Volvemos
con nuestro niño-mago favorito. Ésta vez no ha habido que esperar tanto como
con la entrega anterior.
Apenas seis meses después, me pongo con Harry
Potter y el Prisionero de Azkaban.

La
historia nos sitúa en el tercer año de las aventuras de Harry Potter, que se
ven afectadas por la fuga del preso más peligroso del país. Como no puede ser
de otra manera, tiene ojeriza por el niño que sobrevivió, lo que obligará a
tomar unas medidas sin precedentes para la protección del colegio.
Después
de que Chris Columbus declinara continuar a cargo de la realización de las
películas de la saga, los productores decidieron dar un buen golpe de timón y
poner a un AUTOR que supiera imbuir de personalidad a la película. Se escogió
para ello a Alfonso Cuarón, en aquel momento un director semi-desconocido, que
sólo había hecho una preciosa historia de cuento de hadas (La princesita) entre
un puñado de propuestas más cuestionables.
Ahora ya lo conocemos como un director consagrado y premiado, sus
películas más famosas son buenas muestras de virtuosismo en el uso de la
cámara, con complicadas puestas en escena e imaginerías trabajadas (Hijos de los hombres,
Gravity, Roma). A toro
pasado, la elección fue ideal, pero en aquel momento, fueron muchos los que
cuestionaron la idoneidad del director mejicano.
Su
mano se ve casi desde el primer momento. Se nota un cambio en la imaginería y
los tonos utilizados en pantalla. La película se vuelve más sombría, muestra de
que los tiempos están revueltos y el mal acecha en cada esquina. El guión
también es un reflejo de ello, reduciéndose los sentimentalismos, con un
tratamiento más realista (ejem ejem), se deja claro que la vida de Harry no es
precisamente de color de rosa, haciéndose más llevadera casi sólo gracias a sus
amigos. Los más pequeños lo pueden pasar realmente mal en bastantes escenas,
que se acercan sorprendentemente al terror, algo muy inusual en una película
pensada para toda la familia.
Se
producen muchos cambios a la trama y a la coherencia interna de las películas,
pero siempre con respeto. Con ello, el film gana consistencia y gana calidad
por sí mismo, lo cual es inusual cuando se producen estos cambios
(iluminaciones de producción, normalmente). Cuarón coge una trama juvenil y le
dota de un ritmo vivo en el que siempre están pasando cosas, saltando de un
lado y un tiempo a otro con bastante asiduidad, se mantiene la intriga con
acierto e incluso se permite un par de cabriolas gratuitas de lo más
resultonas.
Los
protagonistas, por su parte, han crecido y ya no son unos niños. Esto se
traduce en una mayor conciencia de lo que están realizando, lo que redunda en
un aumento en la calidad de las actuaciones. Los gestos y las muecas se reducen
y crecen las interpretaciones. Sin embargo, no todos los alumnos han pegado el
cambio, lo que se traduce en que se mezclan adolescentes y niños, por lo que
algunas escenas quedan un poco raras. Por poner un ejemplo, Dudley o Crabble y
Goyle no son precisamente tan imponentes como habían sido, además de que la
pubertad estaba tratando muy mal a Malfoy y ya no tenía (tanto) la pinta de
rubio pijeras como había tenido hasta ahora. Los nuevos personajes, como siempre
en la franquicia, están a cargo de actores británicos de primera línea, en este
caso Gary Oldman y Emma Thompson. También como es habitual en la franquicia,
los mismos realizan un trabajo impecable para dar vida a los mágicos personajes
de Hogwarts.
Lo
que más destaca en toda la película es la excepcional fotografía que retrata la
academia mágica. Está claro que Cuarón sabe cómo aprovechar el músculo
financiero del que dispone, realizando probablemente la imaginería más bella de
toda la saga. A ello se une el invento recién desarrollado de la cámara
virtual, que permite al director realizar una suerte de travellings imposibles,
que además se utilizan para añadir información a la película, como las tomas
del Sauce Boxeador que se usan como conectores temporales e indicar el paso de
las estaciones. Escenas comoxel bus nocturno o la caída de Lupin saben dar el
malrollo que la escena pide, pero caso aparte es el uso de los Dementores. Vale
que son un trasunto de los Nazgul, pero Cuarón consigue que den realmente miedo
y sus dos grandes escenas (la patrulla del tren y la lucha final se hagan muy
desagradables, de los que hacen escuela. Es sorprendente como estos personajes
virtuales quedan tan bien hoy en día, igual que Buckbeak (el Hipogrifo), pues
en 2004 (¿tan antiguo, ya?) estas técnicas todavía no estaban tan desarrolladas
y habitualmente cantaban demasiado.
Echando
la vista atrás, recuerdo ver extasiado esa cámara virtual que se movía por
todos lados. Aunque consigue imágenes de gran belleza, me da la impresión de
que Cuarón había encontrado un juguete nuevo y aprovechaba cualquier
oportunidad para ponerse con él. Aprovecha cada escena para hacer un travelling
con esta herramienta, y ahora tengo la conciencia de qué es lo que está
haciendo con la cámara, por lo que se me ha hecho bastante cansino. Años
después, en Gravity,
haría un ejercicio de estilo muy similar, pero con mucha más conciencia de qué
está haciendo, con un resultado apabullante.
Ahora bien, en 2004 nadie había visto nada así, lo que llamó mucho la
atención.
La
película también goza de tener una de las bandas sonoras más icónicas. Es aquí
el momento en que se definen todos los leit-motifs que acompañarán a todos los
personajes (o casi) de aquí hasta el final de la saga. Se trata de la última en
la que está John Williams en la batuta, notándose una bajada en la calidad
posterior.
En
todo este rato, estamos hablando de un cierto cambio de estilo (notorio) que,
sin embargo, no fue del todo bien recibido por los fans. Aunque alejarse del
canon establecido previamente dio lugar a una película de más calidad, provocó
cierto rechazo tras el estreno. Por ello, la colaboración con Cuarón (que ya
había empezado a trabajar en El Cáliz de Fuego) se truncó, contratándose posteriormente a un
mucho más anodino Mike Newell, con resultados más cuestionables. El tiempo ha
tratado bien a El prisionero de Azkaban,
que se suele nombrar siempre como de las más logradas de toda la saga.
Como
prueba de su huella metacinematográfica tenemos el puñetazo de Hermione a
Malfoy. Después de un puñado de intentos en que Emma Watson se mostró incapaz
de simular que golpeaba a Tom Felton, Cuarón le dijo a nuestra bruja favorita
que, simplemente, atizara con todas las ganas. De ahí la reacción y la cara de
sorpresa del actor, propiciando un momento que nos dejó a todos muy a gusto
(mira que le teníamos ganas). En un
momento dado de la novela Harry Potter y el misterio del príncipe,
la narración recordaba el puñetazo que Hermione le propinaba a Draco en los
morros. Pero lo cierto es que aquello no había ocurrido así en el libro de El prisionero de Azkaban (sobre el
papel, Hermione abofeteaba a Draco en lugar de estamparle los nudillos) sino en
la película que adaptó dicha novela. Rowling había mezclado inconscientemente
el recuerdo del film con el de su propia novela.
Otro
de los detalles que hacen la película más apreciable en castellano es que Ron
cambia de actor de doblaje. Por primera vez tiene una voz normal, no de niñato
insoportable al que dan ganas de abofetear, lo cual hace de él un personaje
bastante más apreciable de lo que habíamos tenido que aguantar hasta entonces.
Es
probablemente la película que más cosas cambia respecto del libro, ya que
Cuarón insiste en meter su “toque personal” a casi cada escena, pero establece
el ambiente mágico característico de la saga. En Harry Potter y el prisionero de Azkaban, todo está preparado para
sorprender, emocionar y cautivar con éste universo del cual te gustaría formar
parte. No fue del todo bien recibido por los fans, ya que Cuarón se alejaba del
canon que había propuesto inicialmente Columbus, pero el tiempo la ha situado
como la película de la saga que más se sostiene por sí misma. Yo la recordaba
con mucho cariño y, quince años después, me alegra comprobar que me sigue
gustando de igual manera.
Nota:
7
Nota
filmaffinity: 6.9
Tanto
la banda sonora como los efectos especiales fueron reconocidos con sendas
nominaciones a los Oscars de sus categorías, que perdieron frente a Spiderman 2 y Descubriendo Nunca Jamás,
respectivamente.
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