miércoles, 18 de marzo de 2020

Harry Potter y el prisionero de Azkaban


Volvemos con nuestro niño-mago favorito. Ésta vez no ha habido que esperar tanto como con la entrega anterior. Apenas seis meses después, me pongo con Harry Potter y el Prisionero de Azkaban.

Reconozco que tenía cierto miedo cuando me puse el DVD en casa. De entre las ocho películas, ésta era mi favorita, pero no me había vuelto a acercar desde entonces. En su momento (hace ya,…) recuerdo salir maravillado por el cambio sufrido respecto a las dos películas anteriores, alejado del infantilismo de las dos primeras, con una historia más interesante sin por ello dejar de estar llena de imaginación. ¿Se habrá sostenido con el tiempo? Ahora lo veréis.

La historia nos sitúa en el tercer año de las aventuras de Harry Potter, que se ven afectadas por la fuga del preso más peligroso del país. Como no puede ser de otra manera, tiene ojeriza por el niño que sobrevivió, lo que obligará a tomar unas medidas sin precedentes para la protección del colegio.

Después de que Chris Columbus declinara continuar a cargo de la realización de las películas de la saga, los productores decidieron dar un buen golpe de timón y poner a un AUTOR que supiera imbuir de personalidad a la película. Se escogió para ello a Alfonso Cuarón, en aquel momento un director semi-desconocido, que sólo había hecho una preciosa historia de cuento de hadas (La princesita) entre un puñado de propuestas más cuestionables.  Ahora ya lo conocemos como un director consagrado y premiado, sus películas más famosas son buenas muestras de virtuosismo en el uso de la cámara, con complicadas puestas en escena e imaginerías trabajadas (Hijos de los hombres, Gravity, Roma). A toro pasado, la elección fue ideal, pero en aquel momento, fueron muchos los que cuestionaron la idoneidad del director mejicano.


Su mano se ve casi desde el primer momento. Se nota un cambio en la imaginería y los tonos utilizados en pantalla. La película se vuelve más sombría, muestra de que los tiempos están revueltos y el mal acecha en cada esquina. El guión también es un reflejo de ello, reduciéndose los sentimentalismos, con un tratamiento más realista (ejem ejem), se deja claro que la vida de Harry no es precisamente de color de rosa, haciéndose más llevadera casi sólo gracias a sus amigos. Los más pequeños lo pueden pasar realmente mal en bastantes escenas, que se acercan sorprendentemente al terror, algo muy inusual en una película pensada para toda la familia.

Se producen muchos cambios a la trama y a la coherencia interna de las películas, pero siempre con respeto. Con ello, el film gana consistencia y gana calidad por sí mismo, lo cual es inusual cuando se producen estos cambios (iluminaciones de producción, normalmente). Cuarón coge una trama juvenil y le dota de un ritmo vivo en el que siempre están pasando cosas, saltando de un lado y un tiempo a otro con bastante asiduidad, se mantiene la intriga con acierto e incluso se permite un par de cabriolas gratuitas de lo más resultonas.

Los protagonistas, por su parte, han crecido y ya no son unos niños. Esto se traduce en una mayor conciencia de lo que están realizando, lo que redunda en un aumento en la calidad de las actuaciones. Los gestos y las muecas se reducen y crecen las interpretaciones. Sin embargo, no todos los alumnos han pegado el cambio, lo que se traduce en que se mezclan adolescentes y niños, por lo que algunas escenas quedan un poco raras. Por poner un ejemplo, Dudley o Crabble y Goyle no son precisamente tan imponentes como habían sido, además de que la pubertad estaba tratando muy mal a Malfoy y ya no tenía (tanto) la pinta de rubio pijeras como había tenido hasta ahora. Los nuevos personajes, como siempre en la franquicia, están a cargo de actores británicos de primera línea, en este caso Gary Oldman y Emma Thompson. También como es habitual en la franquicia, los mismos realizan un trabajo impecable para dar vida a los mágicos personajes de Hogwarts.

Lo que más destaca en toda la película es la excepcional fotografía que retrata la academia mágica. Está claro que Cuarón sabe cómo aprovechar el músculo financiero del que dispone, realizando probablemente la imaginería más bella de toda la saga. A ello se une el invento recién desarrollado de la cámara virtual, que permite al director realizar una suerte de travellings imposibles, que además se utilizan para añadir información a la película, como las tomas del Sauce Boxeador que se usan como conectores temporales e indicar el paso de las estaciones. Escenas comoxel bus nocturno o la caída de Lupin saben dar el malrollo que la escena pide, pero caso aparte es el uso de los Dementores. Vale que son un trasunto de los Nazgul, pero Cuarón consigue que den realmente miedo y sus dos grandes escenas (la patrulla del tren y la lucha final se hagan muy desagradables, de los que hacen escuela. Es sorprendente como estos personajes virtuales quedan tan bien hoy en día, igual que Buckbeak (el Hipogrifo), pues en 2004 (¿tan antiguo, ya?) estas técnicas todavía no estaban tan desarrolladas y habitualmente cantaban demasiado.

Echando la vista atrás, recuerdo ver extasiado esa cámara virtual que se movía por todos lados. Aunque consigue imágenes de gran belleza, me da la impresión de que Cuarón había encontrado un juguete nuevo y aprovechaba cualquier oportunidad para ponerse con él. Aprovecha cada escena para hacer un travelling con esta herramienta, y ahora tengo la conciencia de qué es lo que está haciendo con la cámara, por lo que se me ha hecho bastante cansino. Años después, en Gravity, haría un ejercicio de estilo muy similar, pero con mucha más conciencia de qué está haciendo, con un resultado apabullante.  Ahora bien, en 2004 nadie había visto nada así, lo que llamó mucho la atención.


La película también goza de tener una de las bandas sonoras más icónicas. Es aquí el momento en que se definen todos los leit-motifs que acompañarán a todos los personajes (o casi) de aquí hasta el final de la saga. Se trata de la última en la que está John Williams en la batuta, notándose una bajada en la calidad posterior.

En todo este rato, estamos hablando de un cierto cambio de estilo (notorio) que, sin embargo, no fue del todo bien recibido por los fans. Aunque alejarse del canon establecido previamente dio lugar a una película de más calidad, provocó cierto rechazo tras el estreno. Por ello, la colaboración con Cuarón (que ya había empezado a trabajar en El Cáliz de Fuego) se truncó, contratándose posteriormente a un mucho más anodino Mike Newell, con resultados más cuestionables. El tiempo ha tratado bien a El prisionero de Azkaban, que se suele nombrar siempre como de las más logradas de toda la saga.

Como prueba de su huella metacinematográfica tenemos el puñetazo de Hermione a Malfoy. Después de un puñado de intentos en que Emma Watson se mostró incapaz de simular que golpeaba a Tom Felton, Cuarón le dijo a nuestra bruja favorita que, simplemente, atizara con todas las ganas. De ahí la reacción y la cara de sorpresa del actor, propiciando un momento que nos dejó a todos muy a gusto (mira que le teníamos ganas).  En un momento dado de la novela Harry Potter y el misterio del príncipe, la narración recordaba el puñetazo que Hermione le propinaba a Draco en los morros. Pero lo cierto es que aquello no había ocurrido así en el libro de El prisionero de Azkaban (sobre el papel, Hermione abofeteaba a Draco en lugar de estamparle los nudillos) sino en la película que adaptó dicha novela. Rowling había mezclado inconscientemente el recuerdo del film con el de su propia novela.

Otro de los detalles que hacen la película más apreciable en castellano es que Ron cambia de actor de doblaje. Por primera vez tiene una voz normal, no de niñato insoportable al que dan ganas de abofetear, lo cual hace de él un personaje bastante más apreciable de lo que habíamos tenido que aguantar hasta entonces.

Es probablemente la película que más cosas cambia respecto del libro, ya que Cuarón insiste en meter su “toque personal” a casi cada escena, pero establece el ambiente mágico característico de la saga. En Harry Potter y el prisionero de Azkaban, todo está preparado para sorprender, emocionar y cautivar con éste universo del cual te gustaría formar parte. No fue del todo bien recibido por los fans, ya que Cuarón se alejaba del canon que había propuesto inicialmente Columbus, pero el tiempo la ha situado como la película de la saga que más se sostiene por sí misma. Yo la recordaba con mucho cariño y, quince años después, me alegra comprobar que me sigue gustando de igual manera.


Nota: 7
Nota filmaffinity: 6.9

Tanto la banda sonora como los efectos especiales fueron reconocidos con sendas nominaciones a los Oscars de sus categorías, que perdieron frente a Spiderman 2 y Descubriendo Nunca Jamás, respectivamente.

domingo, 15 de marzo de 2020

La última cacería de Kraven (J. M. DeMatteis, Mike Zeck, Bob McLeod)


Los cómics no suelen pasarse por aquí, pero de vez en cuando se leen algunas propuestas suficientemente interesantes como para merecer un espacio, es el caso de “La última cacería de Kraven”. Se trata de probablemente una de las más conocidas y admiradas historias de Spiderman. Bueno, la verdad, se trataría de una de las más conocidas y admiradas historias de Marven de toda su historia. Y después de leerlo, puedo comprender el porqué. La siniestra imagen de Spiderman con el traje negro, surgiendo de su propia tumba es un detalle suficiente para dejarte claro que ésta no es tu típica historia de Spiderman.

El legendario equipo creativo compuesto por J. M. DeMatteis y Mike Zeck elaboran la historia definitiva de venganza, en esta revolucionaria e inigualable saga, considerada la mejor aventura moderna de Spiderman. Kraven El Cazador ha acechado y acabado con la vida de todos los animales conocidos por el hombre. Pero hay una bestia que se le resiste: una que se burló de él en cada encuentro: el superhéroe conocido como Spiderman. Ahora el tiempo de jugar ha terminado. Acabará con la araña, la enterrará y se convertirá en ella. Empieza la Última Cacería de Kraven.

Kraven se prepara para su última cacería: Matar a Spiderman. Y lo hace en la tercera página. Ya está, ya puedes cerrar el libro. Como esto no es tan fácil, en su retorcida mente vencer a Spiderman no es sólo acabar con su vida. La victoria constituye en ser capaz de triunfar allá donde Peter Parker ha fracasado. Por ello, se lanza a por todos aquellos que le derrotaron, a ganar todas las batallas que Peter Parker perdió. Así podrá dejar completamente claro que ÉL es superior. Mientras acaba con todos los enemigos, sus demonios internos pelean contra el propio concepto de Spiderman. ¿Cuánto está Kraven dispuesto a renunciar de sí mismo para convertirse en la Araña Humana? Y, de fondo, una cuestión: ¿Está Spidey realmente muerto? ¿Cómo es que su espíritu pugna por poseer al Cazador?

La importancia del cómic no sólo radica en su excéntrica propuesta, sino que constituye uno de los puntos culminantes de la época del traje negro de Spiderman. Esta época es una de las más atípicas del héroe, en la que se separa de la simpatía optimista típica de Peter Parker para acercarse a un tratamiento mucho más serio y sombrío. Spiderman es ya un hombre pasada la treintena, ha vivido demasiadas cosas chungas y empieza a estar ya muy de vuelta de todo. La última cacería de Kraven lleva toda la carga que Peter Parker arrastra hasta sus últimas consecuencias, constituyendo un profundo retrato psicológico sobre el auto-odio, la culpa y la necesidad de afrontar los miedos. Peter Parker y Sergei Kravinoff se convierten en personajes complejos, con un remanente psicológico muy bien trazado que sabe no dejar indiferente a nadie.




Además de tener al Spiderman con más mala idea hasta la época, en esos años se estaba explorando el concepto del Tótem Arácnido, que defendía que la picadura y los poderes de la araña también incluían la contaminación con una bestialidad intrínseca, un retorno al animal salvaje que era lo que provocaba la inaudita crueldad que el personaje estaba mostrando en los últimos años. La última cacería de Kraven toma este concepto como suyo y articula en torno a ello una diatriba especialmente interesante sobre qué es realmente ser Spiderman y el deber de un héroe para con la gente normal, otro de los detalles que realza magníficamente la importancia de este cómic en concreto.

Lo más curioso es que una de las historias más importantes de la historia de Spiderman está protagonizada por un malvado secundario que, hasta entonces, apenas había servido de puching-ball cómico al estilo de los malvados del Batman de Adam West. Pocos (por no decir nadie) hubieran esperado que se pudiera construir un antagonista con tantas dosis de carisma como este Kraven, convertido de repente en uno de los antagonistas más verosímilmente desagradables a los que se ha enfrentado el hombre araña.  Después de que nadie le tomara en serio durante treinta años, este Kraven viene a demostrar que no hay antagonistas estúpidos, hay guionistas vagos (o incompetentes).


Durante casi todas sus páginas, el cómic se aleja de las aventuras o la acción típica del género, abordando un terror que busca incomodar ante la confusión que provoca la historia. Los creadores emplean un desarrollo hipnótico, con viñetas que muestran una acción repetida (a seguido, cada página o a cada número) en las que se van produciendo pequeños cambios, que llenan de expectación o temor ante lo que está por suceder. El narrador omnisciente que está siempre por encima de la acción se torna aquí delirante, retratando obsesivamente la propia voz interior de Kraven como leit-motiv machacón, llenando al lector de desasosiego mientras retrata admirablemente qué ocurre en la mente del cazador definitivo. Todo el tomo se convierte, entonces, en una secuencia onírica pesadillesca en lugar del hermoso relato heroico que esperaríamos encontrar. A modo de un enfermizo cuento de hadas, la malignidad impregna cada viñeta, dejando claro que esto no puede acabar bien.

Incluso podría decirse que la historia es también una reflexión de porqué los superhéroes son capaces siempre de ganar (y sobrevivir) en la realidad de los cómics, ya que en ella los supervillanos no actúan o reaccionan como los criminales de la vida real. Los supervillanos tienden a sobrecargar sus planes y sus tácticas para atrapar (o matar) a los héroes, provocando así barrocas conspiraciones que son desmontadas por el protagonista. Y es que al final, una simple bala puede hacer el trabajo (y vaya sí lo hace).

Moviéndonos a temas más prosaicos, un primer vistazo a las páginas nos situará rápidamente a finales de los ochenta. El dibujo es fácilmente reconocible como de su época, lo que podría echar para atrás a alguno de los lectores más primerizos. Sin embargo, la innegable calidad de Mike Zeck con los lápices es más que suficiente para que te olvides de ello a la que pasan unas pocas páginas. Zeck aprovecha todas las herramientas de la época para transmitir la ominosa sensación de fatalidad que la historia pide, ilustrar brillantemente las (pocas) escenas de acción del tomo y acompañar a la perfección al lector en el viaje a través de sus páginas.


Si uno indaga en los orígenes del cómic, se trata de una idea de J. M. DeMatteis cuando trabajaba en DC, que tenía la idea de enfrentar a Batman con Killer Croc. Esa idea quedó posteriormente desesimada (se eligió el Año Uno como historia). Posteriormente, DeMatteis volvió a intentar contar la misma historia utilizando a Wonderwoman, pero también fue rechazada. Fue años más tarde, ya en Marvel cuando recibió luz verde para la creación de este proyecto. Desde arriba se presionó para que el malvado que acaba con Spiderman fuera Venom, pero DeMatteis insistió para que fuera un villano menor, Kraven el Cazador, el epicentro de esta poderosa historia. Estoy seguro de que no hubiera quedado tan bien con el simbionte por medio.

Su publicación también fue un poco extraña para los cánones de finales de los ochenta. En aquel momento había tres publicaciones diferentes de Spiderman, que se centraban en diferentes momentos vitales del héroe arácnido. Para La última cacería de Kraven se interrumpió la historia normal para poner esta obra, en vez de imbricarla dentro de la trama general (como se suele hacer actualmente). Si querías leerlo, tenías que comprarte cada mes las tres publicaciones, asegurarte de cuál era el orden correcto y así poder avanzar. Un lector despistado se habría encontrado que se había abandonado la trama del cómic que seguía para poner un relato de terror, así de un día para otro. Estoy seguro de que más de uno se tuvo que indignar. Sin embargo, la inmensa calidad de la obra le procuró un merecido éxito y pronto se convirtió (con toda justicia) en una de las obras más recordadas de Marvel.


Su éxito se debe a tener una historia vibrante, que lleva al lector muy lejos de los trillados caminos de Marvel. Presenta un profundo retrato psicológico de dos personajes llenos de carisma y está aderezado con uno de los mejores dibujos de su momento. Podemos decir que esta rara avis en la franquicia (y más dentro de Spiderman) es un cómic que cuesta disfrutar, pero se trata de una propuesta absorbente, que te atrapa y te obliga a sufrir a lo largo de sus páginas mientras intentas entender cómo Kraven ha podido derrotar definitivamente a uno de los héroes más queridos de la casa de las maravillas.


Si conoces bastante a Spidey, o te gusta un buen cómic, a por este libro, no te dejará indiferente. Una vez leído, es fácil comprender por qué es una de las historias que más se han clavado en la mente de los fans clásicos del hombre arácnido.

Nota: 10
Nota goodreads:

Una bala, un ataúd y un cadáver.
Una formula simple para meter el miedo en el cuerpo del héroe más valiente.
Y cuando es realizada por un villano como Kraven, el cazador definitivo, pero aun así un humano sin poderes metahumanos, el concepto completo se vuelve todavía más escalofriante.
Esta es la belleza de La última cacería de Kraven.


viernes, 13 de marzo de 2020

Glass


Después de que el obseso de los giros finales nos dejara (otra vez) con el culo torcido en Múltiple, llegó el momento en que Shyamalan cerrase su trilogía de superhéroes. Por primera vez en mucho tiempo, el público estaba expectante con una película de este director,  ansioso de saber con qué nueva pazguatada iba a intentar engañarnos.

Hemos conocido a Bruce Willis como improbable Superman en El protegido, James McAvoy se salía al componer su demente Múltiple en la película del mismo nombre. Para cerrar la trilogía cedemos ahora el protagonismo (un poco) a Samuel L. Jackson con su Don Cristal en Glass. La película nos sitúa a los tres Súpers capturados por una extraña compañía, que los ha recluído en una clínica de rehabilitación para que superen su “locura” y dejen de creer ser lo que no son. Don Cristal parece ser el único con ciertas ganas de salir, urdiendo un plan maligno que no sólo les liberará, sino que mostrará al mundo la verdad de su poder. Ahí empieza realmente el juego. ¿Son gente con poderes en realidad, o simplemente están locos? ¿Funcionan los cómics como una fantasía, o son una extraña representación de la realidad? Aprovechando el ambiente opresivo y malsano característico del autor, la película circula con una (casi) total falta de acción, avanzando a través de los diálogos, en una suerte de preguntas y respuestas muy bien hilvanadas. Se juega admirablemente con las esperanzas del espectador, pues en nuestra “realidad”, en la que reclama vivir la película, los héroes no existen, pero nosotros hemos sido testigos de según qué cosas y, sobretodo, deseamos creer. En todo momento se mantiene una ambigüedad que sólo será resuelta en su desenlace.

Asimismo, tenemos también un buen puñado de disquisiciones metacinematográficas sobre el papel de los cómics de súpers y su efecto en la realidad (y porqué deberíamos ser mejores personas). Todos los propios tópicos del mundillo son plasmados en pantalla (está muy claro que Shyamalan conoce bien de lo que habla), sólo para ser triturados al llevarse a una lucha existencial entre la fe, la necesidad de creer y el choque con la realidad.



Gozando de las posibilidades que les da el guión, los tres actores protagonistas tienen material para quedarse a gusto. Especialmente el frikazo de Samuel L. Jackson, que se sale en un personaje realmente inquietante. James McAvoy nunca se ha visto en una de súpers con tanto material para lucirse, por lo que lo da todo en todos los sentidos. Por su parte, Willis tiene al personaje más deslucido, pero tampoco queda malparado, especialmente por su habilidad para hacer frases de tres minutos con silencios de treinta segundos entre palabras, que transmite que tiene heridas profundas en su interior (o que es un poco idiota, nunca me ha quedado claro).

La curiosa puesta en escena descoloca por completo, ya que somos conscientes de estar viendo una de súpers y vamos condicionados por ello, pero no encontramos ninguno de los elementos típicos de estas propuestas. No tenemos colorines chillones, no tenemos escenas de acción descocada, no hay efectos especiales rimbombantes ni un ritmo vivo que nos impida pensar. Lo que hay es una puesta en escena sobria, pródiga en ambientes deprimentes que poco invitan al optimismo. Todo en general contribuye a generar una atmósfera de inquietud, que descoloca, en la que uno no está (de ningún modo) seguro de lo que puede suceder a continuación. Provoca fácilmente desagrado, pero no es algo que criticaría, pues se hace obvio que es un efecto deliberado a raíz de una estética muy cuidada, unos encuadres milimétricos y una puesta en escena brillantemente trabajada.


El ritmo desvaído, las pocas ganas de vivir de los personajes y la dificultad que tienen en acabar sus frases contribuyen a incomodar al espectador, obligándole a salir (a su pesar) de su zona de confort, generando confusión en vez de un espectáculo a disfrutar. Se trata, pues, de un conjunto áspero, que busca ser desagradable, sin buscar en ningún momento el espectáculo por el espectáculo. Por ello, se puede hacer fácilmente aburrido, ya que casi todo lo que vemos es gente sentada y hablando.

Lo mismo ocurre con el final. Quizás peque de buenista, pero si lo compras te deja flipando, siendo testimonio de cómo han dado la vuelta al tópico último del héroe como si se tratara de un calcetín. Por otro lado, es muy fácil sentirse timado, no compartir (o ni siquiera comprender) las decisiones de guión que se han tomado para llegar a este final. Están justificadas y muestran coherencia, pero presentan un desenlace tan anticlimático que, coñe, la de gente que salió cabreada como una mona del cine. En ese sentido, todo está muy (pero que muy) bien hecho y pensado, y todavía la gente sale enfadada. Nada nuevo bajo el sól que diríamos. Como siempre, es cuestión de comprar su historia y entrar en el juego, o no. A veces ocurre y a veces tienes ganas de tirar a Shyamalan por la ventana.



Y así acaba la trilogía de los héroes. Se trata de una aproximación inusual al género, con una seriedad que busca esconder que, realmente, se está hablando de gente con los calzoncillos por fuera que saltan de tejado en tejado. A muchos les descolocará como rompe (conscientemente) todos los tópicos del género en una serie de películas que buscan inquietar más que asombrar, con un gusto por los giros finales y un ritmo cansino marca de la casa que no deja a nadie indiferente. O lo amas o lo odias. Si gustas de este director, esta trilogía es de lo mejorcito que tiene, con todo lo bueno y lo malo de su estilo.


Nota: 7
Nota filmaffinity: 6.3

miércoles, 11 de marzo de 2020

Los juegos del Hambre (Saga de películas)




Mi relación con Los Juegos del Hambre siempre fue curiosa: Los libros me encantaron, pero nunca me sentí atraído por las películas. Ya desde las primeras imágenes lo sentí como algo muy alejado de mis intereses y no me preocupé por ellas. Acabé yendo a la segunda película de rebote, saliendo algo más contento de lo esperado. Sin embargo, esto no me animó a seguir con el resto, teniendo entonces la primera a mi alcance. Tiempo después salieron las dos terceras y la pereza pudo conmigo.  Fue tres años más tarde que vi “los Juegos del Hambre” y finalmente tarde otros dos años en ver el desenlace. Podéis imaginar el interés que le he mostrado a esta saga…

Pongamonos en situación, imagino que a estas alturas no hará falta explicar mucho sobre la historia, ¿no? Básicamente, el país en que sucede la acción está dominado por un elitista Capitolio que explota los recursos de Doce Distritos que viven aplastados bajo su bota. Entre los muchos abusos está la obligación de que dos de sus adolescentes tienen que participar en un letal concurso llamado “Los Juegos del Hambre”. Katnis Everdeen es una joven rebelde que ha sido escogida para participar este año. Como es nuestra heroína, su actuación servirá para romper el statu quo en que vive la sociedad. Obviamente, contaré los detalles de la historia que me convengan, por lo que si os molestan los spoilers, continuad a vuestro riesgo :p



El proyecto toma origen en la conocida saga de libros que (casi) inventa el género del Young-Adult (y su ejército de los clones) que lo petó bien a lo grande, vendiendo chorronadas de millones de ejemplares. Si a alguien le interesa, ya la reseñé AQUÍ, así que no me extenderé mucho.

Viendo el éxito descomunal de los libros, Hollywood compró rápidamente los derechos, por lo que las películas no se iban a hacer esperar. Sin embargo, estábamos en plena fiebre de las adaptaciones de best-sellers adolescentes, por lo que muchas veces se empaquetaba un film cuestionable, con suficientes cosas reconocibles para poner el nombre famoso en portada sin pasar mucha vergüenza y así triunfar en taquilla. No se necesitaba más en aquel momento, lo que se notaba, obviamente, en el resultado final.

En la primera parte, tenemos la participación de Katniss en los Juegos del Hambre. Sin embargo, el rodaje se vio lastrado por una significativa rebaja del presupuesto una vez se había empezado a filmar. ¿En que se tradujo esto? Escenas que deberían ser deslumbrantes, como el desfile en el Capitolio o las propias instalaciones de los Juegos, son muy, muy cutrillas. Los grandilocuentes Juegos del Hambre se convirtieron en una fiesta de costillada (o similar), en la que se toman extrañas decisiones de cámara para disimular la falta de escenarios, además de unos efectos especiales algo cuestionables. Imagino que el elenco actoral, bien consciente de lo ocurrido, pasara a actuar con poco interés por la película, excepto Jennifer Lawrence, que en aquel momento se estaba jugando sus primeros taquillazos. El guión no corre mejor suerte, pues parece adaptar páginas al azar del libro, olvidándose de mil explicaciones y provocando un buen puñado de incongruencias, que transcurren a un ritmo cansino que obliga a mirar demasiadas veces el reloj durante sus dilatadas tres horas. Esta habría sido la típica película de cuestionable calidad que concluía con una saga antes de ésta empezara, pero reventó todas las taquillas a lo bestia, por lo que se dio luz verde a la segunda parte a pesar de su cuestionable calidad.

Un año después (no hay que dejar enfriar esto), llegó En Llamas. La película es casi una fotocopia de la anterior: Katniss ha ganado los Juegos del Hambre sólo para volver a la Arena en un más difícil todavía. Tenemos pues una repetición que busca hacer valer el dicho de Mas grande, más largo y sin cortes. A raíz del taquillazo anterior, la productora cree más en su producto, por lo que le da un presupuesto más abultado. Esto se nota en toda la puesta en escena, mucho más conseguida, con unos efectos especiales resultones y una imaginería que expande lo visto con cuidado y acierto. El guión peca de tener sus extraños cambios de ritmo, pero consigue dar algo de profundidad al trasfondo ético del libro, cosa que se había obviado en la anterior entrega. Los actores tienen algo con lo que trabajar y se lo toman un poco más en serio. Por ello, la película llega a ser un espectáculo disfrutable, entretenida por sí misma pese a su exagerada duración. A pesar de que el boom literario estaba pasando, consiguió hacer unas taquillas destacables, por lo que la conclusión estaba garantizada.

Pero estamos en 2014 y aquí  a las productoras les daba por partir las películas en dos para así hacer doble taquilla (Las reliquias de la muerte, Amanecer…). Como buen taquillazo esperado, a Sinsajo le ocurrió lo mismo, teniendo una Parte 1 y una Parte 2. Aquí sabiendo que se tiene toda la pasta que necesitan y cinco horas bien buenas de tiempo, el director se lo toma con calma y explica prácticamente todo lo que ocurre en el libro, con un puñado de diálogos calcados, y sin dejarse a un solo personaje (aunque salgan sólo para decir su frase). Además, como ahora hay dinero para efectos especiales, las escenas de acción se pueden recrear en el músculo financiero del que se dispone ahora, con ostentación aparatosos efectos especiales cada vez que se puede. Sin embargo, el cambio argumental de la trama no está bien conseguido (nos movemos al género bélico después de dos películas de aventuras), fracasando también en mantener un mínimo de ritmo que consiga mantener el interés por los personajes. Después de todo, la película transita por los carrilles más convencionales a través de unos personajes encarnados por un elenco que ha puesto el automático, sabiendo que la chequera espera, sin ningún interés por que el conjunto quede bien. La imaginería, que se veía modesta pero cumplía con lo que se le pedía (más o menos), se ve sustituida aquí por una anodina fotografía de videojuego genérico totalmente intercambiable por cualquier ciudad en ruinas que nos podamos imaginar. El aburrimiento acecha a la vuelta de la esquina y acabar con este mostrenco de cerca de seis horas se torna una tarea pesada, realizada casi con la única motivación de poder decir que te has acabado todas las películas.

Así que ya acabo con los Juegos del Hambre. Estas cuatro películas conforman un conjunto irregular, claramente creado por motivos digestivos, pero consiguiendo reventar taquillas a lo ancho y largo del mundo a causa de los fans de la viciante saga literaria. A ratos pesada, a ratos entretenida, algo desconcertante, es una saga que cuesta de ver, presenta un buen puñado de errores y pide un buen cañón de garbanzos para ser más consistente en todas sus facetas. Incluso si disfrutasteis de los libros, seguro que podéis encontrar algo más provechoso que gastar casi 12h en ver estas películas.
Tal como ocurrió con los libros, el éxito de la saga cinematográfica trajo consigo un puñado de sucedáneos de éxito relativo y calidad todavía más cuestionable (DivergenteEl corredor del laberinto…). Efectos que ocurren a raíz de la llegada a mansalva de los dólares, lamentablemente.  En ese sentido, prefiero la sinceridad procedimental de los vampiros con brillantina que esta sucesión de clones sin alma ni ganas que algún día traeré (o no) a este blog.

Notas: 3, 6, 3, 3
Global: 4
Notas filmaffinity: 6.2, 6.5, 5.6, 5.6

lunes, 9 de marzo de 2020

Los Muertos Exiliados (Graham McNeill)


Después de una cosa tan mundana como el libro anterior, el cuerpo me pedía una mamarrachada del espacio, de las que hace tiempo que no me metía entre pecho y espalda. Por ello, escogí este libro, el Nº XVII de la Herejía de Horus (van por el 30, así que…)

Título: Los muertos exiliados
Autor: Graham McNeill
Título original: The outcast dead
Traducción: Juan Pascual Martínez

“La galaxia arde envuelta en llamas. Los primarcas leales al Emperador se preparan para enfrentarse al Señor de la Guerra, Horus, y a las legiones traidoras en la arena negra de Isstvan. Una época tan oscura sólo puede ser el anuncio de nuevos sucesos terribles que están por ocurrir. El astrópata Kai Zulane descubre sin querer un secreto capaz de alterar el rumbo de la guerra, y tiene que huir. Se lanza junto a una misteriosa banda de renegados al letal submundo de Terra, donde aquellos en los que antaño confiaba le dan caza como si fuera un criminal. Ante la traición, Kai debe decidir a quién jurará lealtad, y si enterrar o no para siempre algunas verdades.”

Después de un puñado de libros en que se nos han narrado (casi) todos los hechos que han ocurrido a lo largo y ancho de la galaxia, toca enterarse de qué ocurre durante la Herejía en la Vieja Terra.

Como medio para ello se escoge a Los astrópatas, los grandes olvidados en casi todo el trasfondo moderno. Éstos cumplen la función de los navegantes en la mayoría de universos de ciencia-ficción, recibiendo un giro mucho más siniestro en este mundo, de una manera muy propia del WH40k. Tanto las menciones al Astronomicón como a las consecuencias de un mal viaje le dan un puntito malrollero que se echa de menos en la mayoría de novelas. Además, le permite centrarse en un aspecto de este universo que casi nunca vemos: la vida de la plebe, de la gente normal que bastante tiene con sobrevivir en todo este follón.


Situemos un poco el libro en su contexto temporal. Estamos en un momento en que la traición acaba de producirse y los hechos de Isstvan están a punto de ocurrir. En este instante la confusión reina por doquier, nadie sabe muy bien qué ocurre, por lo que Rogal Dorn y los demás dirigentes bordean peligrosamente la paranoia, al no saber de quién pueden fiarse. El pueblo llano percibe esta confusión, reaccionando con obvia desesperación, en medio de una sociedad donde el fanatismo y la desinformación son las reinas. Toda esta confusión, este ambiente de inestabilidad se refleja acertadamente en la novela, pues se palpa en el sentir de la gente.

Sin embargo, esto no se traduce en unos personajes muy trabajados. Si bien es verdad que no es uno de los fuertes de McNeill, en este caso apenas pasan de meros nombres.

De todos ellos, el astrópata Kai Zulane es el único que muestra algo de personalidad. En un primer momento se comporta como un sabelotodo algo trastornado, cuya personalidad va poco a poco desapareciendo, convirtiéndose en un pelele Johnny Mnemonic que se ha metido en una guerra que le supera. A pesar de ser el personaje sobre el que gira la trama, ninguna de las decisiones que toma tiene el más mínimo efecto en el devenir del libro, pues todas las cosas importantes suceden a su alrededor, sin infuencia suya. Por otro lado, los conocimientos que lleva encriptados en su memoria resultan curiosamente propicios para cerrar unos cuantos agujeros de guión que se habían ido creando al pasar de un autor a otro.

Al libro le cuesta un buen rato empezar, pues sus primeras páginas son un resumen no muy interesante de la vida de un astrópata. Es cuando Zulane acaba (no voy a explicar los detalles) en una prisión de máxima seguridad que empieza el follón. Allí se encuentra con un puñado de Marines Espaciales que siguen fieles al Emperador, a pesar de pertenecer a Legiones Renegadas. Como el Imperio no se fía, los retiene. Una vez todos comprenden que hay una misión de vital importancia, se escapan y empiezan las toñas a tutiplén. De entre todos los marines, el más importante es Atharva, de los Mil Hijos, el único con capacidad de pensar, que se convierte casi en el narrador de la historia. Shuba y Ashuba son dos Devoradores de Mundos algo menos locos de lo habitual, que están compuestos a partir del tropo de la Senda del Guerrero. El resto, nombres intercambiables.


Se agradece que el libro fije la atención en un sitio inusual, mostrando la vida de la gente normal del Imperio, pero no se puede evitar la sensación de que el libro no tiene importancia alguna. Me refiero a que podría no existir y nadie lo notaría. A efectos de la trama general, se da un poco del trasfondo previo a los Marines, se añaden un par de cositas misteriosas que algún día se explicarán (o no), y se apañan algunas inconsistencias que se habían producido en otras novelas. Mi sensación es que tocaba rellenar una fecha en el calendario y se ha dado carpetazo a la novela con un poco de prisa sin acabar de tener un conjunto consistente.

Argumentalmente el libro flojea con ganas, pero las escenas de acción están bien logradas y McNeill consigue un buen montón de momentos molones que consiguen que las 450 páginas (largo para ser de la franquicia) entren muy fácilmente. Tortas más descerebradas de lo habitual que siguen siendo divertidas, concluyendo en un ¡chim-pum! que imagino se produce porque ya se estaban pasando de páginas y tocaba dar carpetazo.



En resumen, se trata de uno de los libros más flojetes de la Herejía, quizás más pensado para rellenar huecos de trasfondo que para ser entretenido o tener trascendencia argumental. No obstante, se deja leer sin dificultad, no aburriendo en exceso. Además, pasada la mitad de las páginas, se convierte en un festival de tortazos, por lo que se disfruta una vez apagas el cerebro un rato. Si eres un fan completista de la Herejía te tocará tragártelo, que tampoco es un suplicio. Eso sí, hay muchos libros mejores dentro del género.

Nota: 3
Nota goodreads: 3.7/5

sábado, 7 de marzo de 2020

Final Fantasy VII: Advent Children


A ver, ¿cuántos de aquí han jugado y disfrutado el Final Fantasy VII? Si no sois de este grupo, no hace falta que sigáis leyendo (jeje), porque la propuesta de hoy es sólo para ellos.

Esto me da pie para hablar un poco del juego. Para los que se criaron con una Playstation X en casa, el Final Fantasy VII (FFVII) supuso un antes y un después en los videojuegos. FFVII revolucionó lo que puede ofrecer un J-RPG. Rápidamente se convirtió en el estándar de su género, en la medida en que su plétora de imitadores tenía que medirse para comprobar que ninguno (o casi) estaba a su altura. Con el tiempo adquirió un estatus de culto, considerándose uno de los videojuegos más apreciados de la historia.

FFVII mostraba su excelencia en todos los factores: Un excelente diseño de la imaginería, una ambientación fantástica pero fácilmente identificable, una banda sonora de bandera, unos personajes llenos de carisma, una jugabilidad que sentó cátedra en el género y una historia de las que no se olvidan. Encontrando un terreno virgen dentro del catálogo de juegos de la PSX, se impuso como referente absoluto.

Para celebrar el XX aniversario de la publicación del videojuego, los mismos creadores lanzaron esta película de animación por ordenador de la que estamos hablando hoy. Funciona a modo de continuación del videojuego, que nos sitúa unos años después de que el grupo de guerreros restaurara la paz en el planeta. Como la vida nunca es tan bonita, se ha desatado una nueva plaga, que azota especialmente a los más jóvenes de la sociedad. La acción se desata cuando un grupo de bandidos que tienen una especial fijación con Cloud, el protagonista de la espada gigante, muestren tener conocimiento de los secretos de este mal.



Esta propuesta de argumento no esconde el hecho de que la película es puro fan-service. Básicamente se coge a los personajes ya conocidos por el fan y se les da una excusa par fliparse con 90 minutos repletos de acción, con unas coreografías de primero y un continuo de momentazos a mayor gloria de los personajes que aman. Sin tener las más mínimas ínfulas artísticas, se ha tratado todo elemento del videojuego original con el mayor respeto, con un cariño que se nota a la hora de adaptar músicas, escenarios, movimientos…

Siendo entonces un producto para el fan, el desarrollo y la presentación de los personajes es nulo. Ya los conoces y casi no hace falta entender por qué están allí. Están y punto. La trama no es más que una excusa para tener el desfile de personajes que vemos, con unos diálogos pretendidamente lapidarios que sólo tienen sentido para aquellos que han sufrido acompañando a los personajes.



Evidentemente, cualquier profano entenderá de la misa la mitad, pero igualmente podrá apreciar la montaña rusa de fuegos artificiales que se desmadra desde el momento en que l grupo se reúne y las toñas empiezan de verdad. No tendrá la misma trascendencia para él, pero la aparición de Bahamuth o el enésimo enfrentamiento entre Cloud y Sephiroth siguen molando cosa mala.

Este sentido del espectáculo se basa en una brutalérrima animación, en la que el virtuoso diseño del Universo se combina con unas acrobacias de acción de primer nivel. Se recomienda el visionado de la película en la pantalla más grande que puedas, con el full HD más bruto y el sensurround que te puedas permitir. Es toda una experiencia. Que, por supuesto, las leyes de la física se manden a tomar viento y los personajes se muevan y peleen dando brincos imposibles es algo que no debería molestarnos, estamos viendo la película de un videojuego y el desmadre es permitido. En el fondo, hay que presumir del estupendo motor gráfico que se ha usado y eso lo hacen a lo grande.



Por su parte, la banda sonora consiste en una adaptación de las canciones originales del videojuego. Obras que conocemos a fondo todos los que hayamos jugado, que adoramos volver a escuchar, especialmente con el chute de calidad de sonido que permite el no ceñirse a las limitaciones de la PSX. No sé los demás, pero la versión rockera del One-winged angel me ha hecho saltar la lagrimita.

Un servidor ha disfrutado cosa mala, pero esto no me hace olvidar que la película no es más que una excusa para arrejuntar a un puñado de personajes carismáticos y ponerlos a atizarse como si no hubiera un mañana. El impresionante motor gráfico con que está realizada permite una puesta en escena apabullante, más que capaz de satisfacer al espectador profano pero afín. Por otro lado, el desarrollo de la trama es tan flojo que se agradece cuando los personajes se callan y empiezan las toñas, mucho más aprovechables y entretenidas.

Siendo fan de la saga, simplemente te lo pasarás pipa y no deberías perdértela de ninguna manera.

Nota: N/A (solo para fans).
Nota filmaffinity: 6.5