera ocurre con el ubicuo motor(roller)ball tan de moda en todas las distopías de 1985-1995, que parece haber desaparecido en cualquier propuesta de hoy día.  Pero bueno, no negaremos que sigue siendo divertido.


 En cuanto al reparto, Rosa Salazar hace todo lo que puede con sus toneladas de pegatinas para dar vida a Alita, quizás consciente de está ante una de las oportunidades de su vida. Del resto, destacan Christopher Waltz, Jennifer Connelly y Mahershala Ali, un puñado de trabajadores muy solventes que hacen lo que pueden con lo poco que el guión les ofrece. No obstante, se toman muy en serio el proyecto, lo que añade empaque a la cinta.

El estreno de la película tuvo su cierta dosis de polémica (como siempre) porque se apostó decididamente por mantener el tono general del manga sin importarles una calificación +18, incluso a pesar de que los pases previos tenían quejas por su excesiva violencia (con el consabido enfado de las mentes bienpensantes). Se estuvo hablando de hacer un posible estreno de una versión +13, con el consabido enfado de los fans. Por mi parte, considero que hubiera quedado raro ver una Alita sin las cafradas salvajes típicas del manga, con cabezas volando y tripas colgando aquí y allá. Soy consciente de que alguno puede quedar espantado (ay si mis padres hubieran sabido qué leía, jeje), pero es una de las gracias adicionales del producto original y, claro…



Al final queda una película irregular, llena de sus cositas y sus bastardadas pasadas de página. Lo mejor del film estriba en su trabajadísimo apartado visual y sus incesantes escenas de acción, dispuestas a un ritmo constante que no deja lugar para pensar. Además se pasa tres pueblos de bruta y salvaje, con una crudeza gratuida y desnortada, pero se le va tanto la castaña que se convierte en condenadamente disfrutable. Peca de tener un argumento muy anodino y unos personajes poco desarrollados, pero un servidor se lo ha pasado en grande con esta versión supervitaminada del manga que me flipó de adolescente.

Nota: 6
Nota filmaffinity: 6.4

lunes, 30 de marzo de 2020

La LEGO película 2


¡¡TODO ES FABULOSO!!! La LEGO película fue una sorpresa para muchos. Fresca, divertida y con canciones que se te clavaban en el alma, formaba un entretenimiento lleno de buen rollo que nadie se esperaba. Como tontos no son, ampliaron el universo con la película de Batman LEGO y la de NINJAGO. Con los años llegó el turno de recordar que ¡¡TODO ES FABULOSO!!


Bueno, la verdad es que no todo es fabuloso. Después de triunfar ante la adversidad, los héroes se encontraron con la invasión de los DUPLO (LEGOs para los más pequeños de la casa) provenientes de otro planeta. Los años han pasado y ahora el mundo LEGO se ha transformado en un erial a lo Mad Max en el que o matas o mueres. Menos Emmet, que sigue siendo el mismo entusiasta ciudadano de siempre. Cuando un misterioso personaje proveniente de la “Galaxia Hermana”, llena de purpurina y cosas pastelosas, secuestre a sus amigos, Emmet emprenderá un viaje improbable con la ayuda de Rex Dangervest, un misterioso mercenario de dudosas intenciones. Y luego ya todo se desmadra y cualquier cosa es posible, sólo limitada por la imaginación.

Lo mejor de toda la película es el exagerado bombardeo de chistes al que se somete al espectador. Los gags afloran por doquier (esto ya es marca de la casa), con muchas ganas de ser iconoclasta y meterse en jardines donde no suele uno introducirse. Especialmente brillante es la cantidad de guiños comiqueros y otros metachistes destinados al público más curtido. No sé si es que están pensando en los padres o es que no acaban de cuadrar el público objetivo ^^. Como siempre Batman es todo un hallazgo y sigue siendo el mejor personaje de toda la película.

La LEGO película 2 no pierde ninguno de los factores que convirtieron a la primera en una propuesta muy simpática. Todo es muy característico de lo que había: Acción para todos los públicos, canciones MUY pegadizas y chistes divertidos. Le falta, principalmente, el factor sorpresa que sí tenía la primera parte, pero bueno, todavía funciona.



Sin embargo, la película no acaba de fluir tan naturalmente como antes. Mike Mitchell y Trisha Gum demuestran estar algo menos inspirados que sus predecesores. El ritmo de la trama pierde un poco de empaque, con coreografías de acción divertidas pero sin ese salvajismo inconsciente de antes (o quizás porque ahora son más conscientes de lo que hacen). Todo el aparataje visual presenta muy buenas ideas que no acaban de estar del todo desarrolladas en pantalla, dando un resultado menos impactante (también es verdad que ya hemos visto 4 películas sobre ello, claro).

Las canciones sí que es un detalle a felicitar, aquí están mejor que nunca. Desde el inspirado “Todono es fabuloso” hasta la delirante canción de “Soy no-mala”, pasando por la horriblemente  efectiva “canción pegadiza”, cada una de ellas son perfectos himnos bien introducidos dentro del film, que se te clavan en el inconsciente y te sorprendes cantando alegremente durante toda la semana siguiente.

El hallazago del término “Chalecolega” por parte de traducción es brillantísimo. Un abrazo de mi parte.



El argumento realiza una delirante reflexión sobre el sexismo juvenil, convirtiéndolo en un juego metacinematográfico (nunca mejor dicho) entre realidad y ficción. El nihilismo de Mad Max tiene su origen en la adolescencia del hermano y la rebelión contra el mundo típica de la época; los invasores de purpurina vienen de la hermana pequeña, que vive en la habitación de arriba, mientras que el apocalipsis predicho viene de la madre de estos, que les obligará a recoger todos los muñecos si no dejan de pelearse entre ellos. Me encanta como el mundo que crea la hermana desprende total ingenuidad (ese soy NO-mala o las letales estrellas-super-cuquis) y el cacao típico de ser la Reina-SOY-LO-QUE-QUIERA-SER, muy reconocible a partir de los tópicos de los juegos “para chicas” mezclado con toques feministas (que tiene nueve años, normal tener un bonito cacao). Al final, unos comprenden que la purpurina no tiene nada de malo ni de indispensable, mientras que otros se dan cuenta de que enfadarse contra el mundo no es la solución. Al final, se habla de dejar atrás tus diferencias con los que te quieren y colaborar con ellos para vivir y jugar felices. Se trata la dificultad de madurar, la aceptación de dejar de ser un niño, pero que el amor, el cariño y el poder de la imaginación no deberían faltar. 


El tratamiento del tema es brillante, a pesar de la cantidad de trampas (pero de verdad) que se realizan para que todo cuadre. El mensaje del mundo real se despliega con corrección a costa de la trama LEGO, en la que acaba por dar la impresión de que todo vale, perdiendo bastante gracia. A fin de cuentas, ¿quién juega con quién? ¿Acaso lo que vemos reside en la (imperfecta) imaginación de los niños? ¿Lo viven los muñecos de verdad, o a lo Toy Story? Después de todo, se permite generar paradojas temporales, incoherencias dentro de su universo interno… Seguro que esto se podría habar cuadrado mejor con un poco más de trabajo.



Por otro lado, con tanto guiño, chiste y cabriola, es fácil perder el hilo de lo que está ocurriendo y seguro que un espectador despistado (o un niño flipado) salga de la película y no vea más que lucecitas y saltitos aquí y allá. Es demasiado fácil perderse diálogos o acciones importantes.

Pero la LEGO película 2 sigue proporcionando diversión por los cuatro costados. Lo que pierde en frescura y trama, lo gana en calidad y cantidad de chistes. Es algo menos impactante visualmente, con unos errores algo gordotes que conforman un conjunto irregular, pero eso no impide que me tengan comprado para una (segura) tercera parte. Emmet es adorable y las risas las he tenido a lo grande.

Nota: 6
Nota filmaffinity: 5.8

sábado, 28 de marzo de 2020

Noches Europeas (Migyel Lourenço Pereira, Joao Nuno Coelho)


Este libro es un regalo de mi hermanito, sabedor de cómo me gustan los compendios de anécdotas deportivas. Siempre he disfrutado perdiendo horas y horas dentro de estas cositas llenas de datos, estadísticas e historias dentro de la historia, especialmente en cuestiones deportivas. Al tratarse de un ensayo basante denso, se fue leyendo con cierta calm , presto a aprender un montón de datos nuevos sobre la cosa más importante de aquellas que no tienen ninguna importancia: El fútbol y la historia de las competiciones Europeas.

Título: Noches Europeas
Autor: Miguel Lourenço Pereira, João Nuno Coelho

“Noches europeas narra la maravillosa historia de las competiciones europeas de clubes. Una historia con más de cien años, nunca analizada hasta la fecha desde sus orígenes más remotos hasta el presente. Un relato de los protagonistas, los pioneros, los momentos y el contexto de como las competiciones europeas cambiaron para siempre la historia del fútbol. De los parques de la Viena imperial a los estadios modernos en las noches de Champions. De las tácticas ingenuamente ofensivas a la complejidad de los partidos de hoy decididos por pequeños detalles. De los futbolistas que representaban a las clases obreras del siglo XX a las estrellas multimillonarias de hoy. De los torneos regionales a las competiciones dominadas por la élite continental. Una historia narrada con el objetivo de entender como los contextos sociales, políticos, económicos y culturales marcaron y fueron influenciados por la evolución del fútbol europeo y sus competiciones.”

No sé si tiene su origen en una tesis doctoral posteriormente publicada, pero el bombardeo de datos al que se te somete desde un primer momento hace patente que se trata de un libro a leer con calma. Hay mucha tela que cortar, con una documentación (bibliografía al final del libro) profusamente trabajada y cierta densidad en su lectura, que obliga a estar atento a todos los detalles que se desglosan en el libro.



Y es que no se parece en nada a lo que yo esperaba. Inicialmente, yo imaginaba que se iba a tratar de un compendio de historias al estilo de las memorias en blanco y negro, centrándose en aquellas noches cumbre que forjaron las leyendas que recordamos hoy en día cada vez que suena la música de los campeones. Sin embargo, lo que contiene el libro es un resumen pormenorizado de TODOS los torneos europeos más o menos oficiales que ha habido, con sus ganadores y sus perdedores, sin otorgar una importancia demasiado especial a las noches más famosas. El compendio es brutalmente exhaustivo, notándose un gran esfuerzo para ser concienzudo y no dejarse ningún detalle en el tintero. Abandonad, pues, cualquier esperanza de una lectura ligera. Éste es un libro a estudiar, no un libro a leer ^^.

A fin de organizar un poco todo el tinglado, la cronología se halla dividida en varias partes:

Primero tenemos toda la época romántica antes de la IGM, en la que el futbol internacional nace en el Imperio Austro-húngaro, como un medio para unir y dar un trasfondo común a todas las naciones que forjan el Imperio. Justo después, el mismo efecto se produce en Gran Bretaña y el resto de países del norte de Europa.

Luego viene el período de entreguerras, donde se reconstruye un continente, intentando dar una pátina de normalidad a unos años muy movidos en el que los nacionalismos hacen de las suyas tanto dentro y fuera del campo.

Después de la llegada de la Guerra Fría, las competiciones se establecen como tales, tomando ya formas reconocibles. Se crea la Copa de Europa basada en el éxito económico y se da carpetazo a las vetustas competiciones románticas basadas en el honor.



Este período concluye con la llegada de la Ley Bosman, que permite a los equipos fichar (casi) sin límite, lo que cambia para siempre el panorama de la competición, impidiendo definitivamente a los modestos competir por los grandes títulos.

Finalmente, se hace un desglose último para el llamado período moderno de la Champions League, en el que los grandes trasnatlánticos hacen y deshacen mientras la sombra de una Súper-Liga acecha en el futuro…

Lo que se me ha hecho más interesante del libro radica en los períodos en que se producen los cambios de formato. En ellos, el libro se entretiene hábilmente en darles una explicación dede todos los ámbitos posibles. Se trata la influencia política del momento, las necesidades económicas de los clubes, los cambios de la sociedad y en los hábitos de consumo… Me ha hecho mucha gracia conocer las rivalidades generadas dentro del Imperio Austro-Húngaro, el origen de la Copa de Ferias como modo de publicitar el comercio local, el contraataque de Bernabeu para crear la Copa de Europa o una reflexión pormenorizada de las consecuencias de la Ley Bosman.



Es en estos momentos en que el libro se detiene a explicar con calma cuando se vuelve realmente interesante. Cuando los años simplemente “pasan”, el libro pierde algo de gracia, limitándose a hacer un pequeño resumen (bien hecho no lo negaremos) de qué va ocurriendo en los torneos año a año. Muchas veces me he encontrado tirando de Youtube o Wikipedia para dedicar más tiempo a repasar determinados partidos y eliminatorias, volviéndose especialmente entrañable cuando además puedo ponerme a revisar mis recuerdos, sorprendiéndome al encontrar según qué equipos muy adelante, o cuando los éxitos de una época se relacionan con otras glorias de tiempos pretéritos.

Yo puedo decir que se trata de un libro que me ha encantado, pero también es verdad que adoro estas cositas raras. Lo que para mí es un placer, asumo que para la mayoría se tratará de un mamotreto aburrido e innecesario.

Nota: 8
Nota goodreads: 4/5